«Anhelos» brilla en su nueva versión con artistas de talla Internacional – Lupita Mendoza & Beto Jamaica

Con gran expectativa se llevó a cabo el lanzamiento del video musical “Anhelos”, obra del reconocido compositor panameño Osvaldo Ayala, en esta ocasión una nueva versión con destacados artistas invitados.

El proyecto cuenta con la participación especial de la cantante mexicana Lupita Mendoza, el Rey Vallenato 2006 Beto Jamaica y el productor musical Carlos Lengua, quienes aportaron su talento para darle un aire renovado a esta emblemática canción.

La entrevista de lanzamiento estuvo bajo la conducción de la licenciada Belinda Olano Barrera y fue transmitida a través de la página de Facebook Estampas Vallenatas del Folclor, donde los artistas compartieron detalles sobre el proceso de grabación, la producción del video y las experiencias vividas durante este importante proyecto musical.

“Anhelos” es una canción ampliamente reconocida en Colombia, grabada originalmente por el maestro Alfredo Gutiérrez en 1972, y que a lo largo del tiempo ha tenido múltiples versiones. En esta nueva propuesta, el tema llega con un estilo fresco, acompañado de innovadores arreglos musicales que le brindan una proyección contemporánea.

En cuanto a la producción musical, los arreglos estuvieron a cargo de Alberto (Beto) Jamaica y Carlos Lengua. La grabación y masterización fueron realizadas por Carlos Lengua (CYVPROMusic), quien además participó en guitarra y bajo. En el acordeón y la armonía se destaca Beto Jamaica, mientras que la percusión estuvo a cargo de Martín Rodríguez, el piano por Anderson Márquez y los coros por William Sierra.

Durante la transmisión también se vivieron momentos especiales, cargados de anécdotas y emociones, en una noche que estuvo marcada por la música y el talento.

William de la Rosa, la voz emblemática de Cardenal Stereo 94.7 FM.Por Alcibiades Núñez.

Durante más de una década, en los hogares, tiendas y vehículos del sur de La Guajira, hubo una frecuencia que se volvió inseparable de la cotidianidad: Cardenal Stereo 94.7 FM. Su señal no solo transmitía música e información, sino que tejía vínculos con una audiencia que encontraba en la radio una compañía permanente, desde Hatonuevo hasta La Jagua del Pilar, pasando por cada rincón de San Juan del Cesar.

En ese paisaje sonoro, una voz logró consolidarse como sello distintivo de toda una etapa: la del periodista y locutor William de la Rosa, quien recientemente anunció su salida de la emisora tras una trayectoria que dejó huella en la región.

Su historia en Cardenal Stereo comenzó el 27 de julio de 2011 y se extendió hasta el 28 de febrero de 2026. Fueron catorce años, siete meses y un día frente al micrófono, un periodo suficiente para construir una relación cercana con los oyentes y convertirse en referente del dial en el sur del departamento.

De la Rosa no solo fue una voz al aire: fue un creador de formatos que definieron la identidad de la emisora. Espacios como El Show de la Mañana, La Wasapera Cardenal y Las 15 Cardenales lograron conectar con públicos diversos, combinando entretenimiento, actualidad y música en una fórmula que consolidó la fidelidad de la audiencia.

Su despedida se conoció a través de un emotivo mensaje audiovisual, en el que resumió lo que significó su paso por la radio. “Hoy finaliza el capítulo de Cardenal Stereo 94.7 FM. Fueron quince años como único director artístico, entregando mi voz, mi pasión y mi compromiso a un municipio que me lo dio todo”, expresó. En sus palabras también hubo espacio para lo personal: recordó que en San Juan del Cesar encontró el amor junto a su esposa Aura Hinojosa, con la cual tuvo dos hijos, Valeria Sofia y William David, y destacó los lazos de amistad y afecto construidos con la comunidad.

El periodista agradeció a Dios y a quienes hicieron parte de su proceso, subrayando el valor de la radio como servicio público: un medio que informa, acompaña y, sobre todo, conecta.

La salida de William de la Rosa marca el cierre de una etapa significativa para Cardenal Stereo 94.7 FM y para sus oyentes. Sin embargo, su legado permanece en la memoria colectiva de una región donde la radio sigue siendo un puente cercano entre la cultura, la información y la vida diaria.

Hoy, su carrera continúa en nuevos escenarios. Se desempeña como director artístico y de contenido musical en Cardenal Stereo 91.7 FM Riohacha, además de liderar procesos similares en Valledupar y participar como presentador en Telecaribe, especialmente en la cobertura de festivales y eventos culturales del Caribe.

