Danielito, acordeonero mexicano fiel seguidor de El Binomio de Oro


Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

El niño Erick Daniel Martínez Martínez, quien nació el 23 de junio de 2018 en Sabana Hidalgo, Nuevo León, México, desde muy niño se enamoró del acordeón comenzándolo a tocar con una facilidad extraordinaria. Sus padres Luis Ángel Martínez de la Rosa y Yasmith Alejandra Martínez Navas, al verle ese talento supieron encaminarlo y fue así como se le presentaron al acordeonero Israel Romero Ospino, especialmente porque interpreta una cantidad de canciones de El Binomio de Oro, siendo las que más le gustan ‘Relicario de besos’, ‘Momentos de amor’ y ‘Sombra perdida’.

Cuando a Danielito acordeonero como es conocido, le indicaron que las canciones que más le gustaban eran de la autoría de Fernando Meneses y Rita Fernández, expresó que su ilusión era conocerlos porque todos los días las tocaba en su acordeón. “Esas canciones son muy bonitas”.

En la historia aparece Israel Romero Ospino contando como conoció al niño en Monterey, México, quedando admirado de la facilidad como toca las canciones de El Binomio de Oro y ante esto lo invitó con sus padres a Valledupar, para que aprendiera el vallenato tradicional.

“Al niño talentoso le dicen Danielito acordeonero. Es una lumbrera para la música. Le das una nota en el acordeón y se la aprende inmediatamente. Es una cosa no vista y sobre todo que la música mía es un poquito más difícil porque uso muchos sostenidos, bemoles y cosas así, lo que llaman disminuidos y aumentados. Y ese pelaito los agarra completamente”, indicó Israel Romero.

Enseguida siguió contando sin parar. “Me llama la atención que con los dedos tan pequeños que tiene, pueda hacer todas esas cosas que hago yo con los dedos largos. Es así como la canción ‘De rodillas’, que tiene cambio de tono y muchas cosas. Tonos relativos y todo eso, y él las hace con lujo de detalles”.

El mejor acordeonero del mundo no ahorró palabras para definir el ingenio de Danielito. “Lo vi emocionarse cuando tocó ‘Sombra Perdida’. Al llegar a Valledupar le estoy enseñando muchas cosas, y las hace con los mismos acordes. Tiene una digitación bonita y casi no mira el teclado. Todavía le falta para tocar el vallenato, ese de los juglares Luis Enrique Martínez, Nicolás ‘Colacho’ Mendoza y Miguel López, entre otros”.

Al final Israel Romero, manifestó. “Lo estoy llevando a conocer este bello territorio y estuvo en mi tierra Villanueva, donde se admiró del acordeón gigante que hicieron en mi honor. Sé que llegará lejos con ese talento inigualable que tiene. Todo lo que yo diga se queda corto para un niño de siete años que ama el vallenato y lo toca maravillosamente bien”.

Habilidad natural

Para Luis Ángel Martínez de la Rosa, padre de Danielito acordeonero, vivir esta experiencia maravillosa al lado de su familia es algo que no tiene precio. “Las atenciones y cariño con mi hijo son muy bellas acá en Valledupar, y en todos los sitios donde hemos ido. Todo gracias al maestro Israel Romero”.

Enseguida se remitió a contar los hechos. “Yo compré un acordeón porque hacía 12 años había dejado de tocarlo. Al hacerlo, Danielito empezó a decirme que se lo prestara. Lo hice y le noté una habilidad natural. En poco tiempo ya tocaba una bella canción llamada ‘Los caminos de la vida’ de Omar Geles. Ese día comprendí que era un niño prodigio y bendecido por Dios sin tener ninguna formación musical”.

Lo más bello para la familia Martínez fue cuando en el escenario Israel Romero cargó a Danielito y le hizo la invitación a Colombia, para que la conociera y además darle clases de acordeón. “Por eso nos animamos a venir y estamos pasando días maravillosos e inolvidables”.

Danielito, estando en ese proceso de conocer otra cultura y aprender más del acordeón, se encontró con el son ‘Alicia adorada’ de Juancho Polo Valencia. En pocos instantes lo interpretó y comentó. “No sabía de marcar con los bajos una canción así, pero me gusta y más la historia que cuenta de adorarla toda la vida”. Ahora, el siguiente paso después de tocar es cantar. “El canta muy poco, porque dice que tiene voz de ardillita, pero cuando esté más grande lo hará. Hay que esperarlo porque todo es a su tiempo”, señaló su papá.

