Iván Ovalle cantará el Himno de Colombia en el Partido Colombia vs Perú

-El reconocido Cantautor colombiano Iván Ovalle ha sido seleccionado por la Federación colombiana de Futbol y la Dimayor para cantar el Himno de Colombia en el partido de fútbol entre Colombia y Perú, que se llevará a cabo el 6 de junio de 2025.

Iván Ovalle, conocido por su melodiosa voz y su pasión por la música Vallenata, se siente honrado de ser parte de este importante evento deportivo y de representar a su país con su talento.

«Estoy emocionado de cantar el Himno de Colombia en este partido tan importante» Dios nuestro señor sigue haciendo milagros todo el tiempo, dijo Iván Ovalle. «Es un honor para mí representar a mi país y mostrar mi amor y orgullo por Colombia».

El partido Colombia vs Perú promete ser un evento emocionante y lleno de energía, y la participación de Iván Ovalle sin duda agregará un toque especial al evento.

*Detalles del Evento*

– Fecha: 6 de junio de 2025

– Partido: Colombia vs Perú

– Lugar: Estadio Metropolitano de Barranquilla

– Hora: 3:00 Pm]

*Contacto*

Para más información, por favor contacte a:

PAULO ALBA, (Manager)

Celular: +57 3005022000

*Redes Sociales*

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¡Esperamos que disfrutes del partido y de la presentación de Iván Ovalle!

Despedida a Leónidas Moya.

Por: Iván Zuleta Fuentes.

Adiós al corista que le puso alma al canto vallenato: Leonidas Moya Fula

Hoy, Valledupar se viste de luto y de melodía para despedir a uno de sus hijos más queridos: Leonidas Moya Fula, quien partió de este mundo el pasado martes 27 de mayo, silenciado por las sombras de un cáncer cerebral, pero con la resonancia imborrable de su voz palpitando aún en el corazón del folclor vallenato.

En esta mañana de despedida, su cuerpo será conducido desde la Funeraria Recordar hasta la iglesia cristiana La Catedral del Reino, en el barrio Los Músicos, ese lugar donde cada calle tiene nombre de canción y cada esquina guarda una anécdota de acordeones, guitarras y versos. Luego, sus restos descansarán en paz en los Jardines del Ecce Homo, tierra sagrada donde germina la memoria de quienes cantaron con el alma.

Leonidas, de 61 años, fue más que un corista: fue un custodio del legado musical de su padre, el legendario Sergio Moya Molina, autor de La celosa, y un pilar del trío Los Hermanos Moya junto a sus hermanos Sergio y Fredy. Con su voz armoniosa y su oído fino, supo ponerle matices celestiales a los coros de gigantes como Jorge Oñate, Beto Zabaleta, Farid Ortiz y Diomedes Díaz. No era el que estaba al frente del micrófono principal, pero era quien sostenía con firmeza el andamiaje invisible de cada interpretación.

Quienes lo conocieron, no solo recuerdan su profesionalismo y talento, sino esa chispa de humanidad que encendía con una frase sencilla y afectuosa: “¿Cómo estás, pelaito?” Así saludaba a todos, como si cada alma con la que cruzara palabras fuera su amigo de toda la vida.

Hoy se apaga una voz, pero no su canto. Hoy baja el telón de un escenario, pero queda su historia resonando en cada pista grabada, en cada repercusión de tarima, en cada verso entonado en las noches bohemias de esta tierra de cantores.

Ya Leonidas venía padeciendo silenciosamente ese quebranto que lo fue deshojando como se marchita, en la sombra, una flor que no se queja. Lo supimos: resistía, pero cada día era una batalla sin alarde, un acto de coraje envuelto en el manto discreto de quien no desea preocupar a los suyos.

Y sin embargo, la ley implacable de la Parca —esa que no negocia ni posterga, que llega con puntualidad de reloj antiguo— dictó su veredicto. En esta hora precisa, como si el universo hubiese sellado en tinta eterna la página final de su existencia, lo reclamó.

