El pueblo vallenato seguirá meciéndose y cantando en ‘La hamaca grande’

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Al compositor Adolfo Rafael Pacheco Anillo, nacido en San Jacinto, Bolívar, el jueves ocho de agosto de 1940, se le ocurrió hace 53 años, meter al pueblo vallenato en una hamaca grande, y la comparó con la inmensidad del Cerro e’ Maco, para que se meciera y cantara con música de acordeón.

Todo lo incluyó en la canción ‘La hamaca grande’, cuyo objetivo era unir a pesar de la lejanía, a esos dos pueblos donde priman las leyendas del acordeón y la gaita. Con el paso del tiempo esa hamaca nunca se rompió, ni tampoco las argollas o ‘muñequillas’ donde se cuelga. De igual manera el tejido con magníficos colores no se destiño.

En una entrevista lograda con Adolfo Pacheco, conceptuó sobre la canción. “Ese testimonio cantado pretendía, además de unir a los dos pueblos con sus leyendas y tradiciones, hermanarnos por siempre. Siento que se logró sin ninguna intervención, sino haciendo una canción que ha recorrido el mundo, y cuya historia no me canso de contar”.

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Otra vez llorar, el éxito Musical que llegó a todos los corazones en el 2022

La música forma parte de nuestras vidas, hay canciones que hablan de una historia y reflejan los sentimientos que emanan del alma de su autor. Otra vez llorar es una obra musical del compositor monteriano Atahualpa Vivero qué cautivó los corazones en el 2022 con la gran interpretación del cantante villanuevero Jorge Celedón, quien con su estilo romántico le impregnó todo el sentimiento con el acordeón de Sergio Luis Rodríguez haciendo unos arreglos musicales sublimes que engrandecen el folclor Vallenato.

Para el compositor Atahualpa Vivero representa una gran proyección a nivel internacional que su canción Otra vez llorar haya cautivado tantos corazones que se identificaron con la misma siendo un gran éxito en todos los medios de comunicación y plataformas virtuales .

En el 2023 continúa su carrera como compositor entregando sus canciones a los artistas de gran reconocimiento que ven en él a un compositor que mantiene la esencia y la poesía del vallenato posicionando nuestro folclor con cada una de sus obras musicales canciones con Alma propia que reflejan y transmiten un sentimiento real.

‘La diosa coronada’ que no reinó en la vida de Leandro Díaz

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Todo comenzó cuando Josefa María Guerra Castro, tenía 15 años y Leandro Díaz comenzó a enamorarla a través de recados en la vereda Tocaimo, jurisdicción de San Diego, en aquel momento departamento del Magdalena, donde ella había nacido el viernes 18 de mayo de 1934 en el hogar conformado por Dámaso Guerra y María Castro.

Pasados 73 años ella accedió a contar en detalle este hecho que fue la cuota inicial para que naciera aquella célebre canción llamada ‘La diosa coronada’, un epígrafe en el libro ‘El amor en los tiempos del cólera’ del escritor Gabriel García Márquez, y ahora hiciera parte de una novedosa serie de televisión.

Sin dar tantas vueltas y con claridad absoluta comenzó a decir. “En aquella ocasión era una muchacha que a sus 15 años jugaba con muñecas, paseaba y no estaba pendiente de hombres. Yo vivía con mis padres y mis hermanos en la finca ‘Las Mercedes’. Sucedió que mis sobrinas Ana, Carmen y Teresa Castro, me contaban que Leandro estaba enamorado de mí, pero él nunca me dijo nada y yo menos”.

Explicó que él era amigo de su papá y sus hermanos Joaquín y Julio, quien tocaba acordeón, y por eso el acercamiento. “Frecuentemente iba a la finca porque allá hacían parrandas, pero yo no le paraba bolas y eso fue suficiente para hacerme la canción donde me puso como la diosa coronada”.

Sin parar de contar continuó diciendo. “A través de mis sobrinas me insistía y mandaba razones, pero lo que supe después era que ellas le contaban que era llamativa. Yo no era bonita de cara, pero si tenía un cuerpo que dominaba. Hasta era coqueta. Claro que sigo siendo orgullosa y engreída”. Al terminar de hablar soltó una carcajada de esas que llaman la atención en cualquier lugar. Insistió en que la canción nunca le gustó porque antes él había comentado que estaba enamorado de Josefa, esa muchacha que se creía la superior de la vereda, una diosa.