Su aporte a la identidad cultural de San Juan del Cesar fue reconocido oficialmente el 24 de junio de 2024, cuando el alcalde Enrique Camilo Urbina lo declaró hijo adoptivo del municipio en el marco de las festividades de Fiestas de San Juan Bautista. Un gesto que resume lo que su voz representó para una comunidad que, más que oyente, fue cómplice de su historia.

Porque en territorios como el sur de La Guajira, la radio no es solo un medio: es memoria viva. Y voces como la de William de la Rosa quedan resonando mucho después de que se apaga el micrófono.

En Bogotá, los días 20 y 21 de marzo se hará el lanzamiento del 59° Festival de la Leyenda Vallenata

La capital del país, exactamente en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo estará engalanada durante los días 20 y 21 de marzo a partir de las 8:00 de la noche, con las notas de los acordeones, versos y cantos con motivo del lanzamiento del 59° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América.

En esta velada festivalera se presentarán los Reyes y Reinas del 58° Festival de la Leyenda Vallenata, año 2024, que se llevó a cabo en homenaje al Rey Vallenato Omar Geles, los cuales son los siguientes. Iván Zuleta Barros, Rey Vallenato Profesional; Heinis Yulieth Gulfo Palma, Reina Mayor del Acordeón; Gregorio Javier Gutiérrez Tocora, Rey Vallenato Aficionado; Santiago David Oñate Quintero, Rey Vallenato Juvenil; John Emiliano Olmos Prieto, Rey Vallenato Infantil y María José Arias Pérez, Reina Menor del Acordeón. Como invitado especial estará el Rey Vallenato 2016 Jaime Dangond Daza.

De igual manera, se tendrá en el escenario a la dinastía Romero, una de las más emblemáticas de la música vallenata y que abarca varias generaciones marcado un hito en la historia con un estilo único, dejando una huella imborrable en el panorama musical, tanto nacional como internacional.

El hilo argumental del acto estará a cargo del actor, músico, acordeonero y escritor Víctor José Navarro Jiménez, quien asumirá el papel de un juglar narrador, un viajero que parece venir de otro tiempo para contar esta bella tradición.

El lanzamiento en Bogotá de la versión 59 del Festival de la Leyenda Vallenata será una experiencia escénica que invitará al público a sumergirse en el universo del vallenato a través de una combinación de narración, música en vivo, imágenes y danza. A lo largo del espectáculo se recorrerán distintos momentos del vallenato evocando el espíritu de los juglares que llevaron sus historias por distintos caminos, la fuerza de los tres instrumentos que dan identidad a este género: caja, guacharaca y acordeón, y la energía de sus cuatro aires esenciales.

De igual manera, se entrelazarán relatos, interpretaciones musicales, coreografías y proyecciones audiovisuales que conectaran pasado y presente, mientras desfilan algunas de las figuras que representan hoy la continuidad de esta tradición, junto a homenajes a grandes referentes de la música vallenata y momentos de interacción con el público.

Durante el tiempo del acto se celebrará la historia, la emoción y la vigencia de una música que nació en distintos pueblos de la geografía costeña y hoy es Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad, invitando a Bogotá a sentir el latido más profundo del folclor vallenato.

El 59° Festival de la Leyenda Vallenata registra grandioso número de inscritos

El balance de las inscripciones para el 59° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América, es altamente positivo por parte de los concursantes en sus distintas categorías que fortalecerá el patrimonio musical y dará el mayor espacio a las nuevas generaciones.

Lo anterior indica el cumplimiento en la labor de conservación y promoción del vallenato tradicional, por parte de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, quien agradece a los concursantes por cada año estar presentes y unidos a la causa folclórica y cultural.

El registro de inscritos es el siguiente.

Acordeón Profesional 69

Acordeonera Mayor 12

Acordeón Aficionado 78

Acordeón Juvenil 36

Acordeón Infantil 47

Acordeonera Menor 12

Canción Vallenata Inédita. (235). Paseos, 155; Merengues, 40; Sones, 22 y Puyas,18

Piqueria Mayor 68

Piqueria Menor 5

Piloneras. (265). Mayores171; Juveniles 52 e Infantil, 42.

Respecto a las canciones que serán seleccionadas entre las 235 inscritas, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata indicó que en los próximos días se estará haciendo el anuncio, luego de cumplido el trabajo del jurado.