No fue azar, ni castigo, ni accidente. Fue destino. Ya estaba escrito, con la caligrafía invisible del tiempo, que este era su momento de partir. Y partió. No con estrépito, sino con la silenciosa dignidad de los que han comprendido que la muerte no es el final, sino la otra cara de la vida. Su ausencia duele, sí, pero también deja una estela de memoria y sentido. Porque quienes han amado, luchado y vivido con autenticidad nunca se van del todo: habitan para siempre en los corazones que supieron reconocer su luz.

Que la paz abrace tu tumba, Leonidas Moya Fula, y que el cielo reciba a un corista que supo cantarle a la vida incluso en los silencios.

Leonidas, Valledupar te llora, pero también te canta! Que Dios te reciba en su santo seno y descansa en paz.

Diomedes Díaz, artista de amores, dichos y cantos

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Aquel domingo 26 de mayo de 1957, día de San Felipe de Nerí y Santa Mariana de Jesús, nació Diomedes Díaz Maestre, exactamente en Carrizal, jurisdicción de La Junta, municipio de San Juan del Cesar, La Guajira.

Para llegar a este territorio se recorre un camino inhóspito que surcan dos ríos. A su alrededor, todo es dominado por animales silvestres, mientras que la brisa se pasea a sus anchas. El paisaje es acogedor, y todavía está la muestra de aquel lugar donde vino al mundo el artista más grande que ha dado la música vallenata.

Las medidas del vetusto rancho que acusa el paso de los años son de cuatro metros de ancho, por seis de largo; y aún se conservan los estantes, el techo de zinc y el piso agrietado.

En esa dimensión se encierra el tesoro que en aquel tiempo tuvo la pareja conformada por Rafael María Díaz Cataño y Elvira Antonia Maestre Hinojosa, quienes se abrieron paso con trabajo y dedicación, esperando que la vida les sonriera con su carga de 10 hijos: cinco hombres y cinco mujeres.

A pesar de que la estrella del futuro no alumbraba lo suficiente para Diomedes Díaz, con el paso de los años el joven pueblerino brilló con luz propia, y se convirtió en el artista que se impuso contra todos los pronósticos. Cantidad de veces lo vieron nadando contra la corriente, teniendo varias caídas hasta llegar a triunfar.

El primer amor

Precisamente en el recorrido por esa tierra guajira, apareció aquella mujer que fue la primera aventura de amor de Diomedes Díaz. Ella es Bertha Rosario Mejía Acosta, quien se mostró dispuesta a contar la historia. “Estando sentada en la caseta de Rosario Maestre, en La Junta, con motivo de los carnavales, sin darme cuenta, se me acercó y me estampó un beso en la espalda. Yo tenía puesta una blusa de canastica. Entonces le reclamé y me dijo que le había provocado porque yo le gustaba”.

Continuó llamando a los recuerdos. “Todo siguió de coqueteo en coqueteo y todo iba en aumento y cuando vinimos a darnos cuenta estábamos emparejados. Con decirle que él no podía llegar a mi casa y nos veíamos a escondidas porque mi mamá, (Eugenia María Acosta), no lo aceptaba, porque era un pelao parrandero y no le veía ningún futuro”.

Esos amores juveniles los destacó de la siguiente manera. “Fueron amores verdaderos con esa inocencia de antes, y que se hicieron más fuertes porque eran prohibidos. De esa unión nació Rosa Elvira, exactamente cuando el muchacho ‘Medes’, como yo lo llamaba, tenía 17 años, tres meses y 12 días de edad”. Hizo la cuenta precisa. Su hija escuchó el relato contenta y agradecida.

Los dichos de ‘El Cacique’

El artista devoto de la Virgen del Carmen dejó una estela de dichos que lo hicieron famoso a lo largo de su carrera artística. De esa cosecha, está el principal. “Como Diomedes no hay otro, ese nunca nacería, y si nace no se cría, y si se cría se vuelve loco”.

Después llegaron en serie. “Denme licor que la vida es corta y lo que no se nos va en lágrimas, se nos va en suspiros”; “Que vivan las mujeres, las dueñas de los hombres y las que nos ponen a trabajar”; “Estoy más contento que un muchacho en recreo y con el raspao en la mano”; “Denme licor que el agua es pa’ las matas”; y “Mátame guayabo, ya que el amor no pudo”, entre otros.

