Julio de la Ossa: ¡el pequeño gigante del acordeón!

«A veces pienso que mi padre es un acordeón, porque oigo sus notas cuando me mira, sonríe y respira»: Markus Zusak (escritor australiano).

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

La música tiene la capacidad de crear identidades colectivas a través de signos no verbales; es decir, con gestos, movimientos, sonidos, expresiones faciales, inflexiones vocales y otros elementos que se utilizan para comunicar mensajes sin palabras. O sea, que no sólo la convierte en un discurso, sino en una herramienta en función de quienes desean y tienen la capacidad de expresar sentimientos y emociones por medio de ella.
Pero definitivamente la presencia de los instrumentos son importantes en la creación de una obra musical, porque le permite a los músicos traducir esos tonos melódicos placenteros que llegan al oído de quienes los escuchan.
Pero hay un instrumento que hizo posible uno de los géneros musicales más representativos de Colombia: el acordeón, que es el causante de que el vallenato haya traspasado fronteras y que sus más excelsos intérpretes, como los juglares de antaño hubieran abierto una trocha, que hoy se convirtió en una autopista pavimentada para los nuevos músicos.
Uno de esos juglares, que con su acordeón al pecho, sus canciones y su voz hizo un gran aporte a la edificación de la música vallenata fue Julio Enrique de la Ossa Domínguez, quien le abrió los ojos a este mundo terrenal, el lunes 20 de julio de 1936. 20 de julio uno de los días más importantes en la historia del país, ya que en esta fecha se celebra el Día de la Independencia de Colombia. Y es precisamente en este día festivo que llegó Julio a esta tierra como si viniera predestinado a convertirse en un artista que dedicaría su vida a amenizar fiestas y llenar de alegría el corazón de la gente. Nació en el hogar conformado por Julio de la Ossa Álvarez y Elvira Domínguez, de la que lamentablemente no pudo recibir las caricias maternales por mucho tiempo, ya que fallece cuando el pequeño Julito, como le decían cariñosamente familiares y amigos, tenía dos años de edad, quedando su crianza en manos de su abuela paterna Andrea Álvarez.
Allí en Chochó, un corregimiento de Sincelejo la capital del departamento de Sucre, en mitad de esa gran sabana que hace parte de una fructífera tierra en agricultura y ganadería, al norte del territorio colombiano, este pintoresco y alegre lugar tuvo la dicha de ver nacer a uno de sus hijos más ilustres: Julio de la Ossa. Chochó, cuyo nombre e identidad se da a través de un hecho curioso que lo hizo distintivo, y era que en tiempos de verano muchos arroyos, quebradas y riachuelos se secaban y en esta zona se formaban pequeños pozos de agua que proporcionaban ayuda y el precioso líquido con el que mitigaban la sed, no solo los habitantes del pueblo, sino también la de los corregimientos vecinos. A estos pozos en donde se quedaba almacenado el líquido vital los lugareños lo llamaban «chochos» y esa fue la razón para llamar a ese lugar de esa forma, pero con el pasar de los años, fue variando su connotación, ya que la palabra «chocho» en muchas ocasiones se utiliza como un término vulgar, por ende se le dio acento al final, dejando por nombre definitivo a esta hermosa y productiva tierra: Chochó, hoy en día con una de las fuentes hídricas más ricas de la región, gracias a sus aguas subterráneas con las que se abastecen permanente.
La vida de este hijo ilustre de Chochó transcurrió como la de cualquier niño criado en el campo, actividades al aire libre, madrugar para ir a la escuela, ayudar a la familia en sus quehaceres y labores diarias, sobre todo a su abuela quien fue la encargada de guiarlo y educarlo, a lo que él correspondía colaborando en los cultivos y cosecha de tabaco, una actividad agraria muy propia de la zona y la elaboración y venta de ñeque o chirrinchi, licor artesanal muy apetecido por los hombres del pueblo que se daban cita a consumirlo, suceso que terminaba en una parranda amenizada por músicos que fueron fundamentales en despertar en el pequeño de La Ossa Domínguez su amor por el arte musical a muy temprana edad, algo que fue desarrollando con sus amigos de la escuela en donde cursó hasta quinto de primaria, estudios que abandonó por ese llamado musical que siempre estuvo latente en su mente, alma y corazón, a lo que su abuela Andrea se opuso en un principio, porque para ella esa actividad era sinónimo de parranda, tragos, licor y vida desordenada. Sin embrago Julio Enrique contra viento y marea siguió ese objetivo que tenía trazado en su cabeza y aún siendo un adolescente de escasos 16 años aproximadamente integra la reconocida Banda Juvenil de Chochó como maraquero, instrumento del que se volvió diestro y descrestaba a los presentes en los distintos sitios donde se presentaban por la habilidad que tenían en su ejecución y la sabrosura que le imprimía en el escenario.
Como todo joven inquieto y con ganas de seguir explorando en el ámbito musical se dio cuenta que las maracas ya le quedaban pequeñas y su ambición musical iba más allá y empezó a interpretar la armónica o dulzaina conocida popularmente en el Caribe colombiano como violina, a la cual empezó a extraerle bellos sonidos y melodías, convirtiéndose en un magistral intérprete de los éxitos musicales de distintos géneros que se escuchaban en la radio, bares y cantinas de la época.
Muchas veces en distintas actividades de la vida encontramos personas que creen en nosotros y ven algo que los demás no, nos impulsan, apoyan y es justo lo que pasó con Julito, quien acató la recomendación de su amigo Nicanor Guevara, que al notar su destreza con la dulzaina, le aconseja dar otro paso importante en su naciente carrera musical y es el encuentro definitivo con el instrumento que se convertiría desde ese momento en su compañero y amigo inseparable: el acordeón, con el que tuvo desde el primer instante una afinidad muy especial, es como si hubieran nacido el uno para el otro, una relación fuerte y llena de sentimientos, apego, amor y atracción. Con su instrumento rizado empezó su fructífera carrera artística plenamente, con la interpretación de porros, fandangos, cumbias, paseaítos y otros géneros musicales que identifican la tierra sabanera de la cual se convirtió en un gran baluarte y representante. Al mismo tiempo se va nutriendo de la música vallenata que ya se escuchaba mucho en la región del gran Bolívar, en donde sobresalían los maestros Alejandro Durán, Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villa, Francisco «Pacho» Rada, Calixto Ochoa, entre otros. Siendo el primer Rey Vallenato, Alejo Durán el juglar que más lo influenció y al que más escuchó en sus inicios, al que le tuvo mucho respeto y admiración por lo que representaba para la música de Francisco el Hombre, luego fue creando su propio estilo con el que escribió una linda historia en esta expresión musical que nació en el campo, en los corrales y luego se tomó el mundo.
Julio de la Ossa fue un músico completo de esos que cada vez son más escasos en la música vallenata: tocaba, cantaba y componía; la primera canción de su autoría se titula «Carmencita» inspirada en una mujer de su pueblo, con su acordeón empezó a ser reconocido por distintos lugares y es en ese momento cuando se gana el apelativo de «El Pequeño gigante del acordeón» un hombre corto de estatura, pero con un talento grande en la ejecución y vocalización de cantos vallenatos y de otras expresiones musicales del Caribe colombiano.