Serenata inesperada

El canto estaba listo y Leandro Díaz para congraciarse con la joven le pidió el favor al acordeonero Julio Guerra, hermano de Josefa, para que lo acompañara a darle una serenata en su casa. Todo quedó acordado en horas de la noche. Al sonar el acordeón y escucharse los primeros versos ella se levantó de la cama abriendo la ventaba. Entonces, al ver que era Leandro hizo una acción inesperada.

Llena de rabia abrió la puerta y llevando un balde con agua en la mano se lo arrojó. Ahí terminó esa historia de conquista que no tuvo un final feliz, porque la altiva ‘Diosa coronada’, dañó el encanto del compositor.

“Cuando escuché la canción pensé en mi papá que me iba a regañar o pegar por estar pendiente de un hombre siendo una pelada. También porque esa canción está llena de sarcasmos que solamente hay que conocer la historia para saber que no es un halago”, expresó Josefa Guerra.

Con el paso del tiempo la canción tuvo el mayor reconocimiento, siendo Poncho Zuleta y Nicolás ‘Colacho’ Mendoza, quienes la grabaron por primera vez en el año 1969. Ante esto, ella reflexionó y comentó. “Me hice famosa con las distintas versiones de la canción, tengo consideraciones por ser la protagonista, pero no he recibido nada y eso sí muchos han ganado plata a costillas mías”. Enseguida volvió la famosa carcajada.

Al preguntarle sobre si se sabía la canción respondió. “Claro, a veces la canto, aunque no me gusta porque me presenta como la mujer que no le paré bolas a él cuando pretendía llegar a tener algo conmigo. De verdad, no estaba para enamorarme de nadie. Solamente lo hice muchos años después”.

Con esa canción Josefa se convirtió en la joven que sedujo a Leandro Díaz, quien para liberarse le hizo un canto teniendo en cuenta su porte, garbo y manera de ser. Ella le robaba los suspiros, pero el viento nunca estuvo a su favor.

Cuando la charla iba por buen rumbo, Josefa Guerra frenó en seco y preguntó que si solamente le iba a preguntar sobre Leandro, porque ella también tenía una interesante historia.

Sin dejar de hablar señaló. “Yo me casé a los 26 años con Álvaro ‘El pollo’ Daza, con quien tengo seis hijos (Yolaida, Jaider, María Emilia, Orlando José, Cristóbal y Lucy Esther). Desde hace 43 años vivo con esa belleza de hombre en el corregimiento de ‘La Palmita’, municipio de La Jagua de Ibiríco, Cesar. Aunque él no es músico si le sonó la flauta conmigo”. La carcajada volvió a repetirse.

Leandro llegó lejos

Al retornar a hablar sobre Leandro anotó. “No me arrepiento de nada porque todo quedó en el pasado. Él estaba enamorado solo y yo una jovencita que iniciaba la vida. Lo mejor de todo es que Leandro llegó lejos con sus canciones y eso no se puede negar”.

Durante la charla repetía constantemente que no le gustaba para nada la canción ‘La diosa coronada’, exponiendo sus razones. Entonces, se le preguntó que si alguna le llamaba la atención. Cerró los ojos para pensar y al abrirlos habló de varias, pero se quedó con ‘Cardón guajiro’. “En esa canción Leandro se presenta contando que era como el cardón guajiro que nunca lo marchitaba ni el sol. Tremenda comparación”, confiesa Josefa Guerra.

A cada rato la interrumpían para saludarla y decirle que estaba entre las mujeres que no cayó vencida ante los versos del poeta ciego del vallenato. Ella agradeció los gestos y al escuchar algunas palabras aseveró. “Si, Leandro nunca reinó en mi vida. Solamente me sacó la canción. Era un enamorado solitario”.

De ese talante es la sandiegana que se atravesó por algún tiempo en la vida de Leandro, para darle mayor veracidad a la inspiración del hombre que veía con los ojos del alma. Ese mismo que después tuvo la virtud de emparejar las cargas del sentimiento y ser cautivo por el amor, hasta cantarle a una morena que tenía sabor a primavera.

