Crónica
Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv
-“El legado de Alejo Durán, ese gran maestro, nunca morirá porque en sus canciones con sabor a pueblo y a mujeres bonitas, dejó la huella de un hombre bueno, sincero y de carisma inigualable”: Gabriel García Márquez–
Gilberto Alejando Durán Díaz, ‘El negro Alejo’, con su pedazo de acordeón se la pasó toda la vida tocando esa nota apesarada donde los bajos fueron la compañía ideal, y como lo señaló su hermano Náfer Santiago: “No era rápido, pero si inteligente, Yo diría demasiado natural, y tenía un carisma que se llevaba a cualquiera, así como hacen los toros en la corraleja”.
El primer Rey del Festival de la Leyenda Vallenata en el año 1968 marcó su propio territorio, y supo darle a cada mujer y a diversas historias su real significado para untarse de gloria en aquellas famosas corredurías.
En cierta ocasión, se le llamó la atención sobre las canciones de otros compositores que llevaba al acetato y, respondió como solía hacerlo, con claridad:
“Los cantos tienen que llenar los requisitos, y adaptarse a mi estilo, para que puedan tocarse y cantarse llegando a puerto seguro”. De esa manera, inundó de cantos el firmamento del folclor.
Entre esos cantos de su autoría, apareció la famosa ‘Cachucha bacana’ que pertenecía a su entonces guacharaquero Jaime López, quien presumía estar a la moda con ese aditamento. Alejo, no optó por comprarse una, sino que le sacó un canto y decirle: “Oye lo que dice Alejo, con su nota apesarada, quien como el guacharaquero, con su cachucha bacana, Jaime sí, Jaime sí, Jame sí, y Alejo no”.
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