‘Mensaje de Navidad’, hermosa historia vallenata que cumple 43 años

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Regresa nuevamente el mes de diciembre con el inolvidable ‘Mensaje de Navidad’ con sus arbolitos, pesebres, luces, regalos y palabras alentadoras. A la par aparecen canciones con esa temática, siendo el compositor Rosendo Romero Ospino el más laureado. “Unos dicen, que buena las navidades, es la época más linda de los años, pero hay otros que no quieren acordarse, de la fiesta de año nuevo y aguinaldo”.

La inspiración le llegó a ‘El poeta de Villanueva’, en el momento preciso, no teniendo ningún escape porque su memoria estaba ocupada con los diversos recuerdos, dando las facilidades para que se convirtiera en canción.

El mencionado tema le marcó su corazón para toda la vida, aprovechando el viento a su favor porque las añoranzas las tenía cerrando y abriendo los ojos, para encontrarse de frente con la fiesta más linda del año donde los tiempos de Dios son perfectos.

Rosendo Romero, es de los pocos compositores que no saca azúcar del fondo del mar, tampoco eleva una cometa sin hilo y menos pesca en río revuelto, sino que se encarga de recrear su pensamiento con la dulzura de la vida, a estar en línea directa con el corazón sensible y fijar su vista en aquel ayer que le respira cerca.

El registro del calendario con su numeración perfecta indica que hace 43 años nació y se grabó la canción ‘Mensaje de Navidad’, la misma  que no ha dejado de sonar en la voz de Diomedes Díaz y el acordeón de Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza.

Así lo señaló el compositor. “Tenía la idea y en base a esta fiesta nació la canción que para esta época suena por todas partes. Es el recuerdo  perenne que nos reúne a todos alrededor de un arbolito y un pesebre”. No había que darle más espacio al silencio para ponerlo a contar el relato que le agrada porque es un especial mensaje cantado.

Al sumar los años se sorprendió. ¿“Dios santo, hace 43 años está sonando la canción?, que compuse en una casa del barrio Los Alpes de Barranquilla, logrando unir la alegría con la tristeza, esa que se siente en esta memorable fecha”.

Siguió meditando al evocar aquellos momentos. Se emociona contando en detalle la historia pegada a su piel que lo convirtió con el paso del tiempo en ‘El cantor de las Navidades’, haciendo posible que todos se identificaran y cantaran esta obra que es un himno en el tiempo de pesebres, villancicos, aguinaldos y de integración familiar.

Más adelante volvió a tomar el rumbo de la charla. “Esta obra me ha concedido un gran reconocimiento. Me siento satisfecho por el cariño que me expresan, más en este tiempo que la canto y la escucho por distintos medios, y ahora en los celulares”.

Exactamente, el seis de diciembre de 1980, la canción ‘Mensaje de Navidad’ comenzó a sonar, siendo motivo de alegrías y nostalgias que se calcan de inmediato en el pensamiento de todos.

El protagonista

De repente hizo un inusitado regreso al comienzo de su relato señalando que el protagonista de esa canción fue su tío Luis Ramón Ospino Campo, quien se quedaba allá en la Serranía del Perijá, lleno de tristeza y acompañado de la soledad. A él le mandó directamente ese mensaje de cariño, que se extendió por el mundo vallenato, siendo el mejor regalo para el alma.

No paró de contar los hechos de esas navidades que vivió al lado de los suyos. “Antes la Navidad era algo sublime y muy esperada. Tenía magia, los niños y niñas eran felices con regalos sencillos, pero cambió el modo de vivir porque el progreso y la tecnología abarcaron todo. Definitivamente, ahora la Navidad es un pretexto comercial y lo espiritual poco pesa”.

La canción ‘Mensaje de Navidad’, le saca lágrimas al maestro  Rosendo Romero al acordarse de las vicisitudes que vivieron sus padres Escolástico Romero Rivera y Ana Antonia Ospino Campo, ‘La Nuñe’, para sacar adelante a su familia. Ahora, en su hogar no se cansa de darle oficio al recuerdo, permear las tristezas, darle un bocado dulce a los dolores y perfumar las alegrías.

Este villanuevero nacido en el barrio El Cafetal, el campesino quien durante 19 años estuvo metido en la Serranía del Perijá, todo lo sustenta al entregar un mensaje sincero, agradable, espiritual y lleno de nostalgia con visos de alegría.

