Cronista: Hernán Baquero Bracho
El próximo 4 de diciembre se cumplirán seis años del fallecimiento repentino del amigo, del colega, del compositor insigne costumbrista en estos tiempos modernos del folclorista, del parrandero innato, verseador y el único que con su deje musical lo hacía a punto de silbidos para componer tantas canciones que dejó para el recuerdo en los amantes del vallenato. Como olvidar esa fecha, si fue también la de mi cumpleaños. Hoy 22 de junio estaría cumpliendo 68 años y me imagino como los estaría celebrando con sus dos amores Belem y Héctor y sus amigos que siempre fueron sus amigos, los compadres. Siempre estará en nuestros corazones. A esta hora ya estaría donde Cao Mendoza mamándole gallo y a José Casquita con su silbido inconfundible.
Me refiero a Lázaro Alfonso Cotes Ovalle, conocido artísticamente y cariñosamente como Poncho Cotes Jr, el hijo de Telma Ovalle y Alfonso Cotes Queruz. Todavía el guayabo por su partida lo tenemos fresquito en la memoria y en el corazón de aquellos que apreciábamos y admirábamos a este insigne cantautor que se convertía en un torrente de vivencias cuando departía alegremente con sus amigos.
Poncho Cotes Jr dejó un legado musical para el vallenato tradicional que la Unesco lo ha convertido en patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad y téngalo por seguro que dentro de ese inventario que un grupo de amigos iniciaron de manera quijotesca como Rosendo Romero Ospino, Félix Carrillo Hinojoza, Beto Murgas, Andrés Villamizar, entre otros, varias de las canciones que salieron de la inspiración magistral de Poncho Cotes Jr hicieron parte del inventario de ese vallenato tradicional que tantas glorias le ha dado a nuestro folclor y que esperamos que jamás muera por el bien de nuestra cultura y de nuestras raíces: “La Parranda y la Mujer”, “Yo Soy tu Negro”, “El Corazón del Pueblo”, “Mi Viejo y Yo”, entro otras que fueron inmortalizadas por los grandes del vallenato y que hoy no solo el público villanuevero, sino el público colombiano las tararean como un homenaje, como un recuerdo y como una nostalgia de aquellos tiempos idos.
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