Hochiminh Vanegas Bermúdez: el cantautor de la espiritualidad en la música vallenata.

«La música es una armonía agradable para el honor de Dios»: Johann Sebastián Bach (compositor, músico, director de orquesta y profesor alemán).

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado.

La buena música es un poder que llega de forma directa hasta el alma del individuo; viene a ser un mensaje de corazón a corazón: del corazón del compositor para impactar el corazón de otra persona, es un poder que puede influenciar y promover grandes movimientos en el mundo, que permite reforzar los valores morales, éticos y espirituales de la humanidad.
Algunas frases que encontramos en las canciones nos recuerdan que este arte es una bella expresión del espíritu que nos transforma positivamente, disipa muchos sentimientos negativos y hace que nos sintamos acompañados.
En la música vallenata hay un cantautor que le tocó batallar mucho, para poco a poco ir logrando un espacio en este competido mundo, algo que ha hecho por ser un hombre de fe, con lo cual entendió que Dios y la espiritualidad están por encima de las derrotas.
Hago referencia a Hochiminh Vanegas Bermúdez, cuyo nombre es de origen vietnamita: HO-CHI-MINH, que significa «el que trae la luz o el que ilumina», nombre del líder vietnamita que los liberó del yugo francés y el de los yankees. Desde muy pequeño fue llamado por sus padres, familiares y vecinos como «Hochi» abreviatura de su nombre, nació el 25 de septiembre del año 1970 en Valledupar, Colombia, «La capital mundial del vallenato» en el sector conocido como Calle La Garita. Hijo de padres guajiros: su madre Gladys María Bermúdez Bracho, modista y ama de casa oriunda del caserío Los Pozos, y su padre Saúl Darío Vanegas Castro, nacido en El Tablazo, ambos caseríos pertenecientes al municipio de San Juan del Cesar (La Guajira); su progenitor se desempeñaba como funcionario del ICA (Instituto Colombiano Agropecuario), trabajaba en la parte de radioteléfonos y comunicaciones con las diferentes sedes y fincas de la organización; de allí salió pensionado.
Oficio que alternaba con el gusto por la música vallenata de la cual era un buen compositor. Canciones de su autoría como: ‘Conoci la pena’, grabada por Los Embajadores Vallenatos (Robinson Damián y Ramiro Colmenares); ‘Estás Equivocada’, grabada por Édgar Peñalosa y Las Estrellas Vallenatas; ‘Grandeza de un amor’, grabada por Beto Martínez y Miguel Ahumada; ‘No te enojes negra’, grabada por Beto Martínez y Luis Enrique Martínez Argote, entre otras, que hacen parte de su repertorio musical. Vena artística que fue heredada por su hijo Hochiminh, pero también la heredó por parte de su progenitora Gladys quien tiene talento para la composición de donde surgieron algunas rancheras muy sentidas y unos merengues vallenatos; lo que quiere decir que en su casa se respiraba un ambiente musical, razón por la cual desde niño mostró inclinación por la creación de letras y melodías. Hochi hizo sus estudios primarios en el colegio Colombo Inglés y la secundaria en el tradicional colegio Nacional Loperena, ambos de Valledupar.

Criado entre la ciudad de los Santos Reyes y La Guajira cosa que hizo que su infancia estuviera rodeada de música vallenata en barrios tradicionales como el Cañaguate y el Barrio Obrero, muy cerquita de la reconocida plaza «Alfonso López» en donde los sonidos embrujadores y seductores de los acordeones,cajas, guacharacas y guitarras era como el pan de cada día, estas experiencias cotidianas combinadas con las vacaciones escolares que vivía en la cultura guajira en poblaciones como: Fonseca, Villanueva, San Juan del Cesar, Cañaverales y los Haticos, entre otras, escuchando canciones de sus ídolos en la música vallenata, maestros por los que profesa una gran admiración y respeto tales como: Leandro Díaz, Gustavo Gutiérrez, Rafael Manjarrés, Hernando Marín, Marciano Martínez, Rosendo Romero y otros de una nueva camada que siguieron esa senda del vallenato lírico, con contenidos poéticos, filosóficos muy profundos o lo que yo denomino como la palabra bien dicha en los cantos vallenatos en donde sobresalen Fernando Dangod Castro, Hernán Urbina Joiro, Jacinto Leonardi Vega Gutiérrez, lo llevan a convertirse en un cantautor de la música vallenata y de otras expresiones musicales del Caribe colombiano.

Aprende a interpretar guitarra y el canto de manera empírica, como lo hicieron esos grandes exponentes de la música vallenata que pusieron en un pedestal muy alto esta bellísima expresión musical, folclórica y cultural. Acompañado de sus amigos de infancia, con los que se bañaba en el río Guatapurí y jugaban fútbol: otra de sus pasiones, conforman una pequeña agrupación con la que hacían presentaciones en las semanas culturales del colegio, serenateaban a hermosas quinceañeras y primeras conquistas amorosas, lo mismo que a las madres de sus amigos en fechas especiales.

Luego viene un episodio muy doloroso en la vida de Hochiminh y es la separación de sus progenitores y suceso que afecta la economía familiar, por lo que él debe abrirse paso en la vida realizando distintos trabajos desde la adolescencia: venta de rifas, chances (bolitas, también le dicen en otras regiones), arreglos de zapatos y bolsos para ayudar con los gastos en su hogar, pero sin dejar de escribir y cantar sus vivencias y es así cuando llega su primera inspiración titulada «En el Senderito» una canción que estuvo perdida por muchos años y que rescató en el año 2023 revisando libretas y papeles viejos que uno siempre tiene guardados en el baúl de los recuerdos, y es precisamente cuando llegó a sus manos una hoja de cuaderno amarillenta por el inexorable paso del tiempo y la sorpresa agradable que se llevó fue la letra de una canción que al leerla llegó ipso facto a su mente la melodía. Tema con un sentir a pueblo maravilloso que lo trasladó a su infancia y a los senderos que de niño caminó en La exótica Guajira y el Cesar el manantial de Cañaverales, los caminos rodeados de naturaleza, el inmenso cielo azúl, las aguas frescas y cristalinas del rio Guatapurí. Después de esa primera inspiración le llega un segundo canto titulado «Simulación» una canción de despecho y un poco de rabia e impotencia, fruto de una desilusión amorosa de las que normalmente vivimos en nuestra etapa de juventud En el año 1988 se gradúa como bachiller y un año más tarde se presenta para prestar el servicio militar en la Primera División de Santa Marta. La añoranza, la falta del calor de hogar y la tristeza por no poder compartir con su novia el primer aniversario de la relación fueron fuentes de inspiración y compone una canción titulada ‘Mensaje en el Viento’ la cual interpretaba junto a su amigo en la milicia Javier Vega en los momentos de descanso en la agitada vida militar.

