En el Mes de la Mujer rendimos un homenaje especial a todas esas mujeres que salen adelante, que luchan, perseveran y no se rinden ante las adversidades. Mujeres empoderadas que avanzan firmes hacia sus metas; madres, hijas, esposas y profesionales que, día tras día, se superan y construyen su propio camino.
Bajo el lema “Ya no es esclava”, se exalta la transformación de una mujer que en otros tiempos fue menospreciada o privada de derechos iguales a los del hombre. Hoy, la mujer se abre paso con determinación, defiende su dignidad, alcanza sus sueños y surge de manera independiente, demostrando su fortaleza y valor en todos los ámbitos de la vida.
Este mensaje se ve reflejado en esta obra musical del cantautor Álvaro Orozco, una canción que honra la esencia, la lucha y la grandeza de la mujer.
Recomienda Estampas Vallenatas, exaltando el folclor como una voz viva que también celebra la historia, el sentimiento y el empoderamiento femenino.
La cantante colombiana Yisell, La Voz Rosa, sigue abriéndose paso con firmeza dentro del folclor vallenato, destacándose por una propuesta musical cargada de sensibilidad, romanticismo y autenticidad. Su voz dulce y expresiva le ha permitido conectar con el público a través de interpretaciones que exaltan el sentimiento y la esencia del género.
Nacida el 15 de octubre en la ranchería La Guajirita, en La Guajira, y registrada en Becerril, Yisell creció rodeada de música vallenata, desarrollando desde temprana edad un amor profundo por este folclor. De manera autodidacta fue construyendo su talento vocal, apoyada por su entorno familiar y social.
Inspirada por referentes femeninos del vallenato como Patricia Teherán, asumió el reto de abrirse camino en un género tradicionalmente dominado por hombres, apostándole a una identidad artística propia y a una interpretación honesta, cargada de emociones reales.
Durante una etapa importante de su carrera se radicó en Cartagena de Indias, ciudad donde consolidó su proyecto musical y fortaleció su proyección artística. En su repertorio se destacan canciones como La Chacha, Eterna y Nada Contigo, así como versiones de reconocidos temas que han tenido buena aceptación en plataformas digitales y redes sociales. Sus más recientes lanzamientos, Murió el Amor, Todo Me Toca a Mí y Curramba Fiesta y Sabor, reflejan su versatilidad sin perder la esencia vallenata.
Además de su trabajo en escenarios, Yisell, La Voz Rosa, ha participado en eventos culturales y sociales, llevando su música a diferentes comunidades y reafirmando su compromiso con la difusión del folclor.
La vigencia del cantante Jorge Oñate siempre fue digna de exaltación y de reconocimiento en el mundo vallenato y más que superó los 50 años de vida artística. Además, partió en dos la historia del Festival de la Leyenda Vallenata al ganar cantándole y tocándole la guacharaca al acordeonero Miguel López, quien se coronó Rey Vallenato en el año 1972. Como cajero estuvo Pablo López.
En esa ocasión Jorge Oñate interpretó las siguientes canciones: Paseo, ‘Qué dolor’ (Luis Enrique Martínez); Merengue, ‘Dina López’ (Vicente ‘Chente’ Munive); Son, ‘Riqueza no es la plata’ (Francisco ‘Pacho’ Rada); Puya, ‘La vieja Gabriela’ (Juan Muñoz). Oficiaron como jurados Graciela Arango de Tobón, Lácides Daza y Gustavo Gutiérrez Cabello.
En esa línea histórica fue el cantante que más grabó con Reyes Vallenatos: Miguel López, Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, Raúl ‘El Chiche’ Martínez, Gonzalo ‘El Cocha’ Molina, Álvaro López, Fernando Rangel, Julián Rojas y Cristian Camilo Peña. También lo hizo con dos destacados acordeoneros: Emiliano Zuleta Díaz y Juancho Rois.
Precisamente a ‘El Jilguero de América’ cuando le hablaban de Juancho Rois, lo exaltaba y recordaba las páginas gloriosas que escribió a su lado, y canciones inmortales como ‘Mujer marchita’, ‘Lloraré’, ‘Sanjuanerita’, ‘Ruiseñor de mi Valle’, ‘Nació mi poesía’, ‘Paisaje de sol’, ‘Lirio rojo’, ‘Un hombre solo’, ‘La gordita’, ‘Al otro lado del mar’, ‘El corazón del Valle’, ‘Calma mi melancolía’, ‘Dime por qué’, ‘La contra’, ‘El cariño de mi pueblo’ y ‘Amar es un deber’, entre otras.
