Biografía Artística de José Isael Ruidíaz Quiñónez

Nacido el 30 de julio de 1951 en el municipio de Guamal, Magdalena, José Isael Ruidíaz Quiñónez es un compositor que ha sabido dejar huella en la música tradicional de la región Caribe. Criado en la vereda La Linda, jurisdicción de Los Andes, a la altura del kilómetro 17, su infancia transcurrió entre paisajes naturales que más adelante inspirarían muchas de sus composiciones.

Desde los 15 años comenzó a sentir un profundo interés por la música, etapa en la que empezó a escribir sus primeras canciones. Su debut como compositor fue con la obra “El Colibrí”, una canción que nació de su sensibilidad hacia la naturaleza, al observar cómo ese pequeño pájaro libaba el néctar de las flores. Esta obra fue grabada por el recordado maestro Julio Erazo Cuevas (Q.E.P.D.), orgullo de Guamal, quien además fue una de las principales influencias y guías en los inicios artísticos de Ruidíaz.

José Isael ha dedicado su vida a la composición de vallenato tradicional, aunque también ha incursionado en otros géneros como la música tropical, el porro, la música popular y las versiones llaneras. A lo largo de su trayectoria, que supera las cuatro décadas desde la grabación de su primera canción en 1979, ha creado un repertorio de aproximadamente 180 a 200 canciones, reafirmando su compromiso con el arte musical colombiano.

Sus obras han sido interpretadas por reconocidos artistas como Julio Erazo, Próspero Posada, Los Hermanos Martelos, Omar López Santos, Luis K. Jiménez y más recientemente por Javier Niño, conocido artísticamente como El Chavelito del Caney.

Miembro activo de SAYCO, José Isael Ruidíaz ha mantenido siempre una línea de inspiración muy clara: la naturaleza, el amor y las mujeres, temas que se entrelazan con sentimientos de nostalgia, devoción y esperanza. En sus letras transmite un mensaje de amor a Dios, respeto por la vida y el anhelo de un mundo en paz.

Para él, ser compositor en Colombia representa un reto, pero también un honor, pues considera que su misión es llevar alegría y emoción a través de sus melodías. Fiel a sus principios, deja un consejo a las nuevas generaciones:

“Que compongan con el alma y con coherencia, porque la verdadera música nace del corazón”.

Lcda. Belinda Olano Barrera
Periodista y gestora cultural
Estampas Vallenatas del Folclor

Tomás Martínez Montenegro: ¡El Curucutiador!

«La cultura es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y vivir»: Milan Kundera (escritor, dramaturgo, ensayista y poeta checo)

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

En la vasta y palpitante geografía del Caribe colombiano, donde los vientos arrullan con cantos antiguos y el sol dora las raíces de la tierra, hay almas que no solo habitan el arte: lo respiran, lo encarnan, lo hacen carne viva. Una de esas almas luminosas es la de Tomás Martínez Montenegro: caminante de la palabra y del ritmo, sembrador de memoria, tejedor de identidades.

Escritor apasionado, investigador cultural incansable, compositor de música vallenata y de otros aires del trópico; pero más allá de los títulos, es un hombre que escucha el murmullo del pasado y lo transforma en canto.

Su obra, más que una expresión individual, es un puente de tierra y tiempo, un eco que enlaza generaciones con un hilo invisible pero poderoso: el de la tradición viva.

No fue el azar quien lo bautizó con ese nombre curioso y entrañable: “El Curucutiador”. No lo define un diccionario, sino el alma popular, que reconoce en él a quien husmea entre las raíces, al que curiosea en los pliegues de la historia, al que busca con hambre tierna y terquedad poética lo que otros dejan pasar. «Curucutear», en su universo, es más que mirar: es descubrir, es escarbar en el silencio para encontrar voces. Si le das una palabra, te devuelve un relato; si le das una pausa, te escribe un poema. Tiene el espíritu de un gato curioso y el corazón de un niño que aún no se resigna al olvido.