A finales del año 1990 después de haber terminado su servicio militar vuelve a Valledupar siendo Subteniente de Reserva y con la medalla «Juan Bautista Solarte Obando» que se le otorga al mejor soldado del contingente. Ingresa a la Universidad Popular del Cesar y hace dos semestres de Contaduría Pública carrera que tuvo que interrumpir por motivos económicos. Buscando mejores condiciones de vida su hermano mayor se traslada Bogotá y lo llama diciéndole que en la fría capital colombiana habían oportunidades laborales y posibilidades para estudiar, y fue así como «Hochi» empaca maletas y se despide de su madre, novia, amigos y de su Valledupar del alma y se radica en Bogotá. En medio de la agitada vida de la gran ciudad su alma y corazón siguen anhelando los sonidos de la música de su tierra, empieza a plasmar versos y melodías describiendo añoranzas, esperanzas, vivencias, aventuras y mucha espiritualidad en relatos y cantos vallenatos, lo que da forma a un compendio importante de canciones con la firme convicción de engrandecer y hacer un aporte significativo a la música vallenata.

Con mucho esfuerzo y dedicación se gradúa como Tecnólogo en Sistemas de la Corporación Tecnológica de Bogotá y luego homologó en la UNAD (Universidad Nacional Abierta y a Distancia) donde finalmente se convirtió en Ingeniero de Sistemas. Comienza a ejercer su profesión en el Banco Caja Social ocupando el cargo de Técnico de Soportes, donde también conoce al amor de su vida y musa inspiradora de varios de sus cantos, Olga Lucía Gómez Suárez de familia Boyacense, nacida en Chía (Cundinamarca) y criada en Bogotá, canciones como: ‘Enamorado’, ‘Creo que me gustas’, ‘Nenita linda’, ‘Sueño’, ‘Tu me fascinas’ ,son muestras del amor que siente por su esposa fruto del cual nacieron dos retoños: Ekii y Yeray, cuando le pregunté el porqué de esos nombres me respondió: «Ekii es una expresión Wayuu que significa «principio, origen, la cabeza del grupo», quise conectar con mis raíces guajiras. Yeray es una expresión de las Islas Canarias que significa «Grande y Fuerte».

Para Hochiminh todos sus caminos y vivencias han sido fuentes de inspiración para componer, por ejemplo: la madre, una hermosa mujer, los hijos, un gran amor, la frescura y belleza de la naturaleza, la amistad, Dios nuestro creador, la tierra y como la mayoría de los compositores los recuerdos son el alimento que aumentan su inspiración. Sentimientos que podemos encontrar descritos en temas como: ‘Sueño de amor’, ‘Atardeceres de sentimientos’, ‘Motivo de regreso’, Canto a mamá’, ‘Mensaje en el viento’, ‘Soy mujer’, ‘Amiga’, entre otras. Vanegas es un compositor al cual se le puede apreciar un altísimo contenido espiritual, estético, amor y reconciliación por su cercanía con el creador del universo, es un hombre creyente muy agradecido de Dios y la vida algo que siempre es su fiel reflejo.

Con más de 120 canciones compuestas y un poco cansado después de compartir por mucho tiempo sus composiciones con diferentes artistas del género vallenato y sin obtener respuesta alguna decide desarrollar un proyecto musical, con el fin de presentarse ante el competido y difícil mundo vallenato y los medios de comunicación como «Hochi Cantautor Vallenato», bajo la dirección de Carlos Lengua, reconocido productor y músico, el acompañamiento del versátil acordeonista Fredy Quintana, graba y nos muestra a los amantes de la música vallenata un trabajo discográfico titulado ‘No lo dudes más’, un proyecto musical social que incluye 20 canciones de su autoría. Pero como dice el viejo y sabio adagio popular «el que persevera alcanza» y ya se están viendo los frutos de su trabajo y varias agrupaciones le vienen grabando sus canciones. Vanegas Bermúdez es un cantautor que admira y respeta profundamente la creatividad y el arte razón por la que en la creación musical no se encasilla en un solo género musical, es un compositor versátil que con la misma facilidad puede componer vallenato, bolero, salsa, balada, tambora, chandé y aunque su guitarra bendita lleva su sentir vallenato, le surgen ritmos y melodías diferentes, tipo boogaloo y otros afrocubanos; es decir que lo que nos viene mostrando hasta ahora en sus grabaciones es solo la punta del iceberg de su amplio repertorio musical, en esta línea creativa tiene como referentes a los maestros Calixto Ochoa Campo, Romualdo Bruto López y el mexicano Juan Gabriel.
En este loable ejercicio hecho a pulso de presentar sus canciones al mundo «el cantautor de la espiritualidad» con el apoyo de los angeles que según él Dios pone en su camino, ha descubierto capacidades creativas para el diseño gráfico; es decir, elabora sus vídeos y las estrategias de promoción y marketing de su producto musical, todo esto sumado al estudio, la práctica y escuchando a tantos gurús que existen en los medios y comparten sus conocimientos y experiencias en internet.
Ha hecho colaboración con amigos compositores, donde grabaron dos canciones en el proyecto musical «Mi Casa Vallenata» , ‘Gaviota Blanca’ coautoría con Fredis Aquiles y ‘Seguiré tus Pasos’ coautoría con Edwin «El Makina» Altamiranda Mercado, canciones interpretadas por los hermanos Guadis y Rodolfo Carrasco.
Fray Núñez le grabó dos canciones tituladas ‘Lloraré, Llorarás’ y ‘Como Ayer’. Una joven cantante Erika Berrío hija del cantautor «Pupy» Berrío le graba una bella canción de corte romántico titulada ‘Eres’, distintas agrupaciones se siguen interesando por sus composiciones y Los Hijos de Urabá le graban un paseo en donde sale a flote su espiritualidad titulada ‘Los Planes de Dios’ en donde conjuga hábilmente la palabra de Dios con frases de amor.
Recientemente ha lanzado dos canciones con el valor agregado de la participación del Rey Vallenato 2006 Alberto «Beto» Jamaica en el acordeón que con su experiencia, consejos y calidad interpretativa le dio un toque distintivo a ambas canciones, una titulada ‘Matrona de Mi Tierra’ un Chandé con el que se le rinde un sentido homenaje a esas mujeres valientes, altruistas y comprometidas que dedican su vida al servicio de los demás, y un paseo vallenato de esos que nos hacen recordar esas décadas doradas de la música vallenata como lo son: los ochentas y los noventas titulada ‘En El Senderito’ con letra diciente y sabor pueblerino.
Próximamente el cantante oriundo de Villanueva, La Guajira Beto González estará lanzando una producción musical titulada «Poesías y Cantos» en donde vienen canciones de compositores reconocidos en el firmamento vallenato e incluirá una de «Hochi» titulada ‘Tengo Esperanza’