Cuando se le preguntaba sobre el éxito de su larga carrera musical ponía de presente el apoyo de su familia, de sus seguidores, de sus colegas y especialmente de los medios de comunicación. También llegó a esa instancia por su disciplina y amor que le tuvo a su arte.
“Cuando nací el vallenato no era comercial, de pronto se volvió comercial, pero manteniendo sus raíces. ´Nunca me he salido de la autenticidad del vallenato y de la originalidad”, aseveró en una entrevista.
Jorge Oñate, fue el cantor que regaló su voz a varias generaciones dejando estelas de alegrías y nostalgias en ese trasegar por los caminos del folclor, donde se encontró con hombres que le componían a la vida, al amor, a la naturaleza, a los amigos, y que se encargaba de llevar sus canciones a la pasta sonora. Él mimaba a los compositores que buscaba en cualquier recoveco de la geografía costeña.
Clásicos vallenatos
Hace algunos años se grabó una producción musical llamada ‘100 clásicos de la música vallenata’, y al 70 por ciento les había incluido su voz Jorge Oñate. “La verdad es que son más de 250 clásicos vallenatos a los que les puse mi voz a lo largo de mi carrera y con grandes acordeoneros”, confesó ‘El Ruiseñor del Cesar.
En una de esas entrevistas con Jorge Oñate, se intentó hacer el ejercicio de escoger un clásico vallenato grabado con cada uno de los acordeoneros que contribuyeron al otorgamiento de premios, distinciones y los más altos reconocimientos a nivel nacional e internacional.
Enseguida respondió. “Eso sí es bien difícil. Es como querer ver el sol en las noches”. De todas maneras, lo intentó y se metió solamente a buscar en las canciones grabadas con los hermanos López, señalando las siguientes: ‘Diciembre alegre’, ‘Bertha Caldera’, ‘Siniestro de Ovejas’, ‘La Paz es mi pueblo’, ‘Los tiempos cambian’, ‘Amor sensible’, ‘Mi gran amigo’, ‘Recordando mi niñez’, ‘Tiempos de la cometa’, ‘Bajo el palo e’ mango’, ‘La vieja Gabriela’, ‘Las bodas de plata’, ‘Saludo cordial’, ‘Mi canto sentimental’, ‘El cantor de Fonseca’, ‘Palabras al viento’, ‘No voy a Patillal’, ‘La Loma’, ‘Dos rosas’, ‘Rosa jardinera’, ‘La muchachita’, ‘Entre placer y penas’, ‘Marula’, ‘Alicia, la campesina’ y ‘Déjala vení’.
Se quedaron tantas canciones por fuera que se arrepintió de entregar ese listado, pero de lo que sí estuvo seguro fue de haber contribuido para que hoy la música vallenata esté enmarcada en la historia que se exalta a través de un acordeón, una caja, una guacharaca y versos donde se condensan imágenes, emociones y alegrías.
Ese era Jorge Oñate, él mismo al que hicieron cantidad de reconocimientos por su carrera artística, entregándole 25 Discos de Oro, siete de Platino y seis de Doble Platino, un Súper Congo de Oro, y el Premio Grammy Latino a la Excelencia Musical, el cual recibió en Las Vegas, Estados Unidos, el 10 de noviembre de 2010.
La canción que no grabó
La tarde del viernes 17 de enero de 2020 el compositor Hernán Gómez Barrios, le entregó a Jorge Oñate la canción en tono menor ´La voz del Jilguero’. Al escucharla hizo la promesa de grabarla, pero no se logró. Quedaron los versos dando vueltas en el recuerdo.
“Un Jilguero el que trinaba sin cesar con la brisa a su favor, que gran hazaña y armonioso su canto llegaba, de su terruño hasta Valledupar. Sin su aporte el vallenato no era igual, después de él surgió un acorde perdurable, dos etapas definen al cantante y un acordeón se atrevió a desafiar. Fue el creador quien puso en las notas, la voz más bonita, mil detalles. ‘El Jilguero’, traía una misión y oxigenó este canto tan tradicional”.
El 28 de febrero de 2021 Jorge Oñate se despidió de la vida cuando sus ilusiones volaban por el homenaje que recibiría en el Festival de la Leyenda Vallenata. En medio de la despedida y con lágrimas quedaron las palabras de su esposa Nancy Zuleta. “Lo único que no puede morir es el legado dejado por Jorge Oñate”. Y no ha pasado porque se empeñó en cantar vallenatos hasta el final de sus días.