Enseguida narró una anécdota alrededor de la canción. “Una joven religiosa se me acercó en la calle para decirme que Jesucristo era quien se había quedado solo en los cerros. Esa apreciación me gustó, pero la anécdota del que se quedó allá es completamente distinta, pero esa conclusión es válida porque Jesucristo murió en un cerro y resucitó en otra parte”.

En el recorrido por su historia musical Rosendo Romero, homenajeado en el Festival de la Leyenda Vallenata del año 2021, meditaba y de inmediato anotaba. “La canción mía es ‘Mensaje de Navidad’, por la temática del nacimiento de Jesús y por todo lo que ha significado en mi vida”. Sin detenerse seguía exponiendo detalles y al indagarle con cuál frase se quedaba, en vez de una escogió tres.

1.- “El tiempo que se fue no vale nada. Que mueran los recuerdos que nos duelen”.

2.- “Si la gente usa oro y nada más, preocupada por el lujo y la apariencia, olvidando el dinero celestial que se gana compartiendo con nobleza”.

3.-”Y el que llora y sufre las penas, que se olvide del año viejo, si tiene un corazón sincero verá en el firmamento las estrellas”.

Al momento de la despedida y cuando se había traspasado la barrera de la terraza de su casa en el barrio El Cerrito de Valledupar, el maestro Rosendo Romero, hizo una petición. “Por favor periodista, no me vaya a hacer llorar con la crónica”.

Difícil, porque las lágrimas han sido desahogo de las tristezas, las muestras de las emociones, y más en este tiempo señalado por el silencio de los adioses que hacen parte de las eternas navidades. Ay, Diomedes. Ay, ‘Colacho’…

Rafael Manjarréz cuenta en una canción sus pretensiones cargadas de amor

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

El compositor guajiro Rafael Enrique Manjarréz Mendoza, sigue poniendo a girar en su pensamiento diversos episodios que ha tenido la virtud de llevarlos a canciones, acompañado infinidad de veces por aquello que llamó ausencia sentimental, donde un suspiro aparece teniendo una nota triste o alegre, de acuerdo al palpitar del corazón.

En esas fases de la vida no ha sido fácil adaptarse teniendo presente esa memorable frase. “El que nunca ha estado ausente no ha sufrío un guayabo”. O entrando más allá cuando mandó un detalle y la pretendiente se lo devolvió, sintiendo que lo dejaban andando solitario en el desierto del desamor, donde la lejanía no tenía final.

Claro, en ese intermedio se presentó la bendita duda no pudiendo descifrar el idioma de esa relación tan rara, que lo estaba poniendo en calzas prietas, sin saber el camino a tomar. En fin, aplicó aquel verso. “Por Dios, que no puedo creer que me odies, si yo sé que en tu mirada hay algo”.

Pasando un poco la amargura que lo tenía deshojando hasta su propia sombra, pensó en aquel verso que llegaba como anillo al dedo. “Y entre pecho y espalda llevo en mi vida, no es un remordimiento precisamente. Qué hago yo con mostrarte hoja de vida, si eso en vez de negarte tal vez te alerte. Hoy que quiero entregarte la suerte mía, yo no pretendo ser mártir ante ti”…

Por eso antes de naufragar en el océano del olvido, tuvo ganas de desquitarse de esa ráfaga de tristeza a las que solía adornar con lágrimas, señalando. “Sé que no gustas de mí, pero yo soy feliz no más con tu desprecio. Qué en tu pensamiento esté, no importa mal o bien, pero yo estoy contento”.

En ese trance, las horas del silencio eran eternas y el río de la añoranza corría a toda prisa sin ninguna barrera, hasta que volvió a sentarse en el balcón del ayer para expresar. “Sé que fiel cuan tu sombra llevaras la marca de un fantasmal recuerdo, de un hombre que te brindó la tierra y el cielo, y a cambio le devolviste desilusión”.

Después de medio solventar algunas travesías amorosas, aplicó otra estrategia buscando mejores resultados, siendo la protagonista una “Señora”, a la que le mandó un mensaje subliminal, de esos que penetran por las venas del sentimiento. “Un verso bien sutil y dirigido delicado y sensitivo, quisiera componer yo. Le ruego mi Señora que comprenda que no sé si usted se ofenda, pero es mi declaración. Comprenda que el amor no tiene redes, no hay nada que lo pueda detener y si usted es la mujer que me conmueve, respeto al dueño que tiene, pero se lo digo a usted”.

