Mirley Rodríguez «La Voz»- Biografía Artística

Mirley Rodriguez palacios, nace el 30 de julio 1982 en Acandí, ubicado en el extremo norte del departamento del Chocó al noroccidente de Colombia a orillas del mar caribe.
Mirley además de su gran talento para cantar tambien es una mujer profesional, egresada del SENA como técnologa en contabilidad y finanzas. Sus inicios en la música a nivel profesional fueron a los 9 años cuando tuvo la gran oportunidad de cantar junto al maestro Calixto Ochoa en unas fiestas patronales de su pueblo, en la primaria y secundaria cantaba en casi todos los eventos que se realizaban, tambien formó parte del grupo vallenato del municipio, llevando en alto su gran talento con la participación en varios concursos, entre ellos «Cantando por el Litoral» en el municipio de Turbo, Antioquia, ocupando el 5 to lugar entre los 10 mejores. En Quibdó también participó en el Primerfestival de canto y composición Neivo de J Moreno Becerra ocupando el 2 segundo lugar, esta vez con jurados más influyentes en la música como Goyo , durante 1 año canto en una agrupación vallenata en Pereira siendo la Reina entre los hombres.

Tiempo después regresa a su tierra natal Acandí, donde cantaba también con el grupo local del municipio, pero lamentablemente en los pueblos es muy poco el apoyo que nos brindan a los artistas locale. Después de un tiempo de no ver resultados en el municipio porque allá solo viven de la música los artistas de otras partes, los que llevan a amenizar fiestas como el Festival de la Cigua que se realiza todos los años en CAPURGANÁ, las fiestas patronales de la Virgen del Carmen y otras pero para los locales no esa oportunidad sintiendose un poco decepcionada se retiró mucho tiempo de la música.

Su primera canción grabada a nivel profesional fue «Llegó el Amor» de la autoria de Jaider Enrique Mosquera, canción que tuvo muy poca promoción por falta de apoyo.

Durante el tiempo de la pandemia su esposo le hizo la recomendación de hacer un video y subirlo en Facebook, al principio sintió temor al rechazo de la gente en las redes, al final la convenció y fue una gran aceptación en las redes, a veces le resulta avanzar en el medio artístico por la falta de recursos, agradecida siempre con Dios por ese don y talento para cantar, a su esposo por su gran apoyo y a todas las personas que la han apoyado en este camino que hemos decidido emprender de la mano de Dios.

Para Mirley Rodríguez han habido muchos acontecimientos importantes que la han enseñado que lo más bonito y más gratificante para un artista es el cariño de la gente. Durante su carrera musical ha sido de gran relevancia haber cantado con el maestro Calixto Ochoa y el que más la marcó fue en Quibdó en presencia de sus padres sintiendo el gran orgullo de estar frente a ellos, cantar y ver al público clamar otra canción, además ganar el segundo lugar donde habían participantes con gran talento en la música.

La canción que me dio a conocer en las redes fue, «Volví a Fallar», cantada por Patricia Teheran, autor Fabian Corrales. Pero sin duda alguna Bendito Diciembre ha sido la canción que le ha abierto puertas dandola a conocer con personas muy especiales y con un gran conocimiento en el género que la han apoyado.

Entre las canciones que ha grabado Mirley Rodríguez a nivel profesional se encuentran las siguientes:

*Homenaje al maestro Adolfo Pacheco «El Pintor», No te importó mentir del maestro Marciano Martínez,*Cover Volver a la Ternura- Autor Ivan Ovalle, entre otras que pueden encontrar en su canal de Youtube.
Su más reciente trabajo discográfico, «Enamorada de la autoría de Hernán Restrepo y «Llegó el Amor» del compositor Jaider Enrique Mosquera.

