IGNACIO GUILLERMO CANTILLO VÁZQUEZ: Un hombre de leyes que con sus composiciones defiende la autenticidad de la música vallenata.

«Porque soy de una región de trovadores y poesías en donde el ciego Leandro Díaz alumbra más que el mismo sol»: Adrián Pablo Villamizar Zapata (médico, compositor, poeta y trovador, colombo-argentino)

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

El martes primero de diciembre del año 2015 fue un día histórico para la música, el folclor y la cultura colombiana porque el género musical más importante de nuestro país, la “Música Vallenata”, fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Este reconocimiento representó la oportunidad, para que en el mundo se promoviera el aporte del vallenato al fortalecimiento del diálogo intergeneracional y el respeto por las matrices melódicas de una expresión musical que se ha construido a partir de la realidad, cotidianidad y la magia que encierra la región del Caribe colombiano.
Hace algún tiempo vengo siguiendo y escuchando las composiciones de un abogado especialista en sociedades comerciales de la Universidad Libre, nacido en el municipio de La Paz, Cesar: bello y pintoresco pueblo del Caribe colombiano y terruño de grandes exponentes de la música vallenata: los integrantes de La familia López, Jorge Oñate, Emiro Zuleta Calderón, entre muchos más.
Este abogado, compositor, con alma de poeta viene haciendo canciones que reúnen todas esas características que tuvo en cuenta la UNESCO para designar nuestra música vallenata como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Son canciones bien logradas desde el punto de vista melódico, contenido literario, poético e interpretativo. Que han sido grabadas por destacados exponentes de la música vallenata como Ivo Díaz y Jimmy Murgas, con el respaldo de grandes acordeonistas, tales como el Rey de Reyes Almes Granados, los Reyes Vallenatos Wilber Mendoza, Orangel «El Pangue» Maestre y otros dos acordeonistas también profesionales: Omar «El Zorro» Hernández y Hadiel Vega.
Tres buenos trabajos discográficos titulados «Con Sentimiento Provinciano», «El Sentir de Un Poeta» y «Mi Vallenato Por Siempre».
Canciones compuestas con versos y melodías fieles a los cánones del vallenato clásico: paseos, merengues y sones que narran situaciones vivenciales de un compositor raizal.
En uno de tantos encuentros que he tenido con este compositor en lo que por lo general hablamos de diferentes temas, pero en particular hacemos énfasis en la música vallenata que es un gusto que tenemos en común, surgió una charla muy amena de preguntas y respuestas sobre la historia de sus canciones, como nacen y otras aspectos de ellas que les comparto a continuación:

¿Qué es lo que lo lleva a componer canciones?

Ignacio Cantillo Vásquez (ICV): Mira es un misterio el impulso para componer. Cuando yo estaba en bachillerato en el Colegio Liceo Celedón de Santa Marta, me di cuenta que yo era un adolescente confundido, perdido en un mar de cosas que muchas veces no entendía por lo complejo o, simplemente, que no me interesaban, no le encontraba ninguna utilidad. Eso me ocurría con asignaturas académicas como el álgebra, la física, la trigonometría, entre otras.
Fue entonces cuando un día mientras escuchaba a los pescadores de la bahía hablar con tanto entusiasmo de lo que les acontecía en sus faenas de pesca me puse a pensar y meditar que si esa vida que yo estaba llevando, aparentemente sin sentido, la podía traducir en versos, en poesía todo se vería diferente con unas tonalidades que lo harían más atractivo. De esta manera llegué, empíricamente, a una conclusión trascendental: «la vida mejora cuando la cuentas, cuando la vistes de poesía, de rimas y de detalles».
En la medida que hacía escritos sobre lo que me pasaba a mí, o a mis seres queridos, a mis compañeros de colegio, concluí que también podía componer canciones y narrar en versos las referidas historias. Sin embargo, como no tocaba ningún tipo de instrumentos y adolecía de conocimientos de música, utilicé como apoyo algunas melodías que ya existían en el vallenato tradicional. De esta forma comencé a «descomponer canciones» para darle sentido a mi mundo lo que me permitía aislarme temporalmente de aquellas situaciones que, para mí, tenían poco o ningún interés.