Lo más bello para Danielito fue conocer a Israel Romero, a pesar de que lo había visto infinidad de veces en videos al lado de Rafael Orozco, y seguía las notas de su acordeón al pie de la letra. “Es su punto en la música y hasta copia sus movimientos. Con el maestro Israel estamos agradecidos por su gesto grande de humildad y cariño. Eso no tiene precio y es algo muy bonito”, anotó Luis Ángel Martínez de la Rosa.

La gran ilusión de Danielito acordeonero es tocar con El Binomio de Oro de América. “Es el grupo que más me gusta y tocó muchas de sus canciones con la nota precisa. El Binomio es mi favorito y Dios me dará el honor de lograrlo”.

Danielito acordeonero, quien estudia segundo de primaria en el Gimnasio de La Llave, en la despedida se quedó sonriendo y dijo. «Se pasó de lanza, que buena onda», al agradecer tenerlo en cuenta para resaltar su talento que es más grande que el acordeón que le hicieron a Israel Romero en su tierra Villanueva. Este pequeño exponente del acordeón representa la inocencia, el don innato y la pasión por el folclor vallenato. Tiene su cerebro lleno de música.

PROGRAMACION 59° FESTIVAL DE LA LEYENDA VALLENATA

HOMENAJE A ISRAEL ROMERO, RAFAEL OROZCO Y EL BINOMIO DE ORO DE AMÉRICA

Sábado 25 de abril

Parque de La Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’

Desfile de Jeep Willys Parranderos – 3:00 PM

Domingo 26 de abril

Centro Comercial Mayales Plaza – 8:30 AM

Concurso de Pintura Infantil ‘Los niños pintan el Festival de La Leyenda Vallenata’

Estadio Armando Maestre Pavajeau – 4:00 PM

Partido de las estrellas

Lunes 27 de abril

Centro Recreacional La Pedregosa – Primera Ronda Concursos – 8:00 AM

Acordeón Infantil

Aires: Paseo y Merengue

Centro Recreacional La Pedregosa – Primera Ronda Concursos – 2:00 PM

Acordeonera Menor

Acordeón Juvenil

Aires: Paseo y Merengue

Parque Los Algarrobillos – Primera Ronda Concurso – 8:00 AM

Acordeón Aficionado

Aires: Paseo y Merengue

Martes 28 de abril

Centro Recreacional La Pedregosa – Primera Ronda Concursos – 8:00 AM

Acordeón Infantil

Aires: Son y Puya

Centro Recreacional La Pedregosa – Primera Ronda Concursos – 2:00 PM

Acordeonera Menor

Acordeón Juvenil

Aires: Son y Puya

Parque Los Algarrobillos – Primera Ronda Concursos – 8:00 AM

Acordeón Aficionado

Aires: Son y Puya

Primera Ronda Concurso – 2:00 PM

Acordeonera Mayor

Aires: Paseo y Merengue

Desfile de Piloneras – 1:00 PM 

Categorías Infantil y Juvenil

Inicia: Hotel Sicarare (Carrera 9)

Termina: Glorieta Pedazo de Acordeón

Miércoles 29 de abril

Centro Recreacional La Pedregosa – Segunda Ronda Concursos – 8:00 AM

Acordeón Infantil

Acordeón Juvenil

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Universidad del Área Andina – 9:00 AM

Auditorio Macondo

Foro. De El Binomio de Oro a la IA: Construyendo un futuro creativo

Centro Recreacional La Pedregosa – Segunda Ronda Concursos – 2:00 AM

Acordeonera Menor

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Parque Los Algarrobillos – Segunda Ronda Concurso – 8:00 AM

Acordeonero Aficionado

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Parque Los Algarrobillos – Primera Ronda – 8:00 AM

Piqueria Mayor

Plaza Alfonso López – Primera Ronda Concurso – 8:00 AM

Acordeón Profesional

Aires: Paseo y Merengue

Parque Los Algarrobillos – Primera Ronda – 2:00 PM

Acordeonera Mayor

Aires: Son y Puya

Desfile de Piloneras – 12:00 PM 

Categoría Mayores

Inicia: Hotel Sicarare (Carrera 9na)

Termina: Glorieta de La Pilonera Mayor

Parque de La Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’

Ceremonia de Inauguración – 6:00 PM

Revista Musical 59°Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América

Espectáculo Musical, Cultural y Folclórico: Karen Lizarazo, ‘Mono’ Zabaleta,

Mario Cerchar y ‘Chucho’ Ocampo, Osvaldo Ayala.

