Javier Payares Castro… Un compositor que le canta a sus raices

Javier Enrique Payares Castro nació el 25 de febrero de 1964 en Lorica, Córdoba. Aunque inició su camino como compositor en una etapa poco convencional de su vida, fue a los 45 años cuando descubrió el talento que llevaba dentro y escribió su primera obra musical, El Humilde, marcando así el comienzo de una fructífera carrera dentro del folclor vallenato.

Inspirado por sus vivencias, sus raíces y el amor por la música, Javier ha logrado consolidarse como un compositor de letras auténticas, cargadas de sentimiento y sencillez. Además de escribir, también ha incursionado como intérprete de sus propias canciones, debutando con Aquí Estoy Yo, tema que refleja su esencia artística y su compromiso con el vallenato.

Desde hace 19 años se encuentra radicado en España, donde ha construido una nueva etapa de su vida. Sin embargo, la distancia nunca ha sido un obstáculo para mantener vivo el amor por su tierra. A pesar de vivir en otra cultura y en un espacio geográfico muy diferente a su amada Colombia, Javier Payares nunca ha olvidado sus raíces. Lleva el folclor vallenato en el corazón, lo vive, lo siente y lo proyecta a través de cada una de sus composiciones, convirtiéndose en un fiel embajador de la música colombiana desde el exterior.

Hasta la fecha, 30 obras musicales de su autoría han sido grabadas por destacados intérpretes del género y por el propio compositor. Entre ellas se destacan: Una Fecha Especial, interpretada por Jhonny Salgado; Me Voy pa Cali, por Alberto Miranda; Puyando el Burro, por Big Baxxy; Ni Novios Ni Amigos por el reconocido cantante Miguel Herrera, Que Me Mate el Cacho, Está Enganchada, Mi Mejor Regalo y Belinda la Periodista, grabadas por Carlos Correa; Cuando Me Muera, Nido de Palomas, Las Bonitas y las Feítas y Propio, por Eusebio Guerrero; Perseverancia y Camperín con Mucho Swing, por Álvaro El Bárbaro; Desilusión, junto a Pello Lara; La Bonita y la Fea, con autoría compartida con Eliezer Hernández; además de numerosas interpretaciones realizadas por el propio Javier Payares Castro, entre ellas El Traidor, Isabela, Fiesta Agradera, La Sabrosa, La Sigo Queriendo, No Dejes que Me Muera, No Tiene Comparación, La Vejez No Viene Sola, Las Agraderas, Es Mi Mujer, El Humilde, Mi Tierra Linda y No Te Detengas.

Aunque no ejecuta ningún instrumento musical, Javier ha demostrado que el verdadero talento nace de la inspiración y la sensibilidad para escribir. Su pluma ha enriquecido el repertorio vallenato con canciones que exaltan el amor, la familia, la vida cotidiana y las tradiciones de su tierra.

Con humildad, perseverancia y un profundo amor por la composición, Javier Enrique Payares Castro continúa escribiendo nuevas historias convertidas en canciones, con el firme propósito de seguir aportando al crecimiento y preservación del vallenato, demostrando que el amor por la música y por la tierra donde se nace no conoce fronteras.

Si Me Ven Llorar: el adiós de Valeria Lozano para su querido e inolvidable padre.

«La música excava el cielo»: Charles Baudelaire (poeta y ensayista francés).

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

Hay canciones que no se escriben: simplemente llegan. Golpean la puerta como un viento fuerte, arrastrando polvo de recuerdos que uno creía dormidos. En el silencio de la noche, donde la luna se desvanece en el horizonte, resuena el eco de una canción que es un adiós a la música del alma. «Si Me Ven Llorar» es un paseo vallenato sentimental, la segunda entrega autoral de Valeria Lozano, que nos lleva por un viaje a través de la memoria, donde el dolor y la nostalgia se entrelazan como el fuelle de un acordeón que llora. Pertenece a esa estirpe de cantos que nacen desde lo hondo, desde un duelo que todavía respira y que, aún así, se atreve a volverse melodía.

En esta pieza, Valeria canta no sólo con la garganta, sino con la herencia entera de su sangre. Su voz, fuerte y recia como la tierra de la que viene, pero dulce y tierna como la hija que aún se sabe niña, avanza clara entre los silencios, sosteniendo una emoción que jamás se quiebra, pero tiembla. Y en este temblor está su verdad. Vocaliza con precisión, pero también con hondura espiritual: cada verso es un lamento que se abre sin desbordarse, un dolor que se convierte en canto y no en grito.

