Linnett Acebey despidió el 2025 con el Año viejo se vá, una obra que une a Colombia y Bolivia.

La cantautora boliviana Linnett Acebey cerró el año 2025 con una obra musical de su autoría e interpretada en su propia voz, titulada “El año viejo se va”, una canción que se consolida como un himno para despedir el año y que busca permanecer en el tiempo como un recordatorio de los mejores momentos vividos en cada etapa de nuestras vidas.

El video oficial fue realizado en dos escenarios, Bolivia y Colombia, resaltando la importancia de esta festividad tan significativa, cuando despedimos el año en compañía de nuestras familias y amistades, cargados de recuerdos, esperanza y gratitud.

“El año viejo se va” cuenta con la participación especial del acordeón del rey vallenato Beto Jamaica, aportando la esencia auténtica del folclor colombiano a esta emotiva producción. La canción fue producida musicalmente por Carlos Lengua, mientras que el video estuvo a cargo de CYVPROMUSIC y Terrigenos Films.

Desde ya, le deseamos el mayor de los éxitos a Linnett Acebey, reconocida como la pionera del vallenato en Bolivia, quien continúa dejando huella con su talento y su compromiso con la difusión de este género musical más allá de las fronteras.

Gustavo Gutiérrez sigue comprendiendo que lo más bello es regalar ternura

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Para sentarse a escribir sobre Gustavo Enrique Gutiérrez Cabello, cuando su vida se asoma a los 86 años, es necesario poner a cabalgar lentamente las palabras para que las arrope la poesía, apareciendo aquellos versos sensibles que pulió desde su juventud estando untados de melodías logrando nacer bellas canciones. Eso es lo que se llama un milagro dirigido desde el corazón del alma.

Ahora, ‘El Flaco de Oro’ poco habla, más medita porque su experiencia lo ha puesto a sentir de cerca el cariño de su pueblo donde la brisa fresca del ayer y ese glorioso canto ‘Rumores de viejas voces’, ganadora del Festival de la Leyenda Vallenata en 1969, lo hacen darle gracias a Dios por haberle concedido el talento justo a sus pretensiones.

En aquella ocasión cantó. “Recuerdo aquellas mañanas que por las calles se oían venir, canciones que con sus versos que al despedirse querían decir. Rumores de viejas voces, de su ambiente regional, no se escucharán los gozos, de su sentido cantar. Ya se alejan las costumbres del viejo Valledupar, no dejes que otro te cambie el sentido musical”.

Es así como por la vida del cantautor Gustavo Gutiérrez Cabello, navega una pesada carga de nostalgias, unida a todos los recuerdos de sus días de parrandas y de las historias de ese amado Valledupar que lo hicieron inspirar. En ese recorrido del sentimiento aparece la frase: “Gustavo Gutiérrez canta en Valledupar cuando sale el sol, nada compara ese encanto solo tu mirar, divino mi amor”.

Esa frase hace parte del vestido de la canción ‘Confidencia’, la misma con que comienza cada una de sus presentaciones en distintos escenarios. Eso lo conllevó a darle rienda suelta al pensamiento donde los besos de todos los días conformaron la más grande cadena de amor. Entonces fue más allá, pidiendo que esos besos fueran hasta la hora de la muerte.

Gustavo Gutiérrez con sus versos nunca engañó a nadie, sino que buscó las mejores estrategias para armar el crucigrama del encanto y envolver en un canto la sensibilidad de la vida. Esa vida que dibujó a su manera teniendo los hechos calcados en su memoria.

A lo anterior le añadió nobleza, talento, carisma y sus deseos de que Valledupar volviera a ser ese remanso de dicha y paz, amenizado con un acordeón o una guitarra, teniendo a su lado una voz romántica.

Es así como la canción ‘Confidencia’ daba y daba vueltas por el entorno y había que aterrizarla para contar su historia, donde no se medía la distancia porque el camino era largo hasta que llegó a morir en el silencio de un dolor en lejanía. Después, en ese mismo entorno nacieron ‘La espina´ y ‘Ensueño’. Él no se volvió a encontrar con la protagonista, pero al tiempo direccionó su corazón naciendo otras canciones ostentando el título de romántico y soñador. También, el sol del amor le resplandeció y atrás quedó el alma herida de aquel hombre solitario.

Así es. Todo sucedió allá por Valledupar donde se escuchaba un lamento triste y la noche era larga, pa’ sollozar. A él, los destellos del amor lo fueron acostumbrando a encontrarse con las penas y a conocerlas, pero también pudo borrarlas como lo hace la lluvia con las huellas.

