Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv
En
cuatro minutos y 35 segundos, Diomedes Díaz sacó de su alma el canto más
sensible de su carrera musical porque lo vivió en carne propia, al punto de
sacarle lágrimas, incluso, cuando lo estaba grabando, le tocó hacer varias
paradas. Se trata de la canción ‘Mi ahijado’, la cual grabó en el disco ‘Mi
vida musical’ con el acordeonero Juancho Rois en el año 1991, y que dedicó a
‘Pachito’ Herrera, quien nació el lunes cinco de mayo de 1986.
Le compuse estos versos a
‘Pachito’
para que así recuerde a su
papá,
porque hombres como él somos
poquitos
que viven como vivió
Jesucristo
y mueren a muy temprana edad.
Hablar
con ‘Pachito’ para recordar ese canto enmarca el recuerdo de su querido padre,
a quien el artista Diomedes Díaz, su padrino, supo darle ese toque de gracia
que quedó como testimonio del verdadero compadrazgo y donde hizo posible que
unos versos se mezclaran con melancolía derramada en el pentagrama.
El
niño bogotano, Luis Octavio Herrera Ariza, provocó esa inspiración que sacudió
los cimientos del corazón, porque era un mensaje directo a la memoria de su
padre, Luis Octavio Herrera Narváez, conocido como ‘Sambi’, natural de San Vicente
del Caguán, Caquetá, quien fue secuestrado en 1990 y nunca regresó al seno de
su familia. En ese momento, contaba con 33 años.
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