Dos nuevos Reyes de la Piqueria, infantil y mayores, en el 52° Festival de la Leyenda Vallenata

Nicol Dayana Zabaleta Duarte, de 13 años de edad, natural de Valledupar, es la nueva soberana del concurso de Piqueria Infantil del 52° Festival de la Leyenda Vallenata. Es la primera niña verseadora que alcanza esta corona.

El jurado calificador conformado por José Atuesta Mindiola, Julio César Daza Daza y Javier Romero Ariza, dio a conocer su veredicto ante miles de asistentes al Parque de la Leyenda Consuelo Araujonoguera.

La decisión de los jueces fue celebrada por el público, que entre aplausos reconoció las virtudes de la pequeña repentista, estudiante de octavo grado en el Instituto Técnico Pedro Castro Monsalvo, Instpecam, de Valledupar.

Ella, es hija de Edinson Francisco Zabaleta y Marlin Duarte. Es la tercera de seis hermanos, toca caja y sueña con ser una destacada cantante.

El segundo lugar fue ocupado por Eudis David Almendrales Torres, 13 años, de Valledupar. El tercer puesto fue para Julio Andrés Gil Barros, natural de Barrancabermeja, de 12 años de edad. Este niño el año pasado se alzó con la primera corona del concurso de la piqueria infantil.

Álex Barros González, Jothman Steven Soto Ortíz y Martín Elías Vitola López, hicieron parte del grupo de seis finalistas que subieron a la tarima para protagonizar un duelo a verso limpio.

Rey de la Piqueria Mayor

El mismo jurado calificador tomó decisiones en torno al concurso de Piqueria Categoría Mayores, escogiendo como ganador, después de una cerrada disputa, a José Luis Arcos de Arcos, de 38 años, natural de Nechí, Antioquia.

El segundo lugar le fue otorgado al vallenato Iván René Becerra Narváez, de 23 años, mientras que en el tercer puesto se ubicó el veterano Andrés Felipe Barros Méndez, de 48 años, natural de Barrancabermeja.

Una Reina y un nuevo Rey Aficionado, suma el 52° Festival de la Leyenda Vallenata

El 52° Festival de la Leyenda Vallenata sigue sumando Reyes Vallenatos y en esta ocasión en las categorías de acordeoneras categoría menor y acordeoneros aficionados.

Alexandra Maciel Gómez de la Ossa, de 14 años, natural del corregimiento La Loma, municipio de El Paso, Cesar, se convirtió en la primera acordeonera en ganar la categoría menor, cuya competencia fue creada recientemente por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata. Por otra parte, en la categoría de acordeón aficionado ganó José Juan Camilo Guerra Mendoza, de 18 años.

Además, de Alexandra Maciel Gómez en la competencia de las participantes entre ocho y 15 años cumplidos, estuvieron en la gran final Rosana Carolina Hurtado Gutiérrez, de 15 años, oriunda de Arjona, Bolívar, quien obtuvo el segundo puesto; y Heinis Yulieth Gulfo Palma, de 11 años, natural de Santa Catalina, Bolívar, quien quedó en la tercera posición.

“Yo venía ensayando. Cuando vi a mis contendoras supe que eran buenas. Yo tenía que darle hasta el final. Tenía una meta que era ganarme la corona y aquí estoy, gracias a Dios, a mi familia y a mis paisanos de La Loma, y del municipio de El Paso en general. Esta corona es de ustedes. La tierra del juglar Samuel Martínez, sigue haciendo historia”, manifestó la adolescente, quien participó en 2018 en el concurso de acordeón infantil.

“El año pasado obtuve el tercer puesto en la categoría de acordeón infantil. Me siento muy contenta. Debo seguir adelante porque esto apenas comienza. Comparto mi triunfo con mis acompañantes, el cajero Fernando Alonso Navarro Celedón y el guacharaquero Luis Fernando Pachón Mindiola, quienes fueron vitales en esta conquista”, agregó la primera Reina de la categoría menor.

Alexandra Maciel Gómez de la Ossa tocó el merengue ‘Las cosas de Moralito’, y el paseo ‘El gallo viejo’, de la autoría de Emiliano Zuleta Baquero; la puya ‘Pedazo de acordeón’, de Alejandro Durán y el son ‘María Jesús’, de Antonio Llerena.