¿En qué momento de su vida se dio cuenta que lo apasionaría ser compositor?

l.C.V.: Cuando comenzó mi adolescencia no tenía muy claro, exactamente, eso de ser compositor, hasta una tarde en la que pude presenciar la manera como el gran Dagoberto López Mieles «El Clarín de la Paz» componía una de sus canciones. Ver esa pasión con la que hacía nacer cada verso fue, para mí, algo mágico. En ese momento me dije: «Uyyy esto es lo que yo quiero hacer algún día». Esa canción que presencié componer posteriormente se convirtió en clásico de la música vallenata, grabada por Los Hermanos Zuleta y cédula de presentación del maestro Dagoberto López «Costumbres perdidas».

¿Qué implica ser un compositor de música vallenata?

I.C.V: Implica muchas cosas. Yo creo que el compositor, no sólo en el vallenato, sino en cualquier tipo de música, es aquella persona que hace sentir en el alma de otros la pasión con la que escribió cada verso. Además, tiene la sensibilidad para interpretar los sentimientos de aquellos que no tienen la facilidad para hacerlo. Puede fácilmente ponerse en el pellejo de otro generando así la empatía necesaria para expresar sentires.

¿Qué se requiere para ser un buen compositor?

I.C.V: Yo creo que, para ser un buen compositor, como muchas cosas en la vida, se requiere comprometerse a usar las tres ‘P’: pasión, perseverancia y preparación. Eso sí, teniendo en cuenta que la pasión multiplica y las otras dos suman.
Estoy convencido que los grandes compositores han sido, son y serán pioneros, aventureros y rebeldes. Son esas personas que no dudan en saltarse las reglas, se lanzan a contar en versos y melodías unas historias donde la realidad y la imaginación se juntan en una simbiosis caprichosa e irreverente.
Hoy puedo afirmar que como compositor vivo de la anécdota, de los acontecimientos, de la vida cotidiana. Hago un gran esfuerzo para interpretar el mundo y de crear arte a través de las experiencias de la vida y del conocimiento que voy adquiriendo. Es allí donde me siento compositor. Por eso creo poder demostrar que no hay una sola canción de las mías que no haya nacido de un hecho verdadero que conocí o que me contaron.

¿En el proceso de componer puede ocurrir que haya canciones que mueren antes de nacer?

I.C.V.: Por supuesto, muchísimas veces. Hay momentos en que tienes la idea pero los versos y/o la melodía que lograste hacer no te satisfacen. En otras, te llega la inspiración (letra y melodía), pero no tienes definido un tema específico; es decir, hay momentos en los que le aciertas al nido, pero erras el pájaro.

¿Qué importancia tuvieron en sus canciones los compositores clásicos de la vieja guardia como Rafael Escalona, Leandro Díaz, Tobías Enrique Pumarejo, Emiliano Zuleta Baquero, Máximo Móvil, Gustavo Gutiérrez, entre otros?

I.C.V: Pienso que cada uno en su estilo me mostraron que todas las cosas que le sucedían a los seres humanos, a los amigos, a los vecinos, al pueblo, al país, al mundo, existía una historia de fondo y que lo que había que hacer era saberla contar y cantar, de una manera histriónica. De una forma directa quien me mostró a mi el camino de la composición fue Dagoberto López Mieles. Verlo componer de una manera tan sencilla y, a la vez, creativa, en un instante me convenció de que hacer eso era posible.

¿Qué se necesita más para componer, disciplina o inspiración?

I.C.V: Opino que las dos. Es una mezcla, las dos van de la mano. También tiene una influencia importante la metodología que el compositor pueda crear o la que adquiera o copie de otros compositores. La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.

¿Qué tanto debe leer un compositor?

I.C.V: Debe leer mucho y si no sabe leer, como era el caso de algunos de nuestros juglares, debe observar y escuchar, sobre todo, cuentos, poesías, crónicas, historias. Es muy importante también conocer la vida y obra de otros compositores, tanto del mundo vallenato, como de otro tipo de música.

¿Qué tan importante es que el compositor esté actualizado de lo que pasa en el mundo?

I.C.V.: Muy, muy importante. En un mundo globalizado como el de hoy todo pareciera estar relacionado y cualquier suceso puede convertirse en un estupendo motivo para estructurar una canción de oportunidad que impacte a un determinado público.

¿Cuál es la canción qué más lo ha dejado satisfecho cómo compositor?

I.C.V.: Tengo que decir que cualquiera de ellas. Como dijo alguien «con las canciones pasa como con los hijos, no todos se portan igual de bien, pero a todos los queremos de maneras diferentes». Con las canciones pasa que unas le han dado vida y trascendencia a otras. Sin embargo, yo diría que mis canciones preferidas son las que se refieren a mi esposa, a mi hijo y a mis nietos. Esas me emocionan en mayor grado.

