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Abiertas las inscripciones para el 54° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Rosendo Romero ‘El Poeta de Villanueva’
-El periodo de inscripciones para los distintos concursos será del 26 de julio hasta el 18 de septiembre de 2021-
Con la finalidad de continuar con la tarea de conservar y promover la auténtica música vallenata y reactivar con responsabilidad la economía de Valledupar, guardando todas las medidas de bioseguridad, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata da apertura a las inscripciones de los distintos concursos del 54° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al cantautor Rosendo Romero Ospino, ‘El poeta de Villanueva’ que se llevará a cabo del 13 al 17 de octubre de 2021.

Las inscripciones serán por un periodo de 55 días iniciando desde el lunes 26 de julio y concluyendo el sábado 18 de septiembre de 2021. Se recibirán únicamente a través del correo electrónico: inscripcionesfestival@hotmail.com
Por otra parte los formatos de inscripción, requisitos y reglamentos de los distintos concursos se encuentran en la página web www.festvalvallenato,com
Concursos
El 54° Festival de la Leyenda Vallenata que cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura y la Alcaldía de Valledupar, tendrá los siguientes concursos: Acordeón Profesional, Acordeonera Mayor, Acordeón Aficionado, Acordeón Juvenil, Acordeón Infantil, Acordeonera Menor, Piqueria Mayores, Piqueria Menor y Canción Vallenata Inédita.
Como la novedad de este año, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata debido a que las circunstancias de la pandemia no permiten realizar el Desfile de Piloneras, hará en la plaza Alfonso López, tarima Francisco El Hombre, el concurso de Piloneras, para el cual se invitarán a los 10 grupos ganadores de la categoría mayor, y cinco de juvenil e infantil, respectivamente, desde el año 2019 para atrás.
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Alberto De Jesús Fernández Mindiola: el hombre que le prestó su voz al tiempo.
«Antes de que el tiempo se atreva a bajar el telón a la vida, su voz ya aprendió a quedarse viviendo en la eternidad»: Ramiro Álvarez Mercado
Por Ramiro Elías Álvarez Mercado
Hay nombres que uno no dice: se dejan caer, como si al pronunciarlos pudiera alterarse algo invisible.
Y hay vidas que no caben en una línea de tiempo; necesitan silencio, pausa, una forma de respeto que no siempre sabemos conceder.
Cuando se habla del tiempo, casi siempre se habla de pérdida: de lo que se va, de lo que no regresa, de lo que apenas sobrevive en fragmentos. Pero, en ocasiones pocas, ocurre lo contrario: el tiempo no borra, aclara. En lugar de desgastar, retira capas. Deja, al final, solo lo esencial.
Este es uno de esos casos.
El maestro Alberto De Jesús Fernández Mindiola acaba de cumplir 99 años. Decirlo así parece suficiente, pero no lo es. En él, la edad no se acumula: se ordena. El tiempo no lo ha golpeado, lo ha pulido con una paciencia que ya casi no existe. Su palabra llega sin tropiezos, su memoria no necesita buscarse y su espíritu permanece encendido sin estridencias.
Hay una lucidez que no se aprende. Tampoco se ensaya.
Se alcanza después de una larga fidelidad.
Y antes de todo eso, antes de la voz que conocemos, estuvo el origen.
Atánquez, en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, departamento del Cesar, al norte de Colombia. 7 de abril de 1927.
Ahí empieza todo, aunque entonces nadie lo supiera.
La Sierra no es paisaje: es ley. Es el corazón del mundo para los cuatro pueblos que la custodian. Los kankuamos, habitantes de Atánquez, saben que cada pico es un padre antiguo y cada río una vena de la madre. Allí la vida se teje. Las mujeres hacen mochilas que no son adorno: son pensamiento. Cada rombo es una montaña; cada línea, un camino de agua; cada color, un rezo. La mochila kankuama no se compra: se hereda.
En ese mundo de hilos, silencios y montañas sagradas nació Alberto Fernández. Su voz también fue tejida, puntada a puntada, entre cantos de casa y niebla de páramo.
