Valeria Lozano: una joven cantante que se está abriendo paso con su voz hipnótica y seductora en este competido mundo vallenato.

«Cantar es lo más personal que puedes hacer. Es como respirar»: Celin Dion (cantautora canadiense).

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

La música es como un medio de comunicación profundo y transformador: capaz de conmovernos, desafiarnos y despertar nuestra imaginación, es un lenguaje universal que trasciende barreras culturales y lingüísticas, que se caracteriza por tener el poder de emocionar, inspirar y transformar a quienes lo experimentan.
A todos nos gusta de una u otra forma cantar pero a la mayoría nos parece una catarsis porque no tenemos una buena voz o bien sea por temor a hacer el ridículo, pero hay personas que saltan ese muro de la timidez y se arriesgan a exponer ese talento que tienen oculto y se lanzan al ruedo musical. En este competido medio de la música vallenata hemos sido testigos de un fenómeno que viene sucediendo hace varios años y es la aparición de muchas mujeres que con sus talentos, bellezas, carismas, fuerzas y valentías vienen refrescando y haciendo un aporte significativo en la construcción de esta gran pirámide en la que se ha convertido esta expresión musical: compositoras, acordeonistas, cajeras, guitarristas, guacharaqueras y por su puesto cantantes que le han dado un nuevo oxígeno a la música vallenata.
Una de esas nacientes figuras que promete continuar con el legado de esas grandes voces que por años nos han deleitado en la música de Francisco el Hombre es Valeria José Lozano Beltrán: hermosa, talentosa y carismática mujer que llegó a este mundo terrenal el jueves 25 de abril del año 2002 en el hospital Fray Luis de León, en una esplendorosa y soleada tarde en la tierra donde se desarrolló la historia de «El Hombre Caimán», el municipio de Plato, departamento del Magdalena.
Este exótico pueblo de mitos y leyendas, fiestas algarabías y alegrías posee una privilegiada posición: está ubicado en la ribera oriental del majestuoso e imponente río Magdalena: fuente de sustento, vida, flora, fauna silvestre e inspiración de sus pobladores; en su territorio se encuentra gran parte del complejo cenagoso de Zárate, Malibú y Veladero considerado como el segundo más importante del territorio colombiano. Allí en el hogar conformado por Ítala María Beltrán Marenco y José Lozano Andrade nació Valeria rodeada de mucho amor, pero también de parrandas vallenatas dado que su padre, un abogado de profesión que nunca ejerció y se dedicó a los negocios independientes como la ganadería, la agricultura y otras inversiones, conocido como «el gran Pepe Lozano», fue un animador de interminables parrandas y gestor cultural, saludado por distintos cantantes de la música vallenata. Su madre una instrumentadora quirúrgica también amante del vallenato gustos que desde un principio fueron heredados por su hija de donde claramente viene esa inclinación musical ya que su padre siempre le cantó desde niña, cantos con los que la arrullaba hasta conciliar el sueño. Es la mayor de tres hermanos: María Josefina, de 16 años quien también tiene una buena voz y en algunas ocasiones le hace coros a su hermana mayor y el gran José José de 12, a quien le gusta la guitarra y toca la lira en la banda de su colegio, lo que quiere decir que la música ha estado en su vida desde antes de ser concebida por sus padres.
Lozano Beltrán sintió ese llamado musical desde muy niña en su terruño y poco a poco lo fue desarrollado y mostrando en su colegio Inmaculada Concepción de las monjas terciarias capuchinas donde realizó sus estudios de básica primaria y bachillerato en el que se destacó por ser una alumna sobresaliente en la parte académica y sobretodo con un buen oído musical. Sonidos como el tic tac de un reloj marcando la hora, el canto de los pájaros, las notas de un acordeón y una guitarra siempre la inquietaban; es decir, que la música se convirtió en algo cotidiano para ella, la relajaba, le mejoraba su estado de ánimo y ese magnetismo la hacía sentir feliz.
Aprendió a tocar guitarra y sumado a su voz hizo que su amor por esta expresión musical aumentara y esta razón le dio la claridad suficiente para pensar y soñar que con su talento y voz deleitaría a un público presente en los distintos escenarios donde se presentaría.
Valeria José es admiradora de la mayoría de los grandes cantantes que han escrito con letra indeleble la historia del vallenato, pero siempre estuvo seducida por la voz de su padre «Pepe» Lozano, quien le cantaba las canciones que se escuchaban en la radio que eran éxitos del momento, pero sobre todo la de los Hermanos Zuleta Díaz en razóna que era un «Zuletista» de tiempo completo.
Como amante y seguidora de la música vallenata le gustan esos autores que cuentan en sus letras vivencias y contenidos profundos con un lenguaje literario de gran factura que con sus canciones llenaron de éxitos el pentagrama vallenato, pero tiene una mayor inclinación por la obra del maestro Hernando José Marín Lacouture, quien se caracterizó por su marcado estilo en el que plasmaba y reflejaba rasgos de rebeldía, romance, poesía, picaresca y costumbrismo.
Hoy en día Valerian Lozano es una de las mujeres dedicadas al canto vallenato que tiene mucha aceptación en las redes sociales y canales de difusión. Sus vídeos, sus interpretaciones de clásicos de la música vallenata son muy apetecidos por el sentimiento y la calidad vocal que le imprime a sus interpretaciones y es que después de escucharla con ese respeto y admiración por las versiones anteriores de esos exitosos cantos, nos demuestra que su cantar es una fascinante forma de arte increíble que nos atrae y sabe como tocar las fibras y emociones de quienes la escuchan.
Las palabras no son para explicar cuán profundamente los cantantes están apegados a la música, pero la demostración y entrega que Valeria hace en el escenario en cada presentación enciende ese fuego que lleva por dentro y esa dosis de inspiración es recibida con entusiasmo y alegría por sus seguidores.
Su voz conmueve por ser pura, vigorosa, pero al mismo tiempo agradable al oído, es como si llevara toda una vida dedicada al canto.
Valeria José Lozano Beltrán está dedicada a su pasión que es la música, sus presentaciones en el Caribe colombiano aumentan significativamente, pero no ha echado en saco roto sus estudios profesionales, antes por el contrario está que logra este objetivo que siempre se trazó en la vida y hoy en día cursa su último semestre de ingeniería ambiental en la Universidad del Magdalena donde está becada por su talento.
En su naciente carrera artística ha grabado varios ‘covers’ y producciones con canciones representativas de la música vallenata.
En este momento hace pareja musical con el joven y talentoso acordeonista natural de San Jacinto, Bolivar, Carlos Olivera, un muchacho que tiene una nota, pulcra, coherente, siguiendo los pasos de sus maestros antecesores en la ejecución del acordeón.
La primera canción que grabó es de la autoría del guitarrista y cantante Juan Pablo Marín Álvarez, hijo del maestro de la composición Hernando Marín, titulada «Pacto de Amor» que se la dedicó a su querido padre «Pepe» Lozano en el primer año de su fallecimiento. Colaboró con Miguel Herrera en la grabación a dúo de la canción «Mi Poema» del maestro Rosendo Romero Ospino, así como la participación en el álbum ‘Frente a La Poesía’ «Vallenato Auténtico Volumen III» que viene liderando Hernán «Nancho» Gómez en donde cantó una puya a dos voces titulada ‘Quien manda a quién’ con Aldair Velázquez, obra del compositor Pedro Otálora, y el acompañamiento en el acordeón de Óscar Correa.
Valeria sigue con sus actuaciones y también se vienen nuevos proyectos para este año 2024 de la mano de grandes exponentes del folclor vallenato como el acordeonista Horacio Escorcia Marchena y la participación en la producción ‘Guitarras del Alma’ al lado de los guitarristas Mancel Cárdenas y Juan Carlos Vargas «Mogolla» y Alma Parrandera.
Con la música metida en su alma empezó a darle rienda suelta a su imaginación y se estrenó como compositora y presentó una canción de su autoría titulada ‘Si el amor no te alcanza’ lo que seguramente será el preámbulo para que broten más inspiraciones de esta bella y diciente expresión musical.
Es probable que me quede corto de palabras al momento de expresar la admiración que me ha generado esta joven artista: Valeria José Lozano Beltrán, pero tengo el presagio que su seductora, fascinante y magnética voz estará dando de que hablar los próximos años y acaparando las portadas de los medios de comunicación porque es talentosa, sencilla, con ese temple de mujer visionaria, que emana energía positiva.
Así como los diamantes se van puliendo de la misma manera Valeria lo va haciendo sin afanes, pero con optimismo, dedicación, profesionalismo y responsabilidad. Diamante, palabra que proviene del griego «Adamas» que significa «inalterable, indomable, indestructible», eso mismo queremos los seguidores de esta bellísima artista que siga conservando ese estilo romántico, costumbrista y soñador, que su linda voz no se altere y que cante sin marchitarse de manera vitalicia, para que su nombre forme parte del firmamento vallenato y su estrella ilumine y quede plantada entre los grandes exponentes de esta música de origen provinciano que se ha convertido en la cara más amable de Colombia ante el mundo.
La pueden seguir y escuchar en sus redes sociales.

