El artista Diego Daza fue nominado como Mejor Cantante Vallenato en la edición 13 de los premios Latino Music Awards 2023, que galardona a los mejores de la música latina y que tendrá su majestuosa gala el 10 de octubre en el Movistar Arena en Bogotá.
Diego Daza es un exponente de la nueva generación del vallenato que se ha consolidado con sus éxitos, su talento, carisma y la disciplina que ha tenido con su organización musical para estar siempre en los primeros lugares de preferencia.
-La fecha del certamen festivalero será del 30 de abril al 4 de mayo de 2024-
La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata anuncia que del 24 de julio al 31 de agosto de 2023, estará abierta la convocatoria para la creación del afiche promocional del 57º Festival de la Leyenda Vallenata, que se realizará del 30 de abril al 4 de mayo de 2024, y será en homenaje al cantante Iván Villazón Aponte, ‘La Voz Tenor’.
Con esta convocatoria se busca darles la mayor importancia a los pintores, publicistas, ilustradores, diseñadores gráficos, artistas plásticos y profesionales afines, para que sobresalgan con su arte a través del folclor vallenato. Ellos, podrán participar con una propuesta y el ganador recibirá un premio de $3.500.000 de pesos.
«Todo el universo tiene ritmo. Todo baila»: Maya Angelou ( poeta, escritora, cantante y activista estadounidense).
Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado.
Por medio de la música se han plasmado muchas ideas, sentimientos e ideologías que nacen de las formas de vida de un pueblo, por lo que a través de ella podemos conocer, admirar, valorar y respetar la diversidad cultural a la que hoy tenemos acceso.
Los expertos en música sostienen que «es innegable que la música y la palabra comparte algunas formas de organización y expresión, porque estos dos medios de comunicación tienen en común el ritmo, la entonación, la dinámica, que se encuentran tanto en el discurso oral, como en el discurso musical».
Una de esas expresiones musicales que hacen parte de la identidad y la cultura de un pueblo es «El Porro Sabanero» que es sinónimo de fiesta, alegría, diversión, que se mueve con su ritmo estético, cadencioso y fiestero que invade el ambiente, es una emoción que causa sensación de satisfacción y gozo experimentada sobre todo por los moradores de la gran Sabana, ubicada en la costa norte colombiana, comprendida por los departamentos de Córdoba, Sucre y gran parte de Bolivar.
Y es precisamente en uno de estos exóticos lugares, donde el martes 18 de julio del año 1940 en un hermoso día lluvioso en la sabana sucreña llegó a este mundo terrenal Leonardo Gamarra Romero, con más precisión en Sincé (Sucre), exactamente en el barrio Palacio, en el hogar conformado por Miguel Enrique Gamarra Escudero y Sara Romero Atencia: él un campesino que negociaba con productos agrícolas y compra y venta de ganado, ella una costurera y ama de casa.
Sus primeros años los vivió frente a la Casa de la Cultura de su natal Sincé, en el hogar de sus abuelos maternos Enrique Romero y Lorenza Atencia. Años más tarde a raíz de un problema de salud que aquejaba a su señora madre y por recomendaciones médicas deciden trasladarse a un sitio con más aire libre y es cuando se radican en una finca de su tía Filomena Romero, donde transcurrieron siete años de su vida y es ahí donde el pequeño Leonardo tiene contacto directo con la naturaleza y pudo apreciar en todo su esplendor sus colores, sabores, sonidos, olores y sobre todo esos aromas que se desprenden del aceite que cubre los árboles mediante la lluvia al caer sobre el suelo seco denominado por los científicos como «petricor» o simplemente olor a tierra mojada.
Todos estos fenómenos naturales, sumados al gusto por la música de su progenitor quien era un ferviente seguidor de las canciones de Carlos Gardel y Agustín Lara y en las noches de luna clara las cantaba. Leonardo, sentado en su regazo, se extasiaba con esas letras y melodías maravillosas, algo que se quedó grabado en su memoria para siempre y fue parte fundamental, una base sólida para que él se inclinara por el arte musical.
Su familia se trasladó nuevamente para Sincé y fue cuando él tuvo contacto directo con agrupaciones y bandas musicales de la región como «Los Diablos del ritmo» que llegaban al pueblo y amenizaban matrimonios, cumpleaños, fiestas populares, ‘bailes de salón’, hechos que motivaban y entusiasmaban al pequeño Leonardo quien se paraba junto a la orquesta varias horas encantado por esos sonidos mágicos que salían de los instrumentos que para él era algo desconocido.
