Nafer Durán: el juglar que hizo pensar al acordeón en modo menor

«A veces pienso que mi padre es un acordeón porque oigo sus notas cuando me mira, sonríe y respira»: Markus Zusak (escritor australiano)

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

En el universo sonoro de la música vallenata existen hombres que no se limitan a interpretar el acordeón: terminan encarnando el espíritu mismo del juglar. Con el paso de los años dejan de ser simples músicos para transformarse en memoria viva de una tradición. Entre esas figuras mayores se levanta, con la serenidad que dan los años y la sabiduría que concede la experiencia, el maestro Nafer Santiago Durán Díaz, conocido con afecto en su tierra como Naferito.

Hablar de este maestro es hablar de una época, de una estirpe musical y de una forma limpia y auténtica de comprender el vallenato. Hay músicos que transitan por la historia y otros que, con el tiempo, terminan formando parte esencial de ella. Entre estos últimos camina todavía este juglar, con el acordeón abrazado al pecho como si fuera una prolongación de su propio corazón.

Nacido el 26 de diciembre de 1932 en El Paso, Cesar, al norte de Colombia, llegó al mundo lejos de academias y conservatorios. Su primera escuela fue la sabana abierta, los caminos polvorientos, el trabajo del campo y esas madrugadas campesinas en las que el canto de los gallos anuncia el comienzo de la jornada. En ese paisaje sencillo, entre el rumor del viento y la paciencia de la vida rural, fue creciendo una sensibilidad musical que parecía venir desde muy lejos, como si el acordeón lo estuviera aguardando desde antes de su nacimiento.

La música, en realidad, ya habitaba en su casa y en su familia. Su padre, Nafer Donato Durán Mojica, era acordeonista; su madre, Juana Francisca Díaz Villarreal, bailadora y cantaora del aire musical conocido como tambora. Su tío Octavio Mendoza, al igual que su hermano mayor Luis Felipe, también fueron destacados intérpretes del acordeón. En ese hogar donde el ritmo y la melodía formaban parte de la vida cotidiana, el destino parecía ya escrito: Naferito estaba predestinado para la música.

Además de ser hermano del legendario Alejandro Durán Díaz, el primer Rey Vallenato, lo que confirma que en aquella familia el acordeón no era simplemente un instrumento: era casi una manera natural de respirar. De esa herencia aprendió una lección esencial: el vallenato no se toca únicamente con los dedos; se vive, se siente y se cuenta como quien narra la vida misma.

Cuando en 1976 fue coronado Rey del Festival de la Leyenda Vallenata, aquel reconocimiento no recaía solamente sobre la habilidad de un intérprete. Aquella corona simbolizaba la consagración de un estilo, de una forma de tocar el acordeón que conservaba intacta la esencia campesina de la música vallenata. Naferito pertenece a esa generación de juglares que no salían al camino en busca de fama; más bien llevaban de pueblo en pueblo noticias, recuerdos y sentimientos convertidos en canciones.

Hay algo particularmente singular en su estilo: su profundo dominio del modo menor, conocido popularmente en el lenguaje musical de los pueblos como tono menor. En su tiempo fue, sin duda, el acordeonista más destacado en la ejecución de ese registro emocional dentro del vallenato tradicional. Mientras muchos intérpretes se inclinaban por los aires festivos y luminosos del repertorio alegre, Nafer Santiago se adentró con naturalidad en las zonas más íntimas del sentimiento.

Pero en su acordeón ocurría algo más profundo. No era solo sensibilidad: había también intuición musical. En sus manos el instrumento parecía pensar. Por momentos daba la impresión de que el acordeón exploraba caminos que todavía no existían dentro del lenguaje tradicional. Naferito hizo cosas en su acordeón propias de un músico adelantado a su tiempo: se aventuró por escalas, giros melódicos y modulaciones que no eran habituales entre los acordeonistas de su generación.

Nafer Durán ha sido, además, uno de esos juglares completos: de los que cantan, componen y tocan el acordeón. Un músico nacido para contar la vida, y cuyo instrumento le ha servido también para recordarla; allí, en la hondura expresiva del modo menor, su habilidad terminó hablando de la memoria del pueblo.

Había en su forma de tocar algo del espíritu del explorador. Como si, mientras muchos caminaban por senderos ya conocidos del vallenato, él se atreviera a abrir pequeñas rutas nuevas dentro de la misma tradición. Modernidades discretas, casi silenciosas, que no rompían con la raíz campesina del género, pero ampliaban su horizonte musical.

Por eso composiciones como “Sin Ti”, “Mi Patria Chica”, “Déjala Vení”, “Ariguaní”, “El Estanquillo”, “La Chimichaguera”, “La Grabadora”, “La Zoológica”, “Ojitos cautivadores” y “Clavelito” trascienden la condición de simples canciones: son estampas emocionales de la vida rural del Caribe colombiano, retratos musicales donde habitan la nostalgia, el amor y la memoria de la tierra.

Su manera de adornar las notas tiene algo de artesanía antigua. Cada giro melódico parece trabajado con paciencia, como quien talla lentamente la madera o abre surcos en la tierra con manos curtidas por el sol. Nada sobra en su estilo, nada resulta exagerado. En su acordeón habita una elegancia silenciosa que solo poseen los verdaderos maestros, aquellos que comprenden que la grandeza del arte muchas veces se encuentra en la sencillez.

La historia del vallenato también guarda un episodio significativo ligado a su nombre: fue el primer acordeonista que acompañó en una grabación al entonces joven Diomedes Díaz, cuando apenas comenzaba a abrirse camino una de las voces más influyentes que tendría este género.

Con todo, la importancia de Nafer Santiago no se limita a las grabaciones ni a las coronas obtenidas a lo largo de su trayectoria. Su legado más profundo reside en la fidelidad con la que ha defendido el espíritu original del vallenato. En tiempos donde la música suele dejarse seducir por los brillos de la industria y las distorsiones comerciales, él ha permanecido fiel a la esencia: ese vallenato que nace del campo, del trabajo cotidiano, del amor sencillo y de la nostalgia que habita en la vida rural.

Hoy, cuando el calendario de la vida lo acerca lentamente al umbral de un siglo, este juglar se parece a esos árboles antiguos que permanecen firmes en el paisaje después de haber visto pasar muchas estaciones, árboles cuya sombra protege la memoria de la tierra.

Después de haber vivido durante más de dos décadas en Valledupar, Naferito regresó hace algún tiempo a su pueblo natal, El Paso. Allí, rodeado nuevamente por la naturaleza y por la gente que lo quiere, admira y respeta, transcurre su vida en un ambiente sereno, como si el tiempo hubiera decidido caminar más despacio a su alrededor.

En ese sosiego del terruño, el marcapasos que acompaña el latido de su corazón parece haberle regalado una nueva energía. Pero más sorprendente que la resistencia de su cuerpo es la claridad de su memoria. Su lucidez sigue siendo admirable: recuerda episodios de su vida con una precisión que asombra, como si cada recuerdo estuviera guardado en algún rincón invisible del acordeón que lo ha acompañado durante toda su existencia.

Nafer Durán es, en muchos sentidos, un puente vivo entre generaciones. Un hombre que continúa conectado a los músicos y oyentes de hoy con la herencia cultural de los antepasados. Su música, al igual que su propia vida, enlaza épocas y mantiene abierta la conversación entre el pasado y el presente del vallenato.

Y quizá por eso, cuando su acordeón respira en modo menor, no solo escuchamos música: escuchamos también el paso del tiempo, los caminos de la Costa Atlántica colombiana, el viento de la sabana y la memoria de aquellos juglares que iban de pueblo en pueblo llevando la vida convertida en canción.

Porque hay músicos que pasan por el mundo dejando canciones.
Otros, muy pocos, terminan convirtiéndose ellos mismos en una leyenda.

Nafer Santiago Durán Díaz pertenece a esa escasa estirpe de juglares cuyo acordeón no solo suena: también piensa.

Atentamente,
Ramiro Elías Álvarez Mercado

Grupos ganadores de Piloneras en las categorías Mayores, Juveniles e Infantiles

Los grupos de Piloneras se tomaron durante dos días, abril 29 y 30, una extensa calle de Valledupar para darle la bienvenida a la versión 58 del Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al Rey Vallenato Omar Geles.

Todo se llenó de fiesta y música donde se disfrutaron dos espectaculares Desfiles de Piloneras, en las categorías Infantil, Juvenil y Mayores.

Durante el desfile de Piloneras categoría mayor, el cantante Peter Manjarrés, acompañado de su acordeonero Luis José Villa, sorprendió a los asistentes interpretando sus mejores éxitos desde un tráiler adornado con flores. Peter Manjarres es un icono del Festival de la Leyenda Vallenata, por su amor y sus canciones, que nos recuerdan lo bella y única que es Valledupar.

La danza del Pilón Vallenato, se desarrolló con maestría por los entusiastas grupos, que cautivaron a miles de espectadores propios y visitantes, los cuales se dejaron llevar del ritmo contagioso y colorido despliegue de vestuarios y accesorios.

En medio de la competencia amistosa y el fervor festivo, el Desfile de Piloneras se volvió a consolidar como uno de los momentos más esperados y emocionantes del Festival de la Leyenda Vallenata, celebrando la música, la danza y la identidad de un pueblo que late al ritmo del folclor vallenato.

Definitivamente, el Desfile de Piloneras estuvo llenó de color, tradición y un sinfín de emociones donde se sentó un precedente y Valledupar fue testigo una vez más de la alegría y la emoción que permitió admirar la danza del Pilón, cargada de identidad y sentimiento.





Ganadores

El listado de los ganadores en las categorías Mayor, Juvenil e Infantil, donde este año se tuvo la mayor acogida a través de 243 grupos inscritos, (Mayores, 156; Juveniles, 53 e Infantiles, 34), es el siguiente.

Polineras Mayores
1.- Fundación artística Nabusimake
2.- El Pilón De Migue
3.-  Río Luna

En Valledupar, el seis (6) de mayo de 2025, se reunieron en las instalaciones de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, las personas quienes obraron como jurados del Concurso de Piloneros y Piloneras Categoría Mayores, con el fin de dirimir el empate que se presentó en dicho concurso en el tercer puesto, dado que los grupos Pilón Cañahuate y Río Luna, obtuvieron 40,75 puntos cada uno.

El jurado integrado por Jesualdo Hernández, Nidio Quiroz, Stalin Galvis, Milton Avendaño, Rosana Cabas, Solangel Saurith, Mary Saurith, Nidia Galvis y Lucelys Medina, dejó consignada en el acta el siguiente texto. “En nuestras experiencia y criterios, la presentación realizada por cada uno de los dos (2) grupos, observamos que de acuerdo con los reglamentos estipulados en el manual del concurso para Piloneros y Piloneras de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, para los ítems de expresión corporal, coreografía, originalidad, vestuario, acompañamiento musical y armonía; como jurados, decidimos otorgar el tercer puesto al grupo Rió Luna”.

Piloneras Juveniles
1.- Los caminos de la vida
2.- Institución educativa Nacional Loperena
3.- Pilón Joseumar

Piloneras Infantiles
1.- Hogar del Niño
2.- Los pequeños del balcón
3.- Piloneritos Colsafa

Gregorio Javier Gutiérrez Tocora, es el nuevo Rey Vallenato Aficionado 2025

En una final llena de emociones, Gregorio Javier Gutiérrez Tocora, logró quedarse con la corona, de Rey Vallenato de Aficionado del 58 Festival de la Leyenda Vallenata, quien se quedó con el título tras una destacada presentación sobre la tarima ‘Colacho’ Mendoza del Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’.

“Gracias a Dios y a toda la gente que me apoyó, gracias infinitas. A mi madre que está en el cielo, sé que también es un sueño para ella. Y sé que todo se logra con disciplina. Tenía 8 años de estar participando en las categorías juvenil y aficionado y hoy me llevo mi primera corona”, fueron las primeras palabras de Gregorio Javier, el joven de 28 años, natural de Riohacha, La Guajira, tras quedarse con el triunfo.

El nuevo Rey Aficionado estuvo acompañado en la caja por José Cubillos y en la guacharaca por Luis Gabriel Acosta, e interpretó el paseo ‘Morenita’, de Leandro Díaz, el merengue ‘El Corregido’ de Calixto Ochoa, la puya ‘Con Dios y la Virgen’, de su autoría, y el son ‘Marisela’, de Luis Enrique Martínez.
El segundo lugar quedó en manos del acordeonero Juan Sebastián López y el tercer lugar fue para Juan Miguel Martínez.

La gran final, que se celebró ante un público masivo y entusiasta, reunió a los cinco finalistas del concurso de acordeón aficionado: David de Jesús Cañas Rojas, Gregorio Javier Gutiérrez Tocora, Juan Sebastián López Pereira, Juan Miguel Martínez Figueroa y Edwin Rafael Medina Orozco. Cada uno de ellos demostró su destreza interpretando los cuatro aires del vallenato tradicional: paseo, merengue, son y puya.

Omar Geles, el  hijo que desde niño regaló alegrías



Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

Estar cerca a la mujer que llora por ratos, pero no demora en reír por los recuerdos felices de su hijo Omar Antonio Geles Suárez, es algo que desborda el sentimiento. Es palpar el amor de una madre tocada por la bondad de Dios y paseándose por aquella época donde las dificultades eran el pan de cada día.

Ella es Hilda Suárez Castilla, nacida hace 88 años en Mahates, Bolívar, la cual  con fe y esperanza nunca claudicó ante las adversidades. Al contrario, soñó con vivir la vida siendo toda una reina premiada con cantos.

Precisamente, su hijo le regaló no uno sino dos, siendo el titulado ‘Los caminos de la vida’, el cual tuvo la mayor fuerza del amor maternal y las vivencias unidas al corazón que continúa recorriendo el mundo en 34 versiones, siendo la primera grabada por Los Diablitos (Jesús Manuel Estrada y Omar Geles) en el año 1993.

Hilda Suárez, La mujer más dichosa del mundo, como lo señala, de esta manera recuerda aquella historia. “Cuando escuché la canción lloré, porque en pocos minutos Omar contó el trabajo que pasé para criar a mis hijos. Respecto a la ausencia del papá, lo dejé porque quería tener dos mujeres y así no era. Por eso luché para sacarlos adelante y hoy tengo unos hijos agradecidos. Esa canción le ha dado la vuelta al mundo. Es un tanganazo”.

Se quedó reflexionando y después comentó. “Imagínese que un presidente de México, no me acuerdo el nombre (Andrés Manuel López Obrador), en pleno discurso que pasó la televisión, pidió que le pusieran la canción ‘Los caminos de la vida’, porque era un ejemplo de salir adelante, así las cosas no estuvieran bien”.

Esa canción la compuso Omar Geles en el año 1992 al recordar las dificultades de la niñez donde su mamá era la heroína valiente, trabajadora y capaz, cuyo propósito era sacar adelante a su familia. La canción logró meterse en el alma de todos hasta convertirse en himno universal.

De esa dimensión es Hilda Suárez, la mujer quien no olvida los tropiezos donde no se podían aumentar los sueños a la carrera, tampoco vencer el desaliento al tener el viento en contra, pero sacó fuerzas de voluntad y al final cantó victoria.

Ella de esa manera aportó la mejor estrofa para que su hijo Omar, hiciera la célebre canción valorando la belleza de las cosas simples y siendo la mamá que construyó su destino con bases sólidas. Ahora, para ella los días son eternos teniendo que vivir noches acompañada de penas, sabiendo que la vida es una posada en el camino.

El compositor

“El pensamiento de mi hijo eran letras y música, por eso hizo cantidad de canciones. Era un genio”. En eso enmarcó Hilda Suárez, al Rey Vallenato del año 1989, dando cuenta de horas y horas concentrado en su oficio. “Cuando estaba en eso no le gustaba que lo molestaran porque le interrumpían la inspiración. El amor por el vallenato fue eterno y eso le sirvió para destacarse en su arte”. Ella, recalcaba sus palabras para que quedaran dos veces en la grabación.

De un momento a otro cambió de tema y al ver el afiche promocional del 58° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a su hijo, se puso triste y lloró. “No me acostumbro a su ausencia. Es algo dificil porque significó mucho para mí por sus múltiples detalles. Me decía palabras lindas, me abrazaba, me daba la comida en la boca y como yo me dedico a hacer pasteles, me propuso que los vendiera más caros. La idea era ponerle una presa de carne más grande. Pasaron de 15 a 20 mil pesos, y se venden bastante”.

En un momento el silencio escondió la charla dentro del entorno de las añoranzas porque Omar Geles logró con pasión sus objetivos, comenzando como acordeonero, después compositor y finalizó como cantante. Luchó y ganó con determinación, recibiendo los aplausos necesarios para perpetuarse en el folclor. Después a ella, la felicidad al hablar de su hijo le iluminó el rostro.

Durante el diálogo narró una anécdota cuando su hijo siendo muy niño hizo una presentación en el Festival de la Leyenda Vallenata. “Omar tenía como seis años y subió a la tarima a tocar su acordeón. Entre los invitados estaba la cantante Claudia de Colombia. Ella al verlo tocar se emocionó. Después, un periodista le preguntó sobre lo mejor que había visto en el festival. Enseguida dijo que un pelao negrito la sorprendió tocando su acordeón”.

También contó sobre el hecho de Omar Geles aprender a tocar acordeón fue una bendición de Dios. “Esa historia es conocida cuando Roberto (Geles), le compró un acordeón a su hijo Juan Manuel, pero no quiso aprender a tocarla, en cambio Omar se enamoró de inmediato de ella y vea donde llegó. Dice el dicho, que al que le van a dar le guardan”.

Amor de madre

Al final Omar Geles la hizo protagonista de una nueva canción que tituló, ‘Lo que vivió mamá’, donde nuevamente cantó la realidad. “Hoy recuerdo cuando a mi mamá le cortaban los servicios, y salía con un balde a buscar agua donde los vecinos, y algunos le decían que no. Ay, pero mi vieja berraca, le puso el pecho a la vida, al mismo tiempo fue papá y mamá, cuando se quedó solita”. Dos canciones que encierran el amor hacía una madre, de ese hijo que le regaló alegrías desde niño.

Cuando se iban agotando las palabras, Hilda Suárez regaló una frase de esas que dicta el alma cuando el corazón está en línea recta. “Hijos, hijas, por favor quieran a sus madres, porque ellas siempre están llenas de ternura y nunca se cansan de amar”… Ella se quedó meditando y agradeciéndole a Dios porque le regaló a ese hijo, quien hasta sus últimos días la acompañó por los caminos de la vida donde quedaron cientos de huellas que marcaron la dirección correcta.

Vuelve el desfile de Jeep Willys Parranderos con su carga de música y alegría rodante

Hace 31 años comenzó este recorrido multicolor por las calles de Valledupar, la Capital Mundial del Vallenato-

El tradicional desfile de Jeep Willys Parranderos promovido por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata desde el año 2009, volverá a recorrer las calles de Valledupar el sábado 26 de abril a partir de las 3:30 de la tarde, partiendo de las afueras del Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’.

Esta caravana es un rescate de la antigua costumbre de legendarios parranderos, quienes recorrían las calles de Valledupar y pueblos cercanos a bordo de estos automotores, en cuya parte trasera llevaban un conjunto típico vallenato.

El desfile es una remembranza de la costumbre que data  de los años 60 y 70 del siglo pasado, que logró inmediata acogida desde el momento en que fue instituido por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata. Esta vez el recorrido tendrá en marcha a más 100 Jeep Willys Parranderos, que pondrán la mejor nota llena de colorido, música y alegría.

Recorrido

El desfile de Jeep Willys Parranderos 2025, inicia en el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, tomando  la glorieta de la Pilonera mayor en dirección a carrera 19 o Simón Bolívar hasta la Calle 12.

De la calle 12 (Parque de La Vida), se gira hacia la izquierda, buscando la carrera cuarta, pasando por el parque El Viajero, Orbe Plaza, Club Valledupar, parque Novalito y al llegar a la carrera cuarta gira a la derecha.

De la carrera cuarta dirección sur, pasa por el parque de Los novios hasta la calle 32. Después gira a la derecha, pasando por el parque Los Algarrobillos, Sigue directo hasta la avenida Pastrana o Carrera 12. Gira a la derecha en dirección norte hasta la calle 28 donde a la izquierda pasa por la avenida Simón Bolívar.

Enseguida camino de la avenida Simón Bolívar hasta el La glorieta de Los Músicos, haciendo un giro a la izquierda tomando la avenida Fundación (Diagonal 21), pasando por la Bomba de Ava hasta la transversal 23, donde se gira a la derecha con dirección norte, pasando por los barrios vecinos hasta el parque Garupal, tomando la calle 12. Se gira hacia la izquierda tomando el barrio Divino Niño, hasta la carrera 30 con dirección norte.

Después se avanza hacia la derecha en la diagonal 7 hasta la calle 32 buscando la calle 6 (principal de La nevada). Calle 6 en Garupal con carrera 32, se gira a la izquierda pasando por Altagracia y El Colegio La Esperanza hasta la carrera 41 (Calle ancha de La Nevada).

En ese lugar se gira a la derecha dirección norte hasta la avenida Sierra Nevada en la calle 1A, donde se avanza hacia la derecha hasta la carrera transversal 23, girando a la izquierda en la avenida Francisco El Hombre, con dirección norte hasta la Pilonera mayor en donde finaliza el desfile.

Gracias a todos

Sobre este tradicional y llamativo acontecimiento andante el coordinador del desfile Clemente Pachín Escalona, anotó. “Volvemos a cumplir la cita gracias al compromiso adquirido desde hace 31 años por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, teniendo el apoyo de los propietarios de los Jeep Willys que llegan procedentes desde distintos puntos de la radiografía nacional, además, los de Valledupar y la región. A todos les damos la bienvenida al 58° Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al Rey Vallenato Omar Geles”.

Al desfile de Jeep Willy Parranderos, invitan Mac Pollo, Colorín, Farmatodo y Colanta.