Gran lanzamiento musical de La Montá y Hay fiesta en mi pueblo- Cantautor Rafael de León Vertel

El pasado sábado 28 de febrero se realizó el lanzamiento musical de dos obras que exaltan con orgullo la esencia de la música sabanera: el porro Hay fiesta en mi pueblo y la canción sabanera La Montá, ambas de la autoría e interpretación del cantautor Rafael de León Vertel, conocido como El Señor de la Sabana.

Estas canciones están profundamente ambientadas en la música de la sabana colombiana, evocando las fiestas tradicionales, la corraleja y las diversas manifestaciones culturales que identifican a esta hermosa región del país. Con una interpretación magistral, cargada de sentimiento, entrega y autenticidad, Rafael de León Vertel puso en escena todo el arte que Dios le ha concedido para dar vida a sus propias composiciones.

El lanzamiento, que tuvo una duración aproximada de una hora, estuvo a cargo de la periodista Belinda Olano Barrera, quien condujo un ameno y enriquecedor espacio en el que se abordó el proceso de inspiración de ambas canciones. Durante el encuentro también se resaltó la importancia de las manifestaciones culturales de la región sabanera y la necesidad de mantener vivos géneros musicales que forman parte del patrimonio cultural de Colombia, así como de seguir dándole valor a las canciones que exaltan nuestra identidad y tradiciones.

Fue una jornada muy especial, marcada por un ambiente cálido, cercano y significativo, ideal para compartir y exaltar todo lo que se vive y se siente en la sabana colombiana.

Las canciones Hay fiesta en mi pueblo y La Montá ya se encuentran disponibles en YouTube, en el canal RDV Musa, para el disfrute de todos los amantes de la música tradicional.

Este lanzamiento se realizó a través de la página de Facebook Estampas Vallenatas del Folclor, espacio dedicado a la promoción y preservación del folclor colombiano.

Exitoso lanzamiento musical de “Se vale llorar”

Con gran aceptación por parte del público y del gremio musical, se realizó el lanzamiento oficial de la canción “Se vale llorar”, obra del compositor Eliecer Rada Serpa, interpretada de manera magistral por el maestro Fredy Hernández Moreno, acompañado en el acordeón por Fredy José.

El lanzamiento se llevó a cabo a través de la página de Facebook Estampas Vallenatas del Folclor, donde se contó con una amplia participación de músicos, colegas, amigos, seguidores y amantes del folclor vallenato, quienes se conectaron para respaldar este importante estreno musical.

Durante la transmisión, se dio a conocer el motivo que inspira la canción y se proyectó el video lyric oficial del tema. El compositor Eliecer Rada Serpa compartió con el público el sentimiento que lo llevó a convertir su vivencia en canción, destacando la carga humana y emocional que encierra “Se vale llorar”.

Por su parte, el cantante Fredy Hernández resaltó la importancia que tiene para él haber sido elegido para interpretar esta obra, afirmando que se trata de una canción profunda, real y cercana al sentir del pueblo.

Bajo la conducción de la periodista Belinda Olano Barrera, el espacio se extendió por una hora amena, en la que se compartieron detalles del proceso creativo, anécdotas del lanzamiento y se adelantaron los proyectos que se avecinan alrededor de este tema musical.

Finalmente, se hizo la invitación al público para buscar “Se vale llorar” en YouTube, disfrutarla y, sobre todo, sentir la sensibilidad y humanidad que transmite esta canción que hoy comienza a abrirse camino en el corazón del folclor vallenato.

Yisell, La Voz Rosa continúa consolidando su camino en el vallenato femenino

La cantante colombiana Yisell, La Voz Rosa, sigue abriéndose paso con firmeza dentro del folclor vallenato, destacándose por una propuesta musical cargada de sensibilidad, romanticismo y autenticidad. Su voz dulce y expresiva le ha permitido conectar con el público a través de interpretaciones que exaltan el sentimiento y la esencia del género.

Nacida el 15 de octubre en la ranchería La Guajirita, en La Guajira, y registrada en Becerril, Yisell creció rodeada de música vallenata, desarrollando desde temprana edad un amor profundo por este folclor. De manera autodidacta fue construyendo su talento vocal, apoyada por su entorno familiar y social.