¿Dr. Cantillo, usted habla cómo compone o compone cómo habla?

I.C.V: La verdad es que yo disfruto mucho hablar con la gente, conocer la manera como ellas ven el mundo, como expresan sus sentimientos, las historias que cuentan. A mi como compositor me interesa muchísimo la vida privada que gira alrededor de una composición que ya es pública. Desentrañar esa motivación especial que hizo posible que naciera un canto tan lindo.
Soy de los que piensa que todos los compositores tienen cosas en la mente que inciden en lo que componen. Es como desentrañar la historia privada de las canciones.
Es importante tener en cuenta que el compositor se alimenta de lo que vive, de lo que ve, de su entorno, de lo que otras personas le cuentan y de las reacciones que esas personas tienen sobre lo que les pasa. Alguien dijo alguna vez que «el compositor vive gran parte de su tiempo en modo imaginación y sólo muy poco en cotidianidad o conectado con la realidad de su mundo».
Debo decir que también disfruto sentarme a escribir unos versos, estructurar el marco de referencia de una canción.

¿Cuál es la importancia de conocer la historia que dio origen a una canción vallenata?

I.C.V: La afirmación de que las historias, en general, no son más que datos con alma, es verdad. Con respecto a esto y de manera particular en la región Caribe ocurre un fenómeno interesante sobre la trascendencia que tiene la oralidad en la vida de las personas que habitan esos territorios o son originarios de allí y que de manera magistral lo describe el escritor Alberto Salcedo Ramos al expresar que «en el Caribe, para que las cosas pasen hay que contarlas y cantarlas». Entonces, si se mira con detenimiento el contenido y alcance de las canciones vallenatas tradicionales, resulta concluyente afirmar que ellas son el recipiente mágico donde un ser humano decidió contar una historia propia o ajena, de una manera creativa, embadurnándola de unas melodías que se impregnan en el alma de quien las escucha.
Es bien curioso, pero no por ser menos real, lo que ocurre con la percepción que una persona tiene cuando escucha la historia que motivó una determinada canción y luego conoce la pieza musical a cuando, simplemente, escucha la misma canción pero sin la historia. Pareciera que, el conocer lo que sintió o vivió el compositor al momento de estructurar esos versos, generara automáticamente, una especial empatía con quienes conocen el tema musical.
Es por todo eso que resulta tan importante que, como parte trascendente de la cultura de los pueblos, no sólo se den a conocer las canciones como tal, sino que además, se ilustre a propios y extraños acerca de las historias de las canciones y, ojalá, del entorno y la vida de ese compositor que en algún momento de su existencia decidió hacer versos para contar y cantar lo que él o alguien cercano a él sintió en algún momento de su existencia.

¿Por qué cree que la música vallenata gusta tanto?

I.C.V: Yo creo que es por ser una música sencilla, rítmica, alegre, nostálgica, anecdótica, vivencial, cuenta historias y además es una música que por el entorno donde nace, es democrática, incluyente como dicen ahora los jóvenes. Cualquiera puede componer un paseo, un merengue, una puya, un son y puede mostrar su obra en cualquier sitio: una parranda, un potrero, un funeral, un estudio de grabación, etc.

¿Cree qué los compositores tienen cábalas o supersticiones al escribir sus canciones?

I.C.V.: He hablado con algunos y de alguna manera han desarrollado comportamientos que se asemejan a eso que usted pregunta, tales como hacerlo sólo en las noches o al momento de bañarse, o cuando están totalmente solos y en silencio.
Particularmente, yo tengo algunas, por ejemplo: me gusta escribir los versos en un block de hojas amarillas que no sea cuadrículado. Me encanta usar bolígrafos negros ‘Paper Mate’ punta de gel. Nunca compongo una canción utilizando el computador, o la tablet, o el celular. Casi siempre comienzo sintiendo una melodía la cual tarareo por algún tiempo y luego llegan a mi mente los primeros versos.

¿Cuál considera que haya sido el mejor consejo que le han dado cómo compositor?