También muchas veces le formularon preguntas sueltas y con su inteligencia natural, contestaba. “A mi me gustan las mujeres feas porque muchos no las miran, en cambio a las bonitas, sí”. Siguiendo con el tema, señaló. “Me llaman la atención las muchachas del servicio doméstico. Ellas son buenas, nobles y sanas”.

Diomedes Díaz, sentó catedra del amor a la familia. “A los hijos hay que quererlos, a los hijos hay que cuidarlos. Porque el hijo siempre es hijo, salga bueno o salga malo”. De igual manera, dijo que la envidia era una enfermedad incurable como el cáncer. “Hay envidiosos con estilo propio y les luce”.

En medio de las historias que tuvieron ocurrencia en la vida de Diomedes Díaz, sobresale el cariño a su fanaticada hasta regalarles una canción. “Toditas mis canciones siempre se refieren al amor, pero esta vez mi inspiro pa’ cantarle a mi fanaticada. Porque un artista solo, no puede conservar su valor y hay que reconocer que ninguno nace con fama. Por eso yo con mi fanaticada, siempre contento vivo cada día, cantándoles bonitas melodías, de esas que yo compongo con el alma”.

Dos canciones

El talento innato de Diomedes Díaz, lo llevó a componer una serie de canciones donde los hechos de su vida eran los protagonistas. Incluso, le hizo una canción a su primera cana, noticia de su vejez.

A Rafael Orozco, le correspondió cantarle el tema ‘Cariñito de mi vida’, (1975), haciendo hizo un paseo por la naturaleza cuando el amor se asomaba en su pensamiento. «Ay, en tiempos de invierno a las montañas, las cubren las nubes en la cima, y se reverdecen las sabanas, se colma la fauna de alegría. Y se alegra el campesino, la esperanza lo emociona. Y yo entre más días te deliro, en invierno y verano ando ahora«.

Después gustoso Iván Villazón interpretó el tema ‘La sombra’, (1987) donde ‘El Cacique de La Junta’, pudo fotografiar en palabras ese instante de la inspiración. “Cuando he mirado mi sombra yo la comparo tal como soy. O de pronto será el sol que me dibuja en la tierra. Pa’ que comprenda que ella, siempre será lo que soy, y que de pronto me voy, y ni la sombra me queda”.

Así era el hijo el hijo de Rafael y Elvira, quien trazó su sendero desde aquellas mañanas frías en el pueblo de La Junta, donde el viento regalaba aromas lejanos y nacían los primeros versos que el pentagrama vallenato tiempo después recibió con los brazos abiertos. Diomedes, por siempre.

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Un compositor por dentro: charla con el abogado y compositor de música vallenata, doctor Ignacio Cantillo Vázquez. Segunda parte.

Piensa como un hombre sabio pero comunícate con el lenguaje de la gente»: William Butler Yeats (poeta y dramaturgo irlandés).

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

El pasado 23 de noviembre del año 2024 en este prestigioso medio informativo Estampas Vallenatas, se publicó una charla muy amena, agradable y fructífera que tuve con el hombre de leyes y compositor de música vallenata Ignacio Cantillo Vázquez, en donde me habló de varios temas, pero sobre todo se hizo mucho énfasis en lo referente a sus canciones. Como la conversación se hizo muy extensa y fue tan agradable que por momento parecía no tener fin, quiero retomar en esta segunda entrega, algunos apartes y darles a conocer lo que implica componer cantos vallenatos y la mirada de un creador musical desde adentro.

¿Usted considera qué es posible enseñar a componer canciones?

