Con grandes expectativas se realizó el lanzamiento musical de la canción «Un Cielo de Mil Colores» a través de Estampas Vallenatas con la dirección de la periodista Belinda Olano Barrera, una obra musical del compositor Jairo Corcho Pérez con la gran interpretación del destacado artista Jorge Luis Ortiz acompañado del acordeón de Juan José Granados.
Una canción que transmite un sentimiento en esta época propicia para la Navidad cuando Unidos en familia rescatamos el verdadero significado de estas fiestas de fin de año.
El compositor Jairo Corcho Pérez le puso el alma y el sentimiento a esta gran inspiración transformándola en una canción que toque los corazones en esta Navidad. Invitando los cordialmente a disfrutar del video lyrics a través de YouTube Jairo Corcho Compositor.
Esta canción grabada inicialmente por Guillermo Buitrago, en el año 1947, la cantaron los artistas Carlos Vives, Julio Iglesias y Paloma San Basilio, llegando a tener 269 versiones. Hace 18 años se despidió de la vida-
Víctor Manuel Ramírez Pantoja nace un 29 de diciembre de 1956 en Cali, Departamento de Valle del Cauca, Colombia en el hogar conformado por sus padres Luis Alberto Ramírez y María Teresa Pantoja de Ramírez.
En su entorno familiar está casado con Fabiola Franco en un hogar conformado por sus cuatro hijos. De profesión Técnico Automotriz egresado del Sena con su taller independiente en la ciudad de Cali.
Victor Ramirez hereda el amor por la música de acordeón de su padre quién desde niño vió reflejado en él ese hermoso arte, desarrollando con el tiempo el talento para cantar, componer y tocar el acordeón.
Sus inicios en la música fueron en los años 90 representando como manager a Nelson y sus Estrellas y a su vez haciendo coros, siendo de gran satisfacción hacer parte de esta agrupación ya que pudo presentarse en diferentes giras internacionales.
«Un pintor pinta sus cuadros sobre lienzos. Pero los músicos pintan sus cuadros en el silencio»: Leopold Anthony Stokwski (músico y director de orquesta británico).
Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado
La música es una de las más apasionantes disciplinas artísticas a las que puede dedicarse el ser humano. La misteriosa esencia de su lenguaje o el reconfortante arrullo de su eco sonoro son algunas de las innumerables causas que nos lleva a reflexionar acerca de ella y su enigma, con la cual conseguimos muchas veces que la mente se despeje de inmediato y le demos rienda suelta a la imaginación.
La motivación es el valor que se le otorga a una actividad la cual queremos realizar; cuyo vocablo proviene del latín «motio» que significa movimiento; es decir, que es el impulso que cada uno de nosotros siente para alcanzar aquello que anhelamos. Precisamente esto fue lo que llevó a Leopoldo Durán Quiroz a convertirse en un destacado compositor de la música vallenata. Este humilde varón más conocido en el mundo artístico vallenato como «Leo Durán» nació en Tamalameque: un pueblo de historias, leyendas y culturas, que encierra un universo mágico enclavado en la margen derecha del río Magdalena y perteneciente al departamento del Cesar, el día sábado 3 de febrero de 1962. Hijo de Armando Durán Castilla y Dionisia Quiroz Crespo.
Hablar de Leo, es hablar de esos compositores invisibles pero invencibles que hay en la música vallenata. «Invisibles» porque muchas veces a pesar de lo buena y lo exitosa de sus obras musicales son poco reconocidos e «invencibles» porque le tocó una vida muy difícil ya que tuvo que levantarse sin sus padres quienes lamentablemente fallecieron siendo él un infante de escasos 3 años de edad y por ello, fue criado por su abuelos maternos: Margarita Crespo y Remigio Quiroz, en el corregimiento de Santa Teresa, perteneciente al municipio Regidor, en el sur del departamento de Bolívar; fueron ellos los encargados de inculcarle buenos valores y convertirlo en un hombre responsable y de bien.
