Aquella ‘Sombra perdida’ que encontró El Binomio de Oro

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Cuando el palpitar de la añoranza no se quería marchar del corazón de una adorada mujer, ella optó por dejar constancia que todo se había perdido en aquellas sombras borradas por la luz de la aurora, provocando que el día fuera perfecto.

Entonces para poner en marcha su proclama, la cantautora Rita Fernández Padilla, se sentó en el viejo piano que le regaló por allá a comienzos del siglo pasado su abuela Josefa María Padilla a su mamá María del Socorro Padilla de Fernández, haciendo el ejercicio de tocar sus teclas y, con versos que había escrito en una hoja de cuaderno, comenzar a cantar. Al terminar esa ponencia musical pensó en el título, resumiéndolo en dos palabras: ‘Sombra perdida’.

Ese sentimiento que marcó su vida lo bordó con su talento y tiempo después la canción fue llevado a la pasta sonora por Rafael Orozco e Israel Romero, El Binomio de Oro ‘De Caché’, corte uno del lado A. Ese acontecimiento sucedió el jueves 17 de abril de 1980.

Para ella no fue difícil recorrer en su pensamiento el sordo camino de la ausencia enmarcado en sombras perdidas, donde su amor no tuvo eco, muriéndose irremediablemente debajo de incontables estrellas que se negaron a alumbrar su cielo. “¿Queeeeé fuiste tú para mí? Un grito que se ahogó en la distancia, un sol que murió con la tarde. Un cielo colmado de estrellas en noches veraneras fuiste tú para mí. Tú fuiste el ave de paso, que vino a posar en mi vida. Hoy solo eres sombra perdida, vagando en recuerdos de ayer”.

Recuerdos del corazón

Rita Fernández con esa sonrisa que nunca esconde para no darle oficio a la tristeza, se transportó a aquel recuerdo. “La canción la compuse al inicio del año 1980 y no me demoré en hacerla, tampoco la aplacé para más adelante. Nació en un solo día. Tiempo después me reuní con Rafael Orozco e Israel Romero, y se las interpreté en el piano. Ellos me la hicieron repetir, les encantó y luego me prometieron grabarla. Fueron testigos de este hecho los compositores Gustavo Gutiérrez Cabello, Santander Durán Escalona y Fernando Dangond Castro”.

Estando en ese viaje rápido de la memoria, continuó: “Esa canción en el acordeón de Israel Romero y la voz de Rafael Orozco, calcó todo mi sentimiento y sigue sonando como si fuera ayer. Tengo una cantidad de anécdotas, pero me quedó cuando Rafael la cantó estando yo tocando el piano y me pude transportar al día que la hice. Vea, ya hacen 45 años”.

Cuando hasta el mapa del adiós se había perdido, no se podía dejar suelta la pregunta sobre quién hizo posible el nacimiento de esta bella canción. Ella hizo una exposición de esas que cierran todas las puertas. “Todo comenzó cuando creí en una persona pensando que era sería, transparente y con las mejores intenciones, pero no fue así. Había que cerrar esa puerta con doble candado”.

No quiso decir el nombre del protagonista, pero se le preguntó sí era un médico vallenato. Ante esto, manifestó: “Puede ser, aunque digo que a las cosas se les pierde el encanto cuando tienen tanta revelación, y por eso mis canciones cuando nacen son libres y no las dejo atadas a nada”.

De repente, confesó que el amor poco hizo cuna en su corazón, y la suma de los sentimientos no le daba el mejor resultado. “Para mí el amor fue muy difícil porque siempre prefería mi música y me la pasaba haciendo presentaciones. Entonces, saltaban los celos de los novios, y eso se convertía en un gran inconveniente. Tuve muchos pretendientes porque la música es un gran atractivo y también por mis cualidades. Al ver esos episodios les daba la espalda a esos amores”.

