Juan Manuel Pérez Sánchez: El Catedrático

«La música es una forma de soñar juntos y de ir a otra dimensión»: Cecilia Bartoli (mezzosoprano italiana)

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

Desde el ritmo primitivo de los tambores tribales hasta la resonancia melódica de una gran sinfonía universal, el poder de la música ha sido una fuerza profunda, casi mística, en la historia de la humanidad. La música es mucho más que una colección organizada de sonidos: es emoción convertida en lenguaje, es identidad hecha melodía, es memoria colectiva y experiencia compartida que atraviesa generaciones. Durante siglos, la música ha servido como un puente invisible que une culturas diversas, territorios distantes y almas que jamás se han visto pero que se reconocen en una misma vibración sonora. Su influencia en el comportamiento, en las emociones humanas y en la construcción espiritual de los pueblos no tiene comparación. La música es en esencia la forma más pura de conversación entre el corazón y el tiempo.

La música es como una autopista que une el pasado de luces y sombras con el futuro incierto, y es clave para aprender a vivir en paz con uno mismo, con quienes te rodean y con el mundo exterior; por eso hay que buscarla, seguirla y no abandonarla jamás.

En el género vallenato existen compositores que llevan en su ADN la música que parecen haber sido elegidos por el destino para traducir la vida en versos y acordes. Es justamente el caso de Juan Manuel Pérez Sánchez, hijo de Chiriguaná, municipio colombiano ubicado en el centro del departamento del Cesar, al norte del país. Un territorio que respira Caribe por cada poro de su historia, un epicentro de riqueza cultural donde las tradiciones folclóricas son herencia viva, donde la tambora es latido ancestral y donde la conexión con la majestuosa Ciénaga de Zapatosa define el carácter espiritual de su gente.

Chiriguaná es un cruce de caminos culturales donde resalta la herencia indígena y afrodescendiente manifestada en danzas, bandas de viento, cantos tradicionales, vallenato y en una fuente musical que parece no agotarse jamás. Allí, la música no es entretenimiento: es identidad, es raíz, es destino. Y fue precisamente en medio de esa riqueza sonora donde Juan Manuel abrió los ojos a la vida un viernes 23 de junio en el hogar conformado por Miguel Pérez Arévalo y Juana María Sánchez Ravadán. Su padre, compositor, decimero y poeta; su madre, cantadora de tamboras. Es decir, la música no solo estaba en su entorno: estaba en su sangre, en su herencia genética, en la memoria ancestral de su familia.

Su inclinación musical se manifestó desde muy temprana edad. A los cuatro años ya cantaba las canciones de moda que escuchaba en la radio, repitiendo melodías como si el oído hubiese nacido entrenado. A los ocho años apareció su musa por primera vez, inspirándolo a crear su primera canción: “El sentir de mi tonada”, un hecho que no puede desligarse del ambiente musical permanente de su hogar, donde la música era tan natural como el aire que se respiraba.

Juan Manuel, es el menor de ocho hermanos, pero fue quien cumplió el sueño más profundo de su padre: tener un hijo compositor. Desde ese momento contó con el respaldo absoluto de su familia. La emoción de su padre fue tan profunda que, entre lágrimas, se arrodilló, lo abrazó y le dio gracias a Dios, entendiendo que aquel niño no solo heredaba su apellido, sino también su misión musical.

Su primera gran prueba llegó cuando se presentó en el ‘Primer Encuentro de la Cultura y el Deporte’ realizado en su pueblo, en la modalidad de canción inédita. Compitió contra compositores reconocidos y, contra todo pronóstico, obtuvo el primer lugar. Ese festival se convirtió en el trampolín que lanzó al naciente artista al panorama musical. El premio sorprendió a muchos, pues hasta ese momento Juan Manuel era conocido principalmente por ser un estudiante brillante y un sobresaliente futbolista, un goleador que con su talento rompía las redes contrarias con la misma contundencia con la que luego rompería corazones a través de sus canciones.

Si algo ha caracterizado a Juan Manuel Pérez Sánchez es su disciplina para llevar de la mano su carrera musical y su formación académica. Culminó sus estudios de bachillerato en el ‘CONALCHI’ (Colegio Nacional de Bachillerato de Chiriguaná). Luego se graduó como Comunicador Social y Periodista de la Universidad Autónoma del Caribe, en Barranquilla, y posteriormente se especializó en Gobierno y Gestión Pública. Un equilibrio entre la sensibilidad artística y el pensamiento estructurado, entre la emoción del compositor y la responsabilidad del ciudadano.

