Ramiro Elías Álvarez Mercado: El sommelier de la vid del folclor.

Por Osmel Martínez.

En la ciudad de Bogotá, donde el frío obliga a la memoria a buscar abrigo en los recuerdos cálidos del Caribe, vive un hombre que no ha permitido que su alma costeña se le enfríe. Su nombre es Ramiro Elías Álvarez Mercado, y aunque sus pasos resuenan sobre los adoquines capitalinos, su corazón sigue descalzo, caminando por las calles polvorientas de Planeta Rica, Córdoba, su tierra natal, donde el tambor y el verso crecen como mangos silvestres en el patio de la casas.

Ramiro no escribe: pinta con palabras, sopla brisas con tinta, y le pone alma a los silencios del folclor. En cada línea que traza, en su pluma se siente el canto de un juglar, el silbido de una flauta de millo, la risa de un acordeón bien tocado. Leerlo es como sentarse en la puerta de una casa de bahareque a escuchar historias contadas al vaivén de una hamaca, con el olor a café recién colado y el murmullo lejano de una parranda de antaño.

Pero Ramiro no se escribe a sí mismo. Él escribe a los otros. A los que cantan y ya nadie escucha, a los que hacen versos en la sombra, a los juglares que nunca grabaron disco pero dejaron su legado en una plaza o en un taburete. Él les da nombre, rostro, alma. Es un rescatista de la cultura oral, un arqueólogo del alma caribeña, que cava con amor en los territorios del olvido para sacar a la luz a esos artistas anónimos que son parte esencial de nuestro ADN cultural.

Trabaja como sommelier en «El Viejo Bandoneón», y no es casualidad. Así como distingue aromas, texturas y memorias encerradas en una copa de vino, distingue también el espíritu del pueblo escondido en una estrofa, en una décima, en una anécdota contada a media voz. Por eso lo llamo —con el respeto que me merece— el sommelier de la vid del folclor. Porque Ramiro cata canciones sin melodías, versos sin partitura, y nos sirve en copa alta el alma del Caribe.

Escritor sin estridencias, cronista de lo esencial, compositor sin guitarra, Ramiro es una vitrina de lo auténtico. Sus palabras no se oyen en la radio, pero resuenan en la conciencia de quienes entendemos que sin memoria no hay identidad, y sin identidad no hay mañana. Su estilo tiene ecos de Gabo, de David Sánchez Juliao, de McCausland… pero es Ramiro en esencia, porque nadie camina por la orilla de un río con tanta devoción por contar las historias que fluyen con él.

Este escrito es, más que un homenaje, un agradecimiento profundo. Por no claudicar en la tarea de contar lo nuestro. Por entregarse con pasión al rescate del folclor caribeño. Por ser un puente entre generaciones, entre el pasado que no se quiere perder y el futuro que necesita saber de dónde viene.

Gracias, Ramiro, por ser palabra viva del Caribe.

Atte: Osmel Martínez, consultor en marketing branding y desarrollo comercial, músico y locutor de radio.

Julio de la Ossa: ¡el pequeño gigante del acordeón!

«A veces pienso que mi padre es un acordeón, porque oigo sus notas cuando me mira, sonríe y respira»: Markus Zusak (escritor australiano).

