El Festival de la Leyenda Vallenata continúa su sonora marcha triunfal

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Todo sucedió un mediodía del mes de febrero de 1968 cuando varias personas se dieron cita en la casona de Hernando Molina Céspedes, ubicada en la Plaza Alfonso López de Valledupar, para darle forma a lo que más adelante se llamaría Festival de la Leyenda Vallenata, el cual sería el complemento de la fiesta patronal de Nuestra Señora del Rosario.

De esta manera Alfonso López Michelsen, Consuelo Araujonoguera, Rafael Escalona, y un grupo de amigos pusieron a marchar el 26 de abril de 1968 la fiesta que coronó como primer Rey Vallenato a Gilberto Alejandro Durán Díaz, quien provenía de las sabanas del municipio de El Paso, Cesar.

La historia siguió su curso y el Festival de la Leyenda Vallenata se levanta victorioso teniendo la particularidad de abrir corazones, multiplicar alegrías y tener en sus acordeoneros, compositores, verseadores, cajeros y guacharaqueros a unos genios que se dedican a llevar correos cantados, versos rápidos o ser simplemente periodistas musicales.

Ya lo dijo Roberto Calderón: “Pa’ que leer un periódico de ayer, si buenas nuevas nos trajo el sol de hoy”. Con la información plasmada en un acordeón, una caja, una guacharaca y la voz enamorada, el compositor Alonso Fernández Oñate, proclamó. “Soy vallenato de los verdaderos, de pura cepa y de corazón”.

Después de estar dándose una verdadera cátedra de vallenato auténtico pasó del 30 de abril al 4 de mayo, el 57° Festival de la Leyenda Vallenata, un soberano homenaje al cantante Iván Francisco Villazón Aponte, ese mismo que puso su voz al servicio de la música vallenata y dibujó desde su corazón el amor al folclor.

El acordeón comunicativo

No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo escuchamos se nos arruga el sentimiento”, dijo Gabriel García Márquez, para significar las bondades emocionales que produce un buen vallenato. El único Premio Nobel de Literatura, quien conoció y platicó con los juglares, le expresó al mundo que su libro ‘Cien años de soledad’ era un vallenato de 350 páginas.

Excelente manera para exaltar una música que nació en los corrales de distintos caseríos de la costa Caribe colombiana, interpretados con su acordeón por hombres campesinos curtidos por el sol y las labores propias de su entorno, cuyo descanso era divulgar los mensajes de la cotidianidad.

Así nació el vallenato, que con el correr de los años fue creciendo  hasta salir de esos pueblos dando a conocer sus canciones, teniendo la esencia misma de la boñiga, la tierra mojada, el tinto mañanero, un sentimiento puro, ese que nace del alma con agradable sabor a cielo.

Exactamente la poesía campesina hacía posible la diversificación de cuatro hermosos aires que tienen como particularidad distintas velocidades, partiendo de la lenta hasta llegar a la más veloz. De esta manera, lo manifestó el juglar Ovidio Granados. “Los aires vallenatos son cuatro bellos hijos con distintos caracteres: joviales, alegres y acelerados”.

La mejor forma de saberlo es cuando el acordeonero pone sus dedos a cabalgar en el teclado de su bendito instrumento, y salen las notas precisas haciendo posible escuchar paseos, merengues, sones y puyas.

Cantos que nunca mueren

Quién no tiene presente al primer “arquitecto – compositor” quien le prometió a su hija construirle una casa en el aire para que viviera bonito en las nubes con los angelitos; o cuando dos hombres curtidos por penas y alegrías, se trenzaron en un duelo de versos para decirse verdades hasta acabar la vaina.

En fin, son tantas las historias haciendo posible remitirse a un negro de ébano quien se dio el lujo de comunicarle al mundo que en un pedazo de acordeón tenía pegada su alma. Quizás, falte también traer el pensamiento del poeta ciego del vallenato, el cual en un verso hizo caminar a su adorada Matildelina, para que se efectuara aquel milagro y una porción de tierra sonriera.

Las historias de las canciones vallenatas tienen el encanto propio de las cosas que nacen benditas, y con el paso del tiempo se van expandiendo como el bostezo, de boca en boca.

Todo este recuento es preciso hacerlo, porque después de ser conocidos en la provincia, vino un acontecimiento que les cambió la vida a estos hombres que se dedicaban a producir música esencialmente para alegrar a los amigos y a las mujeres que le tocaban su corazón. Nació en Valledupar, el Festival de la Leyenda Vallenata, el mismo que se ha convertido en la matriz para otros eventos del mismo género.