Su padre, Pepe Lozano, un hombre de campo y de música, un parrandero amante del folclor vallenato, se hace presente en cada nota, en cada palabra. La canción es un homenaje a su legado, a su pasión por la música, a su amor por la vida. La letra es un poema a la ausencia, a la pérdida, a la búsqueda de un abrazo que ya no está. «Quedaron tantas cosas por decir / Quedaron mil canciones que cantar», canta Valeria, como si las palabras se le escaparan de las manos, como si la música fuera la única forma de retener a su padre. Y es que la música es el lenguaje universal, y en este caso, es la lengua que habla de amor, de dolor, de recuerdos.

El acordeón de Carlos Olivera es un acompañamiento perfecto; él es un acordeonista joven, pero que lleva en su interior el murmullo de los juglares. Su instrumento es un susurro que se mezcla con la voz de Valeria, creando un espacio íntimo, un lugar donde el dolor y la nostalgia se hacen uno. Sus notas sostienen la voz de Valeria como un hombro que entiende, como un viento que empuja sin invadir. La melodía es simple, pero profunda, como un río que fluye suavemente, llevando consigo los recuerdos y las emociones.

La figura de Pepe Lozano se hace presente en cada nota, en cada palabra. Un hombre que amaba la música, que amaba la vida, que amaba a su familia. Un hombre que dejó un legado, que Valeria lleva en su corazón, en su voz, en su música, en su andar.

«Si Me Ven Llorar» es más que una canción, es un adiós que sale de lo más profundo del alma, un adiós a un ser querido. Es un recordatorio de que la música es la guía del espíritu, y que el amor y el dolor son universales. Valeria Lozano nos ha regalado una letra, un poema que es un homenaje a su padre, a la música, a la vida.

Al final, «Si Me Ven Llorar» parece decirnos que lo que amamos nunca se marcha del todo: se queda suspendido en un punto secreto del espíritu, donde habitan los afectos que resisten la muerte. Allí, en esa zona donde lo visible se mezcla con lo sagrado, su voz se vuelve un puente: une el mundo de los vivos con la memoria vibrante de los que ya partieron. El acordeón de Olivera, por momentos suave y por momentos fuerte, abre una grieta luminosa por donde Pepe vuelve a asomarse. Es como si el canto fuera una oración sin templo, un rito íntimo donde la música se convierte en un territorio de encuentro. Y en ese encuentro, la tristeza deja de ser peso: se vuelve luz, se vuelve testimonio, se vuelve camino.

Así, esta canción no solo honra una ausencia: inaugura una presencia distinta. Una presencia que no toca la tierra, pero toca el alma. Una presencia que no vuelve en cuerpo, pero regresa en sonido. Y es ahí, justo ahí, donde el folclor demuestra su poder más antiguo: hacer que la vida continúe aun cuando la vida parece haberse ido. Porque mientras Valeria cante, mientras su voz tiemble con verdad, mientras el acordeón y la guitarra la envuelvan como un abrazo que no caduca, su padre seguirá parrandeando en el silencio, en la brisa, en la eternidad que sólo la música sabe abrir.

Cariñosamente,
Ramiro Elías Álvarez Mercado.

Un poeta un sentimiento: el día que la sangre recordó que sabía cantar

«A veces hay que subir al balcón de un pueblo para ver el patio de donde uno viene»: Ramiro Álvarez Mercado

Por *Ramiro Elías Álvarez Mercado*

El doctor Ignacio Cantillo Vázquez, abogado de oficio y poeta de nacimiento, me contó la historia que años después se volvió canto. «Un poeta un sentimiento», en la voz transparente de Ivo Luis Díaz y el acordeón cadencioso y pulcro del Rey de Reyes Almes Granados, no nació en un escritorio: nació en una pregunta de niño.

Fue en Manaure, “El Balcón del Cesar”. Allí donde el paisaje se asoma y el aire parece detenido para que uno escuche mejor. Ignacio tenía apenas siete años cuando fue con su madre a la finca “Bella Luz”, tierra que había sido de su abuelo materno. Y fue en ese paradisíaco lugar donde el destino le puso una voz en el camino.

