Porte y Elegancia: Un canto al renacer del amor en clave de sentimiento vallenato

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

«Porte y Elegancia», del compositor Edwin Andrés “Mákina” Altamiranda Mercado, es un paseo vallenato que retrata, con profunda sensibilidad, el viaje emocional de un hombre marcado por el dolor de una separación amorosa. La letra, cargada de nostalgia y reflexión, nos sumerge en el duelo sentimental de alguien que, tras perder un amor, creyó cerrado para siempre el capítulo del enamoramiento.

Sin embargo, la vida le tenía reservada una nueva oportunidad: un reencuentro con el amor, esta vez encarnado en una mujer que, con su porte y elegancia, despierta nuevamente su corazón adormecido.

La interpretación vocal del maestro Miguel Herrera le imprime a la canción un carácter auténtico, lleno de matices emocionales.
Su voz, clara y poderosa, transmite con sinceridad el dolor del pasado y la sorpresa de un nuevo amor, logrando conectar profundamente con quien la escucha.

En cuanto a la melodía y los arreglos, el acordeón a cargo de Eneison Salas juega un papel protagónico en la narrativa musical. Desde los primeros compases, el instrumento de pitos y bajos se convierte en el hilo conductor de la historia: inicia con un lamento melódico que evoca el desconsuelo del protagonista. Al principio, el acordeón llora. Casi se arrastra, como quien aún no encuentra consuelo. Pero, poco a poco, se eleva, se transforma, florece. Y en ese florecer, con notas delicadas pero firmes, dibuja el rostro de esa nueva mujer, que no solo enamora por su belleza, sino por su porte y elegancia, por su manera de llegar sin buscar protagonismo y quedarse sin pedir permiso.

Conforme avanza la canción, los arreglos se tornan más cálidos y esperanzadores, reflejando el resurgir del amor. Los matices en los pases del acordeón, su digitación precisa y emotiva, y la armonización con la caja y la guacharaca logran ese equilibrio perfecto entre tristeza y renacimiento que caracteriza las piezas del vallenato romántico.

«Porte y Elegancia» no es solo una canción de amor; es una declaración de que el corazón, aunque herido, siempre tiene la capacidad de volver a sentir. Una obra que honra la esencia del vallenato narrativo, donde la música y el mensaje se funden para contar historias que todos, de una u otra forma, hemos vivido.

Aquella ‘Sombra perdida’ que encontró El Binomio de Oro

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Cuando el palpitar de la añoranza no se quería marchar del corazón de una adorada mujer, ella optó por dejar constancia que todo se había perdido en aquellas sombras borradas por la luz de la aurora, provocando que el día fuera perfecto.

Entonces para poner en marcha su proclama, la cantautora Rita Fernández Padilla, se sentó en el viejo piano que le regaló por allá a comienzos del siglo pasado su abuela Josefa María Padilla a su mamá María del Socorro Padilla de Fernández, haciendo el ejercicio de tocar sus teclas y, con versos que había escrito en una hoja de cuaderno, comenzar a cantar. Al terminar esa ponencia musical pensó en el título, resumiéndolo en dos palabras: ‘Sombra perdida’.

Ese sentimiento que marcó su vida lo bordó con su talento y tiempo después la canción fue llevado a la pasta sonora por Rafael Orozco e Israel Romero, El Binomio de Oro ‘De Caché’, corte uno del lado A. Ese acontecimiento sucedió el jueves 17 de abril de 1980.

Para ella no fue difícil recorrer en su pensamiento el sordo camino de la ausencia enmarcado en sombras perdidas, donde su amor no tuvo eco, muriéndose irremediablemente debajo de incontables estrellas que se negaron a alumbrar su cielo. “¿Queeeeé fuiste tú para mí? Un grito que se ahogó en la distancia, un sol que murió con la tarde. Un cielo colmado de estrellas en noches veraneras fuiste tú para mí. Tú fuiste el ave de paso, que vino a posar en mi vida. Hoy solo eres sombra perdida, vagando en recuerdos de ayer”.