La música no llegó como descubrimiento: estaba ahí desde antes. Su madre, María Mindiola, cantaba con una naturalidad que no requería escenario, eran cantos que parecían quedarse suspendidos en la casa, como si el aire los resguardara. Su padre, Luis Fernández González, hacía lo propio con la trompeta, el redoblante y el bombo: instrumentos que no solo sonaban, también imponían presencia, como el aire que se respira.
Entre esos dos mundos el canto íntimo y la fuerza del ritmo empezó a formarse algo que aún no tenía nombre.
Después vendría lo demás.
Atánquez seguía siendo pequeño, pero ya no le bastaba. Cantó boleros, tangos, rancheras, no por versatilidad, sino por búsqueda. Como quien recorre caminos sin saber con certeza qué está persiguiendo. Y, sin embargo, allí estaba la voz encontrando su forma sin proponérselo.
Su traslado a Valledupar, para estudiar en el tradicional colegio Loperena, no fue una parada más. Fue el momento en que todo comenzó a cobrar sentido.
Entonces ocurrió el encuentro con Rafael Calixto Escalona Martínez. La amistad se volvió hermandad. Escalona no encontró en Fernández a un intérprete: encontró una continuidad. Algo que no se planifica: sucede o no sucede. Y, en este caso, sucedió con una naturalidad que aún asombra. Rafael escribía desde adentro, desde la memoria, desde la gente. Y Alberto no “cantaba” esos versos: dejaba que lo atravesaran.
No hubo esfuerzo por coincidir. Coincidieron.
De ahí nacieron cantos que ya no pertenecen a nadie: ‘La Casa en el aire’, ‘El testamento’, ‘La Maye’, ‘La brasilera’. Canciones que no requieren explicación porque forman parte de algo mayor. En su voz no había interpretación: había permanencia.
Luego vino el movimiento.
Barranquilla lo recibió. La radio.
Ese lugar donde una voz puede existir sin cuerpo; donde alguien canta en un punto y aparece en otro sin desplazarse. Allí su canto dejó de ser cercano para volverse colectivo.
En 1946, junto a Guillermo De Jesús Buitrago Henríquez, comprendió algo difícil de explicar: el vallenato no era un estilo, era una forma de decir. Y al año siguiente, con Julio César Bovea y Ángel Fontanilla, esa intuición tomó forma. No era un trío en el sentido habitual. Era otra cosa.
Llevar el acordeón a la guitarra sin perder el alma no es adaptación: es comprensión.
Lo que hicieron todavía resuena.
Y, sin embargo, hay un gesto que completa esa imagen y que rara vez se subraya: Alberto no solo fue voz, también fue pulso.
Fue un notable intérprete de la guacharaca, ese idiófono de fricción que, en sus manos, dejaba de ser simple acompañamiento para convertirse en lenguaje. Con ella sostenía el latido preciso que acompañaba las guitarras de Bovea y Fontanilla, como si entre los tres existiera una conversación invisible donde cada rasgueo encontraba su eco en el raspado exacto de la caña. No era únicamente ritmo: era dirección, era respiración, era ese hilo sutil que impide que la música se disperse.
Gran parte de su producción quedó resguardada en distintos sellos discográficos: Caliente (Sonolux), Caribe (Fuentes), Discos Curro, Lyra (Sonolux), Rival (Estados Unidos), Discos Tropical y Discos Vergara. Como si cada casa disquera hubiese sido apenas una estación de paso para una voz que no estaba hecha para permanecer en un solo lugar.
Allí quedaron registros que hoy parecen inevitables: ‘El Montañero’, ‘Los barrancos’, ‘La marimba’, ‘Mi vallenata’, ‘El tigre guapo’, ‘La llorona loca’, ‘El pájaro amarillo’, ‘El hombre marinero’, ‘El gallo tuerto’, ‘La viajerita’. Canciones que no buscaron trascender y terminaron haciéndolo.

Pero su vínculo con Escalona siguió abriendo caminos.