De una casa vecina llegaba un murmullo que no era rezo ni queja: eran versos. Una voz mayor, gastada por el tiempo pero intacta en el don, soltaba coplas como si abriera una llave. El niño, perplejo, preguntó quién era. Y la respuesta fue doble revelación: aquel hombre era medio hermano de su abuelo materno, tío de su madre. Le decían “Chemingo”. Ese día, su madre supo por primera vez de la existencia de ese tío. Ese día, Ignacio supo que la poesía también era herencia.

Lo llevaron a conocerlo. Y vieron al poeta natural: sin título, sin escuela, sin miedo a la hoja en blanco porque no usaba hoja. Los versos le fluían como el agua de un manantial. De eso vivía. Hacía coplas por encargo para el enamorado tímido, para el que quería alabar un árbol, para el que necesitaba nombrar la vida cotidiana sin que se le quebrara en la boca. Era abogado del sentimiento ajeno: escuchaba el caso, lo alegaba en décima y ganaba.

Ignacio Cantillo Vázquez, “El Poeta Raizal”, guardó aquella escena durante décadas. La dejó quieta, como se deja el vino en la tinaja. Mientras tanto estudió leyes, aprendió a defender con códigos y artículos lo que otros defendían con versos. Pero la toga nunca le tapó la raíz. Porque hay cosas que no se escogen: se heredan.

Tal vez por eso su canto tiene ese equilibrio extraño entre la razón y el arrebato. El abogado organiza, el poeta desordena para volver a nombrar. Y en medio de los dos, “Chemingo” aparece como eslabón perdido: la prueba de que antes de la universidad hubo una universidad del patio, antes del alegato hubo la copla, antes del doctor hubo un tío abuelo que le enseñó sin saberlo que las palabras también curan.

Y cuando esa historia se hizo canción, encontró el cuerpo que necesitaba. La melodía de «Un poeta un sentimiento» no camina: se arrastra con una melancolía limpia, de las que no pesan sino que alumbran. Tiene el paso lento de quien regresa a un lugar que no existe, pero que duele igual. Cada nota parece escrita para que la nostalgia no grite: para que hable bajito, como se habla con los muertos que uno quiere.

Ahí entra Ivo Díaz. Su voz no interpreta: confiesa. Es transparente no por delgada, sino por honesta. No le pone adornos al verso porque sabe que el verso ya viene vestido. Ivo canta como si le debiera una explicación al silencio. Cada palabra la suelta con el cuidado de quien sabe que hay recuerdos que se rompen si uno sube la voz. Por eso no hay exceso, hay verdad. Y la verdad, en su garganta, suena a casa.

Y sosteniendo todo, el acordeón del Rey de Reyes Almes Granados. Pulcro, cadencioso, sin una nota que sobre. Almes no acompaña: conversa. Su fuelle respira donde la voz calla. Tiene la maestría de no competir con el verso sino de abrirle camino, como quien aparta la maleza para que pase el que sabe. En sus bajos va la tierra, en sus pitos va el viento de Manaure, y en cada fraseo va la paciencia de quien entiende que la música, como la justicia, es cosa de tiempo y de medida. Cuando Almes adorna, no adorna: recuerda.

«Un poeta un sentimiento» no es solo canción: es expediente abierto. Es la confesión de que uno no se hace solo. Que a veces basta una voz escuchada a los siete años para que, mucho tiempo después, el hombre entienda por qué escribe. Que la sangre recuerda aunque la memoria no sepa.

Porque el arte, como la justicia, llega tarde a veces. Pero llega. 
Y cuando llega, trae el nombre de todos los que hablaron antes. 
Y la música de los que supieron escucharlos.

Atentamente, 
*Ramiro Elías Álvarez Mercado*

https://youtu.be/NCEAzGYrYa8?si=V9LZwlwxIvqyNSj7

Biografia Artística Jeison Mancilla

Nacido el 4 de marzo de 1999 en Planeta Rica, Córdoba, Jeison Rafael Mancilla Sáenz es un joven cantautor que ha venido construyendo una sólida trayectoria dentro del folclor vallenato gracias a su talento, sensibilidad artística y herencia musical.