Voy a decir una frase que sobre este tema le escuché a un amigo. Esta persona afirmaba coloquialmente «que no es posible enseñar a componer, pero que sí era posible aprender a componer». Y a renglón seguido decía: cuando un individuo nace con esa pasión y, adicionalmente se levanta en un medio donde se respira música, casi que con toda seguridad y sin darse cuenta, él o ella, va copiándole a sus compositores más cercanos esa manera de contar los temas de la cotidianidad mediante versos y melodías. Poco a poco se va enriqueciendo y, lo que es más importante, se va convenciendo que, lo que hacen otros, esa persona lo puede hacer. Una vez que da ese salto, la pasión lo invade y es entonces cuando comienza a indagar los métodos que utilizan compositores de trayectoria con el propósito de adecuarlos al esquema o esquemas que viene utilizando.
Sin duda que, en términos académicos, es posible que la persona interesada en aprender a componer pueda reforzar la estructura de un verso o el hilo conductor de una historia pero, definitivamente, en mi modesto concepto, el «tumbao», la picardía, el sentimiento, la armonía secuencial, la inspiración, entre otros factores, resulta muy complicado aprenderlos en un salón de clases.

¿Cuál es la razón por la qué pocas personas del mundo vallenato han interpretado sus canciones?

Usted tiene razón, sólo Ivo Díaz, Jimmy Murgas, Orlando Acosta y recientemente la Reina Mayor 2024 Sara Arango han cantando mis composiciones. Pienso que ello se debe a que son poseedores de un gran talento que les permite interpretar cada verso con «posición propia»; es decir, como si hubiesen compuesto la canción. Adicionalmente tienen un estilo propio del vallenato raizal, ese que sabe a yuca, malanga, carne salá. Y en el caso particular de Ivo y Jimmy se han preocupado por conservarlo y sentirse orgulloso de ello. A parte de eso, la gran mayoría de mis canciones llevan el sello del Rey de Reyes Almes Granados y con esos tres maestros de la música vallenata me une una gran amistad, conocen y respetan lo que yo he venido haciendo desde hace varios años.

¿Cuál fue el momento más difícil qué le tocó pasar como compositor, después de haber hecho sus primeras canciones?

Bueno, yo creo que el hacer versos y tararear la respectiva melodía como quiera que es, casi siempre, una labor individual, solitaria, en principio no genera demasiado estrés. El temor, el miedo aparece cuando el compositor decide mostrar sus obras a personas cercanas, algunas de ellas conocedoras, en buena medida de lo que es un buen vallenato. Es ahí donde se genera una sensación un poco púdica, pues eso produce algo de vergüenza, de miedo a hacer el ridículo y a expresarse o exponerse a que de un tajo le maten a uno esa iniciativa que apenas está naciendo. Sin embargo, debo decir que una vez superada esa etapa, poco a poco se va cogiendo más confianza y después de varios intentos, el trabajo continuo y la fe en Dios, permiten adquirir seguridad hasta el punto de subirse en una tarima junto con el conjunto que presenta una de sus canciones inéditas en un festival.

¿En su opinión, el compositor nace o se hace?

Esta es, sin duda una respuesta compleja y sobre la cual he debatido mucho con varios compositores, sin encontrar una opinión que me deje totalmente satisfecho. En razón de ello, me he conformado con aportar a la discusión el siguiente planteamiento:
1- Considero en principio que, como toda actividad humana, este arte de componer canciones es susceptible de ser enseñado y aprendido.
2- Creo que para enseñar y, sobre todo para aprender algo en la vida, se requiere nacer y/o adquirir un especial interés o lo que es lo mismo, una pasión que mueva a la persona casi con obsesionarse por aquello que quiere asimilar.
3- Encuentro necesario que tanto el aprendiz como el maestro requieren establecer o adquirir un método que les permita transitar por ese camino con el propósito de ser cada día más diestros en el arte de componer.
Sin embargo, debo reconocer que en algunos casos que conozco, por ejemplo en las familias Zuleta, Romero, Díaz (descendientes del maestro Leandro) o los Díaz (descendientes de Diomedes), pareciera que existe un componente genético que hace que a muchos de sus hijos y/o nietos, de una manera natural, se les facilitara hacer versos con los que narran hechos y situaciones de su cotidianidad. A ellos nadie se dedicó a enseñarles, aprendieron viendo y sintiendo que hacerlo era posible y se convencieron que al llevarlo en su «sangre», podían atreverse, se atrevieron y algunos lo han logrado. Desconozco si esto pudiera tener algún trasfondo científico.

¿Cuál es el impacto que tienen las historias en la música vallenata?

