Como majestuosa fue considerada la gala musical ofrecida por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de la capital del país, a manera de lanzamiento de la edición 54 del Festival de la Leyenda Vallenata, que nuevamente este año, obligados por la pandemia se realizará en Valledupar en una fecha distinta a la tradicional de finales del mes de abril.
La ceremonia musical estuvo dividida en cuatro actos. En cada uno de ellos se registró una presentación de acordeones y versos entre los Reyes y Reinas del Festival de la Leyenda Vallenata en los años 2019 y 2020 de las categorías mayores.
Todos, interpretaron temas grabados, en su mayoría, por Jorge Antonio Oñate González, a quien se le hizo un tributo póstumo y se pidió un minuto de silencio.
De la mano del cantante Daniel Celedón y el acordeonero Ismael Rudas, ‘El Doble Poder’, comenzó el trabajo de buscar a quienes hicieran los personajes de la mamá y el niño. La idea era grabar la canción ’Drama provinciano’ a tres voces, hecho que se haría por primera vez en la música vallenata.
Un año antes lo hicieron los mismos artistas con la canción en aire de son ‘Mercedes’, de la autoría de Adolfo Pacheco Anillo, pero a dos voces donde participó Luz Estela Calderón, conocida en el mundo artístico como ‘Kissy’.
En ese intento de búsqueda apareció la mamá, la cantante Mélida Yará Yanguma, más conocida como ‘La india Meliyará’. Faltaba el niño para que le diera el toque exacto, y poder cantar esa historia provinciana.
Daniel Celedón pensó que su sobrino Jorgito, quien contaba con 10 años de edad y vivía en Villanueva, La Guajira, podía cantar esa estrofa. El niño se la pasaba cantando en el pueblo y era una ventaja.
Gabriel García Márquez dijo: “No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo escuchamos se nos arruga el sentimiento”. Al fin y al cabo, el vallenato está escrito en los fuelles de un acordeón y es el alma de Valledupar.
Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv
Hace 102 años, 9 de febrero de 1919, nació Gilberto Alejandro Durán Díaz -‘Alejo’ Durán- y las historias a su alrededor siguen vivas en este mundo mágico, donde un pedazo de acordeón de canto pasó a monumento.
El hecho en referencia sucedió el sábado 30 de noviembre de 1991 cuando en Valledupar, la Capital Mundial del Vallenato, el alcalde de aquel entonces Aníbal Martínez Zuleta, inauguró el monumento ‘Pedazo de acordeón’, en homenaje al primer Rey Vallenato, Alejandro Durán Díaz.
Ese fue todo un acontecimiento por esa obra abstraccionista en hierro templado del escultor bogotano Gabriel Beltrán Castiblanco, quien le puso todo su ingenio.
Entonces, para darle forma a su propuesta, buscó en la capital del país a un acordeonero a quien le pidió interpretar la canción en aire de puya ‘Mi pedazo de acordeón’. No contento con lo anterior, también le solicitó que desbaratara el acordeón para conocerle sus entrañas.
Este pedazo de acordeón
en donde tengo el alma mía
ahí tengo mi corazón
y parte de mi alegría.
Después de ese proceso y con la idea clara, hizo la maqueta, la envió y esperó que el jurado conformado por Alfonso López Michelsen, Aníbal Martínez Zuleta y María Lourdes Castro Socarras, dieran el veredicto entre los nueve concursantes que se habían inscrito.
Él compositor de San Jacinto, Bolívar, de la alegría pasó a la melancolía porque la mujer en la que descargó su amor no le correspondió a pesar de sus detalles, teniendo que con el dolor del alma cerrar esa puerta que nunca más se abrió.
Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv
Pasados 59 años el maestro Adolfo Rafael Pacheco Anillo, volvió con el pensamiento a tomar en sus manos el famoso mochuelo que ‘Joche’ le regaló para su novia en aquel entonces. Ese llamativo detalle lo hizo inspirar y poder convertirlo en canción.
“En enero ‘Joche’ se cogió, un mochuelo en las montañas de María, y me lo regaló, no más, para la novia mía”.
El hijo del viejo Miguel, el hombre de la hamaca grande con su amabilidad característica y con palabras sinceras se sentó a darse un paseo por su querido San Jacinto, Bolívar, donde aquel amigo le regaló un pajarito que había cogido, y no dudo en destinarlo a la mujer que golpeaba su corazón.
Cuando avanzaba la tarde del jueves 19 de enero de 1995 y el reloj marcaba más de las tres, apareció a toda la velocidad por el sector de Lomita de Arena, Bolívar, el Mazda 626 de placa PB-6054, que era conducido por Víctor Sierra.
Al vehículo se le estalló la llanta trasera izquierda, dando varias vueltas y provocando la muerte al instante del conductor y graves heridas a la artista Patricia Teherán Romero, quien también falleció minutos después.
En la parte de atrás del carro también iban Tayron del Cristo Renals, manager de la agrupación ‘Las Diosas del Vallenato’ y Guillermo ‘Billy’ Pertuz Patrón, presentador y jefe de prensa quienes quedaron heridos. Todo sucedió en la carretera que de Barranquilla conduce a Cartagena.
Así a esa velocidad cerró los ojos a la vida la artista Patricia Teherán, nacida en Cartagena el 10 de junio de 1969, quien no alcanzó a llenarse de gloria cuando el triunfo se le asomaba en cada esquina.
El triste final lo narra el periodista Billy Pertuz, quien fue testigo directo del accidente.
“La misión de ir a Barranquilla era continuar promocionando el trabajo discográfico ‘Con aroma de mujer’ y su gran éxito ‘Tarde lo conocí’ de la autoría de Omar Geles. Además, firmar contratos para el carnaval que se aproximaba. Entonces visitamos distintos medios de comunicación y se determinaron varias presentaciones. Después de cumplir con todo lo propuesto decidimos en horas de la tarde regresarnos a Cartagena”.
Habló de la parte feliz, pero se avecinaban momentos tristes y así lo relata con pelos y señales.
“Patricia Teherán y Víctor Sierra tenían una relación sentimental. A ellos, se les notaba la felicidad por todo lo que venía sucediendo en el campo musical y amoroso. Después de descansar partimos por la vía 40, haciendo una pequeña parada en una empresa de refrescos donde se firmó un nuevo contrato. A la altura de la entrada a Puerto Colombia, nos detuvo la Policía de Carreteras para solicitar documentos del vehículo y al percatarse que iba Patricia Teherán estallaron de júbilo y muchos elogios. Solamente solicitaron autógrafos para todos. Ella les habló, les sonrió y cantó un poco a capela”.
El presentimiento
Esas fueron las últimas sonrisas y dedicatorias de la artista porque se avecinaba lo peor.
Billy Pertuz volvió a tomar la palabra y señaló. “Desde el momento de la veloz partida me invadió lo que algunos llaman presentimiento y le pedí a Víctor Sierra, conducir suave que nos iba a matar. Enseguida él me respondió que nadie se había muerto la víspera”.
Billy Pertuz se quedó callado pocos segundos que fueron eternos porque estaba acumulando esos recuerdos que le marcaron su vida para siempre.