Nació un domingo, el 8 de marzo de 1981, como si el calendario mismo le hiciera un guiño al arte y a la sensibilidad. Fue en el Hospital Santander Herrera de Pivijay, Magdalena, donde el Caribe colombiano canta bajito en los patios y las madres aún acunan con coplas. Pero su verdadera infancia, la que se escribe con mayúsculas en el alma, transcurrió entre las calles polvorientas del corregimiento de Sabanas, en el municipio de El Piñón. Allí vivió hasta los once años, entre juegos de tierra, cantos de grillos, lluvias dulces y la brisa cómplice que le hablaba al oído.

Fue el primogénito del amor sencillo y profundo de Cira María Montenegro Cantillo y José del Carmen Martínez de la Cruz, campesinos de manos callosas y corazón abierto, sembradores de vida que supieron enseñar, con su ejemplo silencioso, el valor de la tierra, la dignidad del trabajo, el milagro cotidiano del maíz que florece. En ese hogar de afectos humildes y raíces hondas, Tomás aprendió a escuchar el lenguaje secreto del mundo.

Su primer contacto con las letras fue en la escuela Las Vásquez, llamada así por el apellido de sus fundadoras. Allí, entre pupitres sencillos y pizarras de tiza, comenzó su travesía por el abecedario de la vida. Fue también el lugar donde despertó su amor por la lectura, la investigación y los cantos vallenatos que ya vibraban en su sangre gracias a su padre, ferviente seguidor de Los Hermanos Zuleta. Aquella música que brotaba de las casetas y los radiotransistores no era solo melodía: era historia viva, poesía campesina, mapa del alma costeña.

Cursó hasta cuarto de primaria en la Escuela Rural Mixta de Sabanas, donde guarda un recuerdo especial de la profesora Emma Pizarro, maestra de las que dejan huella, a quien aún conserva en su afecto y memoria. Luego, su camino lo llevó de regreso a Pivijay, donde culminó el quinto grado en la Escuela Urbana de Varones No. 1, y más tarde la secundaria en el Colegio Nacional de Bachillerato (hoy Liceo Pivijay), donde no tardó en destacarse por su inteligencia aguda y sensibilidad singular.

Pero Tomás no es solo un académico ni un artista de libreta. Es un curador de lo intangible, un cronista de lo que se siente más que de lo que se dice. A la par de su formación profesional, ha dedicado su vida a escribir, componer, investigar y preservar la cultura costeña, esa herencia mestiza y luminosa que habita en cada esquina del Caribe. Sus raíces campesinas no son un recuerdo, son el faro que guía su palabra. El contacto íntimo con la naturaleza, con la sencillez de la vida rural, con los silencios que también narran, ha sido la savia que nutre sus libros, sus canciones, su mirada.

El vallenato, más que música, ha sido para él una forma de estar en el mundo. Desde niño, esas letras cargadas de historia y envueltas en melodías que saben a campo y a calle le marcaron el alma. De esa pasión nació el compositor que hoy habita en él. Sus canciones no son artificios: son ventanas abiertas al alma popular, reflejos de su gente, de su pueblo, de su infancia. Tienen el perfume del campo y el ritmo del corazón costeño. Son, como él mismo, una mezcla de tierra y cielo, de lágrima y carcajada, de pasado y presente.

Luego se traslada a la ciudad de Bucaramanga para adelantar sus estudios universitarios y se gradúa de Ingeniero Industrial, con Especialización en Gerencia de Proyectos y un MBA en Administración y Gestión de Empresas.

La llegada a la llamada «Ciudad Bonita» lo marcó profundamente porque pudo apreciar el contraste radical entre el Caribe y la región andina. El cambio geográfico, cultural y emocional le provocó tristeza y melancolía y fue precisamente ese duelo con la nostalgia lo que lo impulsó a escribir un libro sobre la cultura costeña. Para Tomás, la cultura no es solo geografía: es identidad, es herencia, es una forma de respirar el mundo.

