Desde los campos del corregimiento de La Ceiba, en el Magdalena, emerge la historia de un soñador: Eminson Ortiz Florián, un compositor que desde los once años comenzó a escribir versos inspirados por el amor, la vida y su entorno. Nacido el 10 de diciembre de 1982 en jurisdicción del municipio de Guamal, este creador vallenato lleva más de dos décadas dedicándose al arte de escribir canciones con la esperanza de verlas interpretadas por grandes exponentes del género.
Su vocación artística se vio fortalecida a los 17 años, cuando se trasladó a Maicao, La Guajira. Allí, entre amigos músicos, encontró el impulso necesario para dejar atrás el anonimato y tomar en serio su pasión. Desde entonces, su lucha ha sido constante, más como compositor que como intérprete, con el firme objetivo de que sus letras lleguen a oídos del público de la mano de voces reconocidas.
Eminson ha encontrado en grandes como Hernando Marín, Roberto Calderón, «El Chiche» Maestre y sobre todo Rafael Manjarrez, una guía e inspiración. En cuanto a voces que admira, menciona a Beto Zabaleta, Jesús Manuel Estrada, Jean Carlos Centeno y Fello Zabaleta, a quien sigue con especial admiración.
Actualmente se encuentra aprendiendo a tocar guitarra, como una herramienta más para nutrir su proceso creativo, el cual —asegura— es guiado por Dios. Con 57 canciones escritas y solo dos grabadas comercialmente («Que vuelva el vallenato» y «Cómo olvidarla»), sueña con grabar un proyecto musical de seis temas, pero la falta de recursos ha postergado esa meta.
Ortiz es un compositor versátil: se mueve entre el vallenato clásico, el chandé, la nueva ola y el tropipop. Entre sus letras destacan títulos como «Tu amor de mentiras», «Le va a dar un Yeyo», «El comodín» y «Te buscaré», que reflejan una pluma inquieta y creativa.
Aunque aún no cuenta con una agrupación consolidada, su nombre ya empieza a sonar en las redes sociales:
Facebook: Emilymusic
Instagram: @eminsonortiz
TikTok: @eminsonortiz
Eminson Ortiz es uno de esos talentos silenciosos que persisten, que no se rinden. Porque cuando el arte nace desde el alma y se siembra con fe, tarde o temprano florece. Y él, como buen gallo de pelea, sigue cantando… con la esperanza de que un día el mundo entero escuche su canto.
Desde hace 15 años comenzó esta gesta que une a estudiantes de Valledupar y la región, arrojando la mejor calificación para exaltar la música vallenata y sus protagonistas en medio de colores y sueños infantiles.
El evento que organiza la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, con el respaldo del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, en esta ocasión se llevará a cabo el domingo 27 de abril a partir de las 8:00 de la mañana en el Centro Comercial Mayales Plaza y los estudiantes de distintos planteles educativos estarán pintando durante más de tres horas.
En la antesala del 58° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al Rey Vallenato Omar Geles, niños y niñas entre los 8 a 12 años, expresarán a través de la pintura sus sentimientos, emociones y pensamientos hacia el vallenato, el Festival de la Leyenda Vallenata, las costumbres y tradiciones de nuestra región.
El jurado de este importante concurso estará integrado por tres especialistas en la materia, los cuales tendrán como base primordial para calificar la autenticidad, el arte, la creatividad y el colorido.
Premiación
Los premios a los ganadores de los tres primeros puestos que cuenta con el patrocinio del Centro Comercial Mayales Plaza, serán los siguientes en su orden. 1.- Patineta Eléctrica Scooter 4lite 2nd generación. 2.- Galaxy Tablet A9+128 Silver – Samsung. 3.- Bono de 500 mil pesos, redimibles en artículos para el estudiante.
