Aquel domingo 26 de mayo de 1957, día de San Felipe de Nerí y Santa Mariana de Jesús, nació Diomedes Díaz Maestre, exactamente en Carrizal, jurisdicción de La Junta, municipio de San Juan del Cesar, La Guajira.
Para llegar a este territorio se recorre un camino inhóspito que surcan dos ríos. A su alrededor, todo es dominado por animales silvestres, mientras que la brisa se pasea a sus anchas. El paisaje es acogedor, y todavía está la muestra de aquel lugar donde vino al mundo el artista más grande que ha dado la música vallenata.
Las medidas del vetusto rancho que acusa el paso de los años son de cuatro metros de ancho, por seis de largo; y aún se conservan los estantes, el techo de zinc y el piso agrietado.
En esa dimensión se encierra el tesoro que en aquel tiempo tuvo la pareja conformada por Rafael María Díaz Cataño y Elvira Antonia Maestre Hinojosa, quienes se abrieron paso con trabajo y dedicación, esperando que la vida les sonriera con su carga de 10 hijos: cinco hombres y cinco mujeres.
A pesar de que la estrella del futuro no alumbraba lo suficiente para Diomedes Díaz, con el paso de los años el joven pueblerino brilló con luz propia, y se convirtió en el artista que se impuso contra todos los pronósticos. Cantidad de veces lo vieron nadando contra la corriente, teniendo varias caídas hasta llegar a triunfar.
El primer amor
Precisamente en el recorrido por esa tierra guajira, apareció aquella mujer que fue la primera aventura de amor de Diomedes Díaz. Ella es Bertha Rosario Mejía Acosta, quien se mostró dispuesta a contar la historia. “Estando sentada en la caseta de Rosario Maestre, en La Junta, con motivo de los carnavales, sin darme cuenta, se me acercó y me estampó un beso en la espalda. Yo tenía puesta una blusa de canastica. Entonces le reclamé y me dijo que le había provocado porque yo le gustaba”.
Continuó llamando a los recuerdos. “Todo siguió de coqueteo en coqueteo y todo iba en aumento y cuando vinimos a darnos cuenta estábamos emparejados. Con decirle que él no podía llegar a mi casa y nos veíamos a escondidas porque mi mamá, (Eugenia María Acosta), no lo aceptaba, porque era un pelao parrandero y no le veía ningún futuro”.
Esos amores juveniles los destacó de la siguiente manera. “Fueron amores verdaderos con esa inocencia de antes, y que se hicieron más fuertes porque eran prohibidos. De esa unión nació Rosa Elvira, exactamente cuando el muchacho ‘Medes’, como yo lo llamaba, tenía 17 años, tres meses y 12 días de edad”. Hizo la cuenta precisa. Su hija escuchó el relato contenta y agradecida.
Los dichos de ‘El Cacique’
El artista devoto de la Virgen del Carmen dejó una estela de dichos que lo hicieron famoso a lo largo de su carrera artística. De esa cosecha, está el principal. “Como Diomedes no hay otro, ese nunca nacería, y si nace no se cría, y si se cría se vuelve loco”.
Después llegaron en serie. “Denme licor que la vida es corta y lo que no se nos va en lágrimas, se nos va en suspiros”; “Que vivan las mujeres, las dueñas de los hombres y las que nos ponen a trabajar”; “Estoy más contento que un muchacho en recreo y con el raspao en la mano”; “Denme licor que el agua es pa’ las matas”; y “Mátame guayabo, ya que el amor no pudo”, entre otros.
También muchas veces le formularon preguntas sueltas y con su inteligencia natural, contestaba. “A mi me gustan las mujeres feas porque muchos no las miran, en cambio a las bonitas, sí”. Siguiendo con el tema, señaló. “Me llaman la atención las muchachas del servicio doméstico. Ellas son buenas, nobles y sanas”.