Las historias transmiten conocimientos, memoria y sentido a lo que se narra. Inconscientemente y a medida que la historia se desarrolla, nos imaginamos como va a ser el final y muchísimas veces, nos lleva a sentirnos protagonistas al apropiarnos de lo que se cuenta o se canta.
De manera adicional, una historia bien contada acerca del origen de una canción, genera una especial empatía en la mente de quien posteriormente escucha la pieza musical.
Aquí también resulta oportuno mencionar que en el universo del vallenato y de manera particular en las provincias del Cesar, La Guajira, y el Caribe colombiano en general, la oralidad es y ha sido siempre la más predominante de las vías de comunicación. Desde que nacemos las historias han formado parte de nuestro entorno: abuelos, padres, hermanos, vecinos, matronas, entre otros, siempre han contado historias y eso hace que nos deleitemos contándolas, escuchándolas y, aún más, cantándolas.

¿Cómo fue ese proceso qué vivió para decidirse a mostrar sus canciones a personas fuera del entorno familiar?

Durante muchísimo tiempo yo estuve seguro interiormente de que lo que escribía en versos o en prosa, no le interesaría a nadie. No obstante, cuando me tuve que enfrentar a la soledad, a la lejanía de mi familia, al reto de estudiar en una universidad lejos de mi tierra, rodeado de personas con costumbres distintas a las mías, tuve bastantes momentos de nostalgia en lo que añoraba que, ojalá alguien pudiera interesarse, algún día en mis escritos. Fue así como comencé a sentir la necesidad de mostrar lo que hacía, pero el miedo, el temor y la timidez, se sobreponía a cualquier impulso de dar ese paso.
Transcurrieron varios años en que fui madurando hasta darme cuenta del valor de la fuerza, de la contundencia que tienen las palabras, tanto para quien las emite como para quien las escucha. Poco a poco me fui dando cuenta que los recuerdos que estaban dentro de mí cada vez hacían más ruido en mis instantes de silencio, tocaban mi sensibilidad, a tal punto que, aún hoy, es inolvidable ese impacto que se produjo el día que escribí mi primera canción y redacté su respectiva historia.
Estoy seguro que fueron todas esas emociones y diálogos internos lo que terminaron rompiendo el temor que ya mencioné y un día en una parranda en la ciudad de Valledupar el Rey Vallenato Wilber Mendoza Zuleta fue mi compañero de aventura en el momento que me atreví a cantarle a tan exigente público una de mis canciones inéditas. Desde ese suceso, para mí mágico, me entusiasmé para seguir contando historias y haciendo canciones que el Dios de la vida me regala cada vez que mis ruegos logran impactar la inmensa generosidad que él siempre ha tenido conmigo: regalarme esos espacios de inspiración.

¿En la vida para qué le ha servido ser compositor de música vallenata?

Tal como lo he dicho en otras oportunidades, componer me ha servido fundamentalmente para expresar mis sentimientos y los de otras personas. Asimismo, ha sido una herramienta para hacer vínculos pero hasta ahora no ha contribuido en nada para ganarme la vida, pues al día de hoy no he recibido dinero alguno proveniente de las más de cincuenta canciones que he compuesto. Ello se traduce en que, el montaje, la producción y la promoción de cada una de ellas las realizo con mis propios recursos para lograr que personas del nivel de Almes Granados e Ivo Díaz me apoyen en cada uno de esos proyectos musicales.

¿Lo qué usted expresa en sus versos de dónde le nacen, qué lo inspira?

Siempre que me preguntan por estos aspectos respondo lo mismo, porque no puede ser de otra forma: lo que yo soy capaz de expresar en mis composiciones nace o proviene de la observación de hechos y situaciones de la vida real, emana de escuchar, de ver, de sentir y con todo eso hago un «mazacote», como diría mi abuela, el cual posteriormente voy «amasando» hasta lograr ir dándole forma a unas ideas que poco a poco hago encajar en los versos y la melodía que Dios me va inspirando.

¿Cuánto tiempo dura normalmente para hacer una canción?

