Conversatorio centenario del maestro Rafael Escalona versará sobre canto, relato y memoria

Con la declaratoria del Centenario Escalona, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes reconoció al maestro Rafael Calixto Escalona Martínez, no solo como a uno de los grandes compositores de Colombia, sino también una figura decisiva en la configuración simbólica del país. Con su obra el vallenato adquirió una densidad singular, dejando de ser únicamente canto para afirmarse también como narración, crónica sensible, memoria territorial y forma de imaginación colectiva.

Este acontecimiento del centenario del maestro Escalona, se extenderá durante todo el año, teniendo su inicio en Bogotá el sábado 23 de mayo de 2026, contando con el respaldo del Ministerio de las Culturas y el acompañamiento de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata.

A las 4:00 de la tarde en la plazoleta del Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella, el Rey Vallenato Fernando Rangel Molina, con su voz y su acordeón hará un recorrido por diversas canciones del maestro Rafael Escalona, donde relataba historias reales, amores, tristezas y anécdotas de su cotidianidad en distintos pueblos.

A partir de las 7:00 de la noche en el Teatro Colón tendrá lugar el conversatorio a cargo de versados sobre la vida y obra del célebre compositor y estará a cargo del vicepresidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata Efraín Quintero Molina, el compositor e investigador cultural Julio Oñate Martínez, y la cantante y sobrina del maestro Escalona, Estela Durán Escalona.

El conversatorio Rafael Escalona: un centenario de canto, relato y memoria musicalizado con el acordeón del Rey Vallenato Julián Mojica Galvis, el canto de Jorge Antonio Oñate y el Coro Nacional de Colombia, tocará detalles de su infancia y adolescencia, amigos del colegio Loperena, Poncho Cotes en Manaure, las parrandas en el Hotel América y Manaure, su amplia trayectoria y reconocimientos.

El maestro Escalona, nacido en Patillal se proyectó hacia la cultura nacional convirtiendo al Caribe en materia poética, dotando a sus canciones de una fuerza narrativa y patrimonial que hoy sigue modelando la musicalidad de Colombia.

Desde esa comprensión, la programación del Centenario del maestro Escalona, será una activación contemporánea de su legado y su presencia viva sigue reverberando en la creación, la escucha y la memoria cultural del país.

Al maestro Rafael Escalona, creador del Festival de la Leyenda Vallenata junto a Consuelo Araujonoguera y Alfonso López Michelsen, lo definió el escritor Gabriel García Márquez, como “el intelectual del vallenato», porque sus canciones son crónicas y relatos autobiográficos de los pueblos de la región.

La entrada al Teatro Colón es gratuita, pero debido al aforo favor llenar el siguiente formulario. https://forms.cloud.microsoft/r/PirZM2PMyV

El Defensor del Vallenato Iván Ovalle lanza ‘Nuestra Playa’, un clásico de los 70 llevado al vallenato con maestría

 Su pasión por la música no tiene límites. El destacado cantautor Iván Ovalle presenta una majestuosa versión de ‘Nuestra playa’, una célebre balada del artista español José Emilio López Delgado, adaptada con maestría al género vallenato.

Este gran éxito de los años 70 marcó la juventud del cantautor y hoy renace con arreglos propios. La producción conserva la profunda carga lírica y emocional que la hizo memorable, pero la traslada con total naturalidad al lenguaje y sentimiento del acordeón.

“‘Nuestra playa’ es una balada que canté a los 12 años en un concurso de la emisora Ondas de Macondo, en Valledupar”, explica Ovalle. “Esta nueva versión es un sueño realizado, ya que en aquella época la canción me trazó un sendero lírico muy importante”.

El artista asumió personalmente la dirección musical, logrando un puente armónico perfecto entre ambos géneros sin alterar la esencia de la obra original. “Es un ejercicio muy interesante pasar de la balada al vallenato. Espero que esta propuesta sea del total agrado del público latinoamericano”, puntualizó el compositor.

Con este lanzamiento, Iván Ovalle reafirma su título como ‘El Defensor del Vallenato’. El maestro demuestra su compromiso con la evolución del folclor, rescatando melodías eternas para darles una nueva vida a través de su voz y su pluma.

Sobre Iván Ovalle 

Iván Ovalle es cantautor, compositor y acordeonero, reconocido por su defensa del vallenato tradicional y por canciones que hacen parte del cancionero colombiano. Su trabajo como compositor lo ha posicionado como una de las voces más respetadas del género.

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Biografia Artística Jeison Mancilla

Nacido el 4 de marzo de 1999 en Planeta Rica, Córdoba, Jeison Rafael Mancilla Sáenz es un joven cantautor que ha venido construyendo una sólida trayectoria dentro del folclor vallenato gracias a su talento, sensibilidad artística y herencia musical.

Criado en el seno de una familia humilde y amorosa, Jeison recuerda su infancia como una etapa llena de felicidad junto a sus padres y sus cuatro hermanos, siendo él, el menor del hogar. Desde muy pequeño mostró inclinación por la música, dejando huellas imborrables en su vida artística. Uno de esos primeros recuerdos ocurrió cuando tenía apenas cinco años y se presentó en el parque principal de Planeta Rica, donde fue premiado con una bicicleta tras su actuación. Más adelante, durante su etapa escolar, ocupó el primer lugar en un concurso de canción balada, reafirmando así su vocación por el canto.

La principal influencia musical de Jeison ha sido su padre, Omar Mancilla, reconocido acordeonista, cantante y compositor, de quien heredó el amor por el vallenato. También han sido pilares importantes en su formación artística sus tíos Fredy Mancilla y Amaury Mancilla, además de la inspiración de grandes figuras de la música vallenata como el maestro Enrique Díaz. Tras el fallecimiento de su padre, Jeison encontró respaldo y motivación en destacados artistas y reyes vallenatos como Fredy Sierra y Ciro Meza, así como en compositores de gran trayectoria como Marciano Martínez, Roberto Calderón y Adolfo Pacheco.

Su pasión por la composición nació desde temprana edad. A los diez años escribió su primera canción, descubriendo en las letras una manera de expresar sentimientos, experiencias y mensajes positivos. Para Jeison Mancilla, ser cantautor del folclor vallenato representa amor, identidad y compromiso con una música que le permite transmitir emociones sinceras a través de cada verso.

A lo largo de su carrera, Jeison Mancilla ha sido ganador de varios festivales vallenatos en la región de La Sabana y también ha tenido la oportunidad de presentarse en cuatro ocasiones en Valledupar, cuna del vallenato. Entre sus logros más importantes se destaca el primer lugar obtenido en el Festival Vallenato de Sahagún, acompañando al acordeonero Alberto Mario Zuleta. Asimismo, fue reconocido en La Apartada como Mejor Voz Revelación, consolidándose como una de las nuevas promesas del género vallenato.

Otro momento significativo en su trayectoria artística fue el privilegio de grabar en vida una canción inédita del maestro Romualdo Brito, titulada Un amor de pacotilla. Esta experiencia marcó profundamente su carrera, convirtiéndose en un honor interpretar una obra entregada personalmente por uno de los compositores más importantes e influyentes de la música vallenata.

Hoy, Jeison Mancilla presenta su nueva canción Al pie de tu ventana, una obra cargada de sentimiento y autenticidad con la que continúa fortaleciendo su propuesta musical y reafirmando su compromiso con las raíces del vallenato romántico y tradicional. Su voz, inspirada en las vivencias del pueblo y en el legado de su familia, busca llegar al corazón de quienes aman la música hecha con el alma.

Luis Durán Escorcia: la herencia que canta en la sangre

«La música es suficiente para toda una vida, pero una vida no es suficiente para toda la música»: Serguéi Rajmáninov (músico, pianista y director de orquesta ruso)

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

En la geografía espiritual del vallenato, donde la memoria se vuelve canto y el canto se transforma en destino, hay nombres que no solo pertenecen a una tradición: la prolongan como un río que insiste en su cauce. Así ocurre con Luis Durán Escorcia, nacido el viernes 12 de febrero de 1960 en El Paso, Cesar, un territorio al norte de Colombia donde el viento parece aprender primero a silbar melodías antes que a guardar silencio.

Hijo del maestro Nafer Durán y sobrino del legendario Alejandro Durán, integrante de una de las familias más representativas de la música vallenata: los Durán, su historia no empieza con él; lo atraviesa desde mucho antes de su nacimiento. Es heredero de juglares que no solo hicieron historia, también la sembraron como una manera de entender el mundo; la vida como relato cantado, el dolor convertido en verso necesario, la alegría asumida como una forma de resistencia.

Dentro de esa estirpe, Luis no repite: continúa con conciencia; no es eco, es una voz que reconoce su origen para orientar su canto. Hablar de su herencia musical implica entender que, en su caso, no se trata únicamente de una filiación familiar, sino de una transmisión profunda de sensibilidad. En la tradición de los Durán, el vallenato no es únicamente un género: es una ética del sentir. De Nafer, la sobriedad expresiva; de Alejandro, la raíz juglaresca que conecta con la tierra y la oralidad. En Luis confluyen esas corrientes, pero filtradas por su propia experiencia, lo que le permite construir una obra que respeta la tradición sin quedar atrapada en ella. Su música no mira el pasado con nostalgia inmóvil: lo conversa, lo interpreta y lo proyecta hacia nuevas sensibilidades.

En esa misma línea de herencias que no siempre se nombran, pero que resuenan, también se percibe en algunas de sus canciones la influencia de la tambora, esa manifestación cultural que late como memoria rítmica de su pueblo, El Paso. No es un aprendizaje académico ni una adopción consciente: es una huella que habita en la sangre, heredada de su abuela paterna, Juana Francisca Díaz, y de un linaje que hizo de la celebración una forma de existencia. Allí, en ese pulso festivo que atraviesa generaciones, se origina una alegría que no es superficial, pero sí profundamente identitaria; una energía que se filtra en ciertas composiciones como un eco del territorio, como si el tambor ancestral siguiera marcando el compás invisible de su sensibilidad.

Sin embargo, su destino no se limitó a la música. Como ingeniero civil, formado con disciplina y rigor, aprendió a construir desde la materia lo que en la música levanta desde el alma. Hay en ello una dualidad reveladora: mientras el ingeniero edifica estructuras que desafían el tiempo, el compositor levanta emociones que lo trascienden. Dos formas de permanencia, dos maneras de dejar huella que, lejos de contradecirse, dialogan en su vida con naturalidad.

Su formación académica inició en la escuela John F. Kennedy de Santa Marta, continuó en el colegio Hugo J. Bermúdez de la misma ciudad y se consolidó profesionalmente en la Corporación Universitaria de la Costa (C.U.C.), en Barranquilla, donde se forjó como ingeniero civil. Ese recorrido no solo evidencia disciplina intelectual, también revela una personalidad capaz de habitar distintos mundos sin perder coherencia.

Su obra musical, extendida en decenas de canciones, ha encontrado morada en algunas de las voces más representativas del vallenato. Intérpretes como Jorge Oñate, Diomedes Díaz, Silvio Brito, Iván Villazón, Poncho Zuleta, Farid Ortiz, Beto Zabaleta, Peter Manjarrés, Ivo Díaz, Robinson Damián, Carlos Malo y Martín Elías han sido vehículos de su sensibilidad. Sin embargo, es en la voz de Jorge Oñate donde su poesía parece encontrar un cauce privilegiado, como si entre compositor e intérprete existiera una complicidad silenciosa que convierte cada canción en una forma compartida de destino.

Canciones como “El amor de mi vida”, “Orgulloso de ti”, “Unidos de nuevo”, “Me mata el dolor”, “Qué es lo que quieren”, “La negra de dos amores”, “La enamorada”, “Tanto como la adoraba”, “Del rey es la reina”, “No llores”, “Tanto como la quería”, “El que busca encuentra”, “Mi corazón eres tú”, “Árbol deshojado”, “Cómo quieres que te olvide”, “Gracias a Dios”, “La más linda” o “El bohemio”, entre muchas otras, no son únicamente composiciones: son fragmentos de existencia traducidos en melodía. En ellas habita una mirada que no le teme a la emoción directa, que entiende el amor como una verdad vulnerable y el desamor como una forma de conocimiento.

Aunque sabe pulsar el acordeón, instrumento que en el vallenato no es objeto, es lenguaje, lo hace con la humildad de quien no busca protagonismo en la ejecución, más bien cuida el espíritu de la parranda. Toca, por decirlo así, para sostener la noche, para que la fiesta no se apague, para que la conversación entre amigos conserve la música como fondo y como sentido. No es el acordeonista de oficio: es el músico que comprende que el vallenato no siempre exige virtuosismo, requiere autenticidad.

Además, su condición de cantautor reafirma su vínculo integral con la música: no solo escribe, también interpreta su propio universo. Ha dejado testimonio de ello en trabajos discográficos como “La Piquería”, “De Parranda con Luis Durán Escorcia”, “Ahora canto mejor”, “Volvió mi canto”, “Vida y obra de Nafer Durán” y “Mi mejor momento”, donde su voz se convierte en extensión natural del verso y en afirmación de su identidad artística.

Hay, en todo ello, una dimensión menos visible pero igualmente profunda: Durán Escorcia representa la continuidad de una memoria que no se archiva, se canta. Su obra no se limita a registrar emociones individuales; también recoge una experiencia colectiva donde el vallenato funciona como archivo vivo de la región Caribe. En sus canciones persiste la conversación entre generaciones, el diálogo entre lo vivido y lo heredado, entre lo íntimo y lo comunitario.

Luis Durán Escorcia encarna, en esencia, una forma de fidelidad: a la tradición que lo antecede, a la palabra que lo habita y al sentimiento que lo impulsa. En él, la música vallenata no es una nostalgia detenida, es una memoria en movimiento, una revelación constante donde la vida se manifiesta en cada canción. Porque hay compositores que escriben canciones, y hay otros, como él, que escriben la vida para que otros la canten.

Atentamente,
Ramiro Elías Álvarez Mercado

“El Ángel”, una historia real convertida en canción que honra el amor eterno de una madre

En el universo del folclor vallenato existen canciones que trascienden el canto y se convierten en relatos vivos de la memoria colectiva. Tal es el caso de El Ángel, una obra del compositor Juan Carlos Molina Arteta, inspirada en un hecho real ocurrido en la década de 1930, que narra el sufrimiento de una madre marcada por la separación forzada de su hijo y el dolor que la acompañó hasta la muerte.

La historia se remonta a un humilde poblado del Caribe colombiano, donde una mujer vio cómo le fue arrebatado su hijo, quien pasó a ser criado por una familia prestante y trabajadora. La ausencia, la pobreza y la angustia quebrantaron su espíritu, llevándola a una muerte silenciosa. Fue sepultada en una tumba sencilla, bajo tierra, donde solo pudo ser identificada por dos trenzas de color rojo, último vestigio de su identidad.

Años más tarde, el hijo —ya adulto—, tras recorrer distintos lugares del mundo y cargar consigo el peso de una separación temprana, regresó al pueblo que lo vio nacer en busca de su madre. Allí recibió la noticia más dolorosa: ella había fallecido tiempo atrás, reposando en condiciones precarias.

Conmovido por la tragedia y movido por el amor filial, decidió dignificar su memoria. Mandó a construir un mausoleo en el cementerio Morada de Paz, y contrató a un reconocido pintor para plasmar en la bóveda un mural que hoy es conocido como “El Ángel”. La pintura muestra a una mujer de rostro sereno, cabello rojizo y sonrisa apacible, símbolo de paz, perdón y descanso eterno. Como último deseo, el hijo pidió que, al morir, sus restos reposaran junto a los de su madre, sellando para siempre el vínculo que la vida les negó.

Esta conmovedora historia fue llevada al canto por su autor y magistralmente interpretada por Carlos Malo y Guido Malo, conocido como “El Bueno del Acordeón”. Con su inolvidable Dúo Sensacional, lograron una interpretación cargada de sentimiento y profundidad, que traspasó fronteras y conectó con lo más sensible del espíritu humano.

“El Ángel” no es solo una canción; es un testimonio histórico y emocional, una obra musical del maestro Juan Carlos Molina Arteta que reafirma la esencia del vallenato como cronista de la vida real, del amor maternal y del dolor humano. Historias como esta mantienen viva la llama de nuestro folclor y confirman que el vallenato sigue más vigente que nunca, llamado a perdurar y resplandecer en las nuevas generaciones.