Es hermoso poder expresar a través de la interpretación de una canción todo el sentimiento, aún siendo un género diferente al propio de la región dónde has nacido, conozcamos la historia de María Mora Carrillo, cantante de vallenato nacida en el interior de Colombia.
María Mora Carrillo, nació en Quetame, Cundinamarca un 7 de diciembre de 1981, sus padres son campesinos: Leovigildo Mora Romero y Aura Stella Carrillo Clavijo, muy orgullosa de sus raíces desde niña María se sintió inclinada por la música le gustaba cantar rancheras y música tropical en el colegio rural donde cursaba primaria siendo estimulada por su maestra Luz Marina Saavedra quien también le dio mucho ánimo para seguir cantando.
María Mora viene de una familia donde hay talento musical siendo intérpretes de la música llanera ademas tocan guitarra y otros instrumentos, entre sus más lindos recuerdos está su abuelo paterno quién tocaba el tiple y la bandola , a lo cual se suma también el interés de María de aprender a tocar acordeón para lo cual recibe clases en la actualidad teniendo un excelente profesor como lo es el maestro Beto Jamaica Rey Vallenato 2006.
A través de Estampas Vallenatas damos a conocer el talento femenino del folclor vallenato Ángely Carrasco Padilla, nacida en Sincelejo, Sucre, el 6 de febrero de 2009 hija del reconocido compositor Guadis Carrasco.
Angely durante su cotidianidad combina sus estudios con su hobbie de cantar, escribir poemas y sus clases de inglés. Desde muy pequeña ha tenido la inclinación musical, Sus Inicios en este medio fueron cantando baladas y luego vallenatos.
–Un recuerdo que no huye del corazón, que no se esconde en el alma, sino que permanece en esos instantes que tienen el poder de perpetuarse en el tiempo. Un regalo del abuelo a su primera nieta–
Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv
Una madrugada después de una presentación musical, el cantante Jorge Oñate llegó a su casa y su cuerpo entró en el natural descanso. Estando en esas, tuvo un sueño que lo hizo despertar. Su mente estaba en línea directa con su corazón trasmitiéndole unos versos y una melodía para dedicarla a un ser que alegraba su vida, su nieta, la que cariñosamente lo llamaba “Papa”.
Porque Shadia está muy grande
es que Shadia se creció,
ella es el amor de papá
que me la bendiga Dios.
Un verso sencillo que expresaba el más ferviente cariño del abuelo de corazón noble y quien sabía señalar el horizonte con amor y confianza. Shadia Oñate Villafañe, la hija de Jorge Luis y Kelly, le prodigó a su abuelo aquel amanecer feliz, y desde ese momento comenzó a armar el rompecabezas de versos, para que tuviera la contundencia necesaria, el sentimiento más grande y la melodía exacta para adaptarla al acordeón.
Jorge Oñate no hizo mucho esfuerzo porque días después lo dijo: “Shadia, es mi primera nieta. Ella es de mi alma y todos saben la adoración que le tengo. A Shadia, la quiero, como también a mis otros nietos, Madena y Jorge Samuel. Prácticamente, a Shadia la criamos Nancy y yo, por eso la adoración es muy grande y ella se comprende mucho con nosotros”. Con estas palabras de amor a sus nietos, la tarea fue fácil porque el corazón mandaba señales de alegría.
Quisiera ser como Escalona
pa’ hacerte una casa en el aire,
que no te visite nadie
solamente mi persona.
La canción tomó forma y Jorge Oñate iba pensando. “Rafael Escalona, le hizo su canción a Adaluz; Calixto Ochoa, al retoñito; Hernando Marín, a sus muchachitas; Diomedes Díaz, a su muchacho y, otros compositores más le hicieron a sus hijos. Yo también le he cantado a mis hijos: Delfina Inés, Jorge Daniel y Jorge Luis, entonces era preciso hacerlo con mi primera nieta en representación de todos”.
Se me ha ido Delfina Inés,
pero, me ha quedado Shadia,
y también Jorge Samuel
y Madena, son mi alma.
La inspiración lo acompañó y, poco a poco fue armando los versos que le dieran la fórmula precisa para homenajear a su nieta. Esa niña inquieta que adelantaba en aquel entonces el grado de preescolar y que en sus ratos libres también cantaba, queriendo emular a su abuelo.
Me lleno de sentimiento
cada día la veo más grande,
ya me estoy poniendo viejo
no tengo cuando olvidarte.