Es entonces cuando crea la página “Cultura Costeña: palabras, dichos, costumbres y creencias”, un espacio digital de rescate, de memoria, de exaltación de lo nuestro. Su motivación: escudriñar y descifrar esas huellas culturales y paleontológicas del lenguaje y la tradición oral, que están a la vista, en el habla, el imaginario colectivo, la música y las letras. Todo ello nace de su nostalgia, sí, pero también de una voluntad profunda por preservar y dignificar la vida del pueblo.

A esto suma una intención académica: insertar fundamentos historiográficos y lingüísticos al conocimiento popular, para demostrar que la oralidad también posee valor documental y profundidad intelectual. Sostiene que cuando uno vive en un pueblo, está bajo el embrujo macondiano, y eso muchas veces no permite vislumbrar la riqueza que se tiene.

Estas y muchas más razones nos confirman que Tomás Martínez Montenegro seguirá curucutiando, porque su gente se reconoce en sus libros, en sus canciones, en sus publicaciones. Su diálogo constante con lectores y seguidores le ha permitido descubrir la mayéutica socrática: preguntar para que otros encuentren la verdad que yace en su interior. Ese ejercicio se ha convertido en una sinergia del conocimiento, gestado colectivamente, en red, desde el corazón del pueblo.

El Curucutiador aprendió a escudriñar las raíces del alma costeña, nuestra herencia bucólica y rupestre. Y aunque su arte brota de su propia sensibilidad, también es fruto de una herencia literaria: su tío materno Julio Montenegro, compositor, poeta y escritor, y sus primos Rafael Montenegro García, relator costumbrista de corte picaresco, y Nelman Montenegro López, narrador de cuentos e historias populares.

Tomás Martínez nació con el don de contar historias. Las vive, las canta, las transforma en puentes hacia la memoria colectiva. Es un escritor de raíces profundas, un investigador incansable de los saberes ancestrales, un compositor de versos que se hacen vallenato en el corazón de la gente, un creador de contenido que honra lo cotidiano, lo auténtico, lo nuestro. En cada una de sus facetas, es un guardián de la cultura, un tejedor de identidades que, con sensibilidad y amor, le da voz a las tradiciones que habitan en la entraña del Caribe colombiano.

Libros publicados: ‘Homenaje al Pueblo de la Cultura Costeña’ (Tomo 1 y 2).

En proceso: Obra lingüística e histórica con cerca de 300 expresiones raizales del dialecto Costeñol.

Relatos costumbristas e investigaciones destacadas:

  • Durmiendo en la iglesia de Corralviejo.
  • Descifrando la expresión «Apa ‘o’a» de Alejandro Durán.
  • Quedar con los crespos hechos: origen, usos y variantes en la cultura costeña colombiana.
  • Un hombre fuera de tiempo: Nelman Montenegro.
  • El bohemio: Manuel del Cristo Martínez de la Cruz.
  • Un personaje del pueblo: Augusto César Montenegro Ternera.
  • El Saca Muelas’ sonrisa hasta la eternidad, entre muchos más.

Canciones (grabadas e inéditas): Más de 60 composiciones; entre ellas, ‘Soy de pueblo’, ‘Amor de costumbre’, ‘La bendecida’, ‘Noche de tangas’, ‘Vallenato en gaitas’, ‘Navidad en el pueblo’, ‘El mechón’, ‘El machete’, ‘El Paso de Los Durán’, ‘El pueblo es la inspiración’, ‘El sabanero de oro’, ‘La danza del río’, entre otras joyas musicales.

Intérpretes destacados,
cantantes: Daniel Camilo Baquero Romero, Carlos Alvarado Rodríguez, Horacio «El Chacho» Mora, José de la Cruz, Carlos Mario de la Cruz, José Yancy, Elías Figueroa.
Acordeoneros: Eris Puentes, Xavier Kammerer Ramos, José Martín de la Cruz.