Jueves 30 de abril

Centro Recreacional La Pedregosa 8:00 AM

Semifinal Concursos

Piqueria Infantil

Acordeón Infantil

Acordeonera Menor

Acordeón Juvenil

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Parque Los Algarrobillos – Semifinal Concurso – 8:00 AM

Acordeón Aficionado

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Parque Los Algarrobillos – Segunda Ronda Concurso – 8:00 AM 

Acordeonera Mayor

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Parque Los Algarrobillos

Segunda Ronda – 8:00 AM

Piqueria Mayor

Coliseo de Ferias Pedro Castro Monsalvo – Primera Ronda Concurso – 8:00 AM

Canción Vallenata Inédita

Plaza Alfonso López – Primera Ronda Concurso – 8:00 AM

Acordeón Profesional

Aires: Son y Puya

Centro Recreacional La Pedregosa – Gran Final Concursos – 2:00 PM

Piqueria Infantil

Acordeón Infantil

Acordeón Juvenil

Acordeonera Menor

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Gran Cabalgata en el marco del 59° Festival de la Leyenda Vallenata – 4:00 PM

Salida. Lote Sinaltrainal (Carrera 23 con calle 14).

Organiza: Riendas Valledupar

Plaza Alfonso López – 4:00 PM

Escenificación del milagro de la leyenda vallenata

Parque de La Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’

Gran Final Concurso – 6:00 PM

Acordeón Aficionado

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Espectáculo Musical, Cultural y Folclórico: Silvestre Dangond – Juancho de la Espriella, Danny Ocean, Peter Manjarrés, Aria Vega e Iván Villazón

Viernes 1 de mayo

Parque Los Algarrobillos

Semifinal de Concurso – 8:00 AM

Acordeonera Mayor

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Semifinal Concurso – 8:00 AM

Piqueria Mayor

Coliseo de Ferias Pedro Castro Monsalvo

Segunda Ronda Concurso – 8:00 AM

Canción Vallenata Inédita

Plaza Alfonso López Segunda Ronda Concurso – 8:00 AM

Acordeón Profesional

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Ecoparque del río Guatapurí – 5:30 PM

Develación escultura en homenaje a Israel Romero y Rafael Orozco El Binomio de Oro – Alcaldía de Valledupar

Parque de La Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’

Gran Final Concursos – 8:00 PM

Piqueria Mayor

Acordeonera Mayor

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Espectáculo Musical, Cultural y Folclórico: Silvestre Dangond – Juancho de la Espriella, Guayacán Orquesta y Jean Carlos Centeno.

Sábado 2 de mayo

Coliseo de Ferias Pedro Castro Monsalvo Semifinal Concurso – 8:00 AM 

Acordeón Profesional

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Plaza Alfonso López Semifinal Concurso – 10:00 AM  

Canción Vallenata Inédita

Parque de La Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’

Gran Final Concursos – 8:00 PM

Canción Vallenata Inédita

Acordeón Profesional

Aires: Paseo, Merengue, Son y Puya

Espectáculo Musical, Cultural y Folclórico: J Balvin, Binomio de Oro de América, Churo Díaz y Elder Dayán.

EXPOSICIONES DE ARTE INTERNACIONAL. Del 25 de abril al 5 de mayo de 2026 Primer Baldot Festival Arte – Carrera 19C No. 10-43 – Frente a Los Poporos. (Estudio Taller Baldot) – Casa Castro Monsalvo, Carrera sexta con calle 15 Esquina, Plaza Alfonso López.

*Programación sujeta a cambios*

Grupos de Piloneras y Jeep Willys Parranderos, tienen listas sus rutas para el 59° Festival de la Leyenda Vallenata

Con el objetivo de garantizar la seguridad de más de 12 mil personas que participarán en el tradicional desfile de piloneras del 59° Festival de la Leyenda Vallenata, la Gobernación del Cesar, la Alcaldía de Valledupar y la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata anunciaron la implementación de medidas especiales que garanticen la seguridad y movilidad de los concursantes que cada tras año engalanan el tradicional recorrido donde se baila y se canta.