Otras composiciones como ‘La molinera’, ‘La creciente del Cesar’, ‘El Almirante Padilla’, ‘La Vieja Sara’ y ‘El villanuevero’ encontraron en su voz un lugar definitivo. En ellas, Alberto no se limitaba a narrar: encarnaba. Su canto podía habitar con la misma naturalidad lo romántico, lo jocoso y lo costumbrista, sin exageraciones ni ropajes prestados. Había en su manera de decir una elegancia silenciosa: la de quien entiende que la emoción no se impone, se revela.
Porque su voz maravillosa no buscaba destacarse sino permanecer.
Y permanecer en el vallenato es otra forma de fundar.
También están los otros nombres: José María Peñaranda Márquez, José Benito Barros Palomino, Julio Salvador Erazo Cuevas, Leandro José Díaz Duarte, Alejandro Durán Díaz, Rafael Campo Miranda. En todos dejó algo que no figura en los créditos: una manera de respirar cada verso.
Y luego llega ese momento inevitable en el que todo encaja:
Escalona y Alberto encontrándose definitivamente en la memoria de la gente.
Ahí el vallenato dejó de ser lugar para convertirse en sentimiento compartido.
Bogotá lo acogió en 1948. Otra siembra.
Durante años, su voz ocupó espacios donde antes no había nada semejante. Más adelante vendrían los viajes: Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil, Venezuela, Puerto Rico. Pero es en Argentina donde la historia se prolonga. Ocho años no pasan en vano. La televisión, los escenarios, el reconocimiento: una música nacida en lo rural encontrando eco en el sur.
Y aun así nada de eso lo transformó.
Cantó con Celia Cruz, con Edmundo Arias, con Luis Enrique Martínez, con Aniceto Molina, con Colacho Mendoza, pero nunca dejó de sonar como él.
Más adelante, cuando se separó de Bovea y sus Vallenatos, no hubo ruptura sino continuidad. En Bogotá formó su propia agrupación: Los Auténticos Vallenatos, acompañado por los guitarristas Carlos Julio Guevara y Alberto Moya. Allí reafirmó su camino sin depender de nada distinto a su propia esencia.
Hay voces que compiten. La suya acompaña.
Entonces aparece ese canto que ya no le pertenece: ‘Te olvidé’.
El Carnaval de Barranquilla repitiéndose cada año, y su voz ahí, como si el tiempo no avanzara del todo.
A sus 99 años, Fernández Mindiola no es recuerdo: es presencia.
Su lucidez no impresiona por excepcional, impresiona por natural. Como si todo hubiese sido un proceso lento y silencioso para llegar a este punto en el que nada sobra.
Hay una belleza particular en ello. No en la edad sino en lo que la edad deja.
Porque hay hombres que no atraviesan el tiempo: permanecen en él.
Y en Alberto De Jesús Fernández Mindiola, en su voz, en su manera de decir sin exceso, el vallenato deja de ser música para convertirse en comprensión.
Como la sierra que lo vio nacer su vida tiene cumbres y nacederos. Como la mochila kankuama que se teje en Atánquez, cada año fue una puntada, cada canción un color, cada silencio un nudo que sostiene la figura completa. El tejido no presume: resguarda. Y resguarda para que otros vivan.
Tal vez esa sea la lección, aunque no la diga: el arte verdadero no necesita prisa ni explicaciones. Solo fidelidad.
Lo demás llega o no.
Que su casi centenario sea celebración.
Que su claridad continúe alumbrando sin proponérselo.
Y que su voz, esa que un día encontró en Escalona algo más que canciones, siga ahí, en alguna parte, haciendo lo que siempre ha hecho: no repetir,
fundar.
Al borde de sus cien años, cuando el tiempo parece inclinar la cabeza ante su historia, su voz sigue negándose a despedirse y se mantiene intacta, viviendo en la eternidad.