Recuerdos del corazón

Rita Fernández con esa sonrisa que nunca esconde para no darle oficio a la tristeza, se transportó a aquel recuerdo. “La canción la compuse al inicio del año 1980 y no me demoré en hacerla, tampoco la aplacé para más adelante. Nació en un solo día. Tiempo después me reuní con Rafael Orozco e Israel Romero, y se las interpreté en el piano. Ellos me la hicieron repetir, les encantó y luego me prometieron grabarla. Fueron testigos de este hecho los compositores Gustavo Gutiérrez Cabello, Santander Durán Escalona y Fernando Dangond Castro”.

Estando en ese viaje rápido de la memoria, continuó: “Esa canción en el acordeón de Israel Romero y la voz de Rafael Orozco, calcó todo mi sentimiento y sigue sonando como si fuera ayer. Tengo una cantidad de anécdotas, pero me quedó cuando Rafael la cantó estando yo tocando el piano y me pude transportar al día que la hice. Vea, ya hacen 45 años”.

Cuando hasta el mapa del adiós se había perdido, no se podía dejar suelta la pregunta sobre quién hizo posible el nacimiento de esta bella canción. Ella hizo una exposición de esas que cierran todas las puertas. “Todo comenzó cuando creí en una persona pensando que era sería, transparente y con las mejores intenciones, pero no fue así. Había que cerrar esa puerta con doble candado”.

No quiso decir el nombre del protagonista, pero se le preguntó sí era un médico vallenato. Ante esto, manifestó: “Puede ser, aunque digo que a las cosas se les pierde el encanto cuando tienen tanta revelación, y por eso mis canciones cuando nacen son libres y no las dejo atadas a nada”.

De repente, confesó que el amor poco hizo cuna en su corazón, y la suma de los sentimientos no le daba el mejor resultado. “Para mí el amor fue muy difícil porque siempre prefería mi música y me la pasaba haciendo presentaciones. Entonces, saltaban los celos de los novios, y eso se convertía en un gran inconveniente. Tuve muchos pretendientes porque la música es un gran atractivo y también por mis cualidades. Al ver esos episodios les daba la espalda a esos amores”.

Al explicar ese proceso, añadió su propia conclusión. “Llegó el momento en que me di cuenta que el matrimonio no era para mí. Si estuviera casada, otra fuera la historia, y no hubiera podido llegar a concretar mi pasión por la música que me ha dado tantos honores. Estoy convencida que no todos los seres humanos se realizan de la misma manera. Definitivamente, las canciones son mis hijas y esa es mi gran realización”.

La cantautora nacida en Santa Marta, entrando en el plano de otra clase de amor, señaló: “El único amor que nunca me ha fallado es el de la música vallenata”. Calló un instante, y luego perseveró en su relato: “La música tiene un sentimiento puro, noble, generoso, espontáneo, y eso provocó que creara en 1968 la agrupación femenina ‘Las universitarias’, con la cual me presenté en el Primer Festival Vallenato, interpretando varias canciones de mi autoría”.

Sombra del ayer

Con la canción ‘Sombra perdida’ la cantautora Rita Fernández, supo curar sus heridas, romper su silencio y pensar más de dos veces en volver a cultivar amores. Siguió componiendo, pero de todas maneras esa historia no ha dejado de perseguirla porque se convirtió en un clásico del vallenato, y como lo dijo un fanático, se escucha hasta en Capernaúm. “Prefiero sentir ya tu ausencia saber que no estás en mi vida. Hoy sólo eres sombra perdida, vagando en recuerdos de ayer”.

Aunque en aquella ocasión la felicidad fue de corto vuelo y el corazón no alcanzó la máxima nota del amor, ella sigue sentada en aquel viejo piano donde nacieron bellos cantos, entre ellos el más grande homenaje a Valledupar, la tierra que le abrió sus brazos sin pedirle pasaporte.