Desde la institucionalidad se reiteró el compromiso con Valledupar y la preservación de esta fiesta insignia, asegurando que el evento se desarrolle con todas las garantías necesarias y se pueda disfrutar por muchas horas al ritmo de las piloneras y piloneros.

Aunque se planteó realizar el desfile por la avenida Simón Bolívar, las limitaciones de espacio y alumbrado público, impiden contar con las condiciones óptimas, lo que afectaría la movilidad y el desarrollo del recorrido.

Recorridos Desfiles de Piloneras

En consecuencia, de lo anterior se determinó que el desfile de piloneras en las categorías Infantil y Juvenil, que se llevará a cabo el martes 28 de abril desde las 2:00 de la tarde, tendrá como punto de partida la esquina del Hotel Sicarare, recorriendo toda la carrera novena hasta la glorieta ‘Pedazo de Acordeón’. Para la categoría Mayor, el miércoles 29 de abril a la 1:00 de la tarde, la salida será desde el Hotel Sicarare, recorriendo la carrera novena hasta la glorieta de la Pilonera Mayor. En diferentes puntos del recorrido estarán ubicados los jurados.

Desfile de Jeep Willys parranderos

Por su parte, el desfile de Jeep Willys Parranderos iniciará el sábado 25 de abril en el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’ a las 3:00 de la tarde y recorrerá importantes vías como la calle 12, la carrera cuarta y la carrera 12, pasando por sectores como el Parque de Los Algarrobillos, el Centro Comercial Mayales Plaza, la glorieta de Los Músicos, el Obelisco y el barrio Los Fundadores.

El trayecto continuará por la avenida Juventud y Simón Bolívar, atravesando zonas como el Coliseo Cubierto, el Parque de la Vida y Los Cortijos, hasta llegar a la glorieta ‘Pedazo de Acordeón’, para finalmente retornar a la glorieta de la Pilonera Mayor y concluir nuevamente en el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, donde se llevará a cabo la inauguración del 59° del Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América, con una extraordinaria programación y cuya entrada será gratuita.

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata que preside Rodolfo Molina Araújo, invita a este acontecimiento que suma 59 versiones, teniendo como meta principal la conservación y promoción del vallenato raizal que hoy es la cara musical de Colombia ante el mundo.

Luis Durán Escorcia: la herencia que canta en la sangre

«La música es suficiente para toda una vida, pero una vida no es suficiente para toda la música»: Serguéi Rajmáninov (músico, pianista y director de orquesta ruso)

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado

En la geografía espiritual del vallenato, donde la memoria se vuelve canto y el canto se transforma en destino, hay nombres que no solo pertenecen a una tradición: la prolongan como un río que insiste en su cauce. Así ocurre con Luis Durán Escorcia, nacido el viernes 12 de febrero de 1960 en El Paso, Cesar, un territorio al norte de Colombia donde el viento parece aprender primero a silbar melodías antes que a guardar silencio.

Hijo del maestro Nafer Durán y sobrino del legendario Alejandro Durán, integrante de una de las familias más representativas de la música vallenata: los Durán, su historia no empieza con él; lo atraviesa desde mucho antes de su nacimiento. Es heredero de juglares que no solo hicieron historia, también la sembraron como una manera de entender el mundo; la vida como relato cantado, el dolor convertido en verso necesario, la alegría asumida como una forma de resistencia.

Dentro de esa estirpe, Luis no repite: continúa con conciencia; no es eco, es una voz que reconoce su origen para orientar su canto. Hablar de su herencia musical implica entender que, en su caso, no se trata únicamente de una filiación familiar, sino de una transmisión profunda de sensibilidad. En la tradición de los Durán, el vallenato no es únicamente un género: es una ética del sentir. De Nafer, la sobriedad expresiva; de Alejandro, la raíz juglaresca que conecta con la tierra y la oralidad. En Luis confluyen esas corrientes, pero filtradas por su propia experiencia, lo que le permite construir una obra que respeta la tradición sin quedar atrapada en ella. Su música no mira el pasado con nostalgia inmóvil: lo conversa, lo interpreta y lo proyecta hacia nuevas sensibilidades.