Mire eso es muy relativo, todo depende de la inspiración, de cómo me encuentre anímicamente. Algunas he logrado estructurarlas en cuestión de días. Pero con otras me he gastado semanas y hasta meses con una idea dándome vueltas en mi mente, hasta que sin un motivo aparente, la criatura nace de una forma natural, como si me estuvieran dictando las palabras y la melodía. Lo que si he comprobado es que eso no se puede forzar, hay que dejar que el proceso fluya en el tiempo y bajo las condiciones que el Supremo Creador disponga.

¿De los cuatro ritmos vallenatos (son, paseo, merengue y puya) cuál le parece el más complicado para componer y por qué?

Pienso que en términos generales, pareciera que el menos complicado por su estructura es el paseo. Sin embargo, en opinión de muchos compositores incluido el suscrito, el merengue tiene una importante complejidad para articular los versos con los cambios melódicos que debe tener uno, que cumpla con los requerimientos que exigen los expertos vallenatólogos.
Por otra parte, debo reconocer que en el son y la puya es poco o nada lo que he incursionado. Lo cierto es que hasta ahora, en el listado de mis canciones, sólo existen dos sones y ninguna puya.

¿Hablemos del proceso de salvaguarda de la música vallenata, qué opina de lo que vienen haciendo al respecto actualmente?

Mi opinión, como simple observador, es que han avanzado muchísimo en el proceso de enseñanza de los instrumentos del vallenato clásico. Hoy , para mi satisfacción en casi toda la Costa Caribe se encuentran niños y jóvenes de uno y otro sexo mostrando unas destrezas admirables, emulando a los intérpretes que los han precedido en esas lides.
Pero mi preocupación se centra es en que pareciera que muy poco se viene haciendo para incentivar a los muchachos a que esa pasión que sienten por el vallenato los conduzca a atreverse a trasegar en el camino de la composición.
Está demostrado científicamente, que los humanos aprendemos imitando a otros seres semejantes, bien valdría la pena como estrategia válida, entre muchas otras, que el Ministerio de la Cultura, la Fundación de la Leyenda Vallenata, Sayco, por ejemplo, estructuraran unos planes y programas donde se generaran espacios lúdicos, conversatorios, talleres, donde los compositores pudieran compartirle a los niños y/o adolescentes interesados en el arte de componer canciones, sus vivencias, sus métodos, su proceso de aprendizaje y de manera especial la forma como ellos fueron capaces de vencer sus temores y aventurarse en ese mundo apasionante de hacer letras y melodías.

¿Y por último, qué le gustaría dejar cuando le toque partir de este mundo terrenal?

En lo espiritual, mi eterna gratitud con ese Dios que me regaló tantos momentos de inspiración a través de su Espíritu Santo. En el plano material, mi mayor aspiración es dejar en la mente, en el alma de las personas con las que transité pedazos de camino por la tierra mis canciones que cuando las escuchen les evoquen recuerdos, vivencias, momentos de alegría, de nostalgia de amor por la vida y lo que ella ofrece. También me gustaría que a través de mis composiciones mi esposa, esa musa que me inspiró tantas de ellas, mi hijo, mis nietos, mis familiares y mis amigos sintieran mi eterno agradecimiento por todo el apoyo y cariño y también, por supuesto, a esos músicos que estuvieron siempre conmigo: Ivo Díaz Ramos, Almes Granados, Jimmy Murgas, Hadiel Vega, Alejandro Cuisman, Hernán Cuesta, entre otros.

Dominar el arte de mantener una conversación interesante es una habilidad valiosa, que la verdad muy poco poseo pero que puede mejorar significativamente cuando nos encontramos con interlocutores como el doctor Ignacio Cantillo Vázquez quien se caracteriza por tener una buena fluidez verbal y gran conocimiento de su oficio que hacen de sus respuestas un completo aprendizaje. Razón por la que lo escuché genuinamente y quedé satisfecho con sus conceptos, algo que le imprimió dinamismo a nuestro diálogo.