En el 2027 el Festival de la Leyenda Vallenata celebrará sus 60 versiones llenas historia, música y folclor
La Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata a través de su presidente Rodolfo Molina Araújo, anunció que en el 2027 se celebrará la historia de las 60 versiones del Festival de la Leyenda Vallenata, todo un acontecimiento que tendrá la connotación del Rey de Reyes de Acordeón Profesional, Canción Vallenata Inédita y Piqueria Mayor, y en cuya programación no se contempla la realización de homenajes.
“Nosotros, como Fundación Festival de la Leyenda Vallenata venimos diseñando el próximo evento con motivo de las 60 versiones, donde está la verdadera historia del certamen, Contaremos los sucesos de cómo el Festival de la Leyenda Vallenata se potencializó hasta llegar a tener la mayor importancia en el orden nacional e internacional”, expresó Rodolfo Molina Araújo.
La decisión busca exaltar el legado, la evolución y el impacto cultural que ha tenido el Festival de la Leyenda Vallenata a lo largo de 60 versiones, consolidándose como uno de los eventos folclóricos más importantes de Colombia y referente internacional del vallenato.
La declaración se hizo en la Rueda de Prensa con el nuevo Rey Vallenato José Juan Camilo Guerra Mendoza, quien contó sobre su historia y su triunfo en el 59° Festival de la Leyenda Vallenata.
La historia
El Festival de la Leyenda Vallenata nació en el año 1968 por iniciativa de Consuelo Araujonoguera, Alfonso López Michelsen y Rafael Escalona, coronándose como primer Rey Vallenato Gilberto Alejandro Durán Díaz. En esa ocasión concursaron nueve acordeoneros y en la pasada versión, 254 entre acordeoneros y acordeoneras.
En el año 1969 se inició el concurso de canción vallenata inédita ocupando el primer puesto el compositor Gustavo Gutiérrez Cabello, con el paseo ‘Rumores de viejas voces’. Ese año también se inició el concurso de acordeón aficionado y el ganador fue Emiliano Zuleta Díaz.
En 1970 se creó la categoría de acordeón infantil ocupando el primer puesto Ciro Meza Reales. Un año después se creó la categoría adolescente siendo el ganador Antolín Arias López.
En 1972 se inició la categoría de acordeón semiprofesional ocupando el primer lugar Alberto Rada Ospino. El año siguiente comenzó el concurso de la piqueria siendo el ganador Andrés Emilio Beleño Paba.
En el año 1981 aparecieron por primera vez en la inauguración del Festival de la Leyenda Vallenata, los grupos de piloneras que con el paso del tiempo suman 265. En el año 1996, la danza del pilón se convirtió en un nuevo concurso.
En el 2003 se comenzó a realizar el concurso de acordeón juvenil siendo el ganador Luis José Villa Guette. Después, se instauraron las categorías de acordeonera mayor, acordeonera menor y piqueria infantil. Hace 16 años se inició el concurso de pintura infantil, ‘Los niños pintan el Festival de la Leyenda Vallenata’.
El 60° Festival de la Leyenda Vallenata será el escenario ideal para auscultar esos años de historia, que han sido la base principal para conservar y promover el vallenato raizal, siendo replicado para bien en distintos lugares del país y el exterior.
Vallenato con pasaporte libre
Toda esta gesta cultural, folclórica y musical la profetizó Consuelo Araujonoguera. “Quién iba a pensar que los vetustos acordeones que tocaban los viejos juglares, incluso el ‘Pedazo de acordeón’ de Alejo Durán, hoy sean la referencia de un folclor que nació en los potreros y ahora tiene pasaporte libre para incursionar por el mundo. Todo comenzó en el año 1968, cuando se puso en marcha el Festival de la Leyenda Vallenata”. Además, ‘La Cacica’ dejó una frase contundente. “Con el tiempo el vallenato se tomará al mundo”.
Definitivamente, la música vallenata es el alma cantada del caribe colombiano, la amalgama poética donde la caja, la guacharaca y el acordeón narran historias de amor, nostalgia y cotidianidad. Es el Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.