Durante la entrevista destacó a las dos ciudades pegadas a su corazón, Santa Marta y Valledupar, a su padre Antonio María Fernández Daza, quien le marcó el camino de la música y al reconocimiento que le hicieran en el Festival de la Leyenda Vallenata del año 2019.

En la agradable charla matizada con sonrisas nunca guardó silencio, igual que aquella vez cuando el médico de la historia no quiso formularle la medicina para el mal del corazón, y ella con la magia de su inspiración en pocas horas supo convertirlo en sombra perdida.

Develado afiche promocional del 59° Festival de la Leyenda Vallenata

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata en un concurrido acto develó el afiche promocional del 59° Festival de la Leyenda Vallenata, que será en homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América. El certamen se realizará del 29 de abril al 2 de mayo de 2026.

Sobre lo anterior Rodolfo Molina Araújo, presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, señaló. “Dimos a a conocer el afiche promocional e indicamos que este homenaje es más que merecido porque Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América, han sido abanderados del folclor vallenato llevando su mensaje musical por el mundo. Gracias a todos los que nos acompañan en este proceso que tendrá a Valledupar durante varios días como la vitrina musical de Colombia. Mientras tanto, como todos los años avanzamos en el propósito de conservar y promover el vallenato tradicional, tarea que se inició en el año 1968”.

Finalmente, Rodolfo Molina, anotó. “Como siempre lo decimos, este es un trabajo sin cansancio que ha arrojado grandes frutos en todos los órdenes. Tenemos como ejemplo, qué en el evento de este año, versión 58, estuvieron presentes más de 10 mil concursantes, siendo la mayoría los 243 grupos de piloneras en sus distintas categorías. También llegaron a Valledupar más de 120 mil visitantes”.

Desde el pasado 9 de julio la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, hizo el anuncio del homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América, comenzando a trabajar en diversos aspectos, siendo el principal, el afiche promocional. En ese sentido, Israel Romero propuso incluir a Codiscos, su casa disquera, quien posee un abundante material fotográfico de los artistas. Ellos, proyectaron un borrador y la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata aplicó los estándares de manejo que se viene dando en los anteriores afiches promocionales.

Se hicieron varias reuniones entre las partes y en cabeza del presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata Rodolfo Molina, se ajustaron los pormenores y se aprobó.

Por parte de Codiscos estuvo Carlos Ortiz, director creativo y diseñador gráfico, ganador del Latín Grammy, a mejor diseño de empaque en la edición 25 de los premios, quien ha trabajado en la industria musical por más de 20 años creando portadas para distintos artistas, para que nos haga la explicación sobre el proceso de creación del afiche promocional.

De este trabajo conjunto hizo parte Rubén Darío Torres Rivera (Rudato Jr.), publicista profesional egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, con amplia trayectoria en estrategia de marca, comunicación visual y gestión cultural, y quien desde hace 12 años respalda a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata en los procesos de comunicación y promoción del evento.

Respecto al afiche promocional el diseñador gráfico Carlos Ortiz, anotó. “Para Codiscos es un honor haber contribuido con el diseño del afiche, justo cuando estamos cumpliendo 75 años. Nuestra historia está profundamente ligada al Binomio de Oro. Es una pieza única y digna de tan importante homenaje”.

En la parte superior del afiche están Israel Romero y a Rafael Orozco con un smoking negro que recuerdan sus portadas en ‘De caché’, ‘De exportación’ y ‘5 años de oro’, en una elegante, imponente y distinguida sobriedad.

En la parte inferior, trajes blancos referenciando las portadas de ‘Enamorado como siempre’, ‘Fuera de serie’, ‘De fiesta’ y ‘Somos el vallenato. Es una imagen que los muestra en una interpretación alegre, expresiva, apasionada y enmarcada por luces y espectáculo. Todo combinado creando un afiche cinematográfico que nos muestra la elegancia, la alegría inigualable, el espíritu romántico y el poder transformador de su música.