Después de recorrer muchos lugares dando a conocer su música en los que cada día fue teniendo más aceptación, se le presenta la oportunidad de grabar su primer trabajo discográfico, y graba dos sencillos, uno con los temas ‘El motetico’ y ‘En abarcas’ y el otro donde salieron los temas ‘Mi vida es para ti’ y ‘Mi papelito’, y es en ese momento cuando su carrera artística alcanza otro nivel y termina de despegar por completo y su nombre empieza a ser reconocido en toda la Costa Atlántica, los contratos y presentaciones no se hicieron esperar porque ya el pueblo empieza a identificarse con sus canciones, y por donde quiera que llegaba era ovacionado y solicitado. Luego de ese inicio exitoso en la pasta sonora, tiene la oportunidad de integrar la legendaria agrupación «Los Corraleros de Majagual», la llamada orquesta pilar de la música tropical en Colombia donde ya su carrera se disparó por completo y su música empezó a escucharse a nivel internacional.
Definitivamente el vallenato forma parte primordial de la cultura del Caribe colombiano y podría decirse que es uno de los rasgos más característicos de la historia del país y Julio de la Ossa con su acordeón, al que amó, porque cuando lo agarraba e interpretaba se volvía como parte de su cuerpo, igual que un niño cuando coge su juguete favorito, con esa entrega total que tuvo por la música que es evidente en sus movimientos, ejecuciones e interpretaciones, con esa extensa trayectoria hizo un aporte significativo en la construcción de esta cultura y folclor.
El pequeño gigante del acordeón por su habilidad y calidad interpretando la música vallenata tuvo un paso exitoso por el Festival de la Leyenda Vallenata en donde obtuvo tres terceros lugares y un segundo, pero como dice el sabio adagio «no hay quinto malo», finalmente se coronó Rey Vallenato en el año 1975, en donde demostró que la «constancia vence lo que la dicha no alcanza» con ese empeño constante, dedicación, esfuerzo y la calidad en la ejecución de los cuatro aires: merengue, paseo, son y puya, logró ese añorado título. Su exitosa carrera musical continua cosechando éxitos y posicionando clásicos del cancionero vallenato, pero sin dejar de lado la participación en festivales y obtiene el primer lugar en el Festival Hombre Caimán, en el municipio de Plato, Magdalena en el año 1986 y luego en 1990 se corona Rey Sabanero en «La Perla de la Sabana», la ciudad de Sincelejo, y así demostrar su forma magistral y estilo propio con lo que escribió una página con letras de oro en la música de acordeón.