Inspirada por referentes femeninos del vallenato como Patricia Teherán, asumió el reto de abrirse camino en un género tradicionalmente dominado por hombres, apostándole a una identidad artística propia y a una interpretación honesta, cargada de emociones reales.

Durante una etapa importante de su carrera se radicó en Cartagena de Indias, ciudad donde consolidó su proyecto musical y fortaleció su proyección artística. En su repertorio se destacan canciones como La Chacha, Eterna y Nada Contigo, así como versiones de reconocidos temas que han tenido buena aceptación en plataformas digitales y redes sociales. Sus más recientes lanzamientos, Murió el Amor, Todo Me Toca a Mí y Curramba Fiesta y Sabor, reflejan su versatilidad sin perder la esencia vallenata.

Además de su trabajo en escenarios, Yisell, La Voz Rosa, ha participado en eventos culturales y sociales, llevando su música a diferentes comunidades y reafirmando su compromiso con la difusión del folclor.

Jorge Oñate cantó vallenatos hasta el final de sus días

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

La vigencia del cantante Jorge Oñate siempre fue digna de exaltación y de reconocimiento en el mundo vallenato y más que superó los 50 años de vida artística. Además, partió en dos la historia del Festival de la Leyenda Vallenata al ganar cantándole y tocándole la guacharaca al acordeonero Miguel López, quien se coronó Rey Vallenato en el año 1972. Como cajero estuvo Pablo López.

En esa ocasión Jorge Oñate interpretó las siguientes canciones: Paseo, ‘Qué dolor’ (Luis Enrique Martínez); Merengue, ‘Dina López’ (Vicente ‘Chente’ Munive); Son, ‘Riqueza no es la plata’ (Francisco ‘Pacho’ Rada); Puya, ‘La vieja Gabriela’ (Juan Muñoz). Oficiaron como jurados Graciela Arango de Tobón, Lácides Daza y Gustavo Gutiérrez Cabello.

En esa línea histórica fue el cantante que más grabó con Reyes Vallenatos: Miguel López, Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, Raúl ‘El Chiche’ Martínez, Gonzalo ‘El Cocha’ Molina, Álvaro López, Fernando Rangel, Julián Rojas y Cristian Camilo Peña. También lo hizo con dos destacados acordeoneros: Emiliano Zuleta Díaz y Juancho Rois.

Precisamente a ‘El Jilguero de América’ cuando le hablaban de Juancho Rois, lo exaltaba y recordaba las páginas gloriosas que escribió a su lado, y canciones inmortales como ‘Mujer marchita’, ‘Lloraré’, ‘Sanjuanerita’, ‘Ruiseñor de mi Valle’, ‘Nació mi poesía’, ‘Paisaje de sol’, ‘Lirio rojo’, ‘Un hombre solo’, ‘La gordita’, ‘Al otro lado del mar’, ‘El corazón del Valle’, ‘Calma mi melancolía’, ‘Dime por qué’, ‘La contra’, ‘El cariño de mi pueblo’ y ‘Amar es un deber’, entre otras.

Cuando se le preguntaba sobre el éxito de su larga carrera musical ponía de presente el apoyo de su familia, de sus seguidores, de sus colegas y especialmente de los medios de comunicación. También llegó a esa instancia por su disciplina y amor que le tuvo a su arte.

“Cuando nací el vallenato no era comercial, de pronto se volvió comercial, pero manteniendo sus raíces. ´Nunca me he salido de la autenticidad del vallenato y de la originalidad”, aseveró en una entrevista.

Jorge Oñate, fue el cantor que regaló su voz a varias generaciones dejando estelas de alegrías y nostalgias en ese trasegar por los caminos del folclor, donde se encontró con hombres que le componían a la vida, al amor, a la naturaleza, a los amigos, y que se encargaba de llevar sus canciones a la pasta sonora. Él mimaba a los compositores que buscaba en cualquier recoveco de la geografía costeña.

Clásicos vallenatos

Hace algunos años se grabó una producción musical llamada ‘100 clásicos de la música vallenata’, y al 70 por ciento les había incluido su voz Jorge Oñate. “La verdad es que son más de 250 clásicos vallenatos a los que les puse mi voz a lo largo de mi carrera y con grandes acordeoneros”, confesó ‘El Ruiseñor del Cesar.

