De las 260 canciones inscritas para el 57° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Iván Villazón, ‘La Voz Tenor del Vallenato’, fueron seleccionadas un total de 70 que corresponden a 42 paseos, 11 merengues, 9 sones y 8 puyas, cuya labor le correspondió al jurado integrado por el compositor Juan Pablo Marín Álvarez, Rey de la Canción Vallenata Inédita 2023; el compositor Luis Egurrola Hinojosa y el historiador e investigador musical vallenato, Celso Guerra Gutiérrez.
El Vicepresidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y coordinador del concurso de la Canción Vallenata Inédita, Efraín Quintero Molina, manifestó. “El jurado estuvo escuchando durante dos días el total de canciones inscritas, teniendo el acompañamiento de los veedores Lourdes Baute Céspedes y Alonso Sarmiento Araújo. Al final entregó el resultado haciendo énfasis en la calidad de la composición para que pueda perdurar con el paso del tiempo”.
Al respecto el compositor Juan Pablo Marín, sobre el trabajo cumplido en la selección de las canciones, expresó. “Hicimos el ejercicio escuchando canción por canción para emitir un concepto bien centrado. Se siguieron al pie de la letra los parámetros como son la armonía, la letra, la melodía y la rima que son determinantes. Resalto la inscripción de compositores extranjeros y del interior del país”.
De igual manera, destacó el buen nivel de las canciones para que este año el concurso de la Canción Vallenata Inédita, se vista de colores con muchas melodías, letras y armonías haciendo más grande esta fiesta del folclor.
Finalmente a los 70 compositores seleccionados se les comunica que tienen plazo hasta el lunes 22 de abril a las 5:00 de la tarde, para aportar la foto tamaño documento 3X4 y la fotocopia de la cédula de ciudadanía de máximo 8 acompañantes que van a interpretar la canción inédita.
Se adjunta el listado de las 70 canciones seleccionadas en los aires de paseo, merengue, son y puya.
A la edad de 28 años cumplidos se coronó como rey del Festival de la Leyenda Vallenata, para esa época y por mucho tiempo ostentó el récord como el rey vallenato más joven de la historia del evento folclórico más importante de América Latina.
Quien iba a pensar que un niño de escasos 8 años y quien se inició tocando un pequeño acordeón de dos teclados que le regaló su amado padre le daría la alegría más grande que Urumita (Guajira) vivió en la década de los 70, fue precisamente cuando José María Ramos Rodríguez que con solo 28 años se coronó como el décimo rey de la leyenda vallenata en el año de 1977 y registrar la marca como el acordeonista más joven de la época en obtener el máximo galardón de la música vallenata, sus compañeros de formula fueron Abel Suarez en la guacharaca y Simón Herrera en la caja; quienes interpretaron en esa oportunidad las canciones “Ni tu ni yo” paseo de Armando Zabaleta, el merengue “El milagro” de Emiliano Zuleta Baquero, el son “Yo traigo un son” y la puya “El amigo” ambos temas de Joaquín Mora. El artista urumitero en esa oportunidad les ganó a los acordeonistas; Alberto Muegues, Rafael Salas, Miguel Ahumada y Juan Polo Valencia.
«¡Ay! Praga, Praga… Praga, donde el amor naufraga, en un acordeón»: Joaquín Sabina, cantautor español.
Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado.