Al explicar ese proceso, añadió su propia conclusión. “Llegó el momento en que me di cuenta que el matrimonio no era para mí. Si estuviera casada, otra fuera la historia, y no hubiera podido llegar a concretar mi pasión por la música que me ha dado tantos honores. Estoy convencida que no todos los seres humanos se realizan de la misma manera. Definitivamente, las canciones son mis hijas y esa es mi gran realización”.

La cantautora nacida en Santa Marta, entrando en el plano de otra clase de amor, señaló: “El único amor que nunca me ha fallado es el de la música vallenata”. Calló un instante, y luego perseveró en su relato: “La música tiene un sentimiento puro, noble, generoso, espontáneo, y eso provocó que creara en 1968 la agrupación femenina ‘Las universitarias’, con la cual me presenté en el Primer Festival Vallenato, interpretando varias canciones de mi autoría”.

Sombra del ayer

Con la canción ‘Sombra perdida’ la cantautora Rita Fernández, supo curar sus heridas, romper su silencio y pensar más de dos veces en volver a cultivar amores. Siguió componiendo, pero de todas maneras esa historia no ha dejado de perseguirla porque se convirtió en un clásico del vallenato, y como lo dijo un fanático, se escucha hasta en Capernaúm. “Prefiero sentir ya tu ausencia saber que no estás en mi vida. Hoy sólo eres sombra perdida, vagando en recuerdos de ayer”.

Aunque en aquella ocasión la felicidad fue de corto vuelo y el corazón no alcanzó la máxima nota del amor, ella sigue sentada en aquel viejo piano donde nacieron bellos cantos, entre ellos el más grande homenaje a Valledupar, la tierra que le abrió sus brazos sin pedirle pasaporte.

Durante la entrevista destacó a las dos ciudades pegadas a su corazón, Santa Marta y Valledupar, a su padre Antonio María Fernández Daza, quien le marcó el camino de la música y al reconocimiento que le hicieran en el Festival de la Leyenda Vallenata del año 2019.

En la agradable charla matizada con sonrisas nunca guardó silencio, igual que aquella vez cuando el médico de la historia no quiso formularle la medicina para el mal del corazón, y ella con la magia de su inspiración en pocas horas supo convertirlo en sombra perdida.

Develado afiche promocional del 59° Festival de la Leyenda Vallenata

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata en un concurrido acto develó el afiche promocional del 59° Festival de la Leyenda Vallenata, que será en homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América. El certamen se realizará del 29 de abril al 2 de mayo de 2026.

Sobre lo anterior Rodolfo Molina Araújo, presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, señaló. “Dimos a a conocer el afiche promocional e indicamos que este homenaje es más que merecido porque Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América, han sido abanderados del folclor vallenato llevando su mensaje musical por el mundo. Gracias a todos los que nos acompañan en este proceso que tendrá a Valledupar durante varios días como la vitrina musical de Colombia. Mientras tanto, como todos los años avanzamos en el propósito de conservar y promover el vallenato tradicional, tarea que se inició en el año 1968”.

Finalmente, Rodolfo Molina, anotó. “Como siempre lo decimos, este es un trabajo sin cansancio que ha arrojado grandes frutos en todos los órdenes. Tenemos como ejemplo, qué en el evento de este año, versión 58, estuvieron presentes más de 10 mil concursantes, siendo la mayoría los 243 grupos de piloneras en sus distintas categorías. También llegaron a Valledupar más de 120 mil visitantes”.

Desde el pasado 9 de julio la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, hizo el anuncio del homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América, comenzando a trabajar en diversos aspectos, siendo el principal, el afiche promocional. En ese sentido, Israel Romero propuso incluir a Codiscos, su casa disquera, quien posee un abundante material fotográfico de los artistas. Ellos, proyectaron un borrador y la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata aplicó los estándares de manejo que se viene dando en los anteriores afiches promocionales.

Se hicieron varias reuniones entre las partes y en cabeza del presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata Rodolfo Molina, se ajustaron los pormenores y se aprobó.

