Shadia evoca con alegría el sentimiento de un ‘Jilguero’ que se marchó a cantar en la eternidad

Un recuerdo que no huye del corazón, que no se esconde en el alma, sino que permanece en esos instantes que tienen el poder de perpetuarse en el tiempo. Un regalo del abuelo a su primera nieta

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Una madrugada después de una presentación musical, el cantante Jorge Oñate llegó a su casa y su cuerpo entró en el natural descanso. Estando en esas, tuvo un sueño que lo hizo despertar. Su mente estaba en línea directa con su corazón trasmitiéndole unos versos y una melodía para dedicarla a un ser que alegraba su vida, su nieta, la que cariñosamente lo llamaba “Papa”.

Porque Shadia está muy grande

es que Shadia se creció,

ella es el amor de papá

que me la bendiga Dios.

Un verso sencillo que expresaba el más ferviente cariño del abuelo de corazón noble y quien sabía señalar el horizonte con amor y confianza. Shadia Oñate Villafañe, la hija de Jorge Luis y Kelly, le prodigó a su abuelo aquel amanecer feliz, y desde ese momento comenzó a armar el rompecabezas de versos, para que tuviera la contundencia necesaria, el sentimiento más grande y la melodía exacta para adaptarla al acordeón.

Jorge Oñate no hizo mucho esfuerzo porque días después lo dijo: “Shadia, es mi primera nieta. Ella es de mi alma y todos saben la adoración que le tengo. A Shadia, la quiero, como también a mis otros nietos, Madena y Jorge Samuel. Prácticamente, a Shadia la criamos Nancy y yo, por eso la adoración es muy grande y ella se comprende mucho con nosotros”. Con estas palabras de amor a sus nietos, la tarea fue fácil porque el corazón mandaba señales de alegría.

Quisiera ser como Escalona

pa’ hacerte una casa en el aire,

que no te visite nadie

solamente mi persona.

La canción tomó forma y Jorge Oñate iba pensando. “Rafael Escalona, le hizo su canción a Adaluz; Calixto Ochoa, al retoñito; Hernando Marín, a sus muchachitas; Diomedes Díaz, a su muchacho y, otros compositores más le hicieron a sus hijos. Yo también le he cantado a mis hijos: Delfina Inés, Jorge Daniel y Jorge Luis, entonces era preciso hacerlo con mi primera nieta en representación de todos”.

Se me ha ido Delfina Inés,

pero, me ha quedado Shadia,

y también Jorge Samuel

y Madena, son mi alma.

La inspiración lo acompañó y, poco a poco fue armando los versos que le dieran la fórmula precisa para homenajear a su nieta. Esa niña inquieta que adelantaba en aquel entonces el grado de preescolar y que en sus ratos libres también cantaba, queriendo emular a su abuelo.

Me lleno de sentimiento

cada día la veo más grande,

ya me estoy poniendo viejo

no tengo cuando olvidarte.

Cuando la canción había tomado forma, Jorge se la hizo conocer a su esposa Nancy y a sus hijos. Aquella vez, anotó: “Para mi familia fue algo de mucha alegría y sentimiento. Después la estrené en una presentación en Sahagún, Córdoba”.

El hombre que partió en dos la historia de la música vallenata y las canciones que interpretó suenan por todas partes, bajó su cabeza y como premio dejó correr por sus mejillas unas lágrimas. Esas lágrimas fueron la muestra del más fiel sentimiento que hizo posible que desde su garganta brotaran los más elocuentes versos, dedicados a un ser que Dios trajo al mundo para alegría de todos y que se había convertido en una noticia cantada.

…Y Shadia la escuchó

La nieta a quien le habían dedicado el canto estaba inocente. No sabía nada, hasta que su abuelo la llamó y se lo hizo escuchar. Ella, quien se sabía algunos de los cantos interpretados por su abuelo, no dudó en ponerse feliz y de inmediato le entregó el mejor regalo: un abrazo, un beso y una sonrisa que valen más que mil palabras.

Desde aquel momento, Shadia hizo suya la inspiración de su abuelo. De todas formas, era para ella y en voz alta repetía y repetía: “Porque Shadia está muy grande, es que Shadia se creció, ella es el amor de papa, que me la bendiga Dios”.