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Wilson de Jesús Olmos Álvarez: un compositor que supo cristalizar sus sueños y convertirlos en canciones.

«Si: soy un soñador: porque un soñador es aquel que sólo encuentra su camino a la luz de la luna y cuyo castigo es ver el alba antes que el resto del mundo»: Óscar Wilde, escritor, poeta y dramaturgo de orígen irlandés.

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

La historia de muchos de los seres humanos comienza siempre con sueños. Desde la independencia económica hasta las ansias por cambiar el mundo, pasando por la necesidad vital de hacer lo que a uno le gusta.
Es común, sobre todo en nuestra vida cotidiana que nos encontremos con muchos obstáculos y algunas limitaciones que intentan derrumbar y hacen tambalear esos sueños. Es entonces cuando más que nunca hay que revivirlos, porque esa marcha inició por ser soñadores y nos recuerda que las cosas no son fáciles, pero que a veces lo imposible se hace posible.
El empresario británico Richard Branson dijo estas palabras «todos deberíamos soñar y animar a los demás a soñar, porque soñar es uno de los regalos más grandes de la humanidad».
Pero si hay alguien que tuvo la capacidad de hacer realidad sus sueños, porque su mente e imaginación pudieron generar estas ideas fue Wilson de Jesús Olmos Álvarez, quien a lo largo de su niñez y adolescencia ideó aquellos objetivos que más tarde pudo cristalizar en su madurez contra viento y marea, a pesar de su sufrida y sacrificada vida. No todos conseguimos hacer realidad aquello con lo que soñamos, pero solo la idea romántica de poder lograrlo puede motivarnos enormemente en nuestro día a día.
Wilson Olmos nació en Barranquilla el lunes 17 de septiembre de 1973, sus padres fueron Aníbal Olmos Castro y Dora Isabel Álvarez Pérez, lamentablemente se separaron aún estando él en el vientre materno, algo que empezaría a marcar su difícil situación.
Al poco tiempo de nacido su madre se traslada y se radica en el corregimiento de Palmira dentro de la jurisdicción del municipio de Pueblo Nuevo en el departamento de Córdoba, en el Caribe colombiano, en donde empezó a crecer en el hogar de su abuela materna María Isabel Pérez García que junto a su progenitora hicieron parte de su crianza.
Como la mayoría de los niños tuvo las caricias maternales y esa demostración de ternura por parte de su mamá, quien con toda la delicadeza lo cuidaba y mimaba en esa primera fase que hace parte del arco de la infancia; es decir, la etapa del habla, el por qué?, y la consolidación de conocimientos básicos, que le fueron enseñandos con amor para que pudiera valerse en la vida y lo levantaba con dulzura ante cada caída. Como para la mayoría de las madres los hijos somos lo más lindo del mundo y de ese amor que la señora Dora Isabel le mostraba a su primogénito Wilson, lo que comenzó como «hijo bonito» frase que causaba risa en sus familiares y vecinos, fue cambiando con el tiempo y la redujeron a «Boni» para quedar definitivamente como «El Bonny» apodo que se convirtió en una especie de nombre artístico para Olmos Álvarez que lo ha acompañado por siempre.
Si algo tenemos aprendido es que en la vida no todo es alegría y es precisamente en un día que en Colombia es motivo de celebración y fiesta como lo es el 8 de diciembre donde se celebra La Inmaculada Concepción. Una festividad religiosa que inicia su tradición con el alumbrado el 7 de diciembre, conocido como «el día de las velitas» se convirtió en el más triste para Wilson de Jesús, porque ese día partió de este mundo terrenal su señora madre, esa vela colorida, luminosa y resplandeciente que era para él se apagó definitivamente ese 8 de diciembre del año 1987, cuando solo contaba con escasos 14 años edad, hecho luctuoso que marcó su vida para siempre.
Allí en Palmira un reducido caserío de solo doce viviendas y al cual «El Bonny» considera bendito y sagrado ya que siempre se ha considerado un hombre de fe y espiritual. Rodeado de gente noble, trabajadora, sencilla y humilde creció este futuro compositor, rodeado del fresco y verde aroma que se desprende de los montes, las flores y animales silvestres y de corral, el fluir cantarino y las aguas cristalinas del los arroyos el Marcio y el Santiago y un olor a café matutino recién preparado, el crepúsculo, la luna y el cielo estrellado. Todo ello, sumado a la tristeza interior que llevaba en lo más profundo de su alma y corazón, fueron motivos para despertarle la inspiración que lo condujo a convertirse en un compositor de música vallenata, que supo plasmar con letras y melodías esos sueños y vivencias que tuvo desde que empezó a entender la vida.
En esta etapa de adolescente trabajó como «lechero»; es decir, recogiendo leche en burro en distintas fincas de la región y trasladándola a un comprador en su pueblo, cultivó la tierra de yuca, plátano, maíz, ñame, arroz y también hacía lo que llamamos en esta región de Colombia como «pajarear arroz» que consiste en espantar los pájaros para que no se coman la cosecha de este grano.