DIOMEDES DÍAZ Y SU ENTORNO CON LA MUERTE

Autor: Enrique Ustáriz Barros

“Una muerte mal venida me afecta mucho, pero a mí me afectaría más la muerte mía…eso me daría duro porque no se para dónde voy, no me gustaría morir de ninguna forma…no me gustaría ni de viejo” Diomedes Díaz

Indescifrable y complejo fue el artista más importante que ha tenido la música vallenata en toda su historia, indiscutiblemente todos los que inician leyendo este escrito saben que me voy a referir a Diomedes Díaz Maestre, era tan misterioso “El Cacique de la Junta” que su manera de pensar lo convirtió en un “filosofo criollo,” él tenía una forma muy peculiar para analizar la muerte del ser humano, más sin embargo en el entorno de este personaje casi siempre se presentaron tragedias y algunos casos de muerte.

DEDICATORIA CON MUERTE.

En el año de 1.978 aparece el álbum musical titulado “La Locura” este trabajo musical lo realiza Diomedes Díaz con el acordeón de Juan Humberto Roys, en esta obra sonora de música vallenata despuntó una canción de la autoría de Hernando Marín Lacouture, titulada “Lluvia de Verano,” en este canto que después se convirtió en un suceso melódico de la música vallenata, se le rendía un homenaje a cierto personaje oriundo del Departamento de la Guajira llamado Lisímaco Peralta, que por aquella época era un “celebre” marimbero (persona que comercializaba marihuana) de la Costa Atlántica. Con motivo del lanzamiento de esta obra musical se realizó un baile en el municipio de Manaure (La Guajira) en dicho evento se formó una balacera donde resultaron varias personas asesinadas y paradójicamente uno de los fallecidos fue el personaje al cual se le dedicaba la canción

ACCIDENTE Y FALLECIMIENTO

En el momento en que Diomedes Díaz recién iniciaba a saborear las mieles del triunfo de su carrera artística sufre un accidente de tránsito cuando viajaba con varios amigos desde La Junta (La Guajira) a Valledupar, la catástrofe ocurrió en la entrada a la capital mundial del vallenato, en un vehículo tipo camioneta con carrocería de estacas propiedad y conducida por el autor del tema titulado “Tres Canciones;” en este trágico percance automovilístico muere el primer mentor musical de Diomedes, el fallecido fue un hermano de Elvira Maestre Hinojosa madre de Diomedes Diaz, es decir, su tío el compositor Martín Maestre Hinojosa, (26 años de edad) en este infortunio Díaz Maestre sufrió varias heridas. Después de este acontecimiento “El Cacique de la Junta” juró no conducir más un vehículo y así lo cumplió. A partir de este capítulo a Diomedes se le detectaba el temor que le tenía a la muerte, se le notaba en las canciones de su autoría o en las que cantaba de otros compositores, esto quedó plasmado en una canción que grabó en los años 80s titulada “Sueño Triste” de “Calixto Ochoa”

DIOMEDES TEMÍA MORIRSE

Diomedes Díaz tenía una manera muy particular de analizar la muerte y sería una vil mentira negar que el artista más vendedor de música en Colombia le temía a esta.

En el año de 1.982 grabó la canción “Sueño Triste” de la autoría de Calixto Ochoa, allí expresó “en la revelación de un sueño yo presenciaba mi cadáver, pero eso tenía un misterio porque yo amanecí graba el día que muera este negro quedará de luto el valle”

Para el año de1.989 “El Cacique de la Junta” se inspira con este fragmento “Ay! No me quiero morir por que me duelen mis hijos” este apareció en la canción titulada “El Condor Herido”

Por allá en 1.991 a raíz de la muerte de su querido compadre el Doctor Armando Arredondo Daza (qepd) se inspira en una canción muy triste titulada “Mi Ahijado” aquí brilla este verso: “Le compuse estos versos a “Pachito” para que así recuerde a su papá, porque hombres como él somos poquitos, que viven como vivió Jesucristo y mueren a muy temprana edad”

En el año 1994 fallecieron en un trágico accidente de aviación varios integrantes de su agrupación entre ellos: Rangel “Maño” Torres, Eudes Granados y Juan Humberto Roys; después de la muerte de estos hermanos de batalla musical Díaz Maestre comenzó a sentir más miedo por la muerte, pero nunca se detuvo a pensar que la vida que él llevaba no era la correcta, era una vida llena de desórdenes donde le tocó enfrentarse a la enfermedad llamada Guillain-Barré.

