Las siete del cincuenta

RAFAEL ESCALONA

Por Donaldo Mendoza

   Siete (7) son las canciones de Rafael Escalona Martínez (1927-2009) compuestas en 1950. Siete canciones que en el curso de este año irán cumpliendo setenta (70); súmese a esto la sana superstición que nos dice que el siete es el número perfecto, que empieza con la creación. Apenas oportuno para dar una mirada analítica a esas siete canciones del más grande juglar de la música vallenata. Esas canciones son: “Mala suerte”, “El mejoral”, “El gavilán rastrero”, “La historia”, “Las dos hermanas”, “La golondrina” y “El general Dangond”, según la clasificación que hace Consuelo Araujo Noguera en su amena biografía Rafael Escalona, el hombre y el mito, Planeta – 1988. Obra canónica que el maestro pudo revisar.

   Me ocuparé, para este comentario, de algunos ejes temáticos en esa muestra del gran universo de canciones de Rafael Escalona. Vale precisar que para esa época (1950) Escalona le cantaba (que fue su manera de contar) a una provincia que abarcaba el Magdalena Grande, con epicentro en la pequeña villa de Valledupar. Territorios donde el único medio de transporte era el burro, la mula y el caballo. En ese contexto nace el vallenato, con su instrumento emblema, el acordeón, que dicen entró por Riohacha. Por generación espontánea van surgiendo los juglares, con el mítico Francisco el Hombre, como la génesis, hacia finales del siglo XIX; y en 1943 Rafael Escalona, cuando irrumpe con su primera composición, “El profe Castañeda”.

   Escalona reúne características del juglar medieval; adoptando recursos estilísticos análogos, algunas canciones comienzan así: Dígale a Chema Maestre/ también a Turo Molina/ que yo me voy pa’ La Guajira (Mala suerte). Y allá en Codazzi a mí me dijeron/ los que conocen al general/ que en las batallas no tuvo miedo/ y El Molino lo ve llorar. (El general Dangond). Ahí está el juglar en su naturaleza trashumante, que va por cada lugar llevando con sus cantos una noticia, un recado; al tiempo que, si la ocasión lo permite, la conquista de un amor: En la ceiba e’ Villanueva/ canta un gavilán bajito/ y es diciendo que se lleva/ a una paloma que ha visto. (El gavilán rastrero).

   El amor es uno de los temas recurrentes en estos cantos; el amor en la más variopinta filosofía; ahí está, por ejemplo la antítesis, que viene desde Petrarca, del que encuentra gozo en el dolor: Yo no puedo olvidar a esa mujer/ que me hizo tanto tiempo padecer. / Yo no puedo olvidar aquel amor/ que me dejó sangrando el corazón. (La historia). O cuando la paradoja amorosa se resuelve en una dialéctica inconclusa: Yo hice un bien pero me fue muy mal/ hice un mal pero me fue peor. / Y ahora no hago bien ni mal/ pa’ ve si me va mejor. (El mejoral). Este título del canto, es una bella perla de la época; en efecto, el mejoral era el medicamento que en la tradición popular curaba todo: desde un torturante dolor de muela, hasta una pena de amor.

   La religiosidad popular, representada en la única iglesia de la época: la católica, funge casi como un talismán para alcanzar propósitos, en donde lo sagrado y lo profano se tocan: Arriba en las estrellas/ donde está el reino de Dios/ allá quisiera estar yo. (La golondrina). Me rezan de compasión/ para que mi alma no pene/ por falta de una oración. …una cruz sobre mi tumba/ para que vean que fui cristiano (Mala suerte). Asimismo, la muerte fue una compañera de viaje desde la primera juventud, como una hermandad, sin importar el tiempo: yo sé que un amor sincero/ puede ocasionar la muerte. (El mejoral). y alguna persona dirá/ el pobre Escalona murió ya. (Mala suerte).  

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Finalmente, otro testimonio de la época es el tránsito libre de colombianos hacia Venezuela, cuando ese país era la Arabia latinoamericana, en virtud de su gran riqueza petrolera, en contraste con una Colombia empobrecida y violenta. Y no solo era un destino económico; en sus cantos Escalona nos dice que hasta para la cura de desengaños y desdichas era el bálsamo: Me fui para Venezuela/ decepcionado de Valledupar. Es muy triste que hoy no se tenga suficiente memoria de esta patria solidaria, que muchos colombianos abrazaron como la “tierra prometida”, así lo registra Rafael Escalona en varios de sus cantos.    

AÑO 1976 – JUANCHO POLO – DECLARADO FUERA DE CONCURSO.