Redes Sociales de Mirley Rodríguez

Facebook: Mirley Rodriguez
Instagram: mirleyrodriguezoficial
You tube: Mirley Rodriguez la voz
Tiktok: mirley_rodriguez05

Shadia evoca con alegría el sentimiento de un ‘Jilguero’ que se marchó a cantar en la eternidad

Un recuerdo que no huye del corazón, que no se esconde en el alma, sino que permanece en esos instantes que tienen el poder de perpetuarse en el tiempo. Un regalo del abuelo a su primera nieta

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Una madrugada después de una presentación musical, el cantante Jorge Oñate llegó a su casa y su cuerpo entró en el natural descanso. Estando en esas, tuvo un sueño que lo hizo despertar. Su mente estaba en línea directa con su corazón trasmitiéndole unos versos y una melodía para dedicarla a un ser que alegraba su vida, su nieta, la que cariñosamente lo llamaba “Papa”.

Porque Shadia está muy grande

es que Shadia se creció,

ella es el amor de papá

que me la bendiga Dios.

Un verso sencillo que expresaba el más ferviente cariño del abuelo de corazón noble y quien sabía señalar el horizonte con amor y confianza. Shadia Oñate Villafañe, la hija de Jorge Luis y Kelly, le prodigó a su abuelo aquel amanecer feliz, y desde ese momento comenzó a armar el rompecabezas de versos, para que tuviera la contundencia necesaria, el sentimiento más grande y la melodía exacta para adaptarla al acordeón.

Jorge Oñate no hizo mucho esfuerzo porque días después lo dijo: “Shadia, es mi primera nieta. Ella es de mi alma y todos saben la adoración que le tengo. A Shadia, la quiero, como también a mis otros nietos, Madena y Jorge Samuel. Prácticamente, a Shadia la criamos Nancy y yo, por eso la adoración es muy grande y ella se comprende mucho con nosotros”. Con estas palabras de amor a sus nietos, la tarea fue fácil porque el corazón mandaba señales de alegría.

Quisiera ser como Escalona

pa’ hacerte una casa en el aire,

que no te visite nadie

solamente mi persona.

La canción tomó forma y Jorge Oñate iba pensando. “Rafael Escalona, le hizo su canción a Adaluz; Calixto Ochoa, al retoñito; Hernando Marín, a sus muchachitas; Diomedes Díaz, a su muchacho y, otros compositores más le hicieron a sus hijos. Yo también le he cantado a mis hijos: Delfina Inés, Jorge Daniel y Jorge Luis, entonces era preciso hacerlo con mi primera nieta en representación de todos”.

Se me ha ido Delfina Inés,

pero, me ha quedado Shadia,

y también Jorge Samuel

y Madena, son mi alma.

La inspiración lo acompañó y, poco a poco fue armando los versos que le dieran la fórmula precisa para homenajear a su nieta. Esa niña inquieta que adelantaba en aquel entonces el grado de preescolar y que en sus ratos libres también cantaba, queriendo emular a su abuelo.

Me lleno de sentimiento

cada día la veo más grande,

ya me estoy poniendo viejo

no tengo cuando olvidarte.

Cuando la canción había tomado forma, Jorge se la hizo conocer a su esposa Nancy y a sus hijos. Aquella vez, anotó: “Para mi familia fue algo de mucha alegría y sentimiento. Después la estrené en una presentación en Sahagún, Córdoba”.

El hombre que partió en dos la historia de la música vallenata y las canciones que interpretó suenan por todas partes, bajó su cabeza y como premio dejó correr por sus mejillas unas lágrimas. Esas lágrimas fueron la muestra del más fiel sentimiento que hizo posible que desde su garganta brotaran los más elocuentes versos, dedicados a un ser que Dios trajo al mundo para alegría de todos y que se había convertido en una noticia cantada.

…Y Shadia la escuchó

La nieta a quien le habían dedicado el canto estaba inocente. No sabía nada, hasta que su abuelo la llamó y se lo hizo escuchar. Ella, quien se sabía algunos de los cantos interpretados por su abuelo, no dudó en ponerse feliz y de inmediato le entregó el mejor regalo: un abrazo, un beso y una sonrisa que valen más que mil palabras.

Desde aquel momento, Shadia hizo suya la inspiración de su abuelo. De todas formas, era para ella y en voz alta repetía y repetía: “Porque Shadia está muy grande, es que Shadia se creció, ella es el amor de papa, que me la bendiga Dios”.