Para el año 1.995 sale una producción musical con el acordeón de Iván Zuleta titulada “Un Canto Celestial” canción de la autoría de Diomedes Díaz donde le rinde un pequeño homenaje a sus tres compañeros fallecidos en el accidente aéreo y de paso a su tío Martín, en esta oportunidad el saludo fue: “por eso de Jesucristo para acá que vivan los hombres, muertos o vivos pero que vivan los hombres”

 En el año 1996 realiza un trabajo musical donde aparece una canción titulada “Muchas Gracias” de su propia autoría y que además sirvió de título genérico para este trabajo musical, ahí aparece otra frase que Díaz Maestre asociaba con la muerte: “el día que se acabe mi vida les dejo mi canto y mi fama”

Cuando Díaz Maestre sufría del síndrome del Guillain-Barré hace una canción llamada “Volver a Vivir” año 1.998 que también sirvió de título al trabajo musical que sacó ese año aquí apareció esta frase: “Una de esas cosas bonitas, es que estoy vivo todavía, esperando desde ese día que tuve la muerte cerquita” Cosas de la vida o casualidad que en este mismo trabajo aparece una canción de Calixto Ochoa titulada “El Esqueleto” tema que paradójicamente también habla de la muerte del ser humano dónde se destaca el siguiente verso: “Se acaba la vida, se acaba el misterio, cuando uno se muere ya no vale na, aquí vale igual un pobre pordiosero que el más ilustrado de la sociedad..si señor”

Creo que Diomedes Díaz luego de superar la difícil situación que vivió con la enfermedad del Guillain-Barré ya no era el mismo que todos conocimos años atrás, al parecer sus manejadores no le dieron el reposo que necesitaba después que recuperó su salud.

ENTRE EL BIEN Y EL MAL.

He aquí una de las ultimas ocurrencias hecha canción del “filósofo criollo” llamado Diomedes Díaz Maestre donde vuelve y manifiesta el temor de morir.

“Una mañana que me levanté temprano.

 Analizaba que la vida es pasajera

y que vivimos y nacimos en la tierra

A la hora del principio del final.

Casi me pongo a llorar.

Luego me puse a reír.

Cuando deseaba poder perdurar.

Porque no quiero dejar de existir”

HASTA QUE LA MUERTE LO SORPRENDIÓ.

En los inicios del mes de Diciembre del año 2013 en la ciudad capital mundial del vallenato se murmuraba una falsa noticia dónde se comentaba que Diomedes se había muerto, era tanto el amor de la gente por el artista que lloraban y al compás del llanto sonaban sus canciones; a raíz de este falso rumor en la canción titulada “Cuando Muera” de la autoría de Abel Antonio Villa, aquí “El Cacique” como entregando parte de tranquilidad para sus seguidores les envía el siguiente saludo: “y según el último diagnóstico médico jajajaja ¿qué sucede cacique? por ahora la muerte tendrá que esperar, tendrá que esperar…aleluyaaaa”

Diomedes no inició la vejez porque esta técnicamente se inicia a los 60 años y a Díaz Maestre la muerte lo sorprendió durmiendo en una habitación de su residencia ubicada en el barrio Los Ángeles de Valledupar (Colombia) el 22 de diciembre 2.013 a causa de un paro respiratorio cuando se encontraba descansando un día después de haber brindado un concierto en la ciudad de Barranquilla, esta noticia se regó por todo el mundo dejando muchas lágrimas y tristeza entre los seguidores y amantes de la música vallenata y de otros géneros musicales. El funeral de “El Cacique de la Junta” fue apoteósico tal como él en vida lo describía; su fanaticada despidió llorando al hombre que por más de 30 años les regaló su música, hubo mucha gente y muchos vendedores brindándole el ultimo adiós al artista más grande que ha tenido y tendrá la música vallenata

“Todos los días pienso en la muerte…diario, no quiero morirme le saco el cuerpo a cada ratico; si yo supiera que uno sirviera más muerto que vivo yo me moriría hoy mismo…pero yo, no se Ernesto…no se…imagínate uno enterrao bajo la tierra y con esos calores que hacen ahora” Diomedes Díaz Maestre.