Por parte de Codiscos estuvo Carlos Ortiz, director creativo y diseñador gráfico, ganador del Latín Grammy, a mejor diseño de empaque en la edición 25 de los premios, quien ha trabajado en la industria musical por más de 20 años creando portadas para distintos artistas, para que nos haga la explicación sobre el proceso de creación del afiche promocional.

De este trabajo conjunto hizo parte Rubén Darío Torres Rivera (Rudato Jr.), publicista profesional egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, con amplia trayectoria en estrategia de marca, comunicación visual y gestión cultural, y quien desde hace 12 años respalda a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata en los procesos de comunicación y promoción del evento.

Respecto al afiche promocional el diseñador gráfico Carlos Ortiz, anotó. “Para Codiscos es un honor haber contribuido con el diseño del afiche, justo cuando estamos cumpliendo 75 años. Nuestra historia está profundamente ligada al Binomio de Oro. Es una pieza única y digna de tan importante homenaje”.

En la parte superior del afiche están Israel Romero y a Rafael Orozco con un smoking negro que recuerdan sus portadas en ‘De caché’, ‘De exportación’ y ‘5 años de oro’, en una elegante, imponente y distinguida sobriedad.

En la parte inferior, trajes blancos referenciando las portadas de ‘Enamorado como siempre’, ‘Fuera de serie’, ‘De fiesta’ y ‘Somos el vallenato. Es una imagen que los muestra en una interpretación alegre, expresiva, apasionada y enmarcada por luces y espectáculo. Todo combinado creando un afiche cinematográfico que nos muestra la elegancia, la alegría inigualable, el espíritu romántico y el poder transformador de su música.

Maravilloso afiche promocional

El acordeonero Israel Romero, sobre el afiche promocional, manifestó. “Maravilloso el afiche porque quedó plasmado todo lo que nosotros representamos para la música vallenata. Muchos agradecimientos para la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y estamos prestos a emprender esta causa que nos llevará a resaltar más y más la música vallenata. A todos los amantes del vallenato los esperamos en Valledupar”.

De igual manera, Wendy Orozco Cabello, hija del cantante Rafael Orozco, expresó. “Mi familia está súper contenta por este homenaje en el Festival de la Leyenda Vallenata. Siento que el Binomio de Oro de Rafael e Israel, y todos los que han continuado esta senda musical se lo merecen. El afiche quedó maravilloso y es un punto a favor. Les extiendo la invitación a todos”.

El acto tuvo momentos llenos de anécdotas, recuerdos y de esas canciones que siguen sonando, porque tiene la esencia del sentimiento y esa alegría que en su estilo sigue regalando el Binomio de Oro de América, quien en toda su historia ha recibido distinciones, entre los que se destacan siete Congos de Oro del Carnaval de Barranquilla, galardón en el Festival Internacional de la Orquídea en Venezuela y cuatro nominaciones al Grammy Latino Cumbia/Vallenato, entre otras.

Después de la develación del afiche promocional continúa la organización del 59° Festival de la Leyenda Vallenata que tendrá lanzamientos en distintas ciudades del país, concursos de acordeón, canción vallenata inédita, piqueria, pintura infantil, foro, concurso de pintura infantil, espectáculos musicales, los tradicionales desfiles de grupos de piloneras en sus distintas categorías y de Jeep Willys parranderos.

Valledupar nuevamente contestará presente a la cita anual de finales del mes de abril cuando es esta ocasión se escuchará el famoso verso. “El Binomio llegó con todas sus canciones que la gente escuchó en tiempos anteriores”.

