Omar Geles anduvo feliz por ‘Los caminos de la vida’

En el año 1986 Omar Geles compuso su primera canción siendo la causa principal un dolor muy grande en su corazón, producto de una traga maluca. Su ‘Mona linda’ se la habían enviado a estudiar a otro país.

Sabiendo que ella estaba lejos de Valledupar, lo máximo que pudo regalarle fue una canción que terminó siendo su primer éxito. Así fue el comienzo de una carrera musical que sumó un total de 43 años desde cuándo comenzó a competir en el Festival de la Leyenda Vallenata de 1981. Tenía 14 años.

La canción titulada ‘Te esperaré’, la grabó al lado del cantante Miguel Morales. Es aquella que dice. “Mi mona linda, pero yo te esperaré, aunque esperar me cueste, tú te lo mereces, yo te esperaré”.

El cantautor y Rey Vallenato del año 1989, era un hombre sencillo y siempre habló de donde venía y lo que alcanzó a base de dedicación. Con su naturalidad característica siempre compuso y cantó sus aventuras que tenían la esencia plasmada en la versatilidad de su musa.

En cierta ocasión Omar Geles contó detalles de su vida musical. “Nunca me preparé para superar los años de mi carrera. Todo ha sido debido a la pasión que tengo por la música vallenata. Eso es vital para vencer los obstáculos que han sido muchos, pero siempre he estado agarrado de la mano de Dios”.

Desde que compuso su primer tema no hubo año en que no pusiera a sonar al menos un éxito, teniendo la virtud de componer canciones para el cantante tradicional hasta llegar al más moderno. La mayoría de sus canciones se centraron en el amor llamando la atención por su manera de contar esas caricias, besos y abrazos cantados.

El listado de canciones es inmenso y con una variedad admirable, pero entre todas no lo pensó mucho hasta quedarse con ‘Los caminos de la vida’, la misma que ha sonado en los lugares menos pensados del mundo. Toda una proeza musical difícil de igualar.

Precisamente, hace tres años en medio de una conferencia televisiva el presidente de México Andrés Manuel López Obrador, aseguró que la vida era de “tomar riesgos y enfrentar adversidades”, pidiendo enseguida que le dejaran escuchar ‘Los caminos de la vida’, la canción que Omar Geles le hiciera a su amada madre Hilda Suárez, viendo el esfuerzo que hacía para sacar adelante a su familia.

Omar Geles contó la historia del canto con agradable sabor a cielo. “Esa canción la compuse en el año 1992 al recordar las dificultades de la niñez donde ella era nuestra heroína. Esa mujer valiente, trabajadora y capaz que luchó para sacarnos adelante. Nunca pensé que la canción se metiera en el corazón de todos, pero sigue sonando y eso me llena el corazón de alegría y más sabiendo que es para mi vieja Hilda”.

Además señaló que la casa disquera Codiscos, no quería grabarla porque era muy directa, muy personal dedicada a su mamá. Lo cierto, es que por el poder del sentimiento con el paso del tiempo se convirtió en himno universal, donde una madre camina con sus hijos por el más bello paraíso de la vida, así se ensancharan las soledades del destino.

Al abordar a la querida vieja Hilda, para que contara sobre la canción que le dedicó su hijo, señaló. “Cuando la escuché lloré porque en pocos minutos Omar contó todo el trabajo que pasé para criar a mis hijos. Respecto a la ausencia del papá yo lo dejé porque él quería tener dos mujeres y así no era. Por eso luché para sacarlos adelante y hoy tengo unos hijos agradecidos. Puedo decir que hacer mi trabajo de madre sirvió para ganarme una bella canción que se escucha por todas partes”.

De esta manera ‘Los caminos de la vida’, grabada en 1993 por Los Diablitos, Omar Geles y Jesús Manuel Estrada, cuenta con 34 versiones, siendo una de las canciones vallenatas más escuchadas al lado de ‘La gota fría’ de la autoría del juglar Emiliano Zuleta Baquero.

El legado

En medio de los encuentros en distintos escenarios Omar Geles se confesó, declarando. “Quiero dejar un legado de enseñanza a los niños y jóvenes para que se inclinen por hacer música. Me gustaría que me recuerden más por la pasión que le tengo a la música vallenata, que por los éxitos y resultados obtenidos que también son muchos, siendo uno de ellos ser Rey Vallenato”.