Gracias a Josefa María Guerra Castro, por relatar esa historia donde fue protagonista, permitiendo que Leandro Díaz se sentara en la cascada del río Tocaimo y dijera muy convencido. “En adelanto van estos lugares, ya tienen su diosa coronada». Lo real fue que ella nunca pensó que esa diosa encopetada y de los encantos, llegara hasta el último recoveco del universo vallenato.

‘La gota fría’, a sus 84 años es el vallenato más escuchado en todos los tiempos

-La obra musical está entre las mejores 50 canciones latinas, gracias a la interpretación de Carlos Vives y el Rey Vallenato Egidio Cuadrado-

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

‘La gota fría’, de la autoría de Emiliano Antonio Zuleta Baquero, grabada en 1993 por el cantante samario Carlos Vives y el Rey Vallenato Egidio Cuadrado en el trabajo ‘Clásicos de la Provincia’, es una de las mejores 50 canciones latinas, según lo reseñó la revista estadounidense Rolling Stone.

Al respecto, anota la publicación: “El hecho particular destaca la canción vallenata ‘La gota fría’, que interpretó Carlos Vives con su particular estilo, siendo galardonada y premiada al entrar en este listado, ya que es un vallenato con ínfulas rockeras, y que a pesar de pasar 29 años sigue sonando en distintos países. Carlos Vives, ayudó a revivir el interés de los jóvenes por un género musical que se encontraba casi perdido en el tiempo”.

Parranda en Urumita

Esta canción enmarcada en el vallenato tradicional nació en Urumita, La Guajira, en el año 1938, y su origen estuvo ligado a una larga confrontación  musical que Emiliano Antonio Zuleta Baquero, había sostenido con Lorenzo Miguel Morales Herrera, conocido como ‘Moralito’.

A pesar de los versos candentes y con madrazo a bordo, esta piqueria fue folclórica porque siempre primó la amistad, hasta el punto de sellarla con un compadrazgo que les permitió ser los juglares más queridos. Con eso vinieron los abrazos y “se acabó la vaina”.

En cierta ocasión, Lorenzo hizo una reseña de la obra musical del ‘viejo Mile’ y aseveró: “Si analizan bien ‘La gota fría’ parece que fuera de mi autoría, y hasta muchos todavía me preguntan eso, porque en todo el trayecto de la letra aparece es ‘Moralito’ como el inspirador. En fin, esas son jocosidades de las canciones y en este caso soy solamente el protagonista porque de ella no obtuve ni un peso. Aclaro, mi compadre Emiliano no es que fuera tacaño, sino olvidadizo”.

También quiso dejar constancia de ese hecho musical que marcó su vida, y el martes 22 de marzo de 1994 en horas de la mañana contó su versión. En una hoja de carta con rayas, escribió en primera persona lo siguiente: “Un día fui a hacer una diligencia a Urumita, donde una señora llamarse ‘Beba’ Bello. Cuando la gente se dio cuenta de la llegada de Morales a Urumita, inmediatamente le participaron a Emiliano y se fue formando una parranda, cosa que yo nunca la pensé, porque no fui en son de música”.

Sentado en el más alto pedestal del recuerdo continuó diciendo. “Al fin, como de siete u ocho de la noche Emiliano se fue y me dejó el acordeón. Yo seguí parrandeando con los amigos y un poco tarde me acosté con el fin de viajar temprano. Como en esa época no había carros, uno aprovechaba las horas de la mañana para viajar. Ese fue el motivo para mi contendor hacer la composición”.

La canción, ‘La gota fría’, tuvo altos elogios de Gabriel García Márquez por su sencillez, ingenio y preciosura literaria, la cual inicialmente grabó en 1940 el músico nacido en Ciénaga, Magdalena, Guillermo Buitrago con el título de ‘Qué criterio’. Actualmente, tiene más de 269 versiones, según lo señaló el investigador Ángel Miguel Massiris Cabeza.

Larga contienda

La piqueria entre estos dos juglares tuvo una vigencia de aproximadamente nueve años, y cada uno hizo un promedio de 20 canciones donde se sacaban los trapos al aire. Ellos no tenían que ver con nada con el fin de ganar la contienda a la distancia y no en una parranda.

Los juglares ‘Mile’ y ‘Moralito’, hombres de acordeón, canto y verso rápido recorrieron los caminos del Magdalena Grande llevando sus mensajes musicales, pero con el paso de los años se convirtieron en grandes héroes del folclor vallenato.