En esa misma línea de herencias que no siempre se nombran, pero que resuenan, también se percibe en algunas de sus canciones la influencia de la tambora, esa manifestación cultural que late como memoria rítmica de su pueblo, El Paso. No es un aprendizaje académico ni una adopción consciente: es una huella que habita en la sangre, heredada de su abuela paterna, Juana Francisca Díaz, y de un linaje que hizo de la celebración una forma de existencia. Allí, en ese pulso festivo que atraviesa generaciones, se origina una alegría que no es superficial, pero sí profundamente identitaria; una energía que se filtra en ciertas composiciones como un eco del territorio, como si el tambor ancestral siguiera marcando el compás invisible de su sensibilidad.

Sin embargo, su destino no se limitó a la música. Como ingeniero civil, formado con disciplina y rigor, aprendió a construir desde la materia lo que en la música levanta desde el alma. Hay en ello una dualidad reveladora: mientras el ingeniero edifica estructuras que desafían el tiempo, el compositor levanta emociones que lo trascienden. Dos formas de permanencia, dos maneras de dejar huella que, lejos de contradecirse, dialogan en su vida con naturalidad.

Su formación académica inició en la escuela John F. Kennedy de Santa Marta, continuó en el colegio Hugo J. Bermúdez de la misma ciudad y se consolidó profesionalmente en la Corporación Universitaria de la Costa (C.U.C.), en Barranquilla, donde se forjó como ingeniero civil. Ese recorrido no solo evidencia disciplina intelectual, también revela una personalidad capaz de habitar distintos mundos sin perder coherencia.

Su obra musical, extendida en decenas de canciones, ha encontrado morada en algunas de las voces más representativas del vallenato. Intérpretes como Jorge Oñate, Diomedes Díaz, Silvio Brito, Iván Villazón, Poncho Zuleta, Farid Ortiz, Beto Zabaleta, Peter Manjarrés, Ivo Díaz, Robinson Damián, Carlos Malo y Martín Elías han sido vehículos de su sensibilidad. Sin embargo, es en la voz de Jorge Oñate donde su poesía parece encontrar un cauce privilegiado, como si entre compositor e intérprete existiera una complicidad silenciosa que convierte cada canción en una forma compartida de destino.

Canciones como “El amor de mi vida”, “Orgulloso de ti”, “Unidos de nuevo”, “Me mata el dolor”, “Qué es lo que quieren”, “La negra de dos amores”, “La enamorada”, “Tanto como la adoraba”, “Del rey es la reina”, “No llores”, “Tanto como la quería”, “El que busca encuentra”, “Mi corazón eres tú”, “Árbol deshojado”, “Cómo quieres que te olvide”, “Gracias a Dios”, “La más linda” o “El bohemio”, entre muchas otras, no son únicamente composiciones: son fragmentos de existencia traducidos en melodía. En ellas habita una mirada que no le teme a la emoción directa, que entiende el amor como una verdad vulnerable y el desamor como una forma de conocimiento.

Aunque sabe pulsar el acordeón, instrumento que en el vallenato no es objeto, es lenguaje, lo hace con la humildad de quien no busca protagonismo en la ejecución, más bien cuida el espíritu de la parranda. Toca, por decirlo así, para sostener la noche, para que la fiesta no se apague, para que la conversación entre amigos conserve la música como fondo y como sentido. No es el acordeonista de oficio: es el músico que comprende que el vallenato no siempre exige virtuosismo, requiere autenticidad.

Además, su condición de cantautor reafirma su vínculo integral con la música: no solo escribe, también interpreta su propio universo. Ha dejado testimonio de ello en trabajos discográficos como “La Piquería”, “De Parranda con Luis Durán Escorcia”, “Ahora canto mejor”, “Volvió mi canto”, “Vida y obra de Nafer Durán” y “Mi mejor momento”, donde su voz se convierte en extensión natural del verso y en afirmación de su identidad artística.

Hay, en todo ello, una dimensión menos visible pero igualmente profunda: Durán Escorcia representa la continuidad de una memoria que no se archiva, se canta. Su obra no se limita a registrar emociones individuales; también recoge una experiencia colectiva donde el vallenato funciona como archivo vivo de la región Caribe. En sus canciones persiste la conversación entre generaciones, el diálogo entre lo vivido y lo heredado, entre lo íntimo y lo comunitario.