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

La música tiene la capacidad de crear identidades colectivas a través de signos no verbales; es decir, con gestos, movimientos, sonidos, expresiones faciales, inflexiones vocales y otros elementos que se utilizan para comunicar mensajes sin palabras. O sea, que no sólo la convierte en un discurso, sino en una herramienta en función de quienes desean y tienen la capacidad de expresar sentimientos y emociones por medio de ella.
Pero definitivamente la presencia de los instrumentos son importantes en la creación de una obra musical, porque le permite a los músicos traducir esos tonos melódicos placenteros que llegan al oído de quienes los escuchan.
Pero hay un instrumento que hizo posible uno de los géneros musicales más representativos de Colombia: el acordeón, que es el causante de que el vallenato haya traspasado fronteras y que sus más excelsos intérpretes, como los juglares de antaño hubieran abierto una trocha, que hoy se convirtió en una autopista pavimentada para los nuevos músicos.
Uno de esos juglares, que con su acordeón al pecho, sus canciones y su voz hizo un gran aporte a la edificación de la música vallenata fue Julio Enrique de la Ossa Domínguez, quien le abrió los ojos a este mundo terrenal, el lunes 20 de julio de 1936. 20 de julio uno de los días más importantes en la historia del país, ya que en esta fecha se celebra el Día de la Independencia de Colombia. Y es precisamente en este día festivo que llegó Julio a esta tierra como si viniera predestinado a convertirse en un artista que dedicaría su vida a amenizar fiestas y llenar de alegría el corazón de la gente. Nació en el hogar conformado por Julio de la Ossa Álvarez y Elvira Domínguez, de la que lamentablemente no pudo recibir las caricias maternales por mucho tiempo, ya que fallece cuando el pequeño Julito, como le decían cariñosamente familiares y amigos, tenía dos años de edad, quedando su crianza en manos de su abuela paterna Andrea Álvarez.
Allí en Chochó, un corregimiento de Sincelejo la capital del departamento de Sucre, en mitad de esa gran sabana que hace parte de una fructífera tierra en agricultura y ganadería, al norte del territorio colombiano, este pintoresco y alegre lugar tuvo la dicha de ver nacer a uno de sus hijos más ilustres: Julio de la Ossa. Chochó, cuyo nombre e identidad se da a través de un hecho curioso que lo hizo distintivo, y era que en tiempos de verano muchos arroyos, quebradas y riachuelos se secaban y en esta zona se formaban pequeños pozos de agua que proporcionaban ayuda y el precioso líquido con el que mitigaban la sed, no solo los habitantes del pueblo, sino también la de los corregimientos vecinos. A estos pozos en donde se quedaba almacenado el líquido vital los lugareños lo llamaban «chochos» y esa fue la razón para llamar a ese lugar de esa forma, pero con el pasar de los años, fue variando su connotación, ya que la palabra «chocho» en muchas ocasiones se utiliza como un término vulgar, por ende se le dio acento al final, dejando por nombre definitivo a esta hermosa y productiva tierra: Chochó, hoy en día con una de las fuentes hídricas más ricas de la región, gracias a sus aguas subterráneas con las que se abastecen permanente.
La vida de este hijo ilustre de Chochó transcurrió como la de cualquier niño criado en el campo, actividades al aire libre, madrugar para ir a la escuela, ayudar a la familia en sus quehaceres y labores diarias, sobre todo a su abuela quien fue la encargada de guiarlo y educarlo, a lo que él correspondía colaborando en los cultivos y cosecha de tabaco, una actividad agraria muy propia de la zona y la elaboración y venta de ñeque o chirrinchi, licor artesanal muy apetecido por los hombres del pueblo que se daban cita a consumirlo, suceso que terminaba en una parranda amenizada por músicos que fueron fundamentales en despertar en el pequeño de La Ossa Domínguez su amor por el arte musical a muy temprana edad, algo que fue desarrollando con sus amigos de la escuela en donde cursó hasta quinto de primaria, estudios que abandonó por ese llamado musical que siempre estuvo latente en su mente, alma y corazón, a lo que su abuela Andrea se opuso en un principio, porque para ella esa actividad era sinónimo de parranda, tragos, licor y vida desordenada. Sin embrago Julio Enrique contra viento y marea siguió ese objetivo que tenía trazado en su cabeza y aún siendo un adolescente de escasos 16 años aproximadamente integra la reconocida Banda Juvenil de Chochó como maraquero, instrumento del que se volvió diestro y descrestaba a los presentes en los distintos sitios donde se presentaban por la habilidad que tenían en su ejecución y la sabrosura que le imprimía en el escenario.
Como todo joven inquieto y con ganas de seguir explorando en el ámbito musical se dio cuenta que las maracas ya le quedaban pequeñas y su ambición musical iba más allá y empezó a interpretar la armónica o dulzaina conocida popularmente en el Caribe colombiano como violina, a la cual empezó a extraerle bellos sonidos y melodías, convirtiéndose en un magistral intérprete de los éxitos musicales de distintos géneros que se escuchaban en la radio, bares y cantinas de la época.
Muchas veces en distintas actividades de la vida encontramos personas que creen en nosotros y ven algo que los demás no, nos impulsan, apoyan y es justo lo que pasó con Julito, quien acató la recomendación de su amigo Nicanor Guevara, que al notar su destreza con la dulzaina, le aconseja dar otro paso importante en su naciente carrera musical y es el encuentro definitivo con el instrumento que se convertiría desde ese momento en su compañero y amigo inseparable: el acordeón, con el que tuvo desde el primer instante una afinidad muy especial, es como si hubieran nacido el uno para el otro, una relación fuerte y llena de sentimientos, apego, amor y atracción. Con su instrumento rizado empezó su fructífera carrera artística plenamente, con la interpretación de porros, fandangos, cumbias, paseaítos y otros géneros musicales que identifican la tierra sabanera de la cual se convirtió en un gran baluarte y representante. Al mismo tiempo se va nutriendo de la música vallenata que ya se escuchaba mucho en la región del gran Bolívar, en donde sobresalían los maestros Alejandro Durán, Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villa, Francisco «Pacho» Rada, Calixto Ochoa, entre otros. Siendo el primer Rey Vallenato, Alejo Durán el juglar que más lo influenció y al que más escuchó en sus inicios, al que le tuvo mucho respeto y admiración por lo que representaba para la música de Francisco el Hombre, luego fue creando su propio estilo con el que escribió una linda historia en esta expresión musical que nació en el campo, en los corrales y luego se tomó el mundo.
Julio de la Ossa fue un músico completo de esos que cada vez son más escasos en la música vallenata: tocaba, cantaba y componía; la primera canción de su autoría se titula «Carmencita» inspirada en una mujer de su pueblo, con su acordeón empezó a ser reconocido por distintos lugares y es en ese momento cuando se gana el apelativo de «El Pequeño gigante del acordeón» un hombre corto de estatura, pero con un talento grande en la ejecución y vocalización de cantos vallenatos y de otras expresiones musicales del Caribe colombiano.