Según el neurocientifico y músico estadounidense Daniel J. Levitin en su trabajo investigativo titulado «Tu Cerebro y La Música, el estudio de una obsesión humana», «los instrumentos musicales figuran entre los artefactos más antiguos fabricados por el hombre que se han encontrado. La música precede a la agricultura en la historia de la especie». Lo que quiere decir que la historia de la música y de la creación de los instrumentos musicales es tan remota como la misma historia del hombre. La humanidad siempre ha estado acompañanda por el sonido, ya sea con el trinar de los pájaros, el roce del viento con las ramas de los árboles, el susurro del mar al ser empujado por las corrientes de aire, el traquetear de la madera en el fuego o el ruido que produce las corrientes de agua de los ríos y riachuelos. Es entonces en donde el hombre cautivado y seducido por esa constelación de sonidos que proviene de la naturaleza y su entorno decide imitarlos por curiosidad y también por necesidad empezando a fabricar distintos tipos de artefactos que luego derivaron en instrumentos musicales. Con el avance de la humanidad también llega la cultura de los pueblos y en ese intercambio de conocimientos, sabidurías y la oralidad que tanto reinan en el Caribe colombiano, fueron componentes imprescindibles para el nacimiento de un gran juglar de la música vallenata que aunque muchas veces es olvidado o no le han dado el reconocimiento que se merece, pero es digno de admirar, resaltar y enaltecer por la trayectoria y el aporte significativo que le ha dado a esta música de origen provinciano. Un hombre que con su acordeón al pecho creó un vínculo emocional tan especial que ha mantenido por siempre. Con su instrumento ha compartido momentos de soledad, fracasos, frustraciones, pero también de alegrías y éxitos. Me refiero a: José Francisco Carranza Martínez, quien le abrió los ojos a este mundo terrenal el día viernes, 19 de febrero del año 1954 en El Piñón, un pueblo encantador, con un paisaje natural rodeado de exuberante vegetación, bañado por el río Magdalena en el departamento del mismo nombre, lugar de sanas costumbres, gente humilde y trabajadora, de calles empedradas, casas coloridas y de rica cultura, donde la música y la danza tradicional son parte integral de la identidad de sus pobladores, algo que se refuerza en los festivales y eventos folclóricos que se hacen frecuentemente. Nació en el hogar conformado por José Felipe Carranza Cueto y Antonia Martínez Manota, él un pescador que también se desempeñó como carcelero de su terruño y ella una ama de casa que ayudaba a la economía familiar con la venta de productos derivados del maíz: bollos y arepas. José Carranza sintió el llamado musical desde muy pequeño, aunque el sonido del acordeón lo seducía lo primero que aprendió a tocar fue un tambor y una guacharaca, instrumentos que su padre le fabricaba de manera rústica y artesanal con objetos desechados como un viejo termo de café y bancos de madera. Ayudaba a su madre en la labor de moler el maíz con el que elaboraba sus productos, oficio que realizaba con alegría entonando canciones que estaban de moda y pegadas en la radio de maestros como: Alejandro Durán, Abel Antonio Villa, Pacho Rada, Calixto Ochoa, entre otros; hecho que le sacaba sonrisas a su progenitora, quien junto a su padre fueron parte fundamental en su desarrollo musical y un apoyo incondicional en su naciente carrera artística.
Los primeros acordeonistas que vio y escuchó fueron Virgilio de La Hoz y Augusto Orozco, sobre todo este último quien era contratado por un paisano suyo para ponerle serenata a una vecina de la que estaba enamorado, sin importar la hora el pequeño Carranza se levantaba guiado por ese sonido mágico que brotaba del acordeón y se detenía frente al evento lo que para él era un espectáculo embruajador y seductor y desde ese momento quedó flechado, la música se fue metiendo sin permiso en su alma y soñó con ser acordeonista y alegrar el corazón de la gente. Su señor padre José Felipe al notar el entusiasmo de su hijo con el acordeón hizo un esfuerzo económico y accedió a comprarle uno de segunda mano en el corregimiento Cantagallar, era de dos teclados bastante deteriorado, remendado con esparadrapo que tuvo un costo de 80 pesos, pero que generó