Este concurso tiene la coordinación del periodista Juan Rincón Vanegas y la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata agradece a los rectores, directores, coordinadores, docentes de las distintas instituciones educativas y a los padres de familia, por vincularse a esta actividad artística que desde su inicio ha tenido la mayor acogida.
Los alumnos previamente inscritos asistirán al evento acompañado por sus padres o acudientes, recibiendo los materiales para pintar y refrigerios. De igual manera, en el acto se tendrá la presentación de Los Niños del Vallenato de la Escuela Rafael Escalona que dirige el maestro Roberto Ahumada.
“Desde hace 15 años les abrimos un amplio espacio a los estudiantes de Valledupar y la región, para pintar sobre todo lo referente a nuestro querido folclor vallenato. Este ejercicio de arte es de mucha motivación para que ellos se unan de manera masiva y directa al evento porque es una fiesta entre colores que se disfruta a plenitud”, expresó Rodolfo Molina Araújo, presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata.
De otra parte, se anota que para el lunes 28 de abril de 2025 desde las 8:00 de la mañana está previsto en el Centro Recreacional La Pedregosa, el inicio de los concursos de acordeón infantil, acordeonera menor y acordeón juvenil.
Finalmente, el 29 de abril desde las 9:00 de la mañana en la Fundación Universitaria del Área Andina, se llevará a cabo el foro ‘El Festival Vallenato, por los caminos de la vida’, donde estarán como ponentes: el Ex ministro de las culturas, y los saberes, periodista y gestor cultural Juan David Correa; la artista, cantautora e intérprete del acordeón y Premio Latin Grammy Diana Burco; el compositor, escritor e investigador de la música vallenata Julio Oñate Martínez, y el cantautor y productor musical Wilfran Castillo.
Miguel Aurelio Vega Gámez, fue un excelente sanjuanero, trabajador, desde pequeño dijo lo que iba a ser, un hombre con un talento en el campo de la carpintería y la ebanistería ya que él y sus familiares trabajaban arduamente en su taller, allí fabricaban puertas, ventanas, marcos, escaparate, bifet, muebles de cocina y carrocerías de toyotas, Ford 350 y camiones.
Miguel Aurelio, nació en San Juan del Cesar, el 14 de junio de 1924, casado con la señora Berta Ibarra de cuya unión nacieron Carmen Cecilia, José Miguel “Chemigue”, Iván Enrique, Armando (QEPD), Prospero, Omar, Aldemaro, Fredy, Janeth y Delcy.
Al señor Vega Gámez, se inició en la carpintería y ebanistería desde muy temprana edad ya que trabajaba estos saberes en un taller de su hermana Zenobia Vega Gámez, ubicado en la calle del embudo frente al Club de leones Monarca, allí trabajaba la madrea con herramientas antiguas y rudimentarias, una vez que era un experto en estas artes decide mudarse a su propia casa, en el año 1977, allí establece su propio taller, el cual es renovado con maquinarias y equipos modernos como maquinarias eléctricas, sierras canteadoras, tornos, taladros y cortadoras eléctricas, sus hijos la mayoría aprendieron de su padre el arte de labrar y pulir la madera, pero hay dos de ellos que lograron la experticia y la experiencia de la carpintería y la ebanistería, ellos son Armando y Chemigue, un nieto también ejerce esta profesión es Esneider vega Moscote, quienes les prestan el servicio de carpintería y la ebanistería a todos los barrios de San Juan del Cesar incluyendo el Norte, Padilla o la callecita.
Muchos Sanjuaneros, residentes en el sector norte, barrio 20 de julio, la calle 10, la callecita, calle del embudo y Félix Arias, siempre acudían a comprar y arreglar sus muebles y enseres donde el señor Miguel, también acudían a el las familias pudientes del municipio como Lacouture, Gutiérrez, Giovannetty, Daza, Cabas, Calderón, Mendoza, igualmente lo contrataban de la Alcaldía de San Juan del Cesar, el Instituto Colombiano de Bienestar familiar, El Hospital San Rafael, la secretaria de Educación del departamento de la Guajira, a la cual le fabrico y reparó muchos pupitres y muebles para las instituciones educativas de los 15 municipios del departamento de la Guajira.