Fue precisamente en su etapa universitaria cuando tuvo un acercamiento con el dos veces Rey Vallenato, Julio César Rojas Buendía que buscaba canciones para su nuevo trabajo discográfico. Sin embargo, cuando Juan Manuel llegó, la selección de temas ya estaba cerrada. Aun así, su talento dejó huella, y fue recomendado con Miguel Herrera, quien hacía pareja musical con el acordeonista Luis “El Negrito” Villa. Así lograron llevar al acetato un paseo vallenato romántico titulado “Solo tú me puedes curar”, en el año 1992. Ese momento marcó el verdadero despegue de su carrera musical.

La canción empezó a sonar en emisoras, y el nombre de Juan Manuel comenzó a recorrer los pasillos de la industria vallenata. Nacía así un compositor con identidad propia, con sensibilidad narrativa y con una profunda capacidad para convertir emociones humanas en poesía cantada. Su pluma no tardó en multiplicarse en obras que hoy hacen parte del cancionero sentimental del vallenato.

Títulos como “Despacito linda”, “90 – 60 – 90”, “Reina de reinas”, “Estás muy buena”, “Pa’ cogerte cría”, “Me quieren y no me quieren”, “Corona de espinas”, “Solterito y a la orden”, “A mi viejo”, “Carta de Navidad”, “Necesito verte”, “Quién te calentó el oído”, “Linda” y “La que me quita el sueño”, entre muchas otras composiciones, confirman la versatilidad temática de un autor capaz de navegar entre el amor romántico, la picardía caribeña, la nostalgia familiar y la reflexión existencial.

Voces consagradas del canto vallenato han llevado su obra al corazón del pueblo. En ese selecto listado se destacan leyendas como Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Diomedes Díaz, Beto Zabaleta, Iván Villazón, Silvio Brito, Farid Ortiz, Robinson Damián, Miguel Herrera, Joaco Pertuz, Luis “El Pade” Vence y Fabián Corrales. A la vez, nuevas figuras del vallenato han encontrado en su obra una fuente viva de repertorio, entre ellos Silvestre Dangond, Peter Manjarrés y el recordado Martín Elías, demostrando que su música no pertenece a una época, sino a la esencia misma del sentimiento vallenato.

Después de graduarse y ejercer su profesión, tuvo la oportunidad de desempeñarse como profesor en la Universidad de Pamplona, en Norte de Santander, en modalidad a distancia, y posteriormente en la Universidad Popular del Cesar, en Valledupar. Fue precisamente en ese contexto académico donde el reconocido locutor Javier Fernández Maestre decidió bautizarlo con un apodo que terminaría definiendo su esencia pública y profesional: “El Catedrático”. Un nombre que no solo hace referencia a su ejercicio docente, sino a su manera de componer: con estructura, con profundidad conceptual, con narrativa emocional y con la capacidad de enseñar a través de cada verso.

Porque Pérez Sánchez no solo escribe canciones: escribe lecciones de vida envueltas en melodía. En él convergen el aula y la tarima, la teoría y el sentimiento, la academia y la sabiduría popular del Caribe profundo. Su obra demuestra que el vallenato no es solo música para bailar o enamorar, sino también un archivo emocional de los pueblos, una bitácora sentimental donde se registran alegrías, nostalgias, amores y despedidas. En ese orden de ideas, es menester destacar que el cantautor soñador tuvo la oportunidad de grabar 2 producciones musicales: una al lado del acordeonista mariangolero Marcos Jiménez, titulada ‘ Mi Mejor Jugada’ en el año 2002 y la segunda en 2005 titulada ‘De La Mano de Dios’, acompañado del Rey Vallenato 2005 Juan José Granados.
“El catedrático” Juan Manuel Pérez también ha tenido el honor de haber sido elegido en dos ocasiones como Mejor Compositor del Año en Colombia, en los años 1998 y 2002.

Juan Manuel Pérez Sánchez representa esa figura del compositor que entiende que la música es memoria viva, documento emocional y puente entre generaciones. Un hombre que nació en un territorio donde la música no se aprende: se hereda, se respira y se honra. Porque hay compositores que escriben canciones, y hay otros, como «El Catedrático», que construyen reflejos emocionales donde generaciones enteras aprenden a amar, recordar y resistir. Su obra no sólo suena: permanece. No sólo emociona: trasciende. Y mientras exista un acordeón contando historias y una voz llevando sus versos al viento del Caribe, su música seguirá latiendo, en el corazón mismo del vallenato.

