‘Francisco El Hombre’ nació hace 175 años

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Una de las historias que ha tenido mayor resonancia en el folclor vallenato es la de Francisco Antonio Moscote Guerra, ‘Francisco El Hombre’, quien nació en el año 1849, hace 175 años, en Tomarrazón, jurisdicción del municipio de Riohacha, La Guajira.

Existen varias versiones sobre la fecha de su nacimiento, pero coincidieron en la anotada, sábado 14 de abril de 1849, la periodista e investigadora Consuelo Araujonoguera, en un trabajo publicado en varias entregas en El Espectador (febrero 13, 14 y 16 de 1984) y también el escritor Arístides Ospino Márquez, (Ariosmar), en su libro ‘Francisco El Hombre y la derrota del diablo’, año 2012.

Sobre la conocida historia Consuelo Araujonoguera escribió. “Una noche al regresar Francisco después de una parranda de varios días y al ir hacia su pueblo para distraerse en la soledad de la noche, abrió el acordeón y, sobre su burro, como era usual en aquella época, empezó a interpretar sus melodías. De pronto al terminar una pieza, surgió de inmediato el repertorio de otro acordeonero que desafiante trataba de superarlo”.

“De inmediato Francisco marchó hacia él hasta tenerlo a la vista; su competidor, para sorpresa, era Satanás, quien al instante se sentó sobre las raíces de un árbol, abrió su acordeón, y con las notas que le brotaban hizo apagar la luna y todas las estrellas”.

“El mundo se sumergió en una oscuridad tal, que sólo los ojos de Satanás resplandecían como tizones. Sus notas eran las de un gran maestro; algunos dicen que de ese encuentro nació el canto del Amor – Amor, pues Francisco, dueño de grandes virtudes y poseído de mucha fe, lejos de acobardarse con la abrasadora oscuridad, abrió su acordeón e hizo sonar tan hermosa melodía y la magia de la misma devolvió la luz a la luna y a las estrellas, infligiendo mucho temor del demonio”.

“Después clamó a Dios y entonó el credo al revés con la potencia de su voz, de tal suerte que el demonio, vencido, exhaló un terrible alarido y con su acordeón a rastras huyó hacia las montañas donde se perdió para siempre”.

Por su parte el escritor Arístides Ospino Márquez, hizo un relato de Francisco El Hombre, nacido en el hogar conformado por José del Carmen Moscote de Armas, ‘Chécame’, y Ana Juliana Guerra.

“Al nacimiento verificaron que era varón; por eso su papá no cabía de la emoción porque a más de ser su primer fruto, así era su deseo, por eso expresó. «Menos mal que nació varón como yo quería, porque de haber nacido hembra, ya estuviera pensando en los gavilanes, porque dentro de unos cuantos años, me tocará estar subido en el techo, con un chopo en mis manos, para espantarlos, temiendo que alguno se llevare algún día mi pollita, pero quien se me descuidara, con mi chopo le haría un disparo certero que le volaría el pescuezo”.

El Francisco de Gabo

La historia de Francisco Antonio Moscote Guerra traspasó fronteras cuando Gabriel García Márquez en la página 23 de su libro ‘Cien años de soledad’, escribió lo siguiente.

“Meses después volvió ‘Francisco El Hombre’, un anciano trotamundos de casi 200 años que pasaba con frecuencia por Macondo divulgando las canciones compuestas por él mismo. En ellas, ‘Francisco El Hombre’ relataba con detalles minuciosos las noticias ocurridas en los pueblos de su itinerario, desde Manaure hasta los confines de la ciénaga, de modo que si alguien tenía un recado que mandar o un acontecimiento que divulgar, le pagaba dos centavos para que lo incluyera en su repertorio. Fue así como se enteró Úrsula de la muerte de su madre, por pura casualidad, una noche que escuchaba las canciones con la esperanza de que dijeran algo de su hijo José Arcadio”.

