EL RECUERDO DE RAFAEL OROZCO

Por: HernĂĄn Baquero Bracho

Un día como hoy 11 de junio del año 1992, cae asesinado el rey de las multitudes Rafael Orozco Maestre. Han pasado 31 años, cuando el mundo de la faråndula, al igual que sus familiares, especialmente su amada Clara Elena Cabello y sus tres hijas: Kelly, Wendy y Lorraine, amigos, seguidores y admiradores quedaron perplejos con la trågica noticia. Ese día infame cayó asesinado la voz líder del Binomio de Oro. Crimen este que ha quedado impune, los asesinos materiales e intelectuales no han sido castigados. Ellos se burlaron de la justicia, de la sociedad y de Dios. La justicia cojea, pero la verdad llega, en este caso quedó coja para siempre. ¿Qué se hicieron los cara pålidas de jueces y fiscales, ineptos y cobardes, que no han obrado con diligencia?.

Han pasado 31 años y todavĂ­a resulta difĂ­cil aceptar la realidad, porque parece inconcebible que una persona tan alegre, popular, carismĂĄtica y que proyectaba tanta vida se haya ido para siempre dejando un profundo dolor en el alma de quienes lo querĂ­amos y admirĂĄbamos. Pero Ă©l, asĂ­ le hayan arrebatado la vida, continua vivo en la mente de todos. Con su personalidad Rafael Orozco dejĂł marcada una huella imborrable y aunque su voz fue callada, su canto quedĂł grabado para siempre en cada uno de los temas que interpretĂł durante su exitosa vida artĂ­stica. Es la hora que su mĂșsica continua escuchĂĄndose de manera constante como un homenaje permanente a su desapariciĂłn. Prueba de ello fue la serie exitosa que llevĂł a la pantalla chica el canal Caracol como “El Ídolo” que se convirtiĂł en la novela preferida de todos los colombianos y con el mayor raiting de sintonĂ­a.

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EL HOMERO LATINOAMERICANO

Por HernĂĄn Baquero Bracho

Resaltando los grandes baluartes del folclor vallenato rendimos un homenaje a «El Ciego de Oro», el inmortal Leandro Diaz Duarte, el del verso fino y de la melodĂ­a costumbrista. El poeta inmarcesible que veĂ­a con los ojos del alma. El mejor compositor de todos los tiempos que ha dado la mĂșsica vallenata.

El folclor vallenato todavĂ­a siente con nostalgia, la muerte de uno de los grandes compositores de este campo, Leandro DĂ­az Duarte, ocurrida al filo de la media noche del sĂĄbado 22 de junio del año 2013 en la clĂ­nica del Cesar en la ciudad de Valledupar. Contaba con ochenta y cinco años de edad (este año estarĂ­a cumpliendo 94 años), habĂ­a nacido una mañana cualquiera de carnaval, un 20 de febrero de 1928 en la finca familiar Alto Pino, en aquellas calendas municipio de Barrancas y hoy municipio de Hatonuevo. Autor de mĂĄs de cien canciones con las cuales inmortalizĂł al vallenato donde “la diosa coronada” sirviĂł como epĂ­grafe en la obra del laureado nobel Gabriel GarcĂ­a MĂĄrquez, “el amor en los tiempos del cĂłlera”, canciĂłn esta con la cual identificaban los cachacos como Daniel Samper Pizano a este viejo gallardo, ciego de nacimiento, pero Dios le entregĂł los ojos del alma, por ello la composiciĂłn “Dios no me deja” fue como una profecĂ­a de lo que serĂ­a su vida en ochenta y cinco años de una vida llena de afujĂ­as y de temple, tal como lo expresara su hijo Ivo DĂ­az quien con lĂĄgrimas en los ojos le decĂ­a al mundo que su papĂĄ fue un valiente ante la vida que le tocĂł llevar.

Esperamos que este mes de febrero en curso, el alcalde de Hatonuevo, Luis Arturo Palmezano Rivero, como buen hatonuevero que es, le haga un reconocimiento cultural a todo lo que representĂł Leandro DĂ­az Duarte, en su vida musical y la grandeza de sus canciones. Y hay que reconocerlo que Luis Arturo Palmezano como buen hatonuevero, siempre le ha hecho grandes reconocimientos al inmortal Leandro Diaz.

“El Homero latinoamericano”, fue un verdadero milagro en el transcurrir de su vida. Sus canciones fueron la expresiĂłn clara de su profunda inspiraciĂłn y la realizaciĂłn precisa e incontrovertible de lo que describĂ­a, sin nunca haberlo visto, pero que captĂł con su extraordinaria inteligencia, ayudada como el mismo lo expresara, con los ojos del alma, con los que aseguraba comunicarse con el mundo exterior. Le cantĂł a la naturaleza, a las mujeres que fueron en la mayor parte fuente de su inspiraciĂłn como por ejemplo “Matilde Lina” inmortalizada por tantos artistas entre los cuales sobresale Carlos Vives, quien sentĂ­a un profundo afecto por este ciego gallardo y la Ășltima vez fue en una noche memorable del mes de septiembre del año 2012 en el municipio de Villanueva, en la plaza principal, cuando en una gesta donde Carlos Vives con su compadre Egidio llenaron de emociĂłn al pueblo villanuevero que la Ex alcaldesa Claudia GĂłmez Ovalle hizo el esfuerzo para que por primera vez cantara en la tarima EscolĂĄstico Romero, cuando el artista samario llamĂł al “Ciego de Oro” a la tarima a cantar a dĂșo con Ă©l, miles de personas coreaban “Leandro, Leandro, Leandro”, momentos para no olvidar y que quedaron en la retina de miles de villanueveros, vallenatos y guajiros.