Después de cursar sus estudios primarios en el colegio del profesor Luis Gabriel Meza en su Sincé del alma, recibe una beca para estudiar en la Escuela Industrial Juan Federico Hollman de El Carmen de Bolivar donde cursó hasta cuarto de bachillerato (lo que en la actualidad es noveno grado). Y es ahí donde empieza a crear sus primeras obras musicales, hermosas composiciones de corte costumbrista, pero con un toque poético donde narraba vivencias, conquistas amorosas y también desamores que eran como explosiones del alma, las cuales era interpretadas por grupos musicales conformados con sus compañeros de estudios, para alegrar las presentaciones del colegio y también los fines de semana.
Gamarra Romero se fue puliendo poco a poco en el arte de componer y se convirtió en un compositor genuino del acervo popular que se encaminó a poner en circulación su música de hondo calado folclórico. Años más tarde, a principios de la década del sesenta, se trasladó a la ciudad de Barranquilla con el fin de laborar, pero sin dejar de lado su amor por la música y su naciente carrera como compositor. Es precisamente en la arenosa donde conoce a Jimmy Salcedo y Víctor Gutiérrez quienes tenían la banda musical Be-Bops que le grabaron su primer tema de corte tropical titulado ‘Palma de coco’, una pieza que alcanzó gran éxito en Colombia y España. Él sigue dándose a conocer y consigue que la Sonora Sensación le grabe el tema ‘Lina’.
Leonardo Gamarra se va consolidando día tras día como buen compositor y se convierte en un poeta consumado del porro sabanero: aire musical al que le dio un toque poético y distintivo, es como un pintor que con pincel en mano pinta las más bellas imágenes del entorno que lo rodea en su diario vivir, siendo las mujeres fuente de su inspiración, acompañadas de unas dulces, sublimes, celestiales y arrulladoras melodías, magistralmente hilvanadas con letras de un altísimo contenido filosófico, poético y literario que convierten su cotidianidad en un elixir de vida.
A principios de la década de los setenta se va de Barranquilla y llega a la ‘Perla de la Sabana’: la ciudad de Sincelejo, donde sigue su ascendente carrera creativa y compone canciones con temáticas propias de su cultura sabanera como: las fiestas en corralejas y sus personajes: garrocheros, manteros, toros bravos entre otros. y es cuando surge el porro titulado ‘Con la garrocha en la mano’ uno de sus grandes éxitos grabada por la orquesta del maestro Pello Torres un homenaje al garrochero Manuel Rodríguez y posteriormente por la banda San Rafael de Chinú e interpretada por la mayoría de las bandas musicales de la sabana en cuanto evento cultural y musical se realiza en esa bellísima tierra. La fructífera carrera artística del maestro ‘Leo’, como cariñosamente lo llaman, continúa y para esa misma época le graban otros temas, como: ‘Caña y bejuco’,’Clarinetero’, el bolero ‘Sinceanita’, ‘Ecos de la montaña o (Ana María)’, entre otras.
Los temas ‘Imágenes’ y ‘Caribe triste’ son la muestra de cómo se pueden componer porros con una temática universal repletos de contenidos poéticos y filosóficos tan profundos que son dignos de admiración, aplausos y de los más grandes elogios.
En ‘El Centauro’ cuenta la historia de un legendario garrochero de las sabanas del gran Bolívar de nombre Luis Felipe Quintero Jaraba, famoso por sus faenas en el ambiente corralejero; ‘El Barroso pineano’ relata la historia de un toro bravo muy respetado en las corralejas de la región de la ganadería del señor Narciso Pineda, pero no podía dejar de lado su terruño y compone el fandango titulado ‘Sincé encantador’, un bellísimo reconocimiento a la tierra que lo vio nacer, la calidez de su gente, la belleza de sus mujeres, sus paisajes y sitios emblemáticos, las fiestas patronales y la tranquilidad que respira al caminar por sus calles, pieza musical que se convirtió en un himno para los sinceanos. Otras obras conocidas del maestro Leonardo que hacen parte de su cancionero son: ‘Buscando el sol’, ‘El Cusuba’, ‘La hija del sol’, ‘Llegó el carnaval’, ‘Ojos de fuego’, ‘Alma sabanera’, ‘Adelaida’, ‘Amor corralejero’, ‘Bello cuento’, ‘Orquídea salvaje’, ‘Jinete del tiempo’, entre muchas más. Tiene un promedio de 80 canciones grabadas y más o menos 100 que permanecen inéditas, las cuales hacen parte de su extenso repertorio.
Es fascinante escuchar las canciones que han sido grabadas por distintas orquestas y bandas musicales del gran maestro Leo, pero es más fascinante escucharlas en su propia voz a las que les imprime un sentimiento único algo que lo convierte en un cantautor acompañado de una guitarra, son interpretaciones sencillas en obra negra y al natural, pero tienen la grandeza que solo lo podría explicar esa magia que encierran los buenos compositores, nobles, elementales y espontáneos.