Canciones a Francisco El Hombre

En el año 1971, Alberto Luis Pacheco Balmaceda, natural de Barranquilla, para coronarse como Rey Vallenato presentó el merengue ‘Francisco El Hombre’, donde recuerda ese episodio, y en apartes de la canción anota:

Y si el diablo se aparece, digo en mi improvisación, de que se encomiende y rece, si es que sabe de oración. Yo le cantaré otra vez, exprimiendo mi acordeón, si es muy tesa la cuestión le canto el credo al revés”.

En ese mismo sentido, en 1973, Luis Enrique Martínez, para conquistar la corona  como Rey Vallenato presentó la puya con el mismo nombre donde destaca la historia de Francisco Moscote.

Francisco El Hombre, fue el hombre, de la puya y el merengue, solo ha quedado el renombre, de su historia y sus saberes. Francisco el hombre en Galán, dejó un recuerdo infinito, y muchos recordaran todo lo que fue Francisco”.

Los versos de ‘El Turpial de Pondorito’

En el Festival de la Leyenda Vallenata del año 2009, el jurado de piqueria le indicó a los verseadores de turno, que el pie forzao era. “En mano de Francisco El Hombre”. Le correspondió iniciar a Rubén Toncel, ‘El Turpial de Pondorito’, quien como buen guajiro se sabía la historia. Es así como soltó el primero:

Decirlo me corresponde, y cumplo con mi deber, me voy a llevá una mujer, en mano de Francisco El Hombre”.

Al rival, Edgar Martínez, le dio risa y soltó un verso de esos por cumplir, saliéndose de lo solicitado.

Yo si tengo mi renombre, pa’ acabá con El Turpial, y a ustedes quiero gritar, donde está Francisco El Hombre”.

‘El Turpial’, al ver que no había verseado con las exigencias del jurado y el público, no estaba satisfecho, sacó a relucir su talento ganándose el más grande aplauso.

De ti hoy no queda ni el nombre, y el pueblo me dá el respaldo, hoy te pasará ni al diablo, en mano de Francisco El Hombre”.

Francisco Antonio Moscote Guerra, ‘Francisco El Hombre’, dejó para la posteridad su gran hazaña musical porque a nota limpia se enfrentó con el propio Lucifer. Lo derrotó tocando y cantando el credo al revés, asunto que según la historia no fue tarea fácil, menos teniendo a un contendor desconocido que causaba terror y cuyo perfume de azufre no era agradable.

Todo un éxito el gran lanzamiento de la Producción musical» Amor Infinito» por Estampas Vallenatas

Maravilloso lanzamiento musical se realizó a través de la emisora Estampas Vallenatas en Medellín bajo la dirección de la licenciada Belinda Olano, quien tuvo la oportunidad de entrevistar a los compositores que encabezan esta producción musical «Amor Infinito», padre e hijo José Isael Ruidíaz Quiñonez y Abel Rudíaz Chavez, de Guamal- Magdalena quiénes son los autores de las 11 canciones que vienen incluidas en esta producción musical.

Esta excelente producción musical viene con la gran interpretación de los artistas Luis K Jiménez y en el acordeón de joche Negrete, ambos con un gran talento y experiencia en la música vallenata, realizando un trabajo con el profesionalismo, la dedicación y el amor por el folclor.
Durante el lanzamiento musical se pudieron disfrutar los contenidos musicales y videos de las canciones llenando de gran expectativa a la audiencia quién recibe de la mejor manera este vallenato con poesía sentimiento y tradición.
Desde Estampas Vallenatas radio felicitamos a todos los que hacen parte de este maravilloso trabajo musical deseándole el mayor de los éxitos con la firmeza de poder seguir haciendo buena música para todo el público que ama este bonito folclor.

Sandra Daza Martinez: la dama del vallenato.

No hay música más deliciosa, más dulce, más poética que la voz de una mujer»: Francisco Zarco (político, periodista e historiador mexicano).

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

La voz como definición es «el instrumento básico y canal por excelencia de la comunicación humana». Es como el vehículo en que viajan nuestras emociones, estados de ánimo, es el indicador de nuestra salud física y mental.

