Con gran expectativa, se llevó a cabo el lanzamiento de dos nuevas canciones del género popular, «Para qué decir» y «La verdad que yo no sé», a través de Estampas Vallenatas Radio, bajo la conducción de la licenciada Belinda Olano Barrera.
La velada estuvo marcada por el romanticismo y la emoción, destacándose la presentación de «Para qué decir», del compositor y cantautor Juancho Roldán, así como «La verdad que yo no sé», del compositor Miguel Márquez Paternina, interpretada magistralmente por Juancho Roldán.
Durante la entrevista, los artistas compartieron sus experiencias y trayectoria en la música, resaltando la importancia de la letra y la interpretación en este género. La acogida de estas nuevas producciones ha generado grandes expectativas entre los amantes de la música popular.
Ambas canciones ya están disponibles en YouTube para el disfrute del público. Además, el compositor Miguel Márquez Paternina expresó su satisfacción con su primera incursión en la música popular, grabada en Medellín, y con la interpretación de Juancho Roldán.
Con este lanzamiento, los artistas reafirman su compromiso de seguir trabajando en nuevos proyectos y ofrecer al público lo mejor de la música en todos los géneros.
Luis Emiro Martínez Córdoba, conocido artísticamente como Luis «El More» Martínez, nació el 11 de febrero de 1965 en la vereda Vuelta Manza, ubicada en el departamento del Chocó, Colombia.
Infancia y Formación
Hijo de Onofre Martínez y Feliciana Córdoba, pasó sus primeros años en Vuelta Manza. A los 10 años, se trasladó junto a su familia a Quibdó, donde creció, completó su educación secundaria y comenzó a desarrollar su amor por la música.
Carrera Musical
Tras finalizar sus estudios, emprendió su propio negocio, lo que le permitió recorrer la costa colombiana. Durante estos viajes, descubrió su pasión por la interpretación y composición en el género vallenato vanguardista, consolidando su carrera musical.
Luis ‘El More’ Martínez, destacado artista del vallenato, compartiendo su pasión por la música .
Trayectoria Musical
Con más de dos décadas de experiencia, Luis «El More» Martínez ha grabado un total de 25 canciones, de las cuales siete son de su autoría:
«El muerto borracho»
«La fantasma»
«Abránse»
«Dueña de la mentira»
«Vida en prisión»
«Nos va a pillá»
«La tóxica»
A lo largo de su trayectoria, ha trabajado con reconocidos acordeoneros como:
Emilio Oviedo (El Comandante)
Álvaro Teherán
Oswaldo Pabuena
Felipe Paternina
Piter Camargo
Actual Proyecto Musical
Su más reciente sencillo, titulado «Fuiste mala», es una composición de Luis Vega en la que Luis «El More» Martínez participa como intérprete, acompañado por Piter Camargo en el acordeón. Esta producción fusiona los sonidos tradicionales del vallenato con la sabanera y aires de porro, brindando una propuesta musical innovadora que amplía su alcance y consolida su aporte al folclore colombiano.
Luis «El More» Martínez continúa su camino en la música, manteniendo viva la esencia del vallenato y dejando una huella indeleble en el género.
Lester Fabricio Rodríguez Torres nace un 3 de julio del año 1983 en Comayagua, Honduras en el hogar conformado por sus padres Diego Amadís Rodríguez y Rosmery Argentina Torres.
Con apenas 10 años de edad comienza a aflorar el talento para componer en Fabricio Torres, abriéndose el conocimiento para escribir poemas y canciones, pero la timidez siempre fue piedra de tropiezo para poder manifestar ese arte, ocultando así su talento innato por temor al qué dirán de sus familiares y amigos manteniendo ese secreto gran parte de su vida.
La fuente de inspiración para hacer sus obras se basa en experiencias de terceros que ha observado y también de su propia vida, esa musa siempre le ha tocado su corazón y se ha manifestado de distintas maneras a través de las cosas que ve, escucha y vive cada día de su existencia.
Como cantante Fabricio Torres se inició en el año 2022 aunque desde que estudiaba bachillerato participaba en eventos culturales cantando a pesar de no ser de sus aficiones preferidas, expresando que su lado fuerte y lo que lo apasiona verdaderamente es la lectura y escribir pero gracias a la influencia de personas a su alrededor como grandes amigos entre ellos el maestro Chavalier lo escuchó cantar y le dijo animándolo a lanzarse como cantautor de sus obras destacando que tenía buena voz y afinación de igual manera el maestro dominicano Héctor Peña también lo aconsejó a interpretar sus propias canciones.