Diomedes Díaz, sentó catedra del amor a la familia. “A los hijos hay que quererlos, a los hijos hay que cuidarlos. Porque el hijo siempre es hijo, salga bueno o salga malo”. De igual manera, dijo que la envidia era una enfermedad incurable como el cáncer. “Hay envidiosos con estilo propio y les luce”.
En medio de las historias que tuvieron ocurrencia en la vida de Diomedes Díaz, sobresale el cariño a su fanaticada hasta regalarles una canción. “Toditas mis canciones siempre se refieren al amor, pero esta vez mi inspiro pa’ cantarle a mi fanaticada. Porque un artista solo, no puede conservar su valor y hay que reconocer que ninguno nace con fama. Por eso yo con mi fanaticada, siempre contento vivo cada día, cantándoles bonitas melodías, de esas que yo compongo con el alma”.
Dos canciones
El talento innato de Diomedes Díaz, lo llevó a componer una serie de canciones donde los hechos de su vida eran los protagonistas. Incluso, le hizo una canción a su primera cana, noticia de su vejez.
A Rafael Orozco, le correspondió cantarle el tema ‘Cariñito de mi vida’, (1975), haciendo hizo un paseo por la naturaleza cuando el amor se asomaba en su pensamiento. «Ay, en tiempos de invierno a las montañas, las cubren las nubes en la cima, y se reverdecen las sabanas, se colma la fauna de alegría. Y se alegra el campesino, la esperanza lo emociona. Y yo entre más días te deliro, en invierno y verano ando ahora«.
Después gustoso Iván Villazón interpretó el tema ‘La sombra’, (1987) donde ‘El Cacique de La Junta’, pudo fotografiar en palabras ese instante de la inspiración. “Cuando he mirado mi sombra yo la comparo tal como soy. O de pronto será el sol que me dibuja en la tierra. Pa’ que comprenda que ella, siempre será lo que soy, y que de pronto me voy, y ni la sombra me queda”.
Así era el hijo el hijo de Rafael y Elvira, quien trazó su sendero desde aquellas mañanas frías en el pueblo de La Junta, donde el viento regalaba aromas lejanos y nacían los primeros versos que el pentagrama vallenato tiempo después recibió con los brazos abiertos. Diomedes, por siempre.
Desde hace 15 años comenzó esta gesta que une a estudiantes de Valledupar y la región, arrojando la mejor calificación para exaltar la música vallenata y sus protagonistas en medio de colores y sueños infantiles.
El evento que organiza la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, con el respaldo del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, en esta ocasión se llevará a cabo el domingo 27 de abril a partir de las 8:00 de la mañana en el Centro Comercial Mayales Plaza y los estudiantes de distintos planteles educativos estarán pintando durante más de tres horas.
En la antesala del 58° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al Rey Vallenato Omar Geles, niños y niñas entre los 8 a 12 años, expresarán a través de la pintura sus sentimientos, emociones y pensamientos hacia el vallenato, el Festival de la Leyenda Vallenata, las costumbres y tradiciones de nuestra región.
El jurado de este importante concurso estará integrado por tres especialistas en la materia, los cuales tendrán como base primordial para calificar la autenticidad, el arte, la creatividad y el colorido.
Premiación
Los premios a los ganadores de los tres primeros puestos que cuenta con el patrocinio del Centro Comercial Mayales Plaza, serán los siguientes en su orden. 1.- Patineta Eléctrica Scooter 4lite 2nd generación. 2.- Galaxy Tablet A9+128 Silver – Samsung. 3.- Bono de 500 mil pesos, redimibles en artículos para el estudiante.
Este concurso tiene la coordinación del periodista Juan Rincón Vanegas y la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata agradece a los rectores, directores, coordinadores, docentes de las distintas instituciones educativas y a los padres de familia, por vincularse a esta actividad artística que desde su inicio ha tenido la mayor acogida.
Los alumnos previamente inscritos asistirán al evento acompañado por sus padres o acudientes, recibiendo los materiales para pintar y refrigerios. De igual manera, en el acto se tendrá la presentación de Los Niños del Vallenato de la Escuela Rafael Escalona que dirige el maestro Roberto Ahumada.