A renglón seguido aseveró. “Le agradezco mucho a Dios por mi carrera porque no soy una persona que estudié poesía o leyó libros. Con lo poquito que aprendí en el colegio me inspiro para seguir haciendo canciones. El tiempo avanza y de pronto tengo sonidos más modernos. Sin embargo, nunca dejo de hacer cantos tradicionales y mezclarlas con ritmos más movidos que al final se trata de música para alegrar la vida”.

Omar Geles no solamente tocó el acordeón, como lo mandó Diomedes Díaz en aquella célebre presentación, sino que su inspiración subió al cielo bajando de inmediato a recorrer los famosos caminos de la vida donde ahora se encuentran todas las salidas.

En su trajinar por el folclor dejó sentado que la inspiración solamente requiere que le den trabajo para girar en el cerebro, y enseguida producir esos cantos que son ostias musicales o mejor un regalo a mamá que tiene el sello del amor hecho felicidad.

Muy bien lo narró en su famosa obra musical. “Por ella lucharé hasta que me muera, y por ella no me quiero morir. Tampoco que se me muera mi vieja, pero que va si el destino es así”.

En aquel famoso canto dejó la fiel constancia que hoy es una realidad. “Uno sabe que la vida de repente ha de acabarse, y uno espera que sea tarde que llegue la despedida”…

El mundo vallenato está de duelo porque murió el hombre que marcó el camino de su vida, regaló cuatro rosas, el mismo quien tuvo el amor más grande del planeta y hasta una hoja en blanco pensando en llenarla con el verso que se desplazara libremente por los pasillos del alma. Definitivamente, Omar Geles nunca pensó que lo iba a traicionar el corazón.

Murió Omar Geles, gran compositor de música vallenata

El mundo de la música vallenata está de luto tras la repentina muerte del reconocido cantante y compositor Omar Geles.

El artista falleció a los 57 años en la ciudad de Valledupar, dejando un vacío irreparable en el género que tanto amó y al que dedicó su vida.

El hecho ocurrió cuando Omar Geles se encontraba jugando tenis en la cancha del Club Campestre de Valledupar alrededor de las 6:00 p. m. cuando sufrió un desmayo inesperado.

A pesar de los esfuerzos inmediatos por reanimarlo y su traslado urgente a la clínica Erasmos de Valledupar, lamentablemente, los médicos no pudieron salvar su vida.

 Es de anotar que hace solo tres semanas había sufrido una descompensación luego de haber ofrecido un concierto en Miami.

Compartió su talento con todos, Omar Geles se convirtió en uno de los soportes de los nuevos artistas, se dedicó a impulsar el talento de figuras como Rafa Pérez o Ana Del Castillo, de quienes se convirtió en su compositor de cabecera. A Silvestre Dangond, por ejemplo, le entregó el súper éxito ‘A blanco y negro’, ‘Las locuras mías’ o ‘Después de tantos años’.

A Patricia Teherán le entregó el hit ‘Tarde lo conocí’ y a Diomedes Díaz ‘La falla fue tuya’.

Felipe Peláez le cantó ‘El amor más grande del planeta’ y Jorge Oñate ‘La aplanadora’.

Sara Arango Pérez :La Reina del Acordeón.

«No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo escuchamos se nos arruga el sentimiento»: Gabriel García Márquez.

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

Las mujeres pueden y deben ser fuertes.
Eso no significa que no sientan miedo pues a final de cuentas es una de las emociones que nos hacen seres humanos, algo que al final es bueno y no se puede cambiar. Se trata más bien de saberse sobreponer para llevar a cabo los sueños y convertirlos en realidad y cumplir esas aspiraciones que se tienen.
Hay una mujer que con el pasar de los días se va haciendo más fuerte y viene cumpliendo sus objetivos, gracias a que pudo descubrir un talento musical innato, cosa que a otras personas nos cuesta. Ella es Sara Marcela Arango Pérez, a quien conocí gracias a este mundo globalizado, y más cercano por la magia de las comunicaciones y las redes sociales donde hemos tenido el privilegio de conocer grandísimos talentos que muchas veces han estado ocultos por falta de apoyo y oportunidades, dentro de esos quiero destacar y resaltar él de esta bellísima, carismática y genial mujer que se viene abriendo paso de animal gigante en este competitivo y muchas veces discriminado y hasta machista mundo de acordeonistas, pero que con su aporte, capacidad y aptitud viene dándole una nueva oxigenación a la música vallenata.

