Han pasado diez años desde que fue privado de la libertad el Rey vallenato Juan David el ‘Pollito’ Herrera Pimentel condenado por el Juzgado Primero Penal con Funciones de Control de Garantías, quien lo culpó del delito de acceso carnal abusivo y actos sexuales con menor de 14 años.
Juan David Herrera Pimentel nació el 17 de enero de 1975 en la ciudad de Valledupar y desde los 11 años comenzó a tocar el acordeón, hijo de uno de los cajeros más emblemáticos que ha tenido el folclor vallenato: Simón Herrera, hombre curtido en el arte musical y quien llegó a Valledupar a comienzos de los años 70 desde el sur de Bolívar.
“El Pollito”, como cariñosamente se le conoce en Valledupar, fue inicialmente un excelente cajero, como su padre, y participó en algunos festivales interpretando este instrumento. Es indudablemente uno de los acordeoneros más experimentado en concursar en Festivales, en diversas categorías, de hecho ha ganado en mas de 60 eventos, incluidos los más prestigiosos del País.
En el año 1996 fue coronado rey del festival de la Leyenda Vallenata, acompañado de su hermano Israel en la guacharaca y del famosísimo cajero Jairo Suárez “El Mañoco”
Durante sus hazañas como acordeonero, Juan David, es uno de los pocos que se ha dado el lujo de ganarle en franca lid a Alfredo Gutiérrez y de coronarse Rey en las distintas categorías del festival vallenato: Rey infantil en 1983, Rey aficionado en 1990 y Rey Profesional en 1996.
,A nivel artístico, ‘El Pollito’ Herrera grabó al lado de Miguel Morales éxitos como ‘Mi diosa humana’, ‘Que me puedas amar’, ‘No debí enamorarme’, ‘No te detengas’, ‘Sirena encantada’, entre otras.
El Rey Vallenato y célebre compositor, Omar Antonio Geles Suárez, ha tenido una vida llena de triunfos en su carrera musical, aunque al comienzo las dificultades eran el pan de cada día, pero su mamá ‘La Vieja’ Hilda Suárez Castilla, fue la gran heroína que le puso el pecho a la brisa y batallando sacó adelante a su familia.
Un recuento de esa historia la contó el propio Omar en la canción ‘Los caminos de la vida’, esos que no son como se piensa o se cree. Logro hacer una clara descripción de todos los padecimientos que sufrieron, pero con el paso del tiempo se anexaron muchas alegrías que fueron vitales para cantar victoria.
En constantes los diálogos con Omar Geles sobre la variedad de sus cantos, hizo énfasis en uno que tiene una pesada carga de mentiras y que lleva por nombre ‘Que vaina tan difícil’, grabado por Diomedes Díaz con Álvaro López en el año 2013.
“Yo puedo soportar 20 días de hambre, un año sin plata, un día sin aire. Yo puedo caminar con el sol caliente, a pie descalzo del Valle a Barranquilla sin importarme”…
Hipérboles de amor
A Diomedes Díaz le llamaron la atención esas mentiras, porque tenían el encanto que ponía en línea recta a los corazones. De igual manera, a Omar Geles le causó curiosidad el comentario de las famosas mentiras llevadas a una canción, pero el compositor Rosendo Romero, quien estaba escuchando la charla, intervino para precisar. “Eso no se llama mentiras, sino hipérboles”.
Enseguida comenzó su clase de español, o como lo aseveró él mismo “de castellano”, haciendo un resumen del significado de esa palabra. “Según la lengua castellana, Hipérbole es una figura retórica de pensamiento que consiste en aumentar o disminuir de forma exagerada lo que se dice”. Se arregló el sombrero, y más serio aún indicó que muchos sin conocer la palabra lo hacen a diario, aunque lo más fácil es decirles mentiras. Al maestro ‘Chendo’ se le aplaudió la exposición.
Hipérboles amorosas
“Ay, puedo sobrevivir a las calumnias, a los envidiosos, a un mal amigo. Yo puedo perdonar al que me roba y me maldice, haciéndole el bien sin importarme”…. Por amor, el compositor se volvió protagonista de una interesante novela cantada, donde derramó su corazón para exaltar a una mujer, ese motivo especial que hace brotar la mejor nota en el pentagrama del sentimiento.