En esos quehaceres diarios en compañía de su tío Aridio Álvarez Pérez, empezó a darle rienda suelta a su imaginación y fue entonces como fluyeron sus primeros versos y melodías, soñaba con algún día escuchar sus canciones en la radio y empezó a seguir de cerca los conjuntos vallenatos que se escuchaban en el momento .
Wilson se ha caracterizado por ser un hombre agradecido y uno por el que siente ese sentimiento fue su profesor de primaria en La Escuela Rural Mixta San José de Palmira de nombre Jairo Salazar Rivas natural del departamento del Chocó quien tuvo que ver mucho en su formación académica, pero también le inculcó buenos valores que les enseñaba con mucho ahínco y dedicación. Un docente que le apostaba a la educación y capacitación integral de sus alumnos.
Ya con la música metida de lleno en su ser, en la casa de su tío Aridio escuchaba en una grabadora un programa que transmitía el periodista y locutor Wilfrido Peña Salgado el cual era muy escuchado y gozaba de mucho prestigio que se llamaba «Vallenatos Punto Tres» en el que se entrevistaba a grandes exponentes de la música vallenata y programaban sus catálagos musicales, algo que para «El Bonny» era un deleite, una válvula de escape en la que se refugiaba después de un día ajetreado.
Olmos se caracterizó por ser una persona muy tímida y cuando empezó a hacer sus canciones le daba pena mostrarlas, solo las cantaba para él, hasta que un día una vecina suya, la señora Rosario Padilla lo encaró y le dijo que se había enterado del don que tenía para componer y le insistió para que le cantara una de sus canciones, a lo que con un poco de pena accedió y le cantó una titulada «Fuiste mi Reina», situación que dejó gratamente asombrada a doña Rosario, lo felicitó y ánimo a que siguiera creando canciones y las diera a conocer porque según ella, sus piezas musicales no tenían nada que envidiarle a la de los autores reconocidos.
Wilson Olmos se considera un admirador y seguidor de muchos compositores de esa línea lírica, romántica y poética en el vallenato como: Gustavo Gutiérrez Cabello, Rafael Manjarrés Mendoza, Hernando Marín Lacouture, Rosendo Romero Ospino, Fernando Meneses Romero, pero si hay alguien del que él aprendió más y tuvo en cuenta en su etapa de formación fue a Unaldo Efrén Calderón Cujia, este compositor se metió sin permiso en su mente, en su esencia y le modificó muchas cosas para bien, tal vez porque se identificaba con ese estilo de este maestro miembro de esa excelsa familia de compositores de San Juan del Cesar, La Guajira «Los Calderón». Las letras de Efrén tienen una mística en su poesía donde el impacto del dolor humano alcanzan mayores ribetes que en otro compositor, sus melodías tienen mucha melancolía, son de tonos ocres y pasteles que muchas veces reflejan tristeza por algún desamor o la perdida de un ser querido. Situaciones que en cierta medida ha experimentado Olmos Álvarez en el trasegar de su vida.
Wilson de Jesús poco a poco se fue soltando y le fue mostrando sus composiciones a sus amigos de infancia como: los hermanos Julio y Carlos Atencia que cantaban, tocaban violina, caja y guacharaca, Cristo Meza quien los acompañaba con una vieja guitarra instrumento que «El Bonny» aprendió a interpretar con solvencia, una grabadora de pilas ante la carencia de luz eléctrica para grabar sus nacientes letras y melodías y los coros de su primo Darío Calle Álvarez ( hoy en día un respetado y admirado anestesiólogo ) bajo la mirada atenta y alegre de doña Rosario Padilla, fueron estos personajes los primeros quienes con aplausos, sonrisas, creyeron y estimularon el talento de este adolescente, porque observaron en él todo un artista en ciernes.
La difícil situación económica y las pocas oportunidades laborales para un jóven aún menor de edad, hicieron que se trasladara al municipio de Ayapel en el departamento de Córdoba, para trabajar como pescador en el río Mucura en Bocas de Sejeve, un oficio desconocido y que se tornó muy difícil , porque la pesca se realizaba de noche y se le hacía complicado conciliar el sueño de día algo que le causó un desgaste físico y mental.
Luego estimulado por sus compañeros de faenas habituales, seducidos por la fiebre del oro opta por un nuevo y desconocido sendero y desplaza hasta los municipios mineros antioqueños de El Bagre y Cáceres donde logra ahorrar un pequeño capital, el cual decide invertir en adquisición de mercancías. Y es aquí cuando a través de la compra y venta de productos varios, conoce el departamento de La Guajira y específicamente el municipio de Maicao, epicentro comercial, pero también de música vallenata.
Allí, en dicho lugar, se da a conocer, cantando versos por doquiera de su autoría y también de las canciones de moda que estaban pegadas en ese momento en las voces de Diomedes Díaz, Rafael Orozco, Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Beto Zabaleta, Iván Villazón, Farid Ortiz, entre otros, grandes y representativos exponentes del folclor vallenato.
Wilson considera que este tránsito por la tierra de Francisco el Hombre fue clave para afianzar sus aspiraciones, de ser una figura conocida en el ámbito musical y darle un mayor aliento a su naciente carrera artística.