Después de recorrer muchos lugares dando a conocer su música en los que cada día fue teniendo más aceptación, se le presenta la oportunidad de grabar su primer trabajo discográfico, y graba dos sencillos, uno con los temas ‘El motetico’ y ‘En abarcas’ y el otro donde salieron los temas ‘Mi vida es para ti’ y ‘Mi papelito’, y es en ese momento cuando su carrera artística alcanza otro nivel y termina de despegar por completo y su nombre empieza a ser reconocido en toda la Costa Atlántica, los contratos y presentaciones no se hicieron esperar porque ya el pueblo empieza a identificarse con sus canciones, y por donde quiera que llegaba era ovacionado y solicitado. Luego de ese inicio exitoso en la pasta sonora, tiene la oportunidad de integrar la legendaria agrupación «Los Corraleros de Majagual», la llamada orquesta pilar de la música tropical en Colombia donde ya su carrera se disparó por completo y su música empezó a escucharse a nivel internacional.
Definitivamente el vallenato forma parte primordial de la cultura del Caribe colombiano y podría decirse que es uno de los rasgos más característicos de la historia del país y Julio de la Ossa con su acordeón, al que amó, porque cuando lo agarraba e interpretaba se volvía como parte de su cuerpo, igual que un niño cuando coge su juguete favorito, con esa entrega total que tuvo por la música que es evidente en sus movimientos, ejecuciones e interpretaciones, con esa extensa trayectoria hizo un aporte significativo en la construcción de esta cultura y folclor.
El pequeño gigante del acordeón por su habilidad y calidad interpretando la música vallenata tuvo un paso exitoso por el Festival de la Leyenda Vallenata en donde obtuvo tres terceros lugares y un segundo, pero como dice el sabio adagio «no hay quinto malo», finalmente se coronó Rey Vallenato en el año 1975, en donde demostró que la «constancia vence lo que la dicha no alcanza» con ese empeño constante, dedicación, esfuerzo y la calidad en la ejecución de los cuatro aires: merengue, paseo, son y puya, logró ese añorado título. Su exitosa carrera musical continua cosechando éxitos y posicionando clásicos del cancionero vallenato, pero sin dejar de lado la participación en festivales y obtiene el primer lugar en el Festival Hombre Caimán, en el municipio de Plato, Magdalena en el año 1986 y luego en 1990 se corona Rey Sabanero en «La Perla de la Sabana», la ciudad de Sincelejo, y así demostrar su forma magistral y estilo propio con lo que escribió una página con letras de oro en la música de acordeón.