Hochiminh Vanegas Bermúdez es un compositor al que la inspiración le llega como una voz interior salida de lo más recóndito de su alma, que vibra en lo más insondable de su ser creativo, algo que sumado a su fe en el creador y a su espiritualidad, fluye de manera involuntaria, natural y espontánea.

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Ramiro Elías Álvarez Mercado
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José Carranza: el juglar piñonero.

«¡Ay! Praga, Praga… Praga, donde el amor naufraga, en un acordeón»: Joaquín Sabina, cantautor español.

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado.

Según el neurocientifico y músico estadounidense Daniel J. Levitin en su trabajo investigativo titulado «Tu Cerebro y La Música, el estudio de una obsesión humana», «los instrumentos musicales figuran entre los artefactos más antiguos fabricados por el hombre que se han encontrado. La música precede a la agricultura en la historia de la especie».
Lo que quiere decir que la historia de la música y de la creación de los instrumentos musicales es tan remota como la misma historia del hombre. La humanidad siempre ha estado acompañanda por el sonido, ya sea con el trinar de los pájaros, el roce del viento con las ramas de los árboles, el susurro del mar al ser empujado por las corrientes de aire, el traquetear de la madera en el fuego o el ruido que produce las corrientes de agua de los ríos y riachuelos. Es entonces en donde el hombre cautivado y seducido por esa constelación de sonidos que proviene de la naturaleza y su entorno decide imitarlos por curiosidad y también por necesidad empezando a fabricar distintos tipos de artefactos que luego derivaron en instrumentos musicales.
Con el avance de la humanidad también llega la cultura de los pueblos y en ese intercambio de conocimientos, sabidurías y la oralidad que tanto reinan en el Caribe colombiano, fueron componentes imprescindibles para el nacimiento de un gran juglar de la música vallenata que aunque muchas veces es olvidado o no le han dado el reconocimiento que se merece, pero es digno de admirar, resaltar y enaltecer por la trayectoria y el aporte significativo que le ha dado a esta música de origen provinciano. Un hombre que con su acordeón al pecho creó un vínculo emocional tan especial que ha mantenido por siempre. Con su instrumento ha compartido momentos de soledad, fracasos, frustraciones, pero también de alegrías y éxitos. Me refiero a: José Francisco Carranza Martínez, quien le abrió los ojos a este mundo terrenal el día viernes, 19 de febrero del año 1954 en El Piñón, un pueblo encantador, con un paisaje natural rodeado de exuberante vegetación, bañado por el río Magdalena en el departamento del mismo nombre, lugar de sanas costumbres, gente humilde y trabajadora, de calles empedradas, casas coloridas y de rica cultura, donde la música y la danza tradicional son parte integral de la identidad de sus pobladores, algo que se refuerza en los festivales y eventos folclóricos que se hacen frecuentemente.
Nació en el hogar conformado por José Felipe Carranza Cueto y Antonia Martínez Manota, él un pescador que también se desempeñó como carcelero de su terruño y ella una ama de casa que ayudaba a la economía familiar con la venta de productos derivados del maíz: bollos y arepas.
José Carranza sintió el llamado musical desde muy pequeño, aunque el sonido del acordeón lo seducía lo primero que aprendió a tocar fue un tambor y una guacharaca, instrumentos que su padre le fabricaba de manera rústica y artesanal con objetos desechados como un viejo termo de café y bancos de madera. Ayudaba a su madre en la labor de moler el maíz con el que elaboraba sus productos, oficio que realizaba con alegría entonando canciones que estaban de moda y pegadas en la radio de maestros como: Alejandro Durán, Abel Antonio Villa, Pacho Rada, Calixto Ochoa, entre otros; hecho que le sacaba sonrisas a su progenitora, quien junto a su padre fueron parte fundamental en su desarrollo musical y un apoyo incondicional en su naciente carrera artística.