“Desde hace 15 años les abrimos un amplio espacio a los estudiantes de Valledupar y la región, para pintar sobre todo lo referente a nuestro querido folclor vallenato. Este ejercicio de arte es de mucha motivación para que ellos se unan de manera masiva y directa al evento porque es una fiesta entre colores que se disfruta a plenitud”, expresó Rodolfo Molina Araújo, presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata.
De otra parte, se anota que para el lunes 28 de abril de 2025 desde las 8:00 de la mañana está previsto en el Centro Recreacional La Pedregosa, el inicio de los concursos de acordeón infantil, acordeonera menor y acordeón juvenil.
Finalmente, el 29 de abril desde las 9:00 de la mañana en la Fundación Universitaria del Área Andina, se llevará a cabo el foro ‘El Festival Vallenato, por los caminos de la vida’, donde estarán como ponentes: el Ex ministro de las culturas, y los saberes, periodista y gestor cultural Juan David Correa; la artista, cantautora e intérprete del acordeón y Premio Latin Grammy Diana Burco; el compositor, escritor e investigador de la música vallenata Julio Oñate Martínez, y el cantautor y productor musical Wilfran Castillo.
En las instalaciones de la Fundación Universitaria del Área Andina, sede Valledupar, se llevó a cabo el proceso de selección del pabellón que dará la bienvenida a los visitantes a la entrada del Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, con motivo del 58° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al Rey Vallenato Omar Geles, que será del 30 de abril al 3 de mayo de 2025.
En esta ocasión se presentaron un total 18 propuestas por parte de estudiantes del primer semestre de arquitectura de la Fundación Universitaria del Área Andina, llamando la atención por su creatividad, diseño y acercamiento al folclor vallenato con énfasis en las canciones de Omar Geles.
Al final se seleccionaron las tres propuestas ganadoras en su orden: ‘Los caminos de la vida’ de José David Martínez Martelo; ‘Las melodías del alma’ de Luisa Palmera y ‘Ecos del Rey’ de Wilberth Maestre y Habid Cadena.
El jurado estuvo conformado por Efraín Quintero Molina y Eduardo Montero Sierra, en representación de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata; el arquitecto Jairo Molina, delegado de la Oficina Asesora de Planeación Municipal, Marianne Sagbini, artista y gestora cultural de Valledupar y el equipo de docentes del programa de arquitectura.
Sobre este proceso que se viene desarrollando entre la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y la Fundación Universitaria del Área Andina, Rubby Gnecco Niño, directora del programa de arquitectura, manifestó. “El ejercicio de pabellones arquitectónicos materializa muchas de las ideas de innovación educativa aplicada a proyectos reales. Esperamos que el Pabellón de Bienvenida al Festival de la Leyenda Vallenata 2025, nuevamente sea un importante atractivo donde se reflejará todo el significado de nuestra música vallenata, vista desde el homenajeado Omar Geles”.
El ganador de la convocatoria José David Martínez Martelo, sobre su trabajo conceptuó. “Es un homenaje al Rey Vallenato y cantautor Omar Geles, con énfasis en la canción ‘Los caminos de la vida’, donde su señora madre es la protagonista. Para el diseño se tuvieron en cuenta los colores y otros aspectos que hacen parte de este interesante pabellón”.
Con la propuesta ganadora ‘Los caminos de la vida’, se le dará llamativa visibilidad a la entrada del escenario donde se llevarán a cabo la inauguración del 58° Festival de la Leyenda Vallenata, diversas finales de los concursos folclóricos y espectáculos musicales.
Avanzan las inscripciones
De otra parte, hasta el mediodía del sábado cinco de abril estarán abiertas las inscripciones para los concursos de la versión 58 del Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al Rey Vallenato Omar Geles.