Festivales y premios:

  • Festival Río Grande de la Magdalena (2021) – Primer lugar en canción inédita.
  • Festival La Perla del Norte (2022) – Tercer lugar.

Participaciones en El Banco, Valledupar, Pivijay, Urumita, La Loma, entre otros.

Eventos literarios y publicaciones:

  • Antología Internacional «Entre la guerra y la paz» (2022).
  • Antología «Tejiendo memoria» (2021).
  • Feria del Libro “Déjame leer en paz” (2022) – Barrancabermeja.
  • Festival Autóctono III (2025) – Piedecuesta, Santander.

Tomás Martínez Montenegro es más que un nombre en las páginas del folclor, es un eco que vibra entre las palmas y el polvo del camino. Es un farol encendido en la noche del olvido. Es artesano de la palabra y de la nota, cantor de la memoria y del alma, alquimista del pasado y sembrador de futuro.

En su pluma, la cultura se hace río; en su voz, la historia canta; en su corazón, el pueblo encuentra refugio. Él no solo escribe, consagra. No solo compone, honra. No solo investiga, revela.

Escritor de la memoria viva, compositor del alma popular, investigador de los silencios heredados, gestor del espíritu comunitario y creador digital de un archivo emocional que no cabe en bibliotecas.

Tomás es verbo y raíz. Es tambor y verso. Es pueblo, es tierra, es viento, es fuego. Es Caribe que no se olvida.
Es, en definitiva, el Curucutiador eterno, custodio de lo nuestro, sembrador de identidad, cantor de la verdad profunda que solo los que aman su origen logran convertir en poesía.

Atentamente, Ramiro Elías Álvarez Mercado.

Porte y Elegancia: Un canto al renacer del amor en clave de sentimiento vallenato

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

«Porte y Elegancia», del compositor Edwin Andrés “Mákina” Altamiranda Mercado, es un paseo vallenato que retrata, con profunda sensibilidad, el viaje emocional de un hombre marcado por el dolor de una separación amorosa. La letra, cargada de nostalgia y reflexión, nos sumerge en el duelo sentimental de alguien que, tras perder un amor, creyó cerrado para siempre el capítulo del enamoramiento.

Sin embargo, la vida le tenía reservada una nueva oportunidad: un reencuentro con el amor, esta vez encarnado en una mujer que, con su porte y elegancia, despierta nuevamente su corazón adormecido.

La interpretación vocal del maestro Miguel Herrera le imprime a la canción un carácter auténtico, lleno de matices emocionales.
Su voz, clara y poderosa, transmite con sinceridad el dolor del pasado y la sorpresa de un nuevo amor, logrando conectar profundamente con quien la escucha.

En cuanto a la melodía y los arreglos, el acordeón a cargo de Eneison Salas juega un papel protagónico en la narrativa musical. Desde los primeros compases, el instrumento de pitos y bajos se convierte en el hilo conductor de la historia: inicia con un lamento melódico que evoca el desconsuelo del protagonista. Al principio, el acordeón llora. Casi se arrastra, como quien aún no encuentra consuelo. Pero, poco a poco, se eleva, se transforma, florece. Y en ese florecer, con notas delicadas pero firmes, dibuja el rostro de esa nueva mujer, que no solo enamora por su belleza, sino por su porte y elegancia, por su manera de llegar sin buscar protagonismo y quedarse sin pedir permiso.

Conforme avanza la canción, los arreglos se tornan más cálidos y esperanzadores, reflejando el resurgir del amor. Los matices en los pases del acordeón, su digitación precisa y emotiva, y la armonización con la caja y la guacharaca logran ese equilibrio perfecto entre tristeza y renacimiento que caracteriza las piezas del vallenato romántico.