Los primeros acordeonistas que vio y escuchó fueron Virgilio de La Hoz y Augusto Orozco, sobre todo este último quien era contratado por un paisano suyo para ponerle serenata a una vecina de la que estaba enamorado, sin importar la hora el pequeño Carranza se levantaba guiado por ese sonido mágico que brotaba del acordeón y se detenía frente al evento lo que para él era un espectáculo embruajador y seductor y desde ese momento quedó flechado, la música se fue metiendo sin permiso en su alma y soñó con ser acordeonista y alegrar el corazón de la gente. Su señor padre José Felipe al notar el entusiasmo de su hijo con el acordeón hizo un esfuerzo económico y accedió a comprarle uno de segunda mano en el corregimiento Cantagallar, era de dos teclados bastante deteriorado, remendado con esparadrapo que tuvo un costo de 80 pesos, pero que generó una alegría indescriptible en el pequeño José. De regreso a su casa montado en un burro empezó a sacarle notas al instrumento que desde ese momento se convertiría en su juguete más preciado e inseparable amigo.
Las primeras melodías que aprendió a interpretar fueron ‘La Múcura’ y ‘Tumbé La Ceiba’ que fueron escuchadas en un principio por José Manuel Ospino, dueño de una tienda que quedaba cerca de su vivienda, quien en sus momentos libres tocaba el trombón y se terminó convirtiendo en una especie de guía musical que lo animaba y aconsejaba, con el fin de que creara sus propias melodías. Después de algún tiempo y siendo aún un niño ya con un repertorio musical aprendido empezó a recorrer pueblos circunvecinos como Pivijay, Salamina, El Copey, Fundación, Cerro San Antonio, siempre en compañía de su padre que lo cuidaba, y así poco a poco se dio cuenta que podía vivir del arte musical y que esta sería la profesión a la que se dedicaría por siempre.
A la edad de 15 años decide trasladarse a Barranquilla algo que sus padres no querían porque les daba temor que un jovencito como él fuera a tener los problemas que muchas veces hay en las grandes ciudades. Estando en «La Puerta de Oro de Colombia» organiza un conjunto con unos muchachos como él y empiezan a tocar en los sitios emblemáticos como el Teatro Tropical, el Paseo Bolivar, bares, restaurantes y estaderos de jueves a domingo. Los lunes iba a visitar a sus viejos en El Piñón, y como todo buen hijo les llevaba mercados y algo de dinero para ayudarles con los gastos de la casa.
Una noche cualquiera estaba reunido con sus colegas músicos en el restaurante La Terraza cenando y repartiendo el producido del día y les presentaron al señor Felipe Romero quien les dio una idea y les recomendó un estudio de grabación de Gabriel Zúñiga, quien luego de escuchar una interpretación con su acordeón le propone grabar un tema titulado ‘El Caballo Canelo’ de un paisano suyo piñonero llamado Medardo Rudas Riqueth, canción que luego fue un éxito por la agrupación venezolana «Los Melódicos».
De esa forma empieza a despegar su carrera musical ya en el ámbito de la grabación lo recomiendan con el maestro Adolfo Echeverría y su agrupación «Los Mayorales» quien al ver el jovencito de 15 años se sorprende por su talento y lo invita a que graben una canción de su autoría titulada ‘La Rebelde’ en el año 1969 y también lo acompañó con su acordeón y colaboración en arreglos musicales en temas como: ‘Leonor’, ‘Cartagena Historial’, ‘El Sapo y Su Combogao’ entre otros. Después de unos tres años de acompañar a Adolfo Echeverría se separa y graba con Epimenides «Epy» Zambrano padre del acordeonista y arreglista Jimmy Zambrano, quien tenía una agrupación llamada «El Dúo Epi»; con la voz de Víctor Salamanca graban un éxito de los años 70 titulado ‘La Vieja Trapito’ donde si aparece su crédito como acordeonista (J.Carranza) algo que nunca tuvo con la agrupación «Los Mayorales» .
La carrera musical de José Francisco sigue en ascenso y un día estando en el barrio el Santuario de Barranquilla llegó el señor Rafael Mendoza el autor de ese clásico canto vallenato titulado ‘Carrito Viejo’ grabado por la célebre agrupación «El Doble Poder», conformada por los maestros Ismael Rudas y Daniel Celedón, y le propone grabar unos temas en donde se destacaron ‘Chofer de Bus’ y ‘Mi Colegiala’ .
Luego se conoce con el cantante Ovidio Martínez con quien comienza a hacer ensayos y después de enviar muestras a distintas disqueras reciben una noticia positiva de CBS, hoy en día Sony Music. y les aprobaron la grabación de un sencillo con cuatro canciones que fueron ‘El Súper Mujeriego’, ‘ Insomnio de Amor’, ‘Los Caramelos’ y ‘Adios Mujercita’ los cuales tuvieron buena aceptación, motivo por el cual les terminaron grabando un trabajo discográfico completo titulado «Por La Puerta Grande» donde obtuvieron ventas de más de 20 mil copias que era una buena cifra para la época, posteriormente grabaron otro álbum que se llamó «A Todo Cañón» en donde se destacó la puya ‘La Pendejá’ .
José Carranza junto con Ovidio Martínez en el año 1982 para Fiesta Vallenata graban un tema de Franklin Benavides titulado ‘El Rey de la literatura’ que sin duda es uno de los más grandes homenajes que se la ha rendido a nuestro premio Nobel Gabriel García Márquez.
Con su conjunto ha recorrido todo el Caribe colombiano y algunos lugares del interior, así como el vecino país de Venezuela. En una de esas tantas fiestas y parrandas que ha amenizado en su pueblo El Piñón, un animador de nombre Kike Montero de La Hoz por el brío y calidad en la ejecución de su acordeón lo bautizó como «El Ciclón Piñonero» apodo que se convirtió en su nombre artístico.
«El Ciclón Piñonero» en su largo trasegar por la música vallenata ha tenido la oportunidad de hacer pareja musical con buenos cantantes que le han ayudado mucho en su catálago musical. Voces como Ramón Bertel, Beto Bermúdez con el sencillo ‘Grita Mi Corazón’ salieron victoriosos en el Carnaval de Barranquilla obteniendo el codiciado Congo de Oro en el año 1987. David Henríquez, Edwin Escorcia, su hermano Pablo Carranza, Fredy Andrade, Ricardo Maestre, pero definitivamente su época dorada fue al lado de Oswaldo «El Aparato» Rojano con quien anduvo por más de 20 años y grabaron cuatro trabajos discográficos, esa sólida unión se debió a esa simbiosis y entendimiento musical que siempre tuvieron, su acordeón se acoplaba perfectamente a la potente y clara voz que siempre caracterizó al «Aparato» Rojano.
El maestro Carranza no solo es un gran intérprere del acordeón, también se destaca como compositor, ha grabado con sus distintos cantantes alrededor de 32 canciones de su autoría donde sobresalen: ‘Con sabor a menta’, ‘La alegría de mi vida’, ‘Donde vayas me llevas’, ‘ Tanto rogarte’, ‘Tengo una pena’, ‘El recadito’, ‘Boquita sabor a coco’, ‘Mi gordita y yo’, ‘Tu natalicio’, ‘De mi te estás alejando’, ‘Rumbón alegre’, ‘No puedes fallarme’, son algunas de las muestras de su capacidad como compositor.
También ha realizado la labor de Instructor Musical de la casa de la cultura en su adorado pueblo, El Piñón, una loable labor que hizo con los niños, porque según algunos estudios, enseñar a un pequeño a interpretar un instrumento musical, en este caso el acordeón ayuda a desarrollar el cerebro y las capacidades cognitivas, porque la música potencia la actividad neuronal y aumenta la retención mental.
Carranza Martínez aunque ha grabado pocas canciones en su voz, canta con frecuencia en parrandas. En grabación se destaca la canción «Amigo» autoría de Rafael Mendoza grabada por Los Hermanos Zuleta, pero que por petición del compositor quien fue su compinche, compadre y amigo le pidió que la grabara porque para él no había nadie que le imprimiera ese sentimiento que transmitió el autor en su letra. José Francisco tiene una voz grave, limpia, potente, honesta y agradable al oído que lo convierte en músico completo, de esos que tocan, cantan y componen, requisitos que son tenidos en cuenta en la música vallenata para hablar de «Juglar». Ama tanto su su arte, su instrumento de pitos y bajos, porque cuando lo tiene en sus manos es como si se volviera parte de su cuerpo, igual que un niño con su juguete favorito, con un amor por la música que se evidencia en cada movimiento que hacen sus dedos cuando está ejecutando su instrumento bendito. No hay duda alguna que este maestro es también un gran baluarte del vallenato, de esos que aún siguen recorriendo nuestra historia musical y que con su aporte ha contribuido a la edificación de nuestra cultura, música y folclor, es por eso que estábamos en mora de realizarle un sincero reconocimiento al «Juglar Piñonero».
Este septuagenario maestro vive felizmente en el municipio de Soledad, Atlántico, en el barrio Manuela Beltrán, al lado del amor de su vida y musa inspiradora de algunas de sus creaciones musicales Josefa Calvo, en donde recibe la visita periódica de sus tres hijos y cuatro nietos. Pero sin dejar su delirio por la música, porque ahora se dedica a producir y dirigir trabajos discográficos de otros artistas en su estudio de grabación JOCAR RECORDS, y también tocando en una que otra parranda privada, porque esta pasión por el arte musical lo acompañará hasta que cierre sus ojos definitivamente.

