Por todo lo alto Jimmy Mazzeo presente en el Festival de Orquestas de los Carnavales de Barranquilla

Para la Organización Musical Jimmy Mazzeo es una excelente noticia poder estar presentes en el Carnaval de Barranquilla 2022, evento de gran importancia a nivel nacional e internacional llegando gusto popular para bailar y disfrutar en las mejores épocas del año.

Ya confirmada su participación en el Festival de Orquestas en la categoría de vallenato estarán realizando su presentación por todo lo alto, el domingo 27 de Marzo, transmitiendo como siempre su alegría y gran profesionalismo con su grito de guerra ¡Uyuyuii! demostrando en los escenarios musicales su versatilidad para cantar temas clásicos e inéditos del folclor vallenato.

Con una gran proyección la Organización Musical Jimmy Mazzeo estará realizando en el marco del Carnaval de Barranquilla otra presentaciones publicas y privadas:

Marzo 26 Fiesta Privada – Barranquilla

Marzo 27 Festival de Orquestas- Barranquilla

Marzo 28 – Fiesta Privada- Santa Marta

Redes Sociales y Contrataciones:

Facebook: https://www.facebook.com/jimmy.mazzeo.58

https://instagram.com/jimmymazzeo_?utm_medium=copy_link

YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCSkfb3MkYQzsoRm4j5gFdzA

Contrataciones directas con Jimmy Mazzeo: (57) 300 804 0156

Boletín de Prensa- Lcda. Belinda Olano Barrera

Medellín- Colombia

Biografía Artística- Humberto Barrios Ochoa (Compositor)

Corría el año 1963 en San Juan Nepomuceno, Bolívar, nace un 8 de marzo, Humberto Enrique Barrios Ochoa en el hogar conformado por José Barrios Calderón e Isabel Ochoa Herrera. Sus inicios como compositor nace en el colegio, cuando para el día del idioma realizaron una actividad cultural donde los alumnos tenían que realizar un poema o una canción, comenzando así a desarrollar ese amor por el arte musical.

Entre sus recuerdos, el maestro Humberto Barrios aún recuerda esa inspiración que lo llevó a componer su primera canción: «Mi primera canción se la hice a una mujer de quien yo me enamoré, pero sus padres se la llevaron a otra ciudad alejándola de mi, sintiendo en ese momento una gran tristeza y nostalgia, al llegar diciembre escuchaba los acordeones, veía a las parejas caminar juntos, el trinar de los pájaros y yo sólo, sin ella. De ese sentimiento nació la canción «Un diciembre sin ti».

Proveniente de una familia donde predomina el talento por la música, su hermano y dos sobrinos cantautores lo ha mantenido ligado a ese amor por el folclor vallenato y con el gran talento para componer alrededor de cien obras musicales las cuales no están escritas y las lleva grabadas en su memoria definiendo su arte y plasmando cada vez sus sentimientos y forma de ver la vida.

Entre los personajes que ha seguido su línea y con quien se siente representado como compositor es el maestro Marciano Martínez, con una gran sensibilidad para componer canciones que cuentan vivencias, que derrochan alegría, y también llenas de poesía.

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Emilianito Zuleta dijo en ‘El Jilguero’, que Jorge Oñate era “El Ruiseñor de todo el Cesar”

-Historia guardada en un bello canto donde las notas del acordeón adornan con lujo de detalles el pentagrama del agradecimiento y la alegría folclórica-

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Han pasado 35 años desde cuando Emilianito Zuleta Díaz, quiso exaltar con una canción al cantante de La Paz, Jorge Oñate. No duró mucho tiempo en hacerla porque tenía los insumos suficientes para dar testimonio de su grandeza musical. En otras palabras, era el mismo de la garganta afortunada.

El titulo tampoco le causó dificultad en escogerlo porque lo enmarcó de la manera como se conocía al artista: ‘El Jilguero’, aquel muchacho que se abrió paso con inmensos deseos de escribir su propia historia, llegando más lejos de sus primeros sueños.

Emilianito aceptó contar esta pasaje de su vida, pero antes de hacerlo pidió narrar la manera como conoció a Jorge Oñate, que lo llevó hasta grabar con él una producción musical en el año 1975 titulada, ‘La parranda y la mujer’.

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“Me vine de mi tierra Villanueva, La Guajira, a estudiar en Valledupar en el año 1962, exactamente en el Colegio Nacional Loperena. Ya tocaba mis parranditas en toda la región. Cuando iba a La Paz, había un jovencito que se asomaba a la ventana solamente para verme. Después se hizo amigo mío, pero todavía no cantaba”, contó Emilianito Zuleta.

