El pueblo vallenato seguirá meciéndose y cantando en ‘La hamaca grande’

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Al compositor Adolfo Rafael Pacheco Anillo, nacido en San Jacinto, Bolívar, el jueves ocho de agosto de 1940, se le ocurrió hace 53 años, meter al pueblo vallenato en una hamaca grande, y la comparó con la inmensidad del Cerro e’ Maco, para que se meciera y cantara con música de acordeón.

Todo lo incluyó en la canción ‘La hamaca grande’, cuyo objetivo era unir a pesar de la lejanía, a esos dos pueblos donde priman las leyendas del acordeón y la gaita. Con el paso del tiempo esa hamaca nunca se rompió, ni tampoco las argollas o ‘muñequillas’ donde se cuelga. De igual manera el tejido con magníficos colores no se destiño.

En una entrevista lograda con Adolfo Pacheco, conceptuó sobre la canción. “Ese testimonio cantado pretendía, además de unir a los dos pueblos con sus leyendas y tradiciones, hermanarnos por siempre. Siento que se logró sin ninguna intervención, sino haciendo una canción que ha recorrido el mundo, y cuya historia no me canso de contar”.

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Víctor ‘Rey’ Reyes, entre notas de acordeón y recuerdos duraderos

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

El pasado seis de enero en horas de la madrugada, Día de los Santos Reyes, murió en Bucaramanga el acordeonero de Barrancabermeja Víctor ‘Rey’ Reyes Leuro. Así se podía comenzar la crónica, pero el sentimiento de tristeza la direcciona en otros términos porque aparece el amor de su vida Idalides Velásquez Jaimes, con quien batalló para darle forma a su bello hogar que también integran sus hijos Samith Orangel y Loraine Estefany, y su amado nieto Víctor Simón Reyes Calderón.

Idalides, quien recibió el más fuerte golpe en el centro del corazón y las lágrimas ahora son sus compañeras permanentes, por primera vez como lo manifestó, se confesó regresándose a ese ayer que siendo muy joven le cambió el itinerario de sus sentimientos.

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A Joselina Daza se le olvidó su propia historia

-Hace 79 años nació en el corregimiento de Patillal una de las musas de Alejo Durán, quien no pudo conquistar ese corazón por estar repleto de amor-

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

A Joselina Daza a quien el mundo vallenato la conoció debido a que Alejo Durán Díaz, le dedicó una canción con su propio nombre, la abandonaron las palabras. Ya no habla debido a su delicado estado de salud y la atención médica no tiene respuesta oportuna. Todo es difícil porque a su cerebro no llega ninguna orden, además de otras complicaciones en su organismo.

Solamente su mirada se pasea por los alrededores y no encuentra lo que busca. En medio de esa circunstancia dolorosa se nota que la tristeza y el miedo huyeron, teniendo solamente el acompañamiento oportuno de su único hijo Hugo Mejía Daza, quien junto a su familia toca puertas para que ella tenga un mejor vivir.

Joselina Daza a sus 79 años, nació el 21 de diciembre de 1943, ya no es la misma. Ahora cuando se llega a su casa ubicada en el barrio La Colmena de Patillal, no relata aquel encuentro con el hombre del pedazo de acordeón, diciendo que había perdido el tiempo porque ella estaba enamorada y además él tenía fama de mujeriego.

Tampoco suelta esa sonora carcajada que llamaba la atención de sus vecinos porque venían en camino algunas palabras de grueso calibre. Ahora extrañan todo eso, porque en su casa reina el silencio, y hasta el radio está apagado..

“Mi mamá era una fiel oyente de Radio Guatapurí. Por años el dial nunca se movió. Conocía las voces y nombres de todos los locutores. Admiraba a su amiga Consuelo Araujonoguera”, manifestó con nostalgia su hijo Hugo Mejía.

Mientras su hijo narraba esa historia ella tenía la mirada fija y en muchas ocasiones intentó pronunciar palabras, pero antes de llegar a su boca desaparecían.

En ese instante al cantarle un verso de la famosa canción: “Oye Joselina Daza lo que dice mi acordeón. Yo no sé lo que me pasa con mi pobre corazón”, no se inmutó porque su cerebro no recibe señales de alegría musical.

Por eso no se sorprendió como antes, cuando Alejo Durán con su pedazo de acordeón al pecho, y con el corazón en la mano, en dos minutos y 50 segundos le dedicó un paseo donde quiso adueñarse de ese encanto con cuerpo de reina.