Luego de transitar por distintos lugares se radica en la «Ciudad Bella y Cordial», Planeta Rica, Córdoba, en donde se convirtió en uno de sus hijos ilustres adoptivos y conoció a Raúl Medrano Díaz quien lo orienta para que ponga una venta de cassettes, dulces, golosinas, cigarrillos y variedad de artículos en el parque central del pueblo, lo que comúnmente llaman los lugareños como «Chaza», con la que su situación económica tuvo una notable mejoría.
Si alguna meta tuvo clara Wilson Olmos Álvarez fue la de continuar sus estudios de secundaria, los cuales concluyó en la jornada nocturna de la Institución Educativa José Hilario López.
Tras haberse graduado como bachiller y cumplido con éxito este objetivo pone su mirada en lo que tanto había soñado: consolidarse como compositor de las cosas que tienen relación con su vida, sueños, frustraciones, anhelos, tristezas, alegrías y obviamente de lo que ocurre en todo su entorno. Es así como en el año 1992, se relaciona con una agrupación oriunda del Bajo Cauca antioqueño conocida con el nombre de «La Revelación Vallenata» quien le graba su primera canción titulada ‘Murió Mi Esperanza’, en la voz de Alfredo Ríos y el acordeón de Darío Ricardo.
Ese mismo año obtuvo el primer lugar en un concurso de canción inédita, llevado a cabo en San Benito Abad, Sucre, en la cual le rinde un homenaje a su señora madre que tituló: «El dolor de un poeta», tema este que aún continúa inédito.
Posteriormente en 1993 se erige ganador del segundo Festival de El Diabolín, en Pueblo Nuevo, Córdoba, con la canción «Una Rosa en el alma», la cual fue grabada por la agrupación «Los Serenateros», en la voz de Julio Mejía Miranda y el acordeón de Gabriel Arroyo.
Para continuar con su ascendente carrera musical como compositor, «El Bonny» le hace entrega a Miguel Durán Jr dos termas que se constituyeron en éxitos ‘Al Final del camino’ y ‘Morían mis sueños’, pero años más tarde el mismo Miguel Durán Jr reenchaucha su canción anteriormente grabada por la «Revelación Vallenata» titulada ‘Murió mi esperanza’ la cual tuvo un éxito rotundo y se convirtió en un clásico de la música vallenata y de paso su cédula musical y su canción con más versiones, cabe resaltar que este tema retumbó en todas las emisoras de la Sabana sucreña el día del fallecimiento de Miguel Durán Jr y con ella fue despedido en su última morada .
Entre los grupos musicales que han grabado su obra encontramos: Emilio Oviedo y Edwin Cantero, Nayo Quintero y Roland Valbuena, Los Hermanos Carlos y Guido Malo( El Dúo Sensacional), Beto Pastrana y Pacho Arroyo, Edwar Morelos, Keiner Ortíz y Edwar Morillo.
En el estilo de «El Bonny» a lo largo de su carrera, ha prevalecido el tono romántico, íntimo de lamento con una lírica estética y mensaje altivo sin melodrama; una estructura melódica arrullante, haciendo un manejo hábil de figuras literarias como: símil, hipérboles, metáforas, mezcladas de una forma exquisita y maravillosa. En sus canciones procura resaltar la belleza de la mujer y ponerla en el pedestal que ella se merece, algo que se ha perdido en los compositores jóvenes de hoy en día, muchos de los cuales, por el contrario lo que hacen es denigrar de ese ser precioso que nos regaló el Supremo Creador.
El repertorio de este compositor es muy extenso y aunque su fuerte es el paseo lírico-romántico, ello no ha sido óbice para componer temas de la música sabanera como Porro y Chandé, al igual que Rancheras en estilo cristiano en donde resalta su espiritualidad y fe.
Este humilde varón es un ser maravilloso y un ejemplo para imitar, después de tanto sacrificio y sufrimiento, la vida le recompensó tantos esfuerzos y le formó un caparazón fuerte e irrompible que es digno de los más grandes elogios de parte de propios y extraños.
Olmos Álvarez siguió con su carrera musical, pero al par con sus estudios superiores y obtuvo el título de tecnólogo en sistematización de datos de La Universidad Antonio Nariño y luego alcanzó su título profesional en ingeniería de sistemas de la UNAD ( Universidad Nacional Abierta y a Distancias). Después de tantos ires y venires y uno que otro desamor, cupido con su flecha tocó las puertas de su corazón y le pone en su camino al amor de su vida Verónica del Rosario Arteaga Lambraño de cuya unión nacieron sus tres retoñitos Armando Javier, Verónica Lorena y Samuel, ella su fiel compañera por más de dos décadas tampoco escapó a su pluma mágica y ha sido musa inspiradora de varios de sus bellos y poéticos cantos como: ‘Mi Princesita’, ‘Lindo Amar Así’, «Amarte a Ti’ . Ella lo acompaña y lo ayuda en su almacén de tecnología que no podía tener otro nombre que «Bonny PC «.
Con más de 50 canciones grabadas y unas 80 inéditas, este compositor que aún sigue siendo un soñador, convirtió esos sueños que parecían inalcanzables en realidad. Con el se aplica perfectamente la vieja y sabia frase que dice «el que persevera alcanza». Wilson Olmos Álvarez se demostró así mismo y a los demás que rendirse nunca hizo parte de su léxico y que es un ejemplo de vida para todos, porque siempre tuvo presente que muchas veces la última llave es la que abre la puerta.