I.C.V.: Que cuando componga no piense en términos de mercado. Se debe componer independiente del resultado económico que de allí se pueda derivar. Los ingresos por regalías y la fama llegan con el tiempo o no llegan nunca.
Componer es un arte y por tanto hay que dejarse llevar por la pasión. Hay que componer con espontaneidad, como un desahogo, eso sí, hay que hacerlo con un método creado por el mismo compositor o adquirido de personas que ya lo hayan hecho con éxito.

¿Cuál es la canción vallenata qué usted ha escuchado más veces?

I.C.V.: Son muchas, pero de manera especial recuerdo en este momento una obra musical titulada ‘Una Canción Eterna’ del compositor Jacinto Leonardi Vega Gutiérrez. Yo creo que es porque en su letra el compositor describe muchas de las situaciones que también me han ocurrido en mi propia vida.

¿Tiene algún pasatiempo favorito?

I.C.V.: Son varios. Componer canciones es hoy uno de los principales; también pescar, cocinar, ver fútbol y escuchar vallenatos.

¿Cuál es su costeñismo favorito?

I.C.V.: Yo creo que son dos, las expresiones: ajá y hombe qué va.

¿Cuál o cuáles compositores los inspiran?

I.C.V.: Uyyy, hay muchos. De los pioneros, esos juglares que nos abrieron el camino Leandro Díaz, Rafael Escalona, Emiliano Zuleta Baquero, Adolfo Pacheco, Tobías Enrique Pumarejo, Gustavo Gutiérrez, Dagoberto López, entre otros. De los más contemporáneos: Rafael Manjarrés, Jacinto Leonardi Vega, Luis Egurrola, Rosendo Romero, Ivo Díaz, Roberto Calderón y sus hermanos, entre muchos más.

¿Escucha canciones de otros ritmos, cómo cuales?

I.C.V.: Si claro, escucho canciones del interior del país: bambucos, guabinas, etc. También música llanera y boleros clásicos.

¿Cuáles canciones ha compuesto últimamente y cuál es su temática?

I.C.V : Compuse un paseo titulado «Orgullo de padre» en la que me refiero a la admiración que siento por mi hijo. También otro paseo que titulé «Qué nunca muera el amor», que apunta a expresar de manera lúdica, lo que pasa con el amor en el transcurso del tiempo. En ese mismo aire vallenato hice una canción titulada «El poeta y el río que muere», en la que hago alusión a lo que viene pasando con la crisis del Río Cesar, tanto en su aspecto ambiental, como folclórico. Otro tema que denominé «Recuerdos perdidos», en lo que hago referencia a lo innecesario que resulta para las parejas hablar de sus respectivas relaciones amorosas del pasado.
El Dr. Ignacio Cantillo Vázquez es un hombre nacido en la provincia que se radicó en la fría capital colombiana Bogotá hace cinco décadas y esa nostalgia y tristeza causada por la falta de su terruño, el mar, la playa, su entorno natural se convierte en una aliada para componer, con lo que suplía esa sensación de soledad y nostalgia.
Cantillo Vázquez se describe como «un hombre Caribe con todo lo que ello implica»: el amor a su tierra, costumbres, gastronomía, historias y leyendas, las cuales conserva intacta en su mente a pesar de la distancia y los años que ha vivido separado de ese mágico lugar en donde dio sus primeros pasos.
Hoy tiene más o menos 47 canciones grabadas y publicitadas y otras 10 que están inéditas, y que han encontrado en la voz de Ivo Luis Díaz Ramos y el acordeón del Rey de Reyes Almes Granados sus mejores intérpretes, maestros que le han sabido dar ese toque de vallenato añejo y rancio que él plasma en sus letras y melodías, lo que lo convierten en un gran compositor, poeta raizal y popular. Las cuales pueden ser escuchada en su canal de Youtube: Ignacio Cantillo Vázquez.
A todos mis lectores y seguidores, muy amablemente, los invito a escuchar las canciones de este maestro, porque seguramente más de uno, al igual que yo, sentirá y pensará que el vallenato aún respira, aunque se encuentra en cuidados intensivos.

Ramiro Elías Álvarez Mercado.

Biografía artística compositor Charly Rodríguez

A través de Estampas Vallenatas les presentamos una reseña biográfica del compositor bogotano Charly Rodríguez.