Carlos Ortiz, director creativo y diseñador gráfico de Codiscos

Edwin Andrés Altamiranda Mercado:El hombre, el compositor y el defensor del vallenato

Lo que se encuentra en el corazón no necesita ser aprendido”:
Johann Sebastian Bach (músico y compositor alemán)

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

La música para muchos es un refugio sagrado, una vía de escape, un conjunto de letras y melodías que transforma los sentimientos más profundos en versos y armonías. Este arte no solo nos acompaña: nos conecta, nos eleva y nos permite expresar lo que el alma en silencio grita. Es un lenguaje universal que atraviesa las barreras del tiempo, de la cultura y del idioma.

En estas líneas quiero rendir homenaje a un gran ser humano, un alma noble cuya vida vibra al compás del acordeón. Me refiero a Edwin Andrés Altamiranda Mercado, un nombre que lleva consigo la esencia del vallenato, no como moda pasajera, sino como pasión de vida, como camino y como bandera.

Nació un viernes, 24 de agosto de 1973, en la entrañable Sincelejo, también llamada La Perla de la Sabana, capital del departamento de Sucre, enclavada en el corazón del Caribe colombiano. Hijo de Alfredo Altamiranda y Ana Delfina Mercado, Edwin creció en un entorno marcado por las transformaciones de la vida. Tras la separación de sus padres, se trasladó junto a su madre al corregimiento de Macayepo y la vereda Verruguita, en el municipio de El Carmen de Bolívar, en los místicos Montes de María.

Aquella tierra de bosques tropicales, biodiversidad exuberante y aromas silvestres fue su primer escenario, su primera musa. Allí, entre árboles y caminos de polvo, fue forjándose el carácter del hombre que años más tarde cantaría al amor, a la nostalgia, al pueblo y al alma campesina. La naturaleza, los juegos de infancia, el contacto con la tierra y con los mayores, moldearon en Edwin una personalidad sensible, respetuosa y solidaria, al tiempo que desarrollaba una temprana pasión por la música vallenata.

Desde que tiene uso de razón, el vallenato ha sido su idioma del alma. Cantaba, memorizaba letras, analizaba grabaciones, seguía de cerca los lanzamientos de los conjuntos más icónicos. En su infancia, un viejo radio fue su cómplice inseparable: mientras ayudaba a su abuela en las faenas del campo, las ondas musicales le abrían las puertas de un mundo vasto y emotivo.

A los 15 años emprendió un nuevo rumbo: llegó a Santiago de Tolú, joya del Golfo de Morrosquillo, en busca de oportunidades y cobijo entre familiares maternos y paternos. En este paraíso caribeño, aprendió a valerse por sí mismo. Acompañaba turistas, hacía mandados, conversaba, servía de guía… y se ganaba la vida con dignidad. La independencia llegó temprano, pero nunca le faltaron la sonrisa ni la palabra amable.

En Tolú también se hizo de grandes amigos. Era inquieto, curioso, comunicativo. Las tardes de fútbol en la playa bajo atardeceres que pintaban el cielo con los colores de la patria, amarillo, azul y rojo, quedaron grabadas en su memoria. Fue precisamente durante uno de esos partidos cuando, tras una entrada fuerte por disputar el balón, uno de sus amigos lo apodó “Mákina”, con “K” de Kratos, la divinidad griega de la fuerza y el poder. Y no fue en vano: Mákina ha sido, desde entonces, sinónimo de coraje, de empuje, de resiliencia. Una especie de guerrero moderno que no lucha con espadas, sino con versos.

En su vida errante, motivado por la fiebre del oro, Edwin llegó al municipio de Acandí, Chocó, en la frontera con Panamá. Allí trabajó en minas, fabricó hielo, sembró árboles frutales y plantas ornamentales, pero siempre, siempre, con el oído y el corazón atentos al eco del vallenato. Su pasión nunca cedió terreno.

Otras tierras lo vieron pasar: Curumaní, La Loma (en el Cesar), y finalmente Barranquilla, donde hoy reside. En cada lugar, una historia; en cada rostro, una canción. Su vida es un mosaico de paisajes, de emociones, de enseñanzas que brotan con naturalidad en sus letras. Edwin es un cronista de la vida sencilla, un compositor de la gente del pueblo, un sembrador de emociones en tiempos en que muchos han dejado de sentir.