Julio de la Ossa Domínguez, a lo largo de su carrera musical tuvo una amplia y exitosa producción discográfica en las que grabó para distintos sellos como: Tropical, Fuentes, Sonolux, CBS (Sony Music), Codiscos, Curros, de los que se tienen alrededor de 36 trabajos discográficos, y como compositor estuvo cerca de las 150 canciones de su autoría.
En su trayectoria musical quedó un abanico de canciones exitosas y clásicas que hacen parte del pentagrama vallenato muchas de él y algunas de otros compositores a los que interpretó con la misma calidad, en la que se destacan: ‘Me dominas’, ‘Orfelina’, ‘Mi visita’, ‘La margentina’, ‘Puya saramuya’, ‘Mi testamento’, ‘La colegiala’, ‘Bella cascada’, ‘Cariñito’, ‘Nunca lo creí’, ‘La sucreñita’, ‘Las cartas’, ‘Media luna’, ‘Carmencita’, ‘Adios María’, entre otras, que son muestra de la gran sensibilidad, vena creativa y musical que tenía este gran maestro.
El lunes 28 de septiembre del año 1998, en la capital ganadera de Colombia, Montería, a sus 62 años de existencia, muy joven aún, cuando todavía tenía mucho por aportar, para seguir engrandeciendo la música vallenata, que lo premió por su originalidad, autenticidad, sacrificio, dedicación y persistencia, su voz se apagó y el eco sonoro de su acordeón quedó huérfano, pero su recuerdo intacto en los amantes de esta expresión musical, que lo siguieron y aplaudieron convirtiéndolo en el «Pequeño Gigante del Acordeón: quien se hizo grande con su instrumento, talento y composiciones.

El próximo 30 de abril de este año 2025, la familia de la Ossa Ochoa, en cabeza de uno de sus hijos Jhon de la Ossa, le harán un homenaje al maestro Julio de la Ossa Domínguez en la que se conmemora los 50 años de haber obtenido el título de Rey Vallenato, siendo el octavo rey de este Festival.
Hora: 10 am
Lugar: Auditorio Casa de la Cultura, Valledupar, Colombia.

Atte: Ramiro Elías Álvarez Mercado.

Indira de la Cruz: la voz dulce de la música vallenata.

«La música es como una llave mágica que abre incluso los corazones que están más cerrados»: María Augusta von Trapp (maestra de música y cantante austriaca).