una alegría indescriptible en el pequeño José. De regreso a su casa montado en un burro empezó a sacarle notas al instrumento que desde ese momento se convertiría en su juguete más preciado e inseparable amigo. Las primeras melodías que aprendió a interpretar fueron ‘La Múcura’ y ‘Tumbé La Ceiba’ que fueron escuchadas en un principio por José Manuel Ospino, dueño de una tienda que quedaba cerca de su vivienda, quien en sus momentos libres tocaba el trombón y se terminó convirtiendo en una especie de guía musical que lo animaba y aconsejaba, con el fin de que creara sus propias melodías. Después de algún tiempo y siendo aún un niño ya con un repertorio musical aprendido empezó a recorrer pueblos circunvecinos como Pivijay, Salamina, El Copey, Fundación, Cerro San Antonio, siempre en compañía de su padre que lo cuidaba, y así poco a poco se dio cuenta que podía vivir del arte musical y que esta sería la profesión a la que se dedicaría por siempre. A la edad de 15 años decide trasladarse a Barranquilla algo que sus padres no querían porque les daba temor que un jovencito como él fuera a tener los problemas que muchas veces hay en las grandes ciudades. Estando en «La Puerta de Oro de Colombia» organiza un conjunto con unos muchachos como él y empiezan a tocar en los sitios emblemáticos como el Teatro Tropical, el Paseo Bolivar, bares, restaurantes y estaderos de jueves a domingo. Los lunes iba a visitar a sus viejos en El Piñón, y como todo buen hijo les llevaba mercados y algo de dinero para ayudarles con los gastos de la casa. Una noche cualquiera estaba reunido con sus colegas músicos en el restaurante La Terraza cenando y repartiendo el producido del día y les presentaron al señor Felipe Romero quien les dio una idea y les recomendó un estudio de grabación de Gabriel Zúñiga, quien luego de escuchar una interpretación con su acordeón le propone grabar un tema titulado ‘El Caballo Canelo’ de un paisano suyo piñonero llamado Medardo Rudas Riqueth, canción que luego fue un éxito por la agrupación venezolana «Los Melódicos». De esa forma empieza a despegar su carrera musical ya en el ámbito de la grabación lo recomiendan con el maestro Adolfo Echeverría y su agrupación «Los Mayorales» quien al ver el jovencito de 15 años se sorprende por su talento y lo invita a que graben una canción de su autoría titulada ‘La Rebelde’ en el año 1969 y también lo acompañó con su acordeón y colaboración en arreglos musicales en temas como: ‘Leonor’, ‘Cartagena Historial’, ‘El Sapo y Su Combogao’ entre otros. Después de unos tres años de acompañar a Adolfo Echeverría se separa y graba con Epimenides «Epy» Zambrano padre del acordeonista y arreglista Jimmy Zambrano, quien tenía una agrupación llamada «El Dúo Epi»; con la voz de Víctor Salamanca graban un éxito de los años 70 titulado ‘La Vieja Trapito’ donde si aparece su crédito como acordeonista (J.Carranza) algo que nunca tuvo con la agrupación «Los Mayorales» . La carrera musical de José Francisco sigue en ascenso y un día estando en el barrio el Santuario de Barranquilla llegó el señor Rafael Mendoza el autor de ese clásico canto vallenato titulado ‘Carrito Viejo’ grabado por la célebre agrupación «El Doble Poder», conformada por los maestros Ismael Rudas y Daniel Celedón, y le propone grabar unos temas en donde se destacaron ‘Chofer de Bus’ y ‘Mi Colegiala’ . Luego se conoce con el cantante Ovidio Martínez con quien comienza a hacer ensayos y después de enviar muestras a distintas disqueras reciben una noticia positiva de CBS, hoy en día Sony Music. y les aprobaron la grabación de un sencillo con cuatro canciones que fueron ‘El Súper Mujeriego’, ‘ Insomnio de Amor’, ‘Los Caramelos’ y ‘Adios Mujercita’ los cuales tuvieron buena aceptación, motivo por el cual les terminaron grabando un trabajo discográfico completo titulado «Por La Puerta Grande» donde obtuvieron ventas de más de 20 mil copias que era una buena cifra para la época, posteriormente grabaron otro álbum que se llamó «A Todo Cañón» en donde se destacó la puya ‘La Pendejá’ . José Carranza junto con Ovidio Martínez en el año 1982 para Fiesta Vallenata graban un tema de Franklin Benavides titulado ‘El Rey de la literatura’ que sin duda es uno de los más grandes homenajes que se la ha rendido a nuestro premio Nobel Gabriel