Desde aquella ocasión el corazón de ‘El Flaco de Oro’ se enamoró mil veces para que los versos pudieran ser guiados por el viento, llegando a un bello paisaje de sol. Es más, se regresó al pasado y notó como las costumbres se iban muriendo en el recuerdo, y entonces las enmarcó en esa nostalgia del viejo Valledupar.

En un instante de su trasegar por la vida vallenata hizo un alto en el camino y dejó de componer, hizo más de 100 canciones, pero no de cantarlas porque ellas siguen siendo guiadas por su sentimiento. Ahora, los recorridos son cercanos, pero su voz tiene el encanto del hombre que libró diversas batallas dibujadas en versos teniendo mil razones y la guitarra, su eterna compañera. Evocando más recuerdos mencionó el momento más emotivo de su carrera, al recibir el homenaje que le tributó el Festival de la Leyenda Vallenata en el 2013. “Algo maravilloso que me llenó de alegría la vida al premiar mi talento y entrega a la música vallenata”.

Dejando mi huella

Cuando los días avanzan Enrique ‘Kike’ Gutiérrez, hijo del maestro Gustavo Gutiérrez, en días pasados lo sorprendió al entregar la producción musical ‘Dejando mi huella’, donde aparecen 17 canciones de su autoría.

“Quiero dar a entender que tengo casta musical y también seguir la línea de mi papá. Es el más bello homenaje al poeta y soñador que siempre he tenido en casa, y que me enseñó a amar la música vallenata. Es una gran responsabilidad continuar con su legado. Él está muy feliz con este proyecto musical que se encuentra en las distintas plataformas digitales”, expresó ‘Kike’ Gutiérrez.

Al cierre de la historia el poeta sonrió logrando navegar por el caudaloso río de la alegría, donde descubrió que la esperanza tiene forma de canto, el cual se sobrecogió ante su presencia. Felicitaciones maestro y siga regalando ternura, aunque no es fácil emularlo cuando el corazón se desgaja lentamente, el peso del destino sobrepasa la barrera del adiós y por las manos desfilan dos aves que llenan los ojos de aquella locura feliz.

Paremos la poesía, porque mañana vuelve a salir el sol mostrando un mundo sin límites, donde la música hidrata el pensamiento y los versos del maestro Gustavo Gutiérrez, se arropan con las sábanas de la vida.

VIAJE POR EL TIEMPO ENTRE CANTO Y POESIA

Hoy 12 de septiembre, la aurora se adentró en un rincón del alma colombiana aquel ‘paisaje de sol’ enardecido, abrió sobre la tierra y en el murmullo de los vientos, entre ‘Rumores de viejas voces’, se escucha la resonancia inmortal: un día como hoy nació la lírica historia de un hombre entrañable, querido por todos, el maestro GUSTAVO GUTIERREZ CABELLO.

Desde La Paz, mi pueblo, me uno a esta fecha que la memoria convierte, en celebración. Me inclino, con gratitud y reverencia, ante el poeta, el amigo, el colega, y evoco la travesía musical de mi paisano Jorge Oñate «El Jilguero de America» (Q.E.P.D), interprete predilecto y cómplice eterno de las canciones que nacieron del corazon de Gustavo.

Aveces me pregunto: ‘Como pudo terminar’ la grandeza de un hombre que partió en dos la historia del vallenato, para no seguir cantando las canciones de mi amigo tavo ‘No es mi culpa’, me respondió un día con serena ‘Inquietud’, sentado en el patio de su casa ‘Que la violencia no nos llegue al Valle’, porque ‘Valledupar tierra mía’ es la consentida de todos.
‘Ayayay’ ‘Sueña corazón’ ‘Mi nostalgia eres tú’.

‘Te quiero porque te quiero’ es sentir el palpitar eterno de un alma convertida en melodia. Y aunque el tiempo insista en que ‘Serás recuerdo lejano’ su esencia nunca fenece.

No ‘Lloraré’ porque un jilguero del cielo vino a decirme al oído ‘Vivo contento’, entonando ‘Morenita’ junto al Padre celestial. Y yo, con humilde devoción respondí : ‘Calma mi melancolía’. y aunque muchos afirmen que ‘El amor no es duradero’, al maestro Gutiérrez le “LLegó un amor’ para quedarse por siempre como ‘Cariño de madre’, que dibujó en nosotros un pentagrama inmortal.