Cuando Jorge Oñate quiso contar esta historia, las palabras se le escondieron en la garganta y solamente después de pensarlo, comentó. “Shadia se la sabe, ya la canta. En sus ojos noto la alegría. No hay palabras para explicar su felicidad. Es el homenaje a mis nietos, que como digo, son mi continuidad. La canción queda como una proclama del amor inmenso que primero los padres tenemos para los hijos, y después, se prolonga con los nietos y bisnietos”.

En algún momento, Shadia se presentó, y sin pensarlo, Jorge su abuelo improvisó un nuevo verso que logró el aplauso de su nieta, quien prometió aprendérselo rápidamente.

Porque Shadia es mi nieta

porque Shadia está muy linda,

que Dios la tenga presente

y triunfe siempre en la vida.

De ese encuentro entre el abuelo y su nieta, sucedido hace 12 años, no hay letras en el abecedario para describirlo. Solamente quedó en el aire la frase de Shadia: “Gracias, papa”.

El recuerdo del cronista sobre aquella historia es como palpar de cerca la realidad de la vida en medio del inevitable silencio del adiós, y donde algunas lágrimas son la muestra de esos instantes que quedan calcados para siempre.

Al final, Shadia dijo que se acordaba de todo, y que la imagen de su “papa” Jorge Oñate está prendida en su corazón, donde lo cubre el más grande sentimiento, ese que canta hasta en ese infinito donde hace dos años voló ‘El Jilguero’.

JORGE OÑATE: EL CANTANTE INMARCESIBLE DE LA MÚSICA VALLENATA.

» Nuestra voz es la música que hace el viento al atravesar nuestro cuerpo»: Daniel Pennac (escritor y docente francés).

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

«Un cantante es un artista que produce melodías con su voz, normalmente utilizando palabras que pueden rimar, o también acompañado de música instrumental «.

El compositor y cantante de jazz estadounidense Roy Ayers dijo alguna vez «la verdadera belleza de la música es que conecta a la gente, lleva un mensaje y nosotros los músicos somos los mensajeros».
La anterior definición y concepto se aplica perfectamente a uno de los cantantes más representativos y trascendentales de la música vallenata.

Les hablo de Jorge Antonio Oñate González, quien le abrió los ojos a este mundo terrenal un jueves 31 de marzo de 1949 en La Paz (Cesar), uno de esos pueblos bellos, apacibles, tranquilos, de gente humilde y trabajadora, que transpiran música y alegría por cada poro de su cuerpo. Hijo de Delfina Oñate oriunda de esta tierra y Daniel González oriundo del interior del país.

En ese ambiente tranquilo y musical se fue desarrollando este pequeño niño, que como todos los de su edad se dedicaban a los juegos infantiles y travesuras que son características de los moradores de la provincia. El pequeño Jorge desde muy temprana edad sintió el llamado celestial de la música, asunto que no fue del agrado de su progenitora, porque este arte en ese tiempo era sinónimo de tragos y parrandas y ella, como toda madre, soñaba verlo con un título profesional.

Fue entonces que su tía Julia Martínez que en contravía de la señora Delfina aupó las dotes artísticas del jóven precoz, que cantaba a escondidas en parrandas y reuniones de amigos.

Otras de las pasiones de Oñate era el fútbol, deporte que practicaba y en el que sobresalía razón por la cual llegó a jugar en las inferiores del equipo Unión Magdalena de «la bahía más linda de América», la ciudad de Santa Marta, pero su otra pasión «ser cantante» hizo que renunciara a su naciente carrera como futbolista; es decir, que el llamado de la música estaba por encima de todo. Su voz estaba predestinada de manera irreversible a alegrar los corazones de la gente, algo que hizo por más de cinco décadas ininterrumpidas.

Fue un mensajero portador de diversión, música, folclor, entretenimiento, con la que muchas generaciones y amantes de esta música se sintieron identificadas. Desde sus inicios sorprendió con la tesitura de su voz: nítida, afinada, firme, potente y melodiosa, algo que causaba alegría y admiración en sus coterráneos, como se tituló uno de sus trabajos discográficos «Nací Para Cantar».