El compositor no quiso revelar ese amor prohibido, pero lo cierto es que ella traspasó la barrera al aceptar decir su segundo nombre, escuchar la canción clave que se sabían y hasta reírse a carcajadas. En esa ocasión dos corazones se pusieron de acuerdo y hasta una llama tomó fuerza provocando un incendio que los dos apagaron. Definitivamente, “Hay cosas que hasta que no se viven, no se saben”…

Señor pretendiente

En esos trazos de los versos inyectados con música, el compositor Rafael Manjarréz regresó con un nuevo canto donde fijó su mirada en una reina de reinas, pidiendo tenerla cerquita para enamorarla y aspirar a ser ese pretendiente que se para en la raya sin deseos de moverse porque la dulzura del amor hace posible que la estrella de Belén brille más.

Este tema se basa en una verdadera declaración de amor donde las palabras sobran y las acciones vuelan hasta lograr encerrarlas en una frase. “Mi vida yo voy a quererte seriamente”. Sin dar tantas vueltas la llenó de flores con agradable dulzura terrenal. “Oye mi reina de reinas, escucha tu pretendiente. Mi camelia, mi azucena, dime de verdad que sientes”.

La conquista no paró ni porque aquella noche se ocultó la luna. Entonces, lleno de ese encanto guiado por la inspiración, le dijo. “Dime si bajando el sol yo logro cortejarte. Ay primor de Dios, si tú bien puedes, yo soy el amor esquivo que nunca encontraste”. Por esas solturas de la emoción y de la mano de la melancolía, añadió. “Y con tesón, y buena fe, espero que llegue el día. Sin mi mamá que se murió, y ella me guía todavía”.

El compositor no encontraba el espacio ideal para entrar a ese corazón y con la sinceridad dando vueltas en su garganta, le expresó. “Ay por qué juegas con mis sentimientos, quiero entenderte. Tu indiferencia me notifica, es un sol de ocaso. Y lo haces de propio y el corazón se rompe en pedazos, porque al mirarla y nunca tenerla es mi martes 13”.

Cuando los segundos de la canción estaban a punto de agonizar optó por recurrir a la sensibilidad que toca las puertas del pecho, así esté herido. “Si el mismo Dios un día le permitiera al gran Jorge Oñate, aquí en la tierra escoger una reina y darle serenata, baja del cielo mi padrino lindo al barrio Cañaguate. Te escoge a ti, te apuesto mil a cien que llega hasta tu casa”.

De seguro ‘El Jilguero de América’, le hubiera cantado ‘Amiga de mis penas’, donde el compositor le puso las cartas sobre la mesa porque el amor estaba servido, siendo él su único catador. Qué manera tan maravillosa de acabar con esa obsesión y darle paso a los besos que son la mejor vitamina en tiempos de soledades inocultables.

Al final se cierra la canción ‘Tu pretendiente’, cantando una frase que es la esencia misma del amor que irriga al mundo. “Guinda’o de la voluntad de Dios, y de la nobleza de una mujer”. Coño Silvestre Dangond, te sobraste, y Rafael Manjarréz, sigue cargado de idilios contando al pie de la letra las pretensiones sobrecargadas de impactantes versos untados de emociones de esas que solamente se escuchan en el paraíso del amor.

Carlos Vives continúa siguiendo las huellas musicales del maestro Escalona

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Después del artista Carlos Vives sumar este año una nueva alegría en su carrera musical al recibir el Premio Latin Grammy a mejor álbum de Cumbia-Vallenato, se asoma al ayer donde el maestro Rafael Calixto Escalona Martínez, aparece sentado con su padre Luis Aurelio Vives Echeverría, retozando recuerdos donde el amor tenía forma de canto y una referencia puntual. “Yo quiero a la que me quiera, y olvido a la que me olvida”.

La producción musical ganadora ‘Escalona nunca se había grabado así’, para Carlos Vives es la mayor referencia de la niñez en su amada Santa Marta, donde pudo saber de un estudiante que le mandaba razones a su morenita, porque se iba dejándole de recuerdo un paseo, de la nostalgia por un compadre quien tenía que salir presuroso de Manaure, Cesar, a cumplir su misión como educador en Valledupar o de aquella elegía dedicada al pintor Jaime Molina, a quien Escalona le prometió hacerle una canción.

Esas y otras evidencias del alma que fluctuaban en el firmamento del adiós, como lo hacía aquella errante golondrina que no sabía dónde iba a llegar, le permitió a Carlos Vives emprender esa carrera con la única pretensión de rendirle honor a la música vallenata y a su papá Luis Aurelio Vives Echeverría, a quien nunca se cansa de amar, así se halla despedido de la vida el cinco de abril de 2021.

