Biografía Artística – Compositor Elbert Romero Barrios

Elbert Romero Barrios nació el 7 de octubre de 1962 en un municipio que alcanzó notoriedad nacional cuando un reconocido cantante vallenato lo mencionó en una de sus interpretaciones, celebrándolo con vivas acompañadas de ráfagas de ametralladora, un hecho que desató una gran polémica y generó un profundo impacto en el país. Aunque ha escrito varias canciones, no se considera compositor; prefiere definirse como un aprendiz de ese complejo y fascinante arte.

Es hijo de Hernán Romero Malo, apasionado por la poesía y la historia universal, y de Tulia «Tulita» Barrios Díaz, quien en su juventud interpretó el piano y el acordeón. La tradición musical también estuvo presente en su familia a través de su abuelo Agustín Barrios (Q. E. P. D.), quien integró durante muchos años el conjunto del juglar Pacho Rada como cajero, dejando un legado que marcaría la identidad cultural de las nuevas generaciones.

Realizó sus estudios en la Escuela Rafael Valle Meza de Valledupar. Más adelante contrajo matrimonio con Martha Cecilia Imbrech Dangond, por cuyas venas también corre una profunda herencia musical. Fruto de esta unión nacieron sus cuatro hijos: Amer, Shadia, Karol y Harold, quienes constituyen uno de los mayores pilares de su vida.

Elbert Romero Barrios es un compositor vallenato cuya inspiración nació desde muy joven gracias a su profunda pasión por la poesía y las figuras literarias. Fascinado por la belleza de las palabras y la fuerza de los mensajes, comenzó a escribir sus primeros versos, descubriendo en la composición el camino ideal para expresar sus pensamientos y sentimientos.

Su primera obra musical, «Fuente Divina», surgió mientras cursaba cuarto semestre de Ingeniería Industrial en la Universidad de La Guajira. En el marco de un concurso de canciones inéditas organizado por la institución, y ante la imposibilidad de conseguir una composición para participar, decidió escribir la suya. La canción fue interpretada por Amado Marín, acompañado en las guitarras por Nando Marín Jr. y Jhon De Luque, obteniendo una destacada acogida y marcando el inicio de su trayectoria como compositor.

A lo largo de su carrera, Elbert Romero ha encontrado su mayor fuente de inspiración en las problemáticas sociales, convirtiéndolas en el eje central de muchas de sus composiciones. Su propósito ha sido crear canciones que despierten la reflexión, conmuevan al oyente y transmitan mensajes con profundo contenido humano.

Aunque considera que todas sus obras tienen el mismo valor, reconoce que «Barbas de Maíz» representa su carta de presentación. Esta composición fue aclamada durante el extinto Festival Minero organizado por la empresa Cerrejón y posteriormente seleccionada para integrar el álbum Los Nuestros Vol. I, interpretada por Leonel Acosta bajo la dirección musical del maestro Raúl Brugés Fuentes «Tade». En el año 2023, esta obra recibió uno de los mayores reconocimientos de su carrera cuando el Concejo Municipal de Maicao, mediante el Acuerdo 005 de mayo de 2023, la institucionalizó como obra y melodía representativa del municipio.

Entre las composiciones grabadas de su autoría también se destacan «Bendita Vanidad», interpretada en Venezuela por William Barliza; «Voces del Viento», grabada por una agrupación de la región sabanera; y «Dame Pistas», obra que marcó una nueva etapa en su dedicación a la composición profesional.

Su trayectoria ha estado estrechamente ligada a los festivales vallenatos, escenario en el que ha obtenido importantes reconocimientos y ha ocupado lugares de honor. Asimismo, considera un logro significativo haber participado en el Festival de la Leyenda Vallenata, experiencia que fortaleció aún más su compromiso con el folclor y alimentó su deseo de seguir trabajando para alcanzar nuevos triunfos.