Las inscripciones se reciben de manera presencial en las oficinas de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata ubicadas en la Carrera 19 No. 6N-39 vía al puente de Hurtado de Valledupar. De igual manera, a través de correo certificado o en el correo electrónico: inscripcionesfesvallenato@gmail.com Formatos de inscripción disponibles en el siguiente link: https://festivalvallenato.com/concursos/ Mayor información en el celular: 315 7580186 (Inés Amaya).
«A veces pienso que mi padre es un acordeón, porque oigo sus notas cuando me mira, sonríe y respira»: Markus Zusak (escritor australiano).
Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.
La música tiene la capacidad de crear identidades colectivas a través de signos no verbales; es decir, con gestos, movimientos, sonidos, expresiones faciales, inflexiones vocales y otros elementos que se utilizan para comunicar mensajes sin palabras. O sea, que no sólo la convierte en un discurso, sino en una herramienta en función de quienes desean y tienen la capacidad de expresar sentimientos y emociones por medio de ella. Pero definitivamente la presencia de los instrumentos son importantes en la creación de una obra musical, porque le permite a los músicos traducir esos tonos melódicos placenteros que llegan al oído de quienes los escuchan. Pero hay un instrumento que hizo posible uno de los géneros musicales más representativos de Colombia: el acordeón, que es el causante de que el vallenato haya traspasado fronteras y que sus más excelsos intérpretes, como los juglares de antaño hubieran abierto una trocha, que hoy se convirtió en una autopista pavimentada para los nuevos músicos. Uno de esos juglares, que con su acordeón al pecho, sus canciones y su voz hizo un gran aporte a la edificación de la música vallenata fue Julio Enrique de la Ossa Domínguez, quien le abrió los ojos a este mundo terrenal, el lunes 20 de julio de 1936. 20 de julio uno de los días más importantes en la historia del país, ya que en esta fecha se celebra el Día de la Independencia de Colombia. Y es precisamente en este día festivo que llegó Julio a esta tierra como si viniera predestinado a convertirse en un artista que dedicaría su vida a amenizar fiestas y llenar de alegría el corazón de la gente. Nació en el hogar conformado por Julio de la Ossa Álvarez y Elvira Domínguez, de la que lamentablemente no pudo recibir las caricias maternales por mucho tiempo, ya que fallece cuando el pequeño Julito, como le decían cariñosamente familiares y amigos, tenía dos años de edad, quedando su crianza en manos de su abuela paterna Andrea Álvarez. Allí en Chochó, un corregimiento de Sincelejo la capital del departamento de Sucre, en mitad de esa gran sabana que hace parte de una fructífera tierra en agricultura y ganadería, al norte del territorio colombiano, este pintoresco y alegre lugar tuvo la dicha de ver nacer a uno de sus hijos más ilustres: Julio de la Ossa. Chochó, cuyo nombre e identidad se da a través de un hecho curioso que lo hizo distintivo, y era que en tiempos de verano muchos arroyos, quebradas y riachuelos se secaban y en esta zona se formaban pequeños pozos de agua que proporcionaban ayuda y el precioso líquido con el que mitigaban la sed, no solo los habitantes del pueblo, sino también la de los corregimientos vecinos. A estos pozos en donde se quedaba almacenado el líquido vital los lugareños lo llamaban «chochos» y esa fue la razón para llamar a ese lugar de esa forma, pero con el pasar de los años, fue variando su connotación, ya que la palabra «chocho» en muchas ocasiones se utiliza como un término vulgar, por ende se le dio acento al final, dejando por nombre definitivo a esta hermosa y productiva tierra: Chochó, hoy en día con una de las fuentes hídricas más ricas de la región, gracias a sus aguas subterráneas con las que se abastecen permanente. La vida de este hijo ilustre de Chochó transcurrió como la de cualquier niño criado en el campo, actividades