Javier Díaz Daza: Un compositor con alma sentimental

«La música es el reflejo de los sentimientos de quien la compone»: Wolfgang Amadeus Mozart (compositor austriaco).

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

Cada obra musical tiene detrás una historia, ya sean vivencias personales o ajenas, arte o sucesos, siempre hay algo que permite ligar una canción a un contexto determinado. Los autores utilizan la música como medio de expresión en razón a que con ella pueden transmitir sentimientos universales que son recibidos por los oyentes. En el vallenato, existen compositores cuya obra refleja profundamente sus emociones, como es el caso de Javier Díaz Daza.

Nacido en el municipio de El Molino, un martes 27 de abril de 1965, en el sur del departamento de La Guajira, al noreste de Colombia, Javier es hijo de Néstor Pedro Díaz Morales y Ruby Esther Daza Zubiría. Según cuentan, llegó a este mundo en una casita de barro y palma: humilde, pero con mucho calor humano. Nació en una familia de molineros dedicados a las tareas del campo y la agricultura, con una marcada influencia de la música de bandas, guitarras y acordeones. Esta vena musical fue heredada de su padre, un destacado intérprete del tiple y la guitarra, así como de otros parientes como Juan Díaz (clarinetista), Benedito Díaz (cantante), Francisco «Chico» Díaz (cantante y compositor) y Tadeo Morales (acordeonista), entre otros.

A los pocos meses de nacido, su abuela materna, Marcelina Daza, lo llevó junto a su madre a la población de Manaure, conocida como «El Balcón del Cesar», un pueblo muy hermoso, rodeado de paisajes naturales y riqueza agropecuaria. Allí vivió hasta los cinco años, para luego trasladarse a Valledupar donde el pequeño Javier comenzó a tener contacto directo con la música vallenata. En la «Capital Mundial del Vallenato» ya se escuchaban en su esplendor las canciones de los juglares: Alejandro Durán, Calixto Ochoa, Abel Antonio Villa, Nicolás «Colacho» Mendoza, Alfredo Gutiérrez, Juancho Polo, entre otras estrellas de este firmamento musical.

A medida que crecía y empezaba a presenciar parrandas y festivales, trepado en el árbol de mango de la mítica plaza Alfonso López en Valledupar, su oído se fue agudizando. Prestaba cada vez más atención a las interpretaciones de esos maestros que convergían en ese tipo de escenarios naturales. Las melodías que salían de los acordeones, guitarras, cajas y guacharacas eran un deleite para este inquieto muchacho que desde ese momento soñó con crear canciones para alegrar no solo su vida, sino también la de los demás.

Durante su infancia y adolescencia, además de Manaure y Valledupar, Díaz Daza vivió en otros lugares como San Juan del Cesar y Maicao. Finalmente, a los 15 años, regresó a El Molino para conocer a su padre y hermanos. Para entonces, ya tenía un cuaderno lleno de versos que más tarde se convirtieron en sus primeras canciones. Aprendió a tocar la guitarra lo que complementó su inclinación musical. Este instrumento se convirtió en su compañero de viaje, amigo y confidente. Es su extensión, su voz, su alma. Unidos por cuerdas y sentimientos, la guitarra y él crean una sinfonía de emociones.

Entre la Sierra y el Valle de los Santos Reyes nacieron sus primeras canciones, que le cantaban a sus primeras conquistas amorosas y a la naturaleza, de una manera profundamente sentimental.

El hecho de haber vivido en diferentes lugares enriqueció su influencia musical, pues la exposición a diversos ambientes, estilos de vida y culturas fue fundamental en su obra. Nació y creció rodeado de la música y la cultura vallenata, y esa fue la chispa que encendió su pasión por la composición. Su inspiración proviene de la vida cotidiana, de las historias y leyendas de su región, de las mujeres y la naturaleza que rodean su entorno.

En el vasto universo de la música vallenata, donde sobresalen grandes maestros de la composición, Javier ha sido un gran admirador de muchos de ellos, especialmente de Leandro Díaz, Octavio Daza y Hernando Marín. Como compositor, ha sabido recoger las raíces de esta expresión musical para darles una nueva vida a través de sus propias creaciones. Fusionó su propia voz con la influencia de sus maestros, especialmente en los temas de corte romántico y sentimental.

