Leandro Díaz: el cardón guajiro que floreció en las sombras

“La música es el acto social de comunicación entre personas. Es un gesto de amistad. El más fuerte que existe”.
Malcolm Arnold (compositor británico)

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

Hay hombres que nacen con los ojos abiertos y jamás aprenden a mirar. Y hay otros que, privados de la luz exterior, desarrollan una visión más honda, más penetrante, más humana. Ciegos de pupilas, pero videntes de metáforas. La oscuridad es su lienzo; la imaginación, su pincel. No miran el mundo: lo imaginan y, al imaginarlo, lo hacen más bello. En esa estirpe luminosa se inscribe el nombre de Leandro José Díaz Duarte, llamado con justicia “El Homero del Vallenato”, porque, como el antiguo aedo, cantó lo que no vio y vio lo que otros nunca supieron cantar.

Leandro llegó a este mundo en el departamento de La Guajira, en el extremo noreste del territorio colombiano, donde el sol parece escribir su propio evangelio sobre la arena. Fue un hombre humilde que jamás vio el horizonte y, sin embargo, lo describió con asombrosa claridad. Como diría en una de sus canciones: “ Yo nací una mañana cualquiera allá por mi tierra, día de carnaval; pero ya yo venía con la estrella de componer y cantar a mi mal”. Ese lugar fue la Finca Alto Pino, en el área rural de Lagunita de la Sierra, corregimiento del municipio de Hatonuevo, que en ese entonces pertenecía a Barrancas. Allí, el 20 de febrero de 1928, como si el ambiente festivo presagiara su destino, llegó a este plano terrenal envuelto en la noche perpetua de la ceguera. Pero esa sombra inicial no fue sentencia: fue semilla. En él, la oscuridad no fue clausura; fue revelación. No fue un hombre sin luz: fue un hombre con una luz distinta.

Aquel entorno rural, rodeado de naturaleza viva, de verdes campos ondulantes, de animales silvestres y de corral, de flores cuyo aroma se mezclaba con el pasto recién humedecido, fue la cuna sensorial que modeló su espíritu. Aunque no podía contemplar con los ojos las aguas cristalinas o turbias de los ríos y riachuelos de su región, según la estación invernal o veraniega, las sentía con la piel de su universo íntimo. Describía el murmullo cambiante de las corrientes, el silbar del viento entre los cardones, los rumores secretos de los arroyos cuando crecían con la lluvia o se adelgazaban bajo el sol ardiente. De esos sonidos tomaba melodías; de esos aromas y brisas, metáforas. En esa creación invisible desarrolló un mundo mágico que más tarde convirtió en canciones.

Como el cardón que desafía la aridez y se levanta erguido en medio del desierto, Leandro floreció en las sombras. No conoció el verde de los cardonales ni el rojo encendido de los crepúsculos guajiros; no contempló el rostro de las mujeres que cantó con devoción ni el azul limpio del cielo. Y, sin embargo, todo eso habitó en su palabra. Porque si los ojos le fueron negados, el alma le fue concedida con creces. Mientras otros describían lo que miraban, él revelaba lo que su espíritu intuía.

Su infancia tuvo el color lúgubre de la pobreza y la incomprensión. Fue un tiempo de silencios impuestos, de caminos cuesta arriba, de una sociedad que no siempre sabía cómo abrazar la diferencia. Pero el dolor, en lugar de quebrarlo, lo templó. El niño que creció entre privaciones comenzó a descubrir que en su interior palpitaba un universo intacto. Allí empezó a forjarse el vate, el poeta lírico capaz de transformar la herida en canto y la ausencia en metáfora. Lo que la retina no capturó, lo guardó la memoria sensible del corazón.

Y aquel color sombrío y profundamente triste de su infancia, con el paso del tiempo, se tornó en una variedad de colores vivos. Lo que comenzó en penumbra terminó iluminando escenarios, festivales y corazones. El hombre que nunca vio el mundo logró que el mundo lo mirara con respeto. Esa es, quizá, su mayor paradoja y su más alta poesía.