En sus versos habita el tiempo. en sus canciones palpita la eternidad quien un día regaló al mundo la sentencia: el que esté golpeado por la vida que se enamore. Y yo como tantos me atreví a dictarle al corazón: ‘Enamorate’ .

Su legado es inmenso y luminoso veintidós obras musicales, cada una tallada en letras de oro. Su nombre está inscrito, con justicia y amor, en la leyenda histórica del Ruiseñor del Cesar, como el creador que mas canciones entrego a la voz inigualable de Jorge Oñate.

Hoy, el Romántico Gustavo Gutiérrez es motivo de jubilo. ‘El cariño de mi pueblo’, se eleva en aplausos agradeciendo el repertorio que trasciende en el tiempo que nos conduce, una y otra vez, a la hondura de lo humano.
Con emoción confiesa que Jorge Oñate fue el mejor intérprete de sus canciones, y con emoción aun mayor lo proclamamos nosotros: el vallenato encontró en ellos dos la conjucion perfecta entre canto y poesía.

Maestro Gustavo Gutiérrez, que Dios le conceda vida abundante, y conserve su condicion de ser ‘Sencilla y cariñosa’ para que sus versos sigan iluminando caminos y su música siga abrazando almas. Porque en cada acorde suyo, el tiempo se detiene, y la canción se convierte en plegaria, en memoria, en eternidad.

Feliz cumpleaños maestro Gustavo Gutiérrez Cabello. Salud y vida para usted, que hizo del vallenato un viaje infinito entre el canto y la poesía.

Por: Naima Luz Cotes Gutiérrez

Diomedes Díaz, artista de amores, dichos y cantos

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Aquel domingo 26 de mayo de 1957, día de San Felipe de Nerí y Santa Mariana de Jesús, nació Diomedes Díaz Maestre, exactamente en Carrizal, jurisdicción de La Junta, municipio de San Juan del Cesar, La Guajira.

Para llegar a este territorio se recorre un camino inhóspito que surcan dos ríos. A su alrededor, todo es dominado por animales silvestres, mientras que la brisa se pasea a sus anchas. El paisaje es acogedor, y todavía está la muestra de aquel lugar donde vino al mundo el artista más grande que ha dado la música vallenata.

Las medidas del vetusto rancho que acusa el paso de los años son de cuatro metros de ancho, por seis de largo; y aún se conservan los estantes, el techo de zinc y el piso agrietado.

En esa dimensión se encierra el tesoro que en aquel tiempo tuvo la pareja conformada por Rafael María Díaz Cataño y Elvira Antonia Maestre Hinojosa, quienes se abrieron paso con trabajo y dedicación, esperando que la vida les sonriera con su carga de 10 hijos: cinco hombres y cinco mujeres.

A pesar de que la estrella del futuro no alumbraba lo suficiente para Diomedes Díaz, con el paso de los años el joven pueblerino brilló con luz propia, y se convirtió en el artista que se impuso contra todos los pronósticos. Cantidad de veces lo vieron nadando contra la corriente, teniendo varias caídas hasta llegar a triunfar.

El primer amor

Precisamente en el recorrido por esa tierra guajira, apareció aquella mujer que fue la primera aventura de amor de Diomedes Díaz. Ella es Bertha Rosario Mejía Acosta, quien se mostró dispuesta a contar la historia. “Estando sentada en la caseta de Rosario Maestre, en La Junta, con motivo de los carnavales, sin darme cuenta, se me acercó y me estampó un beso en la espalda. Yo tenía puesta una blusa de canastica. Entonces le reclamé y me dijo que le había provocado porque yo le gustaba”.

Continuó llamando a los recuerdos. “Todo siguió de coqueteo en coqueteo y todo iba en aumento y cuando vinimos a darnos cuenta estábamos emparejados. Con decirle que él no podía llegar a mi casa y nos veíamos a escondidas porque mi mamá, (Eugenia María Acosta), no lo aceptaba, porque era un pelao parrandero y no le veía ningún futuro”.

Esos amores juveniles los destacó de la siguiente manera. “Fueron amores verdaderos con esa inocencia de antes, y que se hicieron más fuertes porque eran prohibidos. De esa unión nació Rosa Elvira, exactamente cuando el muchacho ‘Medes’, como yo lo llamaba, tenía 17 años, tres meses y 12 días de edad”. Hizo la cuenta precisa. Su hija escuchó el relato contenta y agradecida.

Los dichos de ‘El Cacique’

El artista devoto de la Virgen del Carmen dejó una estela de dichos que lo hicieron famoso a lo largo de su carrera artística. De esa cosecha, está el principal. “Como Diomedes no hay otro, ese nunca nacería, y si nace no se cría, y si se cría se vuelve loco”.