No todos los caminos hacia la música estuvieron llenos de aplausos desde el primer intento. Para Díaz, componer canciones era más que un sueño: era su forma de entender el mundo. Desde niño, llenaba cuadernos con letras, y en su mente brotaban melodías y acordes que acompañaban sus emociones más sinceras. Pero convertir esas ideas en canciones grabadas por artistas reconocidos fue una batalla cuesta arriba.

Durante mucho tiempo, tocó puertas que no se abrían, envió canciones sin recibir respuesta e incluso fue ignorado en reuniones donde apenas lograban escuchar el primer verso. Sin embargo, estaba convencido de que había algo especial en sus letras y en el mensaje que transmitía a través de ellas. Creía en su música; incluso, cuando parecía que nadie más lo hacía.

El cambio llegó poco a poco, cuando la agrupación conformada por Marcial Luna y Gustavo Camelo, conmovidos por una de sus canciones, decidieron llevarlo a un estudio de grabación con un tema titulado «No digan nada». Aunque no fue un éxito masivo, sí fue el comienzo. Ese pequeño y significativo paso le dio visibilidad y, lo más importante: credibilidad. De ahí en adelante, otros artistas comenzaron a interesarse por su estilo sentimental, honesto y emotivo, caracterizado por su capacidad para evocar emociones con letras y melodías contadas en un lenguaje poético y musical que es a la vez sencillo y profundo. Su sello personal se distingue por ser melancólico, y sus melodías son fáciles de recordar y cantar.

Javier tiene un corazón que late al ritmo del vallenato, y un alma que se desborda de sentimientos. Es un compositor que teje historias de amor y desamor con hilos de melodías y poesías, en donde la pasión y el sentimiento se desbordan en cada nota, en cada acorde, en cada verso.

Como muchos compositores vallenatos, los festivales ha sido un escenario propicio para dar a conocer sus canciones, donde la música se convierte en un espectáculo de emociones y sentires. Festivales como los que se realizan en Valledupar, El Molino, San Juan del Cesar, Maicao, Barrancas, Villanueva y hasta Bogotá sirvieron de plataforma para que él, al igual que otros autores, pudiera mostrar sus obras musicales y darlas a conocer al público.

Díaz ha sido un músico que siempre ha sabido combinar su amor por la música con una sólida formación académica. Logró equilibrar su creatividad con la responsabilidad profesional, y se graduó como Administrador de Empresas, Especialista en Estrategias de Campañas Políticas, docente universitario, Especialista en Marketing, con varios años de experiencia en el sector público y comercial.

Después que le grabaron su primera canción, otros artistas de la música vallenata comenzaron a interesarse por sus composiciones. Temas como: «Ayúdame a olvidarte», «Himno al amor», «Un compromiso contigo», «Por poquito», «Esa noche», «Cómo lloran los hombres», «Aventurera», «Tu mejor amante», «Una mujer como tú», «En el sur me quedo», «Señor de los sueños», «A que te conquisto», «Te quedó grande el amor», entre muchas otras, hacen parte de casi un centenar de canciones que se escuchan en las voces de Alberto «Beto» Zabaleta, Marcos Díaz, Luis «El Pade» Vence, Jeiman López, Éric Escobar, Alberto «Tico» Mercado, Reinaldo «El Papi» Díaz, Janner Moreno, Nibaldo Villarreal, Los Hermanos Lora (Juan Carlos y Eduardo) e incluso del internacional cantautor y músico dominicano Wilfredo Vargas.

Hoy en día, Javier Díaz Daza, además de componer e integrar la agrupación «24 Quilates» junto a sus colegas Jeiman Casicote y Álvaro Pérez, también se dedica a otra faceta importante en la música: la de productor.