Leandro describía la naturaleza con la precisión de quien la ha visto mil veces. Pintó el verano ardiente, el rumor de la brisa, el polvo que danza sobre los caminos, las lluvias benditas, los pueblos detenidos en el tiempo. Cantó a los amigos con gratitud sincera y a las mujeres con una mezcla de admiración y ternura que rozaba lo sagrado. En sus versos, la belleza femenina no era simple halago: era revelación. Supo cantar al amor con dulzura, al desamor con dignidad y a la soledad con una honestidad que aún conmueve. No necesitó ojos para ver el horizonte; le bastó el alma para describirlo.

En «Matilde Lina», convirtió el amor imposible en un paisaje sentimental donde la nostalgia tiene nombre propio. Matilde no es solo una mujer: es el símbolo de aquello que se ama aun sabiendo que no será. En «La Diosa Coronada», elevó la figura femenina a dimensión mitológica, demostrando que la belleza no necesita ojos cuando existe sensibilidad. En «A mí no me consuela nadie», el dolor se vuelve confesión limpia, sin artificios, como si el alma hablara sin intermediarios.

También está la súplica serena de «Olvídame», donde el adiós no es rencor, sino aceptación; la introspección casi filosófica de «Mi memoria», en la que el recuerdo se convierte en territorio de lucha interior; la fe inquebrantable de «Dios no me deja», que revela su confianza en una providencia silenciosa; y la pintura ardiente de «El verano», donde el paisaje guajiro vibra con una vitalidad que asombra viniendo de un hombre que nunca vio el sol.

Pero su memoria merece una pausa más honda. En ella se percibe el prodigio creativo de un hombre que jamás aprendió a leer ni a escribir. Su composición no pasó por el papel: pasó por la arquitectura invisible de la mente. Allí, en la memoria viva, organizaba versos, medía silencios, afinaba imágenes. Es una obra que confirma que la oralidad, cuando está sostenida por el talento, puede alcanzar alturas literarias insospechadas. La memoria fue su cuaderno; la musicalidad, su ortografía; la sensibilidad, su gramática.

La genialidad descriptiva y narrativa de Leandro alcanza otra dimensión en «Los Tocaimeros». En ese merengue vallenato logra enlazar, con asombrosa precisión rítmica y métrica, a la totalidad de los habitantes de la población de Tocaimo, mencionando más de cincuenta nombres como si levantara un censo poético de su gente. No es una simple enumeración: es una arquitectura verbal donde cada nombre encuentra su lugar exacto dentro del verso y la rima. La canción se convierte así en memoria colectiva, en retrato sonoro de una comunidad inmortalizada en la cadencia de su canto.

Algo similar ocurre en «¿Dónde?», en el que este genio creador recorre con la palabra varios pueblos de La Guajira: Barrancas, Papayal, Hatonuevo, Oreganal, Surimena, Roche, Manantial, Angostura, Las Pavas, Lagunita, entre otros. Es un itinerario sentimental y geográfico. En ese recorrido antológico, todas esas poblaciones se regodean con su presencia simbólica. Leandro las nombra en busca de una mujer que pudiera quererlo y sentencia con una frase de belleza conmovedora: “tiene Barrancas bellos caseríos donde viven mujeres que se pueden ver”. Aparentemente es una expresión sencilla, pero cobra una dimensión extraordinaria si recordamos que quien la pronuncia es un hombre que nació ciego. Allí la ironía del destino se transforma en poesía pura: habla de ver quien jamás vio y, sin embargo, nos enseña a mirar.

Pero Leandro no le cantó únicamente al amor y a la belleza; también fue cronista de la realidad social. En «Adelante» y «Soy» se percibe un tono distinto: allí habla el hombre consciente de su tiempo, el ciudadano que entiende las grietas de su entorno y decide no callar. Son cantos que invitan a la dignidad, a la afirmación del ser, a la resistencia íntima frente a la adversidad. Su voz se convierte en identidad.

Y si en esas composiciones hay firmeza y reflexión, en «La Contra» y «El Negativo» emerge el Caribe pícaro, el hombre agudo que señala inconformidades con una sonrisa ladeada. Allí la crítica se vuelve ironía, y la inconformidad se disfraza de humor inteligente.

Esa misma fuerza desafiante alcanza un punto alto en «El Bozal». Allí no solo compone: reta. Desafía a cantantes y compositores demostrando dominio técnico en la estructura de la décima, esa forma poética exigente que requiere precisión métrica y rítmica. Un hombre que no escribía sobre papel, pero que construía décimas con rigor casi académico. «El Bozal» no es solo canción: es declaración de maestría, afirmación de autoridad en el oficio.

Su canto no fue evasión: fue testimonio. No se limitó a embellecer el mundo; también lo denunció con la serenidad firme de quien conoce la intemperie.

A pesar de las adversidades, llegó a ser uno de los compositores más laureados y ovacionados del vallenato. Su nombre dejó de asociarse exclusivamente a la condición de invidente para instalarse en la memoria colectiva como sinónimo de profundidad lírica. Su obra no fue breve ni circunstancial: fue vasta y fecunda, extendida a lo largo de los años con una constancia admirable. Decenas y decenas de canciones brotaron de su memoria prodigiosa, conformando un repertorio amplio que atraviesa generaciones y permanece vivo en la voz del Caribe. La música no fue para él un simple oficio: fue destino, lenguaje y redención.

En «Cómo yo no hay dos» dejó acaso su autorretrato más hondo:

“Yo no he podido contemplar la luz
cómo lo has hecho tú en un bello amanecer,
no he podido ver el cielo azul
ni mirar la tristeza de un atardecer;
solo he vivido tratando de hallar
la forma de olvidar tantas penas de ayer
y solamente suelo recordar
aquel trágico andar de mi vida sin ver…

Acompañado de mi dolor
siempre he vivido en la oscuridad,
sin ver la luna, sin ver el sol
puse a pensar a la humanidad;
por eso es que como yo no hay dos
se los digo en mi cantar,
que las cosas que hace Dios
nadie las puede cambiar”.

Allí reconoce su condición sin victimismo y transforma la limitación en singularidad. Muchos pudieron pensar que sería un inútil, una carga para la sociedad; sin embargo, el tiempo demostró lo contrario. Aquel hombre que no vio la luz del amanecer llegó a ser profundamente útil para su pueblo, para su cultura y para la historia musical de Colombia. Su obra fue servicio, identidad y conciencia.

En esos versos no hay queja estéril, sino aceptación trascendida. No hay lamento vacío, sino conciencia del misterio. Allí está el hombre que nunca vio la luz del amanecer, pero que hizo pensar a la humanidad; el que no contempló el cielo azul, pero lo pintó con palabras; el que vivió en la oscuridad y, aun así, iluminó el corazón de un pueblo.

Y así como el cardón permanece erguido frente al viento salobre y al sol incansable de La Guajira, la obra de Leandro Díaz seguirá en pie frente al paso del tiempo. Porque mientras haya un acorde que evoque su nombre, mientras una voz entone sus versos en cualquier rincón del Caribe, seguirá floreciendo en la memoria colectiva.

Leandro no vio el paisaje guajiro, pero lo hizo eterno. No contempló el horizonte; lo ensanchó para todos. Y en la vasta geografía del vallenato, su figura permanece como ese cardón firme, austero y majestuoso que, aun en la sequía más severa, demuestra que la vida verdadera siempre encuentra la manera de florecer.

El 22 de junio de 2013, el silencio creyó llevarse su aliento; pero fue apenas el cuerpo el que descansó. Porque el alma de Leandro José Díaz Duarte, sembrada en versos y melodías, no conoce sepultura.

Y mientras un acordeón respire entre las manos de un acordeonista y una voz vuelva a pronunciar sus palabras, él seguirá cantando desde la eternidad. Porque hay hombres que mueren, y hay otros, como «El Homero del Vallenato», que se vuelven canción.

Atentamente,
Ramiro Elías Álvarez Mercado

PROGRAMACIÓN 59° FESTIVAL DE LA LEYENDA VALLENATA HOMENAJE A ISRAEL ROMERO, RAFAEL OROZCO Y EL BINOMIO DE ORO DE AMÉRICA

Sábado 25 de abril

Parque de La Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’

Desfile de Jeep Willys Parranderos – 3:00 PM

Domingo 26 de abril

Centro Comercial Mayales Plaza – 8:00 AM

Concurso de Pintura Infantil ‘Los niños pintan el Festival de La Leyenda Vallenata’

Lunes 27 de abril

Centro Recreacional La Pedregosa – Primera Ronda Concursos – 8:00 AM

Acordeón Infantil

Acordeonera Menor

Acordeón Juvenil

Aires: Paseo y Merengue

Parque Los Algarrobillos – Primera Ronda Concurso – 8:00 AM

Acordeón Aficionado

Aires: Paseo y Merengue

Martes 28 de abril

Centro Recreacional La Pedregosa – Primera Ronda Concursos – 8:00 AM

Acordeón Infantil

Acordeonera Menor

Acordeón Juvenil

Aires: Son y Puya

Parque Los Algarrobillos – Primera Ronda Concursos – 8:00 AM

Acordeón Aficionado

Aires: Son y Puya

Primera Ronda Concurso – 2:00 PM

Acordeonera Mayor

Aires: Paseo y Merengue

Desfile de Piloneras – 1:00 PM

Categorías Infantil y Juvenil

Inicia: Colegio Alfonso López

Termina: Glorieta Pedazo de Acordeón

Miércoles 29 de abril

Centro Recreacional La Pedregosa – Segunda Ronda Concursos – 8:00 AM

Acordeón Infantil

Acordeonera Menor

Acordeón Juvenil

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Parque Los Algarrobillos – Segunda Ronda Concurso – 8:00 AM

Acordeonero Aficionado

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Parque Los Algarrobillos – Primera Ronda – 8:00 AM

Piqueria Mayor

Plaza Alfonso López – Primera Ronda Concurso – 8:00 AM

Acordeón Profesional

Aires: Paseo y Merengue

Parque Los Algarrobillos – Primera Ronda – 2:00 PM

Acordeonera Mayor

Aires: Son y Puya

Desfile de Piloneras – 12:00 PM

Categoría Mayores

Inicia: Colegio Alfonso López

Termina: Glorieta de La Pilonera Mayor

Parque de La Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’

Ceremonia de Inauguración – 6:00 PM

59°Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América

Jueves 30 de abril

Centro Recreacional La Pedregosa 8:00 AM

Ronda eliminatoria Piqueria Infantil

Semifinal Concursos

Acordeón Infantil

Acordeonera Menor

Acordeón Juvenil

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Parque Los Algarrobillos – Semifinal Concurso – 8:00 AM

Acordeón Aficionado

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Parque Los Algarrobillos – Segunda Ronda Concurso – 8:00 AM

Acordeonera Mayor

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Parque Los Algarrobillos

Segunda Ronda – 8:00 AM

Piqueria Mayor

Coliseo de Ferias Pedro Castro Monsalvo – Primera Ronda Concurso – 8:00 AM

Canción Vallenata Inédita

Plaza Alfonso López – Primera Ronda Concurso – 8:00 AM

Acordeón Profesional

Aires: Son y Puya

Centro Recreacional La Pedregosa – Gran Final Concursos – 2:00 PM

Piqueria Infantil

Acordeón Infantil

Acordeón Juvenil

Acordeonera Menor

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Gran Cabalgata en el marco del 59° Festival de la Leyenda Vallenata – 4:00 PM

Salida. Lote Sinaltrainal (Carrera 23 con calle 14).

Organiza: Riendas Valledupar

Plaza Alfonso López – 4:00 PM

Escenificación del milagro de la leyenda vallenata

Universidad del Área Andina – 4:00 PM

Auditorio Macondo

Foro. Del Binomio de Oro a la IA: Construyendo un futuro creativo

Ecoparque del río Guatapurí – 5:30 PM

Develación escultura en homenaje a Israel Romero y Rafael Orozco El Binomio de Oro – Alcaldía de Valledupar

Parque de La Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’

Gran Final Concurso – 6:00 PM

Acordeón Aficionado

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Espectáculo Musical, Cultural y Folclórico: Silvestre Dangond – Juancho de la Espriella, Danny Ocean, Peter Manjarrés, Aria Vega e Iván Villazón

Viernes 1 de mayo

Parque Los Algarrobillos

Semifinal de Concurso – 8:00 AM

Acordeonera Mayor

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Semifinal Concurso – 8:00 AM

Piqueria Mayor

Coliseo de Ferias Pedro Castro Monsalvo

Segunda Ronda Concurso – 8:00 AM

Canción Vallenata Inédita

Plaza Alfonso López Segunda Ronda Concurso – 8:00 AM

Acordeón Profesional

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Parque de La Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’

Gran Final Concursos – 8:00 PM

Piqueria Mayor

Acordeonera Mayor

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Espectáculo Musical, Cultural y Folclórico: Silvestre Dangond – Juancho de la Espriella, Guayacán Orquesta y Jean Carlos Centeno.

Sábado 2 de mayo

Coliseo de Ferias Pedro Castro Monsalvo Semifinal Concurso – 8:00 AM

Acordeón Profesional

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Plaza Alfonso López Semifinal Concurso – 10:00 AM 

Canción Vallenata Inédita

Parque de La Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’

Gran Final Concursos – 8:00 PM

Canción Vallenata Inédita

Acordeón Profesional

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Espectáculo Musical, Cultural y Folclórico: J Balvin, Binomio de Oro de América, Churo Díaz y Elder Dayán.

EXPOSICIONES DE ARTE INTERNACIONAL. Del 25 de abril al 5 de mayo de 2026 Primer Baldot Festival Arte – Carrera 19C No. 10-43 – Frente a Los Poporos. (Estudio Taller Baldot) – Casa Castro Monsalvo, Carrera sexta con calle 15 Esquina, Plaza Alfonso López.

*Programación sujeta a cambios*

Cuando la primavera florecía en San Juan del Cesar, una niña inspiró a Hernando Marín a componer “Sanjuanerita”.

Por Alcibiades Núñez.

Hablar de Hernando José Marín Lacouture es evocar a uno de esos compositores que parecían tener el corazón afinado como una guitarra. De esos juglares modernos que, con una libreta improvisada y una inspiración repentina, convertían momentos sencillos de la vida en canciones eternas del vallenato.

Así nació “Sanjuanerita”, una de esas composiciones que, con el paso del tiempo, se volvieron parte del alma musical del Caribe. La canción fue grabada inicialmente por Jorge Oñate y Juancho Rois en el álbum “El Ruiseñor de mi Valle” en 1981, y años después volvió a resonar en los tocadiscos del país cuando Rafael Orozco e Israel Romero, con el Binomio de Oro, la incluyeron en el álbum “Por Siempre” en 1992.

Pero detrás de esa melodía hay una historia sencilla, casi doméstica, que comenzó en una tarde luminosa de abril de 1980.

Ese día, Saúl Enrique Hinojosa Fernández, junto a su esposa Josefina Mendoza y sus hijos Jorge Eliecer, Eliris Elena “Lili” y Nasly Mercedes, decidieron hacer un paseo familiar al corregimiento de Los Pondores, en la finca Los Anones, propiedad de José María “Chemita” Daza.

La escena parecía sacada de un cuadro caribeño: el río Cesar corría claro y generoso, el cielo era amplio y las flores amarillas de los cañahuates y guayacanes pintaban el paisaje con el color de la primavera guajira.

Entre los invitados que acompañaban el paseo estaban Hernando Marín, Lucho Gutiérrez, Pablo Ariza, Julio Tata y el doctor Urbano Manuel Bermúdez. Como suele suceder en la Guajira cuando se juntan amigos, no tardaron en aparecer las guitarras.

Sentados cerca del río, con el instrumento apoyado en el pecho, comenzaron a tocar y cantar. Mientras tanto, Lili y Nasly, las hijas de Saúl, se bañaban felices en las aguas diáfanas del Cesar, riendo y salpicando la arena blanca de la orilla.

En medio de aquel ambiente de música, sol y risas, ocurrió el momento que cambiaría la historia.

La pequeña Nasly, con la espontaneidad de la juventud, se acercó a Hernando Marín y le dijo con tono de reclamo cariñoso:Tío, usted le ha hecho canciones a todo el mundo… menos a mí.

Marín sonrió. Al principio le respondió que él componía canciones para sus enamoradas, y que a ellas las quería como si fueran sus propias hijas. Pero aquella tarde algo en el ambiente lo conmovió.

Quizás fue el brillo del río, la alegría de las muchachas o el perfume de los árboles florecidos. Lo cierto es que la musa apareció.

Entonces tomó el cartón de una caja de Old Parr, buscó un bolígrafo y comenzó a escribir. Mientras lo hacía, observaba el paisaje: las flores amarillas que tanto evocaban la tierra de Gabriel García Márquez, la brisa suave que acariciaba la orilla del río y la risa de Nasly y Lili jugando en el agua.

Así, casi sin darse cuenta, nació una de las canciones más bellas del repertorio vallenato.

En “Sanjuanerita”, Hernando Marín comparó la frescura de aquellas hermanas con las aguas cristalinas y la arena blanca del río Cesar, y las retrató como flores de la Guajira, afirmando con orgullo que, entre todas ellas, la Sanjuanerita es la más bonita.

De esta manera, una tarde de paseo familiar se transformó en inspiración eterna.

Hernando Marín, nacido en El Tablazo, zona rural de San Juan del Cesar, dejó un legado inmenso para el vallenato. Fue autor de más de doscientas composiciones, muchas de ellas convertidas en clásicos interpretados por grandes figuras del género.

Entre sus obras se destacan “La creciente”, grabada por Rafael Orozco e Israel Romero con el Binomio de Oro; “Villanueva mía”, ganadora del concurso de Canción Inédita del Festival Vallenato en 1992 con el tema “Valledupar del alma”; “Campesino parrandero”, inmortalizada por Jorge Oñate; “Los maestros”, convertida en himno de los docentes en la voz de los Hermanos Zuleta; y “El invencible”, grabada por Diomedes Díaz.

A esa larga lista se suman canciones como “El ángel del camino”, “Bebiendo yo”, “Mis muchachitas”, “Lluvias de verano”, “La primera piedra”, “Canta conmigo”, “El gavilán mayor”, “El arbolito”, “La vecina de Chavita”, “El cantante del pueblo” y “La ley de embudo”.

Sin embargo, entre todas esas obras, “Sanjuanerita” guarda un encanto especial: el de haber nacido de una tarde sencilla, de una petición inocente y del paisaje generoso de la Guajira.

Porque a veces, las canciones más grandes no nacen en estudios de grabación ni en escenarios multitudinarios.

Nacen en la orilla de un río, entre risas, guitarras y la inspiración de un compositor que supo escuchar el latido de su tierra.

Ampliadas las inscripciones para los concursos del 59° Festival de la Leyenda Vallenata

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata se permite informar que hasta el viernes 13 de marzo a las 6:00 de la tarde se ampliaron las inscripciones para los distintos concursos del 59° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América.

Las mencionadas inscripciones, a excepción de los grupos de piloneras en sus distintas categorías, se reciben de manera presencial de lunes a viernes en las oficinas de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata ubicadas en la Carrera 19 No. 6N-39 vía al puente de Hurtado de Valledupar. De igual manera, a través del correo certificado o en el correo electrónico: inscripcionesfesvallenato@gmail.com

Por su parte, los formatos de inscripción y requisitos de los concursos estarán disponibles llamando al número celular: 315 7580186 con Inés Amaya.

Los concursos que tendrán cabida en este certamen son: Acordeón Profesional, Acordeonera Mayor, Canción Vallenata Inédita, Piqueria Mayor, Acordeón Aficionado, Acordeón Juvenil, Acordeón Infantil, Acordeonera Menor, Piqueria Infantil y Piloneras en las categorías de Mayores, Juvenil e Infantil.

De otra parte, los concursantes en todas las categorías de acordeón, no podrán repetir ninguna canción de los cuatro aires en su orden (Paseo, Merengue, Son y Puya) en las distintas rondas ni en la semifinal.

A su vez, el presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, Rodolfo Molina Araújo, manifestó. “Ante la gran cantidad de concursantes interesados en estar presentes en la versión 59 del Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América, decidimos ampliar las inscripciones hasta el 13 de marzo, a excepción de los grupos de piloneras en sus distintas categorías. Nuestro agradecimiento a todos los que se unen a este acontecimiento cultural, folclórico y musical”.

Valledupar del 29 de abril al dos de mayo de 2026, se prepara para recibir a miles de visitantes que vendrán a vivir de cerca esta fiesta donde se respirará alegría, paz y confraternidad.

8 de marzo: homenaje a las mujeres que luchan, educan y transforman elmundo.

Por Alcibiades Núñez.

Cada 8 de marzo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha que va mucho más allá de una simple felicitación o un gesto simbólico. Es un día para recordar la historia, reconocer el papel fundamental de la mujer en la sociedad y reflexionar sobre los retos que aún persisten en la búsqueda de igualdad, dignidad y respeto.

Desde los relatos más antiguos de la humanidad hasta la vida cotidiana de nuestras comunidades, la mujer ha ocupado un lugar esencial. En la tradición bíblica se cuenta que, al ver al hombre solo en el paraíso, Dios decidió crear a la mujer a partir de una costilla suya. Más allá de la metáfora religiosa, lo cierto es que desde entonces la mujer ha sido compañera, guía y sostén de la vida familiar y social.

Las mujeres son, en muchos sentidos, polifacéticas y resilientes. Son madres, educadoras, enfermeras, abogadas, médicas, economistas, líderes comunitarias, conciliadoras y profesionales en todos los campos del saber. Dentro y fuera del hogar, su aporte es incalculable. Son quienes, muchas veces en silencio, sostienen la estructura de nuestras familias y contribuyen al progreso de nuestras comunidades.

Pero esta fecha también nos recuerda que los derechos de las mujeres no han sido un regalo, sino una conquista lograda a través de luchas y sacrificios. Uno de los episodios más dolorosos ocurrió el 25 de marzo de 1911 en Nueva York, cuando un incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist Company cobró la vida de 146 trabajadoras que reclamaban mejores condiciones laborales. Aquella tragedia, producto de la negligencia y la injusticia, marcó para siempre la historia del movimiento por los derechos laborales de las mujeres y se convirtió en un símbolo de la lucha por la dignidad en el trabajo.

Por eso, el 8 de marzo es también un día de memoria y gratitud.

En lo personal, esta fecha me invita a rendir homenaje a las mujeres que han marcado mi vida. En primer lugar, a mi madre, Delia Rosa (q.e.p.d.), una mujer valiente que, al quedar viuda a temprana edad, asumió con coraje la responsabilidad de educar y sacar adelante a seis hijos. Su ejemplo de fortaleza, sacrificio y amor sigue siendo una inspiración permanente.

Extiendo también mi reconocimiento a mis hermanas Adalinda, Edith, María Beatriz, Inés Mercedes, Ruth Mariela y Olga, mujeres profesionales, luchadoras y emprendedoras; a mi hija Diana, una mujer noble, preparada y comprometida con sus valores; y a mi nieta María Celeste, la alegría de nuestra familia, símbolo del futuro que debemos seguir construyendo con esperanza.

De igual manera, mi gratitud a Sary Mary, mi nuera, médica dedicada a su familia y a sus pacientes; a mis tías muchas de ellas ya ausentes que fueron para mí como segundas madres; Beatriz (q.e.p.d.), ‘Foncha’, Eva, Eloísa, Susana (q.e.p.d.), Filomena, Pilar (q.e.p.d.) Prudencia y Nectalina (q.e.p.d.), y a tantas mujeres que han dejado huellas profundas en mi vida. A mis primas Alba, Julia, Gloria, Janeth, Nuri, María Mercedes, Alcira, Marta, Berta, Rubira, Vilma, Eneida, Nora, Cielo (q.e.p.d.), Rosa, Carmen Lucia (q.e.p.d.), Ana María, Ana Mercedes, Inés, Nimia, Sara, Mariela, Alida, Gloria, Ana María, Carmen Cristina, Luz, Flor, Patricia, Luz Mireya, Miriam, Zoraida, María Isabel, Dolores, Marta, Celmira, Sandra, Lourdes, Margarita, María Clara, Luisa, Dilma Ester, Arinda, Luz Mireya, Silvana y Dalidys mujeres luchadoras y camelladoras

Quiero resaltar también el trabajo incansable de mis compañeras docentes en la Institución Educativa Remedios Solano, Zoraya, Brigitte, Milena, Erlime, Ledis, Yacira (q.e.p.d.), Carmen, Luz Elena, Anny, Claudia, Jhoannis, Ana Beatriz, Ingrid, María Pía, Angélica, Orlanis, Matilde, Simona, Eglentina, Yenni, Mayda (q.e.p.d.), Olivia, Nadimis, Felicita (q.e.p.d.), Cielo Mireya, Saila, Elba, Leonor, Yajaira, Nelly, Noelbys, Yelis, María Bernarda, Saralida, Gladys, Darcy, Katia, Liceth, Yania, Coreana, Yeisi, Yuliana, Laura, Aida, Nohemí y Carmen Pilar, quienes día a día entregan su conocimiento y vocación para formar a las nuevas generaciones. Con ellas comparto la convicción de que educar es sembrar oportunidades y abrir caminos para el futuro de nuestra juventud.

Asimismo, recuerdo con afecto a mis compañeras de estudio de la promoción de 1978 de la Institución Educativa El Carmelo, Adalinda, Ana Alcira, Ana Josefa, Betty, Edit, Eloísa, Emilda, Jackeline, Lesbia, Malvís, Mamita, María Cecilia, María Victoria, Marta Virginia, Norma, Oliva y Rosa Clara Vega, así como a las colegas con quienes compartí la Maestría en Gerencia Financiera de la Universidad del Zulia, Atis, Denis, Estela, Maribel, Mireya (q.e.p.d.), Rosana, Johana y Zuly Madero, mujeres que representan el esfuerzo, la disciplina y el talento de la mujer caribeña, igualmente en el Molino a las Profes Yamile, Tania, Daya y a la Dra Nuri Vence.

En este día especial, mi reconocimiento también se extiende a las amas de casa, a las trabajadoras, a las profesionales, a las estudiantes y a todas aquellas mujeres que, con su esfuerzo cotidiano, hacen posible que nuestras familias y nuestras comunidades avancen.

Que esta fecha nos invite a reflexionar como sociedad. Que padres, hijos, hermanos y esposos aprendamos a valorar más a nuestras madres, abuelas, esposas, hermanas, hijas y nietas. Que sepamos brindarles respeto, apoyo, cariño y oportunidades.

Porque, al final, honrar a la mujer no debe ser un gesto de un solo día, sino una actitud permanente de gratitud y reconocimiento hacia quienes sostienen, con amor y valentía, el tejido mismo de nuestra sociedad. Final del formulario