Atrás quedaron sus charlas amenas sobre las parrandas en la casa de su gran amigo Víctor Julio Hinojosa Sierra, donde precisamente Alejo Durán la conoció. También de las famosas riñas de gallos y el entorno del viejo Patillal, ese pueblo que es como una melodía que al oírla provoca cantar. Tampoco se olvidan sus palabras para definir su época de juventud. “Yo vestía elegante, llamaba la atención, pero no era coqueta”.

Agradable canción

La obra musical de Alejo Durán dedicada a esa joven atractiva, tuvo la mayor repercusión en aquella época a finales de la década del 60 del siglo pasado, sin lograr el objetivo que era conquistarla para que el abecedario del amor tuviera las letras completas. La misma Joselina, lo afirmó hace algunos años. “Alejo tenía sembrado el corazón en Patillal, pero yo miraba para otro lado. Nadie hizo el milagro que tomara interés por él, debido  a estar perdidamente enamorada de Hernán Mejía Castro, con quien me casé y tuve un hijo de nombre Hugo Rodolfo Mejía Daza”.

La historia de Alejo tuvo su epicentro en Patillal, y él con la emoción que le produjo conocerla, pudo hablarle al corazón con aire romántico y voz ronca, pero sus palabras se las llevó el viento. Ante el rechazo, cerró su acordeón y lo abrió nuevamente en otro lugar donde el terreno estuvo fértil para el amor.

En ese entorno de la historia de una de las connotadas canciones vallenatas dedicadas a una mujer, Náfer Durán Díaz, hermano de Alejo, quien también fue rey de las conquistas con su acordeón, caso ‘La chimichaguera’, regaló su concepto.

“Esa fue mucha lucha de Alejo y hasta varios viajes hizo a Patillal en busca de Joselina, pero su intento fue fallido. Así me sucedió a mí muchas veces”. Sin parar continuó. “A Joselina, de quien supe por la canción, la conocí años después y en verdad era muy atractiva y cariñosa, pero ante el propósito de Alejo, se paró en la raya. Todo quedó registrado en la canción como era la costumbre en aquellos años”.

Para darle mayor realce a las gestas de los juglares, Naferito hizo una larga reflexión sobre los diversos cambios que se han tenido, y por eso el urgente llamado de la UNESCO, para salvar las raíces de la música vallenata. “Hay que tomar el toro por los cachos y poner todo en orden, eso sí respetando las nuevas propuestas musicales. Ya a mis 90 años hice todo lo que estuvo a mí alcance y fue mucho, gracias a Dios”, acotó el Rey Vallenato del año 1976.

Oye Joselina Daza…

De aquella mujer que no sabía de secretos, tampoco tenía pelos en la lengua para decir sus verdades y de admirable generosidad, queda poco. Las lágrimas aparecieron al ver en ese estado a Joselina, una de las grandes protagonistas del folclor vallenato, a quien le hicieron una declaración de amor cantada que ella rechazó a pesar de la insistencia.

En la última entrevista a Joselina Daza, sucedida hace más de un año, habló de todo, pero recalcó una frase que hoy tiene el mayor valor. “No me olviden porque eso no se hace conmigo”.

“Oye Joselina Daza lo que dice mi acordeón, yo no sé lo que te pasa con mi pobre corazón. Oye Joselina Daza, por qué no me das tú amor”

En Patillal se vivió nuevamente el amor por el folclor vallenato

Del 23 al 25 de diciembre de 2022, el corregimiento de Patillal, municipio de Valledupar, fue escenario  de la más grande fiesta folclórica enmarcada en notas de acordeones, versos y canciones, teniendo el cielo lleno de cometas con la brisa necesaria para elevar las alegrías.

En ese ambiente y después de varias rondas eliminatorias se coronaron los nuevos reyes del 33° Festival Tierra de Compositores en remembranzas a Fredy Molina Daza, el compositor que dejó huellas en el universo vallenato.

Ganadores

Los resultados del evento son los siguientes: Canción Vallenata Inédita, Segundo Rey de Reyes, el ganador fue Unaldo José Rocha Calderón con el merengue ‘Vivir para contar’. El segundo puesto le correspondió al paseo ‘Me duele el alma’ de Octavio Daza Gámez y el tercer lugar para la puya ‘Apodos patillaleros’ de Wiston Muegues Baquero.