Cuando Jorge Oñate quiso contar esta historia, las palabras se le escondieron en la garganta y solamente después de pensarlo, comentó. “Shadia se la sabe, ya la canta. En sus ojos noto la alegría. No hay palabras para explicar su felicidad. Es el homenaje a mis nietos, que como digo, son mi continuidad. La canción queda como una proclama del amor inmenso que primero los padres tenemos para los hijos, y después, se prolonga con los nietos y bisnietos”.

En algún momento, Shadia se presentó, y sin pensarlo, Jorge su abuelo improvisó un nuevo verso que logró el aplauso de su nieta, quien prometió aprendérselo rápidamente.

Porque Shadia es mi nieta

porque Shadia está muy linda,

que Dios la tenga presente

y triunfe siempre en la vida.

De ese encuentro entre el abuelo y su nieta, sucedido hace 12 años, no hay letras en el abecedario para describirlo. Solamente quedó en el aire la frase de Shadia: “Gracias, papa”.

El recuerdo del cronista sobre aquella historia es como palpar de cerca la realidad de la vida en medio del inevitable silencio del adiós, y donde algunas lágrimas son la muestra de esos instantes que quedan calcados para siempre.

Al final, Shadia dijo que se acordaba de todo, y que la imagen de su “papa” Jorge Oñate está prendida en su corazón, donde lo cubre el más grande sentimiento, ese que canta hasta en ese infinito donde hace dos años voló ‘El Jilguero’.

JORGE OÑATE: EL CANTANTE INMARCESIBLE DE LA MÚSICA VALLENATA.

» Nuestra voz es la música que hace el viento al atravesar nuestro cuerpo»: Daniel Pennac (escritor y docente francés).

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

«Un cantante es un artista que produce melodías con su voz, normalmente utilizando palabras que pueden rimar, o también acompañado de música instrumental «.

El compositor y cantante de jazz estadounidense Roy Ayers dijo alguna vez «la verdadera belleza de la música es que conecta a la gente, lleva un mensaje y nosotros los músicos somos los mensajeros».
La anterior definición y concepto se aplica perfectamente a uno de los cantantes más representativos y trascendentales de la música vallenata.

Les hablo de Jorge Antonio Oñate González, quien le abrió los ojos a este mundo terrenal un jueves 31 de marzo de 1949 en La Paz (Cesar), uno de esos pueblos bellos, apacibles, tranquilos, de gente humilde y trabajadora, que transpiran música y alegría por cada poro de su cuerpo. Hijo de Delfina Oñate oriunda de esta tierra y Daniel González oriundo del interior del país.

En ese ambiente tranquilo y musical se fue desarrollando este pequeño niño, que como todos los de su edad se dedicaban a los juegos infantiles y travesuras que son características de los moradores de la provincia. El pequeño Jorge desde muy temprana edad sintió el llamado celestial de la música, asunto que no fue del agrado de su progenitora, porque este arte en ese tiempo era sinónimo de tragos y parrandas y ella, como toda madre, soñaba verlo con un título profesional.

Fue entonces que su tía Julia Martínez que en contravía de la señora Delfina aupó las dotes artísticas del jóven precoz, que cantaba a escondidas en parrandas y reuniones de amigos.

Otras de las pasiones de Oñate era el fútbol, deporte que practicaba y en el que sobresalía razón por la cual llegó a jugar en las inferiores del equipo Unión Magdalena de «la bahía más linda de América», la ciudad de Santa Marta, pero su otra pasión «ser cantante» hizo que renunciara a su naciente carrera como futbolista; es decir, que el llamado de la música estaba por encima de todo. Su voz estaba predestinada de manera irreversible a alegrar los corazones de la gente, algo que hizo por más de cinco décadas ininterrumpidas.

Fue un mensajero portador de diversión, música, folclor, entretenimiento, con la que muchas generaciones y amantes de esta música se sintieron identificadas. Desde sus inicios sorprendió con la tesitura de su voz: nítida, afinada, firme, potente y melodiosa, algo que causaba alegría y admiración en sus coterráneos, como se tituló uno de sus trabajos discográficos «Nací Para Cantar».