Desde hace 40 años ‘Ausencia sentimental’ no se borra del corazón vallenato
Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv
“Ya comienza el Festival, vinieron a invitarme, ya se van los provincianos que estudian conmigo, ayer tarde que volvieron preferí negarme, pa’ no tene’ que contarle a nadie mis motivos. Yo que me muero por ir y es mi deber quedarme, me quedo en la Capital por cosas del destino”.
Cuando el compositor Rafael Manjarréz tomó su guitarra e interpretó las primeras líneas de su canción ‘Ausencia sentimental’, un terremoto de tristeza sacudió todo su ser y fue por una poderosa razón que escondía en su interior.
“Pensar que no iba al Festival Vallenato era algo que sabía, pero no asimilaba porque todos esperábamos integrarnos y sentir de cerca a nuestra amada música vallenata con todo lo que eso significa”, expresó lleno de añoranzas.
El compositor también se alegró cuando recordó que su canción ganadora la noche del miércoles 30 de abril del año 1986, fue declarada mediante el Acuerdo No. 03 del martes 16 de marzo de 2010, como himno del Festival de la Leyenda Vallenata.
Las razones que tuvo la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata se fundamentaron en que ‘Ausencia sentimental’ se convirtió en corto tiempo en el más grande mensaje lleno de miles de recuerdos para los que se encontraban ausentes, y no podían llegar a finales de abril hasta la Capital Mundial del Vallenato.
Rafa, como todos lo llaman, sobre este hecho anotó. “El reconocimiento siempre ha sido motivo de complacencia para mí, y el agradecimiento será eterno para la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, para los que les llena mi canción, especialmente a los ausentes por diversos motivos, tal como me sucedió a mí”.
Reflejo nostálgico
La canción ‘Ausencia sentimental’ es el reflejo de una fiel nostalgia donde el silencio se amarra a los recuerdos apareciendo sueños despiertos, y hasta una melodía se calca en el alma. Es el himno del guayabo, ese que no produce el trago, sino que permite andar por los caminos recorridos por el compositor a la distancia hasta caer en cuenta que “hay cosas que hasta que no se viven no se saben”.
Yendo más al fondo de la composición, ella tiene sabor a parranda, a música, a encuentro con amigos, a paseos en el balneario ‘Hurtado’; ingredientes que la incrustaron en el corazón de un pueblo como la más querida de las canciones inéditas. Es así como personas, lugares y hechos hacen parte vital de la estructura de la inspiración que nació muy lejos de Valledupar, pero cuando fue escuchada por la multitud se sembró para siempre en la plaza Alfonso López, al lado del legendario palo e’ mango.
La canción sigue dejando regados pedazos del alma vallenata porque muchas de las personas por quienes pregunta el compositor partieron hacia la eternidad. Ellas, siguen presentes en la memoria de todos desde que la voz del cantante Silvio Brito y el acordeón del Rey Vallenato Orangel “El Pangue” Maestre, la divulgaron por los medios de comunicación, y se metió en los que saben que “el que nunca ha estado ausente no ha sufrío un guayabo”.
En ese sentido, Rafael Manjarrez resumió su historia cantada. “Aquella ocasión fueron demasiados hechos que llenaron mi sentimiento por no estar presente en el Festival Vallenato. ¿Se imagina, estando en Bogotá y que llegaran a invitarme? Pudo más la razón que el corazón y me tocó encerrarme porque la melancolía era grande. Entonces dejé fluir mi tristeza en la soledad de mi habitación, naciendo la canción que me ha dado inmensas satisfacciones y una cantidad de anécdotas».
Hizo un alto en el camino y luego siguió. “De ahí la frase donde digo que encerrado y temblando escribí una letra que detallaba mi tristeza, mi ausencia sentimental”. Esa frase fue la base para esbozar todo su trasegar por un hecho que lo tenía en una tierra lejana, pero queriendo estar en Valledupar. Claro, que les hizo una petición a sus compañeros para que le llevaran algunas razones. Esas razones que solamente cabían en el marco de su corazón.