Atentamente,
Ramiro Elías Álvarez Mercado

Biografía Artística- Eliecer Rada Serpa (Compositor)

Eliécer Rada Serpa nació en la ciudad de Montería en el año 1963. Hijo de padres campesinos, cultivadores de la tierra, su infancia transcurrió en el entorno rural, donde se forjaron valores fundamentales y una sensibilidad especial hacia la vida y el arte. De su padre heredó el amor por la música y la composición, semillas que más adelante darían frutos en su quehacer creativo.

Desde muy temprana edad se formó como lector, teniendo contacto con grandes obras de la literatura universal. Entre los versos de autores como Unamuno, Bécquer y Mutis, fue construyendo una mirada propia y una manera distinta de expresar las ideas y los sentimientos. Sus primeros pasos en la escritura se dieron a través de cuentos, relatos y poemas cortos, hasta que, seducido por las melodías, encontró en la composición vallenata un camino definitivo.

Se formó como bachiller y posteriormente obtuvo el título de Licenciado en Ciencias de la Educación. En la actualidad se desempeña como rector de una institución educativa en la ciudad de Montería, labor que combina con su permanente vínculo con la cultura y el folclor de la región.

Dentro del ámbito musical, ha tenido actuaciones destacadas en la improvisación como verseador, siendo la décima su mayor fortaleza. Asimismo, ha ejercido en varias oportunidades el cargo de jurado en importantes festivales realizados en los departamentos de Córdoba, Sucre y Bolívar, aportando su conocimiento y experiencia al fortalecimiento de las tradiciones musicales.

En su más reciente inventario creativo registra un total de 53 canciones, de las cuales 12 han sido grabadas. La mayoría de estas obras han sido interpretadas por Fredy Hernández Moreno. Entre las excepciones se encuentra la ranchera La dama de la cantina, grabada por los Hermanos Muñoz, y el paseo Tu regreso, interpretado por el grupo El Jotismo.

Fredy Hernández ha grabado, entre otras, las siguientes composiciones de su autoría: El caminante (pasaje), Con otro amor, Gitana mía, Vuelvo al ruedo (merengue), La dama de la cantina, El fin de la historia, Pasa la página, Voy a ganar, Qué hago con los recuerdos, La totumita (merengue, de su padre), Se vale llorar y Cuál es mi pecado (merengue).

La canción «Se vale llorar», surge de una vivencia personal profunda, de momentos recientes en los que el llanto parecía imposible de contener. Al escribirla, el autor dejó fluir el alma sin reservas, dando como resultado una obra cargada de sentimiento y tristeza auténtica. En ese proceso recordó al maestro Gustavo Gutiérrez, quien tampoco se detuvo nunca a la hora de desnudar el alma en sus composiciones.

La interpretación de «Se vale llorar» en la voz de Fredy Hernández es considerada por el propio autor como una de las mejores de su carrera musical. Al escucharla, la emoción fue tal que lo llevó a las lágrimas, destacando la versión como excelente, majestuosa e impecable, fiel reflejo de la profundidad emocional de la obra.

Biografía Artistica – Alvaro Orozco «El Cantor del Folclor»

A través de Estampas Vallenatas del Folclor, conozcamos la trayectoria del cantante y compositor Álvaro Rafael Orozco Orozco, reconocido en el medioartístico como «El Cantor del Folclor» nace el día 5 de diciembre del año 1955, enun pueblo llamado Piedras de Moler, ubicado a la orilla de la Ciénaga de Zapayán, en el departamento del Magdalena. Es el menor de sus hermanos, y ciego de nacimiento.

Su infancia y adolescencia transcurre en su pueblo natal y comienza a descubrir su talento musical entre los 5 y 7 años, a través de la percusión ya que, «cualquier objeto corría el peligro de acabar convertido en tambor», sobre todo cuando en las noches se reunía a cantar con sus amigos de infancia.

A la edad de 13 años aprendió a tocar guitarra y a los 17 años se trasladó a la ciudad de Barranquilla, buscando oportunidades para surgir en el ámbito musical, además de rehabilitarse como persona en situación de discapacidad visual.

En Barranquilla ingresó al instituto nacional para ciegos (INCI) donde se rehabilitó, validando luego la primaria en el colegio americano durante 2 años, posteriormente el bachillerato completo de la libre en jornada nocturna; y en el año 1987 inicia sus estudios de derecho en la Universidad del Atlántico, obteniendo el título de abogado. Con gran perseverancia, constancia y capacitación el maestro Álvaro Orozco alcanzó grandes metas a nivel profesional.