Por su parte en el concurso de Acordeón Juvenil el primer puesto lo ocupó Santiago David Oñate Quintero; el segundo y tercer lugar fue para Nickoll Peñaranda Sumalave y Martín Elías Vitola López, respectivamente.

En Piqueria Infantil los tres primeros puestos en su orden fueron para Alex Alex Gómez González, Samuel Alejandro Guanipa y Calianys de los Ángeles Guanipa, respectivamente.

El concurso de cometas tuvo la mayor aceptación donde se inscribieron 20 personas, obteniendo los tres primeros puestos José Esteban Vega Guerra con ‘Mariposa en la Malena’; Javier Matías Mercado con ‘La llorona’ y Rafael Sarmiento Beleño con ‘Elvirita Daza’.

De otra parte, el competido concurso de pintura entregó los siguientes ganadores. En el primer lugar, Kevin Andrés García con el trabajo ‘Tiempos de la cometa’; segundo puesto, Jessica Maestre Guerra con ‘Fredy Molina’ y tercero María Mercedes Guerra con ‘Un amor sensible’.

Conversatorio

Durante dos horas entre remembranzas y canciones se desarrolló el conversatorio en honor a Fredy Molina, que estuvo a cargo de los ponentes Efraín Quintero Molina, Jaime Pérez Parodi, Luis Carlos López, Camal Mohales, Albertico Daza, Edgardo y José Juan Molina, bajo la coordinación Juan José Corzo.

Al final la presidenta de la Fundación Festival Tierra de Compositores Ana Carolina Molina Daza, anotó. “Se cumplió con la misión encomendada porque Patillal volvió a sentir ese fervor que se repite cada año a través de los concursantes, propios y visitantes. Además, se llevó a cabo el conversatorio ‘Remembranzas a Fredy Molina’, compositor insignia de Patillal. Felicitaciones a los ganadores y gracias a todos por unirse y apoyar a nuestro evento”.

Patillal volvió a contestar presente teniendo en el recuerdo al compositor y poeta Fredy Molina, quien supo inspirarse para contarle al mundo que las remembranzas de su pueblo, las tristezas y alegrías del corazón podrían estar en el más alto pedestal del folclor vallenato.

JUAN RINCÓN VANEGAS

Jefe de Prensa

Fundación Festival de la Leyenda Vallenata

‘La diosa coronada’ que no reinó en la vida de Leandro Díaz

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Todo comenzó cuando Josefa María Guerra Castro, tenía 15 años y Leandro Díaz comenzó a enamorarla a través de recados en la vereda Tocaimo, jurisdicción de San Diego, en aquel momento departamento del Magdalena, donde ella había nacido el viernes 18 de mayo de 1934 en el hogar conformado por Dámaso Guerra y María Castro.

Pasados 73 años ella accedió a contar en detalle este hecho que fue la cuota inicial para que naciera aquella célebre canción llamada ‘La diosa coronada’, un epígrafe en el libro ‘El amor en los tiempos del cólera’ del escritor Gabriel García Márquez, y ahora hiciera parte de una novedosa serie de televisión.

Sin dar tantas vueltas y con claridad absoluta comenzó a decir. “En aquella ocasión era una muchacha que a sus 15 años jugaba con muñecas, paseaba y no estaba pendiente de hombres. Yo vivía con mis padres y mis hermanos en la finca ‘Las Mercedes’. Sucedió que mis sobrinas Ana, Carmen y Teresa Castro, me contaban que Leandro estaba enamorado de mí, pero él nunca me dijo nada y yo menos”.

Explicó que él era amigo de su papá y sus hermanos Joaquín y Julio, quien tocaba acordeón, y por eso el acercamiento. “Frecuentemente iba a la finca porque allá hacían parrandas, pero yo no le paraba bolas y eso fue suficiente para hacerme la canción donde me puso como la diosa coronada”.

Sin parar de contar continuó diciendo. “A través de mis sobrinas me insistía y mandaba razones, pero lo que supe después era que ellas le contaban que era llamativa. Yo no era bonita de cara, pero si tenía un cuerpo que dominaba. Hasta era coqueta. Claro que sigo siendo orgullosa y engreída”. Al terminar de hablar soltó una carcajada de esas que llaman la atención en cualquier lugar. Insistió en que la canción nunca le gustó porque antes él había comentado que estaba enamorado de Josefa, esa muchacha que se creía la superior de la vereda, una diosa.