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

La música ha estado ligada a las sociedades desde tiempos remotos, representando y transmitiendo los diferentes saberes y sentimientos por medio del arte, partiendo del instrumento primigenio para la creación de los sonidos: nuestro cuerpo y voz.
La industria musical, como otras, evoluciona continuamente y cada vez hay más mujeres poderosas en la vanguardia pero no siempre fue tan acogedora con las artistas femeninas. Inclusive a principios del siglo XX, a muchas mujeres se les prohibía actuar en determinados locales, mientras que otras eran descriminadas en las giras, en la radio y por los ejecutivos de los sellos discográficos. Y la música vallenata no estuvo ajena a este fenómeno, pero hubo mujeres que se fueron sacudiendo de esa represión y demostraron que con su talento también podían hacer carrera en este competido y hasta machista mundo musical vallenato.
Una de esas mujeres que sin dedicarse 100% a este arte ha dejado huella y hecho historia en esta expresión musical de origen provinciano, ella es Indira Elisa de la Cruz Ariño, quien le abrió los ojos a este mundo terrenal un 20 de octubre en el barrio primero de mayo de Valledupar para llenar de alegría el hogar conformado por Antonio de la Cruz y Elisa Ariño.
Desde muy pequeña mostró inquietudes musicales, y se le notaba un don especial para el canto, algo que le fluía de manera natural. Su vena artística viene de sus tíos maternos «Los Ariño» originarios de los Pondores, corregimiento de San Juan del Cesar, La Guajira.
Indira, cuyo nombre de origen sánscrito significa «belleza o esplendor» que es lo que percibimos cuando escuchamos su voz, una cantante que demuestra al interpretar una canción vallenata, que cuando se tiene talento solo es necesario un micrófono para hacer una presentación digna de aplausos.
Para De La Cruz, al igual que muchas de sus colegas, no fue fácil que se les abrieran puertas en la música vallenata, muchas de ellas la abrieron, salvo que no eran puertas, sino portones gigantes con obstáculos y laberintos que debió atravesar siempre de la mano de su talento y capacidad vocal.
Bachiller del emblemático colegio Nacional Loperena, que es considerado patrimonio cultural y monumento de Valledupar, referente para los pobladores de la región, porque en él estudiaron grandes personajes de la música, la política y la vida local. Y este fue precisamente uno de los primeros escenarios en el que Indira Elisa empezó a mostrar su talento artístico en las semanas culturales en donde se realizaban eventos para celebrar, difundir y promover expresiones, artísticas, folclóricas, musicales y teatrales en dicha institución.
Al terminar sus estudios secundarios tiene la oportunidad de dedicarse a la música de manera más profesional, con la venia, asesoría y la bendición de un gran maestro en la composición de los cantos vallenatos como lo es Rosendo Romero Ospino «El Poeta de Villanueva», quien le dio la oportunidad de presentarse con él en el reconocido festival «Cuna de Acordeones», que se realiza en la tierra del Maestro Rosendo, bella población de La Guajira, al norte de la costa atlántica colombiana. Suceso que la llenó de alegría al sentir los elogios y admiración por parte de los presentes, producto de ese derroche mágico mostrado en tarima con su talento.
Luego es invitada por distintos artistas para hacer coros como: su tío Adalberto Ariño y Elberth Araújo en el trabajo discográfico titulado ‘Una canción de amor y paz’, luego por el maestro Rafael Ricardo Barrios y Hugues Fernández en el trabajo discográfico titulado ‘La Otra Sonrisa’, también estuvo con la agrupación conformada por Iván Ovalle y Gabriel Julio en el LP de la época ‘Volvió el otoño’ en donde se desprendió el éxito ‘Enamorada de mi’. Agrupaciones que fueron seducidas por la dulzura de su voz, que se caracteriza por ser melodiosa, tener buena modulación, entonación y expresividad, pero al mismo tiempo se siente suave, grata y tierna, con las que adornaba esos bellos coros que han sido característicos en la canciones vallenatas.
La «voz dulce» es una buena intérprete de la guitarra, instrumento que le permite transmitir con facilidad cualquier emoción; es decir, que para Indira esta «madera bendita», como hace llamar este instrumento el médico y trovador Adrián Villamizar, es como un vehículo de comunicación y transmisión de ideas musicales con las que alegra el corazón de la gente y el de ella propiamente.
Además de acompañar a un sinnúmero de compositores y artistas vallenatos con su voz y talento, estuvo siempre agarrada de la mano por su esposo y compañero de vida, el genial Romualdo Luis Brito López: todo un referente del folclor vallenato, quien escribió con letras indelebles las páginas doradas de esta expresión musical.
Su carrera artística siguió con pasos agigantados en la que se vislumbraba una nueva, talentosa y bellísima artista, que con su carisma y seductora voz iba ganando terreno y gustando más a su naciente público. Después de algún tiempo perteneciendo a distintas agrupaciones, se le da la oportunidad de grabar su primer larga duración, titulado ‘Fieramente enamorada’, con el acompañamiento en el acordeón de Gabriel «Chiche» Maestre Socarrás, de donde se desprendieron éxitos como: ‘Busca tu amor’, ‘Borrón y cuenta nueva’, entre otros, con los cuales llegó a mercados internacionales como: Perú, Venezuela, Ecuador y México, teniendo una gran aceptación. Seguidamente, y de la mano de su esposo Romualdo, graba otro trabajo discográfico titulado ‘Ámame Siempre’ con el acordeón de un hombre que ya se nos marchó, Víctor «Rey» Reyes Leuro, donde se destacó una canción del compositor Alberto Antonio «Tico» Mercado Suárez, titulada ‘Noche de Lluvia’, luego graba el tema ‘Muy bueno’.
También hizo parte de la nómina de artistas que participaron en la producción musical homenaje a los 25 años de vida artística de Romualdo Brito, cantando una canción al lado de Roland Valbuena, titulada ‘Pertenece a ti’, convirtiéndose en un éxito nacional e internacional.
Indira Elisa ha sido una enamorada de la música vallenata desde muy niña y eso la llevó a grabar una recopilación de grandes clásicos vallenatos que hicieron parte de su banda sonora, con los que aprendió a cantar y a amar esta música que lleva en el corazón.
Esta brillante mujer jamás dejó de lado su formación profesional y se graduó como abogada en La Universidad Antonio Nariño de Valledupar, con Especialización en Contratación Estatal de la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga, carrera que es combinada con su arte musical en donde saca espacio para ambas y en las que brilla con luz propia. Estuvo 9 años al frente de la Secretaría General de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia y actualmente es la Directora Ejecutiva de la Fundación SAYCO.
La música a la doctora Indira de la Cruz le ofrece un refugio emocional, un espacio donde puede explorar sus emociones más profundas y encontrar consuelo en momentos de dificultad. Definitivamente el canto crea lazos indescriptibles. Ya sea con los miembros de la agrupación, con los amigos y claro está, con el público y los fans. Es por esta razón que ser cantante es una aventura constante, que te hace salir de tu zona de confort y vivir nuevas experiencias para poder sentir en carne propia las letras de las canciones y el mensaje que quiere trasmitir el autor y así enamorar al público y seguidores. Porque tiene ese don para resonar con nuestros sentimientos personales, este es uno de los muchos motivos por el que su voz dulce nos hace evocar recuerdos y vivencias asociadas con nuestra vida cotidiana.

