Biografía Eustorgio García Mieles (Cantautor)

Eustorgio Segundo García Mieles, nace el 1 de febrero de 1967 en el corregimiento El Tablón del municipio de San Marcos, Sucre, hijo de Roberto García y Teresa Mieles .Su crianza transcurre en el Municipio de Cáceres, exactamente en el corregimiento de Piamonte siendo legalmente registrado en Cáceres, Antioquia, allí hizo su primaria llegando hasta el primer año de bachillerato para luego dejar los estudios y dedicarse a trabajar, se considera hijo adoptivo del municipio Cáceres, Antioquia.

Actualmente se encuentra residenciado en el Bajo cauca, Caucasia donde se desempeña como comerciante independiente, es padre de seis hijos: María Teresa, Gilma Andrea, Gabriel Jaime, María Alejandra, Camilo Andrés y Mariana García.

Se considera un compositor versátil capaz de componer una canción de cualquier género pero su mayor inclinación ha sido por el vallenato, la ranchera, el chiquilero y la música sabanera.

Comenzó a escribir canciones desde niño aproximadamente a los 12 años, entre sus recuerdos viene a su mente cuando se inventaba una guitarra con una tablita, le hacía unos clavos, templaba unos nylon de pescar y de allí comenzaba a tocar, con eso empezaba a practicar a cantar y escribía canciones pero con el paso del tiempo sus canciones se perdieron. No toca ningún instrumento a la perfección pero es aficionado a la guacharaca

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Biografía Alex Medellín Mendoza (Compositor)

Alex David Medellín Mendoza, nace en Cereté-Córdoba un 23 de Febrero del año 1965 en el hogar conformado por José Miguel Medellín Urango y Niní del Carmen Mendoza García.

A nivel profesional se desempeña como docente, licenciado en Ciencias de la Educación, en la especialidad: Química y Biología, area mayor química. Egresado de la Universidad de Córdoba, agosto 2 del 91.

En su faceta como compositor se destaca por la facilidad de componer en diversos géneros musicales entre ellos:Paseo, Chandé, puya, porro, fandango, cumbia, Mapalé, Rumba,salsa, ranchera, corrido, fox, marcha militar(Himnos).

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Alejandro Hernández «El Galán de la música típica»-Reseña Biográfica

Alejandro Hernández de la Cruz nace el día 9 de agosto 1985.en Puerto Plata, ubicado en la Costa Norte de la República Dominicana.

Sus inicios como cantante fueron con una agrupación llamada El Loro y la fragancia, luego formó parte de la agrupación de Chiche Armonte entre otras agrupaciones. Su etapa como solista comienza en el año 2010 hasta la actualidad.

Alejandro Hernández durante su trayectoria musical ha grabado varios sencillos musicales entre los que mencionamos : «El Ayudante», Que de raro tienes», «El Lambón», «Cibaeña» ,»Hoy por tí», ‘Mi Estrella», con un total de 5 producciones musicales.

Estuvo en la gente puerto plateño, sus presentaciones a nivel artístico han tenido gran aceptación internacionalmente llegando a presentarse en gran parte de Estados Unidos.

Con una gran proyección, Alejandro Hernández se caracteriza por abarcar varios géneros musicales con esa gran versatilidad en la interpretación llevando su talento a todo el público que siempre lo apoya en cada uno de sus proyectos musicales.

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Enrique Díaz Tovar: “Un querido y auténtico juglar”

«Todo el mundo debería perseguir lo que es auténtico en uno mismo; esa es la manera de tener una larga vida en la música»: Björn Ulvaenus (músico y letrista sueco).

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

Un músico no es sólo aquel que toca un instrumento: es también aquel que a través de su instrumento toca el alma y el corazón de la gente; cuando a un músico le fluye la armonía, la melodía, es capaz de expresar sin palabras las razones que dicta su corazón. Con el arte musical lleva vida, emoción y alegría que transmite a quienes lo escuchan.

La autenticidad es sinónimo de originalidad y de expresar la propia personalidad sin complejos. Es por medio de esta cualidad que podemos mostrarnos como realmente somos. Uno de esos grandes valores de la música sabanera y vallenata que nunca renunció a esa autenticidad que lo caracterizó fue el gran Enrique Díaz Tovar. Quien nació en un humilde hogar de extracción campesina, conformado por Pablo Díaz y Martina Tovar; niño que con el correr del tiempo vendría a ser el artista de mayor popularidad en ese inmenso corredor de sabanas, montañas y ríos, que cruza desde el Atlántico hasta el Urabá antioqueño.