Pero si hay algo que puede cautivar y seducir es la voz femenina, y mucho más si es en la interpretación de una canción, que es un eco de sensualidad en cada palabra pronunciada.
En el folclor vallenato es cada vez más frecuente escuchar nuevas voces que vienen incursionado en este competido mundo musical, pero sobre todo mujeres de todas las edades que nos enamoran con sus cantos.

En esta ocasión voy a referirme a una talentosa mujer que desde el momento en que fue concebida llevaba la música en sus genes: Sandra Milena Daza Martinez, esta carismática y talentosa artista llegó a este mundo terrenal el día lunes 30 de octubre del año 1978 en la «ciudad de los Santos Reyes», Valledupar, conocida también como: la capital mundial del vallenato en donde el acordeón, caja , guacharaca y guitarra hacen parte del diario vivir y las melodías que brotan de estos instrumentos son el arrullo de sus moradores.

Nació en el hogar conformado por Carmen Martínez Pumarejo y Edilberto Francisco Daza Gutiérrez, conocido popularmente como «El Mono Daza». Su madre una ama de casa y su padre un connotado y destacado compositor de la música vallenata, que con sus canciones ha hecho parte de ese grupo de maestros que han engalanado esta expresión musical de origen provinciano.

Está claro que su vena musical es heredada de su padre y familiares paternos como los compositores Fredy De Jesús Molina Daza y Octavio De Jesús Daza Daza, ilustres hijos de Patillal, pueblo cerca a Valledupar, tranquilo, habitado por ganaderos y agricultores, cuna de grandes poetas que se inspiraron en la belleza natural de su entorno, el remanso de paz de sus habitantes y un potosí de sorpresas agradables que se encuentran en este exótico paraje.

Sandra Daza desde muy niña tuvo esa inclinación musical y era común verla deleitando a sus hermanas y padres cantando y haciendo coreografias con el repertorio de la cantante argentina Amanda Antonia Miguel Samso, conocida artísticamente como Amanda Miguel, una ovacionada artista que se destacó en la balada romántica por la que ella sentía una gran admiración y respeto, lo mismo que en el colegio Domingo Sabio donde realizó sus estudios de básica primaria y en el tradicional Colegio Nacional Loperena de Valledupar, donde se graduó exitosamente como Bachiller, para luego convertirse en Técnica de Análisis y Programación de Computadores en el Instituto ITN.

Haberse criado en un ambiente totalmente musical fue una especie de detonante para que Sandra se fijara y amara por siempre la música vallenata, ya que su casa era una pasarela por donde desfilaban los más representativos artistas de la música de Francisco el Hombre, voces que con el pasar del tiempo se convirtieron en las estrellas que iluminan con luz propia en el firmamento vallenato, tales como: Diomedes Díaz, quien además de ser un gran amigo de su padre y uno de sus mejores intérpretes, también era el padrino de su segunda hermana Gina Daza, a parte de «El Cacique de la Junta» frecuentaban su casa Jorge Oñate, Poncho Zuleta, Beto Zabaleta, Iván Villazón, Rafael Orozco, entre otros quienes con sus acordeonistas de turno se acercaban a su progenitor en busca de canciones para sus trabajos discográficos, escuharlas, cantarlas y montarlas con arreglos melódicos era una experiencia fascinante y cautivadora para esta naciente artista que con su memoria infantil captaba lo que veía y escuchaba.

Aprendió a tocar guitarra, instrumento que se ha convertido en su amigo inseparable con el que se acompaña en la soledad cuando se encuentra meditabunda en un aislamiento total, carente de compañía, pero también en los momentos de cofradía en donde deleita a los presentes con su sentimental voz.

Sandra Daza siempre tuvo presente la música, pero no se dedicaba a ella de manera profesional, lo hacía por hobby, por gusto; para ella cantar era como una válvula de escape a los malos momentos pero también una manera de festejar por los buenos, que en ocasiones tenemos los seres humanos.