Y puede decir con entusiasmo que ha cumplido su sueño de siempre: ser compositor de música vallenata. Ha logrado algo muy importante: que sus canciones vivan en las voces de otros. Cada grabación, cada interpretación de sus temas es una prueba de que la perseverancia tiene eco. Y aunque sigue enfrentando desafíos sabe que su camino musical va en la dirección correcta. Porque, a veces, el talento necesita tiempo pero cuando se combina con pasos firmes y constancia siempre encuentra una forma de ser escuchado.

Este administrador de empresas, músico por pasión y convicción, ha encontrado su refugio en la tranquilidad de su familia, al lado de su esposa Arleth Patricia Mejía Anaya y sus hijos, Luisa Fernanda y Moisés David, en Maicao, La Guajira. Un pueblo que lo acogió como un hijo más. Porque para Javier Díaz Daza, la música es su predilección; la familia su inspiración y este lugar que escogió como su hogar, su refugio.

Atentamente,
Ramiro Elías Álvarez Mercado

Niño acordeonero sorprendió con su talento a Iván Villazón

El niño Daniel Villa, de 10 años, sorprendió con su talento al tocar magistralmente el acordeón en una presentación de Iván Villazón, en las fiestas de Villa Rosa, municipio de Repelón (Atlántico) el pasado fin de semana.

Villa, llegó acompañado de su señora madre Yiselis Figueroa, y subieron a tarima para pedir esa anhelada oportunidad de acompañar a Iván Villazón en una canción, quien respondió con un rotundo sí.

Villazón cantó ‘La casa en el aire’ ese clásico de Rafael Escalona, que tuvo en las notas musicales de Daniel Villa, una acertada ejecución con su pulsación firme y  la mejor inspiración.

‘El Cantor de Cantores’ elogió el talento de Daniel Villa y finalmente tuvo un fuerte abrazo de Villazón; la foto del recuerdo y un merecido aguinaldo por parte del cantante: “Sus primeros 500 mil pesos”.

El público aplaudió a Daniel Villa y elogió a Villazón, por este bonito gesto con el niño, que representa un futuro para la música vallenata.

Villazón improvisó este verso:

Digo lo que puede ser

Me llamó Iván Villazón

Y yo creo que Daniel

Será grande en este acordeón

Iván Villazón y sus acordeoneros Tuto López y Jerónimo Villazón se lucieron con su agenda de presentaciones en Talaigua Nuevo (Bolívar), Codazzi y El Copey (Cesar) y Villa Rosa, municipio de Repelón (Atlántico).

Fotos: Daniel Pachecho

Ismael Darío Fernández Gámez, recibió el reconocimiento “Premio Personalidad Iberoamericana del Año”.

Por Alcibiades Nuñez

La Organización de Periodistas Iberoamericanos (OPI) concedió al abogado colombiano Ismael Darío Fernández Gámez, quien actualmente es el gerente de Telecaribe, el reconocimiento “Premio Personalidad Iberoamericana del Año”, una exaltación a su compromiso, liderazgo y excelencia en la industria de la radiodifusión pública, tras 45 años de servicio a la radio, prensa y televisión.

En los años anteriores la OPI ha homenajeado a personalidades tales como:

Juan Carlos López Ruiz, corresponsal jefe de CNN en Washington, D.C, Marcela Sánchez-Bender, redactora política del diario The Washington Post, Darío Arizmendi Posada, director de Radio Caracol Colombia, José Levy, corresponsal jefe de CNN en Medio Oriente, Ismael Cala, moderador de CNN, Enrique Iglesias, secretario general iberoamericano, Luis Ayllón, jefe de asuntos internacionales del diario ABC de España, Emilio Estefan, productor musical y empresario, María Elvira Salazar, ícono del periodismo hispano en Estados Unidos y Plácido Domingo, maestro de la ópera, galardonado por su trayectoria artística.

La distinción fue otorgada en una ceremonia solemne en el Graham Center de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), como parte de la conmemoración del 28º aniversario de esta entidad gremial internacional. El evento reunió a personalidades de la comunicación, la cultura y la política, así como representantes de medios internacionales y miembros del cuerpo diplomático, como el cónsul de Colombia en Miami, Fernando Marmolejo Roldán.