al aire libre, madrugar para ir a la escuela, ayudar a la familia en sus quehaceres y labores diarias, sobre todo a su abuela quien fue la encargada de guiarlo y educarlo, a lo que él correspondía colaborando en los cultivos y cosecha de tabaco, una actividad agraria muy propia de la zona y la elaboración y venta de ñeque o chirrinchi, licor artesanal muy apetecido por los hombres del pueblo que se daban cita a consumirlo, suceso que terminaba en una parranda amenizada por músicos que fueron fundamentales en despertar en el pequeño de La Ossa Domínguez su amor por el arte musical a muy temprana edad, algo que fue desarrollando con sus amigos de la escuela en donde cursó hasta quinto de primaria, estudios que abandonó por ese llamado musical que siempre estuvo latente en su mente, alma y corazón, a lo que su abuela Andrea se opuso en un principio, porque para ella esa actividad era sinónimo de parranda, tragos, licor y vida desordenada. Sin embrago Julio Enrique contra viento y marea siguió ese objetivo que tenía trazado en su cabeza y aún siendo un adolescente de escasos 16 años aproximadamente integra la reconocida Banda Juvenil de Chochó como maraquero, instrumento del que se volvió diestro y descrestaba a los presentes en los distintos sitios donde se presentaban por la habilidad que tenían en su ejecución y la sabrosura que le imprimía en el escenario. Como todo joven inquieto y con ganas de seguir explorando en el ámbito musical se dio cuenta que las maracas ya le quedaban pequeñas y su ambición musical iba más allá y empezó a interpretar la armónica o dulzaina conocida popularmente en el Caribe colombiano como violina, a la cual empezó a extraerle bellos sonidos y melodías, convirtiéndose en un magistral intérprete de los éxitos musicales de distintos géneros que se escuchaban en la radio, bares y cantinas de la época. Muchas veces en distintas actividades de la vida encontramos personas que creen en nosotros y ven algo que los demás no, nos impulsan, apoyan y es justo lo que pasó con Julito, quien acató la recomendación de su amigo Nicanor Guevara, que al notar su destreza con la dulzaina, le aconseja dar otro paso importante en su naciente carrera musical y es el encuentro definitivo con el instrumento que se convertiría desde ese momento en su compañero y amigo inseparable: el acordeón, con el que tuvo desde el primer instante una afinidad muy especial, es como si hubieran nacido el uno para el otro, una relación fuerte y llena de sentimientos, apego, amor y atracción. Con su instrumento rizado empezó su fructífera carrera artística plenamente, con la interpretación de porros, fandangos, cumbias, paseaítos y otros géneros musicales que identifican la tierra sabanera de la cual se convirtió en un gran baluarte y representante. Al mismo tiempo se va nutriendo de la música vallenata que ya se escuchaba mucho en la región del gran Bolívar, en donde sobresalían los maestros Alejandro Durán, Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villa, Francisco «Pacho» Rada, Calixto Ochoa, entre otros. Siendo el primer Rey Vallenato, Alejo Durán el juglar que más lo influenció y al que más escuchó en sus inicios, al que le tuvo mucho respeto y admiración por lo que representaba para la música de Francisco el Hombre, luego fue creando su propio estilo con el que escribió una linda historia en esta expresión musical que nació en el campo, en los corrales y luego se tomó el mundo. Julio de la Ossa fue un músico completo de esos que cada vez son más escasos en la música vallenata: tocaba, cantaba y componía; la primera canción de su autoría se titula «Carmencita» inspirada en una mujer de su pueblo, con su acordeón empezó a ser reconocido por distintos lugares y es en ese momento cuando se gana el apelativo de «El Pequeño gigante del acordeón» un hombre corto de estatura, pero con un talento grande en la ejecución y vocalización de cantos vallenatos y de otras expresiones musicales del Caribe colombiano.