En el Caribe colombiano donde el acordeón es más que un instrumento, es una forma de ser, floreció su talento como compositor. Sin títulos académicos, pero con una universidad de vivencias a cuestas, Edwin Altamiranda Mercado se ha ganado un lugar en el corazón de músicos, intérpretes y seguidores del vallenato tradicional. Su obra no se halla en bibliotecas, sino en chats de WhatsApp y grupos de Facebook, donde su voz resuena con fuerza y autenticidad.

No solo escribe canciones: es un gestor cultural incansable. Lidera el grupo “Mi Casa Vallenata”, un refugio digital donde se respira y se debate el vallenato en su forma más pura. Participa activamente en otros espacios similares, donde se defiende la raíz, la esencia, la memoria viva de la música de Francisco El Hombre.

Las tierras que ha pisado lo inspiran. Por eso, en sus letras hay amor, pasión, paisaje, nostalgia y pueblo. Sus canciones son retratos poéticos, pedacitos de alma entregados en melodía. Cada composición es una ventana abierta a su universo interior, un testimonio de su historia errante.

Gracias a “Mi Casa Vallenata”, ya ha lanzado cuatro trabajos discográficos y pronto llegará el quinto, bajo el nombre simbólico de “No hay quinto malo”. Este proyecto no solo contiene sus propias obras, sino también las de otros autores que no han tenido acceso a los grandes sellos. Su espacio se ha convertido en una vitrina de oportunidades, en un altavoz para los que empiezan, en un bastión del vallenato auténtico.

Ya suma más de 30 canciones grabadas, entre las que destacan:
‘La hija del compositor’, ‘La jáquima’, ‘Seguiré tus pasos’, ‘Los amigos de Jairo Soto’, ‘Verruguita’, ‘Macayepo’, ‘Acandí’, ‘La negra’, ‘El regreso de la negra’, ‘No ha regresado la negra’, ‘Te encontré en mi camino’, ‘Toma pa’ que lleves’, ‘La dueña de mis canciones’, ‘Tristeza al partir’, ‘Retomaré el camino’, ‘La ingrata’, ‘Te quiero a mi lado’, ‘Gozando a mi muchachita’, entre otras, interpretadas por voces como Edilson Brito, Guadis Carrasco, Rodolfo Carrasco, Fredy Hernández, Diógenes Jalaff, Jorge Brito, Carlos Correa, Mirley Rodríguez, Oswaldo Morelo, José Andrés Móvil, Eneison Salas, Cristian Álvarez y próximamente, por el gran Miguel Herrera, con la canción “Porte y elegancia”.

El “Mákina” Altamiranda nos da una lección de superación: con poca educación formal, pero con un corazón inmenso, ha demostrado que el talento no pide permiso y que la cultura también se defiende desde el barrio, desde la vereda, desde la vigilancia silenciosa. Sí, trabaja como vigilante en Barranquilla, un oficio noble y digno, pero mientras otros duermen, él escribe, sueña y compone.

Más que un compositor, Edwin es un centinela del vallenato, un narrador de historias que no necesita reflectores para brillar. Su grupo “Mi Casa Vallenata” se ha convertido en una trinchera cultural donde cada debate, cada verso y cada canción son un acto de resistencia frente al olvido.

En sus letras vive el pueblo, los amores sencillos, las penas cotidianas y las pequeñas glorias que hacen grande la vida. Su pluma no es docta, pero es sabia; no es técnica, pero es genuina. Y en un mundo donde la autenticidad se extingue, Edwin Andrés Altamiranda Mercado es un faro, un fuego que no se apaga.

«El Mákina», centinela de la noche y del canto, compositor de callejón y sentimientos, escribe por amor, por pasión, por memoria. Escribe para que el vallenato no muera, para que siga vivo, rebelde, indómito… como un acordeón que se niega a ser silenciado.