Luis Durán Escorcia encarna, en esencia, una forma de fidelidad: a la tradición que lo antecede, a la palabra que lo habita y al sentimiento que lo impulsa. En él, la música vallenata no es una nostalgia detenida, es una memoria en movimiento, una revelación constante donde la vida se manifiesta en cada canción. Porque hay compositores que escriben canciones, y hay otros, como él, que escriben la vida para que otros la canten.

Atentamente,
Ramiro Elías Álvarez Mercado

Nafer Durán: el juglar que hizo pensar al acordeón en modo menor

«A veces pienso que mi padre es un acordeón porque oigo sus notas cuando me mira, sonríe y respira»: Markus Zusak (escritor australiano)

Por Ramiro Elías Álvarez Mercado.

En el universo sonoro de la música vallenata existen hombres que no se limitan a interpretar el acordeón: terminan encarnando el espíritu mismo del juglar. Con el paso de los años dejan de ser simples músicos para transformarse en memoria viva de una tradición. Entre esas figuras mayores se levanta, con la serenidad que dan los años y la sabiduría que concede la experiencia, el maestro Nafer Santiago Durán Díaz, conocido con afecto en su tierra como Naferito.

Hablar de este maestro es hablar de una época, de una estirpe musical y de una forma limpia y auténtica de comprender el vallenato. Hay músicos que transitan por la historia y otros que, con el tiempo, terminan formando parte esencial de ella. Entre estos últimos camina todavía este juglar, con el acordeón abrazado al pecho como si fuera una prolongación de su propio corazón.

Nacido el 26 de diciembre de 1932 en El Paso, Cesar, al norte de Colombia, llegó al mundo lejos de academias y conservatorios. Su primera escuela fue la sabana abierta, los caminos polvorientos, el trabajo del campo y esas madrugadas campesinas en las que el canto de los gallos anuncia el comienzo de la jornada. En ese paisaje sencillo, entre el rumor del viento y la paciencia de la vida rural, fue creciendo una sensibilidad musical que parecía venir desde muy lejos, como si el acordeón lo estuviera aguardando desde antes de su nacimiento.

La música, en realidad, ya habitaba en su casa y en su familia. Su padre, Nafer Donato Durán Mojica, era acordeonista; su madre, Juana Francisca Díaz Villarreal, bailadora y cantaora del aire musical conocido como tambora. Su tío Octavio Mendoza, al igual que su hermano mayor Luis Felipe, también fueron destacados intérpretes del acordeón. En ese hogar donde el ritmo y la melodía formaban parte de la vida cotidiana, el destino parecía ya escrito: Naferito estaba predestinado para la música.

Además de ser hermano del legendario Alejandro Durán Díaz, el primer Rey Vallenato, lo que confirma que en aquella familia el acordeón no era simplemente un instrumento: era casi una manera natural de respirar. De esa herencia aprendió una lección esencial: el vallenato no se toca únicamente con los dedos; se vive, se siente y se cuenta como quien narra la vida misma.

Cuando en 1976 fue coronado Rey del Festival de la Leyenda Vallenata, aquel reconocimiento no recaía solamente sobre la habilidad de un intérprete. Aquella corona simbolizaba la consagración de un estilo, de una forma de tocar el acordeón que conservaba intacta la esencia campesina de la música vallenata. Naferito pertenece a esa generación de juglares que no salían al camino en busca de fama; más bien llevaban de pueblo en pueblo noticias, recuerdos y sentimientos convertidos en canciones.

Hay algo particularmente singular en su estilo: su profundo dominio del modo menor, conocido popularmente en el lenguaje musical de los pueblos como tono menor. En su tiempo fue, sin duda, el acordeonista más destacado en la ejecución de ese registro emocional dentro del vallenato tradicional. Mientras muchos intérpretes se inclinaban por los aires festivos y luminosos del repertorio alegre, Nafer Santiago se adentró con naturalidad en las zonas más íntimas del sentimiento.

Pero en su acordeón ocurría algo más profundo. No era solo sensibilidad: había también intuición musical. En sus manos el instrumento parecía pensar. Por momentos daba la impresión de que el acordeón exploraba caminos que todavía no existían dentro del lenguaje tradicional. Naferito hizo cosas en su acordeón propias de un músico adelantado a su tiempo: se aventuró por escalas, giros melódicos y modulaciones que no eran habituales entre los acordeonistas de su generación.