«Porte y Elegancia» no es solo una canción de amor; es una declaración de que el corazón, aunque herido, siempre tiene la capacidad de volver a sentir. Una obra que honra la esencia del vallenato narrativo, donde la música y el mensaje se funden para contar historias que todos, de una u otra forma, hemos vivido.

Aquella ‘Sombra perdida’ que encontró El Binomio de Oro

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Cuando el palpitar de la añoranza no se quería marchar del corazón de una adorada mujer, ella optó por dejar constancia que todo se había perdido en aquellas sombras borradas por la luz de la aurora, provocando que el día fuera perfecto.

Entonces para poner en marcha su proclama, la cantautora Rita Fernández Padilla, se sentó en el viejo piano que le regaló por allá a comienzos del siglo pasado su abuela Josefa María Padilla a su mamá María del Socorro Padilla de Fernández, haciendo el ejercicio de tocar sus teclas y, con versos que había escrito en una hoja de cuaderno, comenzar a cantar. Al terminar esa ponencia musical pensó en el título, resumiéndolo en dos palabras: ‘Sombra perdida’.

Ese sentimiento que marcó su vida lo bordó con su talento y tiempo después la canción fue llevado a la pasta sonora por Rafael Orozco e Israel Romero, El Binomio de Oro ‘De Caché’, corte uno del lado A. Ese acontecimiento sucedió el jueves 17 de abril de 1980.

Para ella no fue difícil recorrer en su pensamiento el sordo camino de la ausencia enmarcado en sombras perdidas, donde su amor no tuvo eco, muriéndose irremediablemente debajo de incontables estrellas que se negaron a alumbrar su cielo. “¿Queeeeé fuiste tú para mí? Un grito que se ahogó en la distancia, un sol que murió con la tarde. Un cielo colmado de estrellas en noches veraneras fuiste tú para mí. Tú fuiste el ave de paso, que vino a posar en mi vida. Hoy solo eres sombra perdida, vagando en recuerdos de ayer”.

Recuerdos del corazón

Rita Fernández con esa sonrisa que nunca esconde para no darle oficio a la tristeza, se transportó a aquel recuerdo. “La canción la compuse al inicio del año 1980 y no me demoré en hacerla, tampoco la aplacé para más adelante. Nació en un solo día. Tiempo después me reuní con Rafael Orozco e Israel Romero, y se las interpreté en el piano. Ellos me la hicieron repetir, les encantó y luego me prometieron grabarla. Fueron testigos de este hecho los compositores Gustavo Gutiérrez Cabello, Santander Durán Escalona y Fernando Dangond Castro”.

Estando en ese viaje rápido de la memoria, continuó: “Esa canción en el acordeón de Israel Romero y la voz de Rafael Orozco, calcó todo mi sentimiento y sigue sonando como si fuera ayer. Tengo una cantidad de anécdotas, pero me quedó cuando Rafael la cantó estando yo tocando el piano y me pude transportar al día que la hice. Vea, ya hacen 45 años”.

Cuando hasta el mapa del adiós se había perdido, no se podía dejar suelta la pregunta sobre quién hizo posible el nacimiento de esta bella canción. Ella hizo una exposición de esas que cierran todas las puertas. “Todo comenzó cuando creí en una persona pensando que era sería, transparente y con las mejores intenciones, pero no fue así. Había que cerrar esa puerta con doble candado”.

No quiso decir el nombre del protagonista, pero se le preguntó sí era un médico vallenato. Ante esto, manifestó: “Puede ser, aunque digo que a las cosas se les pierde el encanto cuando tienen tanta revelación, y por eso mis canciones cuando nacen son libres y no las dejo atadas a nada”.

De repente, confesó que el amor poco hizo cuna en su corazón, y la suma de los sentimientos no le daba el mejor resultado. “Para mí el amor fue muy difícil porque siempre prefería mi música y me la pasaba haciendo presentaciones. Entonces, saltaban los celos de los novios, y eso se convertía en un gran inconveniente. Tuve muchos pretendientes porque la música es un gran atractivo y también por mis cualidades. Al ver esos episodios les daba la espalda a esos amores”.