Este varón, nacido en Palo Alto Hicotea, corregimiento de María La Baja (Bolívar), un martes 3 de abril de 1945, fue conocido popularmente como «El Tigre de María La Baja» o «El Compae Quique». Un campesino natural y elemental como el agua; su vida transcurrió como la de cualquier joven criado en el campo, rodeado por los efluvios de la naturaleza, seducido por los sonidos, olores y hermosos paisajes que lo rodeaban, aprendiendo algunas labores agrícolas y pesqueras, actividad que hace parte de la vida cotidiana de esa pintoresca región y con muy poca formación académica.

Este músico empírico creó un estilo particular y costumbrista en la forma de ejecutar el acordeón con sus primitivas y magistrales notas lo cual complementaba con una voz recia, bien fuerte, con sabor a tierra y a negro rebelde.
Después de una difícil infancia por los limitados recursos de sus padres su estilo de vida dio un giro sorprendente: siendo un adolescente de 14 años, cuando junto a su madre optaron por radicarse en Nueva Estación, un corregimiento del municipio de Buena Vista (Córdoba), puesto que la situación económica de su entorno familiar dio un giro sustancial, lo cual le permitió un mejor modus vivendi. Y fue a partir de ese instante, cuando Díaz Tovar, se comenzó a interesar por los asuntos de la música realmente.

Inicialmente aprendió a tocar la violina, con la cual amenizaba pequeñas reuniones entre amigos y vecinos y fue a raíz de ese interés que algunos allegados tuvieron a bien comentarle a Doña Martina, su progenitora, acerca de las virtudes musicales de su hijo por lo cual ella decidió obsequiarle un acordeón sencillo de dos teclados, cuando Enrique ya contaba con 16 años de edad. Su encuentro con el instrumento arrugado fue amor a primera vista y desde el mismo instante en que lo tuvo en sus manos empezaron a brotar mágicas y embrujadoras melodías que lo enamoraron por siempre.

El “Compae Quique”, como algunos solían llamarlo, era un fiel seguidor de aquellos viejos juglares, que marcaron una época de oro con su valioso legado, tales como los maestros Alejandro Durán, Luis Enrique Martínez y Andrés Landero, exponentes de tres grandes escuelas o estilos, acordes a los lugares de donde eran oriundos o procedían: El Paso (Cesar), Fonseca (La Guajira) y San Jacinto (Bolívar) de los cuales aprendió, le sirvieron de guía, fueron su faro musical, pero también desarrollando un estilo propio en la ejecución del instrumento y el canto algo que caló profundamente en aquellas masas que veían en las crónicas y relatos que él vocalizaba, con su dejo muy acentuado, un reflejo de sus propias vivencias.

Es por ello que este músico sabanero con el correr de los días iba teniendo más adeptos, por su originalidad, ya que como el mismo constantemente lo decía: “nací musicalmente con mi estilo».
Fue en Planeta Rica (Córdoba) el lugar donde Enrique Díaz se vino a consolidar musicalmente y, al igual que el primer Rey Vallenato Alejandro Durán, se radicó hasta los últimos días de su existencia, allí se convirtió en uno de sus hijos adoptivos predilecto más ilustre.

En sus años de andariego y trovador ambulante, recorriendo los extensos caminos de la Costa Norte colombiana, se le veía a su fanaticada cada día más grande y fiel. Fueron muchos los logros musicales optenidos por Enrique , como el de Rey Sabanero del Acordeón en la ciudad de Sincelejo (Sucre) en el año 1986 e igualmente en las poblaciones antioqueñas de San Pedro de Urabá y Caucasia. En su prolífica carrera musical cuenta con más de cincuenta trabajos discográficos, cosechó numerosas simpatías por su forma de ser: auténtica, extrovertida y por donde llegaba la gente lo seguía, con fervor y pasión porque de sus cantos brotaban la esencia y el alma de ese pueblo que lo amaba y con el cual se identificaba.
Se destacó en la composición e interpretación de variados géneros musicales del Caribe colombiano como: ‘vallenato’, ‘cumbia’, ‘porro’ ‘guaracha’ ‘charanga’ y se caracterizó por ese agudo sentido que tuvo para expresar de manera jocosa, alegre, costumbrista, propia de los moradores de los pueblos de la Costa Atlántica.