El señor Miguel Aurelio y su familia, atendían muy bien a sus clientes con un buen trato, con amabilidad, entusiasmo y alegría, les brindaban confianza, ellos les vendían a sus clientes en efectivo y a crédito, esto les permitía tener una abundante clientela ya que en el municipio había otros talleres que solo vendían de contado
El señor Miguel y la señora Berta, una pareja de emprendedores y aspirantes que dieron una excelente educación y crianza a sus hijos, todos realizaron los estudios de Básica primaria en San Juan del Cesar y la Educación Básica Secundaria y técnica en San Juan del Cesar en la Instituciones Educativa El Carmelo y La Normal Superior, luego de lograr los estudios de Bachillerato envió a su hijo menor Aldemaro a barranquilla, donde estudió Licenciado en Ciencias Sociales, y especialista en Gestión y Administración Educativa en la Universidad de Atlántico, sus hijos Omar, Fredy y Prospero son operadores de maquinarias pesada en la multinacional Cerrejón.
Como podemos ver esta pareja se preocupó por educar a sus hijos, los cuales han salido adelante, gracias al empeño de Miguel y Berta, sus 60 nietos han estudiado en varias universidades y ostentan el titulo de ingeniero civil, Medicina General, Bacteriología, Ingeniero Mecánico, Abogado, Docente, psicólogo, Enfermera Superior, Fisioterapeuta, Técnico de Minas, Ingeniero Ambiental, Farmaceuta, Ingeniero Industrial.
Por lo anterior decimos que Miguel Aurelio Vega Gámez, fue un excelente ebanista sanjuanero.
Hace 31 años comenzó este recorrido multicolor por las calles de Valledupar, la Capital Mundial del Vallenato-
El tradicional desfile de Jeep Willys Parranderos promovido por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata desde el año 2009, volverá a recorrer las calles de Valledupar el sábado 26 de abril a partir de las 3:30 de la tarde, partiendo de las afueras del Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’.
Esta caravana es un rescate de la antigua costumbre de legendarios parranderos, quienes recorrían las calles de Valledupar y pueblos cercanos a bordo de estos automotores, en cuya parte trasera llevaban un conjunto típico vallenato.
El desfile es una remembranza de la costumbre que data de los años 60 y 70 del siglo pasado, que logró inmediata acogida desde el momento en que fue instituido por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata. Esta vez el recorrido tendrá en marcha a más 100 Jeep Willys Parranderos, que pondrán la mejor nota llena de colorido, música y alegría.
Recorrido
El desfile de Jeep Willys Parranderos 2025, inicia en el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, tomando la glorieta de la Pilonera mayor en dirección a carrera 19 o Simón Bolívar hasta la Calle 12.
De la calle 12 (Parque de La Vida), se gira hacia la izquierda, buscando la carrera cuarta, pasando por el parque El Viajero, Orbe Plaza, Club Valledupar, parque Novalito y al llegar a la carrera cuarta gira a la derecha.
De la carrera cuarta dirección sur, pasa por el parque de Los novios hasta la calle 32. Después gira a la derecha, pasando por el parque Los Algarrobillos, Sigue directo hasta la avenida Pastrana o Carrera 12. Gira a la derecha en dirección norte hasta la calle 28 donde a la izquierda pasa por la avenida Simón Bolívar.
Enseguida camino de la avenida Simón Bolívar hasta el La glorieta de Los Músicos, haciendo un giro a la izquierda tomando la avenida Fundación (Diagonal 21), pasando por la Bomba de Ava hasta la transversal 23, donde se gira a la derecha con dirección norte, pasando por los barrios vecinos hasta el parque Garupal, tomando la calle 12. Se gira hacia la izquierda tomando el barrio Divino Niño, hasta la carrera 30 con dirección norte.