Su nombre de pila es Charles Antonio Rodríguez Méndez nacido en el nororiente de Bogotá en el barrio Los Rosales el 7 de mayo del año 1977 en el hogar conformado por Hermelinda Méndez y Manuel Rodríguez. Entre sus primeros recuerdos que tiene a los cuatro años de edad comienza a aflorar el amor por la música cuando escuchaba las canciones de Alfredo Gutiérrez, Juancho Polo, Alejo Durán, Noel Petro, Otto Serge, Rafael Ricardo, Bovea y sus vallenatos y Rafael Orozco desde ese tiempo para el año 1981 comienza a nacer el amor por la música vallenata.

Su talento para componer se manifiesta durante su etapa escolar, a los 11 años escribía poemas y le gustaba recitar, compuso sus primeras canciones a los 12 años en los géneros como vallenato, balada romántica, rock, ranchera, salsa y merengue dominicano, aunque resalta que el género vallenato siempre ha sido lo esencial dentro de sus obras musicales.

Charly Rodríguez no solo desarrolló su talento para componer sino también que le gustaba el canto y participaba en los concursos escolares con canciones vallenatas y a sus 15 años ya acompañaba músicos vallenatos de la ciudad haciendo los coros.

Su faceta como compositor se amplía a partir de los 16 años cuando ya comienza a hacer canciones con historias propias o con lo que acontecía a su alrededor de amigos o personas conocidas.

En la actualidad lleva escritas 70 canciones de las cuales se han grabado 13 profesionalmente y 17 aún se encuentran en maqueta para ser grabadas.

Para el 2024 ya tiene las siguientes canciones grabadas:
Rafael Orozco -Canta José Ramón Mendoza
El amor de mi vida -La linda Jacque
Un amor de verdad -Sheyla Vita
Fuiste tú – Sheyla Vita
Ana Lucía -Edilson Brito
La dinastía Brito -Edilson, Awdin, Alex y Raúl Brito
Ana – Awdin Brito
Aunque me olvidaron -Edilson Brito
La Calera – José Ramón Mendoza
Viene Jesús – Edilson Brito
Eres todo para mí -Edilson Brito y Sara Acosta
En la montaña – José Ramón Mendoza
Mi verdadero amor -Aury de la Cruz.

Charly Rodríguez es un defensor del vallenato auténtico y tradicional conservando las raíces la poesía, el sentimiento y las vivencias en cada obra musical en aporte al folclor vallenato como patrimonio que lleva en lo más profundo de su corazón.

REDES SOCIALES DEL COMPOSITOR CHARLY RODRÍGUEZ

Youtube:

https://www.youtube.com/@charlyrodriguez811

Facebook:

https://www.facebook.com/charly.rodriguez.775

Alejo Durán le puso oficio a su ‘Pedazo de acordeón’, donde tenía su corazón

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Hace 35 años, 15 de noviembre de 1989, murió en Montería, Córdoba, el primer rey del Festival de la Leyenda Vallenata, quien con su pedazo de acordeón escribió la más amplia historia, partiendo de su tierra El Paso, Cesar, hasta quedarse en Planeta, Rica, Córdoba. De esta manera, supo regalar las más grandes alegrías cantadas que han perdurado con el paso del tiempo, al dejar su sello con un “¡Apa, Oa, Sabroso!”.

Alejo quedó inmortalizado a través de toda su gesta musical, la cual arrancó al coronarse como el primer Rey Vallenato en el año 1968, teniendo en su pecho aquel famoso ‘Pedazo de acordeón’, a la que le hizo una canción en aire de puya. “Este pedazo de acordeón en donde tengo el alma mía, ahí tengo mi corazón y parte de mi alegría”.

Para corroborar lo anterior Consuelo Araujonoguera, señaló. “Cuando Alejo Durán se subió a la tarima, al lado del amplio rectángulo de la plaza Alfonso López, fue cuando tuvimos la noción exacta de que el Festival de la Leyenda Vallenata había comenzado, y comenzado bien. Dos noches después, en la gran final, ’La cachucha bacana’, ‘Elvirita’, ‘Alicia adorada’ y ‘Pedazo de acordeón’, fueron apenas la notificación musical de la apoteosis colectiva que desde entonces lo consagró para siempre en el afecto y devoción de la gente”.

‘La Cacica’, finalizó diciendo. “Alejo Durán y el Festival de la Leyenda Vallenata formaron una simbiosis perfecta, un dúo sentimental, una relación tan profunda y certera que no se puede analizar el uno sin el otro, ni referirse a la persona sin hacer mención obligada del certamen”.