Julio de la Ossa Domínguez, a lo largo de su carrera musical tuvo una amplia y exitosa producción discográfica en las que grabó para distintos sellos como: Tropical, Fuentes, Sonolux, CBS (Sony Music), Codiscos, Curros, de los que se tienen alrededor de 36 trabajos discográficos, y como compositor estuvo cerca de las 150 canciones de su autoría.
En su trayectoria musical quedó un abanico de canciones exitosas y clásicas que hacen parte del pentagrama vallenato muchas de él y algunas de otros compositores a los que interpretó con la misma calidad, en la que se destacan: ‘Me dominas’, ‘Orfelina’, ‘Mi visita’, ‘La margentina’, ‘Puya saramuya’, ‘Mi testamento’, ‘La colegiala’, ‘Bella cascada’, ‘Cariñito’, ‘Nunca lo creí’, ‘La sucreñita’, ‘Las cartas’, ‘Media luna’, ‘Carmencita’, ‘Adios María’, entre otras, que son muestra de la gran sensibilidad, vena creativa y musical que tenía este gran maestro.
El lunes 28 de septiembre del año 1998, en la capital ganadera de Colombia, Montería, a sus 62 años de existencia, muy joven aún, cuando todavía tenía mucho por aportar, para seguir engrandeciendo la música vallenata, que lo premió por su originalidad, autenticidad, sacrificio, dedicación y persistencia, su voz se apagó y el eco sonoro de su acordeón quedó huérfano, pero su recuerdo intacto en los amantes de esta expresión musical, que lo siguieron y aplaudieron convirtiéndolo en el «Pequeño Gigante del Acordeón: quien se hizo grande con su instrumento, talento y composiciones.

El próximo 30 de abril de este año 2025, la familia de la Ossa Ochoa, en cabeza de uno de sus hijos Jhon de la Ossa, le harán un homenaje al maestro Julio de la Ossa Domínguez en la que se conmemora los 50 años de haber obtenido el título de Rey Vallenato, siendo el octavo rey de este Festival.
Hora: 10 am
Lugar: Auditorio Casa de la Cultura, Valledupar, Colombia.

Atte: Ramiro Elías Álvarez Mercado.

Indira de la Cruz: la voz dulce de la música vallenata.

«La música es como una llave mágica que abre incluso los corazones que están más cerrados»: María Augusta von Trapp (maestra de música y cantante austriaca).