Así mismo continuó su preparación académica, realizó unos cursos para ingresar al escalafón del magisterio. Después de estar en el escalafón participó en un concurso para docente, y al pasar el concurso fue nombrado en el magisterio como docente de guitarra. A día de hoy; transcurridos 20 años, estoy pensionado por el magisterio nacional.

En su trayectoria musical, profesionalmente inicié en el 2001, cuando grabó el primer CD, y hasta la fecha van 11 producciones, que recopilan 95 canciones. Y en el momento se encuentra grabando los sencillos de mi próximo CD.

De sus más recientes canciones publicadas se encuentra Quejas de una, un son vallenato de su autoría y de su hermano Atilio Orozco y la tremolina una puya de Álvaro Orozco, que hacen parte del nuevo trabajo musical de Mi Casa Vallenata Vol. 5, así mismo presenta su canción Un año que se va y otro que viene, de su autoría e interpretada a dúo con Martin Vicente Rivera, invitando al público amante del vallenato a disfrutar de todas sus canciones en YouTube.

A través de Estampas Vallenatas Radio conozcamos la trayectoria del cantante y compositor Álvaro Rafael Orozco Orozco, reconocido en el medio artístico como «El Cantor del Folclor» nace el día 5 de diciembre del año 1955, en un pueblo llamado Piedras de Moler, ubicado a la orilla de la Ciénaga de Zapayán, en el departamento del Magdalena. Es el menor de sus hermanos, y ciego de nacimiento

Su infancia y adolescencia transcurre en su pueblo natal y comienza a descubrir su talento musical entre los 5 y 7 años, a través de la percusión ya que, «cualquier objeto corría el peligro de acabar convertido en tambor», sobre todo cuando en las noches se reunía a cantar con sus amigos de infancia.

A la edad de 13 años aprendió a tocar guitarra y a los 17 años se trasladó a la ciudad de Barranquilla, buscando oportunidades para surgir en el ámbito musical, además de rehabilitarse como persona en situación de discapacidad visual.

En Barranquilla ingresó al instituto nacional para ciegos (INCI) donde se rehabilitó, validando luego la primaria en el colegio americano durante 2 años, posteriormente el bachillerato completo de la libre en jornada nocturna; y en el año 1987 inicia sus estudios de derecho en la Universidad del Atlántico, obteniendo el título de abogado. Con gran perseverancia, constancia y capacitación el maestro Alvaro Orozco alcanzó grandes metas a nivel profesional.

Así mismo continuó su preparación académica, realizó unos cursos para ingresar al escalafón del magisterio. Después de estar en el escalafón participó en un concurso para docente, y al pasar el concurso fue nombrado en el magisterio como docente de guitarra. A día de hoy; transcurridos 20 años, estoy pensionado por el magisterio nacional.

En su trayectoria musical, profesionalmente inicié en el 2001, cuando grabó el primer CD, y hasta la fecha van 11 producciones, que recopilan 95 canciones. Y en el momento se encuentra grabando los sencillos de mi próximo CD.

De sus más recientes canciones publicadas se encuentra Jamás te Olvidaré, un son vallenato de su autoría y Mis tres amores de la autoría de su hermano Atilio Orozco, que hacen parte del nuevo trabajo musical de Mi Casa Vallenata Vol. 4, invitando al publico amante del vallenato a disfrutar de todas sus canciones en Youtube.

Biografía Artística Glenda Zavala Maduro

Glenda Zavala Maduro nace en Aruba el 9 de diciembre, en el hogar conformado por sus padres David Maduro y Rufina Maduro. Desde muy temprana edad mostró una marcada inclinación por la música, participando en diversos festivales de canto. Recibió clases de técnica vocal con Roda Frigero, reconocida cantante de ópera en la isla.

Con apenas 8 años de edad, Glenda participó en diferentes shows en hoteles y en el canal de televisión local de Aruba, destacándose por su talento y disciplina. Ese mismo año obtuvo el primer lugar en el Festival de Canto de su escuela, logro que marcó el inicio formal de su camino artístico.