MATRONA DE MI TIERRA: una canción con la que se le rinde un sentido homenaje a esas mujeres valientes, altruistas y comprometidas que dedican su vida al servicio de los demás!.

«El que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla»: Robert Browning (poeta y dramaturgo inglés).

Por : Ramiro Elías Álvarez Mercado.

Las canciones nos transportan, nos inspiran, nos hacen soñar y recordar; hay cosas que repito con frecuencia y una de ellas es: que el respeto y la admiración son un acto noble que debemos demostrar a diario. Puede ser a través de un gesto sencillo, como hacer un regalo de manera inesperada, haciendo un favor desinteresado o simplemente mandando un mensaje de buenas noches. Los compositores y músicos a diferencia de los que no lo somos tienen la habilidad de plasmar con letras y melodías ese sentimiento, y es precisamente lo que hizo el cantautor Hochiminh Vanegas Bermúdez, conocido artísticamente como «Hochi» con las «Matronas», esos seres especiales con una iluminación divina que luchan contra la corriente y que han hecho suyas la reivindicación de las mujeres.
Hochi se inspiró en una sensación de tristeza que dejó la partida de este mundo terrenal de Matilde del Carmen Acuña, conocida como «Maty» una señora que se caracterizó por cautivar con su alegría, entusiasmo, energía y enseñanzas a la gente de Fundación, Magdalena, aunque nació en la tierra del Nobel Gabriel García Márquez, Aracataca, esta gestora comunitaria quien en su trasegar anduvo por Valledupar, Barranquilla, Guadalajara, México, fue en Fundación donde se convirtió en una guardiana de las costumbres y tradiciones de esta región que hace parte de ese «realismo mágico» que sirvió de fuente para que «Gabo» desplegara toda su magia como escritor. Esta matrona dedicó su vida a enaltecer, preservar y transmitir todo ese legado que heredó de sus ancestros a las nuevas generaciones .
Como era de esperarse por la alegría que siempre irradió y reflejó «Maty» la canción fue hecha en un aire musical que produce energía, bullicio, jolgorio, ambiente festivo, con una melodía de colores vivos que nos hace sentir como si estuviéramos en una carnestolenda eterna, donde el Rey Vallenato 2006 Alberto «Beto» Jamaica con su acordeón bendito hace una magistral interpretación que se complementa perfectamente con el coqueteo que produce el golpe de las tamboras y la incesante marcación del bombardino, la dulzura de la guitarra y la fuerza melódica del bajo, en una simbiosis total que lograron captar la inspiración del cantautor, que junto a su voz lograron que este pegajoso chandé fluyera de manera natural y con la sabrosura que caracteriza este aire musical.
La cultura, el folclor y la música es algo que debemos preservar y proteger, porque es el ensanchamiento de la memoria y el espíritu de un pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, su modo de pensar y de vivir; algo que el compositor Hochiminh Vanegas Bermúdez está haciendo seguido, porque con su mente creativa y su sensibilidad viene logrando grandes cosas en la difusión de la música del Caribe colombiano, que son el resultado de una serie de pequeñas cosas reunidas .