Precisamente, cuando letra a letra la crónica se estaba armando, mi hijo menor, Juan Miguel Rincón Ferrer, quien se encontraba a mi lado leyendo las frases que iban resucitando en la pantalla del computador, manifestó: “Papá, es cierto, eso se llama Hipérbole. A mí me pusieron en el colegio una tarea, y escribí: “Con mi mamá, me armé de coraje y juntos nos saltamos las páginas de un libro”. Enseguida, soltó soberana carcajada.
Mentiras, exageraciones o hipérboles, lo mejor es que podemos traer a colación el título de la canción: ‘Que vaina tan difícil’… “Pero vaina difícil es vivir sin ti, mi corazón lo tengo acostumbrado a ti”, toda una declaración amorosa, así las mentiras floten en el ambiente y se conviertan en hipérboles, donde una mirada puede desencadenar en aquello que llaman pasión.
Cantos del día a día
En esa charla extensa con Omar Geles, él aprovechó para contar ciertas historias de sus canciones que son un verdadero testamento escondido en su alma, y al pasar a su memoria se cantan en silencio. Ese silencio que nadie puede interrumpir porque de inmediato huye la inspiración.
De inmediato entregó su concepto. “Todas las canciones que hago tienen su origen en la realidad. Algunas veces, demoran guardadas por la cantidad que hago, pero otras salen con tanta fuerza que no se detienen. Todo se debe a la pasión que tengo por la música y eso es vital para vencer los obstáculos que han sido muchos, pero siempre agarrado de la mano de Dios”.
Volvió a hacer énfasis en la canción ‘Que vaina tan difícil’ y anotó. “Después de vivir un episodio de amor, me dí cuenta que el corazón estaba en el lugar indicado. Había que hacer una canción y se me ocurrió echar esas mentiras como dice Juan Rincón. Compuse esa canción hermosa, que no más se la hice escuchar a Diomedes Díaz se quedó con ella, y la convirtió en éxito al lado de Alvarito López”.
“Toque el acordeón”
En la mencionada charla se tocó el tema de la discusión sostenida con Diomedes Díaz, en una presentación en el año 2005, donde ‘El Cacique de La Junta’ lo mandó a tocar el acordeón, y no a cantar como Omar quería.
Ese memorable episodio quedó en el anecdotario, porque después vino el reconcilio y todo quedó atrás. De esa manera, Omar Geles le entregó varias canciones que se convirtieron en éxito. “Eso fue algo que no debió pasar, pero después hablamos, nos abrazamos y volvimos a tener esa amistad sincera”, recordó el cantautor.
Precisamente, trayendo a su memoria aquel altercado sucedido en el año 2021 Omar Geles grabó al lado de Rolando Ochoa la canción de su autoría, ‘Toque el acordeón’, donde se recrea una parranda exaltando a Diomedes Díaz como ‘El papá de los pollitos’. Además, se repite el famoso verso: “Como Diomedes no hay otro, ese nunca nacería, y si nace no se cría y sí se cría se vuelve loco”. Y le añadió uno más: “Me dicen que loco soy, porque no tengo fortuna, pero brillo como el sol y alumbro como la luna”.
El talento de Omar Geles se encontró en los caminos de la vida con Diomedes Díaz, quien supo darle el más grande brillo a sus canciones para que se proyectaran en el universo vallenato. En ese listado están: ‘No intentes’, ‘La falla fue tuya’, ‘Pueda ser que no me extrañes’, ‘Con mucho gusto’ y ‘Que vaina tan difícil’, donde pocas veces las mentiras de un enamorado se convirtieron en éxito, logrando que el sentimiento se expresara envuelto en canto. Hoy, todo es historia plasmada en los recuerdos del ayer y con la verdad escrita.
Omar Antonio Geles Suárez al final citó el Salmo 126, versículo cinco, donde se calca toda su historia, pero sin mentiras: “El que siembra entre lágrimas, recogerá sus frutos con gritos de alegría”…
Fuera de serie, así estuvo la presentación de Jorge Celedón en la clausura de los Juegos Bolivarianos en la plaza Alfonso López de Valledupar, ante la ovación de los deportistas, delegaciones y el público en general.