La organización iberoamericana que cuenta con miembros en los países americanos, España y Portugal y que trabaja para garantizar que los periodistas puedan informar sin restricciones y que el público tenga acceso a una información veraz, decidió por unanimidad galardonar al periodista Ismael Fernández Gámez, por “su liderazgo en Telecaribe, Diario del Norte, Cardenal Stereo y Sistema Cardenal y su dedicación a la excelencia, valores humanos y personalidad iberoamericana”, así como su contribución a la consolidación de un medio de comunicación regional en Colombia comprometido con el desarrollo social y cultural.

Este reconocimiento es bien merecido ya que el señor Ismael Fernández, es un abanderado defensor de la cultura en todas sus expresiones, amigo del periodismo y medios de comunicación justos, veraces, oportunos e imparciales.

Bleidys Castillo, «La Voz de Oro»

Bleidys Castillo, conocida como «La Voz de Oro», es una cantante nacida en la ciudad de Santa Marta, Colombia, con una trayectoria de cuatro años en la música. A sus 30 años, se ha consolidado como una intérprete con gran carisma y una voz que evoca la esencia del vallenato femenino, inspirada principalmente por su ídolo y referente, Patricia Teherán, así como por otros grandes del género.

Su carrera musical incluye temas grabados como:

🎵 “Aún te amo” – Autoría de Álvaro Lozano
🎵 “Suerte contigo” – Composición de Alfredo Hernández
🎵 “Prueba superada” – Letra y música del compositor Darío López Ecker

Además, Bleidys ha interpretado con gran sentimiento y fuerza covers de canciones emblemáticas del vallenato romántico, tales como:

La guerrera del amor (Patricia Teherán)

Siempre conmigo (Patricia Teherán)

Compae Chemo

Su estilo combina autenticidad, pasión y una voz potente que conecta con el corazón del público.

Actualmente, se prepara para una gira internacional, con presentación confirmada en Venezuela el próximo 16 de agosto. Bleidys Castillo continúa conquistando escenarios con su energía y talento, llevando el legado del vallenato femenino a nuevas generaciones.

Los invitamos a disfrutar de Prueba Superada en Youtube:


Diomedes Díaz, artista de amores, dichos y cantos

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Aquel domingo 26 de mayo de 1957, día de San Felipe de Nerí y Santa Mariana de Jesús, nació Diomedes Díaz Maestre, exactamente en Carrizal, jurisdicción de La Junta, municipio de San Juan del Cesar, La Guajira.

Para llegar a este territorio se recorre un camino inhóspito que surcan dos ríos. A su alrededor, todo es dominado por animales silvestres, mientras que la brisa se pasea a sus anchas. El paisaje es acogedor, y todavía está la muestra de aquel lugar donde vino al mundo el artista más grande que ha dado la música vallenata.

Las medidas del vetusto rancho que acusa el paso de los años son de cuatro metros de ancho, por seis de largo; y aún se conservan los estantes, el techo de zinc y el piso agrietado.

En esa dimensión se encierra el tesoro que en aquel tiempo tuvo la pareja conformada por Rafael María Díaz Cataño y Elvira Antonia Maestre Hinojosa, quienes se abrieron paso con trabajo y dedicación, esperando que la vida les sonriera con su carga de 10 hijos: cinco hombres y cinco mujeres.

A pesar de que la estrella del futuro no alumbraba lo suficiente para Diomedes Díaz, con el paso de los años el joven pueblerino brilló con luz propia, y se convirtió en el artista que se impuso contra todos los pronósticos. Cantidad de veces lo vieron nadando contra la corriente, teniendo varias caídas hasta llegar a triunfar.

El primer amor

Precisamente en el recorrido por esa tierra guajira, apareció aquella mujer que fue la primera aventura de amor de Diomedes Díaz. Ella es Bertha Rosario Mejía Acosta, quien se mostró dispuesta a contar la historia. “Estando sentada en la caseta de Rosario Maestre, en La Junta, con motivo de los carnavales, sin darme cuenta, se me acercó y me estampó un beso en la espalda. Yo tenía puesta una blusa de canastica. Entonces le reclamé y me dijo que le había provocado porque yo le gustaba”.