El aporte musical del maestro Leonardo Gamarra Romero a nivel nacional y sobre todo a la Región del Caribe colombiano es de una gran valía y calidad debido a la versatilidad de su genio creador que le permite componer con la misma facilidad un porro, una cumbia, un bolero, un pasaje, una salsa, un paseo vallenato y hasta un guaguancó. Hoy siendo un octogenario, vive tranquilamente en su parcela llamada «Las Vegas» ubicada cerca al caserío de San Luis jurisdicción del municipio de Galeras (Sucre) rodeado de la naturaleza, donde recibe la visita regular de sus siete hijos y 23 nietos. Ante este genio de la composición me pongo de hinojos y solo me resta pedirle al creador que nos lo tenga por muchos años más, porque los seres como él son capaces de conmoverse con las vivencias propias o de otras personas y utilizarlas como fuente de inspiración, para que nos siga deleitando con el manantial cristalino de su talento.
José del Carmen Castilla Villero, reconocido en el mundo artístico como Tito Castilla, nace en Valledupar, Departamento del Cesar, un 28 de Enero del año 1959 en el hogar conformado por José Castilla y Átala Villero, procedente de una Dinastía de percusionistas vallenatos, siendo su abuelo Cirino Castilla quien ejecutó la Caja Vallenata al lado de muchos juglares vallenatos y sobrino de Rodolfo Castilla ‘El Pulpo de la Caja’; y Dimas Castilla. Sus hermanos también son cajeros: El Dany y Coyote Castilla.
Su interés por la música, especialmente por la caja vallenata se desarrolla a la edad de siete años y a partir de los catorce años inicia formalmente su vida musical al lado de Armando Moscote y Alfonso Poncho López
En sus estudios realizados se graduó de bachiller académico y dibujante Técnico en el Instituto Técnico Industrial Pedro Castro Monsalvo en Valledupar, pero el llamado por la música lo llevó a centrar su vida en el folclor como cajero profesional.
En su trayectoria como cajero, Tito Castilla ha grabado con muchas agrupaciones musicales vallenatas entre los cuales se encuentran: Los Cañaguateros, Juancho Rois y Juan Piña, Los Hnos Lopez, Los Hnos Zuleta, Los Betos, Orquesta Sinfónica de Colombia, Peter Manjarrez, Silvestre Dangond, Rafael Santos, Fello Zabaleta y Diomedes Diaz con el cual duró alrededor de 30 años.
Tuvo una etapa de su vida bastante triste cuando perdió en un accidente aéreo en Venezuela a tres de sus compañeros Juancho Rois, Maño Torres y Eudes Granados quienes formaban parte de la agrupación de Diomedes, sobreviviendo milagrosamente y siguiendo adelante después de ese terrible suceso, con un gran agradecimiento a Dios por darle una nueva oportunidad de vida.
Ha realizado durante su carrera como cajero alrededor de 300 grabaciones con distintos grupos en varios generos, ganando tres veces el premio como mejor Cajero en el Festival Vallenato y desarrollando en la en actualidad su proyecto musical con su agrupación La Gente de Diomedes con grandes expectativas para seguir llevándoles al público lo mejor del folclor vallenato.
«El miedo de la mujer a la violencia del hombre, es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo»: Eduardo Galeano ( periodista y escritor uruguayo).
Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado
La violencia de género es y ha sido a lo largo de la historia de la humanidad, una problemática social, que se ha llevado por delante muchas vidas y arruinado otras tantas. La lucha incesante contra esta dolorosa realidad ha adquirido relevancia en los últimos años . El día 25 de noviembre es el día designado por la eliminación de la violencia contra la mujeres. Desde la música también se construyen narrativas que desde la profundidad de sus letras y la tristeza de sus melodías impactan esta dolorosa realidad.
La música vallenata no ha sido ajena a este reprochable fenómeno y encontramos maestros en la composición como el cantautor Daniel Celedón Orsini quien nos muestra este diciente paseo vallenato titulado «PROHIBIDO CALLAR», esta reflexiva canción en defensa de la mujer maltratada, se convierte en un tema recurrente en Celedón Orsini quien ya en otra oportunidad lo había hecho en otros clásicos de la música vallenata como son: «La Lavandera» y «Mujer Marchita». En esta oportunidad cuenta con la colaboración musical de grandes exponentes del pentagrama vallenato Juank Padilla en el acordeón, Máncel Cárdenas en la guitarra y otra gama de músicos de primer nivel . «Cuando maltratamos a una mujer dejamos de ser hombres.»