Ramiro Elías Álvarez Mercado

José Luis Martínez Barraza: un compositor que hace parte de la nueva camada de la música vallenata.

«La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido»: Leonard Bernstein, compositor, pianista y director de orquesta estadounidense.

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado .

Las palabras pueden convertirse en una inyección de energía, ganas y motivación, sobretodo para las personas que emprenden un nuevo reto o una nueva actividad en la vida.
Una dosis extra de motivación siempre es bienvenida, y para muchos de nosotros (músicos y no músicos) un consejo o una frase puede suponer un gran empujón para perseguir una nueva perspectiva.

Precisamente en el arte musical hay algunos talentos en distintas áreas que por timidez o un poco de miedo no salen a flote y se quedan en el anonimato. En cambio hay otros que motivados por personas cercanas sí lo hacen, como le pasó a José Luis Martínez Barraza, un joven compositor que hace parte de la nueva camada de la música vallenata. Quien le abrió los ojos a este mundo terrenal el martes 29 de abril del año 1980 en una radiante mañana, rodeado de los efluvios de la naturaleza, el olor al café recién colado y de la leche recién ordeñada, en el corregimiento de Bálsamo, municipio de Concordia ubicado en la zona noroccidental del departamento del Magdalena, en la Costa norte colombiana.