Por mucho tiempo se dedicó a laborar en los almacenes de cadena «Éxito» y a la crianza y educación de su única hija, Ángeles Castro Daza.
Pero para algunos afortunados como Sandra Milena, la vida, de repente, les sorprende con algo inesperado que les provoca una profunda reflexión y una transformación vital; es decir, que nunca es tarde para empezar lo que a uno le gusta, algo que a esta batalladora mujer le aplica perfectamente, dado que comenzó su carrera musical y artística de manera profesional a los 41 años de edad, a raíz de un vídeo que se hizo viral de una maravillosa y sentimental interpretación de un clásico del cancionero vallenato titulado «Desde Aquel Momento», de la autoría de su padre, maestro y mentor Edilberto Daza, tema que había sido llevado al disco por los exitosos Hermanos Zuleta Díaz, en esta ocasión ella fue acompañada por el compositor, cantante y guitarrista Juan Pablo Marín Álvarez, en una presentación en vivo, al natural, fresca, espontánea, sin ropajes finos que caló muy bien y asombró a un público que está expectante de nuevos intérpretes de la música vallenata por la fuerza y el sentimiento que transmitió en cada frase pronunciada, algo que sin lugar a dudas llegó al corazón de quienes la escucharon y como el título de la canción «Desde aquel momento» se convirtió en «La Dama del Vallenato», y podemos decir que fue el arranque de su carrera musical y con cada nuevo vídeo de ella interpretando clásicos vallenatos de su padre, y otros compositores de la vieja guardia dándole a conocer a las nuevas generaciones y refrescando en las viejas ese legado musical que hoy continúa con mucho orgullo, respeto, admiración y profesionalismo. Sus seguidores fueron aumentando porque ella con su talento y carisma es como un imán que atrae y no solo por su cautivadora voz, sino también por su porte y elegancia de toda una dama, que es el símbolo de la vida, la fuente del amor y la esencia de la belleza.

Pero el destino no siempre nos pone las cosas fáciles y cuando todo el éxito de su carrera empezaba a fluir empezó a tener unos quebrantos de salud que fueron diagnosticados como un cáncer en la zona del tórax. Sin embargo Sandra Daza Martínez, como toda una guerrera superó la enfermedad que la aquejaba sacando fuerzas que tenía guardadas para los momentos más difíciles que se nos atraviesan en el camino de la vida, y con la ayuda de Dios porque se considera una mujer de fe, los profesionales de la salud que se encargaron de su cirugía y recuperación, sumado a la energía positiva que le suministraban sus miles de seguidores logró ganar la batalla y seguir deleitando a los amantes de la música vallenata con su voz que es como un elixir que embriaga el alma.

Hoy sigue derrochando su talento en distintas ciudades del territorio colombiano en donde es contratada para deleitar al público con sus interpretaciones sentimentales que muchas veces terminan con lágrimas en sus ojos, porque vive y siente tanto la canción que entona como si fuera una vivencia propia, es como una actriz interpretando un guión.
Sandra Milena Daza Martínez «La Dama del Vallenato» es una mujer digna de emular, por ese orgullo de haber sido capaz de enfrentar obstáculos y salir victoriosa, algo que sin lugar a dudas le dará fuerzas para hacer frente a lo que viene a continuación y es una exitosa carrera en la música vallenata, porque se demostró así misma y a los demás que cuando todo estaba oscuro encontró una luz que la guiaba.

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

Los sentimientos de Camilo Namén a sus 80 años

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Al escuchar contar a Camilo Namén Rapalino la historia de sus 80 años de vida, no se pueden resumir en una crónica, sino en varios libros donde cada capítulo encierre vivencias, alegrías, tristezas y en el centro de todo las canas de su vieja y aquel padre, su gran amigo, su amigo fiel, ese que se jugaba con él.

Como testimonio de su trasegar por la vida han ido quedando cantos que se convirtieron en clásicos vallenatos, donde también brotaron versos para cantarle a Chimichagua, esa tierra sagrada que lo vió nacer.