En esta categoría el segundo puesto lo ocupó Rosana Carolina Hurtado Gutiérrez, 15 años de Arjona, Bolívar, y el tercer lugar fue para Heinis Julieth Gulfo Palma, 11 años, de Santa Catalina, Bolívar.

El Rey aficionado

De los cinco concursantes de la categoría aficionado que alcanzaron la final José Camilo Guerra Mendoza fue quien obtuvo el mejor puntaje otorgado por el grupo de jurados designados por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata: Juan José Granados, Isabel Suárez Daza, María Inés Cabas Pumarejo, Alonso Sarmiento Araújo y Atenógenes Ustáriz Beleño y, por lo tanto, alcanzó la corona de Rey Vallenato Aficionado.

El nuevo Rey Vallenato Aficionado, les dio las gracias a Dios, a su familia y a todas las personas que lo han apoyado en sus años de estudios musicales con el acordeón. “Fue una preparación dura, pero no fue tan difícil porque me dedico a tocar vallenato, vallenato tradicional. Uno, como ser humano, siente nervios, pero traté de sacar las cosas adelante”, expresó el nuevo Rey Vallenato Aficionado, quien presentó en la final el merengue ‘El mal herido’, de Leandro Díaz; el paseo ‘El medallón’, de Rafael Escalona; la puya ‘La zoológica’, de Náfer Durán; y el son ‘Mañana’ de Leandro Díaz.

En esta categoría el segundo lugar lo ocupó Nicolás Andrés Pezzano Farelo, 21 años, de Sabana de San Ángel, Magdalena y el tercer puesto fue para Jairo Gacel Morena Orozco, 23 años de El Difícil, Magdalena.

JUAN RINCÓN VANEGAS
Jefe de Prensa
Fundación Festival de la Leyenda Vallenata
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El mundo vallenato tiene nuevos Reyes Vallenatos Infantil y Juvenil

En la tarima ‘Colacho’ Mendoza del Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, se realizaron las finales de las categorías Infantil y Juvenil del 52° Festival de la Leyenda Vallenata.

Fue en este lugar donde los cinco jurados José Martín Bermúdez Cuello, Carlos Eduardo Muñoz Pérez, Carlos Alberto Aramendiz Tatis, Lourdes Baute Céspedes y Jairo Diazgranados Acuña, dieron su veredicto y declararon a José Liberato Villazón Ibáñez, de 13 años, como Rey Infantil; y a Sergio Luis Moreno Fragozo, de 14 años, como Rey Juvenil.

A José Liberato Villazón lo acompañaron el cajero Juan David Maestre Toncel y el guacharaquero Luis Felipe Pachón Mindiola e interpretó el merengue ‘La mona del cañaguate’ (Rafael Escalona), el paseo ‘Cocoliche’ (Emiliano Zuleta Baquero), la puya ‘Para la oposición’ (Sergio Luis Moreno) y el son ‘Levántate María’, (Francisco Pacho Rada).

En el segundo puesto de la categoría infantil quedó Laowrence William Noguera Muñoz, de 13 años, oriundo de Barranquilla; y el tercer puesto lo logró Daniel Eduardo Castro Zambrano, de 12 años, de Arjona, Bolívar.

“Me siento muy bien, excelente, ya que pude conseguir mi logro, mi meta, mi sueño, el cual era coronarme como Rey Infantil. Este año me propuse a dedicarme y lo he conseguido. Desde el año pasado empecé a prepararme cuando terminé mi participación en el Festival de la Leyenda Vallenata”, expresó José Liberato Villazón, quien contó que comenzó a tocar el acordeón desde los ocho años y que cursa noveno grado en una institución educativa en Valledupar.¨

Sergio Luis Moreno Fragozo, Rey Juvenil 2019

Mientras tanto, el Rey Juvenil, Sergio Luis Moreno, manifestó que su triunfo se debió a las horas de ensayo que le dedicó día a día durante varios meses a tocar el acordeón con el objetivo de conseguir el primer puesto en esta categoría.

“Es algo muy significativo, ya que muchos niños quieren lograr este sueño y no todos pueden tenerlo. Yo me he preparado demasiado para obtener este logro. Llevo tres meses practicando con caja y guacharaca”, dijo Sergio Moreno, quien en 2016 se coronó como Rey Infantil del Festival de la Leyenda Vallenata.