Quehaceres como la ganadería, agricultura y la pesca en pequeña escala hacen parte de las actividades económicas que se desarrollan en este exótico paraje. Nació en el hogar conformado por el señor José de Los Santos Martínez Isaza y la señora Arelis de Jesús Barraza Moya. Ambos dedicados a la labor de administrar fincas cuyas actividades principales eran los cultivos de yuca, maíz, arroz, millo y todo lo relacionado con la crianza y levante de ganado, cerdos, chivos, aves de corral y la producción de queso; fruto de ese esfuerzo, trabajo y dedicación luego pudieron adquirir su propia tierra y seguir con esta actividad ahora en su propiedad a la que denominaron como «Finca Canario». Es el hijo mayor de una familia de tres complementada por sus hermanas Carmen Luz y Fanny María.

Su influencia en la composición la hereda de su progenitor, quien construía versos con situaciones que le sucedían en su entorno ya fueran de tipo jocoso, amoroso o producto de su imaginación, su abuelo paterno José Martínez De Aguas conocido como «Joselo»también era un destacado decimero de la región. Al no tener hermanos varones tuvo una estrecha cercanía con sus primos y es precisamente cuando uno de los menores quien no tenía una buena dicción en la pronunciación de su nombre termina por llamarlo como «Blite», apodo que se convirtió en un complemento de su identidad.

Sus estudios primarios los realizó en la Escuela Rural Mixta de Bálsamo en su adorado terruño, en donde vivió al cuidado de su abuela materna Fanny Moya Palacín unos tres años y el resto del tiempo hasta que terminó sus estudios de básica primaria estuvo con su abuela paterna Baudilia Isaza; lo que quiere decir que ambas hicieron parte de su crianza en sus primeros años de vida. En la escuela se mostró como un alumno aplicado y sobresaliente, pero sobre todo inquieto en cuestiones musicales, tarareaba las canciones vallenatas de moda y se las aprendía con los famosos cancioneros de la época en donde venían las letras de los temas, preocupándose siempre por saber quienes eran los autores, cantantes y acordeonistas de esas obras musicales que lo seducían y a su escasa edad ya despertaban en él distintas emociones. Ese entorno natural y paradisíaco en donde José Luis se levantó fue fundamental para el desarrollo de su imaginación, dado que su terruño quedaba al lado de una corriente de agua fresca y cristalina llamada «Quebrada el Mundo»: un brazo que se desprende de la imponente y majestuosa Ciénaga de Zapayán hábitat de mucha flora y fauna exótica que mantiene vivo el ecosistema de la región. Sin lugar a dudas esos paisajes y tiempos vividos contribuyeron posteriormente en el desarrollo de las temáticas de sus canciones.

A la edad de 11 años se traslada a la «Puerta de Oro de Colombia», la ciudad de Barranquilla, con la finalidad de realizar sus estudios secundarios, donde se gradúa de bachiller en el Colegio Liceo Moderno del Norte.

Al llegar a la capital del Atlántico tiene contacto directo con otras expresiones musicales y culturales desconocidas para él como: la salsa, la champeta, el carnaval, la danza del garabato y aunque ese colorido festín embruajador le gustó, nunca dejó de lado el amor por la música vallenata que escuchaba de niño; por el contrario, más se acrecentó en su ser. En el colegio siempre se destacó en las actos cívicos y centros literarios donde animado por sus compañeros de curso y su profesor de Español y Literatura, y director de curso en el grado once, Eduardo Pulido le pedían que escribiera algo alusivo a las actividades festivas del colegio, a lo que Martínez siempre estuvo dispuesto pero por lo general eran coplas y versos sin melodías, luego ya un día compuso lo que sería su primera canción vallenata y fue para la despedida de su segunda etapa estudiantil: el bachillerato pero lamentablemente olvidó la música y letra de esa improvisada canción y no quedó ningún registro de la misma.

A partir de ahí se toma más en serio la composición y empieza a hilvanar versos y melodías aquí y allá dándole forma a su estilo.
Entra a la Universidad del Atlántico y se gradúa de ingeniero industrial y luego empieza a ejercer su profesión pero sin dejar de lado su pasión por la música vallenata.
Entre los años 1997 y 2005 tiene una etapa fructífera en la creación de canciones y compuso varios temas, hasta que su amigo «Pochy» Colón se interesa en uno de ellos y le graba en 2006 el canto titulado «Tonto Corazón» al lado del acordeonista Ángel Barrios, un año después, Silvio Brito Jr. Y Yeifer Amaya le graban el sencillo titulado «Sigue esquivo el amor».
Lo anterior sirvió de preámbulo para que nuevamente Silvio Brito Jr. Y su padre el gran Silvio Brito Medina le interpretaran a duo un tema titulado «Contante y Sonante» en el trabajo discográfico que llamaron «Una Nueva Generación» con el acompañamiento en el acordeón de Juan Francisco Pérez.

Martínez Barraza siempre le ha tenido una gran admiración a los compositores que se han caracterizado por tener un estilo lirico, poético y romántico en la música vallenata, pero dice tener a Rafael Enrique Manjarrés Mendoza, Iván Ovalle Poveda y José Alfonso «Chiche» Maestre como sus referentes en la composición de la música de Francisco el hombre.
Con el paso de los años siguió creando canciones fue abonando y cultivando más la lírica de sus temas.