Continuó llamando a los recuerdos. “Todo siguió de coqueteo en coqueteo y todo iba en aumento y cuando vinimos a darnos cuenta estábamos emparejados. Con decirle que él no podía llegar a mi casa y nos veíamos a escondidas porque mi mamá, (Eugenia María Acosta), no lo aceptaba, porque era un pelao parrandero y no le veía ningún futuro”.

Esos amores juveniles los destacó de la siguiente manera. “Fueron amores verdaderos con esa inocencia de antes, y que se hicieron más fuertes porque eran prohibidos. De esa unión nació Rosa Elvira, exactamente cuando el muchacho ‘Medes’, como yo lo llamaba, tenía 17 años, tres meses y 12 días de edad”. Hizo la cuenta precisa. Su hija escuchó el relato contenta y agradecida.

Los dichos de ‘El Cacique’

El artista devoto de la Virgen del Carmen dejó una estela de dichos que lo hicieron famoso a lo largo de su carrera artística. De esa cosecha, está el principal. “Como Diomedes no hay otro, ese nunca nacería, y si nace no se cría, y si se cría se vuelve loco”.

Después llegaron en serie. “Denme licor que la vida es corta y lo que no se nos va en lágrimas, se nos va en suspiros”; “Que vivan las mujeres, las dueñas de los hombres y las que nos ponen a trabajar”; “Estoy más contento que un muchacho en recreo y con el raspao en la mano”; “Denme licor que el agua es pa’ las matas”; y “Mátame guayabo, ya que el amor no pudo”, entre otros.

También muchas veces le formularon preguntas sueltas y con su inteligencia natural, contestaba. “A mi me gustan las mujeres feas porque muchos no las miran, en cambio a las bonitas, sí”. Siguiendo con el tema, señaló. “Me llaman la atención las muchachas del servicio doméstico. Ellas son buenas, nobles y sanas”.

Diomedes Díaz, sentó catedra del amor a la familia. “A los hijos hay que quererlos, a los hijos hay que cuidarlos. Porque el hijo siempre es hijo, salga bueno o salga malo”. De igual manera, dijo que la envidia era una enfermedad incurable como el cáncer. “Hay envidiosos con estilo propio y les luce”.

En medio de las historias que tuvieron ocurrencia en la vida de Diomedes Díaz, sobresale el cariño a su fanaticada hasta regalarles una canción. “Toditas mis canciones siempre se refieren al amor, pero esta vez mi inspiro pa’ cantarle a mi fanaticada. Porque un artista solo, no puede conservar su valor y hay que reconocer que ninguno nace con fama. Por eso yo con mi fanaticada, siempre contento vivo cada día, cantándoles bonitas melodías, de esas que yo compongo con el alma”.

Dos canciones

El talento innato de Diomedes Díaz, lo llevó a componer una serie de canciones donde los hechos de su vida eran los protagonistas. Incluso, le hizo una canción a su primera cana, noticia de su vejez.

A Rafael Orozco, le correspondió cantarle el tema ‘Cariñito de mi vida’, (1975), haciendo hizo un paseo por la naturaleza cuando el amor se asomaba en su pensamiento. «Ay, en tiempos de invierno a las montañas, las cubren las nubes en la cima, y se reverdecen las sabanas, se colma la fauna de alegría. Y se alegra el campesino, la esperanza lo emociona. Y yo entre más días te deliro, en invierno y verano ando ahora«.

Después gustoso Iván Villazón interpretó el tema ‘La sombra’, (1987) donde ‘El Cacique de La Junta’, pudo fotografiar en palabras ese instante de la inspiración. “Cuando he mirado mi sombra yo la comparo tal como soy. O de pronto será el sol que me dibuja en la tierra. Pa’ que comprenda que ella, siempre será lo que soy, y que de pronto me voy, y ni la sombra me queda”.

Así era el hijo el hijo de Rafael y Elvira, quien trazó su sendero desde aquellas mañanas frías en el pueblo de La Junta, donde el viento regalaba aromas lejanos y nacían los primeros versos que el pentagrama vallenato tiempo después recibió con los brazos abiertos. Diomedes, por siempre.

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