García Márquez. Con su conjunto ha recorrido todo el Caribe colombiano y algunos lugares del interior, así como el vecino país de Venezuela. En una de esas tantas fiestas y parrandas que ha amenizado en su pueblo El Piñón, un animador de nombre Kike Montero de La Hoz por el brío y calidad en la ejecución de su acordeón lo bautizó como «El Ciclón Piñonero» apodo que se convirtió en su nombre artístico. «El Ciclón Piñonero» en su largo trasegar por la música vallenata ha tenido la oportunidad de hacer pareja musical con buenos cantantes que le han ayudado mucho en su catálago musical. Voces como Ramón Bertel, Beto Bermúdez con el sencillo ‘Grita Mi Corazón’ salieron victoriosos en el Carnaval de Barranquilla obteniendo el codiciado Congo de Oro en el año 1987. David Henríquez, Edwin Escorcia, su hermano Pablo Carranza, Fredy Andrade, Ricardo Maestre, pero definitivamente su época dorada fue al lado de Oswaldo «El Aparato» Rojano con quien anduvo por más de 20 años y grabaron cuatro trabajos discográficos, esa sólida unión se debió a esa simbiosis y entendimiento musical que siempre tuvieron, su acordeón se acoplaba perfectamente a la potente y clara voz que siempre caracterizó al «Aparato» Rojano. El maestro Carranza no solo es un gran intérprere del acordeón, también se destaca como compositor, ha grabado con sus distintos cantantes alrededor de 32 canciones de su autoría donde sobresalen: ‘Con sabor a menta’, ‘La alegría de mi vida’, ‘Donde vayas me llevas’, ‘ Tanto rogarte’, ‘Tengo una pena’, ‘El recadito’, ‘Boquita sabor a coco’, ‘Mi gordita y yo’, ‘Tu natalicio’, ‘De mi te estás alejando’, ‘Rumbón alegre’, ‘No puedes fallarme’, son algunas de las muestras de su capacidad como compositor. También ha realizado la labor de Instructor Musical de la casa de la cultura en su adorado pueblo, El Piñón, una loable labor que hizo con los niños, porque según algunos estudios, enseñar a un pequeño a interpretar un instrumento musical, en este caso el acordeón ayuda a desarrollar el cerebro y las capacidades cognitivas, porque la música potencia la actividad neuronal y aumenta la retención mental. Carranza Martínez aunque ha grabado pocas canciones en su voz, canta con frecuencia en parrandas. En grabación se destaca la canción «Amigo» autoría de Rafael Mendoza grabada por Los Hermanos Zuleta, pero que por petición del compositor quien fue su compinche, compadre y amigo le pidió que la grabara porque para él no había nadie que le imprimiera ese sentimiento que transmitió el autor en su letra. José Francisco tiene una voz grave, limpia, potente, honesta y agradable al oído que lo convierte en músico completo, de esos que tocan, cantan y componen, requisitos que son tenidos en cuenta en la música vallenata para hablar de «Juglar». Ama tanto su su arte, su instrumento de pitos y bajos, porque cuando lo tiene en sus manos es como si se volviera parte de su cuerpo, igual que un niño con su juguete favorito, con un amor por la música que se evidencia en cada movimiento que hacen sus dedos cuando está ejecutando su instrumento bendito. No hay duda alguna que este maestro es también un gran baluarte del vallenato, de esos que aún siguen recorriendo nuestra historia musical y que con su aporte ha contribuido a la edificación de nuestra cultura, música y folclor, es por eso que estábamos en mora de realizarle un sincero reconocimiento al «Juglar Piñonero». Este septuagenario maestro vive felizmente en el municipio de Soledad, Atlántico, en el barrio Manuela Beltrán, al lado del amor de su vida y musa inspiradora de algunas de sus creaciones musicales Josefa Calvo, en donde recibe la visita periódica de sus tres hijos y cuatro nietos. Pero sin dejar su delirio por la música, porque ahora se dedica a producir y dirigir trabajos discográficos de otros artistas en su estudio de grabación JOCAR RECORDS, y también tocando en una que otra parranda privada, porque esta pasión por el arte musical lo acompañará hasta que cierre sus ojos definitivamente.
La vida musical de Jorge Oñate la vivió de manera intensa y siempre buscando estar en el primer lugar porque el segundo no era el suyo. Por eso se prodigaba en realizar las cosas de la mejor manera y no dejar ningún cabo suelto. Todo se remitía a su entrega y no dormirse en los laureles.