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

La música ha estado ligada a las sociedades desde tiempos remotos, representando y transmitiendo los diferentes saberes y sentimientos por medio del arte, partiendo del instrumento primigenio para la creación de los sonidos: nuestro cuerpo y voz.
La industria musical, como otras, evoluciona continuamente y cada vez hay más mujeres poderosas en la vanguardia pero no siempre fue tan acogedora con las artistas femeninas. Inclusive a principios del siglo XX, a muchas mujeres se les prohibía actuar en determinados locales, mientras que otras eran descriminadas en las giras, en la radio y por los ejecutivos de los sellos discográficos. Y la música vallenata no estuvo ajena a este fenómeno, pero hubo mujeres que se fueron sacudiendo de esa represión y demostraron que con su talento también podían hacer carrera en este competido y hasta machista mundo musical vallenato.
Una de esas mujeres que sin dedicarse 100% a este arte ha dejado huella y hecho historia en esta expresión musical de origen provinciano, ella es Indira Elisa de la Cruz Ariño, quien le abrió los ojos a este mundo terrenal un 20 de octubre en el barrio primero de mayo de Valledupar para llenar de alegría el hogar conformado por Antonio de la Cruz y Elisa Ariño.
Desde muy pequeña mostró inquietudes musicales, y se le notaba un don especial para el canto, algo que le fluía de manera natural. Su vena artística viene de sus tíos maternos «Los Ariño» originarios de los Pondores, corregimiento de San Juan del Cesar, La Guajira.
Indira, cuyo nombre de origen sánscrito significa «belleza o esplendor» que es lo que percibimos cuando escuchamos su voz, una cantante que demuestra al interpretar una canción vallenata, que cuando se tiene talento solo es necesario un micrófono para hacer una presentación digna de aplausos.
Para De La Cruz, al igual que muchas de sus colegas, no fue fácil que se les abrieran puertas en la música vallenata, muchas de ellas la abrieron, salvo que no eran puertas, sino portones gigantes con obstáculos y laberintos que debió atravesar siempre de la mano de su talento y capacidad vocal.
Bachiller del emblemático colegio Nacional Loperena, que es considerado patrimonio cultural y monumento de Valledupar, referente para los pobladores de la región, porque en él estudiaron grandes personajes de la música, la política y la vida local. Y este fue precisamente uno de los primeros escenarios en el que Indira Elisa empezó a mostrar su talento artístico en las semanas culturales en donde se realizaban eventos para celebrar, difundir y promover expresiones, artísticas, folclóricas, musicales y teatrales en dicha institución.
Al terminar sus estudios secundarios tiene la oportunidad de dedicarse a la música de manera más profesional, con la venia, asesoría y la bendición de un gran maestro en la composición de los cantos vallenatos como lo es Rosendo Romero Ospino «El Poeta de Villanueva», quien le dio la oportunidad de presentarse con él en el reconocido festival «Cuna de Acordeones», que se realiza en la tierra del Maestro Rosendo, bella población de La Guajira, al norte de la costa atlántica colombiana. Suceso que la llenó de alegría al sentir los elogios y admiración por parte de los presentes, producto de ese derroche mágico mostrado en tarima con su talento.
Luego es invitada por distintos artistas para hacer coros como: su tío Adalberto Ariño y Elberth Araújo en el trabajo discográfico titulado ‘Una canción de amor y paz’, luego por el maestro Rafael Ricardo Barrios y Hugues Fernández en el trabajo discográfico titulado ‘La Otra Sonrisa’, también estuvo con la agrupación conformada por Iván Ovalle y Gabriel Julio en el LP de la época ‘Volvió el otoño’ en donde se desprendió el éxito ‘Enamorada de mi’. Agrupaciones que fueron seducidas por la dulzura de su voz, que se caracteriza por ser melodiosa, tener buena modulación, entonación y expresividad, pero al mismo tiempo se siente suave, grata y tierna, con las que adornaba esos bellos coros que han sido característicos en la canciones vallenatas.
La «voz dulce» es una buena intérprete de la guitarra, instrumento que le permite transmitir con facilidad cualquier emoción; es decir, que para Indira esta «madera bendita», como hace llamar este instrumento el médico y trovador Adrián Villamizar, es como un vehículo de comunicación y transmisión de ideas musicales con las que alegra el corazón de la gente y el de ella propiamente.
Además de acompañar a un sinnúmero de compositores y artistas vallenatos con su voz y talento, estuvo siempre agarrada de la mano por su esposo y compañero de vida, el genial Romualdo Luis Brito López: todo un referente del folclor vallenato, quien escribió con letras indelebles las páginas doradas de esta expresión musical.
Su carrera artística siguió con pasos agigantados en la que se vislumbraba una nueva, talentosa y bellísima artista, que con su carisma y seductora voz iba ganando terreno y gustando más a su naciente público. Después de algún tiempo perteneciendo a distintas agrupaciones, se le da la oportunidad de grabar su primer larga duración, titulado ‘Fieramente enamorada’, con el acompañamiento en el acordeón de Gabriel «Chiche» Maestre Socarrás, de donde se desprendieron éxitos como: ‘Busca tu amor’, ‘Borrón y cuenta nueva’, entre otros, con los cuales llegó a mercados internacionales como: Perú, Venezuela, Ecuador y México, teniendo una gran aceptación. Seguidamente, y de la mano de su esposo Romualdo, graba otro trabajo discográfico titulado ‘Ámame Siempre’ con el acordeón de un hombre que ya se nos marchó, Víctor «Rey» Reyes Leuro, donde se destacó una canción del compositor Alberto Antonio «Tico» Mercado Suárez, titulada ‘Noche de Lluvia’, luego graba el tema ‘Muy bueno’.
También hizo parte de la nómina de artistas que participaron en la producción musical homenaje a los 25 años de vida artística de Romualdo Brito, cantando una canción al lado de Roland Valbuena, titulada ‘Pertenece a ti’, convirtiéndose en un éxito nacional e internacional.
Indira Elisa ha sido una enamorada de la música vallenata desde muy niña y eso la llevó a grabar una recopilación de grandes clásicos vallenatos que hicieron parte de su banda sonora, con los que aprendió a cantar y a amar esta música que lleva en el corazón.
Esta brillante mujer jamás dejó de lado su formación profesional y se graduó como abogada en La Universidad Antonio Nariño de Valledupar, con Especialización en Contratación Estatal de la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga, carrera que es combinada con su arte musical en donde saca espacio para ambas y en las que brilla con luz propia. Estuvo 9 años al frente de la Secretaría General de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia y actualmente es la Directora Ejecutiva de la Fundación SAYCO.
La música a la doctora Indira de la Cruz le ofrece un refugio emocional, un espacio donde puede explorar sus emociones más profundas y encontrar consuelo en momentos de dificultad. Definitivamente el canto crea lazos indescriptibles. Ya sea con los miembros de la agrupación, con los amigos y claro está, con el público y los fans. Es por esta razón que ser cantante es una aventura constante, que te hace salir de tu zona de confort y vivir nuevas experiencias para poder sentir en carne propia las letras de las canciones y el mensaje que quiere trasmitir el autor y así enamorar al público y seguidores. Porque tiene ese don para resonar con nuestros sentimientos personales, este es uno de los muchos motivos por el que su voz dulce nos hace evocar recuerdos y vivencias asociadas con nuestra vida cotidiana.