Después se avanza hacia la derecha en la diagonal 7 hasta la calle 32 buscando la calle 6 (principal de La nevada). Calle 6 en Garupal con carrera 32, se gira a la izquierda pasando por Altagracia y El Colegio La Esperanza hasta la carrera 41 (Calle ancha de La Nevada).
En ese lugar se gira a la derecha dirección norte hasta la avenida Sierra Nevada en la calle 1A, donde se avanza hacia la derecha hasta la carrera transversal 23, girando a la izquierda en la avenida Francisco El Hombre, con dirección norte hasta la Pilonera mayor en donde finaliza el desfile.
Gracias a todos
Sobre este tradicional y llamativo acontecimiento andante el coordinador del desfile Clemente Pachín Escalona, anotó. “Volvemos a cumplir la cita gracias al compromiso adquirido desde hace 31 años por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, teniendo el apoyo de los propietarios de los Jeep Willys que llegan procedentes desde distintos puntos de la radiografía nacional, además, los de Valledupar y la región. A todos les damos la bienvenida al 58° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al Rey Vallenato Omar Geles”.
Al desfile de Jeep Willy Parranderos, invitan Mac Pollo, Colorín, Farmatodo y Colanta.
«La suerte es lo que ocurre cuando la preparación coincide con la oportunidad»: Lucio Anneo Séneca (filósofo, político, orador y escritor romano).
Por *Ramiro Elías Álvarez Mercado*.
La música se caracteriza por tener un poder transformador y no sólo como una forma de arte, también es una fuerza que enriquece todos los aspectos de la vida; para algunos estudiosos del tema, la música tiene una capacidad, incluso para curar heridas emocionales, psicológicas o espirituales de una forma que ni la medicina puede. En esta ocasión voy a referirme a un hombre que encontró en la música un desahogo emocional y sentimental que lo llevó a convertirse en acordeonista de la música vallenata: Alberto Jamaica Larrotta, quien nació el sábado 3 de abril del año 1965 en el barrio Belén Egipto de la ciudad de Bogotá, capital colombiana. Llegó a este mundo en el hogar conformado por María del Rosario Larrotta y Pedro Antonio Jamaica, ella una ama de casa y él un albañil, una pareja humilde, trabajadora y de buenas costumbres descendientes de boyacenses, que se encargaron de darle una buena educación, rodeada de mucho amor, cariño y ternura, pero al mismo tiempo con normas, con las que le inculcaron el buen comportamiento a «Beto», como cariñosamente fue llamado desde los pocos días de nacido, y al resto de sus hermanos. Realizó sus estudios primarios en el colegio Alexander Graham Bell de la ETB (Empresa de Teléfonos de Bogotá) y luego ingresa al Instituto de Renovación Educativa donde alcanza a hacer cuatro años de secundaria, estudios que interrumpió por el embarazo de su primera novia, suceso que lo llevó a hacerse cargo de un hogar a muy temprana edad. Este bogotano siempre tuvo un gusto especial por la música, de ahí que su sueño fue ser cantante de baladas románticas, género musical en el cual se inició a muy temprana edad, escuchando a sus progenitores y hermanos mayores, quienes eran aficionados y seguidores de artistas consagrados de esta expresión musical, tales como: Nino Bravo, Yaco Monti, Nicola di Bari, Roberto Carlos, José Luis Perales, Rafael, entre otras figuras orbitales, que hicieron parte de la banda sonora de su humilde morada. Y de esa forma comienza a destacarse en las clases lúdicas de su colegio y reuniones familiares, animando y complaciendo a las personas de su entorno, quienes lo apoyaban, ovacionaban y aplaudían, algo por lo que se sentía feliz y complacido. El pequeño «Beto» siempre fue inquieto en cuestiones musicales y con el pasar de los años, por medio de las emisoras radiales que se escuchaban en la fría capital, empezó