Glenda Zavala Maduro ganadora del primer lugar en Canto en su Escuela con apenas 8 años de edad

Desde niña desarrolló un profundo amor por la música vallenata, influencia heredada de su padre, quien le regalaba LP y discos de 45 rpm del inolvidable Rafael Orozco. Así nació su pasión por el folclor vallenato, lo que la motivó a participar en festivales del género, alcanzando en 2018 su primer gran reconocimiento como cantante al convertirse en la Ganadora Absoluta del Festival Vallenato de Aruba.

2018 Ganadora Festival Vallenato en Aruba

Trayectoria profesional y compositiva
De profesión es funcionaria pública, desempeñándose como asistente bibliotecaria. Amante de la parranda, el buen vallenato y profundamente enamorada de Colombia, país que lleva en su corazón. Su faceta como compositora inicia en el año 2019. Con canciones vallenatas, nacidas de su inspiración, amor y pasión por el folclor que brota de su mente y su corazón.

Actualmente es presidenta de la Fundación Voces Femeninas del Folclor Internacional, lo que ha representado un gran reto y una importante meta personal. Como compositora extranjera, asume este proceso con orgullo y gratitud, destacando la cálida acogida del pueblo colombiano hacia sus obras musicales.

Obras grabadas
Durante su trayectoria, hasta el año 2025, Glenda Zavala cuenta con 12 canciones grabadas. Su primera obra musical fue “Eres todo y nada”, interpretada por la cantante Concepción Ramos. Posteriormente, la cantante Ángela Orozco grabó su canción “Buscaré otro querer”, incluida en el proyecto musical Mundo Vallenato Vol. 3.

En el 2022, dentro del primer proyecto de Voces Femeninas del Folclor, la cantante Erika Berrío interpretó la obra “Homenaje a mi padre”. Para el año 2023, la cantante Darcy ‘La Monita’ Castro grabó “Un sueño vallenato”. Ese mismo año, el cantante y productor Guaidis Carrasco grabó la canción “Quiero cantar contigo”, lanzada en junio de 2023.

Posteriormente, en el Volumen 2 de Voces Femeninas del Folclor, la cantante Estrella Cantillo interpretó la obra “Asi soy yo”, mientras que Marta Solano grabó “Mi Navidad”, sumando dos nuevas canciones a su catálogo para el año 2024.

En el 2024, la artista Malbi Blanco grabó la canción “Un mundo de pasión”, y la cantante Adalexis García, en el álbum Voces Femeninas del Folclor Internacional Vol. 3, interpretó el tributo a Valledupar titulado “A mi Valle”. Cerrando ese mismo año, Glenda Zavala cumplió una de sus más grandes metas personales al grabar, por primera vez, una canción interpretada por ella misma como cantautora, titulada “Un abrazo, un folclor”.

De igual manera, el año 2025 representó un logro de enorme valor simbólico y artístico para Glenda Zavala, al tener la oportunidad de representar a su país, Aruba, clasificando con su obra musical entre mas de 260 canciones en el Festival de de la Leyenda Vallenata en Valledupar, como compositora de la canción “Te canto Valledupar”, interpretada por la artista Malbi Blanco. Esta participación fue motivo de gran satisfacción personal y profesional, logrando avanzar hasta la segunda ronda del certamen, dejando en alto el nombre de su país y reafirmando su compromiso con el folclor vallenato.

En cuanto a su superación profesional y académica tuvo un gran logro en Colombia durante el mes de junio al certificarse como compositora ante el SENA alcanzando la mayoría en puntaje para el otorgamiento de su debido certificado de aprobación, representando un gran avance en su carrera artística y siguiendo adelante con sus proyectos.

En el 2025, vivió uno de los momentos más significativos de su carrera cuando el reconocido artista Silvio Brito grabó su obra “Yo te quiero”, dándole un importante impulso a nivel nacional e internacional. Ese mismo año finaliza con la participación especial de la cantante Bau Gutiérrez, integrante de Las Diosas del Vallenato, quien grabó la canción “Tu recuerdo”, incluida en Voces Femeninas del Folclor Internacional Vol. 4.

Proyección y legado
Para Glenda Zavala, este recorrido ha sido motivo de gran satisfacción y crecimiento. Destaca especialmente la realización del Primer Concierto de Voces Femeninas del Folclor Internacional en Barranquilla, en la Universidad – Fábrica de Cultura, experiencia que calificó como maravillosa e inolvidable por la conexión con el público, los compositores, las cantantes y la agrupación musical.


Hoy, con la Fundación Voces Femeninas del Folclor Internacional legalmente registrada en Colombia, Glenda Zavala continúa subiendo peldaños en la difusión del folclor vallenato, impulsando nuevos proyectos que buscan fortalecer y visibilizar a las mujeres que aman y defienden el folclor vallenato a nivel internacional.