Maravilloso afiche promocional

El acordeonero Israel Romero, sobre el afiche promocional, manifestó. “Maravilloso el afiche porque quedó plasmado todo lo que nosotros representamos para la música vallenata. Muchos agradecimientos para la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y estamos prestos a emprender esta causa que nos llevará a resaltar más y más la música vallenata. A todos los amantes del vallenato los esperamos en Valledupar”.

De igual manera, Wendy Orozco Cabello, hija del cantante Rafael Orozco, expresó. “Mi familia está súper contenta por este homenaje en el Festival de la Leyenda Vallenata. Siento que el Binomio de Oro de Rafael e Israel, y todos los que han continuado esta senda musical se lo merecen. El afiche quedó maravilloso y es un punto a favor. Les extiendo la invitación a todos”.

El acto tuvo momentos llenos de anécdotas, recuerdos y de esas canciones que siguen sonando, porque tiene la esencia del sentimiento y esa alegría que en su estilo sigue regalando el Binomio de Oro de América, quien en toda su historia ha recibido distinciones, entre los que se destacan siete Congos de Oro del Carnaval de Barranquilla, galardón en el Festival Internacional de la Orquídea en Venezuela y cuatro nominaciones al Grammy Latino Cumbia/Vallenato, entre otras.

Después de la develación del afiche promocional continúa la organización del 59° Festival de la Leyenda Vallenata que tendrá lanzamientos en distintas ciudades del país, concursos de acordeón, canción vallenata inédita, piqueria, pintura infantil, foro, concurso de pintura infantil, espectáculos musicales, los tradicionales desfiles de grupos de piloneras en sus distintas categorías y de Jeep Willys parranderos.

Valledupar nuevamente contestará presente a la cita anual de finales del mes de abril cuando es esta ocasión se escuchará el famoso verso. “El Binomio llegó con todas sus canciones que la gente escuchó en tiempos anteriores”.

Carlos Ortiz, director creativo y diseñador gráfico de Codiscos

Edwin Andrés Altamiranda Mercado:El hombre, el compositor y el defensor del vallenato

Lo que se encuentra en el corazón no necesita ser aprendido”:
Johann Sebastian Bach (músico y compositor alemán)

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

La música para muchos es un refugio sagrado, una vía de escape, un conjunto de letras y melodías que transforma los sentimientos más profundos en versos y armonías. Este arte no solo nos acompaña: nos conecta, nos eleva y nos permite expresar lo que el alma en silencio grita. Es un lenguaje universal que atraviesa las barreras del tiempo, de la cultura y del idioma.

En estas líneas quiero rendir homenaje a un gran ser humano, un alma noble cuya vida vibra al compás del acordeón. Me refiero a Edwin Andrés Altamiranda Mercado, un nombre que lleva consigo la esencia del vallenato, no como moda pasajera, sino como pasión de vida, como camino y como bandera.

Nació un viernes, 24 de agosto de 1973, en la entrañable Sincelejo, también llamada La Perla de la Sabana, capital del departamento de Sucre, enclavada en el corazón del Caribe colombiano. Hijo de Alfredo Altamiranda y Ana Delfina Mercado, Edwin creció en un entorno marcado por las transformaciones de la vida. Tras la separación de sus padres, se trasladó junto a su madre al corregimiento de Macayepo y la vereda Verruguita, en el municipio de El Carmen de Bolívar, en los místicos Montes de María.

Aquella tierra de bosques tropicales, biodiversidad exuberante y aromas silvestres fue su primer escenario, su primera musa. Allí, entre árboles y caminos de polvo, fue forjándose el carácter del hombre que años más tarde cantaría al amor, a la nostalgia, al pueblo y al alma campesina. La naturaleza, los juegos de infancia, el contacto con la tierra y con los mayores, moldearon en Edwin una personalidad sensible, respetuosa y solidaria, al tiempo que desarrollaba una temprana pasión por la música vallenata.