El talentoso joven fue acompañado en la caja por Juan José Arzuaga Márquez, y en la guacharaca por Abelardo Agustín Sánchez Sierra.

El nuevo Rey se presentó tocando y cantando el merengue ‘Sin consolación’ (Luis Enrique Martínez), el paseo ‘El monte de la rosa’ (Emiliano Zuleta Baquero), la puya ‘Gracias a Dios’, de su autoría; y el son ‘Nazira’, (Alejandro Durán Díaz)..

En el segundo puesto de la categoría juvenil quedó Daniel Felipe Rocha Villegas, de 17 años, oriundo de Bogotá; y el tercer puesto para Álvaro Elías David Posso, de 15 años, natural de Cartagena.

“Para la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata es un gusto saber que la música vallenata continúa viva, porque estos acordeoneros, con tan corta edad, disfrutan tocarla y llevarla por muchos lugares de su territorio. Felicitamos a los nuevos Reyes Vallenatos”, dijo el presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, Rodolfo Molina Araújo.

Los cinco finalistas de la categoría infantil fueron: Jesús Alberto Ariza Guerra, Cristian David Campo Miranda, Daniel Eduardo Castro Zambrano, Laowrence William Noguera Muñoz y José Liberato Villazón Ibáñez.

Los cinco finalistas de la categoría juvenil fueron: Álvaro Elías David Posso, Samuel Santiago Espeleta Mendoza, Sergio Luis Moreno Fragozo, Daniel Felipe Rocha Villegas y Alberto Mario Zuleta Flórez.

JUAN RINCÓN VANEGAS
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Carlos Vives presenta a los hijos del vallenato en el festival de la leyenda vallenata

Carlos Vives como líder de todo un movimiento tropical de patrones rítmicos colombianos, levanta una vez más su bandera musical para presentar a los Hijos del vallenato. Siete jóvenes que han hecho parte de la era TROPIPOP; jóvenes con la necesidad de expresar sus raíces; ellos se apropiaron de este lenguaje musical previamente desarrollado por Carlos Vives y lo contagiaron de un estilo contemporáneo, propio de su edad y época. Pop, rock, champeta y vallenato con el Caribe, dio el resultado más delicioso de colombianidad.

Este auténtico circuito está de regreso bajo la propuesta TROPIPOP IS BACK, los hijos del vallenato serán presentados oficialmente en la tierra que originó base de su música, será en Valledupar este domingo 28 de abril en el parque de la leyenda Consuelo Araújonoguera. Gusi, Alejandro González, Mauricio y Palo de Agua, Samper (Sin ánimo de lucro), Salo (Wamba) y Tejeiro (Majua) acompañarán a Carlos Vives en un recorrido intenso del verdadero rock de nuestro pueblo.

Farid Ortiz y Belinda Olano

Por Prensa y comunicaciones Paola España.

«Las parrandas vallenatas, eternamente»

El concurso completa cuatro años de existencia a través del cual se ha promovido y se han preservado una de las tradiciones más representativas de la cultura vallenata.

Desde las 11:00 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde de este domingo 28 de abril se realizará el concurso de la Parranda Vallenata en el marco de la versión 52 de Festival de la Leyenda Vallenata.

El jurado calificador en compañía de los directivos y medios de comunicación visitarán las tres parrandas que este año concursan para obtener el merecido trofeo que en actualmente pertenece al abogado Hernán José Carrillo, quien en su momento manifestó que seguiría manteniendo la costumbre, la cultura y la tradición vallenata.

El concurso se empezó a realizar en el 2016 luego de que la Unesco declarara la Música Tradicional Vallenata como ‘Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad en necesidad urgente de salvaguardia’, reconociendo de esa manera que la parranda vallenata es el eje central de la máxima expresión folclórica que reúne en ella todo el patrimonio del folclor vallenato.

La ‘Cacica’ Consuelo Araujo Noguera definía la parranda vallenata como “una reunión más o menos numerosa de amigos y vecinos ligados entre sí por la afición a un músico determinado, que se ubicaban preferentemente en los patios o traspatios de las casas, bajo el sombrío de los árboles, sentados en taburetes de cuero durante varias horas y a veces, días enteros, mientras escuchaban al músico”.