A la edad de 14 años ya era muy solicitado para deleitar con su voz a los pobladores de su terruño y poco a poco fue calando y ganándose un espacio entre los seguidores de la música vallenata y conociendo a maestros y representantes de esta expresión musical como: Rafael Escalona, Leandro Díaz, Emiliano Zuleta Baquero, sus paisanos Miguel y Pablo integrantes de la dinastía «Los López», así como al compositor Emiro Zuleta Calderón, entre muchos más. Motivo por el cual su señora madre Doña Delfina lo llevó a Bogotá y lo inscribió en el colegio de La Universidad Libre para que continuara con sus estudios. Pero como dice el viejo y sabio adagio popular «al que no le gusta el caldo se le dan dos tazas», en la fría capital colombiana tuvo un acercamiento con el Dr. Alonso Fernández Oñate, abogado, compositor y político, además de ser pariente de su madre, quien en el año 1968 le propone grabar un trabajo discográfico con la agrupación «Los Guatapurí» , con el acompañamiento en el acordeón del maestro Emilio Oviedo Corrales, donde curiosamente todas las canciones fueron de la autoría del Dr. Alonso Fernández y así nació el álbum titulado «Festival Vallenato», donde vinieron temas como: ‘Campesina Vallenata’, ‘Lavandera’, ‘María Eugenia’, ‘La Negrita del Ají’, entre otros . Los amantes de la música vallenata comenzaron a conocer y deleitarse con una voz fresca y distinta que partiría en dos la historia de la música de Francisco el Hombre.

Si bien es cierto que antes de la aparición de Jorge Oñate en el panorama artístico, hubo algunas grabaciones donde el cantante se separaba del acordeonista, que por esa época eran los llamados músicos completos (tocaban, componían y cantaban), fue Oñate la voz que más trascendió y abrió la compuerta: marcó la senda de grandes vocalistas del vallenato como: Poncho Zuleta, Rafael Orozco, Diomedes Díaz, Beto Zabaleta, Silvio Brito, Daniel Celedón, Iván Villazón, etc.

Al año siguiente en 1969 graba un nuevo trabajo discográfico titulado «Conmigo Es El Baile» al lado del músico natural de San Juan Nepomuceno (Bolívar) Nelson Díaz en formato de música tropical, de esta manera comenzó a correr el rumor que había nacido una voz con un timbre distinto a las que hasta ese momento se habían escuchado en el género musical vallenato.

Luego de aquel difícil debut Jorge Oñate se unió a la agrupación de Los Hermanos López, sus paisanos pacíficos «naturales de La Paz», con quienes escribió algunas de las páginas más recordadas de la historia de la música vallenata, que en ese momento tuvo un cambio significativo, ya que le imprimieron un toque de modernidad por así llamarlo, pero manteniendo su esencia original y provinciana.

Junto a Miguel y Pablo López Gutiérrez retoman un formato que había sido instaurado por el tres veces rey vallenato Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital, con guacharaca, caja, cencerro, tumbadora, bajo, guitarra, acordeón y acompañamientos de primera y segunda voz, algo que le dio mucho realce a los coristas e innovaron en el canto, amalgamando la influencia que venía del bolero, la balada y la ranchera, mezclándolos magistralmente con el estilo de vallenato, puro y auténtico del maestro Luis Enrique Martinez Argote conocido musicalmente como «El Pollo Vallenato», considerado como el creador de la escuela más grande en la ejecución del acordeón vallenato.

Podríamos decir que fue la agrupación de Los Hermanos López la encargada de abrirle un campo muy importante a un cantante, que a la postre terminó convirtiéndose en la voz líder y figura representativa de la música vallenata, una idea de evolución sana y atractiva para el folclor.

La primera producción musical al lado de Los Hermanos López se convertiría en una mancomunada fábrica de éxitos que llevó por título «Lo Último En Vallenato», publicado por la disquera CBS en el año 1970; a este trabajo discográfico le siguieron «Diosa Divina», 1971; «El Jardincito», 1972 y seis más para un total de nueve publicados entre 1970 y 1975, dejando una estela de éxitos que se convirtieron en verdaderos clásicos de la música vallenata.