Serenata inesperada

El canto estaba listo y Leandro Díaz para congraciarse con la joven le pidió el favor al acordeonero Julio Guerra, hermano de Josefa, para que lo acompañara a darle una serenata en su casa. Todo quedó acordado en horas de la noche. Al sonar el acordeón y escucharse los primeros versos ella se levantó de la cama abriendo la ventaba. Entonces, al ver que era Leandro hizo una acción inesperada.

Llena de rabia abrió la puerta y llevando un balde con agua en la mano se lo arrojó. Ahí terminó esa historia de conquista que no tuvo un final feliz, porque la altiva ‘Diosa coronada’, dañó el encanto del compositor.

“Cuando escuché la canción pensé en mi papá que me iba a regañar o pegar por estar pendiente de un hombre siendo una pelada. También porque esa canción está llena de sarcasmos que solamente hay que conocer la historia para saber que no es un halago”, expresó Josefa Guerra.

Con el paso del tiempo la canción tuvo el mayor reconocimiento, siendo Poncho Zuleta y Nicolás ‘Colacho’ Mendoza, quienes la grabaron por primera vez en el año 1969. Ante esto, ella reflexionó y comentó. “Me hice famosa con las distintas versiones de la canción, tengo consideraciones por ser la protagonista, pero no he recibido nada y eso sí muchos han ganado plata a costillas mías”. Enseguida volvió la famosa carcajada.

Al preguntarle sobre si se sabía la canción respondió. “Claro, a veces la canto, aunque no me gusta porque me presenta como la mujer que no le paré bolas a él cuando pretendía llegar a tener algo conmigo. De verdad, no estaba para enamorarme de nadie. Solamente lo hice muchos años después”.

Con esa canción Josefa se convirtió en la joven que sedujo a Leandro Díaz, quien para liberarse le hizo un canto teniendo en cuenta su porte, garbo y manera de ser. Ella le robaba los suspiros, pero el viento nunca estuvo a su favor.

Cuando la charla iba por buen rumbo, Josefa Guerra frenó en seco y preguntó que si solamente le iba a preguntar sobre Leandro, porque ella también tenía una interesante historia.

Sin dejar de hablar señaló. “Yo me casé a los 26 años con Álvaro ‘El pollo’ Daza, con quien tengo seis hijos (Yolaida, Jaider, María Emilia, Orlando José, Cristóbal y Lucy Esther). Desde hace 43 años vivo con esa belleza de hombre en el corregimiento de ‘La Palmita’, municipio de La Jagua de Ibiríco, Cesar. Aunque él no es músico si le sonó la flauta conmigo”. La carcajada volvió a repetirse.

Leandro llegó lejos

Al retornar a hablar sobre Leandro anotó. “No me arrepiento de nada porque todo quedó en el pasado. Él estaba enamorado solo y yo una jovencita que iniciaba la vida. Lo mejor de todo es que Leandro llegó lejos con sus canciones y eso no se puede negar”.

Durante la charla repetía constantemente que no le gustaba para nada la canción ‘La diosa coronada’, exponiendo sus razones. Entonces, se le preguntó que si alguna le llamaba la atención. Cerró los ojos para pensar y al abrirlos habló de varias, pero se quedó con ‘Cardón guajiro’. “En esa canción Leandro se presenta contando que era como el cardón guajiro que nunca lo marchitaba ni el sol. Tremenda comparación”, confiesa Josefa Guerra.

A cada rato la interrumpían para saludarla y decirle que estaba entre las mujeres que no cayó vencida ante los versos del poeta ciego del vallenato. Ella agradeció los gestos y al escuchar algunas palabras aseveró. “Si, Leandro nunca reinó en mi vida. Solamente me sacó la canción. Era un enamorado solitario”.

De ese talante es la sandiegana que se atravesó por algún tiempo en la vida de Leandro, para darle mayor veracidad a la inspiración del hombre que veía con los ojos del alma. Ese mismo que después tuvo la virtud de emparejar las cargas del sentimiento y ser cautivo por el amor, hasta cantarle a una morena que tenía sabor a primavera.

Gracias a Josefa María Guerra Castro, por relatar esa historia donde fue protagonista, permitiendo que Leandro Díaz se sentara en la cascada del río Tocaimo y dijera muy convencido. “En adelanto van estos lugares, ya tienen su diosa coronada». Lo real fue que ella nunca pensó que esa diosa encopetada y de los encantos, llegara hasta el último recoveco del universo vallenato.