a escuchar e interesarse por otro tipo de género musical, que era desconocido para él hasta ese momento: la música vallenata, artistas como Guillermo Buitrago, Alfredo Gutiérrez, Bovea y sus Vallenatos, agrupación en la que se destacaba como vocalista el maestro Alberto Fernández Mindiola, quien se convirtió en un ídolo para Jamaica por la cadencia y la forma tan sentida que tenía para interpretar los cantos vallenatos en guitarra, lo mismo que la decana de las agrupaciones de música tropical en Colombia, Los Corraleros de Majagual que en su formato también incluían algunos vallenatos; es decir, que su gusto musical tuvo un giro sustancial y se dedicó a conocer y explorar esta otra musica, y en esas andanzas conoció a un joven que interpretaba el acordeón llamado Wilson Ibarra y con él conformaron un pequeño conjunto con el que se dieron a conocer en tabernas, bares y fiestas privadas, en donde «Beto» cantaba. El filósofo alemán Arthur Schopenhauer dijo: «El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos» y fue precisamente el destino quien tenía deparado otra cosa en la naciente carrera musical y artística de Jamaica, debido a que el joven acordeonista de la agrupación tenía serios problemas de medida, cuando tocaba solo se defendía con el instrumento arrugado, pero cuando acompañaba al vocalista se le complicaba ejecutar bajo un patrón de percusión; es decir, se adelantaba, se quedaba y eso hacía que se atravesara, entonces fue en ese momento cuando Jamaica Larrotta «jugó las cartas» y tratando de corregir a su compañero de fórmula se interesó y aprendió a interpretar algunas canciones vallenatas de manera elemental en el acordeón, ya para esa época contaba con 20 años de edad pero sin imaginar que terminaría siendo acordeonista de la música vallenata. Como dice el viejo adagio «al que le van a dar le guardan», su compañero Wilson quien hasta ese momento era el acordeonista del conjunto le toca trasladarse de Bogotá a Cúcuta y luego hacia el país vecino de Venezuela, a raíz de la separación matrimonial de sus padres, y es en ese momento cuando el señor José Arnaldo Pedraza, exciclista y dueño de un almacén de elementos de sonido en el que vendía bafles, parlantes, equipos y quien también ejecutaba acordeón, tenía una agrupación aficionada, con la que interpretaban no solo música vallenata, sino también otras expresiones musicales del Caribe colombiano, sobretodo éxitos de los Corraleros de Majagual. El señor Pedraza decide darle la oportunidad de formar parte de la agrupación como cantante y a ratos como guacharaquero, instrumento que había aprendido a tocar de manera empírica años antes escuchando canciones vallenatas en la radio y las seguía con este instrumento de fricción. Alberto Jamaica siempre que tenía la oportunidad le sacaba melodías al acordeón e interpretaba las pocas canciones que se había aprendido con el instrumento de su excompañero de agrupación y amigo Wilson Ibarra y en un ensayo con su nuevo grupo cogió sin permiso el acordeón del señor Pedraza y comenzó a sacarle melodías, detalle que no pasó desapercibido y sorprendió gratamente al dueño del instrumento y el conjunto, quien al escucharlo le dijo de manera directa y sincera que tenía más talento para interpretar esa caja musical de pitos y bajos que como cantante, y le aconsejó que aprovechara ese potencial y lo canalizara para su bien y fue desde ese momento cuando se decide por completo a la interpretación del acordeón porque encontró en él y la música vallenata la forma de trasformar sus tristezas en alegrías y convertir este instrumento en su nuevo y mejor amigo. Con algunos ahorros que tenía fruto de sus presentaciones y el trabajo en construcción que aprendió ayudando a su padre, compró su primer acordeón y se dedicó de lleno a