De otra parte, los concursantes en todas las categorías de acordeón, no podrán repetir ninguna canción de los cuatro aires en su orden (Paseo, Merengue, Son y Puya) en las distintas rondas ni en la semifinal. Además, los cambios de cajeros, guacharaqueros o cantantes acompañantes de los acordeoneros o acordeoneras en las distintas categorías, se podrán hacer hasta el 24 de marzo de 2026.

Dentro de la programación se tiene previsto los dos primeros actos, el sábado 25 de abril a las 3:00 PM el inicio desde el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’ el desfile de Jeep Willys Parranderos, y el domingo 26 de abril 8:00 AM el concurso de Pintura Infantil ‘Los niños pintan el Festival de la Leyenda Vallenata’, en el Centro Comercial Mayales Plaza.

Este magno evento que se lleva a cabo desde el año 1668, en cada versión se consolida como el encuentro que atrae a miles de turistas a la Capital Mundial del Vallenato para disfrutar de la tradición y el folclor a través de las notas de los acordeones, cantos y versos. Todos invitados del 29 de abril al dos de mayo de 2026.

Nafer Durán: el juglar que hizo pensar al acordeón en modo menor

«A veces pienso que mi padre es un acordeón porque oigo sus notas cuando me mira, sonríe y respira»: Markus Zusak (escritor australiano)

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

En el universo sonoro de la música vallenata existen hombres que no se limitan a interpretar el acordeón: terminan encarnando el espíritu mismo del juglar. Con el paso de los años dejan de ser simples músicos para transformarse en memoria viva de una tradición. Entre esas figuras mayores se levanta, con la serenidad que dan los años y la sabiduría que concede la experiencia, el maestro Nafer Santiago Durán Díaz, conocido con afecto en su tierra como Naferito.

Hablar de este maestro es hablar de una época, de una estirpe musical y de una forma limpia y auténtica de comprender el vallenato. Hay músicos que transitan por la historia y otros que, con el tiempo, terminan formando parte esencial de ella. Entre estos últimos camina todavía este juglar, con el acordeón abrazado al pecho como si fuera una prolongación de su propio corazón.

Nacido el 26 de diciembre de 1932 en El Paso, Cesar, al norte de Colombia, llegó al mundo lejos de academias y conservatorios. Su primera escuela fue la sabana abierta, los caminos polvorientos, el trabajo del campo y esas madrugadas campesinas en las que el canto de los gallos anuncia el comienzo de la jornada. En ese paisaje sencillo, entre el rumor del viento y la paciencia de la vida rural, fue creciendo una sensibilidad musical que parecía venir desde muy lejos, como si el acordeón lo estuviera aguardando desde antes de su nacimiento.

La música, en realidad, ya habitaba en su casa y en su familia. Su padre, Nafer Donato Durán Mojica, era acordeonista; su madre, Juana Francisca Díaz Villarreal, bailadora y cantaora del aire musical conocido como tambora. Su tío Octavio Mendoza, al igual que su hermano mayor Luis Felipe, también fueron destacados intérpretes del acordeón. En ese hogar donde el ritmo y la melodía formaban parte de la vida cotidiana, el destino parecía ya escrito: Naferito estaba predestinado para la música.

Además de ser hermano del legendario Alejandro Durán Díaz, el primer Rey Vallenato, lo que confirma que en aquella familia el acordeón no era simplemente un instrumento: era casi una manera natural de respirar. De esa herencia aprendió una lección esencial: el vallenato no se toca únicamente con los dedos; se vive, se siente y se cuenta como quien narra la vida misma.

Cuando en 1976 fue coronado Rey del Festival de la Leyenda Vallenata, aquel reconocimiento no recaía solamente sobre la habilidad de un intérprete. Aquella corona simbolizaba la consagración de un estilo, de una forma de tocar el acordeón que conservaba intacta la esencia campesina de la música vallenata. Naferito pertenece a esa generación de juglares que no salían al camino en busca de fama; más bien llevaban de pueblo en pueblo noticias, recuerdos y sentimientos convertidos en canciones.

Hay algo particularmente singular en su estilo: su profundo dominio del modo menor, conocido popularmente en el lenguaje musical de los pueblos como tono menor. En su tiempo fue, sin duda, el acordeonista más destacado en la ejecución de ese registro emocional dentro del vallenato tradicional. Mientras muchos intérpretes se inclinaban por los aires festivos y luminosos del repertorio alegre, Nafer Santiago se adentró con naturalidad en las zonas más íntimas del sentimiento.

