JACINTO LEONARDI VEGA GUTIÉRREZ:El «aprendiz de poeta» que se convirtió en un poeta consumado, graduado y con altísimas calificaciones.

«La música es la poesía del aire»: Jean Paul Richter (escritor alemán).

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado.

Los poetas se caracterizan porque mediante reflexiones y frases tienen la posibilidad de conectarse fácilmente con sus emociones, encontrar y usar las palabras adecuadas para narrar situaciones de encuentros o desencuentros y darnos su punto de vista respecto a lo que desean transmitirle al mundo.
Con sus obras nos van entregando sabiduría a través de una de las formas de expresión más diciente: el verso; es decir, que las frases poéticas son una manera de ver la realidad por medio de la lírica, una perspectiva centrada tanto en las ideas como en los sentimientos.

Por allá a mediados del año 1975 cuando Rafael Orozco, quien se iniciaba profesionalmente como vocalista de la música vallenata con un futuro promisorio, al lado del acordeonista Emilio Oviedo Corrales apodado «El Comandante», al cantar el clásico paseo «Cariñito de Mi Vida» lanza una frase que como llama de fuego se propagó rápidamente y quedó grabada en la mente de miles y miles de seguidores de los ídolos que para ese entonces ya empezaban a alumbrar con luz propia en el firmamento vallenato: «El Cacique de La Junta: Diomedes Díaz».

¿La Junta? ¿Dónde queda ese lugar? Y es entonces cuando algunas personas empezaron a darse cuenta, que se estaba haciendo referencia a un corregimiento del municipio de San Juan del Cesar, en el sur del departamento de La Guajira.

Con el correr del tiempo nos enteramos también que ese paraje desconocido para muchos se estaba convirtiendo en una fuente prolífica de auténticos artistas, tales como: acordeonistas, cantantes, verseadores y compositores que ya empezaban a tener reconocimiento regional por sus talentos.
La Junta, un rinconcito muy querido del Caribe colombiano, por la hospitalidad de sus habitantes, sus exóticos paisajes, sus manifestaciones culturales y sus coloridas artesanías elaboradas con la fibra del fique, cuyo nombre se debe a la unión de los riachuelos San Francisco y Santo Tomás; es decir, se «juntan» en medio del pueblo y entonces de ahí se deriva el nombre de «La Junta», cuna del gran Diomedes Díaz que también tuvo el grato honor de tener entre sus hijos ilustres a un cantautor y musi-poeta de los cantos vallenatos: Jacinto Leonardi Vega Gutiérrez, quien llegó a este mundo terrenal un domingo 17 de marzo de 1963 para llenar de alegría el hogar conformado por Jacinto Agustín Vega Zúñiga, natural de San Juan del Cesar, y María José Gutiérrez, nacida en La Junta, ambos guajiros de pura cepa; infortunadamente a los pocos días de nacido queda huérfano de padre y es su progenitora doña María José la encargada de tomar el rol de padre y madre e inculcarle grandes valores y educación al pequeño Jacinto.

Su infancia transcurrió como la de la mayoría de los niños criados en la provincia, llena de alegría: juegos y travesuras infantiles, contacto directo con la naturaleza, aromas a flores y frutos maduros y el sonido emitido por los animales, lo mismo que ese paisaje hermoso conformado por ese vallecito ameno y virginal surcado por dos riachuelos: el Santo Tomás y el San Francisco, lugar llamado por los junteros con el nombre de «Los dos caños» dejando a ambos lados praderas deslumbrantes, pero sobretodo de música, en razón a que al lado de su morada había una cantina donde era normal escuchar las canciones más sonadas en el momento, como los éxitos de la ranchera mexicana de grandes exponentes de la talla de José Alfredo Jiménez, Antonio Aguilar, Pedro Infante, Javier Solís, música sabanera de Pedro Laza y sus Pelayeros, Los Corraleros de Majagual, y juglares vallenatos que ya tenían un nombre posicionado: Luis Enrique Martínez, Alejandro Durán, Abel Antonio Villa, Pacho Rada, Juancho Polo entre otros.
Este ambiente musical sumado a los viajes entre su terruño y la ciudad de los santos reyes (Valledupar), donde cursaba los estudios medios en el tradicional colegio Loperena, fue donde Jacinto precisamente se nutre con las sabias enseñanzas literarias y descubre que en él existe una vena poética, que convierte en canción con facilidad, letras que acompañaba con bellas melodías hechas con su silbido, para lo que se volvió diestro.

Jacinto Leonardi fue un muchacho tímido; tan es así que cuando comenzó a hilvanar sus primeros versos y melodías, los cantaba en los famosos centros literarios que eran una asignatura en las instituciones educativas, pero poniendo como autor a uno reconocido, la mayoría de las veces a Hernando Marín un referente en la composición y negando que eran suyas. Poco a poco se fue dando a conocer y entra a formar parte de esa generación que tuvo contacto directo, con la esencia más pura y verdadera de la cultura vallenata.

Es él uno de los últimos eslabones poéticos de las letras vallenatas, de esos alumnos aventajados que bebieron de la fuente del padre de la lírica de los cantos vallenatos, el gran maestro Gustavo Gutiérrez Cabello; quien tuvo una prolífica camada de alumnos de primerísimo nivel como Santander Durán, Rosendo Romero, Tomás Darío Gutiérrez, Fernando Meneses, Rafael Manjarrés, Roberto Calderón, Marciano Martínez, Hernando Marín y otros a los que Vega Gutiérrez profesa mucha admiración y respeto.