Anteriormente, era común ver en las casas de Valledupar a los amigos cantando alrededor de un conjunto vallenato, quienes en silencio escuchaban los cantos y las notas del acordeón para luego darle paso a los chistes, las anécdotas y todas las historias originarias de su cotidianidad. 
Otro de los elementos representativos de la parranda vallenata era la gastronomía típica de la región. Los platos como el sancocho de costilla, chivo guisado, gallina criolla, arroz de asadura, plátano asado, chicharrón de cerdo, el bollo limpio, la yuca con suero y los dulces típicos entre otros manjares de la comida vallenata no podrían faltar sobre la mesa para deleitar el paladar de los asistentes.

Año tras año, el Festival de la Leyenda Vallenata ha tenido como misión de “mantener vivo y rescatar para las futuras generaciones, el fundamento del folclor, ese espacio familiar, desprevenido, intenso de la parranda vallenata donde se cocinan los mejores versos, las mejores melodías y las más extraordinarias composiciones”.

REGLAMENTO

De acuerdo con Jesús Santodomingo, coordinador del concurso la Parranda Vallenata, los inscritos deberán de cumplir a cabalidad cada uno de los requisitos estipulados en el reglamento de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata.

“Dentro de los parámetros exigimos que haya el conjunto típico vallenato: caja, acordeón y guacharaca. Además, que la caja sea de cuero, los muebles sean taburete de cuero y que hayan tinajas para almacenar el agua como lo hacían anteriormente”.

Agregó: “Es importante que haya también un cuentero y que todas las personas que hagan parte de la parranda estén muy amenas, que sea como una familiaridad”.

Dentro de las causales de descalificación está el uso de amplificadores musicales, comportamiento grosero de los integrantes de la parranda y el cambio de lugar para desarrollar el concurso, entre oros.

Los ganadores serán premiados con los trofeos ‘Andrés Becerra Morón’ para el primer lugar, ‘Alfonso Cotes Queruz’ para el segundo puesto y ‘Roberto Pavajeau Molina’, para el tercer lugar.

Por: Carmen Lucía Mendoza Cuello



DOS MECENAS EN LA DINASTÍA LÓPEZ DE LA PAZ

Por José Atuesta Mindiola

Cerca de Valledupar hay un lugar donde sus pobladores con la música de acordeón hicieron un templo de leyenda y dinastía. Ese hermoso lugar, cuyo nombre es tan sonoro como la vida y la esperanza, es La Paz, tierra de la dinastía López, y su árbol genético cruza sus raíces primarias con los Molina, Gutiérrez y Zequeira.

¿Qué había en ese lugar tan fértil a la música? Había tantas luces en las puertas de los amaneceres y tantos secretos en la soledad de los sueños, que en ese pueblo apacible donde el tiempo parecía detenerse: los juguetes más fascinantes para muchos niños eran la caja y el acordeón.

Muchas cosas se precisaron para que en la década de 1940 La Paz alcanzara categoría de pueblo importante, entre ellas: la apertura de la carretera nacional y su situación geográfica de ser punto estratégico para los viajeros entre Valledupar, la Guajira y Maracaibo, y, además, contaba con un Hotel que brindaba servicios básicos de calidad. El Hotel fue construido por José María ‘Chepe’ Romero, y después era propiedad del sanjuanero, Francisco Pacho Mendoza, y le dio el nombre de Hotel América, en honor a su esposa, América Sánchez Egurrola.

El hotel amplía su edificación y sus servicios, y ofrece un espacio cultural donde asistían los destacados músicos de la región, allí sonaron los acordeones de Chico Bolaño, Sebastián Guerra, Fermín Pitre, Emiliano Zuleta, Abel Antonio Villa, Juan Muñoz, Luis Enrique Martínez, Alejo Durán, y por supuesto de Juan y Pablo Rafael López.

Del hotel América, Consuelo Araujo Noguera, escribe en el libro Escalona, el hombre y el mito: “Las convocatorias permanentes en torno a la música y a esa etapa dorada del folclor que estaba produciéndose en esos tiempos, sin que ninguno de sus protagonistas se percatara siquiera de la trascendencia de ese suceso, tenían lugar en el hotel América, que terminó convertido en una noria musical, a cuyo alrededor giraban los grandes de la época”.