Celedón abrió su espectáculo con la canción ‘La Invitación’ que reseña esa cordial bienvenida a las fiestas de Colombia, dejando el mejor recuerdo para los 3.250 deportistas de los 11 países que durante 13 días alegraron al departamento del Cesar.
Durante dos horas la agrupación insigne del vallenato ante el mundo mostró su variada presentación con un excelente repertorio de Jorge Celedón; el acordeón de Victor Naín Jr.; la destacada actuación de las coristas Gianny Pérez con la canción ‘Olvídala’; Guita Castilla con el tema ‘No todo puede llamarse amor’; Sugey Torres con ‘Distintos destinos»; la pianista Susana Salcedo y el guitarrista John Almario en ‘Esta vida’ y todos los músicos aportaron su talento para un cierre con broche de Oro de los Juegos Bolivarianos.
Con las tres coristas y en un formato acústico, Celedón cantó ‘Recordándote,’ una canción de su autoría que le grabó el inmortal Diomedes Diaz.
Celedón invitó al escenario al acordeonero y Rey de Reyes del Festival Vallenato Gonzalo Arturo ‘El Cocha’ Molina, para interpretar ‘Palabras al viento’ y ‘Bendito sea Dios’, dos nuevas versiones que grabaron juntos y que merecieron todos los elogios del ferviente público.
El alcalde de Valledupar, Mello Castro y el gobernador encargado del Cesar, Andrés Meza entregaron la bandera de los Juegos Bolivarianos al delegado de Guayaquil (Ecuador) que será la sede estas competencias en el 2025.
El público que llenó la plaza Alfonso López vivió una maravillosa experiencia con Jorge Celedón que se despidió con ‘Esta vida’ y el cielo vallenato se iluminó con los destellos y colorido de los juegos pirotécnicos y los aplausos de la gente.
Valledupar, Capital Deportiva del Caribe, se lució con Los Juegos Bolivarianos.
Evelio Enrique Cuavas Hoyos nace el 10 de julio de 1944 en la hermosa tierra de Montería Departamento de Córdoba en el hogar conformado por Manuel Gregorio Cuavas Morales y Ana Zunilda Hoyos Morelos.
Su amor por la música comienza aún siendo un niño, cuando divisaba desde las afueras de los bares las agrupaciones musicales que se presentaban en Montería, aún llegan a su mente esos recuerdos cuando en el cabaret «El Cocodrilo» tocaban agrupaciones como Romancito Román, La Sonora Cordobesa, los Macumberos del Sinú, la Orquesta Unión Montería, estas agrupaciones amanecían tocándole a los monterianos mientras Evelio Cuavas junto a su primo y su hermano entraban al bar a vender fritos y disfrutaban plenamente de esas presentaciones. Así fue naciendo el amor por la música mientras se deleitaba con las canciones de Crescencio Camacho, Tony Zúñiga, Aníbal Velásquez y Rafael Ramos.
Hace 82 años que en Valledupar nació un niño cuyos progenitores fueron, Evaristo Gutiérrez Araujo y Teotiste Cabello Pimienta, quienes soñaban ver a su amado hijo convertido en un Administrador de Empresa, pero su amado retoño resultó siendo un enamorado del romanticismo de la composición de música vallenata, genero de música que en sus inicios era rechazada por los gustos refinados de su familia y por los residentes en la majestuosa y colonial plaza Alfonso López de Valledupar, donde residía Gustavo Enrique con sus padres. Pero, fue su padre tal vez sin darse cuenta quien codujo a este muchacho de figura muy delgada a que aprendiera mucho de la música folclórica que se asomaba en aquella época, ya que lo llevaba a los sitios de bailaderos de gente popular que se realizaban en el barrio Cañahuate, allí se “camuflaban” personajes residentes en la plaza Alfonso López para descansar un poco de los aires europeos que eran los preferidos por ellos.
SUS INICIOS.
Don Evaristo padre del flaco aprendió a tocar a la perfección el piano y el violín por lo cual era bastante reconocido en toda la comarca, esta fama se extendió por todo el Valle del Cacique Upar, con esta popularidad bien ganada, las fiestas sociales de jerarquía en Valledupar debían ser amenizadas por el piano y el violín de Evaristo.