Ramiro Elías Álvarez Mercado.

32 AÑOS SIN EL ÍDOLO DE LAS MULTITUDES, RAFAEL OROZCO MAESTRE

Por Alcibíades Núñez Manjarres.

El 11 de junio del presente año, se cumplieron 32 años de la partida del ídolo de las multitudes Rafael Orozco Maestre, todas las personas que conocimos a Rafa, pudimos darnos cuenta que él era un artista de tiempo completo, era muy disciplinado, no bebía, ni fumaba, además todos los integrantes de su grupo musical también eran disciplinado ya que debían cumplir unas normas estrictas de convivencia, donde la responsabilidad y el cumplimiento eran uno de los pilares fundamentales cada vez que se presentaban en público ante su fanaticada en los diferentes conciertos que el animaba, fue un artista que en cada presentación musical se entregaba en cuerpo y alma, dando todo de si, interpretando el repertorio de muchas canciones que lo convirtieron en la estrella del género musical Vallenato.

Rafael, durante sus diecisiete años de vida musical le canto a la naturaleza, a la familia, a sus enamoradas, a la mujer, a sus amigos y eso lo dejo plasmado en las más de doscientas canciones grabadas y que lo convirtieron en un cantante inmortal, carismático y más exitoso del folclor vallenato lo cual le permitió al ídolo de las multitudes obtener muchos reconocimientos a nivel regional nacional e internacional como galardones, gano tres congos de oro en el Festival de Orquestas del Carnaval de Barranquilla, que obtuvo 16 discos de oro y dos de platino por ventas millonarias, que fue merecedor de múltiples distinciones y galardones en Venezuela, Panamá y en Estados Unidos, entre estas canciones podemos mencionar Sólo para Ti, momentos de amor, dime pajarito, el Higuerón, acéptame como soy, la creciente, relicario de besos, el parrandón, no se pedir perdón, El llanto de un Rey, Que será de mí, Habíamos terminado, Te seguiré queriendo, El amor es más grande que yo, Relicario de Besos, Cualquier momento es preciso para amar, Contento y enamorao, Miedo al amor, Nostalgia, Acéptame como soy, Juro que te amo, La Candelosa, Mi pedazo de Cielo, Déjame quererte, No pasara lo mismo, Sombras perdidas, Reconozco que te amo, De rodillas, Un poquito más, Se está muriendo un amor, Ritmo Cha Cun Cha, Mi novia y mi pueblo, Decidí cambiar, Caracas Caracas, como te quiero, Enamorado como siempre, Porque no te tengo, entre otras.