Atentamente,
Ramiro Elías Álvarez Mercado

Un año sin Luis Egurrola Hinojosa en el mundo vallenato

Por: Alcibiades Nuñez

El 16 de septiembre de este año se cumplio un año de fallecido el compositor Sanjuanero Luis Aniceto Egurrola Hinojosa, “Luiso”, como cariñosamente le decían sus familiares, amigos y allegados a la familia, en el municipio de San Juan del Cesar Guajira.

Todos los amantes del vallenato, lo recordaremos ya que fue un compositor de tiempo completo y lo demostró con sus legendarias canciones “Cómo te olvido”, interpretada por el Binomio de Oro de América y otras como “Ven conmigo”, “Al final del sendero”, “Ilusiones” y “Sin saber qué me espera”, inmortalizadas y llevadas al acetato por el más grande cantautor del vallenato Diomedes Díaz, canciones emblemáticas del vallenato autentico, que, junto con Luna Sanjuanera, son poesías icónicas del Vallenato Guajiro.

Nació el 19 de julio de 1964 en el municipio de San Juan del Cesar. Hijo de María Teresa Hinojosa y Jaime Egurrola. Desde muy temprana edad, mostró sus destrezas y habilidades para componer, poesías, versos y canciones. Luiso, tenía 6 hermanos, él era el mayor de todos, ejercía como arquitecto profesional, seguido de María Angelica, Comunicadora social, Jaime Enrique, Odontólogo, María Teresa, Reina Nacional de la belleza de Colombia e ingeniera industrial, Claudia María, abogada, Ana María, psicóloga y Carlos Jaime, diseñador industrial.

Luis Egurrola creció en una familia donde su abuelo era guitarrista y musico, su madre María Teresa Hinojosa, era compositora, escritora y poeta, escribía poesías románticas a la vida, a la naturaleza, a su familia y amistades, autora del libro “Memorias Guajiras”, Luiso hizo su primera presentación en el Festival de Música Mariana, en el concurso de compositores del corregimiento de Los Pondores.

Luis Egurrola fue un compositor romántico. porque su obra está untada de romanticismo, de amor, cariño y afecto a las personas que amaba, que estimaba, a sus familiares, sus amistades, sus colegas poetas y compositores, sus canciones son una institución, son obras poéticas que plasmaban todos los sentimientos que estaba viviendo el autor en ese momento, sus letras tienen el mismo corte de entusiasmo, alegría, amores y la expresión autentica de un poeta romántico, aventurero y culto.

Luis Egurrola estaba casado con la dama sanjuanera, Julieta María Mendoza Gutiérrez, de cuya unión nacieron sus tres hijos David Santiago, Luis Carlos y Cristina, su hija mayor se llama Marianis, que reside en los Estados Unidos 

En dos oportunidades fue declarado compositor del año en el Festival Nacional de Compositores de Música Vallenata de su tierra natal San Juan del Cesar.

Además de Diomedes Diaz (quien le grabó Ven conmigo, Al final del sendero, Amor de mi juventud, Se está pasando el tiempo, Sin saber que me espera, Las verdades de mi vida, Ilusiones, Tal como soy), otros cantantes vallenatos grabaron canciones de Luis Egurrola: los Hermanos Zuleta y Jorge Oñate, con canciones como Qué hay de ti, Hay que querer, Dónde están esos amores, Lo que quieras de mí, Soñador, Las verdades de mi vida y Después del adiós, Una aventura más, Enamorado siempre, Quien sepa de amores, Me mata el dolor, Brillará otra esperanza y Dime quién eres, Una aventura más, Amor de mi juventud, Alas de mil colores, Las de los ojitos negros, Silvestre Dangond le grabo El Glu Glu, Mi primera ilusión – Armando Mendoza & Raúl «Chiche» Martínez, Cuando muera esta ilusión – Iván Villazón & Franco Argüelles, Versos de olvido, Rafael Manjarrez & Ciro Meza, En carne propia, Silvio Brito & Osmel Meriño, Mi nueva ilusión, Beto Zabaleta & Beto Villa y Lo que quieras de mí, Binomio de Oro de América.