El maestro Leandro Díaz tuvo la virtud de inspirarse en las mujeres dedicándoles diversas canciones, teniendo como ejemplo ‘El poder del pensamiento’ donde plasmó su sentimiento. “Yo siempre tuve la costumbre de ser amable con la mujer, y cuando me enamoraba, yo me entregaba sin condición”. Así pudo reflejar su filosofía de vida describiendo el mundo con los ojos del alma.
‘El cantor de Altopino’, construyó una cantidad de versos que nacieron con melodías propias para descifrar los secretos del amor, pero en una ocasión el destino le planteó un ‘Misterio’ y la conquista no aterrizó, conformándose con agarrarle las manos a la mujer o solamente escuchar su voz.
Todo sucedió en San Diego, Cesar, aquel pueblo hermoso y colmado de bendiciones, como lo describió el poeta-cantor Gustavo Gutiérrez Cabello. El asunto se puso tan complicado que utilizó algunas estrategias, pero a ella nada logró convencerla para que abriera su corazón. Al no poder superar las murallas emocionales, optó por hacerle un canto alegre, demostrando su inconformidad por el tiempo perdido.
Es así como nació el merengue ‘Misterio’, canción grabada inicialmente en el año 1975, por Jorge Oñate y Emiliano Zuleta Díaz, en el disco ‘La parranda y la mujer’. “Cada vez que vengo a visitarte te pones esquiva morena mía. He venido a preguntarte qué te sucede María. Sé es que estás arrepentida o no quieres ser mi amante. Yo quisiera saber negra linda, la pena que acosa tu corazón”. En los cuatro minutos y 36 segundos del recorrido del tema pidió explicaciones y formuló soluciones.
La preocupación corría a paso firme. “Un día me pone atención, otro día está retraída. Que tremenda confusión, la que yo tengo en la vida. Qué misterio tiene mi morena me pone problemas para querer. Me preocupa María Elena, ese raro proceder. Si es que ya no quieres negra, dímelo pa’ no volver”.
Después de más de 50 años del hecho que no floreció quedándose en el intento, se encontró a la protagonista María Elena Daza de Iceda, hoy con 84 años a cuestas, y quien todavía vive en San Diego. Ella, muy amablemente aceptó contar el secreto que tenía guardado, el cual según Leandro Díaz la mantenía martirizada.
El encuentro en su casa fue con una sonrisa de su parte accediendo a retroceder el tiempo. “Leandro llegaba a la casa porque era gran amigo de Bladismiro, un hermano mío, y muchas veces habló conmigo. Comenzó a frecuentar la casa y en una de esas ocasiones se me declaró”.
Se quedó callada adjuntando más recuerdos. “Le dije que no estaba para eso, y además él vivía con una amiga mía, Clementina, la mamá de Ivo Díaz, y yo quería seguir sola con mis dos hijos, ya que mi esposo había muerto. Él continuó y como no pasó nada me saco una canción de nombre ‘Misterio’, que era su punto de vista de lo que había pasado”.
Siguió narrando su propia historia. “Cuando él hizo la canción me llamó y me la cantó diciéndome que era mía. Más adelante, escuché la canción en la voz de Jorge Oñate y comenzó la preguntadera de los paisanos. Es más, Martín Iceda, mi hijo, gran amigo de Ivo Díaz, jocosamente se decían hermanos”. Soltó una sonora carcajada.
En aquel momento de la entrevista dijo que en la canción dijo la verdad y para corroborarlo cantó un verso. Después, continuó siendo amiga de Leandro a quien admiraba porque supo sobresalir en la vida. “Era todo un genio que alcanzó la gloria”, añadió.
Ese día estuvo en el monumento a Leandro Díaz, ubicado en San Diego, donde María Elena volvió a platicar del hombre callado y quien, a pesar de su ceguera, poseía una capacidad única para describir paisajes, emociones en sus canciones y el amor mediante los sentidos. Tenía la más grande conexión emocional.
Era el mismo hombre que encontró en el momento preciso de su existencia la táctica para derrotar las penas, exaltar a las mujeres, así algunas lo despreciaran tal como sucedió con la famosa gordita. Efectivamente, a ella optó por castigarla cantando porque no podía maldecirla, debido a que era un acto de cobardía.
La historia de Leandro Díaz, homenajeado en el Festival de la Leyenda Vallenata del año 2011, se puede contar de mil maneras, pero siempre aparecen dos ojos sin oficio que tenían la connotación de ser del alma, una memoria lúcida y versos maravillosos que dieron cuenta de la belleza interior de la mujer destilando perfume, y con el encanto que la hace única.