Máxima fiesta de acordeones

Cuando el final se acercaba, Iván Villazón al bajar de la tarima ‘Colacho’ Mendoza del Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, estuvo lleno de la más grande emoción. “Había pensado en mí homenaje, pero sobrepasaron mis cálculos. Esto es lo más grande que ha pasado en mis 40 años de vida musical. Gracias a todos y seguiré adelante hasta que Dios me lo permita”.

Miles de historias se tejieron durante la 57 versión de este acontecimiento musical, cuyo epicentro fue la Capital Mundial del Vallenato, donde se sigue conservando y promoviendo el vallenato raizal, ese mismo que en el año 2015 fue declarado por la UNESCO como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

El Festival de la Leyenda Vallenata continúa su sonora marcha triunfal, viendo al veterano acordeonero y compositor Julio Cesar Romo Mendoza, quien cuenta con 76 años, y al niño verseador Lucas Sebastián Vega Fernández, de 8 años, subirse en distintas tarimas para regalar su talento innato con esa alegría que contagia. De igual manera, observando las sonrisas de los nuevos Reyes y Reinas que reciben los aplausos por alcanzar sus sueños anhelados.


.

El Desfile de Jeep Willys Parranderos se convirtió en un encuentro rodante lleno de alegría y música

Bajo una tenue lluvia Valledupar recibió en sus calles el desfile de Jeep Willys Parranderos que durante cuatro horas, se demostró que las tradiciones y costumbres ruedan y se convierten en realidades.

Todo giró alrededor de más de 130 vehículos los cuales hicieron su recorrido triunfal que estuvo encabezado por el alcalde de Valledupar Ernesto Orozco y el presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata Rodolfo Molina Araújo.

Este acontecimiento contagió a los vallenatos quienes salieron a las calles a saludar y aplaudir el paso de los Jeep Willys Parranderos y toda su parafernalia, demostrando la riqueza cultural y musical de esta tierra, donde se elaboran cantos que llevan el sello de la originalidad.

Precisamente, el presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata Rodolfo Molina Araújo, sobre este hecho anotó. “Desde el año 2009 que salió el primer desfile nunca había visto tanto fervor lo que ratifica que en Valledupar, el Festival de la Leyenda Vallenata anda con el pie derecho. Además, teniendo el mayor sentimiento folclórico lo que reafirma el orgullo e identidad de nuestra querida tierra”.

De igual manera, Rodolfo Molina Araújo, agradeció el compromiso del alcalde Ernesto Orozco al respaldar el Festival de la Leyenda Vallenata que tendrá su acto inaugural el primero de mayo a partir de las 7:00 de la noche en el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, con grandes sorpresas culturales, folclóricas y musicales.

Con este Desfile de Jeep Willys Parranderos coordinado por Clemente Pachín Escalona, se puso de presente el sentido de pertenencia del pueblo vallenato, teniendo desde ahora la presencia de miles de concursantes que demostrarán con notas de acordeón, cantos y versos que el Festival de la Leyenda Vallenata sigue dando los mejores resultados en la conservación y promoción del vallenato raizal.

La arraigada tradición mostró una cara feliz contando con la más grande aceptación, en esta ocasión en homenaje a Iván Villazón, ‘La Voz Tenor del Vallenato’, quien agradeció la puesta en marcha de este evento que durante seis días tendrá a todos en estado de ‘Ay Hombe’, convirtiéndose en una experiencia única e inolvidable.

JUAN RINCÓN VANEGAS

Jefe de Prensa

Fundación Festival de la Leyenda Vallenata

Carrera 19 No. 6N-39

prensa@festivalvallenato.com

www.festivalvallenato.com

Celular: 3182406485

Twitter – Instagram: @juanrinconv

Facebook: Juan Rincrónica

Valledupar – Colombia

El desfile de Jeep Willys Parranderos se tomará a Valledupar con su carga de recuerdos y alegrías

El tradicional desfile de Jeep Willys Parranderos promovido por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata desde el año 2009, volverá a recorrer las calles de Valledupar el sábado 27 de abril a partir de las 3:00 de la tarde, siendo encabezado por el cantante Iván Villazón, homenajeado del 57° Festival de la Leyenda Vallenata.

Esta caravana es un rescate de la antigua costumbre de legendarios parranderos, quienes recorrían las calles de Valledupar y pueblos cercanos a bordo de estos automotores, en cuya parte trasera llevaban un conjunto típico vallenato.