Glenda Zavala Madura es una mujer que lucha y persevera cada día para alcanzar sus sueños demostrando así que el folclor vallenato llega a todas partes y es un patrimonio que nos une en todo el mundo sin diferencias ni nacionalidad.

Redes Sociales:

Facebook: https://www.facebook.com/glenda.maduro

Instagram: https://instagram.com/gl.enda3585?utm_medium=copy_link

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«Mujer, Tú Eres Vallenato»: cuando la voz femenina despierta el folclor

«Es una expresión bonita cuando canta una mujer»: Alberto «Beto» Murgas (acordeonista y compositor vallenato).

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

“Mujer, tú eres Vallenato” es más que el título de un merengue: es una declaración luminosa nacida de la pluma sensible del hombre de leyes y compositor Ignacio Cantillo Vázquez, quien con visión y alma Caribe levanta un canto necesario, un espejo donde el folclor se mira y reconoce lo que siempre ha sido verdad. En las voces de Ule Rumbo, angelical y serena como un susurro del alba, e Ivo Díaz, poderoso y original como un viento que baja de la Sierra con la fuerza de la naturaleza, la obra encuentra su equilibrio perfecto. Y sobre ellos, como un vuelo de mariposa que sabe ser tormenta, el acordeón magistral del Rey de Reyes Almes Granados, fiel alumno de los juglares de antaño, le da el brillo majestuoso que solo la maestría auténtica puede ofrecer, hilando notas con la sabiduría de quien conversa con el pasado.

La canción desmonta con firmeza los viejos prejuicios que algunos todavía predican, esa idea gastada de que “pa’ cantar vallenato no ha nacido la mujer”. Cantillo no responde con rabia, sino con verdad: ¿Cómo negar voz a quien ha sido la inspiración de las más hermosas canciones que posee nuestro folclor? Desde tiempos remotos, la mujer ha sido la chispa que enciende al compositor, el silencio donde germina la melodía, la razón íntima del verso que busca refugio en el papel. Tiene todo el derecho y la herencia del alma, de cantar con su voz sonora, de expresar un amor grande, de bordar su historia en el pentagrama sentimental de la música vallenata.

Este merengue alegre celebra esa verdad innegable: cuando la mujer canta, se percibe una ternura distinta, una dulzura que no es debilidad sino revelación. Ese toque femenino que embellece el verso no adorna: transforma. El hombre que escucha esa mezcla de suavidad y embrujo corre el riesgo, bendito riesgo de enloquecer con su encanto. Cada palabra, en sus labios, se convierte en aroma, en brisa, en destello.

La canción también atraviesa otro territorio: el del acordeón, instrumento que por años fue considerado bastión exclusivo del “macho”. A quienes aún dicen que ninguna mujer puede quitarle jerarquía a un hombre tocando un fuelle, la canción les responde con la misma claridad con que canta un gallo al amanecer: no han visto a la nueva generación de acordeonistas. Mujeres que dominan el instrumento con la misma fuerza, técnica y sentimiento que cualquier rey de un festival, mujeres que tocan para competir, y para existir con verdad.

Por eso el tema invoca el nombre luminoso de la juglaresa Rita Fernández Padilla, una mujer que encarna el prototipo de los músicos completos (canta, compone e interpreta acordeón, guitarra y piano), una soñadora de tierras samarias que llegó a Valledupar a iluminar caminos. Su ejemplo abrió puertas, inspiró a muchas y dejó claro que el vallenato no crece cerrando espacios, sino abriendo todas sus orillas.

Porque en cualquier escenario, ellas se hacen sentir: tienen madera, tienen raíz, tienen tumbao. Con ese ritmo costeño que contagia y esa sensibilidad que vibra, hacen brotar canciones nuevas “como flores en abril”, llenas de vida y destino.

“Mujer, tú eres Vallenato” no es solo un homenaje: es un manifiesto poético y un acto de justicia. Afirma lo que la historia ya sabe: que la mujer no es solo musa, sino voz; no solo inspiración, sino creadora; no solo paisaje amado, sino faro y fundamento del folclor. Porque cada vez que una mujer canta o hace vibrar un acordeón, el vallenato no pierde su esencia: se engrandece, se vuelve más humano, más Caribe, más verdadero.

Cariñosamente,
Ramiro Elías Álvarez Mercado