Llegó a este mundo el 27 de marzo del año 2005, en el pintoresco y alegre municipio de La Apartada – Córdoba, en la costa norte colombiana, más exactamente un día domingo el cual es de un ambiente bullicioso, alegre y festivo para los habitantes de estos pueblos, porque es el día en que normalmente los campesinos de la zonas rurales, pertenecientes a la cabecera municipal, llegan a vender sus productos, aprovisionarse para su semana laboral y, porque no decirlo, también a tomarse uno que otro licor y participar en una parranda amenizada por músicos de la región o el sonido de una tienda, cantina o bar.
Abrió los ojos escuchando el fluir de las aguas cantarinas del majestuoso e imponente Río San Jorge: muchas veces temeroso y otras apacible y silencioso, rodeada de los aromas de las flores y frutos locales, los trinos de las aves silvestres y la belleza de ese entorno natural fascinante.
Es la hija mayor del hogar conformado por Edwin Andrés Arango Restrepo y Lina Marcela Pérez Padilla y sus dos hermanos menores Alexandra y Eleazar.

Su padre, un licenciado en teología y músico de percusión; su madre, una profesional en Administración en Salud y Recursos Humanos: ellos han sido la base fundamental en la crianza con buenos valores, ética y moral de su primogénita y demás hijos.
Sarita, como cariñosamente la llaman sus progenitores y allegados, realizó sus estudios de básica primaria en la Institución Sitio Nuevo y la secundaria en el Colegio Daniel Alfonso Paz (INDAPAZ) de La Apartada donde se graduó como bachiller y a la par también obtuvo el título como técnico en sistemas del SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) en el año 2020. En este momento se encuentra realizando una carrera profesional en ingeniería ambiental en la Universidad de Antioquia, sede del municipio de Caucasia.
Esta niña-mujer prodigio del acordeón, según nos contó su padre, antes del primer año de nacida, ya era seducida por los sonidos mágicos que emanaban del instrumento arrugado porque al escucharlos movía sus deditos simulando la interpretación del mismo y una sonrisa iluminaba su bellísima carita angelical. Fue así como vio en su hija la oportunidad de cumplir un sueño frustrado que tuvo desde niño: ser acordeonista. Por eso siempre ha sido su apoyo, su bastón, su guía incondicional y también asesor musical en la naciente carrera de esta estrella que brilla con luz propia en el firmamento vallenato y de aires musicales del Caribe colombiano como: la cumbia, el porro, paseaíto, pasillo, entre otros, que interpreta en su instrumento de pitos y bajos.
La magia y el encanto entre Sarita y el acordeón fue como se diría popularmente «amor a primera vista», pero fue hasta antes de cumplir los 11 años cuando su papá hizo un esfuerzo económico y, mediante un préstamo bancario, le compró ese regalo soñado. Seguidamente la ingresó a una escuela de su terruño donde con la mirada atónita del profesor, la primípara alumna, se aprendió en el primer día de clases, la melodía de la «Piña Madura».
Bajo la supervisión de su papá y el apoyo incondicional de sus maestros de la escuela y colegio, como Luis Castañeda, Carmelo Rodríguez, Efraín Peña y Gerardo Porto, despega y continúa su ascendente carrera musical.
Admiradora de grandes maestros del acordeón como Israel Romero Ospino, «El Pollo Isra»: el primer estilo en el que se enfocó y se convirtió en una alumna aventajada; ahora es común escucharla ejecutando pases y melodías emulando a grandes acordeonistas que han dejado una huella indeleble en la historia del folclor como: Emiliano Alcides Zuleta Díaz, Héctor Arturo Zuleta Díaz, Nicolás Elías «Colacho» Mendoza Daza, Álvaro López Carrillo, Navín López, Juan Humberto Rois Zúñiga, Julián Rojas Teherán, etc. Ellos, los que han tenido la oportunidad de escucharla, han sucumbido y enviado mensajes de admiración ante la calidad interpretativa de esta virtuosa apartadense.
Su majestuosidad, pulso, precisión en las notas, y ejecución de su instrumento bendito y sagrado acompañado de un carisma arrollador, una sonrisa encantadora y contagiosa la convirtieron en «La Reina del acordeón infantil» más laureada y ovacionada, obteniendo el primer lugar alrededor de unos veinte festivales de música de acordeón donde se ha consagrado, por su derroche de creatividad, talento y disciplina.
Son testigos de sus proezas y galardones los festivales de La Apartada (su tierra natal), Ayapel, Sahagún, Buenavista, Montelibano, en el departamento de Córdoba; Los Palmitos (Sucre), San Juan de Urabá (Antioquia) y la consagración en el festival vallenato femenino EVAFE en Valledupar, entre muchos más.
Luego de ese paso exitoso en la categoría infantil se presentó en El Festival de La Leyenda Vallenata en Valledupar categoría «Acordeoneras Mayores» en busca de su consagración en el templo del vallenato con tan solo 16 años y donde sin lugar a dudas se convirtió en una seria aspirante a la corona, en cada ejecución de los cuatro aires que hacen parte del música de Francisco el hombre. En donde hizo delirar a un público extasiado con su destreza en la ejecución del instrumento arrugado, obteniendo de esa manera tres podios consecutivos, dos segundos lugares y un tercero, para finalmente consagrarse como «Reina Mayor del Festival Vallenato» en este año 2024. Mostró desde la primera ronda que estaba lo suficientemente preparada para alzarse con la corona del festival vallenato más importante que se realiza en el territorio colombiano. Con su inseparable instrumento de pitos y bajos al pecho le demostró a un público multitudinario y al jurado calificador, con su sapiencia, su pulcritud, su coherencia melódica y armónica, su cadencia, pulso, precisión, seguridad, alegría, entusiasmo, firmeza en los dedos y ese sincronismo entre pase y pase de cada aire musical vallenato interpretado, sumado a esos arreglos melódicos exquisitos, nos muestra hasta la saciedad que estamos frente a una gran Reina Vallenata que sabrá portar con mucho profesionalismo ese cetro y esa corona que le fueron otorgado.
Sarita, a parte de interpretar de manera magistral la música vallenata y otros aires musicales del Caribe colombiano, también nos deleita con otras proezas como ejecutar el acordeón en la espalda, con el dedo meñique, es ambidiestra y ejecuta casi toda la melodía de una canción utilizando únicamente los bajos del instrumento; por eso es comúnmente escuchar y ver sus vídeos en el programa radial y canal de YouTube del maestro Julio César Oñate Martínez, «JUGLARES» donde muy frecuentemente nos presenta algo nuevo de esta talentosa artista. El maestro Emiliano Alcides Zuleta Díaz dijo: «para tocar acordeón, primero hay que saber dónde se tiene el corazón» y creo que Sara Arango descubrió el corazón de su acordeón y de ahí su gran capacidad y maestría en la ejecución.
Su gracia natural, donaire, virtuosismo, destreza, clase y elegancia la hacen merecedora de un sitial de honor en nuestro panorama artístico y musical donde la tendremos por muchos años encumbrada como «La Reina del acordeón».