Pero en su acordeón ocurría algo más profundo. No era solo sensibilidad: había también intuición musical. En sus manos el instrumento parecía pensar. Por momentos daba la impresión de que el acordeón exploraba caminos que todavía no existían dentro del lenguaje tradicional. Naferito hizo cosas en su acordeón propias de un músico adelantado a su tiempo: se aventuró por escalas, giros melódicos y modulaciones que no eran habituales entre los acordeonistas de su generación.

Nafer Durán ha sido, además, uno de esos juglares completos: de los que cantan, componen y tocan el acordeón. Un músico nacido para contar la vida, y cuyo instrumento le ha servido también para recordarla; allí, en la hondura expresiva del modo menor, su habilidad terminó hablando de la memoria del pueblo.

Había en su forma de tocar algo del espíritu del explorador. Como si, mientras muchos caminaban por senderos ya conocidos del vallenato, él se atreviera a abrir pequeñas rutas nuevas dentro de la misma tradición. Modernidades discretas, casi silenciosas, que no rompían con la raíz campesina del género, pero ampliaban su horizonte musical.

Por eso composiciones como “Sin Ti”, “Mi Patria Chica”, “Déjala Vení”, “Ariguaní”, “El Estanquillo”, “La Chimichaguera”, “La Grabadora”, “La Zoológica”, “Ojitos cautivadores” y “Clavelito” trascienden la condición de simples canciones: son estampas emocionales de la vida rural del Caribe colombiano, retratos musicales donde habitan la nostalgia, el amor y la memoria de la tierra.

Su manera de adornar las notas tiene algo de artesanía antigua. Cada giro melódico parece trabajado con paciencia, como quien talla lentamente la madera o abre surcos en la tierra con manos curtidas por el sol. Nada sobra en su estilo, nada resulta exagerado. En su acordeón habita una elegancia silenciosa que solo poseen los verdaderos maestros, aquellos que comprenden que la grandeza del arte muchas veces se encuentra en la sencillez.

La historia del vallenato también guarda un episodio significativo ligado a su nombre: fue el primer acordeonista que acompañó en una grabación al entonces joven Diomedes Díaz, cuando apenas comenzaba a abrirse camino una de las voces más influyentes que tendría este género.

Con todo, la importancia de Nafer Santiago no se limita a las grabaciones ni a las coronas obtenidas a lo largo de su trayectoria. Su legado más profundo reside en la fidelidad con la que ha defendido el espíritu original del vallenato. En tiempos donde la música suele dejarse seducir por los brillos de la industria y las distorsiones comerciales, él ha permanecido fiel a la esencia: ese vallenato que nace del campo, del trabajo cotidiano, del amor sencillo y de la nostalgia que habita en la vida rural.

Hoy, cuando el calendario de la vida lo acerca lentamente al umbral de un siglo, este juglar se parece a esos árboles antiguos que permanecen firmes en el paisaje después de haber visto pasar muchas estaciones, árboles cuya sombra protege la memoria de la tierra.

Después de haber vivido durante más de dos décadas en Valledupar, Naferito regresó hace algún tiempo a su pueblo natal, El Paso. Allí, rodeado nuevamente por la naturaleza y por la gente que lo quiere, admira y respeta, transcurre su vida en un ambiente sereno, como si el tiempo hubiera decidido caminar más despacio a su alrededor.

En ese sosiego del terruño, el marcapasos que acompaña el latido de su corazón parece haberle regalado una nueva energía. Pero más sorprendente que la resistencia de su cuerpo es la claridad de su memoria. Su lucidez sigue siendo admirable: recuerda episodios de su vida con una precisión que asombra, como si cada recuerdo estuviera guardado en algún rincón invisible del acordeón que lo ha acompañado durante toda su existencia.

Nafer Durán es, en muchos sentidos, un puente vivo entre generaciones. Un hombre que continúa conectado a los músicos y oyentes de hoy con la herencia cultural de los antepasados. Su música, al igual que su propia vida, enlaza épocas y mantiene abierta la conversación entre el pasado y el presente del vallenato.

Y quizá por eso, cuando su acordeón respira en modo menor, no solo escuchamos música: escuchamos también el paso del tiempo, los caminos de la Costa Atlántica colombiana, el viento de la sabana y la memoria de aquellos juglares que iban de pueblo en pueblo llevando la vida convertida en canción.

Porque hay músicos que pasan por el mundo dejando canciones.
Otros, muy pocos, terminan convirtiéndose ellos mismos en una leyenda.

Nafer Santiago Durán Díaz pertenece a esa escasa estirpe de juglares cuyo acordeón no solo suena: también piensa.

Atentamente,
Ramiro Elías Álvarez Mercado