Después de recorrer muchos lugares dando a conocer su música en los que cada día fue teniendo más aceptación, se le presenta la oportunidad de grabar su primer trabajo discográfico, y graba dos sencillos, uno con los temas ‘El motetico’ y ‘En abarcas’ y el otro donde salieron los temas ‘Mi vida es para ti’ y ‘Mi papelito’, y es en ese momento cuando su carrera artística alcanza otro nivel y termina de despegar por completo y su nombre empieza a ser reconocido en toda la Costa Atlántica, los contratos y presentaciones no se hicieron esperar porque ya el pueblo empieza a identificarse con sus canciones, y por donde quiera que llegaba era ovacionado y solicitado. Luego de ese inicio exitoso en la pasta sonora, tiene la oportunidad de integrar la legendaria agrupación «Los Corraleros de Majagual», la llamada orquesta pilar de la música tropical en Colombia donde ya su carrera se disparó por completo y su música empezó a escucharse a nivel internacional. Definitivamente el vallenato forma parte primordial de la cultura del Caribe colombiano y podría decirse que es uno de los rasgos más característicos de la historia del país y Julio de la Ossa con su acordeón, al que amó, porque cuando lo agarraba e interpretaba se volvía como parte de su cuerpo, igual que un niño cuando coge su juguete favorito, con esa entrega total que tuvo por la música que es evidente en sus movimientos, ejecuciones e interpretaciones, con esa extensa trayectoria hizo un aporte significativo en la construcción de esta cultura y folclor. El pequeño gigante del acordeón por su habilidad y calidad interpretando la música vallenata tuvo un paso exitoso por el Festival de la Leyenda Vallenata en donde obtuvo tres terceros lugares y un segundo, pero como dice el sabio adagio «no hay quinto malo», finalmente se coronó Rey Vallenato en el año 1975, en donde demostró que la «constancia vence lo que la dicha no alcanza» con ese empeño constante, dedicación, esfuerzo y la calidad en la ejecución de los cuatro aires: merengue, paseo, son y puya, logró ese añorado título. Su exitosa carrera musical continua cosechando éxitos y posicionando clásicos del cancionero vallenato, pero sin dejar de lado la participación en festivales y obtiene el primer lugar en el Festival Hombre Caimán, en el municipio de Plato, Magdalena en el año 1986 y luego en 1990 se corona Rey Sabanero en «La Perla de la Sabana», la ciudad de Sincelejo, y así demostrar su forma magistral y estilo propio con lo que escribió una página con letras de oro en la música de acordeón.
Julio de la Ossa Domínguez, a lo largo de su carrera musical tuvo una amplia y exitosa producción discográfica en las que grabó para distintos sellos como: Tropical, Fuentes, Sonolux, CBS (Sony Music), Codiscos, Curros, de los que se tienen alrededor de 36 trabajos discográficos, y como compositor estuvo cerca de las 150 canciones de su autoría. En su trayectoria musical quedó un abanico de canciones exitosas y clásicas que hacen parte del pentagrama vallenato muchas de él y algunas de otros compositores a los que interpretó con la misma calidad, en la que se destacan: ‘Me dominas’, ‘Orfelina’, ‘Mi visita’, ‘La margentina’, ‘Puya saramuya’, ‘Mi testamento’, ‘La colegiala’, ‘Bella cascada’, ‘Cariñito’, ‘Nunca lo creí’, ‘La sucreñita’, ‘Las cartas’, ‘Media luna’, ‘Carmencita’, ‘Adios María’, entre otras, que son muestra de la gran sensibilidad, vena creativa y musical que tenía este gran maestro. El lunes 28 de septiembre del año 1998, en la capital ganadera de Colombia, Montería, a sus 62 años de existencia, muy joven aún, cuando todavía tenía mucho por aportar, para seguir engrandeciendo la música vallenata, que lo premió por su originalidad, autenticidad, sacrificio, dedicación y persistencia, su voz se apagó y el eco sonoro de su acordeón quedó huérfano, pero su recuerdo intacto en los amantes de esta expresión musical, que lo siguieron y aplaudieron convirtiéndolo en el «Pequeño Gigante del Acordeón: quien se hizo grande con su instrumento, talento y composiciones.