Cuando la canción había tomado forma, Jorge se la hizo conocer a su esposa Nancy y a sus hijos. Aquella vez, anotó: “Para mi familia fue algo de mucha alegría y sentimiento. Después la estrené en una presentación en Sahagún, Córdoba”.
El hombre que partió en dos la historia de la música vallenata y las canciones que interpretó suenan por todas partes, bajó su cabeza y como premio dejó correr por sus mejillas unas lágrimas. Esas lágrimas fueron la muestra del más fiel sentimiento que hizo posible que desde su garganta brotaran los más elocuentes versos, dedicados a un ser que Dios trajo al mundo para alegría de todos y que se había convertido en una noticia cantada.
…Y Shadia la escuchó
La nieta a quien le habían dedicado el canto estaba inocente. No sabía nada, hasta que su abuelo la llamó y se lo hizo escuchar. Ella, quien se sabía algunos de los cantos interpretados por su abuelo, no dudó en ponerse feliz y de inmediato le entregó el mejor regalo: un abrazo, un beso y una sonrisa que valen más que mil palabras.
Desde aquel momento, Shadia hizo suya la inspiración de su abuelo. De todas formas, era para ella y en voz alta repetía y repetía: “Porque Shadia está muy grande, es que Shadia se creció, ella es el amor de papa, que me la bendiga Dios”.
Cuando Jorge Oñate quiso contar esta historia, las palabras se le escondieron en la garganta y solamente después de pensarlo, comentó. “Shadia se la sabe, ya la canta. En sus ojos noto la alegría. No hay palabras para explicar su felicidad. Es el homenaje a mis nietos, que como digo, son mi continuidad. La canción queda como una proclama del amor inmenso que primero los padres tenemos para los hijos, y después, se prolonga con los nietos y bisnietos”.
En algún momento, Shadia se presentó, y sin pensarlo, Jorge su abuelo improvisó un nuevo verso que logró el aplauso de su nieta, quien prometió aprendérselo rápidamente.
Porque Shadia es mi nieta
porque Shadia está muy linda,
que Dios la tenga presente
y triunfe siempre en la vida.
De ese encuentro entre el abuelo y su nieta, sucedido hace 12 años, no hay letras en el abecedario para describirlo. Solamente quedó en el aire la frase de Shadia: “Gracias, papa”.
El recuerdo del cronista sobre aquella historia es como palpar de cerca la realidad de la vida en medio del inevitable silencio del adiós, y donde algunas lágrimas son la muestra de esos instantes que quedan calcados para siempre.
Al final, Shadia dijo que se acordaba de todo, y que la imagen de su “papa” Jorge Oñate está prendida en su corazón, donde lo cubre el más grande sentimiento, ese que canta hasta en ese infinito donde hace dos años voló ‘El Jilguero’.
La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata dará apertura a las inscripciones de los distintos concursos de la versión 56 del Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Luis Enrique Martínez, en la fecha establecida del 24 de febrero al cinco de abril de 2023.
Se escogió la fecha de apertura, por ese día conmemorarse el centenario del natalicio del juglar conocido como ‘El Pollo Vallenato’, quien dejó una escuela musical que cuenta con los alumnos más aventajados del folclor.
De igual manera, después del cierre de inscripciones los cambios de cajeros, guacharaqueros o cantantes acompañantes de los acordeoneros o acordeoneras, se podrán hacer únicamente del 10 al 14 de abril.
Al compositor Adolfo Rafael Pacheco Anillo, nacido en San Jacinto, Bolívar, el jueves ocho de agosto de 1940, se le ocurrió hace 53 años, meter al pueblo vallenato en una hamaca grande, y la comparó con la inmensidad del Cerro e’ Maco, para que se meciera y cantara con música de acordeón.
Todo lo incluyó en la canción ‘La hamaca grande’, cuyo objetivo era unir a pesar de la lejanía, a esos dos pueblos donde priman las leyendas del acordeón y la gaita. Con el paso del tiempo esa hamaca nunca se rompió, ni tampoco las argollas o ‘muñequillas’ donde se cuelga. De igual manera el tejido con magníficos colores no se destiño.
En una entrevista lograda con Adolfo Pacheco, conceptuó sobre la canción. “Ese testimonio cantado pretendía, además de unir a los dos pueblos con sus leyendas y tradiciones, hermanarnos por siempre. Siento que se logró sin ninguna intervención, sino haciendo una canción que ha recorrido el mundo, y cuya historia no me canso de contar”.