Hizo una pequeña parada y prosiguió. “Nosotros perdimos el contacto porque me fui a estudiar a Tunja y después a Bogotá. Estando allá supe que Jorge estaba allá con su mamá Delfina Oñate y cantaba. Desde ahí comenzamos a parrandear y conformamos un conjunto. Recuerdo que le tocábamos a grandes personalidades del país y nos ganábamos unos buenos pesos”.

Eso sirvió para que Jorge Oñate y Emilianito Zuleta pensaran en grabar un trabajo musical y comenzaron a escoger las canciones, pero estando en el proceso se cambiaron los papeles porque al final Jorge Oñate grabó con los Hermanos López.

“A raíz de eso decidí grabar con mi hermano Poncho Zuleta, pero después nos separamos en el año 1974. Jorge Oñate al saber mi separación me buscó. Inicialmente lo rechacé debido a mis estudios de economía en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Un año después me convenció y se previó la respectiva grabación”, señaló Emilianito Zuleta.

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«Recordando al Ruiseñor» un canto dedicado a Jorge Oñate

» La música es el vino que llena la copa del silencio»: Robert Fripp (músico, compositor y productor británico).

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

El amor, la admiración y el respeto, son tres de los grandes sentimientos que inspiran las mejores canciones de homenajes. Como esta titulada ‘Recordando al Ruiseñor’, un bellísimo y sentido homenaje que el maestro Joaquín Rodríguez Martínez, «El Poeta del Sinú» le rinde al «Eterno Cantante de La Música Vallenata» como lo denominé en una crónica que le dediqué hace algún tiempo; me refiero a Jorge Antonio Oñate González, esa gran voz que nos deleitó por más de cinco décadas y que lo seguirá haciendo por la eternidad, de igual manera como lo hace esa ave canora del cual tomaron su apelativo de «El Ruiseñor del Cesar»: pájaro que se caracteriza por tener un gorgeo agudo y prolongado, con cambios de tonos, alegres, melodiosos, sonoros, afinados y potentes que resultan celestiales y agradables para el oído, algo que se puede percibir cuando escuchamos la voz del cantor de La Paz (Cesar) en sus magistrales interpretaciones.
El musipoeta sinuano Joaquín Rodríguez a través del verso y la lirica accede e interpreta de manera única la realidad, mediante reflexiones y frases, los poetas como él se caracterizan por esa facilidad de conectar sus emociones y usar las palabras adecuadas para narrar situaciones, encuentros, desencuentros o nostalgias, y darnos una mirada distinta respecto a lo que desean transmitirle al mundo. Con sus obras musicales nos van entregando sabiduría a través de una de las formas de expresión más breve: el verso.

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EL HOMERO LATINOAMERICANO

Por Hernán Baquero Bracho

Resaltando los grandes baluartes del folclor vallenato rendimos un homenaje a «El Ciego de Oro», el inmortal Leandro Diaz Duarte, el del verso fino y de la melodía costumbrista. El poeta inmarcesible que veía con los ojos del alma. El mejor compositor de todos los tiempos que ha dado la música vallenata.

El folclor vallenato todavía siente con nostalgia, la muerte de uno de los grandes compositores de este campo, Leandro Díaz Duarte, ocurrida al filo de la media noche del sábado 22 de junio del año 2013 en la clínica del Cesar en la ciudad de Valledupar. Contaba con ochenta y cinco años de edad (este año estaría cumpliendo 94 años), había nacido una mañana cualquiera de carnaval, un 20 de febrero de 1928 en la finca familiar Alto Pino, en aquellas calendas municipio de Barrancas y hoy municipio de Hatonuevo. Autor de más de cien canciones con las cuales inmortalizó al vallenato donde “la diosa coronada” sirvió como epígrafe en la obra del laureado nobel Gabriel García Márquez, “el amor en los tiempos del cólera”, canción esta con la cual identificaban los cachacos como Daniel Samper Pizano a este viejo gallardo, ciego de nacimiento, pero Dios le entregó los ojos del alma, por ello la composición “Dios no me deja” fue como una profecía de lo que sería su vida en ochenta y cinco años de una vida llena de afujías y de temple, tal como lo expresara su hijo Ivo Díaz quien con lágrimas en los ojos le decía al mundo que su papá fue un valiente ante la vida que le tocó llevar.