Después llegaron en serie. “Denme licor que la vida es corta y lo que no se nos va en lágrimas, se nos va en suspiros”; “Que vivan las mujeres, las dueñas de los hombres y las que nos ponen a trabajar”; “Estoy más contento que un muchacho en recreo y con el raspao en la mano”; “Denme licor que el agua es pa’ las matas”; y “Mátame guayabo, ya que el amor no pudo”, entre otros.

También muchas veces le formularon preguntas sueltas y con su inteligencia natural, contestaba. “A mi me gustan las mujeres feas porque muchos no las miran, en cambio a las bonitas, sí”. Siguiendo con el tema, señaló. “Me llaman la atención las muchachas del servicio doméstico. Ellas son buenas, nobles y sanas”.

Diomedes Díaz, sentó catedra del amor a la familia. “A los hijos hay que quererlos, a los hijos hay que cuidarlos. Porque el hijo siempre es hijo, salga bueno o salga malo”. De igual manera, dijo que la envidia era una enfermedad incurable como el cáncer. “Hay envidiosos con estilo propio y les luce”.

En medio de las historias que tuvieron ocurrencia en la vida de Diomedes Díaz, sobresale el cariño a su fanaticada hasta regalarles una canción. “Toditas mis canciones siempre se refieren al amor, pero esta vez mi inspiro pa’ cantarle a mi fanaticada. Porque un artista solo, no puede conservar su valor y hay que reconocer que ninguno nace con fama. Por eso yo con mi fanaticada, siempre contento vivo cada día, cantándoles bonitas melodías, de esas que yo compongo con el alma”.

Dos canciones

El talento innato de Diomedes Díaz, lo llevó a componer una serie de canciones donde los hechos de su vida eran los protagonistas. Incluso, le hizo una canción a su primera cana, noticia de su vejez.

A Rafael Orozco, le correspondió cantarle el tema ‘Cariñito de mi vida’, (1975), haciendo hizo un paseo por la naturaleza cuando el amor se asomaba en su pensamiento. «Ay, en tiempos de invierno a las montañas, las cubren las nubes en la cima, y se reverdecen las sabanas, se colma la fauna de alegría. Y se alegra el campesino, la esperanza lo emociona. Y yo entre más días te deliro, en invierno y verano ando ahora«.

Después gustoso Iván Villazón interpretó el tema ‘La sombra’, (1987) donde ‘El Cacique de La Junta’, pudo fotografiar en palabras ese instante de la inspiración. “Cuando he mirado mi sombra yo la comparo tal como soy. O de pronto será el sol que me dibuja en la tierra. Pa’ que comprenda que ella, siempre será lo que soy, y que de pronto me voy, y ni la sombra me queda”.

Así era el hijo el hijo de Rafael y Elvira, quien trazó su sendero desde aquellas mañanas frías en el pueblo de La Junta, donde el viento regalaba aromas lejanos y nacían los primeros versos que el pentagrama vallenato tiempo después recibió con los brazos abiertos. Diomedes, por siempre.

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Omar Geles, el  hijo que desde niño regaló alegrías



Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

Estar cerca a la mujer que llora por ratos, pero no demora en reír por los recuerdos felices de su hijo Omar Antonio Geles Suárez, es algo que desborda el sentimiento. Es palpar el amor de una madre tocada por la bondad de Dios y paseándose por aquella época donde las dificultades eran el pan de cada día.

Ella es Hilda Suárez Castilla, nacida hace 88 años en Mahates, Bolívar, la cual  con fe y esperanza nunca claudicó ante las adversidades. Al contrario, soñó con vivir la vida siendo toda una reina premiada con cantos.

Precisamente, su hijo le regaló no uno sino dos, siendo el titulado ‘Los caminos de la vida’, el cual tuvo la mayor fuerza del amor maternal y las vivencias unidas al corazón que continúa recorriendo el mundo en 34 versiones, siendo la primera grabada por Los Diablitos (Jesús Manuel Estrada y Omar Geles) en el año 1993.

Hilda Suárez, La mujer más dichosa del mundo, como lo señala, de esta manera recuerda aquella historia. “Cuando escuché la canción lloré, porque en pocos minutos Omar contó el trabajo que pasé para criar a mis hijos. Respecto a la ausencia del papá, lo dejé porque quería tener dos mujeres y así no era. Por eso luché para sacarlos adelante y hoy tengo unos hijos agradecidos. Esa canción le ha dado la vuelta al mundo. Es un tanganazo”.