Ramiro Elías Álvarez Mercado.

Limedes Torres: “Mi mejor experiencia como compositor ha sido ganar 63 festivales”

El tiempo ha transcurrido con rapidez pasando página a página cada una de las obras que en su gran momento el compositor Limedes Torres Barrera ha dejado plasmadas, obras que nacen de su mente y su corazón, muchas de ellas se convirtieron en éxitos grabados por grandes cantantes de reconocimiento, con el dulce sabor del vallenato que hoy anhelamos, el vallenato autentico y tradicional, aquel vallenato que se componía entregando el alma y el corazón en cada compas de la canción, ese vallenato que nos alegraba y formaba parte de nuestras vidas.

     Es importante destacar y enaltecer a este gran compositor nacido un 8 de Enero de 1958, en los Tupes, Departamento del Cesar, tierra de hermosa naturaleza y agricultores, del hogar conformado por sus padres José Florindo Torres, agricultor, decimero y Dilia Barrera de Torres, docente y compositora.

 Sus  inicios en la música  fueron como cajero y guacharaquero en Los Tupes – Cesar con el conjunto de los Hermanos Molina: Ades, Mariano y Luis. Luego se radicó en Valledupar en el año 1972, en el año 1973 integró el primer grupo Vallenato con su primo Andrés “El Turco” Gil y Gabriel Chamorro, seguidamente se unió al grupo de Fredy Peralta con Miguel López, luego Fredy Peralta y Poncho López.

 Así fue formándose la carrera artística musical del maestro Limedes Torres, quien también estuvo con Pablito Atuesta y Wilfran Negrete, siendo el último conjunto que integró haciendo primera voz fue con Elías Rosado y Juancho Rois en el año 1977, luego en el año 1978 integró el grupo de Jairo Serrano y Mario Zuleta, en ese mismo año integró el grupo de Armando Moscote y Rafael Salas, en el cual duró 4 años hasta el momento en que Armando falleció,  también formó parte del conjunto de Rafael Salas e Ivo Díaz, el cual Ivo entró en reemplazo de Armando, en el año 1982  formó parte del conjunto de Héctor Zuleta y Adanies Díaz, el cual solo duró 3 meses hasta el fallecimiento de Héctor.

 En el año 1983 se une al grupo de Fredy Peralta y Ruben Orozco, en 1985 se integró  a la agrupación musical “Los Diablitos” con  Omar Geles y Miguel Morales, así mismo formó parte de agrupaciones como: Silvio Brito con Harold Rivera, Pello Osorio & el Negrito Osorio, Gustavo Gutiérrez & Oscar Negrete, Gustavo Gutiérrez & Cocha Molina.

Aunque  el maestro Limedes Torres comienza a la edad de 14 años a componer su primera canción titulada “Demasiado Tarde”, es a partir del año 1984 a sus 26 años cuando se define el punto de partida para darse a conocer como compositor cuando graba su primera canción un conjunto de Barrancabermeja con Manolo Martínez y Erwin Jiménez, Pero es en el año 1985 cuando se consuma su primer éxito musical con la canción que le grabó Omar Geles y Miguel Morales: “Vine a Cantar Mis Penas”, seguidamente otro gran éxito en la voz de Miguel Herrera y Luis “El Negrito” Villa,  la canción “Nací Solo” canción que se pegó en todas las emisoras.