Por Raúl Ospino Rangel

El Show del Festival Vallenato 1976, fue Juancho Polo Valencia, que al ser descalificado por los jurados, fue el único que se ganó los aplausos del público, que exigió su presentación. Juancho Polo se paseó por el escenario y mostraba al jurado papeles que lo acreditaban como compositor con exclusividad para Discos Fuentes por la suma mensual de 500 pesos y logró lo que no pocos de los presentes en la tarima de la “Plaza Alfonso López”, calificaron de saboteo al jurado, el cual estaba compuesto por Pablo López, Julio de la Ossa, Antonio Serrano Zúñiga, Víctor Camarillo y Álvaro González.

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Crónica Jorge Oñate: ‘El Invencible’, ‘El más fuerte’ y ‘La leyenda’

-El artista suma un año más de vida dándole gracias a Dios por regalarle una nueva oportunidad para seguir cantando sus vallenatos del alma. “Estemos agarrados de la mano de Dios, y por favor vamos a estar en casa porque es un momento difícil, no es un juego. Se los digo de corazón”-

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Llegar a 71 años de vida para Jorge Oñate: ‘El Jilguero de América’, ‘El Ruiseñor del Cesar’ y ‘La Leyenda’ es toda una bendición de Dios. “Alrededor de Dios gira mi vida y por eso no me canso de darle las gracias por bendecirme”, es lo primero que señala.

Continuando con su mensaje, ahora corto de palabras, indica. “Dios ha sido mi guía para llevar la bandera de la música vallenata. La verdad, es que mi amor por el folclor vallenato nunca decae”.

El legendario cantante a la distancia se nota sereno y más espiritual. “Es una satisfacción sumar un año más de vida teniendo el amor y el cariño de mi familia, de mis paisanos, de los Oñatistas, de los medios de comunicación y de todos los que saben de mi carrera artística”.

Como si los recuerdos hicieran fila en su cerebro comienza a narrar que es hijo del Festival de la Leyenda Vallenata. “Yo nací con el Festival Vallenato. Además, partí el evento en dos al ganar cantándole a Miguel López en el año 1972, y 20 años después repetí la misma historia con su hijo Álvaro”.

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Enalteciendo el folclor vallenato regresan unidos Emilio “El Comandante” Oviedo y Ruben Darío Peña.

Buenas noticias para continuar preservando el buen vallenato, se trata de la nueva unión que ratifica la experiencia con la fuerza interpretativa de dos figuras importantes en la música vallenata, como lo son Emilio “El comandante” Oviedo y Ruben Darío Peña.

Recordemos esa gran trayectoria del maestro Emilio Oviedo, quien a lo largo de más de tres decadas le ha aportado al folclor vallenato, nacido en Costillas, un pueblo perteneciente al corregimiento de Pelaya, desde niño comenzó a tocar el acordeón, el cual ha sido parte de su amor y pasión por exaltar lo mejor del vallenato a nivel nacional e internacional.

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Crónica- Luis Enrique Martínez, el Rey Vallenato que nunca tuvo miedo a la hora de tocar

-‘La Cacica’, Consuelo Araujonoguera catalogó a ‘El Pollo Vallenato’ como “Papá de los acordeoneros” y dueño de una gran escuela donde sobresalieron Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, Emiliano Zuleta Díaz, Israel Romero Ospino, Alfredo Gutiérrez Vital, Alberto ‘Beto’ Villa Payares, Orangel ‘El Pangue’ Maestre Socarrás y Gonzalo Arturo ‘El Cocha’ Molina Mejía, entre otros-

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Oigan muchachos, yo soy Enrique Martínez

que nunca tiene miedo si se trata de tocar.

Y Luis Martínez, ‘El Pollo Vallenato’

es candela lo que van a tomar

oigan muchachos, oigan la nota

como toca el vallenato.

Este célebre acordeonero dejó una inmensa historia musical que pasados 25 años de haber partido de la vida se sigue manteniendo intacta. El hijo de Santander Martínez y Natividad Argote, nacido en El Hatico de Fonseca, antes Magdalena, hoy La Guajira, el  24 de febrero de 1923, desde muy niño comenzó su carrera en Fundación, Magdalena, desde donde se proyectó por diversos lugares hasta llegar a Valledupar.

En este paraíso del folclor se coronó como Rey Vallenato en el año 1973 derrotando a Julio de la Ossa y a Andrés Landero. El jurado en esa ocasión estuvo conformado por los Reyes Vallenatos de las ediciones anteriores del Festival de la Leyenda Vallenata: Alejandro Durán Díaz, Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, Calixto Ochoa, Alberto Pacheco y Miguel López.

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La tragedia detrás de la voz de Miriam Negrete

Por: Alejandro Rosales Mantilla

Un mes después de que Patricia Teherán muriera trágicamente, en enero de 1995, Miriam Negrete llegó a Cartagena para integrar la agrupación Las Guerreras del Vallenato. Procedente del corregimiento El Campano de los Indios, en Santa Cruz de Lorica, la jovencita agraciada y sonriente de esos días tenía el firme propósito de hacer su propia carrera musical y seguir con el legado que había dejado la líder de las desaparecidas Musas del Vallenato.

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