Un día cualquiera su paisano, amigo, colega y maestro Marciano Martínez Acosta, se le acerca y entabla una conversación con él, por un motivo muy especial y era que se había enterado por terceros de su naciente carrera como compositor y es precisamente quien lo aconseja y recomienda para que le graben su primera canción en el año 1982 en la voz de Andrés Ávila y el acordeón de Eliécer Ochoa, meses después pero ya en el año 1983 esa misma canción titulada «El Soñador» fue grabada por el «Chiqui» Escobar en la voz y el acordeón de Emilio Oviedo Corrales «El Comandante», con la cual ya mostraba su estilo poético y riqueza melódica que son como explosiones del alma.

Haber coincidido en su patria chica con reconocidos artistas como Diomedes Díaz, Marciano Martínez, Martín Maestre, Pablo Ariza, además de la amistad desde niño con el segundo Rey de Reyes Gonzalo Arturo «El Cocha» Molina, asimismo las circunstancias de tiempo y lugar desde su infancia y adolescencia perteneciendo a esa generación en la que el acordeón y la guitarra entraron a formar parte integral de su vida teniendo el privilegio de conocer los personajes más representativos del folclor vallenato: Rafael Escalona, Leandro Díaz, Carlos Huertas, Emiliano Zuleta Baquero, Alejandro Durán, Luis Enrique Martinez, Calixto Ochoa entre otros, teniendo la fortuna de haberlos visto a casi todos en el jolgorio de un alegre festival o en un patio en una parranda de la provincia, linda experiencia que es como un divertimento cultural hechos estos que lo condujeron a afirmar con certeza que «él pertenece a la última generación que tuvo la oportunidad de beber de ese manantial cristalino de la época dorada de la música vallenata», quienes fueron los encargados de abrir y diseñar su trocha musical. Sucesos que marcaron para siempre su vida artística y formación personal.

A lo largo de su existencia, ha sido un férreo purista de sus letras, siempre ajustadas a sus vivencias, cuidando cada detalle, donde no hay lugar para la ficción, las palabras plasmadas en sus letras tienen efectos increíbles que llegan con facilidad a los que la escuchan, muchas veces la poesía puede tener unos caminos oscuros, pero existen seres como «El Aprendiz de Poeta», como él se autodenomina, que son tan apasionados y pueden recorrerlos con paso firme y una luz resplandeciente, siguiendo al pie de letra la forma de componer de sus maestros antecesores, es decir; manejando un lenguaje sutil, exquisito y de altura o aquello que yo he denominado como la palabra bien dicha o la más apropiada en los cantos vallenatos.

Es un hombre que tiene una sensibilidad poética a flor de piel, un «aprendiz de poeta» que se convirtió en un poeta consumado, graduado con altísimas calificaciones, un ser de palabras cortas y precisas que necesitó de la música para expresar su sentir.
Este economista de la Universidad Piloto de Bogotá, pero que tiene por dentro un corazón de poeta ejerce su profesión, pero la alterna con sus presentaciones a lo largo y ancho del país y en el exterior, donde los compositores como él se han ganado un espacio musical cantando y contando sus propias historias plasmadas en cada una de sus obras.

Su forma interpretativa siempre deja entrever un marcado estilo poético, soñador, filosófico, lírico, el cual adorna con figuras literarias principalmente metáforas, donde mezcla de forma muy hábil, la belleza femenina, con las flores y el ambiente natural en general; es un intérprete que vive, siente, transmite, seduce y enamora con sus canciones.

En la mayoría de sus cantos es recurrente el amor imposible y el amor ausente, algo que evidentemente marcó al poeta para siempre y a su bella obra musical, el pasado y la desilusión son dos elementos reiterativos en su poesía; es como si sufriera un presente lleno de vicisitudes y para sopesar esa pena se refugia en el pasado, en busca de un amor idealizado que lo nutre y lo revive, algo que ha sido motivo de sobra para que su magistral obra poético-musical haya sido grabada por los más grandes exponentes del canto vallenato, voces como: Diomedes Díaz, Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Beto Zabaleta, Iván Villazón, Farid Ortiz, Silvio Brito, Miguel Herrera, Jairo Serrano, Ivo Díaz, Armando Mendoza han sido portadores del mensaje contundente que encierran sus canciones.

De lo que si podemos estar seguro es que las letras del maestro Jacinto Leonardi Vega Gutiérrez seguirán estando cargadas de un mensaje poético profundo, simplemente porque él no se ha dejado influenciar, ni contaminar por las nuevas propuestas musicales que distan mucho de la esencia pura del folclor vallenato y así lo demostró en sus tres recientes obras llevadas a la grabación en el año 2022: ‘La noche del cantante’ grabada por la agrupación «El Dúo Sensacional» de Los Hermanos Carlos y Guido Malo; ‘Alas de Ángel’, grabada por Juancho de La Espriella y su agrupación «Los de Juancho» y ‘El Cardenal’, grabada por Ivo Díaz y el Rey de Reyes Almes Granados.

A lo largo de su trayectoria musical ha dejado una estela de obras musicales que se convirtieron en clásicos de la música vallenata, canciones como: ‘Cuando me voy’, ‘No se que tienes tu’, ‘Que será de mi’, ‘Cambia el nido’, ‘ Vivo enamorado’, ‘Asi he quedado yo’, ‘Si yo fuera poeta’, ‘La novia del poeta’, ‘Una canción eterna’, ‘Dos estrellitas y tu’, ‘Flores de abril’, ‘ Detrás del mar’, ‘ Sobre las nubes’, ‘ La Única’, ‘Morir cantando’, ‘Mil años después’, entre muchas más que han adornado el cancionero vallenato.
Las inspiraciones del «Aprendiz de Poeta», convertido en un poeta consumado, nos muestran que a través del verso y la lírica, algo que domina a la perfección y lo musicaliza con melodías y armonías que tientan el alma y desnudan el espíritu, es posible acceder a una manera única de interpretar la realidad.

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