El citado desfile es una remembranza de la costumbre que data  de los años 60 y 70 del siglo pasado, que logró inmediata acogida desde el momento en que fue instituido. Esta vez el recorrido tendrá en marcha a más 100 Jeep Willys Parranderos, que pondrán la mejor nota llena de colorido, música y alegría.

El desfile tendrá el siguiente recorrido. Salida desde el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, glorieta de la Pilonera Mayor, hasta la calle 12, (Giro hacia la izquierda). Calle 12 hasta la carrera cuarta (Giro hacia la derecha). Carrera cuarta hasta la Calle 32 (Giro a la derecha), pasando por el Parque de los Algarrobillos y el Centro Comercial Mayales Plaza, hasta la Carrera 12 (Giro hacia la izquierda). Carrera 12 hasta la Y con Avenida Simón Bolívar (Giro hacia la derecha) hasta la glorieta Los Músicos., hacía la diagonal 21 hasta el Obelisco, sigue hacía la carrera 31 (Giro a la derecha en la glorieta de la Chicha Maya del Batallón La Popa hasta la carrera 23. (Giro hacia la izquierda hasta la avenida Sierra Nevada llegando a la glorieta de la Pilonera Mayor y concluye en el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’.

Sobre este acontecimiento andante el coordinador del desfile Clemente Pachín Escalona, anotó. “Volveremos a cumplir la cita gracias al compromiso adquirido desde hace 15 años por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, teniendo el apoyo de los propietarios de los Jeep Willys que llegan procedentes desde distintos puntos del país, además, los de Valledupar y la región. A todos los invitamos a este acontecimiento que dará la bienvenida al 57° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al maestro Iván Villazón”.

Desfile de Piloneras

Finalmente se anota que el desfile de Piloneras  en las categorías infantil y juvenil, se realizará el martes 30 de abril partiendo del colegio Alfonso López y terminando en la glorieta Pedazo de acordeón. Hora de salida: 2:00 P.M.

En cuanto al desfile de Piloneras en la categoría mayor será el miércoles 1° de mayo saliendo del colegio Alfonso López, hasta la glorieta La Pilonera Mayor. Hora de salida 1:00 P.M.

‘Altos del Rosario’, el son más interpretado en el Festival de la Leyenda Vallenata

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Gilberto Alejandro Durán Díaz, el primer Rey del Festival de la Leyenda, ostenta un récord que consiste en ser el autor del son más interpretado en el evento. Se trata de ‘Altos del Rosario’. En ese orden siguen la puya ‘Déjala vení’ (Náfer Durán), la puya ‘La fiesta de los pájaros’ (Sergio Moya Molina), el son ‘Pena y dolor’ (Alejo Durán), el paseo ‘La Loma’ (Samuel Martínez) y los sones ‘Mujer incomprensiva’ y ‘Qué bonita que es la vida’ (Adaulfo Herrera).

Como dato curioso Alejo Durán no lo interpretó en la final cuando ganó en el año 1968, pero es el son que tiene un relato sensacional. Es la crónica cantada dedicada a un pueblo inolvidable, a unos amigos inigualables y a hechos que quedaron plasmados para la historia en letra y melodía.

Ese pueblo del departamento de Bolívar, anclado a orillas del río Magdalena, quedó premiado por Alejo Durán, quien vivió allá y siempre sus habitantes fueron agradecidos al considerarlo un ídolo. Además, quedó estampado en el corazón de muchos pueblos, es decir pegado en el alma popular, comenzando por su natal El Paso, hasta llegar a Planeta Rica, donde fue sepultado.

A su hermano Náfer, cuando se le preguntó por Alejo, no escatimó elogios y expresó. “No es que yo lo diga, lo puede preguntar. Cuando Alejo llegaba a cualquier parte hacía amistad fácil. Era más pegajoso que una estampilla”. Soltó una carcajada con la fuerza de los Durán y añadió. “Él no se varaba en ninguna parte porque tenía imán y un carisma para agradar. Eso hizo posible que fuera de muchos amigos y con su estilo único para tocar el acordeón se impusiera”.

Al indagarle si él era más acordeonero que Alejo, sin pensarlo y muy serio, aseveró. “Ese tema no está en discusión, Alejo era único, aunque yo tampoco me quedo tan atrás. Él se le jugó con canciones que dieron en el clavo, sabiendo a quién se las hacía. Además, por sus obras y sus acciones quedó inmortalizado y eso llena de orgullo a nuestra familia que hizo y sigue haciendo aportes a la música vallenata”.