En tal sentido, en su momento Consuelo Araujonoguera conceptuó: “La rencilla legendaria entre Zuleta y Morales tuvo proporciones tales y dividió en forma tan irreconciliable a los seguidores de ambos, que según se cuenta, se hizo necesaria la intervención amigable de muy destacados personajes de la región, a fin de amistarlos. Como testimonio maravilloso de ese dichoso pleito musical ha quedado el famoso paseo con el cual Emiliano dio el golpe de gracia a su rival. Cuando Lorenzo logró reponerse del impacto que públicamente le causaron las cáusticas estrofas de ‘La gota fría’, apenas si logró ensayar una tímida contestación que no tuvo la popularidad del formidable ataque musical”.

Emiliano Zuleta Baquero vivió sus últimos años en medio de homenajes y reconocimientos. También, gracias a su canción ‘La gota fría’ recibió una millonaria suma económica en 1994. Según reporte de Sayco, le liquidaron $83.578.372.97

Ante esta buena noticia, Emiliano con su jocosidad característica afirmó al momento del anuncio. “Ojalá tuviera menos años, para que esa plata supiera lo que es un hombre. La plata nunca llega mal, pero a mí me la retrasaron mucho porque trabajo si pasé”.

A pesar del paso de los años la vigencia de ‘La gota fría’, sigue intacta y para el recuerdo quedaron aquellos recados que hoy son la esencia de este folclor que nació en los corrales y que hoy se pasea por todo el mundo.

Ni el propio Carlos Vives pensó que esa obra musical tuviera la mayor resonancia mundial cuando se dedicó a escoger clásicos vallenatos para grabarlos, poniéndoles un nuevo vestido y respetando los cánones del folclor.

Navegando por el universo

‘La gota fría’ sigue navegando por un universo donde las plataformas digitales y redes sociales constituyen un gran pentagrama. Además, muchos todavía andan indagando sobre la historia de esa canción donde dos hombres se insultaban con versos, teniendo como cortina las notas de un acordeón.

“En todas partes la piden y la cantan, con ese amor que me hace recordar a esos dos agradables juglares quienes se dedicaron a versear sin pensar que con el paso de los años el mundo les agradecería”, comentó Carlos Vives.

La canción después de muchos años de ser tocada solamente con acordeón, caja y guacharaca, en la voz de Carlos Vives se emparentó con baterías, bajo y guitarras eléctricas, produciendo un sonido diferente hasta llegar a ser la más importante en el catálogo del artista samario.

Moralito, Moralito se creía que él a mí, que él a mí me iba a ganar, y cuando me oyó tocar le cayó la gota fría. Me lleva él o me lo llevo yo, pa’ que se acabe la vaina”.

La primera entrevista al Rey Vallenato Alejo Durán

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

El martes 30 de abril de 1968, Gilberto Alejandro Durán Díaz se coronó en la Plaza Alfonso López de Valledupar como el primer rey del Festival de la Leyenda Vallenata, acompañado por el cajero Pastor ‘El Niño’ Arrieta y el guacharaquero Juan Manuel Tapias.

En la competencia final presentó las siguientes canciones: el paseo, ‘La cachucha bacana’; el merengue: ‘Elvirita’ y la puya: ‘Mi pedazo de acordeón’, todas de su autoría. Además, del son ‘Alicia adorada’ de Juancho Polo Valencia.

La mañana del primero de mayo, un día después de su triunfo, la primera visita que hizo Alejo Durán, como soberano del acordeón fue a la vieja casona donde vivía Consuelo Araujonoguera, ubicada en la Plaza Alfonso López, y ella aprovechó para hacerle una sinigual entrevista.

En esa entrevista ‘El Negro’ Alejo, habló con inteligencia, pausa y midiendo sus palabras. Contó detalles inéditos de su vida, de su familia y de las ganas de dejar muy en alto el nombre del folclor vallenato, tal como sucedió con el paso de los años.

Sin muchos preámbulos y en la cocina, porque ‘La Cacica’ a esa hora desayunaba con su esposo Hernando Molina Céspedes, se comenzaron a acumular palabras en una vieja grabadora, y la primera pregunta fue sobre su vida.

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