Criado en el seno de una familia humilde y amorosa, Jeison recuerda su infancia como una etapa llena de felicidad junto a sus padres y sus cuatro hermanos, siendo él, el menor del hogar. Desde muy pequeño mostró inclinación por la música, dejando huellas imborrables en su vida artística. Uno de esos primeros recuerdos ocurrió cuando tenía apenas cinco años y se presentó en el parque principal de Planeta Rica, donde fue premiado con una bicicleta tras su actuación. Más adelante, durante su etapa escolar, ocupó el primer lugar en un concurso de canción balada, reafirmando así su vocación por el canto.

La principal influencia musical de Jeison ha sido su padre, Omar Mancilla, reconocido acordeonista, cantante y compositor, de quien heredó el amor por el vallenato. También han sido pilares importantes en su formación artística sus tíos Fredy Mancilla y Amaury Mancilla, además de la inspiración de grandes figuras de la música vallenata como el maestro Enrique Díaz. Tras el fallecimiento de su padre, Jeison encontró respaldo y motivación en destacados artistas y reyes vallenatos como Fredy Sierra y Ciro Meza, así como en compositores de gran trayectoria como Marciano Martínez, Roberto Calderón y Adolfo Pacheco.

Su pasión por la composición nació desde temprana edad. A los diez años escribió su primera canción, descubriendo en las letras una manera de expresar sentimientos, experiencias y mensajes positivos. Para Jeison Mancilla, ser cantautor del folclor vallenato representa amor, identidad y compromiso con una música que le permite transmitir emociones sinceras a través de cada verso.

A lo largo de su carrera, Jeison Mancilla ha sido ganador de varios festivales vallenatos en la región de La Sabana y también ha tenido la oportunidad de presentarse en cuatro ocasiones en Valledupar, cuna del vallenato. Entre sus logros más importantes se destaca el primer lugar obtenido en el Festival Vallenato de Sahagún, acompañando al acordeonero Alberto Mario Zuleta. Asimismo, fue reconocido en La Apartada como Mejor Voz Revelación, consolidándose como una de las nuevas promesas del género vallenato.

Otro momento significativo en su trayectoria artística fue el privilegio de grabar en vida una canción inédita del maestro Romualdo Brito, titulada Un amor de pacotilla. Esta experiencia marcó profundamente su carrera, convirtiéndose en un honor interpretar una obra entregada personalmente por uno de los compositores más importantes e influyentes de la música vallenata.

Hoy, Jeison Mancilla presenta su nueva canción Al pie de tu ventana, una obra cargada de sentimiento y autenticidad con la que continúa fortaleciendo su propuesta musical y reafirmando su compromiso con las raíces del vallenato romántico y tradicional. Su voz, inspirada en las vivencias del pueblo y en el legado de su familia, busca llegar al corazón de quienes aman la música hecha con el alma.

Exitoso lanzamiento musical de “Se vale llorar”

Con gran aceptación por parte del público y del gremio musical, se realizó el lanzamiento oficial de la canción “Se vale llorar”, obra del compositor Eliecer Rada Serpa, interpretada de manera magistral por el maestro Fredy Hernández Moreno, acompañado en el acordeón por Fredy José.

El lanzamiento se llevó a cabo a través de la página de Facebook Estampas Vallenatas del Folclor, donde se contó con una amplia participación de músicos, colegas, amigos, seguidores y amantes del folclor vallenato, quienes se conectaron para respaldar este importante estreno musical.

Durante la transmisión, se dio a conocer el motivo que inspira la canción y se proyectó el video lyric oficial del tema. El compositor Eliecer Rada Serpa compartió con el público el sentimiento que lo llevó a convertir su vivencia en canción, destacando la carga humana y emocional que encierra “Se vale llorar”.

Por su parte, el cantante Fredy Hernández resaltó la importancia que tiene para él haber sido elegido para interpretar esta obra, afirmando que se trata de una canción profunda, real y cercana al sentir del pueblo.

Bajo la conducción de la periodista Belinda Olano Barrera, el espacio se extendió por una hora amena, en la que se compartieron detalles del proceso creativo, anécdotas del lanzamiento y se adelantaron los proyectos que se avecinan alrededor de este tema musical.

Finalmente, se hizo la invitación al público para buscar “Se vale llorar” en YouTube, disfrutarla y, sobre todo, sentir la sensibilidad y humanidad que transmite esta canción que hoy comienza a abrirse camino en el corazón del folclor vallenato.