Gustavo recuerda y nos comenta en su viva voz: “Mi padre era violinista y tocaba piano, yo me críe escuchando diariamente estos dos instrumentos, mi papá sacaba unas melodías lindísimas que me marcaron, de personajes como Strauss, Agustín Lara y Ernesto Lecuona, eso se me metió en la mente y por tener inclinaciones por la poesía de autores como: José Asunción Silva, Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez y otros autores más, creo que es de allí donde yo saco la manera romántica para hacer versos”.
A medida que iba creciendo comenzó a admirar a Julio Bovea y Guillermo Buitrago que ya empezaban a llevar la música vallenata a nivel nacional, por la forma que tenían estos dos personajes para ejecutar la guitarra, fue por la admiración a estos dos artistas y amor por la guitarra que aprendió a tocar el instrumento de seis cuerdas, a partir de este momento le nació la idea de tocar ritmos distintos al vallenato que aparecía en esa época, con esta idea arrancó muchas risas burlonas de parte de sus amistades quienes consideraban esta como una locura.
En la mente de Gustavo Enrique seguía la idea de dar a conocer una forma de hacer música distinta a la que se venía haciendo, pensó en los ritmos musicales de otros países y su forma de ver la música lo trasladó a la tierra de Carlos Gardel, allí se tocaban las milongas que fueron las primeras melodías que arrancó de su guitarra, porque decía que tenían mucho parecido a lo que se hacía por estas tierras, se dio cuenta que los ritmos gauchos le podían ayudar a ejecutar el acordeón de teclas conocida en este sector del planeta como concertina, ahí se pudo dar cuenta que sus tonalidades lo ayudaban a sus pretensiones lo que lo motivó a realizar su primera canción bien distinta a la peculiaridad que tenían los compositores que ya despuntaban en la provincia.
PRIMERA CANCIÓN
La primera canción que hizo Gustavo Gutiérrez Cabello lleva por título: “La Espinita”.
“Si te hieren las espinas cuando vas por algún paso
No te quejes de la vida y apártalas del camino
Que si acaso algún viajero anda siguiendo tus pasos
Se puya y sigue el camino, el camino de tu casa
Soy yo linda que vengo a verte a ti
Vengo herido la sangre brota en mi”
Esta canción la compuso luego de haber aprendido a tocar el acordeón de teclas que en esta región llamamos concertina, en esta canción dice el compositor que las tonalidades de este instrumento le ayudaban a lo que él pretendía con la música, también reconoce que en este canto hay algunas influencias de los ritmos gauchos, sus amigos seguían murmurando por que la melodía de esta canción estaba bastante diferente a lo que venían realizando los músicos y compositores de la época, pero este joven “flaco” tenía una idea de escudriñar y hacer algo distinto que cruzara fronteras y de paso salirse un poco de los cánones del folclor vallenato de ese entonces.
INICIO ATÍPICO
“Mi inicio como compositor vallenato fue bastante atípico ya que mis tres primeras canciones tituladas; La Espinita, Morenita y Suspiros del Alma, a pesar que eran del género vallenato, obras musicales en ritmo de paseo, que dicho sea de paso fueron las canciones que me dieron a conocer, conté con la dicha de que estas inspiraciones fueran grabadas por la famosísima orquesta de “Pacho” Galán en un LP que se llamó Fiesta con “Pacho” Galán y sus Sabaneros. De las tres canciones grabadas por la orquesta de “Pacho” la que más se escuchó fue La Espinita”
Gustavo Gutiérrez se conoció con Pacho Galán en una fiesta que esta orquesta vino amenizar en el Club Valledupar, donde Evaristo Gutiérrez su padre hacía parte de la nómina de artistas de la noche gracias a su majestuosidad con el piano, porque este brindaba en los intermedios de las tandas, melodías de los clásicos aires del viejo continente.