Cada año el 11 de junio, es una fecha muy especial para aquellas personas que  querían y estimaban al artista, entre ellos sus familiares su esposa Clara Elena Cabello, sus hijas Kelly Johana, Wendy y Lorraine, también lo recuerdan sus amigos su acordeonero Israel Romero “El pollo Isra”, sus coristas Juan Piña, Marcos Díaz y José Manuel Corrales, Fabio, Cesar y Alexander los hijos de Fabio Poveda Márquez, Carlos el “El Pibe” Valderrama, en Valledupar también lo recuerda mucho sus hermanos Ena, Misael, Cochito, Genith, Nehemías y José Joaquín, quienes se encuentran llenos de tristeza y de recuerdos de su hermano querido, también lo recuerdan mucho sus presentadores Jaime Pérez Parodi y Pepe Jiménez, sus cajeros Jorge Zuleta y Rodolfo Castilla, sus bajistas Alcides Torres, José Vázquez “Quevaz”, Luis Ángel “el papa” Pastor, Timbales Nacho García, tumbadora Misael y Rafael Romero, Guacharaca Virgilio Barrera, Asesor de imagen Carlos Rodríguez. En San Juan del Cesar también lo recuerdan mucho sus amigos Álvaro Álvarez, al igual que los hijos de la señora Ángela María Córdoba “La Coma Cuchi”, entre ellas la profe Sandra.

Igualmente lo recuerdan en la calle diez, Luis Alberto Jiménez, Hamilton Daza, Rosario Manjarrez, Billy Daza, Jorge Rois, Beatriz Bermúdez, Rodolfo Rois, Gregoria Bolaño, Edgar Molina, Aleida Vega, Carlos Rois Caroi, José Manuel Rois, Hermes Francisco Daza, Robert Francis Zúñiga, los concejales Amado Sanabria y Sabas Manuel Brito Mendoza. 

En el álbum Clase aparte que grabó Rafael en el año de 1980, vino la canción de Voces de acordeones de Tomás Darío Gutiérrez, la cual en una de sus estrofas dice “Pero una mano cobarde, manchó unos versos con sangre quitó la vida a un poeta, hoy desde un acordeón salen gritos que son inmortales, esta canción la hizo el compositor Octavio Daza, quien falleció en forma trágica igual que Rafael Orozco en la ciudad de Barranquilla.

Rafael Orozco fue quien bautizó a Diomedes Díaz con el remoquete “El Cacique de la Junta” cuando le grabó la canción “Cariñito de mi Vida” en 1975 al lado de Elberto López.

El Maestro Mauro Milián, enseña a los acordeoneros que competirán y triunfarán en los festivales de la región Caribe.

No solo en Valledupar podemos encontrar una academia de música vallenata como la del maestro Andrés el Turco Gil, en el municipio de San Juan del Cesar Departamento de la Guajira, también contamos con la Fundación Escuela de Acordeones “MAURO MILLIAN”, creada hace 23 años por El Maestro del acordeón Mauro Milián, allí se preparan los futuros acordeoneros que competirán y triunfarán en los festivales de la región Caribe como, el Festival Vallenato en Valledupar, el Cuna de Acordeones en Villanueva,  de compositores en San Juan del Cesar, del Retorno en Fonseca, Folclórico y Cultural de Los Laureles en Distracción, Nacional del Carbón en Barrancas, Francisco el Hombre en Riohacha, Suena un Acordeón en Maicao, Flores y calagualas en Urumita, del Fique en la Junta, de la agricultura en Cañaverales, tierra de compositores en Patillal, Mi Pedazo de Acordeón en el Paso, de Voces y Canciones en la Paz y el de Música Vallenata en Guitarra en Codazzi, el maestro Milián, actualmente tiene un grupo de 20 estudiantes en edades que oscilan de 2 hasta los 20 años, los jóvenes se inscriben y asisten dos (2) Veces por semana, en la casa de la cultura en San Juan del Cesar, departamento de la Guajira, los cuales han iniciado un curso de aprendizaje para el manejo del acordeón, ese instrumento mágico que fue inventado por los Alemanes en 1829 y que llego al puerto de Riohacha Guajira, para que muchos juglares costeños pudieran llevar la alegría, entusiasmo y diversión a los diferentes hogares del Cesar y la Guajira, donde los llamaban para animar las fiestas patronales y familiares entre ellos podemos mencionar a, Francisco Moscote, apodado “Francisco el Hombre”, Nandito el Cubano, Emiliano Zuleta Baquero, Chico Bolaños, Luis Pitre, Alejandro Duran, Toño Salas, Luis Enrique Martínez, Chema Gómez, Juancho Polo, Abel Antonio Villa y Lorenzo Morales entre otros aprendieran a ejecutar el acordeón y se convirtieran en leyenda del folclor vallenato.