A la edad de 14 años ya era muy solicitado para deleitar con su voz a los pobladores de su terruño y poco a poco fue calando y ganándose un espacio entre los seguidores de la música vallenata y conociendo a maestros y representantes de esta expresión musical como: Rafael Escalona, Leandro Díaz, Emiliano Zuleta Baquero, sus paisanos Miguel y Pablo integrantes de la dinastía «Los López», así como al compositor Emiro Zuleta Calderón, entre muchos más. Motivo por el cual su señora madre Doña Delfina lo llevó a Bogotá y lo inscribió en el colegio de La Universidad Libre para que continuara con sus estudios. Pero como dice el viejo y sabio adagio popular «al que no le gusta el caldo se le dan dos tazas», en la fría capital colombiana tuvo un acercamiento con el Dr. Alonso Fernández Oñate, abogado, compositor y político, además de ser pariente de su madre, quien en el año 1968 le propone grabar un trabajo discográfico con la agrupación «Los Guatapurí» , con el acompañamiento en el acordeón del maestro Emilio Oviedo Corrales, donde curiosamente todas las canciones fueron de la autoría del Dr. Alonso Fernández y así nació el álbum titulado «Festival Vallenato», donde vinieron temas como: ‘Campesina Vallenata’, ‘Lavandera’, ‘María Eugenia’, ‘La Negrita del Ají’, entre otros . Los amantes de la música vallenata comenzaron a conocer y deleitarse con una voz fresca y distinta que partiría en dos la historia de la música de Francisco el Hombre.

Si bien es cierto que antes de la aparición de Jorge Oñate en el panorama artístico, hubo algunas grabaciones donde el cantante se separaba del acordeonista, que por esa época eran los llamados músicos completos (tocaban, componían y cantaban), fue Oñate la voz que más trascendió y abrió la compuerta: marcó la senda de grandes vocalistas del vallenato como: Poncho Zuleta, Rafael Orozco, Diomedes Díaz, Beto Zabaleta, Silvio Brito, Daniel Celedón, Iván Villazón, etc.

Al año siguiente en 1969 graba un nuevo trabajo discográfico titulado «Conmigo Es El Baile» al lado del músico natural de San Juan Nepomuceno (Bolívar) Nelson Díaz en formato de música tropical, de esta manera comenzó a correr el rumor que había nacido una voz con un timbre distinto a las que hasta ese momento se habían escuchado en el género musical vallenato.

Luego de aquel difícil debut Jorge Oñate se unió a la agrupación de Los Hermanos López, sus paisanos pacíficos «naturales de La Paz», con quienes escribió algunas de las páginas más recordadas de la historia de la música vallenata, que en ese momento tuvo un cambio significativo, ya que le imprimieron un toque de modernidad por así llamarlo, pero manteniendo su esencia original y provinciana.

Junto a Miguel y Pablo López Gutiérrez retoman un formato que había sido instaurado por el tres veces rey vallenato Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital, con guacharaca, caja, cencerro, tumbadora, bajo, guitarra, acordeón y acompañamientos de primera y segunda voz, algo que le dio mucho realce a los coristas e innovaron en el canto, amalgamando la influencia que venía del bolero, la balada y la ranchera, mezclándolos magistralmente con el estilo de vallenato, puro y auténtico del maestro Luis Enrique Martinez Argote conocido musicalmente como «El Pollo Vallenato», considerado como el creador de la escuela más grande en la ejecución del acordeón vallenato.

Podríamos decir que fue la agrupación de Los Hermanos López la encargada de abrirle un campo muy importante a un cantante, que a la postre terminó convirtiéndose en la voz líder y figura representativa de la música vallenata, una idea de evolución sana y atractiva para el folclor.

La primera producción musical al lado de Los Hermanos López se convertiría en una mancomunada fábrica de éxitos que llevó por título «Lo Último En Vallenato», publicado por la disquera CBS en el año 1970; a este trabajo discográfico le siguieron «Diosa Divina», 1971; «El Jardincito», 1972 y seis más para un total de nueve publicados entre 1970 y 1975, dejando una estela de éxitos que se convirtieron en verdaderos clásicos de la música vallenata.