Definitivamente, la canción es la identidad sonora del Festival de la Leyenda Vallenata, y la que hace que las lágrimas no se apuren en salir, los recuerdos estén en primera fila y en estos días el ambiente tenga la marca de la ausencia. Rafa como el poeta, solamente le regaló eternidad a esa experiencia de versos untados de melodía.
El agradecimiento
El compositor y abogado Rafael Enrique Manjarréz Mendoza, oriundo de La Jagua del Pilar, La Guajira, agradeció el detalle de convocarlo a repasar aquella historia que ahora se hace más real, teniendo en cuenta esta fecha donde los acordeones suenan sin cesar, las canciones cuelgan en el oído del folclor y se asoman los sentimientos flotando en el ayer.
Después de cuatro décadas que el jurado integrado por Isaac ‘Tijito’ Carrillo Vega, Roberto Calderón Cujia, Marina Quintero y Humberto Díaz Daza, declarara como ganadora a la canción ‘Ausencia sentimental’ cantada por el propio compositor teniendo el seudónimo de ‘Uno de tantos’, con el acordeón de Gustavo Maestre, sigue escuchándose como se hizo por primera vez en el teatro Cesar. “Ya comienza el Festival y vinieron a invitarme. Ya se van los provincianos que estudian conmigo”. …Y como paradoja de la vida, es la única ‘Ausencia sentimental’ que nunca ha quedado sola y por ende no se borra del corazón vallenato.


El 59° Festival de la Leyenda Vallenata tendrá concursantes de siete países y 19 departamentos
Queridos amigos,
tengo el gusto de presentarles esta hermosa canción titulada “No voy a llorar”, interpretada magistralmente por el maestro Silvio Brito, con el impecable acompañamiento en el acordeón de Oscar Correa. Una obra musical del talentoso compositor Eduardo Padilla Bermúdez que hoy quiero compartir con todos ustedes.Cada año aumenta el número de concursantes para el Festival de la Leyenda Vallenata que llega a su versión 59 en homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América. Es así las cifras de inscritos son elocuentes y superaron las del año anterior en diversas categorías.
De esta manera, continúa el trabajo de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata en su misión de conservar y promover el vallenato raizal, teniendo como base principal al Festival de la Leyenda Vallenata, que ha sido pieza vital para que sus exponentes puedan mostrar su talento. Todo se inició desde el año 1968 cuando se inscribieron nueve acordeoneros. En esta ocasión lo hicieron 254 entre acordeoneros y acordeoneras.
Este año en el registro de inscritos se tiene la procedencia de siete países: Argentina, Australia, Aruba, Chile, Estados Unidos, México y Venezuela. A su vez de 19 departamentos. Antioquia, Atlántico, Arauca, Bolívar, Boyacá, Caldas, Cesar, Chocó, Córdoba, Cundinamarca, Huila, La Guajira, Magdalena, Nariño, Norte de Santander, Risaralda, Santander, Sucre y Tolima.
Mayor y menor
Entre los miles de concursantes del 59° Festival de la Leyenda Vallenata, se hizo el registro del mayor y el menor que estarán presentes en el 59° Festival de la Leyenda Vallenata. El de mayor edad es el compositor Julio Cesar Romo Mendoza, nacido hace 78 años, 18 de noviembre de 1947, en El Piñón, Magdalena, y quien ha estado concursando en distintas oportunidades siendo protagonista de esta competencia.
El menor es el niño Jasub David Gutiérrez Lobo, nacido en Valledupar el 24 de marzo de 2019, quien cuenta con siete años y acompañará como cantante al acordeonero infantil Jostin Mateo Campo Quintero.
Cambio de instrumento musical
Como dato interesante dos concursantes no participarán en la misma categoría como lo hicieron el año pasado. Se trata de la niña guacharaquera Emelyn Fortich Arrieta, de Arjona, Bolívar, quien ahora cuenta con 9 años, y acompañó al acordeonero infantil Gabriel Alberto Ovalle Martínez. En esta oportunidad se inscribió en el concurso de acordeonera menor. Ella tendrá el acordeón al pecho para interpretar paseos, merengues, sones puyas.