Cantó y lloró al recordar ese verso que está pegado a su noble corazón. “Son sentimientos que me salen del alma, en una forma humana que demuestra querer. Vengo a cantarle a mi tierra Chimichagua, esa tierra sagrada que a mí me vió nacer. Por dentro siento que mi tierra me llama, y mis ojos reflejan su bello amanecer”.

Camilo Namén en sus primeras palabras, recalcó. “Mi vida ha sido un espejo donde me miro todos los días reflejándose inicialmente como comenzó todo. Por eso lo digo muy convencido en un verso. Recuerdos de mi pueblo me causan sentimiento y el alma por dentro se me pone a llorar. Una manera de darle gracias a Dios y fijar mi mirada hacía donde la vieja Concha (Concepción Rapalino) me trajo al mundo, gracias al amor con Felipe Namén Fraija”.

En aquella canción titulada ‘Recuerdos de mi pueblo’, narró cómo trascurrió su niñez vestido con un pantalón cortico, vendiendo arepas con la tártara en la mano y con aspiraciones de convertirse en pescador. Lo intentó, pero aquella atarraya, la canoa y el canalete, no eran lo suyo, sino que se avecinaba un episodio lleno de versos que al unirlos y ponerles música pescaba canciones.

Sin darse cuenta ingresó por ese camino al lado de las historias de vida, amor y folclor, convirtiéndose en compositor pudiendo avizorar todo lo que giraba a su alrededor. Además, de dejar algunos oficios como vendedor de rifas en esos pueblos marcados por el olvido.

Aquello le cambió la vida y la parranda era su compañera donde obtenía los insumos necesarios para componer canciones narrativas, que se fueron pegando hasta ser grabadas por los más grandes cantantes vallenatos. “Nunca hice una canción por encargo, sino salida de mi corazón. Una vez intenté, pero eso no era lo mío y fracasé”.

Llegó tan lejos que se inscribió en el concurso de Canción Vallenata Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata y ganó en el año 1972, con ‘Recordando mi niñez’. Esa memorable obra la hizo en la soledad de una mañana donde el sol quiso darse unos minutos para salir, porque las nubes todavía estaban dormidas.

Precisamente en charla con el compositor Rosendo Romero Ospino, sobre esta canción, conceptuó. “El bardo sentimental de Chimichagua, gran maestro de maestros Camilo Namén, nos eriza la piel con ‘Recordando mi niñez’. Un tema filosófico existencial con una atracción emocional donde aparece aquella frase sencilla, pero tremendamente real que nos gustó a todos. “Bonita es la vida cuando uno está niño, y cuando uno está niño quiere crecer ligero”.

En esta frase se encierran cientos de sueños infantiles que trotan a la par con el tiempo que es infalible, sin poderle restar ningún segundo de vida. Es verdad, el tiempo en menos de lo que se imagina da pasos de gigantes llegado a la juventud y luego seguir con la vejez. La imagen es real y hasta una lágrima deprime.

El mismo Camilo Namén lo bosquejó en un verso. “Me dio una tristeza porque ayer recordé los tiempos aquellos en que volaba papagayo, y ahora que estoy viejo y paso trabajo quisiera volver a la niñez. Ver aquellos tiempos que han pasado y ahora con tristeza espero la vejez”.

Mi gran amigo

Recabando en los recuerdos hace 54 años Camilo Namén Rapalino compuso ‘Mi gran amigo’. Es el canto del dolor, de la añoranza, de las lágrimas inagotables y del amor hacía un padre que partió para la eternidad. Es un merengue con un amigo fiel acostado en el pentagrama del ayer donde se marca la más grande nota triste.

“Dios es el inspirador. Yo digo que la composición es divina, cuando uno tiene la estructuración de entender que el verso debe ser respetuoso y que la melodía sea agradable al oído. A medida que los años fueron pasando el Todopoderoso me regaló el don para componer”, dijo Camilo Namén.