Alejo Durán siempre supo darle oficio a su ‘Pedazo de acordeón’ que hasta compuso una canción para enseñar la manera de ejecutarla. “Pa’ sabé tocá acordeón, hay que tener mucho cuidado, una buena ejecución y sabé golpear los bajos. Hombe, para cuando toque un son le salga bien acompasado. Sino, más no es tocar pitos y formar la algarabía, para qué tanto registro, si fluye la melodía. Oye, yo me la paso es tocando, no es para que me den la fama. Yo no toco con la fama, toco es con el alma”.

El día que Alejo se equivocó

El hombre que era magdalense de nacimiento, cesarense por decreto y cordobés de corazón, regaló el mayor ejemplo de honradez la noche del viernes primero de mayo de 1987 en la plaza Alfonso López de Valledupar, en la final del primer concurso Rey de Reyes del Festival de la Leyenda Vallenata, cuando interpretaba su célebre puya ‘Pedazo de acordeón’.

Cuando el público lo aplaudía silenció de repente su acordeón y tomando el micrófono con su voz fuerte, hizo la declaración que nadie esperaba: “Pueblo, me he acabado de descalificar yo mismo”. Ante sus palabras, el jurado que integraban Lorenzo Miguel Morales Herrera, Gustavo Gutiérrez Cabello, Ovidio Granados Melo, Hugues Martínez Sarmiento y Armando Zabaleta Guevara, le permitió volver a ejecutar su canción.

Precisamente, el cantautor Gustavo Gutiérrez Cabello, quien ofició como jurado, indicó. “Esa vez me sorprendió la sinceridad de Alejo, porque eso fue casi imperceptible. No sé si fue por demasiado rigor por cumplir las normas del festival, pero con los compañeros del jurado le pedimos que siguiera haciendo la interpretación, asunto que rechazó al principio, después aceptó y terminó aplaudido”.

De Alejo no tiene nada

Entre los hechos alrededor de Alejo Durán, está el sucedido el sábado 30 de noviembre de 1991 cuando en Valledupar el alcalde Aníbal Martínez Zuleta, inauguró el monumento ‘Pedazo de acordeón’, siendo todo un acontecimiento por esa obra abstraccionista en hierro templado del escultor bogotano Gabriel Beltrán Castiblanco, que está ubicado en la glorieta de la carrera novena con calle 19. El monumento tiene 10 metros de largo, seis metros de ancho y siete metros de alto, con un peso de ocho toneladas y tuvo un costo de 15 millones de pesos.

En aquella ocasión uno de los visitantes fue el compositor y verseador Andrés Emilio Beleño Paba, quien pensó encontrar algo parecido a lo que se narra en la canción. Se extrañó de la obra diferente y en pocos días hizo una canción llamada ‘El monumento’ donde dijo que de Alejo Durán, no tenía nada.

En algunos de los versos de la canción se narra. “A Alejo, le han hecho mil homenajes a su acordeón, le han hecho miles escritos que son correctos, y el Valle también le levantó un monumento, que solamente ha servido de confusión. Porque parece una combinada con las llantas para arriba, porque parece una olla volteada debajo de una parrilla. Y no tiene nada de tanto que fue el maestro, no tiene nada, vaya mire el monumento. De Alejo no tiene nada. De Alejo no hay ni el reflejo”.

La canción causó jocosidad y quedó como muestra de la inventiva de este  compositor, cantante  y verseador nacido en Chiriguaná, Cesar, que supo guiar al folclor por el camino de la autenticidad y manera carismática de ser.

Pidió un favor

‘El negro Alejo’, con su ‘Pedazo de acordeón’, se la pasó toda su vida tocando esa nota donde los bajos fueron su compañía ideal, y como lo anotó su hermano Náfer Durán. “Alejo no era rápido, pero sí muy inteligente. Yo diría demasiado natural y tenía un carisma que se llevaba a cualquiera, así como hacen los toros en la corraleja”.

En su canción ‘Pedazo de acordeón’ dejó sentado su amor por el bendito instrumento, pero también pidió un favor. “Muchachos si yo me muero les vengo a pedir el favor. Ay, me llevan al cementerio este pedazo de acordeón”. No le hicieron el favor, pero quedó el fiel ejemplo del hijo de Náfer Donato Durán Mojica y Juana Francisca Díaz Villarreal, quien tuvo el ímpetu de su acordeón, el peso de su melodía, su voz ronca, su inseparable sombrero vueltiao, la nobleza de su sonrisa y la sencillez de su personalidad.