Desde que tiene uso de razón, el vallenato ha sido su idioma del alma. Cantaba, memorizaba letras, analizaba grabaciones, seguía de cerca los lanzamientos de los conjuntos más icónicos. En su infancia, un viejo radio fue su cómplice inseparable: mientras ayudaba a su abuela en las faenas del campo, las ondas musicales le abrían las puertas de un mundo vasto y emotivo.

A los 15 años emprendió un nuevo rumbo: llegó a Santiago de Tolú, joya del Golfo de Morrosquillo, en busca de oportunidades y cobijo entre familiares maternos y paternos. En este paraíso caribeño, aprendió a valerse por sí mismo. Acompañaba turistas, hacía mandados, conversaba, servía de guía… y se ganaba la vida con dignidad. La independencia llegó temprano, pero nunca le faltaron la sonrisa ni la palabra amable.

En Tolú también se hizo de grandes amigos. Era inquieto, curioso, comunicativo. Las tardes de fútbol en la playa bajo atardeceres que pintaban el cielo con los colores de la patria, amarillo, azul y rojo, quedaron grabadas en su memoria. Fue precisamente durante uno de esos partidos cuando, tras una entrada fuerte por disputar el balón, uno de sus amigos lo apodó “Mákina”, con “K” de Kratos, la divinidad griega de la fuerza y el poder. Y no fue en vano: Mákina ha sido, desde entonces, sinónimo de coraje, de empuje, de resiliencia. Una especie de guerrero moderno que no lucha con espadas, sino con versos.

En su vida errante, motivado por la fiebre del oro, Edwin llegó al municipio de Acandí, Chocó, en la frontera con Panamá. Allí trabajó en minas, fabricó hielo, sembró árboles frutales y plantas ornamentales, pero siempre, siempre, con el oído y el corazón atentos al eco del vallenato. Su pasión nunca cedió terreno.

Otras tierras lo vieron pasar: Curumaní, La Loma (en el Cesar), y finalmente Barranquilla, donde hoy reside. En cada lugar, una historia; en cada rostro, una canción. Su vida es un mosaico de paisajes, de emociones, de enseñanzas que brotan con naturalidad en sus letras. Edwin es un cronista de la vida sencilla, un compositor de la gente del pueblo, un sembrador de emociones en tiempos en que muchos han dejado de sentir.

En el Caribe colombiano donde el acordeón es más que un instrumento, es una forma de ser, floreció su talento como compositor. Sin títulos académicos, pero con una universidad de vivencias a cuestas, Edwin Altamiranda Mercado se ha ganado un lugar en el corazón de músicos, intérpretes y seguidores del vallenato tradicional. Su obra no se halla en bibliotecas, sino en chats de WhatsApp y grupos de Facebook, donde su voz resuena con fuerza y autenticidad.

No solo escribe canciones: es un gestor cultural incansable. Lidera el grupo “Mi Casa Vallenata”, un refugio digital donde se respira y se debate el vallenato en su forma más pura. Participa activamente en otros espacios similares, donde se defiende la raíz, la esencia, la memoria viva de la música de Francisco El Hombre.

Las tierras que ha pisado lo inspiran. Por eso, en sus letras hay amor, pasión, paisaje, nostalgia y pueblo. Sus canciones son retratos poéticos, pedacitos de alma entregados en melodía. Cada composición es una ventana abierta a su universo interior, un testimonio de su historia errante.

Gracias a “Mi Casa Vallenata”, ya ha lanzado cuatro trabajos discográficos y pronto llegará el quinto, bajo el nombre simbólico de “No hay quinto malo”. Este proyecto no solo contiene sus propias obras, sino también las de otros autores que no han tenido acceso a los grandes sellos. Su espacio se ha convertido en una vitrina de oportunidades, en un altavoz para los que empiezan, en un bastión del vallenato auténtico.