Las cosas buenas indudablemente son muy apreciadas y apareció como mandado de Dios un excelente músico nacido en República Dominicana, pero residenciado en Venezuela, llamado Luis María Frómeta Pereira, conocido musicalmente como “Billo” Frómeta, este tenía la orquesta, Billos Caracas Boys quien para la época era la banda musical con mayor impacto en América, la mencionada agrupación también grabó “La Espinita” con la Voz de “Cheo” García y los coros de José Luis Rodríguez “El Puma” y Memo Morales, este se puede considerar como el arranque a la fama del “Flaco de Oro” como se le conoce en el argot musical a nivel nacional a este gran compositor nacido en Valledupar Colombia.
INGRESO A LA MÚSICA VALLENATA
Luego de su gran rótulo ganado como compositor de la mano de las dos grandes orquestas del momento Pacho Galán en Colombia y en Suramérica la Billos Caracas Boys, logró superar el agnosticismo de los ortodoxos de nuestro folclor, con esa manera particular de ver y practicar la música dejando un poquito apartado los cánones de nuestro folclor vallenato, después de un corto tiempo se le presentó la oportunidad de grabar una producción musical con el apoyo de Alfredo Gutiérrez, trabajo titulado “Vallenato Romántico” este se realizado en la casa disquera Fuentes.
Gutiérrez Cabello logró posicionarse y convencer a sus amistades con ese estilo romántico lleno de sentimiento para componer versos con mensajes suaves como el pétalo de una flor, así le tocara cantar penas, dolores y placeres. Con el alma enamorada y la antorcha en la mano iluminó el camino a muchos hacedores de versos de la época que lo siguieron, por lo que nació un estilo o escuela de compositores para hacer canciones llamadas vallenato romántico; estas estaban repletas de sentimiento y de un lenguaje exquisito, respetuoso y halagador para las mujeres.
Manifiesta Gustavo Gutiérrez lo siguiente: “Hubo dos mujeres las cuales yo tenía como unas hermanas que me apoyaban, siempre me decían, el que persevera alcanza el objetivo y no dejaban que yo abandonara mi proyecto de la revolución como compositor de nuestra música vallenata, siempre conté con su impulso para seguir adelante, ellas fueron: Cecilia Caballero de López, “La Niña Ceci” esposa del expresidente Alfonso López Michelsen y “La Cacica” Consuelo Araujo Noguera, impulsora y fundadora de la fiesta folclórica más grande de América Latina; llamada el Festival de la Leyenda Vallenata, ellas me animaron para que yo superara las críticas y los señalamientos que me hacían los músicos y compositores de ese entonces, por mi estilo con mucho romanticismo al componer”.
PRIMER GANADOR DE CANCIÓN INEDITA
En el año de 1969 “El Flaco de Oro” presenta la canción “Rumores de Viejas Voces” en el marco del segundo Festival de la Leyenda Vallenata, resultando ganador, así se constituyó en la primera composición inédita ganadora en este evento folclórico ya que en el primer festival vallenato no hubo concurso de canciones inéditas.
“Vi que Valledupar estaba cambiando, ya le habían pavimentado algunas calles, nació el barrio “Las Tablitas” que hoy en día se llama “Primero de Mayo” pensé que el progreso no se podía detener y me dije, que nunca cambie su sentido musical, porque se perdería el encanto de mi tierra.” Esta canción fue grabada por Alfredo Gutiérrez.
Para el año de 1982 aparece nuevamente Gustavo Gutiérrez Cabello en el concurso de canciones inéditas del Festival de la Leyenda Vallenata con una obra musical titulada “Paisaje de Sol,” con esta canción vuelve a saborear el triunfo, posteriormente esta canción fue grabada por Jorge Oñate y Juancho Roys.
“Una tarde al regresar del corregimiento de Atanquez a Valledupar vi un hermoso paisaje con un sol hermoso, eso me llamó mucho la atención, ya en mi casa en horas de la noche con todo lo que había observado me senté a hacer la canción”
Es por eso que un 12 de septiembre de 1940 Gutiérrez Cabello comenzó a trasladarse por un “Camino Largo” buscando un “Paisaje de Sol” para que su “Corazón Martirizado” dejara de sufrir y sus “Ojos Tristes” miraran a la “Virgen de las Mercedes” para darle gracias por “El Cariño de mi Pueblo” y pedirle que se cumplan sus “Rumores de Viejas Voces” para bien de nuestro folclor vallenato.