Durán Quiroz a pesar de la falta de sus padres fue un niño que se volvió fuerte y creció con un caparazón que lo protegió y lo convirtió en un hombre batallador. Su vena artística es heredada por parte de los Quiroz, su abuelo Remigio era tamborero y sus tías cantaoras y bailadoras de bullerengue, la música fue un bálsamo que le dio alivio a su sufrida infancia. Él presentía que tanto sufrimiento sería recompensado en la vida y fue así como se enamoró de la música vallenata escuchando y cantando todas esas canciones clásicas por las polvorientas calles del pueblo Santa Teresa, terruño por el que siente un amor y una gratitud inmensa, seducido por esos bucólicos y majestuosos paisajes, donde la conexión con la flora y fauna es una manera de afianzar el contacto con la naturaleza. Dejándose impresionar por su belleza y sentirse parte de ese mundo maravilloso formados por la ribera del río Magdalena y el Brazo de Papayal que cruzan parte de esos exóticos territorios; esas canciones repletas de poesía y costumbrismo borraban de su rostro la tristeza y la melancolía de su sufrida infancia.
Leo tuvo el carácter para convertir un remolino de tristezas en un mar de felicidad y todo esto se lo debe a su arte musical. Poco a poco fue desarrollando el gusto por hilvanar versos y crear melodías inclinándose por las canciones y el estilo musical del gran Hernando José Marín Lacouture, maestro al que siguió, admiró y respetó. Ese hecho de plasmar en letras y ponerle melodías a los aconteceres diarios que vivía y le llegaban a su imaginación era una forma de desahogarse y darle rienda suelta a ese sentimiento que llevaba por dentro, fue clave para que en el año 1987 le llevaran a la grabación su primera canción titulada ‘Soy Parrandero’, interpretada por Patrick Díaz y Lucky Sarmiento en un trabajo discográfico titulado ‘Mundo de Amor’; luego, en el año 1988 tuvo la dicha que el dos veces Rey Vallenato de San Juan de Nepomuceno (Bolívar), Julio César Rojas Buendía, con la voz de Miguel Herrera le grabaran la canción titulada ‘Que mal me pagas’, en el trabajo discográfico titulado ‘La pareja ideal’. Y así comienza escribirse la historia de un compositor luchador que supo ir convirtiendo la adversidad en dicha y prosperidad.
-Murió la educadora y compositora a quien sus nietos llamaban ‘Chenchita’, dejando una enseñanza de reconciliación, esa que divulgó hace 28 años desde la tarima ‘Francisco El Hombre’ de la plaza Alfonso López de Valledupar-
Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv
La noche del domingo 30 de abril de 1995 la educadora y compositora nacida en Santa Marta, Hortensia Segunda Lanao de Rozo, cuando contaba con 67 años, se convirtió en la primera mujer en ganar el concurso de la Canción Vallenata Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata, competencia que ostentaban los hombres desde 1969, iniciando con el cantautor Gustavo Gutiérrez Cabello.
Precisamente, sobre la tarima ‘Francisco el Hombre’ de la Plaza Alfonso López, y como lo hacía en sus años de docente, ella dictó en cuatro minutos y 30 segundos la clase que tituló con una pregunta: ¿’Qué hago Señor’? En ese canto puso en primera fila su inmensa tristeza por el asesinato del dirigente político Milciades Cantillo Costa.
Aquella historia de la canción comenzó, cuenta su hija y fiel compañera Rocío Rozo Lanao, cuando acongojada se hizo el interrogante sobre qué hacer ante la violencia que se adueñaba de Valledupar y la región. Para darle salida a su inquietud en una hoja de cuaderno escribió los versos, a los cuales les fue dando forma hasta que en poco tiempo estuvo lista con su propia melodía.
La inspiración a esa mujer llena de talento y virtudes, la sorprendió una tarde a comienzos de aquel mes de abril. Desde ese momento fueron saliendo muchas frases llenas de dolor, de sentimiento y de paz que ella supo unir con fe, corazón y lágrimas para que rimaran y al cantarla llevara el mensaje adecuado. Más que todo, la suya era una oración.
“Al componer la canción, a mí mamá la animaron para que la inscribiera en el Festival de la Leyenda Vallenata. No lo pensó mucho porque era el escenario preciso para dar cuenta de aquel hecho triste. La inscribió y con mucha fe esperó el momento de su selección e interpretación. Cada vez que se cantaba llamaba la atención hasta llegar a la final”, manifestó su hija Rocío.
Tristeza y reflexión
Esa noche vallenata cuando se sabría quien ganaría entre los cinco finalistas del concurso, ella fue vestida de rojo para no estar de luto, como si lo estaban los versos de su canción. Tuvo la serenidad necesaria y volvió a estar llena de fe hasta cuando el jurado le otorgó el primer puesto. Era la primera Reina de la canción en toda la historia del Festival de la Leyenda Vallenata. Ese año se inscribieron un total de 234 canciones.