VALACOR…….Entregar a Ernesto Maccaunslad. Propuesta nocturna, monumento pedazo de acordeón…………….Fotos Hernando Vergara

Biografía artística  Edelver Enrique Salas

Edelver Enrique Salas  nace un 18 de julio del año 1972 en Pueblo Bello,  departamento del Cesar, su madre Aída Salas Zapata,  siempre le entregó todo su amor y dedicación, creciendo y formándose en una tierra hermosa llena de una gran riqueza cultural, ubicada en las estribaciones de la Sierra Nevada dónde habitan los indígenas Arahuacos.

Para Edelver Salas sus canciones nacen de la inspiración propia, basadas en vivencias y acontecimientos que le suceden a él o en su entorno,  guardando entre sus grandes tesoros una libreta con poemas que aún conserva de su época estudiantil donde aplica en algunas de sus canciones.

En su faceta como compositor tiene aproximadamente 200 canciones algunas en maqueta,  otras escritas y otras en proyectos contando actualmente con seis canciones grabadas a nivel profesional entre las que se encuentran: Amor parte de vida,  el Pelao, Mi don,  grabadas por Nilson Caro  de Vallenato de raíz y en Bogotá le grabaron La puya Ángeles en el cielo y Recorrido a mi pueblo dedicado su tierra natal Pueblo bello, grabada por Luiska Jiménez y José Negrete, su más reciente obra musical se encuentra Lucha perdida grabada por Alfredo fello Gutiérrez.

Su talento no solo es como compositor ya que también se ha destacado como músico en su faceta de guacharaquero,  toca el acordeón de forma empírica y ha participado en algunos festivales mostrando su talento con varias agrupaciones.

En su trayectoria pasó por la escuela de Turco Gil,  también perteneció a la escuela de Tambo banda del SENA, participó en el desfile de las piloneras del año 1997,  perteneció a una banda Marcial del instituto agrícola de Pueblo Bello siempre siguiendo la línea musical como un talento en innato.

Edelver Salas,  actualmente se proyecta como compositor aportándole cada día más al folklore, dando a conocer sus canciones para llegar a un público que ama lo propio, verdadero y original con canciones nuevas llena de sentimiento e inspiración dedicadas a todo el público que quiera disfrutar del buen vallenato

Martín Elías Maestre, primer profesor musical de Diomedes Díaz

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

En la canción ‘Mi vida musical’, Diomedes Díaz lo dejó bien claro. “Siendo todavía un muchacho allá en Carrizal, donde nací y me críe con los viejos míos,  junto con Martín Maestre que era mi tío,  que Dios lo tenga en la gloria porque el murió, y de recuerdo Martín a mi me dejó la enseñanza para mi vida musical”.

De esta enseñanza fue testigo Adriana Josefa Sarmiento Loperena, nacida en La Junta, La Guajira, la mujer que conquistó el amor del juglar Martín Elías Maestre Hinojosa, el hijo de Manuel José Maestre y Eufemia Hinojosa. Además, tío de Diomedes Díaz Maestre.

Ella comenzó contando desde el final de la historia que fue el miércoles primero de agosto de 1979, cuando murió Martín Maestre, al transportarse en una camioneta desde La Junta, La Guajira y accidentarse en la entrada a Valledupar. Adriana Josefa, en ese entonces tenía 20 años y ya era madre de tres hijos: Ela María y Everardo, de cuatro y dos años, respectivamente, y Yojeidi, de 42 días de nacida.

Con la mayor naturalidad comenzó diciendo. “A Martín lo conocí cuando yo tenía 14 años y él 19; a los 15 me empaté con él y a los 16 le parí”. Cuando se esperaba que comenzara a contar sobre la tragedia que la dejó sola con sus tres hijos, siguió diciendo. “Mi mamá Clara Esperanza Loperena Nieves, estaba de acuerdo con la relación. Mi papá Ángel Antonio Sarmiento Gutiérrez al comienzo no, pero cuando llegaron sus nietos aceptó todo”.

Sale de esa encrucijada y señala. “Viví solamente cuatro años largos con Martín porque la muerte no los arrebató. Era muy cariñoso, me ponía serenatas y nunca lo ví bravo. Era un amor bonito, aunque después se volvió mujeriego”. De un tajo cierra ese capítulo y entra a contar sobre el hombre dedicado a la música vallenata.