Se quedó reflexionando y después comentó. “Imagínese que un presidente de México, no me acuerdo el nombre (Andrés Manuel López Obrador), en pleno discurso que pasó la televisión, pidió que le pusieran la canción ‘Los caminos de la vida’, porque era un ejemplo de salir adelante, así las cosas no estuvieran bien”.

Esa canción la compuso Omar Geles en el año 1992 al recordar las dificultades de la niñez donde su mamá era la heroína valiente, trabajadora y capaz, cuyo propósito era sacar adelante a su familia. La canción logró meterse en el alma de todos hasta convertirse en himno universal.

De esa dimensión es Hilda Suárez, la mujer quien no olvida los tropiezos donde no se podían aumentar los sueños a la carrera, tampoco vencer el desaliento al tener el viento en contra, pero sacó fuerzas de voluntad y al final cantó victoria.

Ella de esa manera aportó la mejor estrofa para que su hijo Omar, hiciera la célebre canción valorando la belleza de las cosas simples y siendo la mamá que construyó su destino con bases sólidas. Ahora, para ella los días son eternos teniendo que vivir noches acompañada de penas, sabiendo que la vida es una posada en el camino.

El compositor

“El pensamiento de mi hijo eran letras y música, por eso hizo cantidad de canciones. Era un genio”. En eso enmarcó Hilda Suárez, al Rey Vallenato del año 1989, dando cuenta de horas y horas concentrado en su oficio. “Cuando estaba en eso no le gustaba que lo molestaran porque le interrumpían la inspiración. El amor por el vallenato fue eterno y eso le sirvió para destacarse en su arte”. Ella, recalcaba sus palabras para que quedaran dos veces en la grabación.

De un momento a otro cambió de tema y al ver el afiche promocional del 58° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a su hijo, se puso triste y lloró. “No me acostumbro a su ausencia. Es algo dificil porque significó mucho para mí por sus múltiples detalles. Me decía palabras lindas, me abrazaba, me daba la comida en la boca y como yo me dedico a hacer pasteles, me propuso que los vendiera más caros. La idea era ponerle una presa de carne más grande. Pasaron de 15 a 20 mil pesos, y se venden bastante”.

En un momento el silencio escondió la charla dentro del entorno de las añoranzas porque Omar Geles logró con pasión sus objetivos, comenzando como acordeonero, después compositor y finalizó como cantante. Luchó y ganó con determinación, recibiendo los aplausos necesarios para perpetuarse en el folclor. Después a ella, la felicidad al hablar de su hijo le iluminó el rostro.

Durante el diálogo narró una anécdota cuando su hijo siendo muy niño hizo una presentación en el Festival de la Leyenda Vallenata. “Omar tenía como seis años y subió a la tarima a tocar su acordeón. Entre los invitados estaba la cantante Claudia de Colombia. Ella al verlo tocar se emocionó. Después, un periodista le preguntó sobre lo mejor que había visto en el festival. Enseguida dijo que un pelao negrito la sorprendió tocando su acordeón”.

También contó sobre el hecho de Omar Geles aprender a tocar acordeón fue una bendición de Dios. “Esa historia es conocida cuando Roberto (Geles), le compró un acordeón a su hijo Juan Manuel, pero no quiso aprender a tocarla, en cambio Omar se enamoró de inmediato de ella y vea donde llegó. Dice el dicho, que al que le van a dar le guardan”.

Amor de madre

Al final Omar Geles la hizo protagonista de una nueva canción que tituló, ‘Lo que vivió mamá’, donde nuevamente cantó la realidad. “Hoy recuerdo cuando a mi mamá le cortaban los servicios, y salía con un balde a buscar agua donde los vecinos, y algunos le decían que no. Ay, pero mi vieja berraca, le puso el pecho a la vida, al mismo tiempo fue papá y mamá, cuando se quedó solita”. Dos canciones que encierran el amor hacía una madre, de ese hijo que le regaló alegrías desde niño.

Cuando se iban agotando las palabras, Hilda Suárez regaló una frase de esas que dicta el alma cuando el corazón está en línea recta. “Hijos, hijas, por favor quieran a sus madres, porque ellas siempre están llenas de ternura y nunca se cansan de amar”… Ella se quedó meditando y agradeciéndole a Dios porque le regaló a ese hijo, quien hasta sus últimos días la acompañó por los caminos de la vida donde quedaron cientos de huellas que marcaron la dirección correcta.