El amor por la música siempre estuvo presente en su vida, durante su juventud participó en una banda marcial ejecutando la percusión, tambor redoblante, bombo y el güiro destacando de forma principal como instrumento su voz ya que las letras llegan a él con su propia melodía. Destacándose por tener gran versatilidad para componer en varios géneros musicales como la salsa, merengue, boleros, rancheras y bachatas.
Reconocido en el mundo de la música como el diplomático de la Bachata, seudónimo que le dio el maestro dominicano Ramón Torres . Fabricio Torres ha grabado profesionalmente cinco canciones en su faceta como cantautor con el firme propósito de llegar al público con una canción cada mes, como compositor en su totalidad ha escrito más de 100 canciones las cuales hacen parte de su gran proyecto a mediano plazo con el compromiso de continuar componiendo y sumando obras para un legado de su vida artística musical.
Entre sus canciones que destacan por su gran contenido y mensajes se encuentran la bachata:
*El Amor no es así, trata de la violencia intrafamiliar representa una vivencia propia de su hogar ya ha estado presente en su entorno familiar de esta manera quiere hacer un llamado a la conciencia para corregir esos errores en tantos hogares que sufren esta situación problemática.
*Poneme bachata, trata la temática de la reconciliación representa en homenaje a todos los bachateros po los que siente gran admiración.
*Atrévete, trata de la temática sobre esas parejas que muchas veces no se atreven a renunciar a una relación en la cual no son felices.
*Ya me dijeron que te has casado, trata de las relaciones fracturadas por la distancia.
Para Fabricio Torres su mayor satisfacción como compositor ha sido cuando se ha sentado escuchar una de sus canciones quedando impactado por el resultado de su creación. Entre sus proyectos destaca el poder llevar sus obras al mundo del teatro presentándolas en formato de recitales haciendo énfasis en su obra “La llorona” una versión según su estilo y enfoque con el fin de presentarla en teatro como una variante de esta gran obra.
Para componer y cantar se ha inspirado mucho en grandes personalidades de la música Argentina, paraguaya, chilena, italiana, mexicana, estadounidense y canadiense se caracteriza por ser un profundo investigador y aficionado a la lectura.
Destaca su gran admiración por personajes de la literatura y música a nivel mundial que han influenciado en su vida artística como compositor entre ellos menciona Gustavo Adolfo Bécquer, Oscar Wilde, William Blake, Walt Whitman, Gabriel García Márquez, Ignacio Guaraní, Atahualpa Yupanqui , Facundo Cabral, el hondureño Juan Ramón Molina, el príncipe de las letras Rubén Darío, en República dominicana su gran admiración al poeta de la Bachata, Ram{on Torres. En Colombia ha sido seguidor de las obras musicales de Diomedes Díaz, Omar Geles y de forma más especial del gran compositor Wilfran Castillo entre otros compositores y escritores a nivel global que han sido participes de su gran crecimiento a nivel musical.
Fabricio Torres el diplomático de la bachata quiere llegar al público con un repertorio de canciones que transmitan mensaje al ritmo de una hermosa melodía que invite a escuchar y disfrutar de sus canciones hechas con todo el sentimiento y con una profunda inspiración buscando la manera de acercarse cada día más al público para que reconozcan su talento y sobre todo llevándoles canciones con alma propia.
Redes Sociales de Fabricio Torres «El Diplomático de la Bachata»
En las instalaciones de la Fundación Universitaria del Área Andina, sede Valledupar, se llevó a cabo el proceso de selección del pabellón que dará la bienvenida a los visitantes a la entrada del Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, con motivo del 58° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al Rey Vallenato Omar Geles, que será del 30 de abril al 3 de mayo de 2025.
En esta ocasión se presentaron un total 18 propuestas por parte de estudiantes del primer semestre de arquitectura de la Fundación Universitaria del Área Andina, llamando la atención por su creatividad, diseño y acercamiento al folclor vallenato con énfasis en las canciones de Omar Geles.
Al final se seleccionaron las tres propuestas ganadoras en su orden: ‘Los caminos de la vida’ de José David Martínez Martelo; ‘Las melodías del alma’ de Luisa Palmera y ‘Ecos del Rey’ de Wilberth Maestre y Habid Cadena.
El jurado estuvo conformado por Efraín Quintero Molina y Eduardo Montero Sierra, en representación de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata; el arquitecto Jairo Molina, delegado de la Oficina Asesora de Planeación Municipal, Marianne Sagbini, artista y gestora cultural de Valledupar y el equipo de docentes del programa de arquitectura.