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Ramiro Elías Álvarez Mercado
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Valeria Lozano: una joven cantante que se está abriendo paso con su voz hipnótica y seductora en este competido mundo vallenato.

«Cantar es lo más personal que puedes hacer. Es como respirar»: Celin Dion (cantautora canadiense).

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

La música es como un medio de comunicación profundo y transformador: capaz de conmovernos, desafiarnos y despertar nuestra imaginación, es un lenguaje universal que trasciende barreras culturales y lingüísticas, que se caracteriza por tener el poder de emocionar, inspirar y transformar a quienes lo experimentan.
A todos nos gusta de una u otra forma cantar pero a la mayoría nos parece una catarsis porque no tenemos una buena voz o bien sea por temor a hacer el ridículo, pero hay personas que saltan ese muro de la timidez y se arriesgan a exponer ese talento que tienen oculto y se lanzan al ruedo musical. En este competido medio de la música vallenata hemos sido testigos de un fenómeno que viene sucediendo hace varios años y es la aparición de muchas mujeres que con sus talentos, bellezas, carismas, fuerzas y valentías vienen refrescando y haciendo un aporte significativo en la construcción de esta gran pirámide en la que se ha convertido esta expresión musical: compositoras, acordeonistas, cajeras, guitarristas, guacharaqueras y por su puesto cantantes que le han dado un nuevo oxígeno a la música vallenata.
Una de esas nacientes figuras que promete continuar con el legado de esas grandes voces que por años nos han deleitado en la música de Francisco el Hombre es Valeria José Lozano Beltrán: hermosa, talentosa y carismática mujer que llegó a este mundo terrenal el jueves 25 de abril del año 2002 en el hospital Fray Luis de León, en una esplendorosa y soleada tarde en la tierra donde se desarrolló la historia de «El Hombre Caimán», el municipio de Plato, departamento del Magdalena.
Este exótico pueblo de mitos y leyendas, fiestas algarabías y alegrías posee una privilegiada posición: está ubicado en la ribera oriental del majestuoso e imponente río Magdalena: fuente de sustento, vida, flora, fauna silvestre e inspiración de sus pobladores; en su territorio se encuentra gran parte del complejo cenagoso de Zárate, Malibú y Veladero considerado como el segundo más importante del territorio colombiano. Allí en el hogar conformado por Ítala María Beltrán Marenco y José Lozano Andrade nació Valeria rodeada de mucho amor, pero también de parrandas vallenatas dado que su padre, un abogado de profesión que nunca ejerció y se dedicó a los negocios independientes como la ganadería, la agricultura y otras inversiones, conocido como «el gran Pepe Lozano», fue un animador de interminables parrandas y gestor cultural, saludado por distintos cantantes de la música vallenata. Su madre una instrumentadora quirúrgica también amante del vallenato gustos que desde un principio fueron heredados por su hija de donde claramente viene esa inclinación musical ya que su padre siempre le cantó desde niña, cantos con los que la arrullaba hasta conciliar el sueño. Es la mayor de tres hermanos: María Josefina, de 16 años quien también tiene una buena voz y en algunas ocasiones le hace coros a su hermana mayor y el gran José José de 12, a quien le gusta la guitarra y toca la lira en la banda de su colegio, lo que quiere decir que la música ha estado en su vida desde antes de ser concebida por sus padres.
Lozano Beltrán sintió ese llamado musical desde muy niña en su terruño y poco a poco lo fue desarrollado y mostrando en su colegio Inmaculada Concepción de las monjas terciarias capuchinas donde realizó sus estudios de básica primaria y bachillerato en el que se destacó por ser una alumna sobresaliente en la parte académica y sobretodo con un buen oído musical. Sonidos como el tic tac de un reloj marcando la hora, el canto de los pájaros, las notas de un acordeón y una guitarra siempre la inquietaban; es decir, que la música se convirtió en algo cotidiano para ella, la relajaba, le mejoraba su estado de ánimo y ese magnetismo la hacía sentir feliz.
Aprendió a tocar guitarra y sumado a su voz hizo que su amor por esta expresión musical aumentara y esta razón le dio la claridad suficiente para pensar y soñar que con su talento y voz deleitaría a un público presente en los distintos escenarios donde se presentaría.
Valeria José es admiradora de la mayoría de los grandes cantantes que han escrito con letra indeleble la historia del vallenato, pero siempre estuvo seducida por la voz de su padre «Pepe» Lozano, quien le cantaba las canciones que se escuchaban en la radio que eran éxitos del momento, pero sobre todo la de los Hermanos Zuleta Díaz en razóna que era un «Zuletista» de tiempo completo.
Como amante y seguidora de la música vallenata le gustan esos autores que cuentan en sus letras vivencias y contenidos profundos con un lenguaje literario de gran factura que con sus canciones llenaron de éxitos el pentagrama vallenato, pero tiene una mayor inclinación por la obra del maestro Hernando José Marín Lacouture, quien se caracterizó por su marcado estilo en el que plasmaba y reflejaba rasgos de rebeldía, romance, poesía, picaresca y costumbrismo.
Hoy en día Valerian Lozano es una de las mujeres dedicadas al canto vallenato que tiene mucha aceptación en las redes sociales y canales de difusión. Sus vídeos, sus interpretaciones de clásicos de la música vallenata son muy apetecidos por el sentimiento y la calidad vocal que le imprime a sus interpretaciones y es que después de escucharla con ese respeto y admiración por las versiones anteriores de esos exitosos cantos, nos demuestra que su cantar es una fascinante forma de arte increíble que nos atrae y sabe como tocar las fibras y emociones de quienes la escuchan.
Las palabras no son para explicar cuán profundamente los cantantes están apegados a la música, pero la demostración y entrega que Valeria hace en el escenario en cada presentación enciende ese fuego que lleva por dentro y esa dosis de inspiración es recibida con entusiasmo y alegría por sus seguidores.
Su voz conmueve por ser pura, vigorosa, pero al mismo tiempo agradable al oído, es como si llevara toda una vida dedicada al canto.
Valeria José Lozano Beltrán está dedicada a su pasión que es la música, sus presentaciones en el Caribe colombiano aumentan significativamente, pero no ha echado en saco roto sus estudios profesionales, antes por el contrario está que logra este objetivo que siempre se trazó en la vida y hoy en día cursa su último semestre de ingeniería ambiental en la Universidad del Magdalena donde está becada por su talento.
En su naciente carrera artística ha grabado varios ‘covers’ y producciones con canciones representativas de la música vallenata.
En este momento hace pareja musical con el joven y talentoso acordeonista natural de San Jacinto, Bolivar, Carlos Olivera, un muchacho que tiene una nota, pulcra, coherente, siguiendo los pasos de sus maestros antecesores en la ejecución del acordeón.
La primera canción que grabó es de la autoría del guitarrista y cantante Juan Pablo Marín Álvarez, hijo del maestro de la composición Hernando Marín, titulada «Pacto de Amor» que se la dedicó a su querido padre «Pepe» Lozano en el primer año de su fallecimiento. Colaboró con Miguel Herrera en la grabación a dúo de la canción «Mi Poema» del maestro Rosendo Romero Ospino, así como la participación en el álbum ‘Frente a La Poesía’ «Vallenato Auténtico Volumen III» que viene liderando Hernán «Nancho» Gómez en donde cantó una puya a dos voces titulada ‘Quien manda a quién’ con Aldair Velázquez, obra del compositor Pedro Otálora, y el acompañamiento en el acordeón de Óscar Correa.
Valeria sigue con sus actuaciones y también se vienen nuevos proyectos para este año 2024 de la mano de grandes exponentes del folclor vallenato como el acordeonista Horacio Escorcia Marchena y la participación en la producción ‘Guitarras del Alma’ al lado de los guitarristas Mancel Cárdenas y Juan Carlos Vargas «Mogolla» y Alma Parrandera.
Con la música metida en su alma empezó a darle rienda suelta a su imaginación y se estrenó como compositora y presentó una canción de su autoría titulada ‘Si el amor no te alcanza’ lo que seguramente será el preámbulo para que broten más inspiraciones de esta bella y diciente expresión musical.
Es probable que me quede corto de palabras al momento de expresar la admiración que me ha generado esta joven artista: Valeria José Lozano Beltrán, pero tengo el presagio que su seductora, fascinante y magnética voz estará dando de que hablar los próximos años y acaparando las portadas de los medios de comunicación porque es talentosa, sencilla, con ese temple de mujer visionaria, que emana energía positiva.
Así como los diamantes se van puliendo de la misma manera Valeria lo va haciendo sin afanes, pero con optimismo, dedicación, profesionalismo y responsabilidad. Diamante, palabra que proviene del griego «Adamas» que significa «inalterable, indomable, indestructible», eso mismo queremos los seguidores de esta bellísima artista que siga conservando ese estilo romántico, costumbrista y soñador, que su linda voz no se altere y que cante sin marchitarse de manera vitalicia, para que su nombre forme parte del firmamento vallenato y su estrella ilumine y quede plantada entre los grandes exponentes de esta música de origen provinciano que se ha convertido en la cara más amable de Colombia ante el mundo.
La pueden seguir y escuchar en sus redes sociales.