Por su parte el Rey Vallenato Juan David ‘El Pollito’ Herrera Pimentel en esta ocasión estará como cajero del acordeonero Arismalder Loperena Vega. Así mismo, dentro del Festival de la Leyenda Vallenata, tiene un récord al ganar en el año 1986 la corona de Rey Infantil, y en esa misma final acompañó en la caja al acordeonero Gregorio ‘Goyo’ Oviedo, quien ocupó el tercer puesto. El segundo lugar le correspondió a Madeleine Bolaño. El jurado de ese año lo conformaron Mario Zuleta Díaz, Rodolfo Cabas Pumarejo, Alberto Muñoz Peñaloza, Gonzalo Sierra Rodríguez y Ciro Meza Monsalvo.
Gran convocatoria
Este año los concursos de Piloneras y Pintura Infantil aumentaron considerablemente el número de inscritos. En Piloneras estarán 171 grupos mayores, 52 juveniles y 42 infantiles. El rescate de la danza tradicional de Valledupar se inició en 1981 y 13 años después se convirtió en concurso.
Por su parte, el concurso de Pintura Infantil, ‘Los niños pintan el Festival de la Leyenda Vallenata’ se inició hace 16 años con 12 estudiantes y en esta ocasión se tendrán en acción a 332. Todo un esfuerzo y dedicación por unir cultura y folclor en estos espacios del imaginario colectivo.
Gratitud
Respecto a esta numerosa convocatoria para la versión 59 del certamen el presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, Rodolfo Molina Araújo, “Esta alta cifra de inscritos de siete países y 19 departamentos nos demuestra que la labor desarrollada a lo largo de los años viene arrojando los mejores frutos. Nuestra gratitud es inmensa para todos y más viendo que Valledupar se llenará de notas de acordeones, cantos y versos. Queremos agradecer a todas las autoridades por su valioso acompañamiento”.
Valledupar está preparada para volver a hacerse sentir a través de su verdadera manifestación cultural, folclórica y musical, convirtiéndose en un encuentro de tradiciones, historias y sonoridades en acordeón que se preservan a través de los cuatro aires: paseo, merengue, son y puya, junto con la piqueria y las canciones.




Danielito, acordeonero mexicano fiel seguidor de El Binomio de Oro
Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv
El niño Erick Daniel Martínez Martínez, quien nació el 23 de junio de 2018 en Sabana Hidalgo, Nuevo León, México, desde muy niño se enamoró del acordeón comenzándolo a tocar con una facilidad extraordinaria. Sus padres Luis Ángel Martínez de la Rosa y Yasmith Alejandra Martínez Navas, al verle ese talento supieron encaminarlo y fue así como se le presentaron al acordeonero Israel Romero Ospino, especialmente porque interpreta una cantidad de canciones de El Binomio de Oro, siendo las que más le gustan ‘Relicario de besos’, ‘Momentos de amor’ y ‘Sombra perdida’.
Cuando a Danielito acordeonero como es conocido, le indicaron que las canciones que más le gustaban eran de la autoría de Fernando Meneses y Rita Fernández, expresó que su ilusión era conocerlos porque todos los días las tocaba en su acordeón. “Esas canciones son muy bonitas”.
En la historia aparece Israel Romero Ospino contando como conoció al niño en Monterey, México, quedando admirado de la facilidad como toca las canciones de El Binomio de Oro y ante esto lo invitó con sus padres a Valledupar, para que aprendiera el vallenato tradicional.
“Al niño talentoso le dicen Danielito acordeonero. Es una lumbrera para la música. Le das una nota en el acordeón y se la aprende inmediatamente. Es una cosa no vista y sobre todo que la música mía es un poquito más difícil porque uso muchos sostenidos, bemoles y cosas así, lo que llaman disminuidos y aumentados. Y ese pelaito los agarra completamente”, indicó Israel Romero.