Ya suma más de 30 canciones grabadas, entre las que destacan:
‘La hija del compositor’, ‘La jáquima’, ‘Seguiré tus pasos’, ‘Los amigos de Jairo Soto’, ‘Verruguita’, ‘Macayepo’, ‘Acandí’, ‘La negra’, ‘El regreso de la negra’, ‘No ha regresado la negra’, ‘Te encontré en mi camino’, ‘Toma pa’ que lleves’, ‘La dueña de mis canciones’, ‘Tristeza al partir’, ‘Retomaré el camino’, ‘La ingrata’, ‘Te quiero a mi lado’, ‘Gozando a mi muchachita’, entre otras, interpretadas por voces como Edilson Brito, Guadis Carrasco, Rodolfo Carrasco, Fredy Hernández, Diógenes Jalaff, Jorge Brito, Carlos Correa, Mirley Rodríguez, Oswaldo Morelo, José Andrés Móvil, Eneison Salas, Cristian Álvarez y próximamente, por el gran Miguel Herrera, con la canción “Porte y elegancia”.

El “Mákina” Altamiranda nos da una lección de superación: con poca educación formal, pero con un corazón inmenso, ha demostrado que el talento no pide permiso y que la cultura también se defiende desde el barrio, desde la vereda, desde la vigilancia silenciosa. Sí, trabaja como vigilante en Barranquilla, un oficio noble y digno, pero mientras otros duermen, él escribe, sueña y compone.

Más que un compositor, Edwin es un centinela del vallenato, un narrador de historias que no necesita reflectores para brillar. Su grupo “Mi Casa Vallenata” se ha convertido en una trinchera cultural donde cada debate, cada verso y cada canción son un acto de resistencia frente al olvido.

En sus letras vive el pueblo, los amores sencillos, las penas cotidianas y las pequeñas glorias que hacen grande la vida. Su pluma no es docta, pero es sabia; no es técnica, pero es genuina. Y en un mundo donde la autenticidad se extingue, Edwin Andrés Altamiranda Mercado es un faro, un fuego que no se apaga.

«El Mákina», centinela de la noche y del canto, compositor de callejón y sentimientos, escribe por amor, por pasión, por memoria. Escribe para que el vallenato no muera, para que siga vivo, rebelde, indómito… como un acordeón que se niega a ser silenciado.

Atentamente,
Ramiro Elías Álvarez Mercado

Gustavo Gutiérrez sigue comprendiendo que lo más bello es regalar ternura

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Para sentarse a escribir sobre Gustavo Enrique Gutiérrez Cabello, cuando su vida se asoma a los 86 años, es necesario poner a cabalgar lentamente las palabras para que las arrope la poesía, apareciendo aquellos versos sensibles que pulió desde su juventud estando untados de melodías logrando nacer bellas canciones. Eso es lo que se llama un milagro dirigido desde el corazón del alma.

Ahora, ‘El Flaco de Oro’ poco habla, más medita porque su experiencia lo ha puesto a sentir de cerca el cariño de su pueblo donde la brisa fresca del ayer y ese glorioso canto ‘Rumores de viejas voces’, ganadora del Festival de la Leyenda Vallenata en 1969, lo hacen darle gracias a Dios por haberle concedido el talento justo a sus pretensiones.

En aquella ocasión cantó. “Recuerdo aquellas mañanas que por las calles se oían venir, canciones que con sus versos que al despedirse querían decir. Rumores de viejas voces, de su ambiente regional, no se escucharán los gozos, de su sentido cantar. Ya se alejan las costumbres del viejo Valledupar, no dejes que otro te cambie el sentido musical”.

Es así como por la vida del cantautor Gustavo Gutiérrez Cabello, navega una pesada carga de nostalgias, unida a todos los recuerdos de sus días de parrandas y de las historias de ese amado Valledupar que lo hicieron inspirar. En ese recorrido del sentimiento aparece la frase: “Gustavo Gutiérrez canta en Valledupar cuando sale el sol, nada compara ese encanto solo tu mirar, divino mi amor”.