PasĂł sus primeros años en la finca de familia alto pino, donde naciĂł y dio muestra de su inteligencia al predecir el futuro con tanto acierto que mucha gente caminaba distancias solo para consultar al pequeño adivino, que con el tiempo vio transmutar esa cualidad por la poesĂ­a y el canto. Los primeros años de su vida, aquellos que no recordaba y los que recordaba con precisiĂłn fueron los mĂĄs difĂ­ciles. Era un objeto inĂștil que no lograba despertar algo distinto a la compasiĂłn. Los primeros pasos los dio en medio de tropezones, golpes imprevistos, caĂ­das de aprendizaje y la sensaciĂłn de estar siempre en el lugar menos indicado. MĂĄs tarde, siguieron mĂĄs tropezones: en el campo, cuando aprendiĂł a buscar por si solo el camino de sus canciones. En los pueblos, donde descargaba la razĂłn de su garganta, que era la misma que la de su vista. En las mujeres, que conociĂł tarde para la edad pero joven para el amor. En cada verso que afloraba de su maravillosa testarudez. Es decir, antes de levantarse del piso, ya estaba agarrado del cielo.

Su maravillosa memoria, su elevada inspiraciĂłn poĂ©tica y musical, sus altas calidades humanas, no demoraron en hacerlo el hombre mĂĄs popular de la regiĂłn y ese ritmo no declinĂł un instante hasta el dĂ­a de su muerte. Leandro, fue un muchacho al que la tristeza solo lo quedĂł en las arrugas de la cara, porque las del alma ya se habĂ­an ido. Leandro DĂ­az el maestro de maestros de la mĂșsica vallenata, fue dueño de mĂĄs de cien canciones que sobrecogen el misterio de un mundo que se parece a muchos. Un mundo de dos papeles, que le tocĂł vivir la mayor parte de su vida, y que cuando los afugios se marcharon, los veĂ­a con mayor claridad. Esas canciones marcaron la ruta de los años que iban pasando. Era el Leandro al que no lo consolaba nadie. El que creĂ­a poco en los amigos de los tiempos buenos, y machacaba hasta el cansancio una temĂĄtica recurrente que reclamaba incluso los plagios de sus cantos. Por ello por ejemplo en la canciĂłn “el negativo” Leandro expresaba su inconformismo: “todos quieren gozar asĂ­, parrandeando con mis canciones, las ofertas van por montones todos me ofrecen pa no cumplir. No sĂ© porque me pagan mal si con todos mis amigos me porto bien” ese era el Leandro resabiado que se molestaba con los amigos que le ofrecĂ­an de todo y no le cumplĂ­an con nada.

Sin embargo, al lado de sus resabios comprensibles, iban apretujados los otros afanes: el amor a la naturaleza a la mujer y a su tierra. Ya las mujeres eran cosa de su trajín, se dio el lujo de comparar su cambio con los de las traslaciones de la luna, y como para que sus luces no quedaran desperdigadas, las marraban con un verbo fino y sencillo, dulce y cortante, adornado con figuras adelantadas y con palabras y modismos raizales que encajaban perfectamente en lo que quería expresar. Este es el perfil de lo que era Leandro Díaz, el ciego de oro, la mayor expresión poética que Dios le dio a todos los amantes del folclor vallenato.

EL TRASEGAR DE GUSTAVO GUTIERREZ CABELLO

CrĂłnica por: HernĂĄn Baquero Bracho

La vida inmarcesible por así describirla del gran compositor vallenato, uno de los grandes poetas que ha convertido todas esas poesías en melodías, Gustavo Gutiérrez Cabello, ha tenido un trasegar exitoso y lleno de tantas alegrías, pero también de tantas congojas cuando su corazón melancólico no pudo cimentar un amor verdadero y de ahí que muchas de sus canciones son una alegoría a un Gustavo Gutiérrez triste que llora al amor, el cual le ha sido esquivo.