Enseguida siguió contando sin parar. “Me llama la atención que con los dedos tan pequeños que tiene, pueda hacer todas esas cosas que hago yo con los dedos largos. Es así como la canción ‘De rodillas’, que tiene cambio de tono y muchas cosas. Tonos relativos y todo eso, y él las hace con lujo de detalles”.
El mejor acordeonero del mundo no ahorró palabras para definir el ingenio de Danielito. “Lo vi emocionarse cuando tocó ‘Sombra Perdida’. Al llegar a Valledupar le estoy enseñando muchas cosas, y las hace con los mismos acordes. Tiene una digitación bonita y casi no mira el teclado. Todavía le falta para tocar el vallenato, ese de los juglares Luis Enrique Martínez, Nicolás ‘Colacho’ Mendoza y Miguel López, entre otros”.
Al final Israel Romero, manifestó. “Lo estoy llevando a conocer este bello territorio y estuvo en mi tierra Villanueva, donde se admiró del acordeón gigante que hicieron en mi honor. Sé que llegará lejos con ese talento inigualable que tiene. Todo lo que yo diga se queda corto para un niño de siete años que ama el vallenato y lo toca maravillosamente bien”.
Habilidad natural
Para Luis Ángel Martínez de la Rosa, padre de Danielito acordeonero, vivir esta experiencia maravillosa al lado de su familia es algo que no tiene precio. “Las atenciones y cariño con mi hijo son muy bellas acá en Valledupar, y en todos los sitios donde hemos ido. Todo gracias al maestro Israel Romero”.
Enseguida se remitió a contar los hechos. “Yo compré un acordeón porque hacía 12 años había dejado de tocarlo. Al hacerlo, Danielito empezó a decirme que se lo prestara. Lo hice y le noté una habilidad natural. En poco tiempo ya tocaba una bella canción llamada ‘Los caminos de la vida’ de Omar Geles. Ese día comprendí que era un niño prodigio y bendecido por Dios sin tener ninguna formación musical”.
Lo más bello para la familia Martínez fue cuando en el escenario Israel Romero cargó a Danielito y le hizo la invitación a Colombia, para que la conociera y además darle clases de acordeón. “Por eso nos animamos a venir y estamos pasando días maravillosos e inolvidables”.
Danielito, estando en ese proceso de conocer otra cultura y aprender más del acordeón, se encontró con el son ‘Alicia adorada’ de Juancho Polo Valencia. En pocos instantes lo interpretó y comentó. “No sabía de marcar con los bajos una canción así, pero me gusta y más la historia que cuenta de adorarla toda la vida”. Ahora, el siguiente paso después de tocar es cantar. “El canta muy poco, porque dice que tiene voz de ardillita, pero cuando esté más grande lo hará. Hay que esperarlo porque todo es a su tiempo”, señaló su papá.
Lo más bello para Danielito fue conocer a Israel Romero, a pesar de que lo había visto infinidad de veces en videos al lado de Rafael Orozco, y seguía las notas de su acordeón al pie de la letra. “Es su punto en la música y hasta copia sus movimientos. Con el maestro Israel estamos agradecidos por su gesto grande de humildad y cariño. Eso no tiene precio y es algo muy bonito”, anotó Luis Ángel Martínez de la Rosa.
La gran ilusión de Danielito acordeonero es tocar con El Binomio de Oro de América. “Es el grupo que más me gusta y tocó muchas de sus canciones con la nota precisa. El Binomio es mi favorito y Dios me dará el honor de lograrlo”.
Danielito acordeonero, quien estudia segundo de primaria en el Gimnasio de La Llave, en la despedida se quedó sonriendo y dijo. «Se pasó de lanza, que buena onda», al agradecer tenerlo en cuenta para resaltar su talento que es más grande que el acordeón que le hicieron a Israel Romero en su tierra Villanueva. Este pequeño exponente del acordeón representa la inocencia, el don innato y la pasión por el folclor vallenato. Tiene su cerebro lleno de música.