La historia se quedó corta, pero en el ambiente pueblerino se calcó un pedazo de la obra de ese ser inigualable, quien se comparó con el cardón guajiro, al que nunca ni el sol lo marchitó. Tampoco el tiempo tuvo la potestad de esconderlo en el olvido al recordarse la frase. “Si Dios no me puso ojos en la cara, fue porque se demoró lo necesario para ponérmelos en el alma”.
Al final cuando María Elena Daza de Iceda, así indicó que apareciera escrito, iba camino a su casa después de la visita al monumento, sorprendió con una reflexión. “En todo este rato he hablado de una historia verdadera en la que serví de inspiración, pero ahora el amor anda en el aire y cuando cae se vuelve nada, nada”. Esas son las paradojas de la vida porque para Leandro Díaz, la verdadera visión nacía del sentimiento y se alojaba en la memoria creando su propia luz interior.
Con apenas 12 años de edad, Luis José Hernández Bornachera se consolida como uno de los talentos infantiles más destacados del acordeón vallenato. Nació en Barranquilla, pero a los 20 días de nacido se trasladó a Valledupar, ciudad en la que ha crecido y se ha formado musicalmente, abrazando desde muy temprano la tradición vallenata que identifica a la región.
Actualmente cursa séptimo grado de educación básica y su acercamiento al acordeón se dio a los 7 años, cuando descubrió que la música vallenata despertaba en él una pasión especial. Un vecino, al notar su amor por la música, le obsequió su primer acordeón de dos teclados, gesto que marcó el inicio de un camino artístico lleno de disciplina, constancia y sueños.
Formación musical y disciplina
Luis José ha tenido la oportunidad de recibir enseñanzas de reconocidos maestros del folclor vallenato como Andrés “El Turco” Gil, Romario Munive, Jairo Suárez, Víctor Campo, Hildemaro Bolaño, Carlos Bracho y Marcos Jiménez, quienes han contribuido de manera significativa a su formación técnica y musical.
Su proceso de aprendizaje se caracteriza por la disciplina. Practica alrededor de dos horas diarias en las tardes y, antes de asistir al colegio, realiza un repaso de sus estudios musicales, convencido de que la constancia es clave para mejorar cada día. Además, forma parte del grupo Los Niños del Vallenato del “Turco” Gil, semillero donde continúa fortaleciendo su talento.
El ritmo que más disfruta interpretar es el merengue vallenato, al que considera alegre, dinámico y exigente en destreza. Para él, este aire transmite energía, anima al público y permite demostrar la agilidad del acordeonero en el escenario.
Influencias y sensibilidad artística
Entre sus principales referentes musicales se encuentran grandes figuras del acordeón como Emiliano Zuleta, Gonzalo Arturo Molina “Cocha Molina” y Juancho Rois, acordeoneros que han dejado una huella profunda en la historia del vallenato y en su inspiración personal.
Cuando Luis José interpreta el acordeón experimenta una mezcla de alegría, orgullo y una conexión muy especial con la música y el público. Es un sentimiento que, según expresa, va más allá de las palabras y se manifiesta en cada nota que ejecuta.
Experiencia en festivales y escenario
A su corta edad, Luis José Hernández Bornachera cuenta con una destacada trayectoria en festivales vallenatos, donde ha demostrado su talento y madurez musical. Ha sido coronado rey en certámenes realizados en El Molino, La Distracción, Centro Comercial Guatapurí, Don Alberto, Albania y Mariangola. Asimismo, ha obtenido segundos y terceros lugares en otros concursos, logros que lo motivan a seguir perfeccionándose.
Su participación en el Festival Vallenato representa para él una experiencia llena de emoción y orgullo, ya que considera este escenario como una gran oportunidad para mostrar su talento y representar la música que ama. Lo que más disfruta de tocar frente al público es observar las sonrisas, los aplausos y el disfrute de quienes se conectan con su interpretación.
Sueños, proyección y mensaje
El gran sueño de Luis José es convertirse en un acordeonero profesional y, si Dios se lo permite, alcanzar algún día el título de Rey Vallenato en el Festival de la Leyenda Vallenata. Su visión está marcada por la fe, el trabajo constante y el amor por el folclor.
A los niños que sueñan con aprender música vallenata, les envía un mensaje claro y sincero: nunca rendirse, practicar con disciplina y amar lo que hacen, porque con esfuerzo y dedicación los sueños sí se cumplen.
El apoyo familiar ha sido fundamental en su proceso artístico. Sus padres, su hermana y toda su familia representan su mayor fortaleza y motivación. Para Luis José, su familia lo es todo, ya que sin su respaldo constante no sería posible avanzar y alcanzar las metas que se ha propuesto en su carrera musical.