En una de esas entrevistas con Jorge Oñate, se intentó hacer el ejercicio de escoger un clásico vallenato grabado con cada uno de los acordeoneros que contribuyeron al otorgamiento de premios, distinciones y los más altos reconocimientos a nivel nacional e internacional.

Enseguida respondió. “Eso sí es bien difícil. Es como querer ver el sol en las noches”. De todas maneras, lo intentó y se metió solamente a buscar en las canciones grabadas con los hermanos López, señalando las siguientes: ‘Diciembre alegre’, ‘Bertha Caldera’, ‘Siniestro de Ovejas’, ‘La Paz es mi pueblo’, ‘Los tiempos cambian’, ‘Amor sensible’, ‘Mi gran amigo’, ‘Recordando mi niñez’, ‘Tiempos de la cometa’, ‘Bajo el palo e’ mango’, ‘La vieja Gabriela’, ‘Las bodas de plata’, ‘Saludo cordial’, ‘Mi canto sentimental’, ‘El cantor de Fonseca’, ‘Palabras al viento’, ‘No voy a Patillal’, ‘La Loma’, ‘Dos rosas’, ‘Rosa jardinera’, ‘La muchachita’, ‘Entre placer y penas’, ‘Marula’, ‘Alicia, la campesina’ y ‘Déjala vení’.

Se quedaron tantas canciones por fuera que se arrepintió de entregar ese listado, pero de lo que sí estuvo seguro fue de haber contribuido para que hoy la música vallenata esté enmarcada en la historia que se exalta a través de un acordeón, una caja, una guacharaca y versos donde se condensan imágenes, emociones y alegrías.

Ese era Jorge Oñate, él mismo al que hicieron cantidad de reconocimientos por su carrera artística, entregándole 25 Discos de Oro, siete de Platino y seis de Doble Platino, un Súper Congo de Oro, y el Premio Grammy Latino a la Excelencia Musical, el cual recibió en Las Vegas, Estados Unidos, el 10 de noviembre de 2010.

La canción que no grabó

La tarde del viernes 17 de enero de 2020 el compositor Hernán Gómez Barrios, le entregó a Jorge Oñate la canción en tono menor ´La voz del Jilguero’. Al escucharla hizo la promesa de grabarla, pero no se logró. Quedaron los versos dando vueltas en el recuerdo.

Un Jilguero el que trinaba sin cesar con la brisa a su favor, que gran hazaña y armonioso su canto llegaba, de su terruño hasta Valledupar. Sin su aporte el vallenato no era igual, después de él surgió un acorde perdurable, dos etapas definen al cantante y un acordeón se atrevió a desafiar. Fue el creador quien puso en las notas, la voz más bonita, mil detalles. ‘El Jilguero’, traía una misión y oxigenó este canto tan tradicional”.

El 28 de febrero de 2021 Jorge Oñate se despidió de la vida cuando sus ilusiones volaban por el homenaje que recibiría en el Festival de la Leyenda Vallenata. En medio de la despedida y con lágrimas quedaron las palabras de su esposa Nancy Zuleta. “Lo único que no puede morir es el legado dejado por Jorge Oñate”. Y no ha pasado porque se empeñó en cantar vallenatos hasta el final de sus días.

El arte musical que late en el corazón de un maestro del vallenato:Ismael Rudas Mieles y la música que recuerda

“La música es amor buscando palabras”: Lawrence Durrell (escritor británico)

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

En el universo del vallenato, ese territorio donde la memoria aprende a cantar, hay nombres que no solo se escuchan, sino que se sienten. Ismael Rudas Mieles es uno de ellos: Maestro del acordeón y del tiempo interior, su música no sólo se limita a acompañar fiestas o nostalgias pasajeras: dialoga con el corazón, lo interpela, lo conduce por senderos donde la emoción se vuelve palabra, y la palabra recuerdo.

“El Pollo Isma”, como se le conoce artísticamente, ha sabido explorar con hondura lo que popularmente en el vallenato se llama modo menor: ese registro donde la alegría se vuelve introspectiva y el dolor aprende a decirse con dignidad. Su acordeón no grita, confiesa. Cada nota parece nacida de una conversación silenciosa consigo mismo, como si el instrumento fuera una extensión del alma que se atreve a recordar sin temor. Conviene, sin embargo, hacer una precisión que el propio maestro señala con rigor y humildad: en términos musicales, lo correcto es hablar de modalidad menor, aunque en el lenguaje cotidiano del vallenato se le conozca como tono menor. Esta aclaración, lejos de enfriar la emoción, la honra y revela el profundo respeto de Ismael Rudas por el oficio, por el conocimiento y por la verdad del sonido.