En su proceso creativo, la cercanía de los festivales ha sido, tradicionalmente, el impulso que despierta su inspiración. Su preferencia por el merengue vallenato refleja su interés por fortalecer un aire musical que considera merece mayor presencia dentro del repertorio tradicional.

Convencido de que los compositores tienen la responsabilidad de proteger el vallenato como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, Elbert Romero defiende la preservación de la esencia del género frente a las transformaciones de la música actual. Desde organizaciones culturales, como la Fundación Músicos de Maicao, de la cual hizo parte como directivo, también ha trabajado por la promoción y salvaguarda de las tradiciones vallenatas.

Como legado, aspira a que las nuevas generaciones de su familia continúen el camino de la composición y la defensa del folclor. Además, trabaja en la culminación de su libro «El Niño de las Cuerdas, el Hijo del Cantor», una obra con la que busca dejar testimonio de su historia, su inspiración y su amor por la música vallenata.

El alma que respira en un bandoneón: filosofía del adiós en Rocnid Tango”

«No hay tango viejo ni tango nuevo. El tango es uno sólo. Tal vez la única diferencia está en los que lo hacen bien y los que lo hacen mal»: Aníbal «Pichuco» Troilo (bandoneonista, compositor y director de orquesta de tango argentino)

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

Hay músicas que parecen venir de otra vida. No se escuchan: se sienten, se respiran, se recuerdan. En ellas vibra algo más que sonido: vibra el alma. El tango pertenece a ese linaje de músicas que no pasan, que se quedan flotando entre los adoquines húmedos, los faroles apagados y las memorias que se niegan a morir. Es el idioma de la nostalgia, una filosofía que se escribe con voz quebrada y compás dolido.

Desde San Juan, tierra gaucha y de horizontes abiertos, nació Rocnid Tango, cantor y bandoneonista que más tarde llevó el pulso del Río de la Plata a otras latitudes. En su viaje, el tango cruzó los Andes con él y encontró en Bogotá una nueva patria del sentimiento. Allí, entre la niebla y la altura, su bandoneón sigue respirando como si aún oliera el puerto y las madrugadas del viejo Buenos Aires. Rocnid no interpreta un género: custodia un espíritu. Donde suena su voz, suena también la memoria de una nación entera.

Su música es un puente entre mundos: la raíz criolla de su infancia sanjuanina, el pulso arrabalero del tango, y la vitalidad cosmopolita de Bogotá. De esa fusión nace una obra que no repite el pasado, sino que lo renueva con sensibilidad contemporánea. Y entre todas sus composiciones, “Tu sabrás qué harás de mí” se erige como una joya donde confluyen melancolía, ritmo y lucidez.

La pieza es una fusión delicada de tango y foxtrot, géneros que en apariencia se contradicen, pero que Rocnid hace convivir con naturalidad. El tango aporta la profundidad emocional, la pena contenida, el tiempo suspendido; el foxtrot, en cambio, introduce una leve oscilación, una ironía rítmica, un impulso de movimiento. Así, la tristeza se vuelve danzable y el dolor, elegante. En esta alquimia musical, Rocnid encuentra su voz más propia: la de quien llora bailando y piensa sintiendo.

La letra, de un lirismo desnudo, es un diálogo entre el hombre y su propio corazón. “Corazón, no me lastimes más”, dice, como si hablara a un amigo que no puede callar. “Deja ya de rezongar, inquieto bandoneón”, suplica luego, revelando esa comunión entre el músico y su instrumento, entre la razón y la melancolía. En Rocnid, el bandoneón no es acompañamiento: es conciencia sonora. Cada nota parece reflexionar, cada silencio parece comprender.

El sentimentalismo del texto, ese amor perdido que aún perfuma todo lo que existe, se entrelaza con la agilidad del ritmo, creando un contraste tan humano como el propio tango. Mientras la letra llora, el compás sonríe; mientras la voz recuerda, la música avanza. Es la eterna paradoja del alma argentina: el lamento que no se rinde, la herida que no deja de bailar.