En este trasegar son muchos los periodistas que han escrito sobre su magia, sobre sus confidencias sobre su guitarra de oro, porque como Ă©l mismo lo afirma, Ă©l se inspirĂł donde nace el sol. David SĂĄnchez Juliao, escribĂ­a en El Espectador el 23 de abril de 1975: “un vallenato lento, sopesado, descansado, casi “cĂłmodo”, como relleno de algodĂłn, que se regodea en la no esencia campesina y que viene a ser el fiel reflejo de la escala de valores de la clase media provinciana (tomando la expresiĂłn en el mejor de los sentidos): la nostalgia por la tierra natal, la parranda y los amigos, la añoranza, las mujeres bonitas, las riñas de gallo, el paisajismo efĂ­mero e intranscendente, el desamor y el despecho. Su concepto del amor es, tiene que ser, diferente al de Alejo Duran, o al de un Enrique DĂ­az “machetero de la regiĂłn de Ayapel”, como dice RĂșgero Suarez en “el pobre hacendado”. Sus valores, en resumen, son otros. Y su vallenato, es otro. Pero ese otro vallenato, repito, no estĂĄ exento de belleza, de una gran esencia expresiva y de un gran sabor a tierra propia”.

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“PAPI” DÍAZ BALUARTE DEL VALLENATO

Cronista: HernĂĄn Baquero Bracho

Reynaldo “Papi” DĂ­az, sin lugar a equivocaciones en su larga carrera musical, se ha ganado un puesto de honor en la mĂșsica vallenata. Si Silvio Brito es el pequeño gigante del Vallenato, “Papi” DĂ­az es otro gigante que pariĂł Villanueva, un 22 de diciembre de 1957. Representa a una dinastĂ­a de las tantas que existen en la tierra cuna de acordeones y que engalanan con honor y prestigio no solo a su pueblo, sino al folclor colombiano.

Este estandarte de la mĂșsica vallenata, ha sido un cantante exitoso, que grabĂł con el descubridor de artistas de la talla de Rafael Orozco, “Beto” Zabaleta entre otros, como lo es Emilio Oviedo en el año de 1981 con “Golpe a golpe” y en 1982 “inspiraciĂłn”. Este don de cantante de los buenos lo descubriĂł Ă©l mismo en el lomo de un burro llevando leche, carbĂłn y leña, del caserĂ­o Las Flores a Villanueva. Siempre ha sido asĂ­, los grandes artistas, nacen y se hacen en los momentos menos esperados y es cuando el cielo se abre de par en par para que los dones de Dios, los irradien en todo su esplendor. Luego graba con el acordeonero sanjuanero Mauro Milian un trabajo musical “reencuentro” vallenato y se destaca un tema “Detalles de amor”. MĂĄs tarde hace pareja musical con Miguel Julio de la sabana de BolĂ­var y producen 2 LP: “Enamorados los dos” y “Mi Ășltima herida”.

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PONCHO COTES JR. Y SU ÚLTIMA HISTORIA

Cronista: HernĂĄn Baquero Bracho

El prĂłximo 4 de diciembre se cumplirĂĄn seis años del fallecimiento repentino del amigo, del colega, del compositor insigne costumbrista en estos tiempos modernos del folclorista, del parrandero innato, verseador y el Ășnico que con su deje musical lo hacĂ­a a punto de silbidos para componer tantas canciones que dejĂł para el recuerdo en los amantes del vallenato. Como olvidar esa fecha, si fue tambiĂ©n la de mi cumpleaños. Hoy 22 de junio estarĂ­a cumpliendo 68 años y me imagino como los estarĂ­a celebrando con sus dos amores Belem y HĂ©ctor y sus amigos que siempre fueron sus amigos, los compadres. Siempre estarĂĄ en nuestros corazones. A esta hora ya estarĂ­a donde Cao Mendoza mamĂĄndole gallo y a JosĂ© Casquita con su silbido inconfundible.

Me refiero a Låzaro Alfonso Cotes Ovalle, conocido artísticamente y cariñosamente como Poncho Cotes Jr, el hijo de Telma Ovalle y Alfonso Cotes Queruz. Todavía el guayabo por su partida lo tenemos fresquito en la memoria y en el corazón de aquellos que apreciåbamos y admiråbamos a este insigne cantautor que se convertía en un torrente de vivencias cuando departía alegremente con sus amigos.

Poncho Cotes Jr dejĂł un legado musical para el vallenato tradicional que la Unesco lo ha convertido en patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad y tĂ©ngalo por seguro que dentro de ese inventario que un grupo de amigos iniciaron de manera quijotesca como Rosendo Romero Ospino, FĂ©lix Carrillo Hinojoza, Beto Murgas, AndrĂ©s Villamizar, entre otros, varias de las canciones que salieron de la inspiraciĂłn magistral de Poncho Cotes Jr hicieron parte del inventario de ese vallenato tradicional que tantas glorias le ha dado a nuestro folclor y que esperamos que jamĂĄs muera por el bien de nuestra cultura y de nuestras raĂ­ces: “La Parranda y la Mujer”, “Yo Soy tu Negro”, “El CorazĂłn del Pueblo”, “Mi Viejo y Yo”, entro otras que fueron inmortalizadas por los grandes del vallenato y que hoy no solo el pĂșblico villanuevero, sino el pĂșblico colombiano las tararean como un homenaje, como un recuerdo y como una nostalgia de aquellos tiempos idos.

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