Hay además en Rudas Mieles un arte silencioso que no siempre se menciona y que engrandece aún más su obra: el de la palabra escrita. Sus canciones no solo se sostienen en la melodía sino también en una redacción clara y sensible, cuidada en su coherencia literaria: su gramática, su ortografía y su puntuación, como si cada verso hubiese sido afinado con la misma paciencia con la que se afina un acordeón. Resulta admirable que esta destreza expresiva nazca de una formación académica breve: apenas hasta tercero de primaria y, aun así, alcance una madurez que muchos trayectos formales no logran. En Ismael, escribir es otra manera de escuchar la vida y comprenderla.

En esta reciente producción musical, integrada por tres obras profundamente significativas “El alma me duele”, “Mi alma canta” y “Camino sombrío”, el maestro Ismael Rudas, acompañado por la voz sensible de Carlos Malo, nos entrega tres estaciones del sentir humano. No son canciones aisladas, son fragmentos de una misma travesía emocional, cartas escritas desde distintos momentos del amor, la pérdida y la gratitud por el simple hecho de estar vivos.

“El alma me duele” es un lamento sereno y profundo. No hay escándalo ni exageración, sino un dolor que ha aprendido a caminar despacio. La voz de Carlos Malo se quiebra sin artificios, como quien habla solo cuando ya no queda nadie más. La letra recorre los errores del pasado, las ausencias que pesan, los años que pasan sin respuestas claras: “El alma me duele, ya sabes que no estás…”. Aquí, el acordeón de Ismael Rudas suspira, se repliega, acompaña sin invadir. Es una canción que invita a mirarse por dentro y aceptar que hay dolores que no siempre se curan, pero que al nombrarlos se comprenden.

En “Mi alma canta” la emoción se abre como una ventana. Es la entrega total, el amor sin reservas, la celebración de haber amado aun cuando el riesgo era alto. Compuesta en modalidad menor uno de los sellos más reconocibles del acordeón de Rudas, la melodía envuelve al oyente en una melancolía luminosa. La voz de Carlos Malo se eleva con gratitud y devoción, mientras el acordeón late con la fuerza de un corazón que no teme mostrarse: “Querías que te entregara mi alma, y mi alma te entregué…”. Aquí no hay arrepentimiento, solo plenitud. Amar, parece decirnos la canción, siempre vale la pena, incluso cuando duele.

“Camino sombrío” nos devuelve al origen. Es un viaje a la memoria y una continuación natural de aquellas canciones que marcaron la época de «Imelda» y «El viejo baúl» y que aún habitan el imaginario del vallenato. La letra es paisaje, infancia, montaña y brisa fresca. La voz se vuelve recuerdo y el acordeón dibuja caminos por donde todavía transitan los afectos: “Subiendo la cordillera por una hermosa ladera…”. Aquí la nostalgia no lastima, acompaña, como una sombra fiel que camina a nuestro lado. La presencia de Carlos Malo como intérprete resulta esencial en esta obra. Su voz no busca protagonismo, sino verdad. Canta como quien consuela y, al mismo tiempo, se deja consolar. Y detrás de todo, la dirección sensible del “Pollo Isma” sostiene la obra con pulso firme y artesanía emocional, cuidando cada detalle como quien sabe que la música también es un acto de amor. Estas canciones no pretenden explicar la vida pero la iluminan. Son faros íntimos, discretos, que nos recuerdan que sentir también es una forma de resistencia.

En Ismael Antonio Rudas Mieles, la música, la palabra y el conocimiento se entrelazan como un solo oficio: el de comprender al ser humano desde la emoción y la memoria. Gracias Maestro, por seguir haciendo de la música un lugar habitable para el alma, por demostrar que el arte verdadero no depende de títulos, sino de sensibilidad y por recordarnos que la música es el hilo invisible que nos conecta con el saber integral.

Con cariño, aprecio admiración, Ramiro Elías Álvarez Mercado