Clásicos como: ‘La Caja Negra’, ‘El Rico Cují’, ‘Las Cuatro Velas’, ‘Si La Plata Se Acaba’, ‘Don Fulano’, ‘La Circular’, ‘El Merequetengue’, ‘La Pensión’, ‘Flor de La Habana’, ‘Charanga Díaz’, hacen parte de sus grandes éxitos, con los que deleitó a sus seguidores. Sin dejar de lado la famosa piqueria o contienda musical que sostuvo con su compadre de sacramento Rugero Suárez, otro destacado músico sabanero, donde quedaron éxitos para la posteridad.

Enrique Díaz, tal como lo hiciera el Maestro Alejo Durán no claudicó en su originalidad, lo cual le dio la ventaja de tener un público propio y leal, sin necesidad de acudir a las modas pasajeras o a las extravagancias de hoy en día para mantenerse vigente y vivir cómodamente en Planeta Rica (Córdoba) al lado de su esposa Elvira Peña, con la cual convivió hasta que la muerte los separó el jueves 18 de septiembre del 2014. Su voz y acordeón se callaron pero su música y legado quedarán por siempre en la mente de los amantes de esta expresión musical.

Cuando la música de acordeón (vallenata y sabanera) viene atravesando una crisis de valores porque cantantes acordeonistas y compositores se han venido alejando de las raíces, mirando sólo el dinero y desconociendo el folclor verdadero, hoy le rindo un homenaje sincero al “Tigre de María La Baja” porque nunca buscó acomodarse, como hoy en día lo hacen estos nuevos músicos que ignoran deliberadamente esa huella que marcaron, nuestros juglares para siempre.
Ante la memoria de “Quique” me agacho, me quito el sombrero y digo: “Gracias te damos, viejo querido, porque tu nombre ha quedado metido, en lo más profundo de nuestros corazones. Fuiste un varón de muchos kilates, el vocero más auténtico y raizal de todos los juglares”.

JACINTO LEONARDI VEGA GUTIÉRREZ:El «aprendiz de poeta» que se convirtió en un poeta consumado, graduado y con altísimas calificaciones.

«La música es la poesía del aire»: Jean Paul Richter (escritor alemán).

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado.

Los poetas se caracterizan porque mediante reflexiones y frases tienen la posibilidad de conectarse fácilmente con sus emociones, encontrar y usar las palabras adecuadas para narrar situaciones de encuentros o desencuentros y darnos su punto de vista respecto a lo que desean transmitirle al mundo.
Con sus obras nos van entregando sabiduría a través de una de las formas de expresión más diciente: el verso; es decir, que las frases poéticas son una manera de ver la realidad por medio de la lírica, una perspectiva centrada tanto en las ideas como en los sentimientos.

Por allá a mediados del año 1975 cuando Rafael Orozco, quien se iniciaba profesionalmente como vocalista de la música vallenata con un futuro promisorio, al lado del acordeonista Emilio Oviedo Corrales apodado «El Comandante», al cantar el clásico paseo «Cariñito de Mi Vida» lanza una frase que como llama de fuego se propagó rápidamente y quedó grabada en la mente de miles y miles de seguidores de los ídolos que para ese entonces ya empezaban a alumbrar con luz propia en el firmamento vallenato: «El Cacique de La Junta: Diomedes Díaz».

¿La Junta? ¿Dónde queda ese lugar? Y es entonces cuando algunas personas empezaron a darse cuenta, que se estaba haciendo referencia a un corregimiento del municipio de San Juan del Cesar, en el sur del departamento de La Guajira.

Con el correr del tiempo nos enteramos también que ese paraje desconocido para muchos se estaba convirtiendo en una fuente prolífica de auténticos artistas, tales como: acordeonistas, cantantes, verseadores y compositores que ya empezaban a tener reconocimiento regional por sus talentos.
La Junta, un rinconcito muy querido del Caribe colombiano, por la hospitalidad de sus habitantes, sus exóticos paisajes, sus manifestaciones culturales y sus coloridas artesanías elaboradas con la fibra del fique, cuyo nombre se debe a la unión de los riachuelos San Francisco y Santo Tomás; es decir, se «juntan» en medio del pueblo y entonces de ahí se deriva el nombre de «La Junta», cuna del gran Diomedes Díaz que también tuvo el grato honor de tener entre sus hijos ilustres a un cantautor y musi-poeta de los cantos vallenatos: Jacinto Leonardi Vega Gutiérrez, quien llegó a este mundo terrenal un domingo 17 de marzo de 1963 para llenar de alegría el hogar conformado por Jacinto Agustín Vega Zúñiga, natural de San Juan del Cesar, y María José Gutiérrez, nacida en La Junta, ambos guajiros de pura cepa; infortunadamente a los pocos días de nacido queda huérfano de padre y es su progenitora doña María José la encargada de tomar el rol de padre y madre e inculcarle grandes valores y educación al pequeño Jacinto.

