Por: Hernan Baquero Bracho
Haber nacido hace 73 años, un día como hoy 8 de septiembre en la calle de oro de las grandes dinastia en el barrio San Luis de Villanueva, para “Beto” Murgas, fue una gran bendición porque cerca a su casa vivían los hermanos Zuleta, Andrés “El Turco” Gil, Reyes Torres, Escolástico Romero y sus hijos. En ese marco musical de la Villanueva de ayer, creció el hijo de José Murgas Vásquez y Rosa Peñaloza Ramírez, quienes también le habían inculcado su amor por el folclor.
Como cosa paradójica aprendió a tocar acordeón en la sierra de Urumita donde su abuela tenía una finca y en esos lugares se celebraban fiestas de manera continua. “Todo sucedió cuando a la finca llevó un acordeón Nelson Martínez, quien estaba enamorado de una tía mía. Viendo el acordeón ahí Héctor Bolaño, hijo de “Chico” Bolaño, me dio las primeras clases. Cuando llegué a Villanueva ya tocaba acordeón. Esto fue sorpresa para mi amigo Andrés “El Turco” Gil, quien salió a decir que yo tocaba acordeón. Con ese entusiasmo que tenía unos tíos me compraron mi primer acordeón y comencé a ganarme los primeros pesos a punta de música. Recuerdo que tocaba canciones como “el almirante Padilla”, “María Tere”, “La mecedora”, “la marimba” y “zumba la pava”, entre otras. Después vino la época del Colegio Roque de Alba, cuando en los centros literarios hacia presentaciones y tocaba con los hermanos Rafael y Norberto Romero. Seguidamente compuse mi primera canción que se llamó “Amalia” y que continua inédita”, comenta “Beto” Murgas.
Las mayores hazañas como compositor las ha realizado en el Festival de la Leyenda Vallenata, donde ha participado en cinco oportunidades comenzando en 1983 con la canción “Pliego de peticiones” llegando a la final. Dos años después vino la canción “Alabanza” dedicada a los 435 años de Valledupar y tuvo acceso a la gran final.
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