Entonces hizo la cuenta de las canciones de su autoría y que suman 110, de las cuales le han grabado un promedio de 80. En él se encuentra el verdadero juglar porque compone, canta, versea y echa cuentos. Es un excelente parrandero.

Entrando al campo de la añoranza habló de su progenitor quien murió el 19 de enero de 1970. “Las vivencias con mi papá dieron para hacer esa inmortal canción ‘Mi gran amigo’, grabada en 1972 por los Hermanos López, cantando Jorge Oñate. Si él se veía conmigo 10 veces, las mismas veces me besaba”.

Calló y regresó a hilvanar esa gran historia. “La generosidad de mi padre era inmensa y por eso el homenaje cantado que todavía me conmueve el alma y no solamente a mí, sino a miles de hijos. Esa vez pensé que si Piero le había cantado a su viejo, ese querido viejo, yo podía hacerlo al gran amigo que fue mi padre”.

Ahora, los quebrantos de salud lo han apartado de las parrandas, pero sigue como el roble y componiendo cuando la ocasión lo amerita. “A mis 80 años le doy gracias a Dios por llegar a esta edad. Solamente pido que no me saquen del corazón. Quiero quedarme en el amor de la gente, porque he tenido un sentimiento que es el de cantarle a las realidades para que no me olviden”.

Camilo se quedó pensativo y era preciso sentarse en sus cientos de añoranzas, para revivir de cerca los episodios que tuvieron ocurrencia en territorio costeño, con epicentro en Chimichagua, donde él supo dar alegrías y recibir esos abrazos que están enredados en un lenguaje sin palabras.

Jorge Naín Ruiz Ditta: un luchador incansable por la cultura, el folclor y la música vallenata.

«Cuando los hombres se ven reunidos para algún fin, descubren que pueden alcanzar también otros fines cuya consecución depende de su mutua unión»: Thomas Carlyle (historiador, filósofo y matemático escocés).

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

La solidaridad, ayuda y colaboración son sentimientos de unidad que nos mueve a dar sin esperar recibir nada a cambio. Más bien se trata de la base de muchos valores humanos que hemos adquirido desde la infancia y que conjugan aquello que somos: lealtad, compañerismo, empatía, amistad, amor, fraternidad y respeto.

En el ámbito del folclor, la música y la cultura hemos sido testigos de muchos hombres y mujeres que han dedicado parte de su vida a trabajar de manera titánica por sacar adelante estas expresiones que son unos de los más vastos y perdurables nexos de los pueblos.

La música, el folclor y la cultura vallenata no podía estar ajeno a este fenómeno y encontramos en Jorge Naín Ruiz Ditta un luchador incansable que ha dedicado gran parte de su tiempo por resaltar y enaltecer todo lo relacionado con el arte en su tierra vallenata.

Este humilde varón le abrió los ojos a este mundo terrenal el jueves 23 de marzo del año 1961 en el corregimiento de La Loma, municipio de El Paso en el centro del departamento del Cesar al norte del territorio colombiano. En el hogar conformado por Máximo Ruiz Palacios, quien alternaba las labores de sastrería y el trabajo en el campo, donde cultivaba la tierra y criaba ganado y otros animales de corral con los que sostenía a su familia y Francia Helena Ditta, costurera y ama de casa quien con su trabajo también apoyaba con la economía familiar.

Jorge Naín desde muy pequeño se caracterizó por ser inquieto en cuestiones musicales y desde la edad de 8 años ya sobresalía en la Escuela Mixta # 1 y 2 de La Loma, en donde hizo sus estudios primarios y despuntaba cantando versos de su inspiración que sorprendían a sus compañeros y maestros en los acostumbrados Centros Literarios, que eran una sesión de la clase de Lengua Castellana, dedicadas al análisis de obras literarias, talleres de lectura, poesía, declamaciones, dramatizaciones, creaciones de cuentos, música; entre otras expresiones artísticas que se hacían con el fin de incentivar en los niños la creatividad y el amor al arte. Más tarde y ya con casi 12 años se inicia en el canto al lado del maestro Domiciano López Romero un reconocido acordeonista de la región quien vio en este pequeño un talento para cantar y su nombre comienza a ser reconocido en su terruño y alrededores, su amor por la música vallenata continúa, pero sin dejar de lado sus estudios e inicia la secundaria en el Colegio Nacional de Chiriguaná (CANALCHI) y luego los termina en el tradicional Colegio Nacional Loperena de la ciudad de Valledupar en donde es más seducido por la música de Francisco el Hombre y es ahí aún siendo un adolescente en el año 1978 ocupa el segundo lugar en el concurso de cantantes del Festival Sagbini Valledupar.