“Martín se la pasaba componiendo, cantando y tocando su acordeón. A cada rato sacaba una canción. A mi me hizo varias”. Entonces comenzó a citar algunas, como ‘Muñequita linda’, ‘Mortificación’, ‘Me mata el dolor’ y ‘El palo de limón’, entre otras.

De inmediato entró a contar la afinidad musical que tenía Martín con su sobrino Diomedes Díaz, hijo de su hermana Elvira. “Era única. Se entendían muy bien y Martín lo guió y le enseñó muchas cosas que después le sirvieron mucho. Diomedes en ese entonces tocaba guacharaca, componía y verseaba bien. Era noble, sencillo y de buenas costumbres. Diomedes hizo parte de mi familia porque tuvo una hija con mi hermana Ángela Martina. Estábamos era unidos”.

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Sonrió y aseveró. “Diomedes siempre habló bellezas de su tío. Lo trataba de su ídolo, su ángel, su guardián y su profesor en la música vallenata. Tenían un grupo que se presentaba en toda la región y de esa manera se ganaban sus pesos y traían cosas para la casa. Diomedes, lo quiso tanto que le hizo un homenaje poniéndole su nombre a uno de sus hijos que tuvo con Patricia Acosta, ‘El gran Martín Elías’, un excelente cantante que murió jovencito”.

Se quedó callada, mirando al frente y con ya toda la calma del caso, señaló. “Al morir Martín conté con el apoyo de mis padres para sacar adelante a mis hijos. Gracias a Dios todo salió bien”. Agachó su cabeza y comentó. “La muerte de Diomedes me dolió mucho porque lo ví crecer de la mano de su tío Martín Elías Maestre Hinojosa, ese hombre al que le hubiera gustado ver a su sobrino en la cúspide”.

El relato de ella continuó. “De Martín Maestre tengo una foto donde está montado en un caballo. Además, digo que ese que apareció en la novela de un canal de televisión nacional, ni rastros de lo que era. Se equivocaron del cielo a la tierra. Yo si lo conocí”. Los presentes en la entrevista lo corroboraron.

La despedida de Martín

Después regresó al punto inicial y entregó detalles de la noche antes de que él partiera del pueblo de  La Junta a encontrar la muerte en otro lugar. “Llegó tarde de la noche y entró al cuarto. Yo me hice la dormida. Tomó a sus hijos a quienes abrazó y besó diciéndoles que los quería mucho. Luego se acercó a la cama de mi mamá, la llamó, y empezó a hablar con ella. Le contó que a Diomedes le habían regalado una camioneta, que iban para Valledupar”.

Seguidamente ella misma quedó sorprendida con la siguiente declaración de Martín. “Preocupado le contó a mi mamá que no hacía mucho en la parranda donde estaba, le habían dicho que una paisana llamada Luz Marina, con quien tuvo una relación fugaz, le había parido una hija”. Adriana Josefa, relató que se quedó más quieta, pero estaba que explotaba de la rabia. “Pensé que el otro día cuando regresara le iba a reclamar por su infidelidad”.

Al contar ese episodio se paró de la silla, caminó pocos pasos para despejar su pensamiento y cuando se volvió a sentar varias lágrimas visitaron sus mejillas, y entonces dijo una frase salida de lo más profundo de su corazón: “No le pude reclamar porque me tocó llorarlo”. Se llevó sus manos al rostro y las palabras huyeron porque el sentimiento en trance no daba lugar a más nada. Luego, en medio de sollozos, aseveró. “Ya lo he dicho todo”…

Efectivamente, ella desgajó todas las palabras sobre el hombre que la conquistó con cantos de acordeón, que le regaló tres hijos y le dedicó tantas canciones como ‘Muñequita linda’, esa donde la pintó de cuerpo entero. Un premio a esa mujer guajira que a pesar de todo nunca ahorró amor para darle hasta el final de sus días.

Te quiero mucho y tú muy bien lo sabes negra de mi alma tenme compasión. Solo en la vida tu puedes curarme para así aliviarme y no sufrir de amor. Sé que mi vida será algo distinto después que decidas cambiar de opinión. Juro ante Dios darte un amor bonito, cual tú te mereces lo mismo que yo”.

El recuerdo de Martín Maestre, el profesor musical de Diomedes Díaz, es toda una novela donde cantos, vivencias y notas de acordeón hicieron posible que la vida tuviera sentido en ese pueblo donde todavía se arrulla el corazón, se extrañan las costumbres y hasta una sonrisa regresa del cielo.