Nafer Durán ha sido, además, uno de esos juglares completos: de los que cantan, componen y tocan el acordeón. Un músico nacido para contar la vida, y cuyo instrumento le ha servido también para recordarla; allí, en la hondura expresiva del modo menor, su habilidad terminó hablando de la memoria del pueblo.

Había en su forma de tocar algo del espíritu del explorador. Como si, mientras muchos caminaban por senderos ya conocidos del vallenato, él se atreviera a abrir pequeñas rutas nuevas dentro de la misma tradición. Modernidades discretas, casi silenciosas, que no rompían con la raíz campesina del género, pero ampliaban su horizonte musical.

Por eso composiciones como “Sin Ti”, “Mi Patria Chica”, “Déjala Vení”, “Ariguaní”, “El Estanquillo”, “La Chimichaguera”, “La Grabadora”, “La Zoológica”, “Ojitos cautivadores” y “Clavelito” trascienden la condición de simples canciones: son estampas emocionales de la vida rural del Caribe colombiano, retratos musicales donde habitan la nostalgia, el amor y la memoria de la tierra.

Su manera de adornar las notas tiene algo de artesanía antigua. Cada giro melódico parece trabajado con paciencia, como quien talla lentamente la madera o abre surcos en la tierra con manos curtidas por el sol. Nada sobra en su estilo, nada resulta exagerado. En su acordeón habita una elegancia silenciosa que solo poseen los verdaderos maestros, aquellos que comprenden que la grandeza del arte muchas veces se encuentra en la sencillez.

La historia del vallenato también guarda un episodio significativo ligado a su nombre: fue el primer acordeonista que acompañó en una grabación al entonces joven Diomedes Díaz, cuando apenas comenzaba a abrirse camino una de las voces más influyentes que tendría este género.

Con todo, la importancia de Nafer Santiago no se limita a las grabaciones ni a las coronas obtenidas a lo largo de su trayectoria. Su legado más profundo reside en la fidelidad con la que ha defendido el espíritu original del vallenato. En tiempos donde la música suele dejarse seducir por los brillos de la industria y las distorsiones comerciales, él ha permanecido fiel a la esencia: ese vallenato que nace del campo, del trabajo cotidiano, del amor sencillo y de la nostalgia que habita en la vida rural.

Hoy, cuando el calendario de la vida lo acerca lentamente al umbral de un siglo, este juglar se parece a esos árboles antiguos que permanecen firmes en el paisaje después de haber visto pasar muchas estaciones, árboles cuya sombra protege la memoria de la tierra.

Después de haber vivido durante más de dos décadas en Valledupar, Naferito regresó hace algún tiempo a su pueblo natal, El Paso. Allí, rodeado nuevamente por la naturaleza y por la gente que lo quiere, admira y respeta, transcurre su vida en un ambiente sereno, como si el tiempo hubiera decidido caminar más despacio a su alrededor.

En ese sosiego del terruño, el marcapasos que acompaña el latido de su corazón parece haberle regalado una nueva energía. Pero más sorprendente que la resistencia de su cuerpo es la claridad de su memoria. Su lucidez sigue siendo admirable: recuerda episodios de su vida con una precisión que asombra, como si cada recuerdo estuviera guardado en algún rincón invisible del acordeón que lo ha acompañado durante toda su existencia.

Nafer Durán es, en muchos sentidos, un puente vivo entre generaciones. Un hombre que continúa conectado a los músicos y oyentes de hoy con la herencia cultural de los antepasados. Su música, al igual que su propia vida, enlaza épocas y mantiene abierta la conversación entre el pasado y el presente del vallenato.

Y quizá por eso, cuando su acordeón respira en modo menor, no solo escuchamos música: escuchamos también el paso del tiempo, los caminos de la Costa Atlántica colombiana, el viento de la sabana y la memoria de aquellos juglares que iban de pueblo en pueblo llevando la vida convertida en canción.

Porque hay músicos que pasan por el mundo dejando canciones.
Otros, muy pocos, terminan convirtiéndose ellos mismos en una leyenda.

Nafer Santiago Durán Díaz pertenece a esa escasa estirpe de juglares cuyo acordeón no solo suena: también piensa.

Atentamente,
Ramiro Elías Álvarez Mercado