Su infancia transcurrió como la de la mayoría de los niños criados en la provincia, llena de alegría: juegos y travesuras infantiles, contacto directo con la naturaleza, aromas a flores y frutos maduros y el sonido emitido por los animales, lo mismo que ese paisaje hermoso conformado por ese vallecito ameno y virginal surcado por dos riachuelos: el Santo Tomás y el San Francisco, lugar llamado por los junteros con el nombre de «Los dos caños» dejando a ambos lados praderas deslumbrantes, pero sobretodo de música, en razón a que al lado de su morada había una cantina donde era normal escuchar las canciones más sonadas en el momento, como los éxitos de la ranchera mexicana de grandes exponentes de la talla de José Alfredo Jiménez, Antonio Aguilar, Pedro Infante, Javier Solís, música sabanera de Pedro Laza y sus Pelayeros, Los Corraleros de Majagual, y juglares vallenatos que ya tenían un nombre posicionado: Luis Enrique Martínez, Alejandro Durán, Abel Antonio Villa, Pacho Rada, Juancho Polo entre otros.
Este ambiente musical sumado a los viajes entre su terruño y la ciudad de los santos reyes (Valledupar), donde cursaba los estudios medios en el tradicional colegio Loperena, fue donde Jacinto precisamente se nutre con las sabias enseñanzas literarias y descubre que en él existe una vena poética, que convierte en canción con facilidad, letras que acompañaba con bellas melodías hechas con su silbido, para lo que se volvió diestro.

Jacinto Leonardi fue un muchacho tímido; tan es así que cuando comenzó a hilvanar sus primeros versos y melodías, los cantaba en los famosos centros literarios que eran una asignatura en las instituciones educativas, pero poniendo como autor a uno reconocido, la mayoría de las veces a Hernando Marín un referente en la composición y negando que eran suyas. Poco a poco se fue dando a conocer y entra a formar parte de esa generación que tuvo contacto directo, con la esencia más pura y verdadera de la cultura vallenata.

Es él uno de los últimos eslabones poéticos de las letras vallenatas, de esos alumnos aventajados que bebieron de la fuente del padre de la lírica de los cantos vallenatos, el gran maestro Gustavo Gutiérrez Cabello; quien tuvo una prolífica camada de alumnos de primerísimo nivel como Santander Durán, Rosendo Romero, Tomás Darío Gutiérrez, Fernando Meneses, Rafael Manjarrés, Roberto Calderón, Marciano Martínez, Hernando Marín y otros a los que Vega Gutiérrez profesa mucha admiración y respeto.

Un día cualquiera su paisano, amigo, colega y maestro Marciano Martínez Acosta, se le acerca y entabla una conversación con él, por un motivo muy especial y era que se había enterado por terceros de su naciente carrera como compositor y es precisamente quien lo aconseja y recomienda para que le graben su primera canción en el año 1982 en la voz de Andrés Ávila y el acordeón de Eliécer Ochoa, meses después pero ya en el año 1983 esa misma canción titulada «El Soñador» fue grabada por el «Chiqui» Escobar en la voz y el acordeón de Emilio Oviedo Corrales «El Comandante», con la cual ya mostraba su estilo poético y riqueza melódica que son como explosiones del alma.

Haber coincidido en su patria chica con reconocidos artistas como Diomedes Díaz, Marciano Martínez, Martín Maestre, Pablo Ariza, además de la amistad desde niño con el segundo Rey de Reyes Gonzalo Arturo «El Cocha» Molina, asimismo las circunstancias de tiempo y lugar desde su infancia y adolescencia perteneciendo a esa generación en la que el acordeón y la guitarra entraron a formar parte integral de su vida teniendo el privilegio de conocer los personajes más representativos del folclor vallenato: Rafael Escalona, Leandro Díaz, Carlos Huertas, Emiliano Zuleta Baquero, Alejandro Durán, Luis Enrique Martinez, Calixto Ochoa entre otros, teniendo la fortuna de haberlos visto a casi todos en el jolgorio de un alegre festival o en un patio en una parranda de la provincia, linda experiencia que es como un divertimento cultural hechos estos que lo condujeron a afirmar con certeza que «él pertenece a la última generación que tuvo la oportunidad de beber de ese manantial cristalino de la época dorada de la música vallenata», quienes fueron los encargados de abrir y diseñar su trocha musical. Sucesos que marcaron para siempre su vida artística y formación personal.

A lo largo de su existencia, ha sido un férreo purista de sus letras, siempre ajustadas a sus vivencias, cuidando cada detalle, donde no hay lugar para la ficción, las palabras plasmadas en sus letras tienen efectos increíbles que llegan con facilidad a los que la escuchan, muchas veces la poesía puede tener unos caminos oscuros, pero existen seres como «El Aprendiz de Poeta», como él se autodenomina, que son tan apasionados y pueden recorrerlos con paso firme y una luz resplandeciente, siguiendo al pie de letra la forma de componer de sus maestros antecesores, es decir; manejando un lenguaje sutil, exquisito y de altura o aquello que yo he denominado como la palabra bien dicha o la más apropiada en los cantos vallenatos.

Es un hombre que tiene una sensibilidad poética a flor de piel, un «aprendiz de poeta» que se convirtió en un poeta consumado, graduado con altísimas calificaciones, un ser de palabras cortas y precisas que necesitó de la música para expresar su sentir.
Este economista de la Universidad Piloto de Bogotá, pero que tiene por dentro un corazón de poeta ejerce su profesión, pero la alterna con sus presentaciones a lo largo y ancho del país y en el exterior, donde los compositores como él se han ganado un espacio musical cantando y contando sus propias historias plasmadas en cada una de sus obras.

Su forma interpretativa siempre deja entrever un marcado estilo poético, soñador, filosófico, lírico, el cual adorna con figuras literarias principalmente metáforas, donde mezcla de forma muy hábil, la belleza femenina, con las flores y el ambiente natural en general; es un intérprete que vive, siente, transmite, seduce y enamora con sus canciones.

En la mayoría de sus cantos es recurrente el amor imposible y el amor ausente, algo que evidentemente marcó al poeta para siempre y a su bella obra musical, el pasado y la desilusión son dos elementos reiterativos en su poesía; es como si sufriera un presente lleno de vicisitudes y para sopesar esa pena se refugia en el pasado, en busca de un amor idealizado que lo nutre y lo revive, algo que ha sido motivo de sobra para que su magistral obra poético-musical haya sido grabada por los más grandes exponentes del canto vallenato, voces como: Diomedes Díaz, Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Beto Zabaleta, Iván Villazón, Farid Ortiz, Silvio Brito, Miguel Herrera, Jairo Serrano, Ivo Díaz, Armando Mendoza han sido portadores del mensaje contundente que encierran sus canciones.

De lo que si podemos estar seguro es que las letras del maestro Jacinto Leonardi Vega Gutiérrez seguirán estando cargadas de un mensaje poético profundo, simplemente porque él no se ha dejado influenciar, ni contaminar por las nuevas propuestas musicales que distan mucho de la esencia pura del folclor vallenato y así lo demostró en sus tres recientes obras llevadas a la grabación en el año 2022: ‘La noche del cantante’ grabada por la agrupación «El Dúo Sensacional» de Los Hermanos Carlos y Guido Malo; ‘Alas de Ángel’, grabada por Juancho de La Espriella y su agrupación «Los de Juancho» y ‘El Cardenal’, grabada por Ivo Díaz y el Rey de Reyes Almes Granados.

A lo largo de su trayectoria musical ha dejado una estela de obras musicales que se convirtieron en clásicos de la música vallenata, canciones como: ‘Cuando me voy’, ‘No se que tienes tu’, ‘Que será de mi’, ‘Cambia el nido’, ‘ Vivo enamorado’, ‘Asi he quedado yo’, ‘Si yo fuera poeta’, ‘La novia del poeta’, ‘Una canción eterna’, ‘Dos estrellitas y tu’, ‘Flores de abril’, ‘ Detrás del mar’, ‘ Sobre las nubes’, ‘ La Única’, ‘Morir cantando’, ‘Mil años después’, entre muchas más que han adornado el cancionero vallenato.
Las inspiraciones del «Aprendiz de Poeta», convertido en un poeta consumado, nos muestran que a través del verso y la lírica, algo que domina a la perfección y lo musicaliza con melodías y armonías que tientan el alma y desnudan el espíritu, es posible acceder a una manera única de interpretar la realidad.