Con esa estrategia que aplicaba obtuvo los máximos honores en la música vallenata comenzando con las nueve grabaciones con los Hermanos López, que lo llevaron a darse a conocer en el ámbito vallenato. De ahí se desprendieron muchos clásicos que hoy son referentes de esas historias que nacieron en el campo y se extendieron por el universo vallenato.
Quién no recuerda cantos como: ‘Berta Caldera’, ‘El cantor de Fonseca’, ‘Amor sensible’, ‘Recordando mi niñez’, ‘No voy a Patillal’, ‘Las bodas de plata’, ‘Rosa jardinera’, Cerro Murillo’, ‘La muchachita’, ‘Mi gran amigo’, ‘El siniestro de Ovejas’, ‘La verdad’, ‘Altos del Rosario’, ‘Los tiempos de la cometa’ y ‘Déjala vení’.
En esa línea folclórica apareció Jorge Oñate en el Festival de la Leyenda Vallenata del año 1972, acompañando en el canto y la guacharaca a Miguel Antonio López Gutiérrez, quien se coronó como Rey Vallenato, sin cantar ningún tema. Lo anterior lo llevó a ser considerado como ‘El Rey mudo’. También hizo parte de esa gesta el cajero Pablo López.
Esa noche de gloria ante el jurado presentaron el paseo, ‘Qué dolor’ (Luis Enrique Martínez); el merengue, ‘Dina López’ (Vicente ‘Chente’ Munive); el son, ‘Riqueza no es la plata’ (Francisco ‘Pacho’ Rada) y la puya ‘La vieja Gabriela’ (Juan Muñoz).
Años después, Miguel López al referirse al hecho de ser el primer Rey Vallenato en no cantar en la tarima, manifestó de manera jocosa. “En aquella ocasión me acompañó el joven guacharaquero y cantante Jorge Oñate. No se podía desaprovechar esa ventaja. Vea, con ese mampano no hacía falta dar a conocer mi voz”.
Premio a la Excelencia Musical
El 10 de noviembre de 2010 Jorge Oñate recibió en Las Vegas, Estados Unidos, por parte de Gabriel Abaroa, presidente de la Academia Latina de la Grabación, el Premio Grammy Latino a la Excelencia Musical, honor que en Colombia solamente ostentaba el maestro Rafael Escalona.
En ese acto a ‘El Jilguero de América’, se le juntaron todos los recuerdos de sus años de lucha musical y que arrojaban grandes frutos. Sus palabras fueron cortas, pero dicientes. “Recibo este significativo premio con los brazos abiertos, pensando en todo lo que viene para mí y la música vallenata. Dios entrega las cosas a su debido tiempo”.
El canto de la unión
Era un anhelo, un sueño de los dos grabar juntos para dejar sus voces para la historia. Se volvieron a encontrar, como aquella vez en la iglesia Santa Cruz de Urumita, La Guajira, donde Jorge Oñate fue padrino de bautismo de Silvestre Dangond. A la hora de sentarse dieron vueltas por varias canciones hasta que se quedaron con ‘Volví a llorar’, de la autoría de Amilkar Calderón.
Ese canto quedó enmarcado en el alma de los dos. Se había cumplido el sueño y hasta lágrimas aunque no estaban invitadas se hicieron presentes. Bien lo dijo Silvestre. “Esto me tiene los ojos aguaos”. En tres minutos y 59 segundos de canto acompañados del acordeón de Franco Arguelles, padrino y ahijado marcaron el destino.
Homenaje del Festival Vallenato
El 28 de febrero de 2021 Jorge Oñate se despidió de la vida cuando sus ilusiones volaban por el homenaje que recibiría en el Festival de la Leyenda Vallenata. Hacía planes y había prometido no perderse ningún evento. El homenaje se le hizo el año siguiente donde se destacó su inmensa gesta musical quedando las palabras de su esposa Nancy Zuleta. “Lo único que no puede morir es el legado dejado por Jorge Oñate”.
Los recuerdos aparecen y reseñan las palabras de Jorge Oñate, el día que se le hizo el anuncio del homenaje donde agradeció y dedicó unas sentidas palabras. “Yo nací con el Festival Vallenato, el mejor festival del mundo, lo digo con orgullo. El Festival Vallenato trae poesías, trae acordeón y trae cantos. He llevado por más de 50 años la bandera de la música vallenata y ahora estoy recogiendo los frutos. Gracias a todos”.