Sobre este proceso que se viene desarrollando entre la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y la Fundación Universitaria del Área Andina, Rubby Gnecco Niño, directora del programa de arquitectura, manifestó. “El ejercicio de pabellones arquitectónicos materializa muchas de las ideas de innovación educativa aplicada a proyectos reales. Esperamos que el Pabellón de Bienvenida al Festival de la Leyenda Vallenata 2025, nuevamente sea un importante atractivo donde se reflejará todo el significado de nuestra música vallenata, vista desde el homenajeado Omar Geles”.
El ganador de la convocatoria José David Martínez Martelo, sobre su trabajo conceptuó. “Es un homenaje al Rey Vallenato y cantautor Omar Geles, con énfasis en la canción ‘Los caminos de la vida’, donde su señora madre es la protagonista. Para el diseño se tuvieron en cuenta los colores y otros aspectos que hacen parte de este interesante pabellón”.
Con la propuesta ganadora ‘Los caminos de la vida’, se le dará llamativa visibilidad a la entrada del escenario donde se llevarán a cabo la inauguración del 58° Festival de la Leyenda Vallenata, diversas finales de los concursos folclóricos y espectáculos musicales.
Avanzan las inscripciones
De otra parte, hasta el mediodía del sábado cinco de abril estarán abiertas las inscripciones para los concursos de la versión 58 del Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al Rey Vallenato Omar Geles.
Las inscripciones se reciben de manera presencial en las oficinas de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata ubicadas en la Carrera 19 No. 6N-39 vía al puente de Hurtado de Valledupar. De igual manera, a través de correo certificado o en el correo electrónico: inscripcionesfesvallenato@gmail.com Formatos de inscripción disponibles en el siguiente link: https://festivalvallenato.com/concursos/ Mayor información en el celular: 315 7580186 (Inés Amaya).
«A veces pienso que mi padre es un acordeón, porque oigo sus notas cuando me mira, sonríe y respira»: Markus Zusak (escritor australiano).
Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.
La música tiene la capacidad de crear identidades colectivas a través de signos no verbales; es decir, con gestos, movimientos, sonidos, expresiones faciales, inflexiones vocales y otros elementos que se utilizan para comunicar mensajes sin palabras. O sea, que no sólo la convierte en un discurso, sino en una herramienta en función de quienes desean y tienen la capacidad de expresar sentimientos y emociones por medio de ella. Pero definitivamente la presencia de los instrumentos son importantes en la creación de una obra musical, porque le permite a los músicos traducir esos tonos melódicos placenteros que llegan al oído de quienes los escuchan. Pero hay un instrumento que hizo posible uno de los géneros musicales más representativos de Colombia: el acordeón, que es el causante de que el vallenato haya traspasado fronteras y que sus más excelsos intérpretes, como los juglares de antaño hubieran abierto una trocha, que hoy se convirtió en una autopista pavimentada para los nuevos músicos. Uno de esos juglares, que con su acordeón al pecho, sus canciones y su voz hizo un gran aporte a la edificación de la música vallenata fue Julio Enrique de la Ossa Domínguez, quien le abrió los ojos a este mundo terrenal, el lunes 20 de julio de 1936. 20 de julio uno de los días más importantes en la historia del país, ya que en esta fecha se celebra el Día de la Independencia de Colombia. Y es precisamente en este día festivo que llegó Julio a esta tierra como si viniera predestinado a convertirse en un artista que dedicaría su vida a amenizar fiestas y llenar de alegría el corazón de la gente. Nació en el hogar conformado por Julio de la Ossa Álvarez y Elvira Domínguez, de la que lamentablemente no pudo recibir las caricias maternales por mucho tiempo, ya que fallece cuando el pequeño Julito, como le decían cariñosamente familiares y amigos, tenía dos años de edad, quedando su crianza en manos de su abuela paterna Andrea Álvarez. Allí en Chochó, un corregimiento de Sincelejo la capital del departamento de Sucre, en mitad de esa gran sabana que hace parte de una fructífera tierra en agricultura y ganadería, al norte del territorio colombiano, este pintoresco y alegre lugar tuvo la dicha de ver nacer a uno de sus hijos más ilustres: Julio de la Ossa. Chochó, cuyo nombre e identidad se da a través de un hecho curioso que lo hizo distintivo, y era que en tiempos de verano muchos arroyos, quebradas y riachuelos se secaban y en esta zona se formaban pequeños pozos de agua que proporcionaban ayuda y el precioso líquido con el que mitigaban la sed, no solo los