estudiarlo, escuchando y practicando canciones vallenatas las cuales repetía una y otra vez, de una colección de cassettes que tenía de maestros como Alejandro Durán, Luis Enrique Martínez, Alfredo Gutiérrez, Abel Antonio Villa, Emiliano Zuleta, Nicolás «Colacho» Mendoza, Israel Romero, Ismael Rudas Mieles, entre otros, confiesa que de todos aprendió algo, razón por la cual siente un gran cariño, admiración y respeto por todos esos grandes maestros del acordeón. Ya con una agrupación propia conformada, más repertorio y habilidades en la ejecución del acordeón, quien se convirtió en un compañero inseparable de luchas y retos, comienza su aventura musical y artística que terminó siendo su profesión y estilo de vida. En ese trasegar musical con su acordeón al pecho en la que poco a poco se iba ganando más reconocimiento ante los ojos de propios y extraños quienes se admiraban por la forma de tocar y el amor que un hombre nacido a kilómetros del Caribe colombiano le tenía a la música vallenata que incluso sorprendía a los mismos costeños radicados en Bogotá, se ganó el apelativo de «El Pollo Cachaco» tal como se les dice a las personas provenientes del interior del país y lo de «Pollo» porque fue un título popularizado por el maestro Luis Enrique Martínez «El Pollo Vallenato» quien se destacó por su virtuosismo y versatilidad en la ejecución del acordeón. En una taberna bogotana donde el «Pollo Cachacho» oficiaba como músico de planta conoce a un colega acordeonista nacido en Nobsa, Boyacá, Hernando Celis Cristancho, quien ya se había presentado en el Festival de La Leyenda Vallenata, categoría aficionado y había salido Rey en la misma categoría en el Festival Cuna de Acordeones en Villa Nueva, La Guajira y con él entabló una bonita y sincera amistad y es quien lo motiva diciéndole que le veía madera para presentarse en ese tipo de festivales, retándolo para ver cuál de los dos ocuparía una mejor posición en Valledupar, en representación del interior del país. Beto aceptó el reto y comienza su carrera brillante, arrancando por distintos festivales del Altiplano cundiboyacense, saliendo triunfador en varios y en otros ocupando honrosas posiciones, como en Madrid, Funza y Facatativá (Cundinamarca), Nobsa y Zipaquirá (Boyacá). Graba por primera vez unos covers en el año 1991 con el cantante William Bejarano, donde incluyeron los clásicos: ‘Sin medir distancia’, ‘Esa», ‘Cómo le pago a mi Dios’, ‘Muero con mi arte’ y un merengue inédito titulado ‘El enamorado’. Realiza una segunda grabación con Gregorio Herrera, posteriormente con el cantante sincelejano Plinio Lugo. Luego de haberse curtido, preparado, obteniendo bagaje y experiencia en estos festivales y en el campo de la grabación se inscribe en Valledupar con su amigo, colega y retador Hernando Celis, en la categoría aficionado donde ocupó un decoroso octavo puesto y su amigo el catorce y desde ese momento se afianzan más los lazos de hermandad entre ellos. Celis se convirtió en un apoyo incondicional en todos los aspectos en su carrera musical, hasta que un cáncer agresivo se lo llevó de este mundo terrenal. Beto continúa aumentando su trayectoria en festivales, participando y llegando a instancias finales en el Cuna de Acordeones de Villanueva, La Guajira y en el Festival de Acordeones del Río Grande de la Magdalena en Barrancabermeja, Santander. «El Pollo Cachaco» sostiene que siempre vivirá agradecido de su colega y amigo del alma Hernando Celis, porque fue quien le abrió la trocha como acordeonista del interior del país en los festivales. Jamaica Larrotta siempre fue un hombre que perseveró y luchó para ganarse un espacio en este competitivo, y por qué no decirlo, regionalista mundo de la música vallenata, donde después de trece intentos y habiendo logrado varias semifinales