Después del triunfo, sus primeras palabras fueron para darle gracias a Dios porque su mensaje musical lleno de tristeza y reflexión había logrado el objetivo. Agradeció a los intérpretes, especialmente a Erick Escobar y Nayit ‘Nayo’ Quintero, cantante y acordeonero, respectivamente, quienes supieron darle la medida justa.
La canción da cuenta de aquellos días que se vivían cuando el sol sonreía y la luna brillaba, pero de repente apareció el luto borrando los momentos de felicidad. Todo era incertidumbre, tristeza y miedo. Entonces, la compositora rodeada de la desesperanza miró al cielo buscando la salida de ese camino incierto. “Es mi pueblo, pueblo de mis ensueños, ese que tanto quiero y hoy veo sufrir. Ya no soporto tantas desdichas, las injusticias que hacen llorar”.
El cantante y corista Erick Escobar recordó aquellos instantes. “Hortensia, mujer cariñosa y educadora, llena de grandes virtudes, me confió su canción que narraba un hecho real, donde hacía un llamado a regresar a la paz que se había perdido. El mensaje pretendía desterrar la violencia de este territorio y en ese sentido el jurado copió el mensaje dándola como ganadora”.
La mencionada canción ¿’Qué hago Señor’? Erick Escobar y Nayit ‘Nayo’ Quintero, y su agrupación ‘La decisión Vallenata’, tres años después la llevaron a la pasta sonora con total aceptación.
‘Chenchita’
Hortensia, quien era madre de siete hijos (Rosalba, Ramona, Rosa, Carlos, Ruby, Rocío y Ricardo Rozo Lanao), a quien sus nietos le decían ‘Chenchita’, al cabo de algunos años decidió tomar los caminos de Dios. Atrás, quedaron esas canciones de realidades y tristezas pasando a convertirse en alabanzas. En el círculo divino puso su corazón. “Desde que conoció el amor de Dios, todos sus versos los direccionó en ese sentido”, anotó Rocío.
De esa manera, comenzó a componer cantos cristianos como el titulado: ‘Perdón’, donde expresa. “Oh Señor, te amo tanto mi Jesús, el que nos mira con amor, ese eres tú. Yo te pido Padre mío con anhelo, que derrames bendiciones desde el cielo, y nos llenes de tu amor con plenitud. Perdónanos Señor, por permitir que haya errores tan grandes en la tierra. Ayúdanos, mi buen Jesús a discernir tu voluntad y caminar sobre tu senda”.
La historia festivalera reseña que hace 28 años ganó con honores Hortensia, la querida dama noble y buena. De ella quedaron sus enseñanzas como directora de la Concentración Escolar Santo Domingo de Valledupar, la pasión por la música y la poesía.
Al cumplir sus propósitos en el campo de la música y la educación, llegó el momento de la quietud obligada en su hogar, ubicado en la urbanización Oriente de Callejas en Valledupar, hasta que Dios decidió llamarla a su santo reino.
En ese sentido su hija Rocío Rozo Lanao, señaló. “Mi madre siempre buscó desde sus cantos la paz, la alegría y la salvación. En sus últimos días nuestra ‘Chenchita’, no caminaba, estaba con la mirada casi fija y las palabras en su mente, como queriendo devolver el tiempo, dándole Dios la paz que sobrepasa todo entendimiento”.
Los pasos del destino la tuvieron llena de silencios, con sus años cargados de olvido y solamente a través de su mirada auscultaba a su alrededor, donde era esa Reina que en versos dictó desde una tarima la mejor clase musical. Esa clase se cantó ante miles de personas, y lo mejor es que todavía no ha perdido vigencia. “Miro al cielo buscando la salida de este camino incierto para vivir. Es mi pueblo, pueblo de mis ensueños, ese que tanto quiero y hoy veo sufrir”…
El destino marcó la partida a sus 95 años de Hortensia Lanao de Rozo, esa dama que dejó su historia cantada donde la tristeza se adueñó de todo ante el último adiós, palabra amarga, pero verdadera, porque por el mundo se cruza como ave de paso. A ella, nos unieron los lazos eternos de la música vallenata, y ahora sin pedir permiso los acordeones lloran cuando una voz a lo lejos pregunta: ¿Qué hago Señor?…
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Canción de Hortensia Lanao de Rozo, ganadora del Festival de la Leyenda Vallenata en el año 1995, interpretada por Erick Escobar y Nayo Quintero