Historia de la canción

Esta fantástica historia de la canción ‘Altos del Rosario’, la contó el compositor e investigador Julio Oñate Martínez. “A la altura media de la isla de Mompóx, Bolívar, yendo del puerto de El Banco, Magdalena, hacia Magangué, el río Magdalena recibe en su margen izquierda la feroz cuchillada del río Los Patos, caudaloso afluente que constituía en aquellos años la única ruta posible de acceso al pueblo Altos del Rosario. Era una travesía que implicaba alrededor de tres horas a bordo de una lancha vieja y asmática”.

Siguió contando. “La única forma de entrar y salir de El Alto, era ‘La Argelia María’, una lancha con camarotes, larga y pesada, que salía día por medio para El Banco y Magangué a transportar pasajeros, arroz y queso, regresando cargada de abarrotes, medicamentos y combustible. Su propietario era un pintoresco personaje con estatura de microbio y cuerpo regordetico llamado sencillamente Zabaleta”.

Finalmente Julio Oñate, indicó. “El músico más importante que visitaba esa región privilegiada para el cultivo de arroz, era el andariego Alejandro Durán, quien en ese entonces separado definitivamente de su esposa Josefina Salas, deambulaba por el río, rebuscándose el billete y enamorando a las muchachas que se estremecían al escuchar su acordeón pechichón”.

De esta manera, la sincera y generosa amistad de los habitantes en Altos del Rosario y el hecho de haber hallado por fin el consuelo, la paz y la tranquilidad que buscaba, decidieron que Alejo Durán adoptara ese lugar como centro de sus constantes desplazamientos por todos los rincones de esa amplia región de los departamentos de Bolívar y Magdalena.

Por eso con el cariño que recibía constantemente nunca fijó tarifas por amenizar las parrandas y fiestas de los pueblos, ni tuvo jamás exigencias con ellos, pero a la hora de salir en correduría todos le daban diversos regalos.

Al visitar a Altos del Rosario, suelen narrar diversas historias del hombre que con su pedazo de acordeón al pecho supo cosechar amigos, amores y esos cantos que tenían la esencia de lo provinciano. Precisamente, esos siempre estuvieron guardados en su memoria.

Lloraban los muchachos

Allá cuentan que vivió por muchos años hasta partir en busca de una dama llamada Irene Josefa Rojas Guevara, a quien le compuso la canción 039. Ella le sonsacó hasta su pensamiento. También contaron que era todo un caballero y nunca como a los otros músicos, lo vieron borracho y dando lidia. Alejo Durán al conocer a Irene, quien era chiquitica, curiosita y de ojos vivos dejándole el corazón palpitando más de la cuenta, no regresó más a ese pueblo donde muchos lloraron por su partida.

La marca de la canción quedó en ese pueblo con nombre propio, hasta mucho tiempo después cuando el artista Carlos Vives, la llevó a los escenarios del mundo volviendo a cantar. “Lloraban los muchachos, lloraban los muchachos, lloraban los muchachos, al ver mi despedida. Yo salí del Alto, en la Argelia María. Si la fiesta sigue, Durán si no se vá”.

De esa calidad humana era el negro Durán, quien se le pasó la vida dándole ofició a su corazón, que al final de sus días lo traicionó. Murió convencido de regalar toda su sapiencia musical, su estilo único y su especial decir: “Oa, Apa, Sabroso”.

Alejo Durán, ‘El negro grande’, nació para ser de esa dimensión y su nombre quedó enmarcado en la historia del folclor vallenato y más en su tierra El Paso, donde a finales del mes de abril se lleva a cabo desde hace 35 años el Festival Pedazo de Acordeón.

Valledupar es un canto enmarcado en grandes ausencias sentimentales

-Cuando comienza el mes de abril todo apunta al Festival de la Leyenda Vallenata, este año en homenaje al cantante Iván Francisco Villazón Aponte-

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Valledupar es dueña de una característica especial donde el sonido de un acordeón, una caja, una guacharaca, abundantes versos  y una voz parrandera, hacen posible que en el mes de abril todo gire alrededor del Festival de la Leyenda Vallenata. Por este único motivo el corazón palpita de emoción permitiendo que el recuerdo nunca muera y las palabras adquieran el poder de revivirlo sentadas en el pentagrama adornado con bellas melodías.

El “Embeleco”, como al principio se denominó, cuenta con los ingredientes necesarios para ser el evento que acerca multitudes en los distintos escenarios de concursos y en el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, donde se lleva a cabo la más grande parranda musical y folclórica.

Seguir leyendo «Valledupar es un canto enmarcado en grandes ausencias sentimentales»