Los reconocimientos y calificativos por tan exitosa carrera musical no se hicieron esperar y es cuando es apodado como «Ruiseñor del Cesar» y «El Jilguero de América», los responsables de estos bautizos son el periodista y escritor cordobés Juan Gossain y el locutor y animador cesarense Jaime Pérez Parodi.
El canto de estas dos aves canoras el Ruiseñor y el Jilguero se caracterizan por tener un gorgeo agudo y prolongado, con cambios de tonos, alegres, melodiosos, sonoros y potentes que resultan agradables para el oído, algo que percibimos cuando escuchamos al cantor de La Paz, a quien le quedaron bien puestos los mencionados apodos .

Luego de ese paso fructífero musical al lado de Los López se une con Emiliano Alcides Zuleta Díaz, miembro de otra dinastía que ha marcado con letras indelebles la historia de nuestra música vallenata, con quien grabó un solo álbum titulado «La Parranda y La Mujer» donde se desprendieron éxitos que quedaron para la posteridad. Este trabajo discográfico fue predecesor del álbum «Los Dos Amigos»junto al gran Nicolás Elías «Colacho» Mendoza Daza con el que grabó cuatro álbumes clásicos y como era costumbre en el Jilguero fueron exitosos y se quedaron para siempre en la memoria de sus seguidores. La racha de éxitos y trabajos discográficos del Ruiseñor del Cesar aumentó y se le unieron nuevas figuras en la ejecución del acordeón; tales como, Raúl «Chiche» Martínez y Juan Humberto Rois Zúñiga, jóvenes que alimentaron más su trayectoria con nuevos arreglos melódicos, notas más briosas y finas, producto de sus juventudes, que sirvieron como un bálsamo y una reinvención en Jorge que lo llevaron a consolidarse como el cantante inmarcesible de la música vallenata y para todas las generaciones día tras día. De esa fructífera simbiosis quedaron discos muy recordados, por su altísima factura literaria y compases melódicos, algo en lo que Oñate demostró su sapiencia: la visión que tuvo en seleccionar las canciones para sus discos, asesorado y rodeado siempre de los mejores compositores en distintos estilos, pero fiel a su peculiaridad, siempre ceñido a los cánones del vallenato añejo.

Su sólida y ascendente carrera artística continúa con Álvaro López Carrillo, hijo de Miguel y digno representante de su dinastía con quien también cosechó éxitos que sus seguidores guardan en su memorias y corazones.
También hizo pareja musical con Gonzalo Arturo «Cocha» Molina, Julián Rojas Teherán, Cristian Camilo Peña, Fernando Rangel, etc.
El Ruiseñor del Cesar hasta la fecha ha sido el cantante que más ha grabado con Reyes Vallenatos, incluyendo tres de los cinco Reyes de Reyes que hay hasta el momento.
Siempre se consideró un aprendiz de los juglares, a quienes les profesó un inmenso cariño, admiración y respeto, un cantante que siempre fue fiel a su estilo en todo ese trasegar que tuvo por más de cinco décadas, fue un hombre muy sencillo en el escenario, siempre se rehusó a usar demasiado espectáculo visual y prefería que su voz y la música hicieran el efecto.

Galardonado con muchos premios y reconocimientos en su larga trayectoria musical: 25 discos de Oro, 7 de Platino, 6 dobles de Platino, varios Congos de Oro en el carnaval de Barranquilla, además de un premio Grammy a la excelencia musical, entre muchos reconocimientos más.
Jorge Oñate como lo dijo el maestro Roberto Calderón Cujia en su canción «Patrimonio Cultural» que le dio título al último trabajo discográfico del Jilguero de América al lado de Álvaro López Carrillo, citando la frase de Julio César, el militar y político de la antigua Roma después de ganar una de sus batallas » VENI, VIDI, VICI» nos recuerda que el cantante inmarcesible » VINO, VIO y VENCIÓ» y que la música vallenata encontró en él, una de las mejores voces que con su canto dio a conocer las historias cotidianas e inspiraciones narrativas, costumbristas, poéticas y filosóficas que han sido recibidas con beneplácito de esta expresión musical, folclórica y cultural .
El domingo 28 de febrero del año 2021 la voz de Jorge Antonio Oñate González se apagó, pero su eco sonoro perdurará eternamente en los amantes de la música vallenata.