Esperamos que este mes de febrero en curso, el alcalde de Hatonuevo, Luis Arturo Palmezano Rivero, como buen hatonuevero que es, le haga un reconocimiento cultural a todo lo que representó Leandro Díaz Duarte, en su vida musical y la grandeza de sus canciones. Y hay que reconocerlo que Luis Arturo Palmezano como buen hatonuevero, siempre le ha hecho grandes reconocimientos al inmortal Leandro Diaz.

“El Homero latinoamericano”, fue un verdadero milagro en el transcurrir de su vida. Sus canciones fueron la expresión clara de su profunda inspiración y la realización precisa e incontrovertible de lo que describía, sin nunca haberlo visto, pero que captó con su extraordinaria inteligencia, ayudada como el mismo lo expresara, con los ojos del alma, con los que aseguraba comunicarse con el mundo exterior. Le cantó a la naturaleza, a las mujeres que fueron en la mayor parte fuente de su inspiración como por ejemplo “Matilde Lina” inmortalizada por tantos artistas entre los cuales sobresale Carlos Vives, quien sentía un profundo afecto por este ciego gallardo y la última vez fue en una noche memorable del mes de septiembre del año 2012 en el municipio de Villanueva, en la plaza principal, cuando en una gesta donde Carlos Vives con su compadre Egidio llenaron de emoción al pueblo villanuevero que la Ex alcaldesa Claudia Gómez Ovalle hizo el esfuerzo para que por primera vez cantara en la tarima Escolástico Romero, cuando el artista samario llamó al “Ciego de Oro” a la tarima a cantar a dúo con él, miles de personas coreaban “Leandro, Leandro, Leandro”, momentos para no olvidar y que quedaron en la retina de miles de villanueveros, vallenatos y guajiros.

Pasó sus primeros años en la finca de familia alto pino, donde nació y dio muestra de su inteligencia al predecir el futuro con tanto acierto que mucha gente caminaba distancias solo para consultar al pequeño adivino, que con el tiempo vio transmutar esa cualidad por la poesía y el canto. Los primeros años de su vida, aquellos que no recordaba y los que recordaba con precisión fueron los más difíciles. Era un objeto inútil que no lograba despertar algo distinto a la compasión. Los primeros pasos los dio en medio de tropezones, golpes imprevistos, caídas de aprendizaje y la sensación de estar siempre en el lugar menos indicado. Más tarde, siguieron más tropezones: en el campo, cuando aprendió a buscar por si solo el camino de sus canciones. En los pueblos, donde descargaba la razón de su garganta, que era la misma que la de su vista. En las mujeres, que conoció tarde para la edad pero joven para el amor. En cada verso que afloraba de su maravillosa testarudez. Es decir, antes de levantarse del piso, ya estaba agarrado del cielo.

Su maravillosa memoria, su elevada inspiración poética y musical, sus altas calidades humanas, no demoraron en hacerlo el hombre más popular de la región y ese ritmo no declinó un instante hasta el día de su muerte. Leandro, fue un muchacho al que la tristeza solo lo quedó en las arrugas de la cara, porque las del alma ya se habían ido. Leandro Díaz el maestro de maestros de la música vallenata, fue dueño de más de cien canciones que sobrecogen el misterio de un mundo que se parece a muchos. Un mundo de dos papeles, que le tocó vivir la mayor parte de su vida, y que cuando los afugios se marcharon, los veía con mayor claridad. Esas canciones marcaron la ruta de los años que iban pasando. Era el Leandro al que no lo consolaba nadie. El que creía poco en los amigos de los tiempos buenos, y machacaba hasta el cansancio una temática recurrente que reclamaba incluso los plagios de sus cantos. Por ello por ejemplo en la canción “el negativo” Leandro expresaba su inconformismo: “todos quieren gozar así, parrandeando con mis canciones, las ofertas van por montones todos me ofrecen pa no cumplir. No sé porque me pagan mal si con todos mis amigos me porto bien” ese era el Leandro resabiado que se molestaba con los amigos que le ofrecían de todo y no le cumplían con nada.

Sin embargo, al lado de sus resabios comprensibles, iban apretujados los otros afanes: el amor a la naturaleza a la mujer y a su tierra. Ya las mujeres eran cosa de su trajín, se dio el lujo de comparar su cambio con los de las traslaciones de la luna, y como para que sus luces no quedaran desperdigadas, las marraban con un verbo fino y sencillo, dulce y cortante, adornado con figuras adelantadas y con palabras y modismos raizales que encajaban perfectamente en lo que quería expresar. Este es el perfil de lo que era Leandro Díaz, el ciego de oro, la mayor expresión poética que Dios le dio a todos los amantes del folclor vallenato.