Al explicar ese proceso, añadió su propia conclusión. “Llegó el momento en que me di cuenta que el matrimonio no era para mí. Si estuviera casada, otra fuera la historia, y no hubiera podido llegar a concretar mi pasión por la música que me ha dado tantos honores. Estoy convencida que no todos los seres humanos se realizan de la misma manera. Definitivamente, las canciones son mis hijas y esa es mi gran realización”.

La cantautora nacida en Santa Marta, entrando en el plano de otra clase de amor, señaló: “El único amor que nunca me ha fallado es el de la música vallenata”. Calló un instante, y luego perseveró en su relato: “La música tiene un sentimiento puro, noble, generoso, espontáneo, y eso provocó que creara en 1968 la agrupación femenina ‘Las universitarias’, con la cual me presenté en el Primer Festival Vallenato, interpretando varias canciones de mi autoría”.

Sombra del ayer

Con la canción ‘Sombra perdida’ la cantautora Rita Fernández, supo curar sus heridas, romper su silencio y pensar más de dos veces en volver a cultivar amores. Siguió componiendo, pero de todas maneras esa historia no ha dejado de perseguirla porque se convirtió en un clásico del vallenato, y como lo dijo un fanático, se escucha hasta en Capernaúm. “Prefiero sentir ya tu ausencia saber que no estás en mi vida. Hoy sólo eres sombra perdida, vagando en recuerdos de ayer”.

Aunque en aquella ocasión la felicidad fue de corto vuelo y el corazón no alcanzó la máxima nota del amor, ella sigue sentada en aquel viejo piano donde nacieron bellos cantos, entre ellos el más grande homenaje a Valledupar, la tierra que le abrió sus brazos sin pedirle pasaporte.

Durante la entrevista destacó a las dos ciudades pegadas a su corazón, Santa Marta y Valledupar, a su padre Antonio María Fernández Daza, quien le marcó el camino de la música y al reconocimiento que le hicieran en el Festival de la Leyenda Vallenata del año 2019.

En la agradable charla matizada con sonrisas nunca guardó silencio, igual que aquella vez cuando el médico de la historia no quiso formularle la medicina para el mal del corazón, y ella con la magia de su inspiración en pocas horas supo convertirlo en sombra perdida.

Develado afiche promocional del 59° Festival de la Leyenda Vallenata

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata en un concurrido acto develó el afiche promocional del 59° Festival de la Leyenda Vallenata, que será en homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América. El certamen se realizará del 29 de abril al 2 de mayo de 2026.

Sobre lo anterior Rodolfo Molina Araújo, presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, señaló. “Dimos a a conocer el afiche promocional e indicamos que este homenaje es más que merecido porque Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América, han sido abanderados del folclor vallenato llevando su mensaje musical por el mundo. Gracias a todos los que nos acompañan en este proceso que tendrá a Valledupar durante varios días como la vitrina musical de Colombia. Mientras tanto, como todos los años avanzamos en el propósito de conservar y promover el vallenato tradicional, tarea que se inició en el año 1968”.

Finalmente, Rodolfo Molina, anotó. “Como siempre lo decimos, este es un trabajo sin cansancio que ha arrojado grandes frutos en todos los órdenes. Tenemos como ejemplo, qué en el evento de este año, versión 58, estuvieron presentes más de 10 mil concursantes, siendo la mayoría los 243 grupos de piloneras en sus distintas categorías. También llegaron a Valledupar más de 120 mil visitantes”.

Desde el pasado 9 de julio la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, hizo el anuncio del homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América, comenzando a trabajar en diversos aspectos, siendo el principal, el afiche promocional. En ese sentido, Israel Romero propuso incluir a Codiscos, su casa disquera, quien posee un abundante material fotográfico de los artistas. Ellos, proyectaron un borrador y la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata aplicó los estándares de manejo que se viene dando en los anteriores afiches promocionales.