Luego de este reconocimiento dos años después en 1980 le llega la oportunidad de grabar su primer trabajo discográfico como cantante titulado «Amor a lo Vallenato» al lado del reconocido acordeonista Miguel Ahumada, con tan solo 19 años en donde vinieron canciones de reconocidos compositores de la música vallenata como: Héctor Zuleta Díaz, Antonio Serrano Zúñiga, Alonso Fernández Oñate, entre otros y una canción de su autoría titulada «Ingratitud».

Luego de graduarse como bachiller se traslada a Bogotá, la fría capital colombiana, con el fin de continuar sus estudios universitarios, pero sin dejar de lado su amor por la música, la cultura y el folclor vallenato, por el contrario estar lejos de su terruño hace que ese amor creciera más y se dedicó a hacer presentaciones y calentar el ambiente de los bogotanos y los costeños radicados en esta ciudad multicultural, en tabernas, clubes y discotecas, algo que le generaba un ingreso económico para ayudarse con los gastos que acarrea una carrera universitaria, con mucha dedicación, sacrificio y ganas de salir adelante se gradúa en locución de radio y televisión en el Colegio Superior de Telecomunicaciones. Este «lomero inquieto» bautizado de esta manera por el escritor, investigador y folclorista Antonio José «Toño» Daza Orozco, empieza a involucrarse en otras facetas de la cultura vallenata y ya no solo se dedica al canto, sigue componiendo canciones y además de la primera que grabó con Miguelito Ahumada titulada «Ingratitud», otras agrupaciones vallenatas como la conformada por Jesús Manuel Estrada en la voz y el acordeón de Víctor «Rey» Reyes le grabaron «Te Arrepentirás», lo mismo que Los Embajadores Vallenatos: Robinson Damián y Ramiro Colmenares le llevaron al disco «La Tienda del Amor» y recientemente este año 2024 Horacio Mora, le grabó un tema de corte jocoso emulando las anécdotas del gran Enrique Díaz titulado «La Salchipapa».

Ruiz Ditta siempre tuvo claro, que el estudio sería parte fundamental de su vida y luego de su primer título universitario no paró e ingresa a la Universidad Santo Tomás de Bogotá y se graduó como abogado, luego Especialista en Derecho Administrativo de la Universidad Libre, Magíster en Docencia en la Universidad la Salle, Magíster en Periodismo Universidad del Rosario.

Regresa a su pueblo querido donde fue elegido como concejal en el período comprendido entre 1990 – 1992. Secretario de Gobierno y Alcalde encargado del municipio San Martín, Cesar.
Para esa misma época fue gestor y fundador del Festival de Canciones Samuel Martínez: un evento cultural que cada día tiene más seguidores y está más consolidado.

Regresa a Bogotá y creó la Fundación de Artistas Vallenatos y realizó el Festival Rafael Orozco entre los años 1994 y 1998, labor que alternaba con el ejercicio de su profesión en la Personería de Bogotá llegando a ser Personero Delegado, entidad en la que estuvo alrededor de 20 años.
Aparece una nueva faceta y es la de columnista en distintos medios de comunicación como: eltiempo.com, Diario El Pilón, Diario del Norte, Revista Kienyke, panoramacultural.com.co, entre otros.