Manuel Zapata Olivella (1920 -2004), médico, escritor, antropólogo y folclorista; su tierra nativa, Lorica, departamento de Montería. En la Universidad Nacional en Bogotá inicia la carrera de Medicina en 1939 y después de tres años se retira temporalmente para dedicarse a su aventura de caminante, recorre los llanos orientales y el occidente de país, luego viaja a México y Estados Unidos, retorna a Colombia, reinicia sus estudios de medicina y se gradúa en 1948.

Recién graduado llega a La Paz, Joven en edad, pero experto en el conocimiento del ser humano y en la estética de la literatura. Llega en 1949, ya había publicado la novela (Tierra mojada, 1947, Relato breve, Pasión vagabunda, 1948) y por su talante de hombre de letras e investigador cultural se convierte en miembro distinguido de la comarca, en un referente intelectual de propios y visitantes y en mecenas de la música folclórica.

Allí se reencuentra con su pariente Pedro Olivella Araujo, un líder liberal gaitanista, que varios años antes había conocido en Cartagena, y era primo de su madre, Edelmira Olivella. Presta servicio de médico, capacita como enfermero a César Pompeyo Serrano y su primera misión es contrarrestar la epidemia de tifus o enfermedad infecciosa que afectaba a los habitantes de la Paz. Allí hace hogar con María Pérez, y nacen sus dos hijas: Harlem y Edelma.

En ocasiones realiza tertulias culturales y folclóricas en el hotel América, y las reuniones de tipo personal en la hacienda ‘El Olimpo’, un cañaduzal de propiedad de Gabriel Zequeira. Un distinguido personaje, que el profesor César López Serrano, describe: “hombre educado, con aficiones literarias y excelente conversador. Estudioso de la mitología griega y recitaba pasajes de la Ilíada y la odisea”.

Hacemos referencia de Gabriel Zequeira y a su hacienda ‘El Olimpo’ porque allí estuvo el joven reportero Gabriel García Márquez cuando llega por primera vez a la región, invitado por Manuel Zapata Olivella en diciembre de 1949. El motivo de la invitación era una tertulia literaria, y después sonaron las notas del acordeón de Juan López y la voz del joven bachiller Dagoberto López Mieles.

En una entrevista a Dagoberto López en La Paz (enero 12 de 2000), nos cuenta: “Yo asistía a las reuniones que hacía Manuel Zapata en ‘El Olimpo´ y en diciembre de 1949, llegó por primera vez García Márquez a La Paz, todavía no era famoso, era un periodista. Ese día yo canté música de Escalona, yo había estudiado en el Loperena y el Liceo Celedón y me sabia varias de sus canciones. Por petición de García Márquez yo canté tres veces ‘El hambre del Liceo’ y ‘El perro de Pavajeau’. Escalona no estuvo en esa reunión, y todavía Zapata Olivella ni García Márquez conocían a Escalona”.

El escritor Dasso Saldívar en el libro, Viaje a la Semilla, biografía a García Márquez, publicada en 1997, confirma esta fecha. El primer viaje lo hizo a finales de 1949 a Valledupar y la Paz invitado por el médico y escritor Manuel Zapata Olivella, y el segundo, viaje lo hizo meses después invitado por Escalona. Consuelo Araujo, reseña el momento en que se conocieron Escalona y García Márquez, mes de marzo de 1950 en el hotel Roma de Barranquilla, encuentro que fue propiciado por Manuel Zapata Olivella.

Por invitación del médico Zapata Olivella, también llega a La Paz, el fotógrafo cartagenero Nereo López, su amigo de infancia en Cartagena. Este artista con sus imágenes deja testimonio de la historia musical de La Paz y la región (La mayoría de las fotos de Escalona, García Márquez, Zapata Olivella, fueron tomadas por Nereo López, y pertenecen al Archivo de la Biblioteca Nacional). El abogado y escritor Ciro Quiroz, dice: “Una vida agitada encontró Nereo en la provincia de Valledupar y en La Guajira, por obra de cantos, acordeones y trago que no le dieron tiempo siquiera para estampar su propia imagen dentro del recorrido suyo de rotundo vagabundo, en esas tierras, cuando por obstinación propia logró retratar ese mundo de aventuras imaginables que no será posible volver a vivir.”.