Fundación Periodistas Bolivarianos de América hizo entrega de reconocimientos en Santa Marta- Colombia

Con gran orgullo patrio y en reconocimiento de su gran aporte a la cultura musical de Colombia, al conmemorarse este 21 de febrero 196 años de la toma de posesión del Presidente de Colombia del Libertador Simón Bolívar se le otorgaron reconocimientos a los maestros Juan Ceballos, guitarrista que acompañó a Guillermo Buitrago en la divulgación de música vallenata en guitarra , a Héctor Palacios, colombiano residenciado en China, compositor e interprete del vallenato en el continente asiático y la niña “Prodigio del Acordeón», Galicia Camacho.

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LEANDRO JOSÉ DÍAZ DUARTE.» El invidente genial que todo lo veía».

«En la casa de Alto Pino se oyó por primera vez, el leve llanto de un niño que acababa de nacer»
Leandro Díaz.

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado.

El talento es una cualidad que puede permitirnos desarrollar un alto nivel de competitividad en cualquier ámbito profesional.

Alguien que supo explotar ese don que Dios le dio, el cual le fue beneficioso para el resto de su existencia, con el que descubrió su gran pasión por la música, actividad que fue perfeccionando poco a poco sumado a la perseverancia y la dedicación que se convirtieron en sus mejores armas para poder alcanzar el éxito como compositor de la música vallenata, fue el gran maestro Leandro Díaz, unas fantásticas herramientas sin las cuales incluso el más talentoso nunca podría triunfar en la vida.

Ninguna de las personas que le conocieron a temprana edad, le auguraban un buen futuro, dada su limitación visual. No obstante ello, el destino le tenía deparada cosas muy grandes, que solo con el correr de los años, se habrían de enterar quienes desde pequeño lo conocieron y fueron escépticos de que algún día obtuviera algún tipo de logro. Quizás no comprendieron que aquello de lo cual carecía (visión) le sería compensado de otra manera: una agudeza auditiva extraordinaria de tal manera que todo lo que ocurría en derredor era percibido por él, dando con ello vuelo a su imaginación.

Un lunes 20 de febrero del año 1928, en una alegre mañana de ambiente festivo por los carnavales que se festejaban en esa región del Caribe colombiano, llegó a este mundo un niño invidente en el hogar conformado por Abel Rafael Duarte y María Ignacia «Nacha» Díaz, a quien se le bautizó con el nombre de Leandro José Díaz Duarte, llevando por delante el apellido de su progenitora, nació exactamente en una finca llamada Alto Pino, ubicada en el municipio de Barrancas en el centro del departamento de la exótica Guajira.

Como era de esperarse, sus primeros años de vida transcurrieron en el campo, rodeado de la naturaleza, las fragancias de las flores y árboles nativos, el canto de los pájaros, el correr de las aguas de los riachuelos, el brincolear de las aves de corral, el mugir de las vacas, el olor a café matutino, el dulce aroma de las frutas maduras. Toda esa constelación de múltiples y variados sonidos y olores, fueron desarrollando en el pequeño Leandro, una cosmovisión muy particular, un mundo mágico y surrealista, que soñaba con vivir y dar a conocer.

Ese mundo en el que se sumergía diariamente le fue dando motivos para inspirarse. Inspiraciones que más tarde se habrían de traducir en cantos muy originales, productos de sus vivencias y una sensibilidad extraordinaria que fue desarrollando cada vez mayor y mejor.

Puede afirmarse, sin lugar a dudas, que este niño invidente se convirtió en un cronista muy agudo de la realidad que lo circundaba, pues a todo el que lo visitaba a su humilde morada, le solía preguntar por múltiples cosas, sumado a los libros, novelas y cuentos que le leía y narraba su tía Erotida, quien fue parte fundamental en el desarrollo imaginativo y literario de este genio de la composición, motivo por el cual mantenía enterado de los sucesos ocurridos en su región. Y ni que hablar de las damas, que empezó a tratar con dulzura, encanto y admiración, ellas fueron de gran inspiración y musas de muchos de sus cantos, aunque siempre se dolió a si mismo de sus penas, porque muchas veces se sintió muy solo y rechazado, tal como lo expresó en su célebre canción titulada ‘A MI NO ME CONSUELA NADIE’.