“Los recuerdos no tienen despedidas y ante su pregunta del inicio del álbum ‘Escalona nunca se había grabado así’, hasta llegar a esta instancia del nuevo premio me producen lágrimas. De verdad son 30 años que han valido la pena vivirlos donde muchos han hecho sus aportes, incluyendo a ‘La provincia’, ese grupo que me acompaña en mis ideas y gracias a Dios han dado los mejores resultados”, dijo Carlos Vives.

Al iniciar el exitoso proyecto musical se acordó de la serie de televisión Escalona, donde el vallenato le volvió a ganar la partida, y más de su compadre Egidio Cuadrado, quien tenía un cuaderno donde estaban las letras de la mayoría de las canciones del maestro Escalona. Entonces comenzó la odisea de rescatarlo hasta saber que desde hace muchos años lo guardaba Dina Luz, hermana de Egidio, y quien fuera compañera de Rafael Escalona.

En el cuaderno de pocas hojas, estaban los versos adecuados para sacar adelante este compromiso que tenía las notas precisas, las historias calcadas de añoranzas y principalmente, el alma de ese hombre que intentó construir una casa en el aire, dejar el mejor testamento y quejarse porque una mona en el barrio Cañaguate de Valledupar, se había propuesto acabar con su vida.

Seguidamente Carlos Vives, anotó. “No me canso de contar que la serie Escalona fue el comienzo para ingresar al amplio universo vallenato, al que conocí por mi papá porque en nuestra casa de Santa Marta se hacían memorables parrandas. Desde aquella época guardo en mi alma esos inigualables cantos, y los tomé mirando aquel camino y proponiendo una nueva fórmula con distintos instrumentos. Me siento bien grabando vallenatos y más del maestro Rafael Escalona”.

El Rey Vallenato Egidio Cuadrado y Carlos Vives, desde hace muchos años le apostaron a los cantos del maestro Escalona

De igual manera en este laureado trabajo de 12 canciones, se incluye el tema ‘Contestación a la brasilera’, de la autoría del compositor guajiro Armando Zabaleta. Al respecto Carlos Vives, señaló. “El compositor hacía muchos años le había llevado a mi papá un casete con la mencionada canción, para que yo se la grabara. Mi papá me la recomendó, y lo que hice fue cumplir su voluntad”.

Cantos inmortales

Los cantos del maestro Rafael Escalona fueron galardonados teniendo  un nuevo vestido en la voz de Carlos Vives y el acordeón del Rey Vallenato Egidio Cuadrado, quienes supieron darle el matiz necesario, primero en la televisión, y ahora trayendo todo el sentimiento hasta sentir la brisa de Patillal cuando una cometa eleva los corazones.

De esa honda herida que le causó aquel amor al maestro Escalona, quedó la historia donde se repite su padecimiento en medio de oscuras soledades y dolores del alma, teniendo una hoja en blanco como cómplice ideal.

Carlos Vives cantó llenando todos los requisitos para continuar de esa manera con la inmortalidad del maestro Rafael Escalona, quien dejó un inmenso legado de esos que nunca se olvidan porque están pegados en el alma de la música vallenata. Y hasta como lo señaló el mismo. “Van como el bostezo, de boca en boca”.

El artista samario no se arrepiente de transitar por los senderos donde el maestro Rafael Escalona dejó grandes huellas cantadas y amores escondidos, sirviendo para darle a conocer al mundo esas vivencias que partieron desde un pueblo llamado Patillal, donde en las noches brillan las estrellas y se pone el corazón como una marca.

El más grande es Rafael

El medio del trajinar por los pasos del maestro Rafael Escalona, aparece una canción de la autoría de Poncho Cotes Jr., ganadora en el Festival de la Leyenda en el año 2010, y titulada ‘La última historia’.

El compositor siempre que cantaba, lloraba porque recordaba al maestro Escalona, el mejor amigo de su padre Poncho Cotes Queruz, aquel profesor nacido en Chimichagua, quien vivió untado de nostalgias.

“La brisa de Patillal silva un canto, como si silbara él, y una mariposa blanca llorando, lo anda buscando también. Cualquiera cree que se fue y es mentira, está en algún corazón, tratando de sanar una honda herida que le dejó un mal amor”. Qué manera del compositor conocerlo en su interior, pero en su inspiración no lo pudo encontrar y entonces aseveró. “Quisiera verlo, pero no puede ser, porque se fue y no puede volver”

Al final lleno del más efusivo sentimiento expresó. “El más grande ese es él. El más grande es Rafael”. Ese mismo que Consuelo Araujonoguera, ‘La Cacica’, lo llevó a un libro titulado, ‘Escalona: el hombre y el mito’.