Tiene una unión marital con Dayana de La Cruz musa inspiradora de varios de sus cantos como: ‘El amor se hizo vallenato’, ‘Como simple marioneta’, ‘Ellas no tienen culpa’, ‘Esa eres tú’, ‘La florecita’, ‘Perfume de primavera’, inspiraciones con las que demuestra el amor que le tiene a la mujer que eligió para caminar agarrados de la mano el sendero de su vida, fruto de ese amor llegó al mundo su primogénita Nathalia Martínez de La Cruz, una princesita que vino a llenar su hogar de más alegría y que inspiró en «Blite» una de sus más tiernas canciones titulada ‘Tesorito de mi vida’, porque no hay ningún elemento en el mundo que despierte más belleza y le de sentido a nuestras vidas que la ternura suministrada por los hijos, es la expresión más serena, bella y firme del amor.

Haber nacido un pueblo es algo inspirador y reconfortante porque en él vivimos una gran sensación de bienestar, pero muchas veces las labores cotidianas ejercidas en las grandes ciudades nos aleja de ese terruño amado y no podemos visitarlo con frecuencia, pero siempre está presente en el recuerdo y lo llevamos en un rinconcito del corazón y es precisamente esta nostalgia lo que llevó al cantor de Bálsamo a componer un sentido canto para su terruño querido y nos muestra una faceta como cantautor donde interpreta un paseo titulado ‘Unos versos pendientes’.

El haberse radicado en Barranquilla y ser influenciado por otros géneros musicales le sirvió para componer una champeta titulada ‘En el oscurito’ interpretada por Dj Demoledor y Zonek El Magnate con la guitarra de José Páez.
José Luis Martínez Barraza » Blite» poco a poco se ha ido dando a conocer en este competido mundo vallenato, porque es un compositor que acude a la música buscando contener sentimientos que a veces lo abruman y otras veces lo enamoran y es precisamente en ella donde se refugia y encuentra el lugar apropiado para dar rienda suelta a su imaginación de donde le brota la inspiración que luego plasma en letras y melodías llenas de sentimientos, porque se describe como «un sentimental empedernido» .

Su cancionero musical ya cuenta con casi el centenar de obras de las cuales 34 han llegado a la grabación que las pueden escuchar por medio de su canal de Youtube: «Blite Martínez».

Andrés Landero: el Rey de la Cumbia

«El canto es una ceremonia de amor del artista para el público»: Mercedes Sosa (cantaora de música folclórica argentina ).

Por : Ramiro Elías Álvarez Mercado

Las aves son animales que transforman la naturaleza, ya sea a través de su canto o por medio de su belleza. Observarlos también nos proporciona una admiración infinita.

El trinar de los pájaros es algo tan mágico y maravilloso que hasta nos levanta el ánimo, y es que no hay nada mejor que levantarse temprano escuchando el canto de las aves en libertad.
Los seres humanos a través de la historia hemos querido imitar algunas de las facultades que poseen las aves como volar y cantar, pero si hay alguien que supo entender el canto de los pájaros en la magnificencia y espesura de la montaña, y lo hizo parte de su estilo musical, fue el maestro Andrés Gregorio Guerra Landero. Quien llegó a este mundo el miércoles 4 de febrero del año 1931 en San Jacinto, Bolívar, un pueblo anclado en los Montes de María en el Caribe colombiano.

Sus padres fueron Isaías Guerra y Rosalba Landero, él era natural de Rincón Hondo, Cesar y fue gaitero de donde viene la vena musical de Landero, ella procedente del Carmen de Bolívar, una tejedora de hamacas labor con la que sacó adelante a su hijo; su padre lo abandonó siendo él muy pequeño y aunque en su documento de identidad aparece el apellido Guerra, él siempre se presentó con el de su progenitora y simplemente se dio a conocer ante el mundo como: Andrés Landero.

El canto es un arte fabuloso y súper privilegiado porque en él confluyen muchas expresiones artísticas: música, literatura, teatro y baile y esto fue un factor determinante que influyó en Landero. En su infancia siempre soñó con ser músico. El contacto directo con la naturaleza, los paisajes, riachuelos hicieron que se convirtiera en un gran observador que miraba y reflexionaba con los más mínimos detalles, esa agudeza visual sumado a ese oído musical que fue desarrollando le permitía observar desde los brillantes y vibrantes colores de las mariposas hasta el frondoso y exuberante bosque de su región montemariana, escuchar el trino de los distintos pájaros que turbaban el silencio de ese paisaje natural bellísimo que hacía parte del entorno donde se levantó fue clave para que este naciente artista desarrollara toda esa capacidad musical que le entregó a Colombia y otros países.

Como todo niño y adolescente de esa época aprendió las labores del campo y su formación académica fue escasa.
Internado en la montaña con su padrastro Manuel Dolores Estrada cultivaba yuca, plátano, ñame, maíz, arroz, tabaco en unas jornadas arduas bajo el inclemente sol de la costa Atlántica colombiana, pero que no fueron excusas para que el inquieto Andrés se olvidara de la música, antes por el contrario se animaba más en plasmar con letras y melodías todo su acontecer y por eso con frecuencia ponía un taburete de cuero al sol que al calentarse se templaba y al regreso de sus faenas de trabajo cuando se asomaba el ocaso y para sacarse el cansancio y relajarse un poco con los compañeros jornaleros tocaban gaitas y él con ese asiento de cuero simulaba los sonidos del tambor.