“Lo mejor fue haberte amado cuando lo hice yo sin ti”, confiesa el cantor, y en ese verso se condensa toda la sabiduría del desengaño. No hay reproche, sólo claridad. El amor, incluso no correspondido, fue un acto de plenitud. Ese gesto de aceptar la pérdida con belleza, de hacer del dolor una forma de verdad, es lo que eleva el tango a una categoría filosófica: una metafísica del sentimiento.

En la interpretación de Rocnid, la voz y el bandoneón se funden hasta volverse una sola respiración. No hay artificio: hay alma. Su ejecución no busca el virtuosismo, sino la verdad; no la perfección, sino la emoción justa. Y en esa honestidad reside su grandeza. Rocnid no toca para demostrar, sino para decir. No canta para olvidar, sino para recordar con dignidad.

Cuando la canción se apaga, y resuena la última súplica “Aquí te estaré esperando, tú sabrás qué harás de mí”, queda suspendida en el aire una nostalgia antigua, una sombra de Buenos Aires que se proyecta sobre las montañas de Bogotá. Y en ese eco, el oyente puede oír algo más que música: puede oír el tiempo, la distancia, la memoria de un país que vibra en un fuelle.

Porque en cada nota que surge del bandoneón de Rocnid, revive un Buenos Aires que ya no está: las luces de San Telmo bajo la garúa, los cafés del centro con olor a vino y despedida, los pasos solitarios en el empedrado húmedo de la madrugada. Allí, entre ecos del pasado y bruma del presente, Rocnid Tango sigue tocando. Su bandoneón respira, su voz confiesa, y el alma del tango, esa criatura indómita y eterna, vuelve a nacer, esta vez en Bogotá, como si el viejo Buenos Aires hubiera encontrado refugio en las montañas de la capital colombiana.

Atentamente, Ramiro Elías Álvarez Mercado

Lanzamiento de «Voces Femeninas del Folclor Internacional, Volumen 5 – Volumen de Diamante»

Con gran éxito fue lanzada la producción musical «Voces Femeninas del Folclor Internacional, Volumen 5 – Volumen de Diamante», un proyecto liderado por la directora y compositora arubeña Glenda Zavala Maduro, quien reunió a destacadas voces femeninas y reconocidos compositores del género vallenato.

Esta quinta edición está conformada por 20 canciones inéditas, interpretadas por talentosas artistas que aportan su estilo y calidad vocal a esta importante producción. Entre las cantantes participantes se encuentran Karito Domínguez, Yisell «La Voz Rosa», Soliel Lobato, Aury de la Cruz, Linnett Acebey, Bau Gutiérrez, Michelle Comas, Ruth Villa, Malbi Blanco Romero, Patricia Merlano y Oveta Jiménez, entre otras destacadas representantes del folclor.

En el aspecto autoral, el volumen reúne obras de los compositores Miguel Márquez Paternina, Manuel Romero, Darío López Ecker, Carlos Simanca, Oveta Jiménez, Jader de Jesús Mercado, Eduard Méndez, Manlio Añez Durán, Héctor Romero Bayuelo, Juan Carlos Roldán, Julio Díaz Torrejano, Luis Sierra, Guadis Carrasco, Humberto Vargas Bravo, Leonel Barreto Alfonso, Linnett Acebey, Eder Araujo, Charly Rodríguez, Gustavo Pacheco y la directora del proyecto, Glenda Zavala Maduro.

El lanzamiento fue difundido a través de diferentes emisoras radiales, plataformas digitales y redes sociales, contando con el respaldo de importantes medios de divulgación del vallenato, entre ellos la página Checho Díaz Vallenato y Estampas Vallenatas del Folclor, dirigida por la licenciada Belinda Olano Barrera, contribuyendo a que esta producción llegue a un público nacional e internacional.