García Márquez con frecuencia regresaba como vendedor de enciclopedias. Uno de esos viajes a La Paz, todavía estaba fresca la tragedia del incendio. Suceso que empezó en el salón de baile ‘La tuna’, el sábado de carnaval de 1952, y dejó 25 casas quemadas. Hubo luto colectivo, algunas familias se mudaron a sus haciendas cercanas y los que se quedaron permanecían temerosos, a las seis de la tarde cerraban las puertas. García Márquez comprueba el ambiente de pánico que aún se respiraba, los hombres habían cerrados los acordeones y las mujeres se habían refugiado en melancólico silencio.

Días después, en El Heraldo de Barranquilla, publica en su columna ‘La Jirafa’, una crónica que titula ‘Algo que se parece a un milagro’. En ella hace referencia a la tristeza de la gente y a Juan López, el mejor acordeonista de la región había abandonado el pueblo dos días después de los sucesos. Y comenta que, en compañía de Zapata Olivella, no lograron convencer a Pablo, hermano de Juan López, que tocara. Muchos eran los argumentos de Pablo para no tocar, pero en ese instante vino una mujer de la casa de enfrente y le dijo: “por nosotras no te preocupes, Pablo. Si quieres tocar, toca, hace un mes que no se oye música en este pueblo”.

La mujer hizo el milagro, y los acordeones con la magia de la alegría iluminaron las casas y las calles, porque “La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso”. Este episodio trágico es la temática central de la novela “Cuando arden las palmas”, del escritor pacifico Iván Gutiérrez Visbal.

El pueblo empieza a recuperar la tranquilidad y su tradición musical. Para los descendientes de Juancito López y José De las Mercedes ‘Cede’ Gutiérrez, la música era un pasatiempo para la recreación personal y familiar. Porque su misión era la dedicación las labores del campo y otros oficios referentes. Pablo Rafael era un pequeño hacendado, y por su constate parrandas convirtió el patio grande y frondoso de su casa en un templo musical, que el pueblo bautizó como ‘La calle de la Alegría’. Su esposa Agustina Gutiérrez, la anfitriona mayor, era una especie de Úrsula Iguarán en Macondo, siempre dispuesta a atender a los visitantes. Los López no tuvieron la dimensión de juglares, ellos preferían la calma de su terruño y de su trabajo, frente a la incertidumbre de los viajes.

La Gira musical o mejor las dos Giras musicales, Zapata Olivella las sintetiza en el texto, Los acordeones de Valledupar. (Revista Vida, N° 58, Bogotá, colombiana de Seguro. Agosto- septiembre 1953. Y también aparece en el libro, Por los senderos de sus ancestros, publicado por el Ministerio de Cultura, 2010). Estos fragmentos: “La Paz tiene fama de ser la mata de los acordeoneros y paseos vallenatos. En el pueblo nunca faltan tres o cuatro buenos acordeoneros. Pero una cosa es cierta de los acordeoneros pacíficos: son gentes muy retraídas, poco amigo de salir fuera del corral; por eso son más conocidos los juglares de Plato o El Paso”. “He aquí porqué constituían prendas de mayores características los acordeoneros de Valledupar en nuestra excursión para divulgar la música folclórica del Magdalena…”

“En 1951, la primera Gira, fueron los gaiteros de San Jacinto de Toño Fernández, en el acordeón Fermín Pitre, Antonio Morales (decimero) y Antonio Sierra (dulzaina). En la segunda, 1952, Juan López y su sobrino, Dagoberto López, bachiller del Liceo Celedón, Juan Manuel Muegues, recomendado por Rafael Escalona. Juan López nunca quiso salir ante el púbico sin sombrero y nos decía: “No docto, si me quito el sombrero se me va la música”. Poco fue perdiendo la timidez hasta llegar a bailar en el escenario. ¿Cuántos hubieran muerto de incredulidad en su pueblo si lo hubieran visto bailar?

Juan Manuel Muegues era el joven, cantaba, ejecutaba el acordeón y tenía un gran sentido de la responsabilidad. De regreso, en Barranquilla, al recibir los honorarios, se fue a comprar láminas de zinc, cementos y herramientas, porque iba a construir una casa en la punta de un cerro en la sierra de Manaure que llevaría el nombre de La Gira”