Los reconocimientos y calificativos por tan exitosa carrera musical no se hicieron esperar y es cuando es apodado como «Ruiseñor del Cesar» y «El Jilguero de América», los responsables de estos bautizos son el periodista y escritor cordobés Juan Gossain y el locutor y animador cesarense Jaime Pérez Parodi.
El canto de estas dos aves canoras el Ruiseñor y el Jilguero se caracterizan por tener un gorgeo agudo y prolongado, con cambios de tonos, alegres, melodiosos, sonoros y potentes que resultan agradables para el oído, algo que percibimos cuando escuchamos al cantor de La Paz, a quien le quedaron bien puestos los mencionados apodos .

Luego de ese paso fructífero musical al lado de Los López se une con Emiliano Alcides Zuleta Díaz, miembro de otra dinastía que ha marcado con letras indelebles la historia de nuestra música vallenata, con quien grabó un solo álbum titulado «La Parranda y La Mujer» donde se desprendieron éxitos que quedaron para la posteridad. Este trabajo discográfico fue predecesor del álbum «Los Dos Amigos»junto al gran Nicolás Elías «Colacho» Mendoza Daza con el que grabó cuatro álbumes clásicos y como era costumbre en el Jilguero fueron exitosos y se quedaron para siempre en la memoria de sus seguidores. La racha de éxitos y trabajos discográficos del Ruiseñor del Cesar aumentó y se le unieron nuevas figuras en la ejecución del acordeón; tales como, Raúl «Chiche» Martínez y Juan Humberto Rois Zúñiga, jóvenes que alimentaron más su trayectoria con nuevos arreglos melódicos, notas más briosas y finas, producto de sus juventudes, que sirvieron como un bálsamo y una reinvención en Jorge que lo llevaron a consolidarse como el cantante inmarcesible de la música vallenata y para todas las generaciones día tras día. De esa fructífera simbiosis quedaron discos muy recordados, por su altísima factura literaria y compases melódicos, algo en lo que Oñate demostró su sapiencia: la visión que tuvo en seleccionar las canciones para sus discos, asesorado y rodeado siempre de los mejores compositores en distintos estilos, pero fiel a su peculiaridad, siempre ceñido a los cánones del vallenato añejo.

Su sólida y ascendente carrera artística continúa con Álvaro López Carrillo, hijo de Miguel y digno representante de su dinastía con quien también cosechó éxitos que sus seguidores guardan en su memorias y corazones.
También hizo pareja musical con Gonzalo Arturo «Cocha» Molina, Julián Rojas Teherán, Cristian Camilo Peña, Fernando Rangel, etc.
El Ruiseñor del Cesar hasta la fecha ha sido el cantante que más ha grabado con Reyes Vallenatos, incluyendo tres de los cinco Reyes de Reyes que hay hasta el momento.
Siempre se consideró un aprendiz de los juglares, a quienes les profesó un inmenso cariño, admiración y respeto, un cantante que siempre fue fiel a su estilo en todo ese trasegar que tuvo por más de cinco décadas, fue un hombre muy sencillo en el escenario, siempre se rehusó a usar demasiado espectáculo visual y prefería que su voz y la música hicieran el efecto.

Galardonado con muchos premios y reconocimientos en su larga trayectoria musical: 25 discos de Oro, 7 de Platino, 6 dobles de Platino, varios Congos de Oro en el carnaval de Barranquilla, además de un premio Grammy a la excelencia musical, entre muchos reconocimientos más.
Jorge Oñate como lo dijo el maestro Roberto Calderón Cujia en su canción «Patrimonio Cultural» que le dio título al último trabajo discográfico del Jilguero de América al lado de Álvaro López Carrillo, citando la frase de Julio César, el militar y político de la antigua Roma después de ganar una de sus batallas » VENI, VIDI, VICI» nos recuerda que el cantante inmarcesible » VINO, VIO y VENCIÓ» y que la música vallenata encontró en él, una de las mejores voces que con su canto dio a conocer las historias cotidianas e inspiraciones narrativas, costumbristas, poéticas y filosóficas que han sido recibidas con beneplácito de esta expresión musical, folclórica y cultural .
El domingo 28 de febrero del año 2021 la voz de Jorge Antonio Oñate González se apagó, pero su eco sonoro perdurará eternamente en los amantes de la música vallenata.