«Voces Femeninas del Folclor Internacional, Volumen 5 – Volumen de Diamante» representa un valioso aporte al fortalecimiento y la proyección de la mujer dentro de la música vallenata. A todas las cantantes, compositores y colaboradores que hicieron posible esta producción les auguramos los mayores éxitos en esta nueva etapa de sus carreras.

Las canciones ya se encuentran disponibles en YouTube y en las principales plataformas digitales de música.

«Luna Sanjuanera», la canción que nació de un amor y terminó inmortalizando a Roberto Calderón.

Por Alcibiades Núñez.

Hay canciones que nacen de un encargo. Otras, de la inspiración pasajera. Pero existen algunas que parecen escritas por el destino. “Luna Sanjuanera” pertenece a esa categoría privilegiada: la de las obras que trascienden el tiempo porque fueron concebidas desde el amor, la admiración por la tierra natal y la sensibilidad de un joven compositor que apenas comenzaba a escribir su historia.

Corría el año de 1978 y Roberto Calderón daba sus primeros pasos en el universo de la composición vallenata. Aún no imaginaba que su nombre llegaría a ocupar un lugar de honor entre los grandes autores del género vallenato. Sin embargo, ya contaba con el combustible indispensable para cualquier artista: una inspiración capaz de transformar los sentimientos en poesía.

Esa inspiración tenía nombre propio: Betty Urbina, una joven molinera, inteligente, emprendedora y de gran sensibilidad humana, que cursaba estudios de Pedagogía y Bachillerato en la Escuela Normal de Señoritas de San Juan del Cesar. Su relación sentimental con Roberto coincidió con un escenario que parecía diseñado para alimentar la imaginación de cualquier compositor.

El barrio donde ella vivía era un remanso de tranquilidad. Sus jardines exhibían un prado intensamente verde, adornado con rosas multicolores, jazmines y claveles que perfumaban las tardes y las noches. Sobre aquel paisaje aparecía la inconfundible luna de San Juan, mientras las aguas diáfanas y cristalinas del río Cesar acompañaban el silencio con el murmullo de la corriente. Como si fuera poco, familiares, amigos y vecinos se reunían alrededor de las guitarras para prolongar las tertulias hasta la madrugada.

Todos esos elementos terminaron convirtiéndose en versos. Roberto tomó la guitarra y comenzó a escribir una canción que pretendía ser mucho más que una declaración de amor. Su propósito era rendir homenaje a San Juan del Cesar, el pueblo que llevaba tatuado en el alma, y exaltar la belleza de las mujeres sanjuaneras.

Inicialmente decidió bautizarla «El Cantor de San Juan». El título obedecía a una tradición muy arraigada en el vallenato: rendir tributo a la tierra natal. Carlos Huertas ya había inmortalizado a Fonseca con El Cantor de Fonseca; Calixto Ochoa había hecho lo propio con El Cantor de Valencia, dedicado a Valencia de Jesús; y Álvaro Cabas Pumarejo había compuesto El Cantor del Valle. Roberto quería seguir esa misma senda.

Pero el destino tenía preparada otra historia. Fue su hermano, Alberto «Beto» Calderón, quien escuchó la composición y lanzó una frase que cambiaría para siempre el rumbo de aquella obra: «Esa canción no se llama ‘El Cantor de San Juan’; se llama ‘Luna Sanjuanera’.» Y así quedó.

A veces una sola decisión basta para marcar la diferencia entre una buena canción y un clásico inmortal. Con Luna Sanjuanera comenzó una nueva etapa para Roberto Calderón. La obra no solo conquistó al público, sino que abrió las puertas de su prolífica carrera como compositor. Pronto, los más importantes intérpretes del vallenato empezaron a llegar hasta su casa en busca de canciones inéditas antes de viajar a los estudios de grabación.