Actualmente están estudiando en la Fundación los siguientes jóvenes, Daliver Alfredo Benjumea, Arleth Valentina Jaraba, Nick Esteban Daza, Mathias David Bolaño, Jhaser Fragozo, Erick Loperena, Jesús Daniel Benjumea, Lucas Fragozo, Elieth Teran Giraldo, Carlos Teran Giraldo, Patricia Mercedes Teran, Danna Valentina Morales, Rafael Martínez Mendoza, Alcides Rafael Benjumea, Sara Sofia Daza M, Nelson José Montero, Elimar Diaz Fuentes, Franklin Yesith Nuñez, Dalma Yanina Peñaranda y Ferney Alberto Arias.

Estos jóvenes están aprendiendo a ejecutar los cuatro Ritmos o Aires que se conocen dentro del género musical Vallenato que son: Merengue, Paseo, Puya y Son; la metodología que usa el Maestro Mauro es la misma que él aprendió como autodidacta que es la Empírica, Mauro aprendió a ejecutar el acordeón de dos teclas con su padre el acordeonero Néstor Rufino Milián, el cual más tarde en vista de que este niño aprendía con facilidad decide comprarle un acordeón de 3 teclas, Mauro Milián ha grabado 4 Discos compactos con los siguientes Cantantes: Alexander Oñate, Carlos Bebeto Crespo, Reinaldo el papi Díaz y Diógenes Jalaff y ha ganado el primer puesto como acordeonero aficionado en la Mayoría de los Festivales que se celebran en la Guajira, como el Festival Cuna de acordeones categoría profesional en 1985, el Festival del Retorno en Fonseca, Festival del Carbón en Barrancas, Festival de los Laureles en Distracción, Festival del Fique en la junta entre otros, además este maestro del acordeón ha incursionado en el género de la composición ya que le han grabado más de 12 canciones, los conjuntos de: Alexander Oñate, José Ángel vega, Diógenes Jalaff, Chono Gómez, Javier Castro y Arismaldi Loperena.

Decimos que San Juan del Cesar es semillero de acordeoneros porque en este municipio han nacido muchos baluartes del acordeón vallenato como: Juancho Rois, Nicolás Colacho Mendoza, Franco Argüelles, Heriberto Bermúdez, Mauro Milián, José Manuel Díaz, Emerson Plata, Ronald Urbina, Afy Urbina, Andrés Mendoza, Mauro Milián Junior, Marciano Martínez, Fellin Gámez, Jhony Gámez, Memo Rois, Chamy Mendoza entre otros.

Por eso en horas de la mañana, en la tarde o por la noche no se le haga extraño escuchar en la tarima Juancho Rois de la Plaza Santander, Plaza Bolívar, Parque las Delicias, de la Escuela Normal Superior o en cualquier barrio, corregimiento o centro poblado de San Juan del Cesar a un puñado de jóvenes acordeoneros (as) como, Mauro Milián Junior, Andrés Camilo Rois,  Juan Esteban Daza, Manuel David Fragozo, Kleider Guerra, Enrique Arturo Gámez, Jesús Miguel Cabana, Jesús Miguel Gámez, Miguel Rene Díaz, El Piti Cuello; Eduis Helí Loperena Vega, Arismaldi Loperena, Luis Felipe Guerra Díaz, Héctor Adaníes Mendoza, Juan Diego García Jaramillo, Carlos Mario Gutiérrez, Pamela Andrea Daza, Hernando José Amaya, Ricardo Javier Orozco, William José Jiménez, Andrea Carolina Daza, Gonzalo Miguel Calderón, José Mario Muñoz, Gustavo Andrés Guerra, Ricardo Andrés Brieva, Luis Bernardo Fernández, Yager Rafael Oñate, Gabriel Ricardo García, Luis Miguel Jiménez, Eliecer Enrique Aragón, Víctor Rafael Cuello, Rafael Fabián Suarez, Roider Péñate y María Camila Jiménez,  interpretando diferentes aires musicales y temas como: la vida, Luna Sanjuanera, Perro sinvergüenza, Era como Yo, Soy amigo, Listo pa’ la Foto, Que no se enteren, la Vallenata, Te regalo mis triunfos, Sanjuanerita, Una aventura más, Realízame mis sueños, Tú eres la reina, Gano el folclor, Aquí están tus canciones, sin ella me muero, Canta Conmigo, El nobel del Amor, El Mocoso, No pasara lo mismo, Decidí cambiar, Bandolera, La Gemela, El Más Fuerte,  Como aquel pajarito, Tiempos de gloria, Gaviota Herida, la que prueba lleva, Así Fue Mi Querer, Por Qué Razón, Que Bonita ni que Na´, Vuelve, vuelve, Tu, La Juntera, Historia de mis cantos, Lo que no hago yo, La rompecorazones, Sin saber que me espera, Amor de mi juventud, el ángel bohemio, Los Maestros, Mi verdadero amor, La Leona, Sopa y Seco, La disputa, Traigo una lágrima, Añoranzas de mi pueblo, Un amor tan grande, quise fantasear y Por jugar al amor.