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YouTube: Valeria Lozano

José Luis Martínez Barraza: un compositor que hace parte de la nueva camada de la música vallenata.

«La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido»: Leonard Bernstein, compositor, pianista y director de orquesta estadounidense.

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado .

Las palabras pueden convertirse en una inyección de energía, ganas y motivación, sobretodo para las personas que emprenden un nuevo reto o una nueva actividad en la vida.
Una dosis extra de motivación siempre es bienvenida, y para muchos de nosotros (músicos y no músicos) un consejo o una frase puede suponer un gran empujón para perseguir una nueva perspectiva.

Precisamente en el arte musical hay algunos talentos en distintas áreas que por timidez o un poco de miedo no salen a flote y se quedan en el anonimato. En cambio hay otros que motivados por personas cercanas sí lo hacen, como le pasó a José Luis Martínez Barraza, un joven compositor que hace parte de la nueva camada de la música vallenata. Quien le abrió los ojos a este mundo terrenal el martes 29 de abril del año 1980 en una radiante mañana, rodeado de los efluvios de la naturaleza, el olor al café recién colado y de la leche recién ordeñada, en el corregimiento de Bálsamo, municipio de Concordia ubicado en la zona noroccidental del departamento del Magdalena, en la Costa norte colombiana.

Quehaceres como la ganadería, agricultura y la pesca en pequeña escala hacen parte de las actividades económicas que se desarrollan en este exótico paraje. Nació en el hogar conformado por el señor José de Los Santos Martínez Isaza y la señora Arelis de Jesús Barraza Moya. Ambos dedicados a la labor de administrar fincas cuyas actividades principales eran los cultivos de yuca, maíz, arroz, millo y todo lo relacionado con la crianza y levante de ganado, cerdos, chivos, aves de corral y la producción de queso; fruto de ese esfuerzo, trabajo y dedicación luego pudieron adquirir su propia tierra y seguir con esta actividad ahora en su propiedad a la que denominaron como «Finca Canario». Es el hijo mayor de una familia de tres complementada por sus hermanas Carmen Luz y Fanny María.

Su influencia en la composición la hereda de su progenitor, quien construía versos con situaciones que le sucedían en su entorno ya fueran de tipo jocoso, amoroso o producto de su imaginación, su abuelo paterno José Martínez De Aguas conocido como «Joselo»también era un destacado decimero de la región. Al no tener hermanos varones tuvo una estrecha cercanía con sus primos y es precisamente cuando uno de los menores quien no tenía una buena dicción en la pronunciación de su nombre termina por llamarlo como «Blite», apodo que se convirtió en un complemento de su identidad.