 Definitivamente el aporte al folclor vallenato que le ha hecho el maestro Limedes Torres es digno de reconocer y valorar cada día más, con un total de 63 festivales ganados y  todos los grandes artistas que le han grabado como Farid Ortiz y Emilio Oviedo el tema: “Cada día más enamorado”, intérpretes como Silvio Brito con Osmel Meriño, Ivo Díaz con Hugo Carlos Granados» La pretenciosa» una puya  y otros, en total le han grabado 40 canciones.   A partir del año 1987 acompañó a los hermanos Duran Escalona: Estela y Santander, fue cantante y guacharaquero de unos de los mejores tríos en Valledupar como: Los Carrascales, Los hijos de Sergio Moya y Los Inseparables. También le grabó Beto Zabaleta y Pangue Maestre una canción titulada: “Negra de mis sueños” y  “Ansias de amar»  fue grabada por Jorge Martínez (ganador de “yo me llamo Rafael Orozco”) y Carlos José Mendoza el popular Calata.

 Realmente es increíble todo este gran cumulo de obras musicales del maestro Limedes torres, recordando  a grandes figuras musicales que han interpretado sus canciones como Silvio Brito y El rey Vallenato Fredy Sierra, quienes también le grabaron un paseo titulado: “Déjame llegar a ti”. La canción “Nací solo” luego de 32 años fue grabada nuevamente  por José Lombana y Emilianito Zuleta y también en  mes de Abril del año 2.018  por el gran cantante Jean Carlos Centeno y Ronald Urbina.

Entre las canciones que fueron grabadas recientemente se encuentran “Amor de contrabando” interpretada por Gaby Luna, así mismo Carlos Correa y el pollo López  le grabaron un tema muy jocoso llamado “La mujer floja”

Ha sido ganador en la canción inédita en muchos festivales, ocupando 26 primeros puestos, 23 Segundos puestos y como cantante fue ganador de muchos concursos intercolegiales en Valledupar, como en el Loperena, el Instpecam, en la Paz, San Diego, El Molino, en La Loma, en el Colegio Julio Cesar y otros.

Según Limedes Torres: “El vallenato en la actualidad lo están degenerando, porque quieren llamarle vallenato a la nueva ola, todo género musical que esté fuera del contexto de los cuatro aires que son: paseo, merengue, puya y son; no es vallenato y ahora todo lo que se grabe con acordeón quieren llamarle vallenato”

Recientemente y ante la problemática social que viven tantos países, el maestro Limedes torres nos entrega una canción titulada “Un sueño por la paz”, lo más importante es que es primera vez a sus 60 años que graba como cantautor de una de sus obras: 

«Un sueño por la paz» es una canción que tiene una letra de corte social, una protesta referente a lo que vivimos en Colombia, en Venezuela y en muchos países” 

Con el mismo cariño, respeto y admiración dejamos para el disfrute de todos los amantes del folclor vallenato dos obras musicales “Nací Solo” con Jean Carlos Centeno y Miguel Herrera y como cantautor del maestro Limedes Torres “Un sueño por la paz” y «El Tren de la vida»

A todos los cantantes  que estén interesados en obras musicales  inéditas pueden comunicarse al 3003673412.

Cantante Valeria Suárez – Biografía Artística

Valeria Suárez nace en Barranquilla Atlántico 13 de octubre del 2004.Sus inicios en la música fueron a la edad de 7 años cantando en la iglesia católica en el coro con sus amigas siendo en ese momento un hobby sin pensar que su futuro sería estar en el mundo de la música.

Posteriormente ya tomando su carrera musical profesionalmente comenzó a estudiar técnica vocal en varias academias de Barranquilla, destacándose de forma especial la academia de profesor Martín Merlano, coach vocal a quién agradece mucho su progreso en convertirse en un artista integral que además de cantar también ha tenido el aprendizaje para actuar y modelar ingresando así en diferentes actividades.

Valeria Suárez se ha dedicado plenamente a la música, actualmente se desempeña con su agrupación ofreciendo sus servicios a todo tipo de eventos sociales y empresariales.
Se encuentra presentando a los medios de comunicación y en redes sociales el cover del clásico vallenato ausencia sentimental una canción representativa del festival vallenato obra del maestro Rafael manjarrez que ha sido un gran orgullo poder interpretarla amando el folclor como mujer y expandiendo su voz a nivel internacional.

Entre sus proyectos musicales se encuentra hacer un dvd en vivo con varios covers donde puedan ver a Valeria Suárez con su agrupación completa interpretando el vallenato clásico reforzando así la proyección musical para seguir impulsando su agrupación a nivel nacional e internacional.

Para Contrataciones- Mánager Rafael Suárez – Celular 3205472942