Autor: Ramiro Elías Álvarez Mercado

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Murió Mamá Vila, la madre del Cacique Diomedes Díaz

A través de la cuenta oficial Mama Vila, sus familiares oficializan su muerte:

Comunicado Oficial de Fallecimiento:

Con profundo pesar, informamos el fallecimiento de nuestra querida ELVIRA ANTONIA MAESTRE HINOJOSA, conocida afectuosamente como Mamá Vila, quien ha dejado un legado imborrable en nuestras vidas.

Hoy nos despedimos de una mujer extraordinaria, una segunda madre para muchos de nosotros, cuyo espíritu fuerte, alegría y cariño permanecerán siempre en nuestros corazones.

Hasta luego, querida Mamá Vila. Tu memoria vivirá eternamente en la familia Díaz Maestre.

Este 14 de mayo de 2024, por medio de su cuenta oficial de Instagram, se confirmó que Elvira Antonia Maestre Hinojosa,  falleció a los 87 años de edad tras meses de luchar contra diferentes quebrantos de salud.

El Festival de la Leyenda Vallenata continúa su sonora marcha triunfal

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Todo sucedió un mediodía del mes de febrero de 1968 cuando varias personas se dieron cita en la casona de Hernando Molina Céspedes, ubicada en la Plaza Alfonso López de Valledupar, para darle forma a lo que más adelante se llamaría Festival de la Leyenda Vallenata, el cual sería el complemento de la fiesta patronal de Nuestra Señora del Rosario.

De esta manera Alfonso López Michelsen, Consuelo Araujonoguera, Rafael Escalona, y un grupo de amigos pusieron a marchar el 26 de abril de 1968 la fiesta que coronó como primer Rey Vallenato a Gilberto Alejandro Durán Díaz, quien provenía de las sabanas del municipio de El Paso, Cesar.

La historia siguió su curso y el Festival de la Leyenda Vallenata se levanta victorioso teniendo la particularidad de abrir corazones, multiplicar alegrías y tener en sus acordeoneros, compositores, verseadores, cajeros y guacharaqueros a unos genios que se dedican a llevar correos cantados, versos rápidos o ser simplemente periodistas musicales.