habitantes del pueblo, sino también la de los corregimientos vecinos. A estos pozos en donde se quedaba almacenado el líquido vital los lugareños lo llamaban «chochos» y esa fue la razón para llamar a ese lugar de esa forma, pero con el pasar de los años, fue variando su connotación, ya que la palabra «chocho» en muchas ocasiones se utiliza como un término vulgar, por ende se le dio acento al final, dejando por nombre definitivo a esta hermosa y productiva tierra: Chochó, hoy en día con una de las fuentes hídricas más ricas de la región, gracias a sus aguas subterráneas con las que se abastecen permanente. La vida de este hijo ilustre de Chochó transcurrió como la de cualquier niño criado en el campo, actividades al aire libre, madrugar para ir a la escuela, ayudar a la familia en sus quehaceres y labores diarias, sobre todo a su abuela quien fue la encargada de guiarlo y educarlo, a lo que él correspondía colaborando en los cultivos y cosecha de tabaco, una actividad agraria muy propia de la zona y la elaboración y venta de ñeque o chirrinchi, licor artesanal muy apetecido por los hombres del pueblo que se daban cita a consumirlo, suceso que terminaba en una parranda amenizada por músicos que fueron fundamentales en despertar en el pequeño de La Ossa Domínguez su amor por el arte musical a muy temprana edad, algo que fue desarrollando con sus amigos de la escuela en donde cursó hasta quinto de primaria, estudios que abandonó por ese llamado musical que siempre estuvo latente en su mente, alma y corazón, a lo que su abuela Andrea se opuso en un principio, porque para ella esa actividad era sinónimo de parranda, tragos, licor y vida desordenada. Sin embrago Julio Enrique contra viento y marea siguió ese objetivo que tenía trazado en su cabeza y aún siendo un adolescente de escasos 16 años aproximadamente integra la reconocida Banda Juvenil de Chochó como maraquero, instrumento del que se volvió diestro y descrestaba a los presentes en los distintos sitios donde se presentaban por la habilidad que tenían en su ejecución y la sabrosura que le imprimía en el escenario. Como todo joven inquieto y con ganas de seguir explorando en el ámbito musical se dio cuenta que las maracas ya le quedaban pequeñas y su ambición musical iba más allá y empezó a interpretar la armónica o dulzaina conocida popularmente en el Caribe colombiano como violina, a la cual empezó a extraerle bellos sonidos y melodías, convirtiéndose en un magistral intérprete de los éxitos musicales de distintos géneros que se escuchaban en la radio, bares y cantinas de la época. Muchas veces en distintas actividades de la vida encontramos personas que creen en nosotros y ven algo que los demás no, nos impulsan, apoyan y es justo lo que pasó con Julito, quien acató la recomendación de su amigo Nicanor Guevara, que al notar su destreza con la dulzaina, le aconseja dar otro paso importante en su naciente carrera musical y es el encuentro definitivo con el instrumento que se convertiría desde ese momento en su compañero y amigo inseparable: el acordeón, con el que tuvo desde el primer instante una afinidad muy especial, es como si hubieran nacido el uno para el otro, una relación fuerte y llena de sentimientos, apego, amor y atracción. Con su instrumento rizado empezó su fructífera carrera artística plenamente, con la interpretación de porros, fandangos, cumbias, paseaítos y otros géneros musicales que identifican la tierra sabanera de la cual se convirtió en un gran baluarte y representante. Al mismo tiempo se va nutriendo de la música vallenata que ya se escuchaba mucho en la región del gran Bolívar, en donde sobresalían los maestros Alejandro Durán, Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villa, Francisco «Pacho» Rada, Calixto Ochoa, entre otros. Siendo el primer Rey Vallenato, Alejo Durán el juglar que más lo influenció y al que más escuchó en sus inicios, al que le tuvo mucho respeto y admiración por lo que representaba para la música de Francisco el Hombre, luego fue creando su propio estilo con el que escribió una linda historia en esta expresión musical que nació en el campo, en los corrales y luego se tomó el mundo. Julio de la Ossa fue un músico completo de esos que cada vez son más escasos en la música vallenata: tocaba, cantaba y componía; la primera canción de su autoría se titula «Carmencita» inspirada en una mujer de su pueblo, con su acordeón empezó a ser reconocido por distintos lugares y es en ese momento cuando se gana el apelativo de «El Pequeño gigante del acordeón» un hombre corto de estatura, pero con un talento grande en la ejecución y vocalización de cantos vallenatos y de otras expresiones musicales del Caribe colombiano.