Sus estudios primarios los realizó en la Escuela Rural Mixta de Bálsamo en su adorado terruño, en donde vivió al cuidado de su abuela materna Fanny Moya Palacín unos tres años y el resto del tiempo hasta que terminó sus estudios de básica primaria estuvo con su abuela paterna Baudilia Isaza; lo que quiere decir que ambas hicieron parte de su crianza en sus primeros años de vida. En la escuela se mostró como un alumno aplicado y sobresaliente, pero sobre todo inquieto en cuestiones musicales, tarareaba las canciones vallenatas de moda y se las aprendía con los famosos cancioneros de la época en donde venían las letras de los temas, preocupándose siempre por saber quienes eran los autores, cantantes y acordeonistas de esas obras musicales que lo seducían y a su escasa edad ya despertaban en él distintas emociones. Ese entorno natural y paradisíaco en donde José Luis se levantó fue fundamental para el desarrollo de su imaginación, dado que su terruño quedaba al lado de una corriente de agua fresca y cristalina llamada «Quebrada el Mundo»: un brazo que se desprende de la imponente y majestuosa Ciénaga de Zapayán hábitat de mucha flora y fauna exótica que mantiene vivo el ecosistema de la región. Sin lugar a dudas esos paisajes y tiempos vividos contribuyeron posteriormente en el desarrollo de las temáticas de sus canciones.

A la edad de 11 años se traslada a la «Puerta de Oro de Colombia», la ciudad de Barranquilla, con la finalidad de realizar sus estudios secundarios, donde se gradúa de bachiller en el Colegio Liceo Moderno del Norte.

Al llegar a la capital del Atlántico tiene contacto directo con otras expresiones musicales y culturales desconocidas para él como: la salsa, la champeta, el carnaval, la danza del garabato y aunque ese colorido festín embruajador le gustó, nunca dejó de lado el amor por la música vallenata que escuchaba de niño; por el contrario, más se acrecentó en su ser. En el colegio siempre se destacó en las actos cívicos y centros literarios donde animado por sus compañeros de curso y su profesor de Español y Literatura, y director de curso en el grado once, Eduardo Pulido le pedían que escribiera algo alusivo a las actividades festivas del colegio, a lo que Martínez siempre estuvo dispuesto pero por lo general eran coplas y versos sin melodías, luego ya un día compuso lo que sería su primera canción vallenata y fue para la despedida de su segunda etapa estudiantil: el bachillerato pero lamentablemente olvidó la música y letra de esa improvisada canción y no quedó ningún registro de la misma.

A partir de ahí se toma más en serio la composición y empieza a hilvanar versos y melodías aquí y allá dándole forma a su estilo.
Entra a la Universidad del Atlántico y se gradúa de ingeniero industrial y luego empieza a ejercer su profesión pero sin dejar de lado su pasión por la música vallenata.
Entre los años 1997 y 2005 tiene una etapa fructífera en la creación de canciones y compuso varios temas, hasta que su amigo «Pochy» Colón se interesa en uno de ellos y le graba en 2006 el canto titulado «Tonto Corazón» al lado del acordeonista Ángel Barrios, un año después, Silvio Brito Jr. Y Yeifer Amaya le graban el sencillo titulado «Sigue esquivo el amor».
Lo anterior sirvió de preámbulo para que nuevamente Silvio Brito Jr. Y su padre el gran Silvio Brito Medina le interpretaran a duo un tema titulado «Contante y Sonante» en el trabajo discográfico que llamaron «Una Nueva Generación» con el acompañamiento en el acordeón de Juan Francisco Pérez.

Martínez Barraza siempre le ha tenido una gran admiración a los compositores que se han caracterizado por tener un estilo lirico, poético y romántico en la música vallenata, pero dice tener a Rafael Enrique Manjarrés Mendoza, Iván Ovalle Poveda y José Alfonso «Chiche» Maestre como sus referentes en la composición de la música de Francisco el hombre.
Con el paso de los años siguió creando canciones fue abonando y cultivando más la lírica de sus temas.

Tiene una unión marital con Dayana de La Cruz musa inspiradora de varios de sus cantos como: ‘El amor se hizo vallenato’, ‘Como simple marioneta’, ‘Ellas no tienen culpa’, ‘Esa eres tú’, ‘La florecita’, ‘Perfume de primavera’, inspiraciones con las que demuestra el amor que le tiene a la mujer que eligió para caminar agarrados de la mano el sendero de su vida, fruto de ese amor llegó al mundo su primogénita Nathalia Martínez de La Cruz, una princesita que vino a llenar su hogar de más alegría y que inspiró en «Blite» una de sus más tiernas canciones titulada ‘Tesorito de mi vida’, porque no hay ningún elemento en el mundo que despierte más belleza y le de sentido a nuestras vidas que la ternura suministrada por los hijos, es la expresión más serena, bella y firme del amor.

Haber nacido un pueblo es algo inspirador y reconfortante porque en él vivimos una gran sensación de bienestar, pero muchas veces las labores cotidianas ejercidas en las grandes ciudades nos aleja de ese terruño amado y no podemos visitarlo con frecuencia, pero siempre está presente en el recuerdo y lo llevamos en un rinconcito del corazón y es precisamente esta nostalgia lo que llevó al cantor de Bálsamo a componer un sentido canto para su terruño querido y nos muestra una faceta como cantautor donde interpreta un paseo titulado ‘Unos versos pendientes’.

El haberse radicado en Barranquilla y ser influenciado por otros géneros musicales le sirvió para componer una champeta titulada ‘En el oscurito’ interpretada por Dj Demoledor y Zonek El Magnate con la guitarra de José Páez.
José Luis Martínez Barraza » Blite» poco a poco se ha ido dando a conocer en este competido mundo vallenato, porque es un compositor que acude a la música buscando contener sentimientos que a veces lo abruman y otras veces lo enamoran y es precisamente en ella donde se refugia y encuentra el lugar apropiado para dar rienda suelta a su imaginación de donde le brota la inspiración que luego plasma en letras y melodías llenas de sentimientos, porque se describe como «un sentimental empedernido» .

Su cancionero musical ya cuenta con casi el centenar de obras de las cuales 34 han llegado a la grabación que las pueden escuchar por medio de su canal de Youtube: «Blite Martínez».