Biografía Artística Raúl «El Peke» Torres

Raúl Enrique Torres Peralta nace en Fonseca, Guajira,  un 24 de enero de 1968 en el hogar conformado por sus padres Tulio Enrique Torres e Ibis Peralta Bonilla. Su crianza se desarrolló en la ciudad de Valledupar desde niño era conocido cariñosamente como «Peke» debido a su tamaño y su contextura física, nombre que posteriormente pasó a ser el seudónimo durante su carrera musical. Reconocido por todos como Raúl «El Peke» Torres .

Con apenas 12 años comienza su participación en el mundo de la música al crear un grupo en guitarra llamado «Los Romanceros del Sicarare», dándose así a conocer. A partir de los 15 años se inicia como guitarrista formando parte de importantes agrupaciones al lado de grandes del folclor como Miguel Herrera, Fabián Corrales, Marcos Díaz y Hernando Marín también fue la segunda voz del maestro Silvio Brito y del verseador Luis Mario Oñate,  formando parte de las agrupaciones de Dionisio Díaz, Rafael Santos y Martín Elías en sus inicios , siendo su última etapa como corista al lado de Diomedes Diaz.

A partir del año 2005 da su primer paso como solista presentando su primera producción «Estoy enamorado» luego vino su segundo trabajo discográfico «Un millón de amigos», la tercera producción fue «Vallenato de verdad»,  la cuarta «Un nuevo camino» en saxonato , la quinta «Vallenato a mi estilo» en los tres formatos acordeón,  guitarra y saxonato y la más reciente en el 2020 es «La Cultura va» en saxonato.

Este nuevo género musical llamado El saxonato nace durante una serenata donde Peke Torres haciendo uso de su creatividad y buscando innovar hace del saxofón un instrumento principal en la agrupación, resultando del agrado del público presente e implantando así este nuevo formato de hacer música con el contenido y la poesía Vallenata junto a las notas sublimes del saxofón asumiendo el gran reto de darlo a conocer a nivel nacional e internacional.

Raúl Peke Torres, representa un artista integral por la gran versatilidad para tocar guitarra, componer y cantar además de ser productor musical de gran reconocimiento en la ciudad de Valledupar .

Como compositor, cuenta con un repertorio de 60 canciones inéditas,  grabadas 17 actualmente, considerando que el éxito de toda agrupación para Peke Torres se basa en el repertorio que ofrece a su público prevaleciendo siempre la poesía en canciones que transmiten un gran mensaje con sentimiento.

Durante su carrera musical ha participado en varios festivales cantando canciones ajenas y próximamente también estará participando en esta nueva etapa con canciones de su autoría, letra y melodía que emanan de sus sentimiento y amor al folclor.

Peke Torres define el  «Saxonato» como el género que mantiene la originalidad de los pases y melodías de las canciones, oxigenando el oído para llegar con un vallenato más sutil, además de abarcar todos los aires del folclor.

Así es como hoy día la Organización Musical Raúl «El Peke» Torres quiere dar a conocer este nuevo género musical siendo de gran agrado y predilecto en los grandes eventos organizados en clubes, matrimonios y eventos que realcen la cultura musical dándole un gran estilo durante la presentación.

La agrupación se encuentra conformada con todos los instrumentos en tres formatos: guitarra, saxonato y vallenato auténtico con acordeón con esta nueva propuesta que quiere dar a conocer a todo el público.

Este es un breve recorrido de la biografía artística de Raúl «El Peke» Torres y su género creado conocido como Saxonato , llevando cada día lo mejor en sus presentaciones, demostrando que la música es amplia cuando de gustos y creatividad se trata… Sigamos amando lo que hacemos es la llave para alcanzar el éxito que merecemos. 

Para finalizar le dejamos las redes sociales y contactos del artista Raúl “el peke” Torres:

Facebook: El Peke Torres

https://www.facebook.com/raulenrique.torresperalta

Instagram: peketorres24
Contactos: 3002361456-3157571838-3126803333