Se hicieron varias reuniones entre las partes y en cabeza del presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata Rodolfo Molina, se ajustaron los pormenores y se aprobó.

Por parte de Codiscos estuvo Carlos Ortiz, director creativo y diseñador gráfico, ganador del Latín Grammy, a mejor diseño de empaque en la edición 25 de los premios, quien ha trabajado en la industria musical por más de 20 años creando portadas para distintos artistas, para que nos haga la explicación sobre el proceso de creación del afiche promocional.

De este trabajo conjunto hizo parte Rubén Darío Torres Rivera (Rudato Jr.), publicista profesional egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, con amplia trayectoria en estrategia de marca, comunicación visual y gestión cultural, y quien desde hace 12 años respalda a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata en los procesos de comunicación y promoción del evento.

Respecto al afiche promocional el diseñador gráfico Carlos Ortiz, anotó. “Para Codiscos es un honor haber contribuido con el diseño del afiche, justo cuando estamos cumpliendo 75 años. Nuestra historia está profundamente ligada al Binomio de Oro. Es una pieza única y digna de tan importante homenaje”.

En la parte superior del afiche están Israel Romero y a Rafael Orozco con un smoking negro que recuerdan sus portadas en ‘De caché’, ‘De exportación’ y ‘5 años de oro’, en una elegante, imponente y distinguida sobriedad.

En la parte inferior, trajes blancos referenciando las portadas de ‘Enamorado como siempre’, ‘Fuera de serie’, ‘De fiesta’ y ‘Somos el vallenato. Es una imagen que los muestra en una interpretación alegre, expresiva, apasionada y enmarcada por luces y espectáculo. Todo combinado creando un afiche cinematográfico que nos muestra la elegancia, la alegría inigualable, el espíritu romántico y el poder transformador de su música.

Maravilloso afiche promocional

El acordeonero Israel Romero, sobre el afiche promocional, manifestó. “Maravilloso el afiche porque quedó plasmado todo lo que nosotros representamos para la música vallenata. Muchos agradecimientos para la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y estamos prestos a emprender esta causa que nos llevará a resaltar más y más la música vallenata. A todos los amantes del vallenato los esperamos en Valledupar”.

De igual manera, Wendy Orozco Cabello, hija del cantante Rafael Orozco, expresó. “Mi familia está súper contenta por este homenaje en el Festival de la Leyenda Vallenata. Siento que el Binomio de Oro de Rafael e Israel, y todos los que han continuado esta senda musical se lo merecen. El afiche quedó maravilloso y es un punto a favor. Les extiendo la invitación a todos”.

El acto tuvo momentos llenos de anécdotas, recuerdos y de esas canciones que siguen sonando, porque tiene la esencia del sentimiento y esa alegría que en su estilo sigue regalando el Binomio de Oro de América, quien en toda su historia ha recibido distinciones, entre los que se destacan siete Congos de Oro del Carnaval de Barranquilla, galardón en el Festival Internacional de la Orquídea en Venezuela y cuatro nominaciones al Grammy Latino Cumbia/Vallenato, entre otras.

Después de la develación del afiche promocional continúa la organización del 59° Festival de la Leyenda Vallenata que tendrá lanzamientos en distintas ciudades del país, concursos de acordeón, canción vallenata inédita, piqueria, pintura infantil, foro, concurso de pintura infantil, espectáculos musicales, los tradicionales desfiles de grupos de piloneras en sus distintas categorías y de Jeep Willys parranderos.

Valledupar nuevamente contestará presente a la cita anual de finales del mes de abril cuando es esta ocasión se escuchará el famoso verso. “El Binomio llegó con todas sus canciones que la gente escuchó en tiempos anteriores”.

Carlos Ortiz, director creativo y diseñador gráfico de Codiscos