El próximo 30 de abril de este año 2025, la familia de la Ossa Ochoa, en cabeza de uno de sus hijos Jhon de la Ossa, le harán un homenaje al maestro Julio de la Ossa Domínguez en la que se conmemora los 50 años de haber obtenido el título de Rey Vallenato, siendo el octavo rey de este Festival. Hora: 10 am Lugar: Auditorio Casa de la Cultura, Valledupar, Colombia.
«La música es como una llave mágica que abre incluso los corazones que están más cerrados»: María Augusta von Trapp (maestra de música y cantante austriaca).
Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.
La música ha estado ligada a las sociedades desde tiempos remotos, representando y transmitiendo los diferentes saberes y sentimientos por medio del arte, partiendo del instrumento primigenio para la creación de los sonidos: nuestro cuerpo y voz. La industria musical, como otras, evoluciona continuamente y cada vez hay más mujeres poderosas en la vanguardia pero no siempre fue tan acogedora con las artistas femeninas. Inclusive a principios del siglo XX, a muchas mujeres se les prohibía actuar en determinados locales, mientras que otras eran descriminadas en las giras, en la radio y por los ejecutivos de los sellos discográficos. Y la música vallenata no estuvo ajena a este fenómeno, pero hubo mujeres que se fueron sacudiendo de esa represión y demostraron que con su talento también podían hacer carrera en este competido y hasta machista mundo musical vallenato. Una de esas mujeres que sin dedicarse 100% a este arte ha dejado huella y hecho historia en esta expresión musical de origen provinciano, ella es Indira Elisa de la Cruz Ariño, quien le abrió los ojos a este mundo terrenal un 20 de octubre en el barrio primero de mayo de Valledupar para llenar de alegría el hogar conformado por Antonio de la Cruz y Elisa Ariño. Desde muy pequeña mostró inquietudes musicales, y se le notaba un don especial para el canto, algo que le fluía de manera natural. Su vena artística viene de sus tíos maternos «Los Ariño» originarios de los Pondores, corregimiento de San Juan del Cesar, La Guajira. Indira, cuyo nombre de origen sánscrito significa «belleza o esplendor» que es lo que percibimos cuando escuchamos su voz, una cantante que demuestra al interpretar una canción vallenata, que cuando se tiene talento solo es necesario un micrófono para hacer una presentación digna de aplausos. Para De La Cruz, al igual que muchas de sus colegas, no fue fácil que se les abrieran puertas en la música vallenata, muchas de ellas la abrieron, salvo que no eran puertas, sino portones gigantes con obstáculos y laberintos que debió atravesar siempre de la mano de su talento y capacidad vocal. Bachiller del emblemático colegio Nacional Loperena, que es considerado patrimonio cultural y monumento de Valledupar, referente para los pobladores de la región, porque en él estudiaron grandes personajes de la música, la política y la vida local. Y este fue precisamente uno de los primeros escenarios en el que Indira Elisa empezó a mostrar su talento artístico en las semanas culturales en donde se realizaban eventos para celebrar, difundir y promover expresiones, artísticas, folclóricas, musicales y teatrales en dicha institución. Al terminar sus estudios secundarios tiene la oportunidad de dedicarse a la música de manera más profesional, con la venia, asesoría y la bendición de un gran maestro en la composición de los cantos vallenatos como lo es Rosendo Romero Ospino «El Poeta de Villanueva», quien le dio la oportunidad de presentarse con él en el reconocido festival «Cuna de Acordeones», que se realiza en la tierra del Maestro Rosendo, bella población de La Guajira, al norte de la costa atlántica colombiana. Suceso que la llenó de alegría al sentir los elogios y admiración por parte de los presentes, producto de ese derroche mágico mostrado en tarima con su talento. Luego es invitada por distintos artistas para hacer coros como: su tío Adalberto Ariño y Elberth Araújo en el trabajo discográfico titulado ‘Una canción de amor y paz’, luego por el maestro Rafael Ricardo Barrios y Hugues Fernández