Rafael Escalona Martínez, el primer vallenato en tener un Grammy Honorífico, con su nombre grabado en la estatuilla. El compositor, en su regreso a Colombia después del premio. 4 noviembre 2006 Foto: Liliana Martínez Polo

Primer anuncio de artistas que engalanarán el 57° Festival de la Leyenda Vallenata

El Festival de La Leyenda Vallenata, el evento más importante del género que se realizará del 30 de abril al 4 de mayo de 2024, vuelve con sus concursos y grandes espectáculos musicales que se llevarán a cabo los días 2, 3 y 4 de mayo, donde estarán reunidos los mejores compositores e intérpretes vallenatos y artistas de talla internacional en un solo escenario, el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’ de la ciudad de Valledupar.

La leyenda vive y de esta manera en su versión No. 57 se resalta el  homenaje  al gran representante del género vallenato Iván Villazón Aponte, ‘La Voz Tenor del Vallenato’.

Este evento es considerado como uno de los más importantes de la música folclórica en todo el país, debido a que busca preservar e impulsar los cuatro aires vallenatos: paseo, merengue, son y puya.

Esta nueva versión contará con una imperdible lista de artistas invitados, entre los que se destacan: Carín León, Mora, Grupo Frontera, Grupo Niche,  Iván Villazón, Elder Dayán, Ana del Castillo, Poncho Zuleta, Alex Manga, Diego Daza, Pipe Bueno, Peter Manjarrés y por si fuera poco aún están por venir más sorpresas digna de todos.

Es así como próximamente se darán a conocer los nombres de dos grandes artistas de talla internacional, que se sumarán al listado anunciado para completar el line up oficial de la versión No. 57 del Festival de la Leyenda Vallenata 2024

Será una nómina de lujo con la que los asistentes puedan vivir la bonita experiencia del Festival de la Leyenda Vallenata, que conserva y promueve la música vallenata, considerada hace 8 años como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

Los invitamos para que se preparen durante cinco días para disfrutar esta fiesta llena de aires musicales, de cultura, leyendas y tradiciones. Este evento es una de las potencias turísticas y culturales más importantes del Caribe colombiano.

Información sobre la boletería

Desde hoy el Banco Falabella tendrá una preventa exclusiva llena de beneficios que incluye un 30% de descuento, para que vivas esta fiesta pagando con tus tarjetas de crédito o débito, que irá hasta la 1:59 de la tarde del día 4 de diciembre. La venta al público general se llevará a cabo a partir de las 2:00 de la tarde del mismo día. Boletas en www.tuboleta.com

Alejo Durán fue el único que dictó clases de acordeón en una canción

-“El legado de Alejo Durán, ese gran maestro, nunca morirá porque en sus canciones con sabor a pueblo y mujeres bonitas, dejó la huella de un hombre bueno, sincero y de carisma inigualable”: Gabriel García Márquez

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Gilberto Alejando Durán Díaz, ‘El negro Alejo’, con su pedazo de acordeón se la pasó toda su vida tocando esa nota donde los bajos fueron su compañía ideal, y como lo anotó su hermano Náfer Santiago. “No era rápido, pero sí muy inteligente. Yo diría demasiado natural y tenía un carisma que se llevaba a cualquiera, así como hacen los toros en la corraleja”.

Alejo, el primer Rey del Festival de la Leyenda Vallenata en el año 1968 marcó su propio territorio, y supo darle a cada mujer y a diversas historias su real versión para untarse de gloria en aquellas famosas corredurías donde dejó su marca registrada.

En cierta ocasión se le llamó la atención sobre las canciones de otros compositores que llevaba a la pasta sonora, y respondió como solía hacerlo, con mucha claridad. “Los cantos tienen que llenar los requisitos y adaptarse a mi estilo, para que puedan tocarse y cantarse llegando a puerto seguro”. De esa manera, inundó de cantos el firmamento del folclor, caso ‘Alicia adorada’ de Juancho Polo Valencia.