Ya lo dijo Roberto Calderón: “Pa’ que leer un periódico de ayer, si buenas nuevas nos trajo el sol de hoy”. Con la información plasmada en un acordeón, una caja, una guacharaca y la voz enamorada, el compositor Alonso Fernández Oñate, proclamó. “Soy vallenato de los verdaderos, de pura cepa y de corazón”.

Después de estar dándose una verdadera cátedra de vallenato auténtico pasó del 30 de abril al 4 de mayo, el 57° Festival de la Leyenda Vallenata, un soberano homenaje al cantante Iván Francisco Villazón Aponte, ese mismo que puso su voz al servicio de la música vallenata y dibujó desde su corazón el amor al folclor.

El acordeón comunicativo

No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo escuchamos se nos arruga el sentimiento”, dijo Gabriel García Márquez, para significar las bondades emocionales que produce un buen vallenato. El único Premio Nobel de Literatura, quien conoció y platicó con los juglares, le expresó al mundo que su libro ‘Cien años de soledad’ era un vallenato de 350 páginas.

Excelente manera para exaltar una música que nació en los corrales de distintos caseríos de la costa Caribe colombiana, interpretados con su acordeón por hombres campesinos curtidos por el sol y las labores propias de su entorno, cuyo descanso era divulgar los mensajes de la cotidianidad.

Así nació el vallenato, que con el correr de los años fue creciendo  hasta salir de esos pueblos dando a conocer sus canciones, teniendo la esencia misma de la boñiga, la tierra mojada, el tinto mañanero, un sentimiento puro, ese que nace del alma con agradable sabor a cielo.

Exactamente la poesía campesina hacía posible la diversificación de cuatro hermosos aires que tienen como particularidad distintas velocidades, partiendo de la lenta hasta llegar a la más veloz. De esta manera, lo manifestó el juglar Ovidio Granados. “Los aires vallenatos son cuatro bellos hijos con distintos caracteres: joviales, alegres y acelerados”.

La mejor forma de saberlo es cuando el acordeonero pone sus dedos a cabalgar en el teclado de su bendito instrumento, y salen las notas precisas haciendo posible escuchar paseos, merengues, sones y puyas.

Cantos que nunca mueren

Quién no tiene presente al primer “arquitecto – compositor” quien le prometió a su hija construirle una casa en el aire para que viviera bonito en las nubes con los angelitos; o cuando dos hombres curtidos por penas y alegrías, se trenzaron en un duelo de versos para decirse verdades hasta acabar la vaina.

En fin, son tantas las historias haciendo posible remitirse a un negro de ébano quien se dio el lujo de comunicarle al mundo que en un pedazo de acordeón tenía pegada su alma. Quizás, falte también traer el pensamiento del poeta ciego del vallenato, el cual en un verso hizo caminar a su adorada Matildelina, para que se efectuara aquel milagro y una porción de tierra sonriera.

Las historias de las canciones vallenatas tienen el encanto propio de las cosas que nacen benditas, y con el paso del tiempo se van expandiendo como el bostezo, de boca en boca.

Todo este recuento es preciso hacerlo, porque después de ser conocidos en la provincia, vino un acontecimiento que les cambió la vida a estos hombres que se dedicaban a producir música esencialmente para alegrar a los amigos y a las mujeres que le tocaban su corazón. Nació en Valledupar, el Festival de la Leyenda Vallenata, el mismo que se ha convertido en la matriz para otros eventos del mismo género.

Máxima fiesta de acordeones

Cuando el final se acercaba, Iván Villazón al bajar de la tarima ‘Colacho’ Mendoza del Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, estuvo lleno de la más grande emoción. “Había pensado en mí homenaje, pero sobrepasaron mis cálculos. Esto es lo más grande que ha pasado en mis 40 años de vida musical. Gracias a todos y seguiré adelante hasta que Dios me lo permita”.

Miles de historias se tejieron durante la 57 versión de este acontecimiento musical, cuyo epicentro fue la Capital Mundial del Vallenato, donde se sigue conservando y promoviendo el vallenato raizal, ese mismo que en el año 2015 fue declarado por la UNESCO como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

El Festival de la Leyenda Vallenata continúa su sonora marcha triunfal, viendo al veterano acordeonero y compositor Julio Cesar Romo Mendoza, quien cuenta con 76 años, y al niño verseador Lucas Sebastián Vega Fernández, de 8 años, subirse en distintas tarimas para regalar su talento innato con esa alegría que contagia. De igual manera, observando las sonrisas de los nuevos Reyes y Reinas que reciben los aplausos por alcanzar sus sueños anhelados.


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