Todo en la vida de Andrés Gregorio ocurrió de manera precoz, tanto es así que antes de cumplir los 17 años decide independizarse, se regresa de la montaña decididamente a encaminarse en construir su cancionero musical que fue guiado por su personalidad férrea, exhibiendo con esmero sus innegables aptitudes artísticas.

Su primer contacto con el acordeón lo tuvo mediante uno que le prestaba su primo Miguel Landero y fue cuando empezó a extraerle las primeras notas a ese instrumento que lo seducía con las canciones de juglares como Francisco «Pacho» Rada Batista y Abel Antonio Villa Villa. Temas como ‘El tigre de la montaña’ y ‘Manuela’ del legendario «Pacho» fueron las primeras que le sirvieron como planas en su aprendizaje.

Como dice el viejo y sabio adagio «al que le van a dar le guardan», en una de esas famosas «corredurías» de los juglares se presentó en su pueblo San Jacinto el maestro al que Landero admiraba: Francisco Rada, a tocar una parranda y como era de esperarse el naciente músico estuvo presente y en uno de esos descansos le pidió prestado el acordeón a «Pacho» e interpretó los «mochitos» de canciones del maestro que había aprendido en el instrumento de su primo Miguel y ahí recibió los aplausos y aceptación del público presente.

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‘Después de enero’, canción que nos recuerda los retos y desafíos de un nuevo año

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

En una tarde cuando el año 2024 daba la bienvenida, el compositor Rosendo Romero Ospino se sentó a contar la historia de otra de sus canciones que tienen ese toque de reflexión y realidad reflejada en el existir de todos.

Ya con sus años que suman 70 de haber sido traído al mundo teniendo como epicentro a Villanueva, La Guajira, su memoria capta ese sentimiento puro del ayer traído a nuestros días, para hacer la suma que nunca acaba porque siempre le salen nuevos números.

De esta manera, el hijo de Escolástico Romero Rivera y Ana Antonia Ospino Campo, ‘La Nuñe’, hizo el análisis retrospectivo de su canción ‘Después de enero’ que hiciera en 1980 y 10 años después fuera grabada por Carlos Malo y Gustavo Maestre, ‘El Dúo Sensacional’.

“Seguimos así siempre en el creer, en espera de un mejor mañana,  tiempos siempre habrá para festejar, para perecer en la nostalgia. El que tiene que cambiar es uno, la vieja manera de pensar, ay la vieja manera de sentir”

Todo comenzó así. “Con mi hermano Israel fuimos a la Sierra Nevada a darle el saludo de año nuevo al maestro Joaquín Amórtegui Valbuena, quien era una persona iluminada. Enseguida nos preguntó qué donde estaba lo nuevo y quedamos sorprendidos. En verdad lo que se nota el primer día del año en su mayoría, son personas amanecidas y borrachas. Esto no tiene nada de nuevo”.

Sin parar siguió dando a conocer su pensamiento al respecto. “Los años han venido pasando y nos reunimos para desearnos felicidad y todo llega cada vez peor. Antes la vida era más tranquila y primaba el respeto. Había menos vicios y maldad. Ahora, todo ha cambiado porque el afán del dinero no le está dejando espacio al amor. Si los años cambiaran la vida, el mundo sería un paraíso”.

Enseguida el maestro Rosendo Romero, hizo énfasis en algo esencial. “El que tiene que cambiar es el ser humano dejando de ser intolerante, insensible y estar conectado al amor  de Dios y a sus semejantes. Esa es la tarea primordial que se tiene que hacer. De esta manera llegará la felicidad que sale desde adentro para afuera”.

Siguiendo con la palabra, entregó una frase salida desde el fondo de su corazón. “Somos unos enfermos emocionales por tanta violencia que hemos vivido. Ya nada nos asombra y esto es alarmante. Muy alarmante”…

Todo lo anterior, es relatado en el contenido de la canción y pone de estampa su propio ejemplo. “El hecho de ver que la vida mía estaba estancada como cuando le atraviesan un palo a la rueda, entonces el primero que tenía que cambiar era yo, antes de dar la fórmula a los demás. Ese año dejé de beber y prometí no hacer canciones de dolor en cambio inspirarme en las cosas bellas de la vida, en una mujer bonita, en las alegrías, en los paisajes y en lo que gira alrededor del folclor vallenato”.

Se regresó a contar en detalle porque dejó de tomar y mujerear. “Me dí cuenta que eso no suma, más bien resta. No se tiene tranquilidad y son ataduras que se deben romper para tener una mejor vida agradable a los ojos de Dios. Empecé por querer a una sola mujer, no tomar y no componer canciones tristes”.

El maestro se mostró contento porque pasados los años los amantes del vallenato han estado entendiendo el mensaje de su canción donde pinta en letras una realidad inocultable para que se tome conciencia de que el cambio debe darse da manera rápida.

En ese sentido recalcó. “Sobre los cantos de reflexión también hice la canción ‘Dos voces’ que me grabó el Binomio de Oro, Rafael Orozco  y mi hermano Israel Romero, donde digo que el mundo es un misterio y la pena y el amor se pueden remediar”.

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