Si algo ha sabido manejar y distribuir el Dr. Naín es su espacio, cosa que a muchos nos asombra, porque no es fácil repartirse en varias labores al mismo tiempo, es como si tuviera el don de la ubicuidad; es decir, estar presente en varios escenarios al mismo tiempo, pero ese gran amor, dedicación y pasión que tiene por lo que realiza lo hace multiplicarse.

Mientras se dedicaba a ser Asesor de Despacho del Registrador Nacional del Estado Civil o Asesor del Despacho de la Procuraduría General de la Nación, salía ganador en el concurso de canciones inéditas del Festival Samuel Martínez de La Loma, Cesar y del Festival de Acordeones del Río Grande de La Magdalena en Barrancabermeja.

A parte de columnista en distintos medios también ha escrito los libros: «Intimidades del vallenato actual», «Un acordeón en los cachos», «Vida y Obra de Julio Erazo Cuevas» y «La Personería en el posconflicto».
Como profesor fue docente universitario de pregrado de la facultad de Derecho en las universidades: Autónoma, Católica, Cooperativa Universitaria de Colombia y de posgrado en Especialización y Maestría en la Universidad Militar Nueva Granada.

Su pasión por cantar la música de Francisco el Hombre nunca se le acaba y es muy común escucharlo interpretando clásicos del cancionero vallenato en el calor de una parranda o en una grabación como lo hizo en el año 2016 en un trabajo discográfico titulado «Tributo al maestro de maestros», homenaje a Leandro José Díaz Duarte, donde tuvo el acompañamiento de destacados acordeonistas, que con sus notas engalanaron las sublimes melodías del «Homero del Vallenato», entre los que encontramos a Gonzalo Arturo «Cocha» Molina, Omar Geles Suárez, Victor «Rey» Reyes, Juancho de La Espriella, Rafael Ricardo, Julián Rojas, Hermides «Taty» Manzano y Jorge Rojas.

Este inquieto personaje fue jurado de la gran final del Festival de La Leyenda Vallenata concurso Rey de Reyes en el año 2017 donde salió triunfador Álvaro López Carrillo.
En el año 2020 fue premiado por el diario El Espectador y la Fundación Color de Colombia como Afrocolombiano del año.

Creador, director y presentador del programa de redes sociales «La Parranda de Naín» en donde entrevista a distintos invitados relacionados con la música vallenata, el cual tiene muchos seguidores y muy buena aceptación, por lo ameno y agradable. Este luchador y polifacético hombre de la cultura también tuvo un paso corto como repentista; es decir, verseador de la música vallenata, razón por la que se presentó en esta modalidad, en los Festivales de La Leyenda Vallenata en Valledupar y en el Cuna de Acordeones en Villanueva, La Guajira, ocupando honrrosos lugares (entre los seis primeros) .

Hoy en día el Dr. Jorge Naín Ruiz Ditta está gozando de su merecida pensión, radicado entre su pueblo, La Loma, Valledupar y Río Seco, pero sin dejar de lado sus actividades y el gusto por su cultura vallenata y el ejercicio de su profesión, porque aún es docente de posgrados de las facultades de Derecho en las Universidades del área Andina en Valledupar y de la Universidad Popular del Cesar y como si fuera poco es el actual presidente de tres organizaciones sociales que son: Corazón Caribe, que realiza el festival «Un Canto al Río» en Valledupar, Fundación Festival de Canciones Samuel Martínez de La Loma y Asociación de Verseadores de la Piqueria Vallenata (ASOVERSO).

Este visionario e hiperactivo hombre es lo que podríamos llamar un «Gestor Cultural» porque en la cultura vallenata se ha movido como pez en el agua en distintas de sus facetas y en todas ha sobresalido, porque siempre tuvo personas que creían en sus proyectos y demostró que trabajar en equipo no es sólo ir por un mismo objetivo, sino aprender sobre las habilidades individuales de los integrantes y encontrar la manera de que estos armonizaran con todos, a través de la comprensión, empatía y colaboración y de esta manera lograr el objetivo trazado.

Atte: Ramiro Elías Álvarez Mercado