García Márquez, publica en el Heraldo (25 de junio de 1952), ‘La embajada folclórica’, donde comenta pormenores de la gira. He aquí unos fragmentos: “El grupo de Manuel zapata Olivella, que vuelve a Bogotá después de una tregua. Esta ahora renovado en parte y complementado. A Fermín Pitre lo llamaron a calificar servicios, vino en cambio, nada menos que Juan López, tal vez -y quizá sin duda- el mejor acordeonista de su región. Y como Juan no canta se trajo a su primo hermano Dagoberto López, el maestro de escuela de la Paz que hace una semana se hizo reemplazar y cambió a sus muchachos, a la canción monocorde de las tablas de multiplicar por esta maravillosa aventura de andar cantando a cualquier hora, que es lo que le gusta. Y otro acordeonero más: Muegues, que mucho deben conocer su oficio cuando Rafael Escalona lo tiene apadrinado, con la misma intransigencia que les pone a todas sus cosas…”

De la Gira musical, Juan Manuel Muegues, en un reportaje del periodista José Urbano Céspedes publicado por la revista Manaure ‘Balcón del Cesar’ (abril 2000, dirección ejecutiva de la Alcaldía de Manaure), cuenta: “En Bogotá, tropezamos con Narciso Martínez Zuleta, joven de Valledupar y estudiante de medicina que se emocionó tanto al ver tocando este grupo de músicos de su tierra, que se comprometió a regalarme un acordeón nuevo y de tres hileras, porque yo cargaba un acordeoncito que parecía más para un niño de diez años que para un hombre de 30” (Gracias a Dios, cumplió su palabra). Y agrega esta anécdota: “Estábamos en Bogotá y un día antes de continuar el viaje hacia Girardot, los músicos resolvieron poner una serenata a un amigo de La Paz que vivía en la capital, donde la música vallenata era desconocida, cuando resoplaban los fuelles de mi acordeón y retumbaba la caja de “Pichocho”, Crisóstomo Oñate, los vidrios del edificio tronaban, entonces llegó la policía y nos detuvo por perturbadores del orden y nos llevó a una estación. Hasta cuando se presentó, horas después un personaje influyente de la provincia que convenció a la autoridad y nos dejaron libre”.

La Gira fue un acontecimiento memorable para La Paz y en especial para la familia López. El gestor del viaje, Manuel Zapata Olivella y el puente para que García Márquez llegara a esta región y profesara su pasión por las crónicas de los cantos vallenatos. Desde 1948, García Márquez dedica algunos artículos a la música de su región en El Universal de Cartagena. Después en El Heraldo de Barranquilla, en su columna ‘La jirafa’ (1950 – 1952) escribe varios artículos a la música vallenata. Y el otro gran homenaje que le hace a la nuestra música es cuando afirma que “Cien años de soledad” no es más que un vallenato de 400 páginas. En la novela “El amor en los tiempos del cólera” tiene como epígrafe un verso del maestro Leandro Díaz, “en adelanto van estos lugares que tienen su diosa coronada”. Y el máximo tributo que le hace al canto vallenato es llevarlo a la ceremonia de premiación de entrega del Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, 1982. Y entre los músicos invitado, el cajero más famoso en la historia del vallenato, Pablo Agustín López Gutiérrez.

Otro factor determinante en el fortalecimiento de la dinastía López a nivel nacional es el Festival Vallenato, que es por excelencia, el escenario académico y promocional para la música vallenata. Y gracias, al liderazgo y la experiencia en grabaciones de Pablo Agustín, organiza en 1969 el Conjunto de los Hnos. López con el acordeón de su hermano Miguel y la voz fresca y sonora de Jorge Oñate. Este Conjunto es el pionero de una nueva era del vallenato.

Jorge Oñate se presenta
con sus cantares bonitos,
en la historia ya está escrito
eran los años setenta.
Todos tuvimos en cuenta
a este muchacho cantor
conocido el ruiseñor,
y al lado de Miguel López
vencieron todos los topes
con sus canciones de amor.

Ya conocemos el historial de Miguel López, rey vallenato, acompañado por Pablo Agustín en la caja y Jorge Oñate en la guacharaca y el canto. En 1974 ganan el Congo de oro en el carnaval de Barranquilla. Luego Elberto ‘Debe’ López, graba con Diomedes Díaz y se corona rey en el Festival Vallenato en 1980. De Juan Alfonso ‘Poncho’ López, rey de los bajos, que graba con Armando Moscote. Álvaro de Jesús (hijo de Miguel), años después hace conjunto con Jorge Oñate y gana en el festival vallenato en 1992 y en el 2017 se corona rey de reyes. Navín José (hijo de Dagoberto), rey en el 2002.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola