EMILIO OVIEDO. UN CAZADOR DE TALENTOS O EL REY MIDAS DE LA MÚSICA VALLENATA

AUTOR: ENRIQUE USTÁRIZ BARROS

Por más de cinco décadas descubriendo cantantes, acordeonistas y produciendo trabajos musicales han convertido a “El Comandante del Acordeón” en un tesoro invaluable en la historia de la música vallenata.

Lo realizado por Emilio Oviedo Corrales conocido también como “El Comandante” difícilmente otro acordeonista lo logrará, este juglar del vallenato se convirtió en el cazador de talentos más importante de nuestra música vallenata, su titánica labor no solo lo ha llevado a descubrir cantantes sino también acordeonistas que hoy en día son grandes exponentes de este bello folclor; este descubridor de talentos nació el 30 de Mayo de 1943 en el corregimiento de Costilla en jurisdicción del municipio de Pelaya en el sur del Departamento del Cesar, es el sexto de seis hermanos donde solo había una sola mujer; sus padres fueron el carpintero Tomás Oviedo Sánchez y la cantadora Juliana Corrales Camelo.

Sus amoríos con el acordeón se iniciaron cuando solo tenía 5 años por que su madre no le permitía tocar, pero él se escondía para poder aprender a ejecutar este instrumento musical y es así como a los 8 años sorprendió a sus familiares en una parranda de sus hermanos mayores sacando su primera canción con el acordeón, esta canción se titula Tumba la Caña.

Algo nos asegura este gran exponte; “Yo no sabía tocar música vallenata pero la forma de aprenderlo fue interpretando una canción vallenata con sabor tropical, cuando me establecí en Valledupar pude aprender a interpretar y dominar los cuatro ritmos musicales de nuestro folclor”

“Cuando yo grabé música por primera vez al escuchar mi voz no me parecía comercial no la sentía agradable y decidí ponerle un cantante a mi agrupación”

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EL GRAN IVO DÍAZ Y SUS 40 AÑOS DE VIDA ARTÍSTICA.

Por: Ignacio Cantillo Vásquez

Comenzaré por decir que, nada en la vida, ocurre por casualidad.
Y, al hablar de la vida y obra de Ivo Díaz Ramos, esta frase sí que adquiere toda una trascendencia, tal como paso a explicarlo.

Nunca fue casualidad que naciera en un hogar donde, desde muy pequeño, se fuera impregnando del sentir y el actuar de uno de los poetas más sensibles que ha tenido y quizás tendrá la música vallenata. Yo estoy seguro que ese hecho se debió a uno de esos caprichos que tuvo el creador en su embeleco de prologar la obra de Leandro Díaz, su padre, a través del tiempo.

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Crónica -Enrique Díaz, el juglar que no comía de aplausos

-Durante su vida que tuvo una vigencia de 69 años, pudo darle rienda suelta a su talento natural dando a conocer sus célebres y jocosas frases, esas mismas que le dieron los mayores reconocimientos al lado de su canto y acordeón.
Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv
Contrariando la tesis popular de que los aplausos son el alimento de los artistas, el juglar sabanero Enrique Díaz Tovar ‘El tigre de Maríalabaja’, tenía sus propios argumentos que exponía cuando estaba en parrandas, amenizaba casetas o distintas presentaciones. Es así, como hasta sus últimos días fue fiel a sus condiciones de no tocar su acordeón gratis, razón por la cual no ensayaba.
Una anécdota que ratifica su peculiar condición sucedió en el año 2000, en El Paso, Cesar, cuando en el Festival Pedazo de Acordeón fue invitado a la tarima a realizar una presentación. Al subir el presentador pidió aplausos para el juglar y enseguida él ripostó. “Un momento. Yo no vivo de aplausos porque eso no da pal’ mercado. Si el alcalde se compromete conmigo de inmediato les regalo cuatro o cinco piezas”. El alcalde aceptó.

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‘Los maestros’, una protesta social convertida en canto vallenato

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

La canción ‘Los maestros’ de la autoría de Hernando José Marín Lacouture, nació de un pago atrasado que le debían en la Secretaria de Educación Municipal de San Juan del Cesar, La Guajira, al maestro Walter Luis Coronel Mendoza, más conocido como ‘Caco’ Coronel, quien laboraba en la Escuela Mixta Rural del corregimiento de El Tablazo, tierra donde también había nacido el compositor guajiro.

Todo se inició a finales del mes de  agosto de 1975 cuando Hernando Marín tenía el deseo de ir al Festival del Retorno, de Fonseca, La Guajira, pero no contaba con plata. En aquella ocasión trabajaba como tractorista y el pago no estaba próximo.

Por su memoria pasaban diversas formas de solución para poder cumplir con su propósito musical. Tener el bolsillo pelao era algo que no estaba entre en sus planes, pero primaba el deseo de seguir mostrando su talento para componer. Era  un impase que nunca falta, y más entre los que se dedican a este arte.

Estando en aquel dilema se acordó de su paisano, amigo y después compadre, el docente Walter ‘Caco’ Coronel, quien podía tener la fórmula para solucionar el problema económico. Efectivamente, la solución estaba en un pago atrasado que le debían como educador. Sin perder tiempo se alistaron y antes del mediodía, fiando el pasaje, procedieron a viajar a San Juan del Cesar.

Al llegar se encontraron con qué la pagadora de la Secretaria de Educación Municipal Micaela Romero, conocida como ‘La Comayita’, estaba en su casa. Fueron hasta allá, tocándole la puerta varias veces y no abrían. Minutos después ella lo hizo bastante molesta.

‘Caco’ Coronel le manifestó amablemente el motivo de su visita a esa hora, pero ella se limitó a decir que en su casa no pagaba. Seguidamente añadió que el cheque se lo entregaría la siguiente semana. Ante la inesperada respuesta Hernando Marín le reclamó por el tratamiento al maestro. Ella le respondió que no debía meterse en lo que no le correspondía. Desde ese momento comenzó a darle vueltas en su cabeza un nuevo canto.

Estando del otro lado, el maestro y el compositor buscaron plata prestada para llegar al destino previsto. En esa ocasión Hernando Marín se ganó en Fonseca, algunos pesos amenizando varias parrandas. El que salió ganancioso fue ‘Caco’ Coronel, quien parrandeó y llevó plata para su casa.

El compositor  estaba con el remordimiento del hecho sucedido con la pagadora, y con todos los elementos a su favor hizo el canto que años después se convirtió en el himno de los maestros de Colombia.

“Hay personas que en la vida no saben agradecer, ni les dan ese valor que en realidad se merecen. Y es aquel montón de hombres y mujeres que lucha incansablemente pa’ educar la humanidad. El maestro va a la escuela diariamente, no le importa que critiquen su aguerrida voluntad, y hay que aplaudir a esa gente tan valiente, que tienen tan mala suerte que ni les quieren pagar”.

Con su guitarra en el pecho se la cantó a Poncho y Emiliano Zuleta, quienes no dudaron en grabarla para el sello CBS. El disco salió el 18 de mayo de 1976, y acertadamente le pusieron el nombre de la canción que aparece en el corte uno del lado B.

Parranda de celebración

“Días después de salir el disco ´Los maestros’, la celebración fue grandiosa en nuestra casa de El Tablazo, donde ‘Caco’ (Coronel) lloraba, cantaba y tomaba”, contó su esposa Ruby Zúñiga Núñez, con quien tuvo tres hijos, Walter Segundo, Max Alfredo y Gueily, siendo ella ahijada de Hernando Marín y Sergio Moya Molina.

Los recuerdos de aquel momento de hace 47 años, a la profesora Ruby Zúñiga la llevó a contar su historia de amor que ni el destino pudo detener. “Siendo muy jóvenes nos ennoviamos a escondidas y tuvimos la fortuna de que nuestros padres nos mandaron a estudiar a Bogotá. Cuando regresamos nos casamos en secreto hasta que todo el mundo lo supo”. Fueron esos encuentros donde las alegrías no se ocultaron, el sentimiento voló alto y el amor tenía su propio nido.

A ‘Caco’, Coronel quien se la pasaba en su carro escuchado música tradicional vallenata, le  decían así por su padrino Luis ‘Caco’ Dávila. También su casa fue el epicentro de las más grandes parrandas en esa zona, donde asistían reconocidos cantantes, compositores y acordeoneros.

Él nació  en El Tablazo, el 26 de abril de 1949 y murió en San Juan del Cesar, el 24 de abril de 2019, debido a una cirrosis hepática, dejando el ejemplo de hombre de bien y su enseñanza en el campo educativo donde se desempeñó por espacio de  25 años.

Como recuerdo del famoso maestro quedó el saludo en la voz de Jorge Oñate en la canción ‘Qué parranda’, de la autoría de Sergio Moya Molina, grabada en el año 1976, con el acordeonero Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza. “Y la parranda la vamos a hacer en El Tablazo, en la casa de mi compadre ‘Caco’ Coronel”.

El ángel del camino

Hernando José Marín Lacouture, el cantor, compositor, guitarrista y consumado parrandero, quien era conocido como ‘Él ángel del camino’, murió el miércoles cinco de septiembre de 1999, en El Bongo, Sucre, dejando una cantidad de canciones donde el sentimiento todavía se pasea adornado de versos, haciendo posible que las delicias del cariño lleguen directamente hasta el río de la ternura y una flor nazca en medio del corazón.

De igual manera, no fue la canción ‘Los maestros’, donde el compositor puso de presente el tema social, sino también en ‘La dama guajira’, ‘La ley del embudo’, ‘Canta conmigo’, ‘Plegaria del campesino’, ‘El patrón’ y ‘Castigo de Dios’, entre otras.

Precisamente en ‘Los maestros’, ese canto donde exaltó el abnegado trabajo de las personas que se dedican diariamente a educar, señaló. “Y nosotros tenemos tan negra el alma, que no le damos las gracias al humilde profesor. Y las gallinas de arriba, le echan flores a las de abajo”. Enseguida al remate del verso el cantante Poncho Zuleta, pregunto: ¿Flores?… Ay carajo.

Calixto Ochoa celebró con música el ‘Color moreno’ de su piel

-En su natalicio se recuerda a ‘El negro Cali’, quien supo darle el mejor oficio a su memoria al componer memorables cantos que se extendieron por el mundo vallenato como verdolaga en playa-

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

El Rey Vallenato del año 1970 Calixto Antonio Ochoa Campo, desde el escenario que se le mirara respiraba música y la inspiración corría por sus venas con nombres de mujer, de naturaleza, de amigos, de vida, de detalles que dibujaba con una facilidad asombrosa en su mente, hasta llegar a producir cantidades de canciones. Sumó más de mil.

De esa manera, recorrió el territorio costeño extendiéndose a toda Colombia y el exterior, siendo tanta su creatividad que con mucha decencia le puso música y letra a un menosprecio, pero con una elegancia inocultable. La canción la tituló, ‘Mi color moreno’.

El hijo de Valencia de Jesús, corregimiento de Valledupar, quien nació el martes 14 de agosto de 1934, conoció en Sincelejo a Martha Yadira Salcedo, una joven encantadora quien le llamó la atención y enseguida comenzó su estrategia de conquista.

El primer paso fue invitarla con su familia a una finca en San Marcos, Sucre, aprovechando la época de Semana Santa. Ellos aceptaron el paseo y estando allá aprovechó que la joven estaba descansando en una hamaca. Enseguida buscó un taburete sentándose a su lado. Sin dar tantas vueltas fue al grano entregándole la máxima descarga de elogios y la propuesta principal que fuera su novia.

Calixto Ochoa la subió a las estrellas declarando que era la mejor compañía para su corazón, el espejo de su alma y la delicia del sentimiento. Mejor dicho, la medicina que aliviaría sus quehaceres del mañana.

Ella lo escuchó detenidamente y al final cuando tomó la palabra le cerró todas sus intenciones amorosas concluyendo con un “No”. Además, a través de un familiar le hizo saber que no gustaba de negros.

La primera reacción de Calixto Ochoa fue preguntarse sí ese era su parecer, porqué había aceptado la invitación al paseo. Después, lo tomó con calma y al regreso a su casa agarró el acordeón y se desahogó para que la nueva canción estuviera acorde con la resonancia de su espíritu.

‘El negro Cali’, la quería

De esa manera con ese canto comenzó su relato. “Si digo que no la quise estoy mintiendo, porque en verdad yo la quería. Y si digo que la quiero también miento, porque ya la aborrecí. La trataba con decencia y me salía con grosería. Y yo no he dao los motivos para que se portara así. Porque a ella yo nunca la trataba a las patadas, ni la iba a encañonar para que me quiera. Tan decentemente como yo la trataba, y entonces porque razón se portó grosera”.

Entonces con la efervescencia del rechazo y lleno de la mayor sensibilidad le dijo. “En todo caso perdona mi gran equivocación. El otro día me contaron que me odias por el color. Mi color moreno no destiñe, pero perdona mi equivocación”.

En ese momento al cerrar el verso Calixto Ochoa demostró que estaba lleno de entendimiento y con la nobleza que siempre lo caracterizó. Pasado el tiempo y con la decepción todavía latente, supo que ella tenía una relación amorosa. Entonces volvió a sacar una nueva canción que bautizó con el nombre de ‘Negrito gracioso’.

El tema es una descarga de tristeza mezclada con desazón. “Con el hombre que se fue no la ha sabido apreciar, según me cuenta la gente creo que ya está arrepentida, pero ya después del golpe no hay para que lamentar, si todo esto le ha pasado porque ella era muy creída”.

Calixto Ochoa siguiendo con el recuento señaló. “Cuando yo la conocí no quería pisá en el suelo, y me ha despreciado a mí tan solo por el color. Tanto que me rechazaba porque yo y que era muy negro, y en el fin de la jornada le ha tocado uno peor que yo. Yo soy negrito, pero gracioso de lo poquito que se vive orgulloso”. Y remató diciendo que era malo decir que de esa agua nunca iba a beber.

‘El negro Cali’, como era conocido, produjo dos canciones para estar a paz y salvo consigo mismo. En esa oportunidad le comunicó al mundo vallenato que el color moreno nunca desteñía, siendo negrito, pero gracioso, tanto que en el calendario del recuerdo quedaron historias llenas de alegría donde el amor se recreó hasta aplaudir el destino de sus sentimientos.

La primera canción ‘Mi color moreno’, fue grabada por el propio Calixto Ochoa el 13 de junio de 1972, y después lo hizo 24 años después Diomedes Díaz con Iván Zuleta. La segunda ‘Negrito sabroso’, la grabó Calixto Ochoa en 1973.

El juglar que reflexionó sobre la vida y la comparó con un sueño concluyendo que antes de morir había que aprovecharla, contó la historia de las canciones ‘Mi color moreno’ y ‘Negrito sabroso’, la mañana del martes primero de mayo de 2012, con motivo del homenaje que se le rindió en el 45° Festival de la Leyenda Vallenata.

De Calixto no hay que hablar…

Ahora cae como anillo al dedo lo expresado por Luis Francisco ‘Geño’ Mendoza en su canción ‘Festival Vallenato’. “De Calixto no hay que hablar, su talento es conocido”. Y lo corroboró en aquella ocasión Consuelo Araujonoguera al pintarlo de pies a cabeza. “Calixto Ochoa…es extraordinario, es el representante de la clase vallenata que tiene sabor a tierra, a boñiga, a ganado, a campo, a trabajo, a sudor, a esfuerzo. Yo, diría que Calixto Ochoa, es lo más auténtico dentro de la música vallenata”.

Calixto Antonio Ochoa Campo, el juglar todoterreno, dejó ese testimonio cantado y después de su despedida de la vida que sucedió en Sincelejo, Sucre, el miércoles 18 de noviembre de 2015, a las 6:45 de la mañana, sigue siendo realidad que el color moreno no destiñe. Ahora, se evoca aquel suceso refrendando que la esencia del ser humano no está en el color de la piel, sino en el espíritu y el corazón donde palpitan los sentimientos.