El 24 de febrero se abren las inscripciones para los concursos del 56° Festival de la Leyenda Vallenata

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata dará apertura a las inscripciones de los distintos concursos de la versión 56 del Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Luis Enrique Martínez, en la fecha establecida del 24 de febrero al cinco de abril de 2023.

Se escogió la fecha de apertura, por ese día conmemorarse el centenario del natalicio del juglar conocido como ‘El Pollo Vallenato’, quien dejó una escuela musical que cuenta con los alumnos más aventajados del folclor.

De igual manera, después del cierre de inscripciones los cambios de cajeros, guacharaqueros o cantantes acompañantes de los acordeoneros o acordeoneras, se podrán hacer únicamente del 10 al 14 de abril.

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A Joselina Daza se le olvidó su propia historia

-Hace 79 años nació en el corregimiento de Patillal una de las musas de Alejo Durán, quien no pudo conquistar ese corazón por estar repleto de amor-

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

A Joselina Daza a quien el mundo vallenato la conoció debido a que Alejo Durán Díaz, le dedicó una canción con su propio nombre, la abandonaron las palabras. Ya no habla debido a su delicado estado de salud y la atención médica no tiene respuesta oportuna. Todo es difícil porque a su cerebro no llega ninguna orden, además de otras complicaciones en su organismo.

Solamente su mirada se pasea por los alrededores y no encuentra lo que busca. En medio de esa circunstancia dolorosa se nota que la tristeza y el miedo huyeron, teniendo solamente el acompañamiento oportuno de su único hijo Hugo Mejía Daza, quien junto a su familia toca puertas para que ella tenga un mejor vivir.

Joselina Daza a sus 79 años, nació el 21 de diciembre de 1943, ya no es la misma. Ahora cuando se llega a su casa ubicada en el barrio La Colmena de Patillal, no relata aquel encuentro con el hombre del pedazo de acordeón, diciendo que había perdido el tiempo porque ella estaba enamorada y además él tenía fama de mujeriego.

Tampoco suelta esa sonora carcajada que llamaba la atención de sus vecinos porque venían en camino algunas palabras de grueso calibre. Ahora extrañan todo eso, porque en su casa reina el silencio, y hasta el radio está apagado..

“Mi mamá era una fiel oyente de Radio Guatapurí. Por años el dial nunca se movió. Conocía las voces y nombres de todos los locutores. Admiraba a su amiga Consuelo Araujonoguera”, manifestó con nostalgia su hijo Hugo Mejía.

Mientras su hijo narraba esa historia ella tenía la mirada fija y en muchas ocasiones intentó pronunciar palabras, pero antes de llegar a su boca desaparecían.

En ese instante al cantarle un verso de la famosa canción: “Oye Joselina Daza lo que dice mi acordeón. Yo no sé lo que me pasa con mi pobre corazón”, no se inmutó porque su cerebro no recibe señales de alegría musical.

Por eso no se sorprendió como antes, cuando Alejo Durán con su pedazo de acordeón al pecho, y con el corazón en la mano, en dos minutos y 50 segundos le dedicó un paseo donde quiso adueñarse de ese encanto con cuerpo de reina.

Atrás quedaron sus charlas amenas sobre las parrandas en la casa de su gran amigo Víctor Julio Hinojosa Sierra, donde precisamente Alejo Durán la conoció. También de las famosas riñas de gallos y el entorno del viejo Patillal, ese pueblo que es como una melodía que al oírla provoca cantar. Tampoco se olvidan sus palabras para definir su época de juventud. “Yo vestía elegante, llamaba la atención, pero no era coqueta”.

Agradable canción

La obra musical de Alejo Durán dedicada a esa joven atractiva, tuvo la mayor repercusión en aquella época a finales de la década del 60 del siglo pasado, sin lograr el objetivo que era conquistarla para que el abecedario del amor tuviera las letras completas. La misma Joselina, lo afirmó hace algunos años. “Alejo tenía sembrado el corazón en Patillal, pero yo miraba para otro lado. Nadie hizo el milagro que tomara interés por él, debido  a estar perdidamente enamorada de Hernán Mejía Castro, con quien me casé y tuve un hijo de nombre Hugo Rodolfo Mejía Daza”.