Esa frase hace parte del vestido de la canción ‘Confidencia’, la misma con que comienza cada una de sus presentaciones en distintos escenarios. Eso lo conllevó a darle rienda suelta al pensamiento donde los besos de todos los días conformaron la más grande cadena de amor. Entonces fue más allá, pidiendo que esos besos fueran hasta la hora de la muerte.

Gustavo Gutiérrez con sus versos nunca engañó a nadie, sino que buscó las mejores estrategias para armar el crucigrama del encanto y envolver en un canto la sensibilidad de la vida. Esa vida que dibujó a su manera teniendo los hechos calcados en su memoria.

A lo anterior le añadió nobleza, talento, carisma y sus deseos de que Valledupar volviera a ser ese remanso de dicha y paz, amenizado con un acordeón o una guitarra, teniendo a su lado una voz romántica.

Es así como la canción ‘Confidencia’ daba y daba vueltas por el entorno y había que aterrizarla para contar su historia, donde no se medía la distancia porque el camino era largo hasta que llegó a morir en el silencio de un dolor en lejanía. Después, en ese mismo entorno nacieron ‘La espina´ y ‘Ensueño’. Él no se volvió a encontrar con la protagonista, pero al tiempo direccionó su corazón naciendo otras canciones ostentando el título de romántico y soñador. También, el sol del amor le resplandeció y atrás quedó el alma herida de aquel hombre solitario.

Así es. Todo sucedió allá por Valledupar donde se escuchaba un lamento triste y la noche era larga, pa’ sollozar. A él, los destellos del amor lo fueron acostumbrando a encontrarse con las penas y a conocerlas, pero también pudo borrarlas como lo hace la lluvia con las huellas.

Desde aquella ocasión el corazón de ‘El Flaco de Oro’ se enamoró mil veces para que los versos pudieran ser guiados por el viento, llegando a un bello paisaje de sol. Es más, se regresó al pasado y notó como las costumbres se iban muriendo en el recuerdo, y entonces las enmarcó en esa nostalgia del viejo Valledupar.

En un instante de su trasegar por la vida vallenata hizo un alto en el camino y dejó de componer, hizo más de 100 canciones, pero no de cantarlas porque ellas siguen siendo guiadas por su sentimiento. Ahora, los recorridos son cercanos, pero su voz tiene el encanto del hombre que libró diversas batallas dibujadas en versos teniendo mil razones y la guitarra, su eterna compañera. Evocando más recuerdos mencionó el momento más emotivo de su carrera, al recibir el homenaje que le tributó el Festival de la Leyenda Vallenata en el 2013. “Algo maravilloso que me llenó de alegría la vida al premiar mi talento y entrega a la música vallenata”.

Dejando mi huella

Cuando los días avanzan Enrique ‘Kike’ Gutiérrez, hijo del maestro Gustavo Gutiérrez, en días pasados lo sorprendió al entregar la producción musical ‘Dejando mi huella’, donde aparecen 17 canciones de su autoría.

“Quiero dar a entender que tengo casta musical y también seguir la línea de mi papá. Es el más bello homenaje al poeta y soñador que siempre he tenido en casa, y que me enseñó a amar la música vallenata. Es una gran responsabilidad continuar con su legado. Él está muy feliz con este proyecto musical que se encuentra en las distintas plataformas digitales”, expresó ‘Kike’ Gutiérrez.

Al cierre de la historia el poeta sonrió logrando navegar por el caudaloso río de la alegría, donde descubrió que la esperanza tiene forma de canto, el cual se sobrecogió ante su presencia. Felicitaciones maestro y siga regalando ternura, aunque no es fácil emularlo cuando el corazón se desgaja lentamente, el peso del destino sobrepasa la barrera del adiós y por las manos desfilan dos aves que llenan los ojos de aquella locura feliz.

Paremos la poesía, porque mañana vuelve a salir el sol mostrando un mundo sin límites, donde la música hidrata el pensamiento y los versos del maestro Gustavo Gutiérrez, se arropan con las sábanas de la vida.