Además de su condición innata como artista de la música vallenata, Jorge Oñate se destacó toda su vida por ser un hombre muy humanitario. Son muchos los testimonios que dan fe del papel que siempre desempeñó como mecenas del deporte, apoyo para los más necesitados, y una labor que fue impronta en su vida: gestionar ante las autoridades de turno la solución para múltiples necesidades de su querido pueblo, La Paz.
El mejor cantante
El artista que grabó el mayor número de clásicos vallenatos siempre se reía porque le inventaban hechos que no habían sucedido. A esas ocurrencias las bautizaron como “Oñatadas”. Claro, que a él le gustó un interrogante que tampoco le habían planteado. ¿Quién es para usted el mejor cantante de la música vallenata? Cuentan que él respondió. “Jorge Oñate, ‘El Ruiseñor del Cesar’ y ‘El Jilguero de América”. Y tenían razón.
Hoy como ayer se sigue escuchando el canto del artista que amó la música vallenata en toda su dimensión. Entonces, las añoranzas se recrean en el siguiente verso: “Quiero ver pasar los años con la dicha que me inspira, quiero estar enamorado hasta el resto de mi vida”…
«El que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla»: Robert Browning (poeta y dramaturgo inglés).
Por : Ramiro Elías Álvarez Mercado.
Las canciones nos transportan, nos inspiran, nos hacen soñar y recordar; hay cosas que repito con frecuencia y una de ellas es: que el respeto y la admiración son un acto noble que debemos demostrar a diario. Puede ser a través de un gesto sencillo, como hacer un regalo de manera inesperada, haciendo un favor desinteresado o simplemente mandando un mensaje de buenas noches. Los compositores y músicos a diferencia de los que no lo somos tienen la habilidad de plasmar con letras y melodías ese sentimiento, y es precisamente lo que hizo el cantautor Hochiminh Vanegas Bermúdez, conocido artísticamente como «Hochi» con las «Matronas», esos seres especiales con una iluminación divina que luchan contra la corriente y que han hecho suyas la reivindicación de las mujeres. Hochi se inspiró en una sensación de tristeza que dejó la partida de este mundo terrenal de Matilde del Carmen Acuña, conocida como «Maty» una señora que se caracterizó por cautivar con su alegría, entusiasmo, energía y enseñanzas a la gente de Fundación, Magdalena, aunque nació en la tierra del Nobel Gabriel García Márquez, Aracataca, esta gestora comunitaria quien en su trasegar anduvo por Valledupar, Barranquilla, Guadalajara, México, fue en Fundación donde se convirtió en una guardiana de las costumbres y tradiciones de esta región que hace parte de ese «realismo mágico» que sirvió de fuente para que «Gabo» desplegara toda su magia como escritor. Esta matrona dedicó su vida a enaltecer, preservar y transmitir todo ese legado que heredó de sus ancestros a las nuevas generaciones . Como era de esperarse por la alegría que siempre irradió y reflejó «Maty» la canción fue hecha en un aire musical que produce energía, bullicio, jolgorio, ambiente festivo, con una melodía de colores vivos que nos hace sentir como si estuviéramos en una carnestolenda eterna, donde el Rey Vallenato 2006 Alberto «Beto» Jamaica con su acordeón bendito hace una magistral interpretación que se complementa perfectamente con el coqueteo que produce el golpe de las tamboras y la incesante marcación del bombardino, la dulzura de la guitarra y la fuerza melódica del bajo, en una simbiosis total que lograron captar la inspiración del cantautor, que junto a su voz lograron que este pegajoso chandé fluyera de manera natural y con la sabrosura que caracteriza este aire musical. La cultura, el folclor y la música es algo que debemos preservar y proteger, porque es el ensanchamiento de la memoria y el espíritu de un pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, su modo de pensar y de vivir; algo que el compositor Hochiminh Vanegas Bermúdez está haciendo seguido, porque con su mente creativa y su sensibilidad viene logrando grandes cosas en la difusión de la música del Caribe colombiano, que son el resultado de una serie de pequeñas cosas reunidas .
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