Muy a pesar suyo, de no haber tenido una formación académica, fue todo un visionario de los problemas que padece nuestra sociedad, motivo este que lo condujo a expresarse con cierta rebeldía, ante hechos que no consentía o no eran de su agrado. También se manifestó en otras áreas de la vida cotidiana, ya fueran estos de carácter amoroso, social, político o económico.
Peleó con todo y contra todos, manteniendo un diálogo permanente con la vida, la muerte, el amor, el desamor, táctica a la cual lidió con sus versos certeros, cargados de unas sublimes, mágicas y embrujadoras melodías y textos pletóricos de filosofía, poesía, pedagogía. Además de lo anterior fue un auténtico rey de la metáfora y otras figuras literarias, ya que con una precisión asombrosa, creó expresiones idiomáticas no comunes que causaban admiración, como fue el caso del clásico de la música vallenata titulado ‘LA DIOSA CORONADA’ a quien el premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez denominó como «el vallenato más lindo de Macondo», donde una de sus frases «En adelanto van estos lugares: ya tienen su Diosa Coronada», sirvió como epígrafe de una de sus magistrales obras literarias ‘EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA’.

La influencia de este maestro conocido como «El Homero del Vallenato» en la música de Francisco el Hombre, está entre el romanticismo clásico de una riqueza melódica exquisita, fuerza en la composición, combinada perfectamente con su precisión idiomática y un grafismo verdaderamente asombroso.

Tuvo un sentido práctico de la vida, vivió intensamente su mundo interior, mientras que otros esperaban la luz eléctrica o solar, él siempre se conformó con la iluminación espiritual y una luz interna con mucha fuerza que lo hizo salir y darle brillo a su mundo de tinieblas.
Díaz Duarte tuvo la particularidad de convertir el sufrimiento en un crisol, con el cual templó su condición poética y el talento que el Supremo Creador le concedió.
Muchas de sus canciones nacieron en esos momentos en los que el deseo se desbordaba y el amor parecía ser lo único que contaba. Por esa razón su música constituye un retrato o el vivo reflejo de sus experiencias personales y del deseo de amar donde no había espacio para la ficción, más bien eran como un desahogo de su interior, que se convertían en explosiones del alma.
Hablar de este gran maestro, es hacer referencia a un hombre con una inteligencia increíble, la cual era muy común sentirla al escuchar sus frases muy originales, esencia de unos verdaderos pensamientos filosóficos, tales como los siguientes:

» Mientras más lento se piensa, más rápido se triunfa»

» Si las mujeres no existieran el corazón de los hombres no tuviera oficio»

» A las mujeres siempre las he exaltado, hasta cuando me pagan mal»

» Dios no me puso los ojos en la cara, porque se demoró poniéndomelos en el alma»

» Yo no soy compositor, soy un pensador que le pone melodía a los pensamientos»

Leandro Díaz fue un manantial inagotable de talento, que con sus canciones alegró el corazón de los amantes de la música vallenata.
Rodeado del amor de su familia y miles de amigos, hombres y mujeres que admiraron su legado poético-musical se marchó de este mundo terrenal el sábado 22 de junio de 2013 en la ciudad de Valledupar. Partió dejando una historia musical invaluable que hace parte de la Banda Sonora de esta expresión musical, cultural y folclórica, que es la música vallenata, cómo olvidar que vino a este mundo a brindar alegría con sus canciones. Como dice el título de una de sus últimas composiciones ‘COMO YO NO HAY DOS’. Se nos fue el hombre, pero le abrió paso a la leyenda.

Con el gran Leandro Díaz podemos aplicar la frase del escritor mexicano Miguel Ángel Ruíz Macías que dice: «No vemos la verdad porque estamos ciegos. Lo que nos ciega son todas esas falsas creencias que tenemos en la mente».

«Nada es más triste que un recuerdo felíz».
Jairo Enrique Soto Hernández.