Entre esos cantos de su autoría, aparece la famosa ‘Cachucha bacana’, dedicada  a su entonces guacharaquero Jaime López, quien presumía estar a la moda adornando su cabeza. Alejo, optó por sacarle un canto y decirle. “Oye lo que dice Alejo, con su nota apesarada, quien como el guacharaquero, con su cachucha bacana. Jaime sí, Jaime sí, Jame sí, y Alejo no”.

Canto famoso

Pasados los años, el artista samario Carlos Vives, con la finalidad de preservar la memoria de Alejo Durán, internacionalizó aquel llamativo canto y luego, al lado de Carlos Huertas Jr., crearon ‘El sombrero de Alejo’. “Lo que produce hay que verlo, ese folclor de la sierra. Se hizo famoso en la tierra como el sombrero de Alejo”.

Carlos Vives le grabó a Alejo Durán las canciones ‘Pedazo de acordeón’, ‘Altos del Rosario’, ‘Fidelina’ y ‘La cachucha bacana’, contando que desde niño esas obras naturales se paseaban por su casa, porque su padre Luis Aurelio Vives Echeverría, solía invitarlo a Santa Marta.

El artista samario, siempre que habla del segundo hijo de Náfer Donato Durán Mojica y Juana Francisca Díaz Villarreal, se emociona. “Alejo era un hombre que congregaba, era el gran símbolo del vallenato por su humanidad, por su sonrisa, por lo que representaba, por su piel, por su acordeón, por su sombrero y por el inmenso legado que dejó”.

En sus presentaciones por diversos lugares del mundo no deja de interpretar las canciones de Alejo, porque lo transportan a ese ayer del Magdalena Grande, el cual hizo posible que el vallenato comenzara a salir de los corrales hasta proyectarse por cualquier lugar del universo.

Tocando con el alma

Alejo Durán en una de sus canciones cuyo nombre es ‘Para saber tocar acordeón’, como nadie dejó una clase de cómo se toca este instrumento sagrado de la música vallenata. En su letra va indicando la manera de hacerlo para que sea más receptivo.

En el primer verso hace énfasis en la manera de tocarlo. “Pa’ sabé tocá acordeón hay que tener mucho cuidado, una buena ejecución y sabé golpear los bajos. Hombe, para cuando toque un son le salga bien acompasado”.

Enseguida se va más a fondo de la manera como se debe ejecutar. “Sino más no es tocar pitos y formar la algarabía, para qué tanto registro, si fluye la melodía. Oye, yo me la paso es tocando, no es para que me den la fama. Yo no toco con la fama, toco es con el alma”.

Al respecto el escritor, poeta e investigador Fernando Bordeth Chiquillo, señaló. “Alejo Durán era poseedor de una inigualable calidad humana, un carisma que le daba una personalidad fascinante. Él usó el lenguaje y los giros locales propios de su cultura de origen, los cuales supo insertar en sus cantos. Además, para tocar el acordeón tuvo un estilo único. Quería tanto a su acordeón que le hizo una bella canción en aire de puya”.

Efectivamente, Alejo Durán siempre llevó el corazón y parte de su alegría en su pedazo de acordeón, tal y como lo reseñó Consuelo Araujonoguera. “Cuando Alejo Durán se subió a la tarima, al lado del amplio rectángulo de la plaza Alfonso López, fue cuando tuvimos la noción exacta de que el Festival de la Leyenda Vallenata había comenzado, y comenzado bien. Dos noches después, en la gran final, ’La cachucha bacana’, ‘Elvirita’, ‘Alicia adorada’ y ‘Pedazo de acordeón’, fueron apenas la notificación musical de la apoteosis colectiva que desde entonces lo consagró para siempre en el afecto y la devoción de la gente”. Eso sucedió hace 56 años.

Último “Te quiero” de Alejo

El 15 de noviembre de 1989, hace 34 años, Alejo Durán, el juglar de los cantos raizales, durante sus últimos momentos de vida y acostado en la cama de una clínica en Montería con fuertes dolores en el corazón, resumió en pocas palabras los agradecimientos a Gloria María Dussán Torres, la mujer que durante 14 años lo amó sin límites. “Goya, te quiero mucho”. Él murió cuando contaba con 70 años.

Así, con un “Te quiero”, quedó enmarcada la grandeza del juglar que nació en El Paso, antiguo Magdalena Grande, hoy departamento del Cesar, el 9 de febrero de 1919, el mismo que cada año es recordado en su terruño a través del Festival Pedazo de Acordeón, cuando al rememorar sus notas apesaradas los amantes de este bello folclor no pueden evitar decir llenos de emoción: “¡Apa! ¡Oa! ¡Sabroso!”.