La historia de Alejo tuvo su epicentro en Patillal, y él con la emoción que le produjo conocerla, pudo hablarle al corazón con aire romántico y voz ronca, pero sus palabras se las llevó el viento. Ante el rechazo, cerró su acordeón y lo abrió nuevamente en otro lugar donde el terreno estuvo fértil para el amor.

En ese entorno de la historia de una de las connotadas canciones vallenatas dedicadas a una mujer, Náfer Durán Díaz, hermano de Alejo, quien también fue rey de las conquistas con su acordeón, caso ‘La chimichaguera’, regaló su concepto.

“Esa fue mucha lucha de Alejo y hasta varios viajes hizo a Patillal en busca de Joselina, pero su intento fue fallido. Así me sucedió a mí muchas veces”. Sin parar continuó. “A Joselina, de quien supe por la canción, la conocí años después y en verdad era muy atractiva y cariñosa, pero ante el propósito de Alejo, se paró en la raya. Todo quedó registrado en la canción como era la costumbre en aquellos años”.

Para darle mayor realce a las gestas de los juglares, Naferito hizo una larga reflexión sobre los diversos cambios que se han tenido, y por eso el urgente llamado de la UNESCO, para salvar las raíces de la música vallenata. “Hay que tomar el toro por los cachos y poner todo en orden, eso sí respetando las nuevas propuestas musicales. Ya a mis 90 años hice todo lo que estuvo a mí alcance y fue mucho, gracias a Dios”, acotó el Rey Vallenato del año 1976.

Oye Joselina Daza…

De aquella mujer que no sabía de secretos, tampoco tenía pelos en la lengua para decir sus verdades y de admirable generosidad, queda poco. Las lágrimas aparecieron al ver en ese estado a Joselina, una de las grandes protagonistas del folclor vallenato, a quien le hicieron una declaración de amor cantada que ella rechazó a pesar de la insistencia.

En la última entrevista a Joselina Daza, sucedida hace más de un año, habló de todo, pero recalcó una frase que hoy tiene el mayor valor. “No me olviden porque eso no se hace conmigo”.

“Oye Joselina Daza lo que dice mi acordeón, yo no sé lo que te pasa con mi pobre corazón. Oye Joselina Daza, por qué no me das tú amor”

El 56° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Luis Enrique Martínez, tiene su afiche promocional

Después de dar a conocer el listado de los 27 aspirantes para el concurso del afiche promocional del 56° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al Rey Vallenato Luis Enrique Martínez, ‘El Pollo Vallenato’, el jurado integrado por directivos de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata encabezado por el vicepresidente y pintor Efraín Quintero Molina, seleccionaron el ganador.

Se trata de Breiner Paul Torres, nacido en Valledupar hace 30 años, diseñador gráfico y profesional en administración y negocios internacionales de la Universidad Popular del Cesar.

Sobre la obra ganadora que tituló Luis Enrique, ‘El Pollo Vallenato’, 100 años de una leyenda, Breiner Paul Torres, señaló. “Nace de una fotografía del próximo homenajeado en el 56° Festival de la Leyenda Vallenata, donde se emplearon herramientas digitales, convertidas a colores fuertes como el magenta con textura de fondo. Con lo anterior en ese espacio se le da la mayor trascendencia al juglar que dejó la más grande escuela de música vallenata. Agradezco haber escogido mi trabajo y estoy a la orden para trabajar por el próximo Festival Vallenato”.

A su vez el Presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata Rodolfo Molina Araújo, hizo énfasis en el respaldo a la convocatoria del afiche, donde se tuvo una respuesta positiva que  permitió la unión a través del diseño y la pintura a esta actividad cultural y folclórica que se viene llevando a cabo desde hace más de 20 años.

“Con el nuevo afiche le estamos dando a conocer a Valledupar, a Colombia y al mundo el compromiso que desde siempre hemos tenido con nuestra cultura. El 56° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al maestro Luis Enrique Martínez, es una realidad y será la carta de navegación para sostener el folclor vallenato que es la mayor identidad de nuestro país”, expresó Rodolfo Molina Araújo.

Con este importante paso para la promoción del máximo evento de acordeones, cantos y versos en Colombia, se inicia la tarea que comprende diversas actividades en todo el país, que desembocaran en Valledupar del 26 al 30 de abril de 2023. Todos invitados.