y una final se corona Rey Vallenato profesional en el año 2006, partiendo en dos la historia del Festival de la Leyenda Vallenata, al convertirse en el primer acordeonista no nacido en el Caribe colombiano en llevarse tan codiciado galardón y con esto honrar la memoria de su colega y hermano de vida. Los temas que interpretó en la final fueron ‘Luz Mila’ (Paseo) de la autoría de Poncho Zuleta; El Libre’ (Merengue) de Camilo Namén; ‘Amores con mi acordeón’ (Son) de Iván Gil Molina y ‘Toca cachaco’ (Puya) de José Triana. Alberto Jamaica también se ha destacado en otras facetas musicales como: director, productor, arreglista, compositor, segunda voz, ha participado aproximadamente en setenta grabaciones, fue el encargado de interpretar toda la música en la bionovela «Diomedes Díaz, El Cacique de La Junta» donde tocó alrededor de doscientas canciones, emulando el estilo de los diferentes acordeonistas que acompañaron al gran Diomedes Díaz en su exitosa y fructífera carrera musical, ganando el premio Tv y Novelas a la mejor banda sonora de telenovelas. Dentro de su carrera musical se destacan grabaciones con Jairo Serrano, Ivo Díaz, Pablo Atuesta, Otto Serge, Edgar Fernández, asimismo con orquestas reconocidas como: Los Alfa Ocho, Los Tupamaros, Los Ocho de Colombia, César Mora y su orquesta María Canela, Carolina Sabino, la agrupación Baracutanga de Nuevo México. Condecorado dos veces por el Congreso de la República con la orden «Gran Caballero», por su aporte a la música y a la cultura colombiana, se ha paseado por distintos lugares del mundo dejando en alto el nombre de Colombia con un lenguaje musical y folclórico en escenarios de Londres, Canadá, Malasia, Seúl, Sydney, Texas, Nueva York, San José de Costa Rica, Caracas y muchos sitios más.
Como productor musical trabajó con la cantante Guadalupe Mendoza conocida artísticamente como «Lupita Mendoza», nacida en Chihuahua, México y radicada en EEUU, una producción de trece canciones donde hizo los arreglos musicales de cumbia mexicana, bolero, balada, una cumbia de su autoría y un porro del maestro Romualdo Luis Brito López, temas acompañados con su acordeón bendito. Beto Jamaica es un caudal musical que siempre está activo y sigue haciendo música en sus distintas facetas, ya sea como acordeonista, productor, director, arreglista, cantante o compositor. Recientemente grabó dos temas con el cantautor Hochiminh Vanegas Bermúdez, un paseo vallenato titulado «En el senderito» y una tambora titulada «Matrona de mi tierra»; fue el productor y acordeonista de cuatro canciones de un trabajo discográfico de seis en donde canta el actual Ministro de Educación Daniel Rojas Medellín, quien se animó a grabar clásicos de la música vallenata, los otros dos temas son interpretados por el maestro Emiliano Alcides Zuleta Díaz, hace pocos días se estrenaron dos canciones de la autoría de Beto Jamaica en donde canta y toca, un paseo vallenato en dedicatoria a un amigo que cumpleaños titulado ‘Una fecha especial’ y un merengue, ‘Soy parrandero’, próximamente saldrá al mercado un trabajo discográfico en donde Beto participa como director, productor, arreglista, acordeonista y hace voces, un total de 17 canciones vallenatas con contenido poético y literario todas de la autoría del abogado, compositor, guitarrista y cantante tolimense Ángel Asencio, que es una clara muestra de que aún hay músicos que conservan las raíces de esta expresión musical de origen provinciano. Alberto Jamaica Larrotta «El Pollo Cachaco» demostró y sigue demostrando que su amor y admiración por la música de la tierra de Francisco el Hombre no tiene límites y que sin haber nacido en el Caribe colombiano ha hecho un aporte significativo a la edificación de nuestra música vallenata: un cachacho con alma y corazón costeño.