en el trabajo discográfico titulado ‘La Otra Sonrisa’, también estuvo con la agrupación conformada por Iván Ovalle y Gabriel Julio en el LP de la época ‘Volvió el otoño’ en donde se desprendió el éxito ‘Enamorada de mi’. Agrupaciones que fueron seducidas por la dulzura de su voz, que se caracteriza por ser melodiosa, tener buena modulación, entonación y expresividad, pero al mismo tiempo se siente suave, grata y tierna, con las que adornaba esos bellos coros que han sido característicos en la canciones vallenatas. La «voz dulce» es una buena intérprete de la guitarra, instrumento que le permite transmitir con facilidad cualquier emoción; es decir, que para Indira esta «madera bendita», como hace llamar este instrumento el médico y trovador Adrián Villamizar, es como un vehículo de comunicación y transmisión de ideas musicales con las que alegra el corazón de la gente y el de ella propiamente. Además de acompañar a un sinnúmero de compositores y artistas vallenatos con su voz y talento, estuvo siempre agarrada de la mano por su esposo y compañero de vida, el genial Romualdo Luis Brito López: todo un referente del folclor vallenato, quien escribió con letras indelebles las páginas doradas de esta expresión musical. Su carrera artística siguió con pasos agigantados en la que se vislumbraba una nueva, talentosa y bellísima artista, que con su carisma y seductora voz iba ganando terreno y gustando más a su naciente público. Después de algún tiempo perteneciendo a distintas agrupaciones, se le da la oportunidad de grabar su primer larga duración, titulado ‘Fieramente enamorada’, con el acompañamiento en el acordeón de Gabriel «Chiche» Maestre Socarrás, de donde se desprendieron éxitos como: ‘Busca tu amor’, ‘Borrón y cuenta nueva’, entre otros, con los cuales llegó a mercados internacionales como: Perú, Venezuela, Ecuador y México, teniendo una gran aceptación. Seguidamente, y de la mano de su esposo Romualdo, graba otro trabajo discográfico titulado ‘Ámame Siempre’ con el acordeón de un hombre que ya se nos marchó, Víctor «Rey» Reyes Leuro, donde se destacó una canción del compositor Alberto Antonio «Tico» Mercado Suárez, titulada ‘Noche de Lluvia’, luego graba el tema ‘Muy bueno’. También hizo parte de la nómina de artistas que participaron en la producción musical homenaje a los 25 años de vida artística de Romualdo Brito, cantando una canción al lado de Roland Valbuena, titulada ‘Pertenece a ti’, convirtiéndose en un éxito nacional e internacional. Indira Elisa ha sido una enamorada de la música vallenata desde muy niña y eso la llevó a grabar una recopilación de grandes clásicos vallenatos que hicieron parte de su banda sonora, con los que aprendió a cantar y a amar esta música que lleva en el corazón. Esta brillante mujer jamás dejó de lado su formación profesional y se graduó como abogada en La Universidad Antonio Nariño de Valledupar, con Especialización en Contratación Estatal de la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga, carrera que es combinada con su arte musical en donde saca espacio para ambas y en las que brilla con luz propia. Estuvo 9 años al frente de la Secretaría General de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia y actualmente es la Directora Ejecutiva de la Fundación SAYCO. La música a la doctora Indira de la Cruz le ofrece un refugio emocional, un espacio donde puede explorar sus emociones más profundas y encontrar consuelo en momentos de dificultad. Definitivamente el canto crea lazos indescriptibles. Ya sea con los miembros de la agrupación, con los amigos y claro está, con el público y los fans. Es por esta razón que ser cantante es una aventura constante, que te hace salir de tu zona de confort y vivir nuevas experiencias para poder sentir en carne propia las letras de las canciones y el mensaje que quiere trasmitir el autor y así enamorar al público y seguidores. Porque tiene ese don para resonar con nuestros sentimientos personales, este es uno de los muchos motivos por el que su voz dulce nos hace evocar recuerdos y vivencias asociadas con nuestra vida cotidiana.