Después de recorrer muchos lugares dando a conocer su música en los que cada día fue teniendo más aceptación, se le presenta la oportunidad de grabar su primer trabajo discográfico, y graba dos sencillos, uno con los temas ‘El motetico’ y ‘En abarcas’ y el otro donde salieron los temas ‘Mi vida es para ti’ y ‘Mi papelito’, y es en ese momento cuando su carrera artística alcanza otro nivel y termina de despegar por completo y su nombre empieza a ser reconocido en toda la Costa Atlántica, los contratos y presentaciones no se hicieron esperar porque ya el pueblo empieza a identificarse con sus canciones, y por donde quiera que llegaba era ovacionado y solicitado. Luego de ese inicio exitoso en la pasta sonora, tiene la oportunidad de integrar la legendaria agrupación «Los Corraleros de Majagual», la llamada orquesta pilar de la música tropical en Colombia donde ya su carrera se disparó por completo y su música empezó a escucharse a nivel internacional. Definitivamente el vallenato forma parte primordial de la cultura del Caribe colombiano y podría decirse que es uno de los rasgos más característicos de la historia del país y Julio de la Ossa con su acordeón, al que amó, porque cuando lo agarraba e interpretaba se volvía como parte de su cuerpo, igual que un niño cuando coge su juguete favorito, con esa entrega total que tuvo por la música que es evidente en sus movimientos, ejecuciones e interpretaciones, con esa extensa trayectoria hizo un aporte significativo en la construcción de esta cultura y folclor. El pequeño gigante del acordeón por su habilidad y calidad interpretando la música vallenata tuvo un paso exitoso por el Festival de la Leyenda Vallenata en donde obtuvo tres terceros lugares y un segundo, pero como dice el sabio adagio «no hay quinto malo», finalmente se coronó Rey Vallenato en el año 1975, en donde demostró que la «constancia vence lo que la dicha no alcanza» con ese empeño constante, dedicación, esfuerzo y la calidad en la ejecución de los cuatro aires: merengue, paseo, son y puya, logró ese añorado título. Su exitosa carrera musical continua cosechando éxitos y posicionando clásicos del cancionero vallenato, pero sin dejar de lado la participación en festivales y obtiene el primer lugar en el Festival Hombre Caimán, en el municipio de Plato, Magdalena en el año 1986 y luego en 1990 se corona Rey Sabanero en «La Perla de la Sabana», la ciudad de Sincelejo, y así demostrar su forma magistral y estilo propio con lo que escribió una página con letras de oro en la música de acordeón.
Julio de la Ossa Domínguez, a lo largo de su carrera musical tuvo una amplia y exitosa producción discográfica en las que grabó para distintos sellos como: Tropical, Fuentes, Sonolux, CBS (Sony Music), Codiscos, Curros, de los que se tienen alrededor de 36 trabajos discográficos, y como compositor estuvo cerca de las 150 canciones de su autoría. En su trayectoria musical quedó un abanico de canciones exitosas y clásicas que hacen parte del pentagrama vallenato muchas de él y algunas de otros compositores a los que interpretó con la misma calidad, en la que se destacan: ‘Me dominas’, ‘Orfelina’, ‘Mi visita’, ‘La margentina’, ‘Puya saramuya’, ‘Mi testamento’, ‘La colegiala’, ‘Bella cascada’, ‘Cariñito’, ‘Nunca lo creí’, ‘La sucreñita’, ‘Las cartas’, ‘Media luna’, ‘Carmencita’, ‘Adios María’, entre otras, que son muestra de la gran sensibilidad, vena creativa y musical que tenía este gran maestro. El lunes 28 de septiembre del año 1998, en la capital ganadera de Colombia, Montería, a sus 62 años de existencia, muy joven aún, cuando todavía tenía mucho por aportar, para seguir engrandeciendo la música vallenata, que lo premió por su originalidad, autenticidad, sacrificio, dedicación y persistencia, su voz se apagó y el eco sonoro de su acordeón quedó huérfano, pero su recuerdo intacto en los amantes de esta expresión musical, que lo siguieron y aplaudieron convirtiéndolo en el «Pequeño Gigante del Acordeón: quien se hizo grande con su instrumento, talento y composiciones.
El próximo 30 de abril de este año 2025, la familia de la Ossa Ochoa, en cabeza de uno de sus hijos Jhon de la Ossa, le harán un homenaje al maestro Julio de la Ossa Domínguez en la que se conmemora los 50 años de haber obtenido el título de Rey Vallenato, siendo el octavo rey de este Festival. Hora: 10 am Lugar: Auditorio Casa de la Cultura, Valledupar, Colombia.