Diomedes Díaz, Poncho Zuleta, Rafael Orozco, Jorge Oñate, Beto Zabaleta, Adaníes Díaz, Silvestre Dangond, Iván Villazón, Churo Díaz, Juan Piña, Elías Rosado, Miguel Herrera, Luis “el pade” Vence y Silvio Brito, descubrieron en Roberto una pluma privilegiada. Cada nuevo álbum era también una oportunidad para llevar una de sus composiciones al disco, convencidos de que sus letras tenían la fuerza suficiente para convertirse en éxitos.

El tiempo les dio la razón. Hoy, casi cinco décadas después, Luna Sanjuanera continúa sonando en las emisoras, en las parrandas y en las plataformas digitales. No solo representa una de las composiciones más emblemáticas de Roberto Calderón, sino también un retrato sentimental de San Juan del Cesar, de sus paisajes y de una generación que convirtió el amor cotidiano en patrimonio musical.

Las grandes canciones nunca nacen por casualidad. Detrás de ellas suele existir una historia de amor, un paisaje inolvidable o una persona capaz de despertar la inspiración.

En el caso de Luna Sanjuanera, confluyeron los tres elementos: un pueblo orgulloso de sus raíces, una noche iluminada por la luna y una mujer llamada Betty Urbina, cuya presencia silenciosa terminó convirtiéndose en una de las páginas más hermosas de la historia del vallenato colombiano

Primer Encuentro de Investigadores Científicos y Culturales del Vallenato propone la creación de los concursos de Canción Inédita Profesional y Aficionado al Festival Vallenato

La división del concurso de Canción Inédita en las categorías Profesional y Aficionado, la postulación de artículos científicos y la creación de talleres de composición fueron las principales conclusiones del Primer Encuentro de Investigadores Científicos y Culturales del Vallenato.

El evento, que se llevó a cabo en el Museo Cocha Molina de Valledupar, estuvo liderado por la gestora cultural y gerente de la entidad, Julieth Peraza. La jornada reunió a destacados folcloristas, investigadores y escritores, quienes debatieron sobre el rumbo y la preservación del género musical.

La cumbre contó con una sólida participación académica de docentes de las universidades Popular del Cesar, La Guajira, Simón Bolívar, Sergio Arboleda y la Universidad Autónoma de Nuevo León (México). Los académicos expusieron los avances de sus investigaciones en torno a las narrativas y raíces que conforman el núcleo de la identidad vallenata.

Entre los panelistas y expertos se destacaron figuras de la talla de Rosendo Romero, Tomás Darío Gutiérrez, Julio Oñate Martínez, Fausto Pérez, Jaime Maestre, Carlos Russo, Carlos Miranda, Luis Carlos López, Andrés Bustos Fierro y Roger Bermúdez. Durante la agenda se abordaron temáticas cruciales como la relación entre música y literatura, la investigación cultural, la historia de la guacharaca, el vallenato en el siglo XXI, la narrativa en la música de acordeón y la consolidación del canon vallenato.

En el componente internacional, el docente Carlos Miranda (México) expuso la ponencia “La publicación científica sobre vallenato en las revistas de alto impacto”, mientras que Andrés Bustos Fierro (Buenos Aires, Argentina) disertó sobre “La identidad como acto compositivo: transmisión cultural”.

La propuesta que generó mayor eco fue la del maestro Rosendo Romero, quien planteó la necesidad urgente de reestructurar el concurso de Canción Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata, que tiene una categoría única. “Así como el festival tiene divisiones para acordeoneros profesionales, aficionados, infantiles y femeninos, debe evolucionar en la canción inédita. Es necesario crear las modalidades profesional y aficionado porque hoy compiten juntos, y a veces el aficionado, impulsado por influencias, termina derrotando al profesional”, argumentó Romero.

Como cierre del encuentro, la mesa de expertos aprobó la producción de un libro de investigación con capítulos inéditos desarrollados por cada ponente. Asimismo, se avaló la publicación oficial de las memorias del evento con el objetivo de blindar y consolidar un registro académico, documental e histórico de estas valiosas reflexiones folclóricas.