VIAJE POR EL TIEMPO ENTRE CANTO Y POESIA

Hoy 12 de septiembre, la aurora se adentró en un rincón del alma colombiana aquel ‘paisaje de sol’ enardecido, abrió sobre la tierra y en el murmullo de los vientos, entre ‘Rumores de viejas voces’, se escucha la resonancia inmortal: un día como hoy nació la lírica historia de un hombre entrañable, querido por todos, el maestro GUSTAVO GUTIERREZ CABELLO.

Desde La Paz, mi pueblo, me uno a esta fecha que la memoria convierte, en celebración. Me inclino, con gratitud y reverencia, ante el poeta, el amigo, el colega, y evoco la travesía musical de mi paisano Jorge Oñate «El Jilguero de America» (Q.E.P.D), interprete predilecto y cómplice eterno de las canciones que nacieron del corazon de Gustavo.

Aveces me pregunto: ‘Como pudo terminar’ la grandeza de un hombre que partió en dos la historia del vallenato, para no seguir cantando las canciones de mi amigo tavo ‘No es mi culpa’, me respondió un día con serena ‘Inquietud’, sentado en el patio de su casa ‘Que la violencia no nos llegue al Valle’, porque ‘Valledupar tierra mía’ es la consentida de todos.
‘Ayayay’ ‘Sueña corazón’ ‘Mi nostalgia eres tú’.

‘Te quiero porque te quiero’ es sentir el palpitar eterno de un alma convertida en melodia. Y aunque el tiempo insista en que ‘Serás recuerdo lejano’ su esencia nunca fenece.

No ‘Lloraré’ porque un jilguero del cielo vino a decirme al oído ‘Vivo contento’, entonando ‘Morenita’ junto al Padre celestial. Y yo, con humilde devoción respondí : ‘Calma mi melancolía’. y aunque muchos afirmen que ‘El amor no es duradero’, al maestro Gutiérrez le “LLegó un amor’ para quedarse por siempre como ‘Cariño de madre’, que dibujó en nosotros un pentagrama inmortal.

En sus versos habita el tiempo. en sus canciones palpita la eternidad quien un día regaló al mundo la sentencia: el que esté golpeado por la vida que se enamore. Y yo como tantos me atreví a dictarle al corazón: ‘Enamorate’ .

Su legado es inmenso y luminoso veintidós obras musicales, cada una tallada en letras de oro. Su nombre está inscrito, con justicia y amor, en la leyenda histórica del Ruiseñor del Cesar, como el creador que mas canciones entrego a la voz inigualable de Jorge Oñate.

Hoy, el Romántico Gustavo Gutiérrez es motivo de jubilo. ‘El cariño de mi pueblo’, se eleva en aplausos agradeciendo el repertorio que trasciende en el tiempo que nos conduce, una y otra vez, a la hondura de lo humano.
Con emoción confiesa que Jorge Oñate fue el mejor intérprete de sus canciones, y con emoción aun mayor lo proclamamos nosotros: el vallenato encontró en ellos dos la conjucion perfecta entre canto y poesía.

Maestro Gustavo Gutiérrez, que Dios le conceda vida abundante, y conserve su condicion de ser ‘Sencilla y cariñosa’ para que sus versos sigan iluminando caminos y su música siga abrazando almas. Porque en cada acorde suyo, el tiempo se detiene, y la canción se convierte en plegaria, en memoria, en eternidad.

Feliz cumpleaños maestro Gustavo Gutiérrez Cabello. Salud y vida para usted, que hizo del vallenato un viaje infinito entre el canto y la poesía.

Por: Naima Luz Cotes Gutiérrez